La sexualidad en la adultez tardía contribuye al bienestar, pero muchos estudios no distinguen entre actividad sexual física e íntima, ni consideran conjuntamente factores sociodemográficos, relacionales y actitudinales. El objetivo fue analizar qué factores se asocian con la frecuencia de ambos tipos de actividad en los adultos españoles mayores de 60 años.
Material y métodosEstudio transversal con 133 personas. Se recogieron edad, género, estado civil, nivel educativo, actividad sexual, satisfacción sexual con la pareja, importancia atribuida al sexo y actitudes hacia la sexualidad. Se estimaron 2 regresiones lineales múltiples para analizar los factores asociados con la actividad sexual física y la actividad sexual íntima.
ResultadosLa actividad sexual física se asoció con menor edad, mayor satisfacción con la pareja y mayor importancia atribuida al sexo. La actividad sexual íntima se relacionó principalmente con satisfacción con la pareja e importancia atribuida al sexo, sin efecto significativo de la edad ni de las actitudes hacia la sexualidad.
ConclusionesLos resultados indican que la frecuencia de la actividad sexual física está vinculada tanto a la edad como a los factores relacionales, mientras que la actividad sexual íntima depende sobre todo de la calidad de la relación y del valor otorgado a la sexualidad. Más allá de la edad cronológica, los factores relacionales deberían ocupar un lugar central en la evaluación y en la promoción de la salud sexual en los servicios de salud y de atención psicosocial dirigidos a las personas mayores.
Sexuality in later adulthood contributes to overall well-being, yet many studies do not differentiate between physical and intimate sexual activity, nor do they jointly consider sociodemographic, relational, and attitudinal factors. This study aimed to examine which factors are associated with the frequency of both types of sexual activity among Spanish adults over the age of 60.
Materials and methodsA cross-sectional study was conducted with 133 participants. Data were collected on age, gender, marital status, educational level, sexual activity, sexual satisfaction with one's partner, the importance attributed to sex, and attitudes toward sexuality. Two multiple linear regressions were estimated to analyze the factors associated with physical sexual activity and intimate sexual activity.
ResultsPhysical sexual activity was associated with younger age, higher partner-related sexual satisfaction, and greater importance attributed to sex. Intimate sexual activity was mainly related to sexual satisfaction with one's partner and the importance of sex, with no significant effect of age or attitudes toward sexuality.
ConclusionsThe findings indicate that the frequency of physical sexual activity is linked to both age and relational factors, whereas intimate sexual activity depends primarily on relationship quality and the value placed on sexuality. Beyond chronological age, relational factors should occupy a central role in the assessment and promotion of sexual health within healthcare and psychosocial services for older adults.
La sexualidad en la vejez constituye un fenómeno biopsicosocial complejo que influye de manera directa en la calidad de vida y el bienestar emocional y físico de las personas mayores. Está condicionada tanto por factores biológicos, como por determinantes psicológicos y sociales1. Además, se enfrenta a estereotipos edadistas que representan a los adultos mayores como asexuales o desinteresados por la sexualidad, invisibilizando sus necesidades en la esfera social y sanitaria2–4. Estos prejuicios no solo afectan la autoimagen y las expectativas de los propios adultos mayores, sino que también influyen en la práctica clínica, donde con frecuencia se evita abordar la salud sexual, limitando el acceso a recursos que podrían mejorar el bienestar5. Por ello, resulta imprescindible un cambio de perspectiva que reconozca la sexualidad como parte integral del envejecimiento saludable y de la atención geriátrica.
La evolución de la sexualidad en la vejez debe entenderse como un proceso de transformación y adaptación, más que de declive. Lejos de extinguirse, el deseo y la actividad sexual persisten hasta edades avanzadas, aunque con formas diversas y modificadas1. En este sentido, los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, como alteraciones hormonales, disfunción eréctil o cambios en la respuesta sexual femenina pueden condicionar la práctica sexual, pero no eliminan la capacidad de expresión y disfrute6. Paralelamente, la resiliencia psicológica y la capacidad de adaptación influyen en el mantenimiento de la actividad sexual, de manera que las personas con trayectorias de vida sexual activa o con una identidad sexual positiva tienden a mantener más implicación en la vejez7.
