La difusión de la ecografía en anestesia regional ha modificado de forma profunda tanto la práctica asistencial como la manera de enseñarla. El reto actual no consiste únicamente en disponer de más bloqueos o abordajes, sino en evitar que la multiplicación de variantes y denominaciones desemboque en un aprendizaje fragmentado y en decisiones clínicas inconsistentes. Desde esta perspectiva, la competencia debe entenderse como la integración de juicio clínico, selección apoyada en la evidencia, conocimiento farmacológico, ejecución técnica segura, capacidad de documentación, comunicación con el paciente y seguimiento adecuado. En este contexto, la simulación debe ocupar una posición central dentro del itinerario docente, no solo en la residencia, sino también en la formación continuada del personal implicado, ya que favorece una progresión por competencias y permite valorar el aprendizaje con mayor objetividad. Los procesos de acreditación impulsados por sociedades científicas pueden ayudar a homogeneizar estándares, siempre que existan recursos y capacidad formativa suficientes para su implantación real. En entornos de presión asistencial y rotación de personal, la estandarización de los procesos formativos y asistenciales no se opone a la personalización clínica, sino que la hace más segura, reproducible y ajustada a las características de cada paciente.
The widespread adoption of ultrasound in regional anaesthesia has profoundly changed both clinical practice and the way this field should be taught. The current challenge is not merely the availability of more blocks or approaches, but preventing the growing number of variants and terms from leading to fragmented learning and inconsistent clinical decision-making. From this standpoint, competence should be viewed as the integration of clinical judgement, evidence-informed selection, pharmacological knowledge, safe technical performance, proper documentation, patient communication, and follow-up. Within such a framework, simulation should occupy a central place in training pathways not only during residency, but also in the continuing education of professionals involved in regional anaesthesia, because it supports competency-based progression and allows more objective assessment of learning outcomes. Accreditation processes promoted by scientific societies may help standardise practice, provided that adequate educational resources and teaching capacity are available for real implementation. In high-pressure clinical settings with frequent staff turnover, standardisation of training and care processes does not oppose clinical individualisation, but rather makes it safer, more reproducible, and better adapted to each patient's characteristics.

