Candidozyma auris (formerly Candida auris) has emerged within just over a decade as one of the most relevant multidrug-resistant fungal pathogens affecting human health worldwide. Its pathogenicity, capacity for skin colonization, environmental persistence, and resistance to antifungal drugs and disinfectants have all contributed to its consolidation as a leading cause of healthcare-associated outbreaks. Nevertheless, increasing evidence indicates that C. auris should not be viewed solely as a nosocomial yeast, but rather as part of a broader environmental continuum encompassing natural habitats, anthropogenic niches, and multiple host species. Environmental isolates have been documented in coastal wetlands, wastewater systems, agricultural products, as well as in diverse animals – including companion animals, reptiles, amphibians, and insects – supporting its classification as a sapronotic pathogen. The near-simultaneous emergence of distinct clades across continents strongly suggests that climate change, agricultural azole exposure, and ecological adaptation have collectively selected strains exhibiting thermotolerance, antifungal resistance, and cross-kingdom persistence, thereby enabling recurrent spillover into human populations. Recent advances in wastewater-based epidemiology demonstrate that C. auris can be detected at the community level, often preceding clinical recognition, while animal colonization underscores its overlooked role in pathogen maintenance and transmission networks. This review synthesizes current evidence on the ecological, evolutionary, and epidemiological determinants of C. auris, positioning outbreaks as amplification phenomena within interconnected ecological systems rather than isolated nosocomial events. Adoption of a One Health framework, integrating environmental, veterinary, and human health surveillance, will be essential for predictive outbreak modeling, early detection, and the development of sustainable strategies to mitigate the ongoing and future threats posed by this emerging fungal pathogen.
Candidozyma auris (anteriormente Candida auris) ha pasado a ser, en poco más de una década, uno de los patógenos fúngicos multirresistentes más relevantes para la salud humana a escala global. Su patogenicidad, gran capacidad de colonización cutánea, persistencia ambiental y resistencia frente a antifúngicos y desinfectantes han facilitado su consolidación como causa principal de brotes asociados en la atención sanitaria. Sin embargo, la evidencia creciente indica que C. auris no debe considerarse únicamente una levadura nosocomial, sino más bien parte de un continuo ambiental más amplio que abarca hábitats naturales, nichos antropogénicos y múltiples especies hospedadoras. Se han documentado aislamientos ambientales en humedales costeros, sistemas de aguas residuales, productos agrícolas y en diversos animales—incluyendo animales de compañía, reptiles, anfibios e insectos—, lo que respalda su clasificación como patógeno sapronótico. La aparición casi simultánea de clados diferenciados en varios continentes sugiere con fuerza que el cambio climático, la exposición agrícola a azoles y la adaptación ecológica han seleccionado conjuntamente cepas con atributos como la termotolerancia, la resistencia antifúngica y la persistencia transreino, posibilitando así repetidos episodios de transmisión hacia poblaciones humanas. Los avances recientes en epidemiología de aguas residuales demuestran que C. auris puede detectarse en el ámbito comunitario, con frecuencia precediendo su reconocimiento clínico, mientras que la colonización animal subraya su papel inadvertido en el mantenimiento del patógeno y en las redes de transmisión. Esta revisión sintetiza la evidencia actual sobre los determinantes ecológicos, evolutivos y epidemiológicos de C. auris, y demarca los brotes como fenómenos de amplificación dentro de sistemas ecológicos interconectados más que como eventos nosocomiales aislados. La adopción de un marco One Health, que integre la vigilancia ambiental, veterinaria y humana, será esencial para el modelado predictivo de brotes, la detección temprana y el desarrollo de estrategias sostenibles que mitiguen las amenazas actuales y futuras planteadas por este patógeno fúngico emergente.