Más allá de los aspectos biológicos, la literatura subraya la importancia creciente de los factores relacionales y subjetivos. En la vejez, la sexualidad adquiere un carácter más íntimo y emocional, donde cobran mayor peso la cercanía, la comunicación y la calidad de la experiencia que la frecuencia de los encuentros coitales8,9. La satisfacción con la relación de pareja y el valor otorgado al sexo emergen como aspectos importantes para un mayor ajuste sexual y bienestar en edades avanzadas, y posiblemente sean predictores de la actividad sexual10. Asimismo, los factores sociales y culturales modulan la sexualidad: la viudedad, el estado civil o las actitudes sociales pueden facilitar o dificultar la continuidad de la sexualidad11.
A pesar del creciente interés por la sexualidad en la vejez, la investigación presenta aún importantes vacíos. La mayoría de los trabajos proceden de estudios internacionales de cohorte12, mientras que las evidencias en población española son todavía limitadas13, lo que dificulta la extrapolación de resultados a contextos locales. Además, gran parte de la literatura aborda la sexualidad en la vejez como una dimensión global12,13, sin diferenciar entre actividad sexual física, que incluye conductas coitales y masturbatorias, y actividad sexual íntima, entendida como comportamientos de cercanía corporal (besos, abrazos, caricias) y comunicación sexual (expresión de deseos, fantasías o necesidades), a pesar de que ambos niveles responden a dinámicas distintas en el envejecimiento11,14. A ello se suma que se ha priorizado el análisis de la disfunción sexual, descuidando la exploración del bienestar sexual y de las experiencias subjetivas de los adultos mayores, que en numerosos estudios se describen como positivas y satisfactorias15.
Por otra parte, la mayor parte de estudios se han centrado en determinantes biológicos o sociodemográficos, mientras que los factores relacionales (satisfacción con la pareja) y subjetivos (valor atribuido al sexo) han recibido menos atención16, pese a su relevancia demostrada en la continuidad de la vida sexual10,17. Finalmente, la evidencia sobre la influencia de las actitudes hacia la sexualidad es todavía inconsistente, y los resultados tienden a variar según el contexto cultural y sanitario18,19. Todo ello subraya la necesidad de investigaciones que integren de manera conjunta estos distintos niveles de análisis y que contemplen la diversidad de experiencias en la vivencia de la sexualidad en la vejez.
En este contexto, resulta necesario desarrollar estudios que aporten evidencia empírica en población española y que diferencien de manera explícita entre actividad sexual física e íntima, atendiendo a la complejidad de la sexualidad durante el envejecimiento. Asimismo, se requiere integrar en un mismo modelo los factores relacionales y subjetivos, superando el enfoque centrado casi exclusivamente en la edad o la salud física. Con base en estas limitaciones, el presente trabajo analiza la sexualidad en las personas de 60 años o más, incorporando variables sociodemográficas, relacionales y actitudinales en el estudio de la actividad sexual. Los objetivos de la investigación fueron: analizar en qué medida la edad, la satisfacción con la pareja, la importancia atribuida al sexo y las actitudes hacia la sexualidad se asocian con la frecuencia de actividad sexual física en los adultos mayores; y examinar las asociaciones de estos mismos factores con la frecuencia de actividad sexual íntima. En este estudio se plantean como hipótesis:
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(H1) una mayor edad se asociaría con una menor frecuencia de actividad sexual física;
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(H2) una mayor satisfacción con la pareja y una mayor importancia atribuida al sexo se relacionarían positivamente con la frecuencia tanto de actividad sexual física como de actividad sexual íntima; y
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(H3) actitudes más abiertas hacia la sexualidad en la vejez se asociarían con una mayor frecuencia de actividad sexual física e íntima.
Se llevó a cabo un estudio transversal de carácter analítico y correlacional, basado en la recogida de datos mediante autoinforme en un único momento temporal.
ParticipantesLa muestra se obtuvo mediante un muestreo no probabilístico, utilizando la estrategia de bola de nieve. Los criterios de inclusión fueron: tener 60 años o más, con el objetivo de centrarse en la etapa de la vejez en consonancia con estudios previos sobre sexualidad en los adultos mayores que emplean el mismo umbral de edad20, capacidad para poder leer el cuestionario, comprender su contenido y marcar las respuestas de forma individualizada, tener pareja actualmente o en los últimos 6 meses. De las 144 personas inicialmente contactadas, 6 rehusaron participar y 5 fueron excluidas por datos incompletos, conformando una muestra final de 133 participantes.
