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Revista Médica Clínica Las Condes

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Vol. 37. Núm. 2.
TEMA CENTRALTEMA CENTRAL. ONCOLOGÍA CENTRADA EN EL PACIENTE: DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA REAL
Páginas 135-276 (Marzo - Abril 2026)
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Páginas 135-276 (Marzo - Abril 2026)
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Editorial. Tema central. Oncología centrada en el paciente: de la teoría a la práctica real

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Sergio Becerra, MDa

aJefe Servicio Centro Integral del Cáncer, Clínica Las Condes. Santiago, Chile.

UN NÚMERO DEDICADO AL CÁNCER: QUÉ PUEDE (Y DEBE) HACER EL MÉDICO NO ONCÓLOGO HOY

El cáncer se ha consolidado como uno de los principales desafíos sanitarios del siglo XXI. De acuerdo con International Agency for Research on Cancer a través de GLOBOCAN 2022, en el mundo se estimaron cerca de 20 millones de casos nuevos y 9,7 millones de muertes por cáncer en un solo año. En Chile, la magnitud también es elocuente: el “fact sheet” nacional de GLOBOCAN 2022 estima 59 876 casos nuevos y 31 440 muertes por cáncer (ambos sexos y todas las edades) para ese mismo año.

Estas cifras no son estadísticas abstractas. Se traducen en pacientes que entran al sistema -casi siempre- por consultas de medicina general, urgencias o especialidades no oncológicas. Por eso este número monográfico nace con una convicción práctica: la oncología ya no puede ser un territorio exclusivo de oncólogos. El trayecto real del paciente con cáncer está lleno de puntos críticos donde el médico no oncólogo define oportunidades: prevención, sospecha, derivación oportuna, cuidado compartido durante tratamientos, y acompañamiento integral.

El mensaje central es simple: en cáncer, el “lo derivé” es insuficiente. Lo que se requiere es derivación oportuna, informada y acompañada, con continuidad y coordinación. Y, tan importante como ello, una mirada integral que abarque no solo el tumor, sino también la funcionalidad, el soporte nutricional, la dimensión espiritual, el acceso a terapias y la planificación de cuidados cuando la enfermedad avanza.

Antes del diagnóstico: prevención, tamizaje y una meta país posible

La prevención y la detección precoz son el primer territorio donde el médico no oncólogo impacta resultados. Este número incluye revisiones dedicadas a tamizaje de cáncer de mama, colorrectal, próstata y pulmón. No corresponde repetir aquí algoritmos específicos -se desarrollan en los artículos respectivos-, pero sí subrayar el rol clínico fundamental de quien atiende a población general: identificar elegibilidad, promover decisión informada, solicitar el examen correcto en el contexto correcto y asegurar el cierre del ciclo. En la práctica, la falla más frecuente del tamizaje no es “no indicar”: es no completar la ruta.

A este esfuerzo se suma un horizonte particularmente esperanzador: la eliminación del cáncer cervicouterino como problema de salud pública. La estrategia global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como umbral de eliminación una incidencia inferior a 4 por 100 000 mujeres-año y propone las metas 90–70–90 al 2030 (vacunación VPH, tamizaje con pruebas de alto desempeño y tratamiento oportuno de lesiones precancerosas y cáncer).

Esta meta es alcanzable si el equipo de salud, en especial la atención primaria y los especialistas no oncológicos, aseguran cobertura, seguimiento y tratamiento oportuno en cada etapa del proceso.

Frente a la sospecha: navegar el sistema sin perder al paciente

El cáncer expone un problema cotidiano: la fragmentación asistencial. Entre la primera consulta, los exámenes, la confirmación diagnóstica y el inicio del tratamiento, el paciente puede quedar “a la deriva”, repitiendo historias, duplicando estudios o perdiendo semanas críticas.

En este contexto, este número incorpora la experiencia en navegación oncológica como estrategia clínica para asegurar continuidad, disminuir fragmentación y anticipar barreras. La evidencia local presentada muestra que la incorporación temprana de la enfermera navegadora desde la sospecha diagnóstica favorece coordinación oportuna y reduce fragmentación. A la vez, se delimita la navegación como un modelo centrado en el paciente con funciones explícitas (coordinación, comunicación, educación e identificación/eliminación de barreras) y acompañamiento continuo hasta seguimiento o fin de vida.

Cuando la ruta está coordinada y alguien “sostiene” el proceso, disminuyen las pérdidas de oportunidad y se reduce la carga emocional de navegar el sistema en soledad.

Asesoría genética y riesgo familiar: cuando el antecedente cambia la terapia

La oncología de precisión ha desplazado el eje desde “órgano” hacia “biología”. En ese cambio, la asesoría genética ha dejado de ser solo consejería familiar: hoy aporta información accionable que puede guiar decisiones terapéuticas y de vigilancia. La revisión de este número lo sintetiza con claridad: el estudio del componente hereditario se ha vuelto indispensable no solo para evaluar riesgo familiar, sino también como herramienta con implicancias directas en la terapia del cáncer.

La asesoría genética, indicada a tiempo y en el circuito correcto, puede transformar el manejo del paciente y abrir oportunidades preventivas y terapéuticas para su familia.

Para el médico no oncólogo, el aporte esencial está en saber sospechar: edades tempranas, tumores múltiples, agregación familiar, patrones sugestivos. Identificar estas señales y activar derivación a asesoría genética cuando corresponda puede cambiar el curso del paciente y de su familia, y —cada vez más— hacerlo a tiempo para que influya en decisiones clínicas.

