Frailty is a well-established concept in geriatric medicine, defined as a state of increased vulnerability resulting from a decline in reserve and function across multiple physiological systems. However, in oncologic research, the term “frailty” is inconsistently used, often encompassing multidimensional screening tools, prognostic indices, or even abbreviated substitutes for comprehensive geriatric assessment (CGA). This heterogeneity hampers clinical applicability and comparisons across studies. The aim was to systematically review the prevalence, tools used, and clinical impact of frailty in older adults with cancer across four tumor types: lung, colorectal, prostate, and hematologic malignancies. We conducted a systematic review following the PRISMA guidelines. Search strategies were adapted for each cancer type and included studies published in the last 10 years with patients aged≥65 years. Eligible studies assessed frailty using any defined method and reported outcomes, such as treatment tolerance, survival, functional decline, or complications. A total of 48 studies were included (eight lung, 17 colorectal, seven prostate, and 16 hematological). The prevalence of frailty ranged widely from 4% to 81%, depending on the tools used. The most common instruments were the G8 (a screening tool), mFI, Fried phenotype, and Clinical Frailty Scale (CFS). Several studies misclassified screening instruments or prognostic scores as frailty measures. Frailty was consistently associated with poorer survival, increased postoperative complications, greater toxicity, and higher healthcare utilization across tumor types. However, the variability in frailty definitions and assessment tools limits direct comparisons and clinical implementation. Harmonization of definitions and routine integration of standardized geriatric tools are needed to strengthen the role of frailty in oncological decision-making.
La fragilidad es un estado de mayor vulnerabilidad resultante del deterioro de la reserva y de la función a través de múltiples sistemas fisiológicos. Sin embargo, el término fragilidad se utiliza de manera heterogénea en la literatura, abarcando herramientas de cribado multidimensionales, índices pronósticos o incluso sustitutos abreviados de la valoración geriátrica integral (VGI). Esta heterogeneidad dificulta su aplicabilidad clínica de forma generalizada y la comparación entre estudios. El objetivo de este trabajo fue revisar de forma sistemática la prevalencia, las herramientas empleadas y el impacto clínico de la fragilidad en adultos mayores con cáncer en cuatro tipos tumorales: pulmón, colorrectal, próstata y neoplasias hematológicas. Se realizó una revisión sistemática con síntesis narrativa siguiendo las directrices PRISMA. Se incluyeron estudios publicados en los últimos 10 años con pacientes de ≥65 años. Se consideraron elegibles los estudios que evaluaran la fragilidad y su relación con la tolerancia al tratamiento, la supervivencia, el deterioro funcional o complicaciones. Se incluyeron un total de 48 estudios (ocho de cáncer de pulmón, 17 de cáncer colorrectal, siete de cáncer de próstata y 16 de neoplasias hematológicas). La prevalencia de fragilidad varió ampliamente entre el 4% y el 81%, en función de las herramientas utilizadas. Los instrumentos más empleados fueron el G8 (herramienta de cribado), el modified Frailty Index (mFI), el fenotipo de Fried y la Clinical Frailty Scale (CFS). Varios estudios clasificaron erróneamente instrumentos de cribado, o escalas pronósticas como medidas de fragilidad. La fragilidad se asoció con menor supervivencia, más complicaciones posoperatorias, mayor toxicidad y un incremento en la utilización de recursos sanitarios en todos los tipos tumorales. Sin embargo, la variabilidad en las definiciones y en las herramientas utilizadas para su evaluación sigue siendo un obstáculo importante que limita la comparación entre estudios y su aplicación en la práctica clínica. Es necesaria la armonización de las definiciones y la integración sistemática de herramientas geriátricas estandarizadas para reforzar el papel de la fragilidad en la toma de decisiones oncológicas.