La edad media fue de 69,0 años (DT: 5,36; rango: 60-85), con un predominio de mujeres (71,4%). En cuanto al estado civil, el 57,1% estaban casados, el 4,5% solteros, el 21,1% viudos y el 17,3% separados o divorciados. Respecto al nivel educativo, el 13,5% tenía estudios primarios, el 9,8% secundarios, el 27,1% bachillerato o formación profesional y el 49,6% estudios universitarios.
Instrumentos y variablesSe recogió información sociodemográfica mediante un breve cuestionario ad hoc, que incluía edad (en años), género (varón / mujer), estado civil (soltero/a, casado/a o en pareja, separado/a o divorciado/a, viudo/a) y nivel educativo (estudios primarios, secundarios, universitarios).
Además, se empleó una selección de ítems del National Social Life, Health, and Aging Project (NSHAP). El NSHAP es un estudio longitudinal que investiga las relaciones sociales íntimas, la salud y la sexualidad en las personas mayores en EE. UU., y es reconocido por su enfoque exhaustivo y detallado para evaluar la salud sexual y social en la vejez21.
Los ítems seleccionados del NSHAP se agruparon en 2 factores latentes: satisfacción sexual con la pareja y conducta sexual. La satisfacción sexual con la pareja estuvo indicada por 2 ítems: placer emocional y placer físico (escala: 1-5). La conducta sexual incluyó 4 indicadores de actividad sexual (sexo vaginal, oral, anal y masturbación individual) y 2 de actividad íntima (contacto físico: besos / abrazos / caricias; y comunicación sexual: expresión de sentimientos, fantasías y comunicación de necesidades). La respuesta fue tipo Likert 0-5 (de «Ninguna» a «Una vez al día o más»). La satisfacción sexual con la pareja se evaluó en relación con la pareja actual; en los casos en que la persona participante no tenía pareja en el momento de la evaluación, se le pidió que respondiera pensando en su última relación de pareja significativa. Asimismo, la importancia atribuida al sexo se midió con un ítem único en el que los participantes indicaban en qué medida consideraban relevante la sexualidad en su vida, en una escala de 1 («nada importante») a 5 («muy importante»). Se pueden encontrar los ítems en el anexo 1 del material suplementario.
Finalmente, para evaluar las actitudes hacia la sexualidad en la vejez se empleó la Aging Sexual Knowledge and Attitudes Scale (ASKAS)22, en su subescala de actitudes. Esta sección consta de 26 ítems con formato de respuesta tipo Likert de 1 a 7, en la que puntuaciones más bajas reflejan actitudes más abiertas y permisivas hacia la sexualidad en la edad avanzada. Dado que no existe una versión española estandarizada y publicada de la ASKAS, se elaboró una traducción y adaptación lingüística específicamente para este estudio siguiendo las recomendaciones internacionales para la traducción de instrumentos psicológicos (back-translation por personas nativas y revisión por jueces). En este estudio, el alfa de Cronbach fue de 0,817. Recientemente se ha publicado un preprint de la adaptación española del ASKAS que aporta evidencia de adecuadas propiedades psicométricas en población formativa y profesional23, incluyendo consistencia interna adecuada en ambas subescalas y evidencia de validez convergente y concurrente.
ProcedimientoLa recogida de datos se llevó a cabo entre marzo de 2025 y mayo de 2025 en aulas de la Universitat Popular Palauet d’Aiora y del programa La Nau Gran de la Universitat de València. Previamente se explicó a los participantes el objetivo de la investigación y se garantizó la participación voluntaria, el anonimato de las respuestas y la confidencialidad de los datos. Todos los sujetos firmaron un consentimiento informado antes de completar los cuestionarios. El protocolo se administró en formato papel, con una duración aproximada de 30min. El estudio siguió los principios éticos de la Declaración de Helsinki y contó con la aprobación del Comité Ético de Investigación en Humanos de la Comisión de Ética en Investigación Experimental de la Universitat de València, 2024-PSILOG-3754103.
Análisis de datosSe calcularon estadísticos descriptivos de todas las variables sociodemográficas del estudio. A continuación, se estimaron 2 modelos de regresión lineal múltiple: en el primero, la frecuencia de actividad sexual física se utilizó como variable dependiente y, en el segundo, la variable dependiente fue la frecuencia de actividad sexual íntima. En ambos modelos se introdujeron como predictores la edad, la satisfacción sexual con la pareja, la importancia atribuida al sexo y las actitudes hacia la sexualidad. Todos los análisis se llevaron a cabo con el programa IBM SPSS® Statistics (versión 29). Para la interpretación de los tamaños del efecto se siguieron los criterios habituales de Cohen (1988)24, proporciones de varianza explicada en torno al 1, 9 y 25% se consideran efectos pequeños, medios y grandes, respectivamente.