Tratamiento: un territorio compartido (seguridad, acceso, hematología, función, nutrición, paliativos y nuevas tecnologías)

En el tratamiento oncológico actual, los límites entre especialidades se difuminan. Los pacientes viven más, reciben terapias más complejas (muchas orales), y consultan por motivos no oncológicos mientras están en tratamiento activo o en seguimiento. En este escenario, la pregunta deja de ser “¿qué le toca al oncólogo?” y pasa a ser “¿cómo cuidamos al paciente en conjunto, sin generar daño por descoordinación?”.

Seguridad farmacológica, adherencia y farmacovigilancia

El rol del químico farmacéutico oncológico se ha consolidado como parte del equipo multidisciplinario: desde un foco inicial en dispensación segura hacia funciones integradas en equipos clínicos, abarcando farmacia clínica, farmacia oncológica y farmacovigilancia.

En la práctica, cada prescripción en un paciente oncológico debe asumirse como una decisión compartida donde interacción, toxicidad y adherencia importan tanto como la indicación original.

Drogas oncológicas de alto costo: sostener expectativas y decisiones basadas en valor

Las terapias de alto costo tensionan sistemas y conversaciones clínicas. Aunque los detalles se desarrollan en el artículo específico, el rol del médico no oncólogo es clínico y humano: ayudar a sostener conversaciones realistas (beneficio esperado, desenlaces, toxicidad, alternativas) y evitar que el acceso a “la última droga” sustituya la discusión sobre valor clínico y objetivos del cuidado.

Cuando el paciente comprende el propósito de cada línea terapéutica, las decisiones se vuelven más serenas, realistas y centradas en sus prioridades.

Leucemia mieloide aguda: reconocer una urgencia oncohematológica y activar la ruta correcta

La revisión sobre leucemia mieloide aguda (LMA) recuerda un punto clave para cualquier médico general o internista: muchos pacientes debutan fuera de hematología, y la primera decisión que cambia pronóstico suele ocurrir antes del especialista. La LMA requiere diagnóstico rápido y caracterización (incluida estratificación genética/molecular) para orientar tratamiento y riesgo, tal como enfatizan las recomendaciones internacionales tipo ELN.

Ante un hemograma sugerente o clínica compatible, actuar con sentido de urgencia —coordinando derivación inmediata y anticipando complicaciones— es, muchas veces, la primera intervención terapéutica real.

Rehabilitación kinésica: funcionalidad como desenlace

El artículo de rehabilitación empuja un cambio cultural: no esperar la discapacidad para intervenir. En un mensaje operativo: preguntar por función en cada control y derivar precozmente a rehabilitación/ejercicio terapéutico cuando el tratamiento o los síntomas lo sugieran, porque la kinesiología oncológica busca pesquisar y tratar secuelas frecuentes (dolor, pérdida funcional, linfedema, neuropatía y fatiga) a lo largo de todo el continuo.

Cuando la rehabilitación se integra temprano, el tratamiento oncológico no solo se tolera mejor: también se vive con más autonomía.

Nutrición en oncología: tratar la malnutrición como parte del tratamiento

La malnutrición y la pérdida de masa muscular impactan la tolerancia a terapias, infecciones, funcionalidad y calidad de vida. Por eso, el soporte nutricional debe considerarse un componente clínico del tratamiento oncológico. Las guías prácticas de ESPEN resumen recomendaciones para identificar, prevenir y tratar elementos reversibles de malnutrición en adultos con cáncer, integrándolo al trabajo multidisciplinario.

Si el paciente pierde peso, come menos o se fatiga más, abordar nutrición no es “complementario”: es parte de sostener eficacia y seguridad del tratamiento.

Radioterapia moderna y radioterapia corporal estereotáxica (Stereotactic Body Radiation Therapy o SBRT) en riñón: cuando la tecnología amplía opciones más allá de la cirugía

La guía práctica de SBRT en carcinoma de células renales ilustra un cambio de paradigma: para tratar cáncer renal con SBRT de manera segura y precisa se requiere técnica compleja, equipo entrenado y procesos protocolizados. En términos editoriales, lo relevante es el concepto: hay cánceres históricamente “quirúrgicos” donde la radioterapia moderna abre opciones reales, especialmente en pacientes no operables o que requieren alternativas menos invasivas.

Pensar radioterapia a tiempo —y no como “última alternativa”— amplía oportunidades terapéuticas donde antes solo existía bisturí.

Cuidar a la persona completa: espiritualidad como parte del estándar

El cáncer no solo amenaza órganos; amenaza identidad, sentido, proyectos, roles y vínculos. La revisión sobre espiritualidad enfatiza que el abordaje de necesidades espirituales debe ser interdisciplinario, y que médicos tratantes y enfermería (incluida navegación) están en primera línea para identificar sufrimiento espiritual, que puede actuar como facilitador o barrera para decisiones y experiencia de tratamiento.

Cuando el equipo reconoce el mundo de significados del paciente, el cuidado se vuelve más humano y las decisiones clínicas, más sostenibles.

Cierre: competencias compartidas para un problema transversal

La carga del cáncer en Chile y el mundo obliga a un cambio cultural: la oncología ya no puede operar como “isla”. Requiere un ecosistema clínico donde médicos generales y especialistas no oncológicos sepan prevenir, cerrar ciclos de tamizaje, derivar con oportunidad, acompañar tratamientos de forma segura, proteger funcionalidad, abordar nutrición, reconocer urgencias oncohematológicas como la LMA, integrar cuidados paliativos precozmente, y sostener el cuidado integral.

Si este número logra instalar una idea en la práctica cotidiana, que sea esta: el médico no oncólogo es parte del resultado. No para reemplazar al oncólogo, sino para hacer lo que ningún otro puede hacer con igual impacto: estar en la puerta de entrada, evitar pérdidas de oportunidad y cuidar a la persona completa, con su tumor y su historia.

Referencias no citadas

1–7.

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