ResultadosLos resultados de los descriptivos de las variables se encuentran en las tablas 1 y 2 del anexo 2 del material suplementario. Así como la matriz de correlaciones de las variables del estudio que se encuentra en la tabla 3 de dicho anexo.
Por otro lado, se llevaron a cabo 2 análisis de regresión lineal múltiple para identificar los factores que explican la actividad sexual en la muestra de las personas mayores de 60 años (N=133). En ambos casos se introdujeron como predictores la edad, la satisfacción sexual con la pareja, la importancia atribuida al sexo y las actitudes hacia la sexualidad.
En el primer modelo, con la actividad sexual física como variable dependiente, el ajuste fue adecuado (R: 0523; R2: 0,274; R2 ajustado: 0,251; F(4,128): 12,07; p<0,001). Los predictores significativos fueron la edad (β: –0,266; p=0,001), la satisfacción sexual con la pareja (β: 0,205; p=0,011) y la importancia atribuida al sexo (β: 0,211; p=0,009). Las actitudes hacia la sexualidad mostraron una tendencia estadísticamente no significative β: –0,142; p=0,070). En relación con el tamaño del efecto, el valor de R2 fue de 0,74, con un intervalo de confianza al 95% del (0,15-0,39), lo que indica un efecto de magnitud moderada / alta.
En el segundo modelo, con la actividad sexual íntima como variable dependiente, se obtuvo un ajuste también adecuado (R: 0,576; R2: 0,331; R2 ajustado: 0,311; F(4,128): 15,87; p<0,001). En este caso, los predictores significativos fueron la satisfacción sexual con la pareja (β: 0,459; p<0,001) y la importancia atribuida al sexo (β: 0,165; p=0,034). La edad (β: –0,130; p=0,088) y las actitudes (β: –0,004; p=0,957) no alcanzaron significación estadística. En relación con el tamaño del efecto, el valor de R2 fue de 0,331, con un intervalo de confianza al 95% del (0,21-0,45), lo que indica un efecto de magnitud grande.
DiscusiónEl presente estudio tuvo como objetivo examinar los predictores de la actividad sexual física e íntima en los adultos mayores de 60 años, incorporando variables sociodemográficas, relacionales y actitudinales. Los modelos de regresión mostraron un ajuste moderado, explicando aproximadamente el 27% de la varianza en la actividad sexual física y el 33% en la actividad sexual íntima. Estas magnitudes pueden considerarse tamaños de efecto moderados, y se sitúan en el rango de los observados en otros estudios sobre sexualidad en las personas mayores, donde variables sociodemográficas, de salud y relacionales explican en torno al 20-35% de la varianza en indicadores de actividad y satisfacción sexual8,25. En conjunto, los resultados apoyan parcialmente las hipótesis planteadas: mientras la actividad sexual física está condicionada tanto por la edad como por factores relacionales y subjetivos, la actividad sexual íntima depende fundamentalmente de la satisfacción sexual con la pareja y de la importancia atribuida al sexo, sin que la edad ni las actitudes hacia la sexualidad resulten significativas. Estos hallazgos refuerzan la idea de que la sexualidad en la vejez no desaparece, sino que se transforma en función de múltiples determinantes. El hecho de que el modelo explique algo más de varianza en la actividad sexual íntima que en la actividad sexual física sugiere que las conductas basadas en la cercanía y la comunicación dependen en mayor medida del clima relacional y del valor subjetivo atribuido al sexo, mientras que la actividad sexual física podría estar más condicionada por factores biológicos y de salud no incluidos en el modelo. En particular, la identificación de la satisfacción sexual con la pareja y de la importancia atribuida al sexo como variables clave coincide con investigaciones previas que subrayan el peso de los factores relacionales en la continuidad de la vida sexual en la vejez8,10,14. El hecho de que la actividad sexual íntima no se vea significativamente afectada por la edad confirma lo planteado por Hinchliff y Gott14, quienes señalaron que las expresiones sexuales basadas en la intimidad y la comunicación persisten incluso cuando las prácticas físicas disminuyen. Resultados recientes también apoyan este patrón, un metaanálisis muestra que la satisfacción sexual con la pareja se mantiene estable o aumenta en la edad avanzada25, y un estudio comparativo europeo ha encontrado que el envejecimiento exitoso se asocia con mayor interés y satisfacción sexual en parejas mayores26. Aunque en este trabajo no analizamos de forma diferenciada a hombres y mujeres, la literatura sugiere que las trayectorias de actividad sexual, las expectativas y los significados atribuidos al sexo en la vejez pueden variar según el género, en interacción con factores culturales y de salud. Futuras investigaciones deberían incorporar análisis específicos por género para esclarecer estas posibles diferencias y su impacto en la actividad sexual física e íntima.
En cuanto a la actividad sexual física, nuestros resultados muestran que la edad se asocia de forma inversa con su frecuencia, de modo que los participantes de mayor edad informan menos actividad sexual física. Este hallazgo se alinea con la literatura que documenta un descenso progresivo de las conductas sexuales coitales y masturbatorias conforme avanza la edad1,11. Estudios longitudinales refuerzan esta conclusión. El English Longitudinal Study of Ageing (ELSA) ha mostrado que los descensos en actividad sexual predicen incluso problemas de salud posteriores27, mientras que el Massachusetts Male Aging Study documenta trayectorias de deterioro en la función sexual masculina a lo largo de casi una década28. Así, nuestros datos confirman un patrón de declive parcial de la actividad sexual física con el envejecimiento en contraposición con la actividad sexual íntima.
Un aspecto especialmente relevante es el rol de las actitudes hacia la sexualidad, que no emergieron como predictoras significativas en ninguno de los 2 modelos. La literatura sobre este tema es inconsistente: mientras algunos estudios señalan que actitudes más abiertas se relacionan con mayor actividad sexual11, otros muestran resultados menos claros. De hecho, en un estudio con las personas mayores polacos, las actitudes y conocimientos medidos con la ASKAS mostraron asociaciones débiles y no lineales con la calidad de vida sexual25. Esto sugiere que, en la práctica, las actitudes generales hacia la sexualidad pueden tener menos impacto que la dinámica relacional concreta y la valoración subjetiva del sexo en la vida cotidiana. Además, unas actitudes muy permisivas hacia la sexualidad en la vejez pueden no traducirse en una mayor actividad sexual cuando faltan condiciones básicas, como disponer de pareja o gozar de suficiente salud física, lo que podría explicar en parte la débil asociación observada entre actitudes y conducta sexual en nuestro estudio.
Los resultados también tienen implicaciones clínicas y sociales. La fuerte asociación entre la satisfacción sexual con la pareja y la actividad sexual, tanto física como íntima, unida al hecho de que la edad no condiciona la actividad sexual íntima respalda la idea de que los adultos mayores pueden mantener una sexualidad satisfactoria en términos de afecto, comunicación y proximidad, lo que contribuye al bienestar emocional y relacional9,25.En este marco los profesionales sanitarios y sociales que trabajan con adultos mayores deberían incorporar la dimensión sexual y relacional en sus evaluaciones, superando los estereotipos edadistas que limitan su consideración2. A pesar de ello, el hallazgo de que la edad no condiciona la actividad sexual íntima respalda la idea de que los adultos mayores pueden mantener una sexualidad satisfactoria en términos de afecto, comunicación y proximidad, lo que contribuye al bienestar emocional y relacional9,29. Sin embargo, distintas revisiones han documentado que persisten barreras importantes en la práctica clínica, relacionadas con estigma, falta de formación y ausencia de iniciativa profesional para abordar estos temas25,26. De hecho, estudios con médicos de atención primaria han mostrado que, aunque los adultos mayores desean hablar de su sexualidad, estas conversaciones rara vez son iniciadas por los clínicos30.
Al mismo tiempo, los resultados subrayan la necesidad de redefinir la sexualidad en la investigación. Como han señalado autores recientes, los estudios tienden a centrarse en la función sexual o en la disfunción, descuidando prácticas no coitales o solitarias que también forman parte de la vida sexual de los adultos mayores y que pueden contribuir a la satisfacción vital13. La diferenciación entre actividad sexual física e íntima, aplicada en este trabajo, responde a esta demanda y ofrece una perspectiva más matizada para entender la diversidad de experiencias sexuales en la vejez.
Este estudio no está exento de limitaciones. En primer lugar, el diseño transversal impide establecer relaciones causales entre las variables analizadas. En segundo lugar, los datos se basan en autoinformes, lo que puede introducir sesgos de deseabilidad social, especialmente en un tema sensible como la sexualidad. En tercer lugar, la muestra fue obtenida mediante un muestreo no probabilístico de bola de nieve, lo que limita la generalización de los resultados. Además, la sobrerrepresentación de mujeres podría influir en los patrones observados y no permite explorar adecuadamente las posibles diferencias de género. Futuras investigaciones deberían emplear diseños longitudinales y muestras probabilísticas más amplias y diversas, que incluyan distintos contextos culturales y permitan analizar de forma específica las diferencias culturales y de género en la vivencia de la sexualidad en la vejez. En cuarto lugar, aunque el estudio se enmarca en un proyecto más amplio sobre sexualidad y envejecimiento, en este trabajo se han analizado únicamente los datos de las personas de 60 años o más. Esta decisión nos ha permitido centrarnos en la etapa de la vejez, pero limita la posibilidad de comparar de forma sistemática distintos grupos de edad o de describir posibles trayectorias evolutivas en la sexualidad. En quinto lugar, los modelos no incluyen variables clave como la salud física o las autopercepciones de envejecimiento, que la literatura ha identificado como determinantes relevantes de la actividad sexual en la vejez y que podrían estar afectando tanto la actividad sexual física como la íntima. Asimismo, aunque la subescala de actitudes del ASKAS evalúa creencias generales sobre la sexualidad en la vejez, algunos ítems se formulan en referencia a contextos residenciales. El uso de esta escala en población mayor que vive en la comunidad podría introducir cierta limitación contextual en la interpretación de los resultados, aspecto que debería considerarse en futuras investigaciones mediante instrumentos específicamente diseñados para el ámbito comunitario. Por último, en el caso de participantes sin pareja actual, la satisfacción relacional se evaluó en referencia a la última relación significativa durante los últimos 6 meses, lo que podría implicar cierto sesgo de recuerdo o diferencias contextuales respecto a quienes mantenían una relación en el momento de la evaluación.
A pesar de estas limitaciones, el presente trabajo aporta evidencias relevantes al mostrar que la actividad sexual en la vejez se sustenta en gran medida en factores relacionales y subjetivos, más que en la edad cronológica. Esto tiene implicaciones clínicas claras: la exploración de la satisfacción sexual con la pareja y de la importancia atribuida al sexo debería incorporarse de manera rutinaria en la práctica sanitaria con los adultos mayores. Reconocer la sexualidad como un componente esencial del bienestar en esta etapa vital no solo contribuye a una visión más completa del envejecimiento saludable, sino que también permite avanzar en la eliminación de estereotipos edadistas y en la promoción de una atención centrada en la persona.
Contribución de autoríaL.V.G. y J. C. M. participaron en la conceptualización del estudio, el diseño metodológico, el análisis de los datos y la redacción del manuscrito. J.G.M. e I.M.H. colaboraron en la recogida de datos, la revisión crítica del contenido y la redacción del manuscrito. E.S. y J.G.M. contribuyeron al diseño del estudio y a la revisión crítica del manuscrito. I.D. participó en la interpretación de los resultados y en la revisión del manuscrito. J.C.M. y J.G.M. supervisaron el estudio, contribuyeron a la interpretación de los resultados y realizaron la revisión final del manuscrito.
Todos los autores han leído y aprobado la versión final del manuscrito y asumen la responsabilidad de su contenido.
FinanciaciónEl presente estudio no ha recibido financiación específica de organismos públicos, entidades comerciales ni organizaciones sin ánimo de lucro.
Consideraciones éticas y consentimiento informadoEl estudio se llevó a cabo de acuerdo con los principios éticos de la Declaración de Helsinki. El protocolo de investigación fue aprobado por el Comité Ético de Investigación en Humanos de la Comisión de Ética en Investigación Experimental de la Universitat de València (código: 2024-PSILOG-3754103). Todos los participantes recibieron información detallada sobre los objetivos del estudio y firmaron un consentimiento informado por escrito antes de su participación. Se garantizó en todo momento el anonimato de las respuestas y la confidencialidad de los datos recogidos.
Declaración del uso de inteligencia artificialLos autores declaran que se utilizó de manera puntual herramientas basadas en inteligencia artificial exclusivamente con fines de apoyo lingüístico y mejora del estilo del texto. Dicha herramienta no intervino en la concepción del estudio, el diseño metodológico, el análisis de los datos, la interpretación de los resultados ni en la elaboración de las conclusiones. Los autores asumen la plena responsabilidad del contenido final del manuscrito.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses, financiero ni personal, que pudiera haber influido de manera inapropiada en el desarrollo, en los resultados o en la interpretación del presente estudio.

