La corona mortis es una variante vascular frecuente de la pelvis, con una gran importancia clínica. Aunque no existe consenso en su definición, es un término que hace referencia a cualquier situación anatómica en la que un vaso, arterial o venoso, es susceptible de lesionarse en su recorrido al cruzar por encima de la rama iliopubiana. Este recorrido anatómico le confiere un alto riesgo de lesión en múltiples escenarios clínicos, como el trauma pélvico o diferentes procedimientos quirúrgicos. El objetivo de este artículo es revisar la anatomía de la corona mortis arterial mediante angiografía por tomografía computarizada (angio-TC) y arteriografía, e ilustrar con ejemplos la gran relevancia clínica de esta variante vascular. Por prevalencia e importancia, la corona mortis arterial puede considerarse la reina de las variantes vasculares de la pelvis. Es conveniente que el radiólogo esté familiarizado con su anatomía y alto riesgo hemorrágico, para incluirla de manera explícita en el informe radiológico en aquellas situaciones clínicas donde puede resultar crucial.
Corona mortis is a common vascular variant in the pelvis with significant clinical importance. While there is no standardised definition, the term generally refers to any anatomical situation where a vessel —either arterial or venous— crosses over the superior pubic ramus and is thus susceptible to injury. This anatomical course places it at high risk of injury in numerous clinical scenarios, including pelvic trauma and various surgical procedures. The aim of this article is to review the anatomy of arterial corona mortis using computed tomography angiography (CTA) and digital subtraction angiography and to use examples to illustrate the considerable clinical significance of this vascular variant. With its high prevalence and relevance, arterial corona stands out as the leading pelvic vascular variant. Radiologists should be familiar with its anatomy and high haemorrhagic risk, explicitly including it in radiological reports when the clinical situation means it could be of significance.
La anatomía vascular de la pelvis presenta una gran variabilidad interindividual, lo que tiene implicaciones significativas en el diagnóstico por imagen, la planificación quirúrgica y la realización de procedimientos intervencionistas.
Una de las variantes más frecuentemente encontradas es la corona mortis. Aunque en muchas ocasiones se ha catalogado a la corona mortis como un vaso «anómalo» o «aberrante», en realidad se trata de una entidad ampliamente prevalente1,2. Existen metaanalisis y revisiones sistémicas que establecen una prevalencia general de la corona mortis en torno al 50%, siendo la variante venosa más frecuente que la arterial3,4.
Por su anatomía, la corona mortis presenta una especial susceptibilidad a la lesión en distintas situaciones de la práctica clínica habitual: fracturas pélvicas, cirugía ortopédica de la región retropúbica y acetabular, cirugía de hernia inguinal, procedimientos urológicos o ginecológicos e incluso en hemorragias posparto3,5–10. Además, el sangrado activo por lesión de la corona mortis suele resultar muy dificil de controlar, pudiendo provocar hemorragias severas o incluso mortales, especialmente en los casos en los que se ve afectada su variante arterial.
Este artículo pretende revisar el diagnóstico por imagen de la corona mortis arterial, y a través de ejemplos, ilustrar la importante implicación clínica de esta variante vascular tan común.
AnatomíaNo existe consenso en la literatura a la hora de definir la corona mortis. El término es frecuentemente empleado para describir diferentes variantes anatómicas como el origen de la arteria obturatriz (AO) en la arteria ilíaca externa (AIE) o arteria epigástrica inferior (AEI), o bien para referirse a cualquier conexión anastomótica (arterial o venosa) entre el sistema ilíaco externo y los vasos obturatrices procedentes del sistema ilíaco interno3,6,11,12. Sin embargo, cada vez más autores consideran que se trata de un término que refleja una situación clínica de riesgo, más que una única estructura anatómica: cualquier vaso que cruce la rama iliopubiana es susceptible de lesionarse y, por lo tanto, puede constituir una corona mortis13.
Su aciago nombre («corona de la muerte») hace referencia al alto riesgo de hemorragia con compromiso vital que existe cuando este vaso se ve lesionado en el recorrido que realiza al «coronar» la rama iliopubiana en su trayecto hacia el agujero obturador, especialmente si se trata de un vaso arterial7,12,14,15.
Esta variabilidad en la definición de la corona mortis explica en parte la gran heterogeneidad que existe en las distintas series que describen su prevalencia. Generalmente, la corona mortis venosa se describe como más frecuente que la arterial, estando presente en aproximadamente el 50% de los individuos4,6,12. Esto tiene importancia porque, a pesar de que la lesión arterial suele acarrear mayor riesgo hemorrágico y de inestabilidad hemodinámica11, la corona mortis venosa puede resultar mas difícil de detectar (intraoperatoriamente o mediante angiografía por tomografía computarizada [angio-TC) y de controlar si se lesiona3. En el caso de la corona mortis arterial, la literatura muestra unos resultados más heterogéneos, con estudios de la TC que describen una prevalencia en torno al 30%16, y estudios en cadáver que la sitúan más cerca del 50%11,17.
Los diferentes patrones arteriales de la AO se originan durante el desarrollo embrionario. El crecimiento desigual de algunos canales capilares frente a otros termina seleccionando qué tipo de conexión anastomótica existirá entre la AIE y la arteria ilíaca interna (AII)18. Existen distintas clasificaciones para categorizar el tipo de comunicación existente11,18, aunque ninguna se encuentra ampliamente extendida. Dentro de la corona mortis arterial pueden distinguirse 4 patrones principales según el origen y la conexión de la AO11,17 (fig. 1):
- 1.
Origen de la AO en la AIE (64,9%)
- 2.
Origen de la AO en la AEI (26,3%)
- 3.
Conexión anastomótica entre la AEI y la AO (7,0%)
- 4.
Rama arterial procedente del sistema arterial ilíaco externo o interno, que cruza la rama iliopubiana, pero no genera conexión anastomótica entre ambos (1,8%) (fig. 2)
Figura 2.Mujer de 24 años que sufre traumatismo pélvico (atropello). Durante las primeras horas de observación desarrolla palidez y sudoración, y se aprecia una caída de la hemoglobina de 3g/dl. Corona mortis arterial originada en la arteria epigástrica inferior que cruza la rama iliopubiana, pero no irriga la región obturatriz ni genera conexión con el sistema ilíaco interno. A) Arteriografía sin sustracción en la que se aprecia el trayecto de dicha rama arterial por encima de la rama iliopubiana izquierda (cabezas de flecha) con una línea de fractura asociada (flecha hueca). B) Arteriografía con sustracción digital (ASD) en la que se evidencia pequeño foco de sangrado activo (flecha), adyacente a la línea de fractura.
Principales variantes de la corona mortis arterial. A) Origen de la arteria obturatriz (cabeza de flecha verde) en la arteria ilíaca externa (cabeza de flecha naranja). B) Origen de la arteria obturatriz en la arteria epigástrica inferior (AEI) (cabeza de flecha gris). C) Conexión anastomótica (cabeza de flecha verde) entre la AEI y la arteria obturatriz originada en la arteria ilíaca interna (cabeza de flecha morada). D) Rama arterial (cabeza de flecha verde) procedente de la arteria ilíaca externa, que cruza la rama iliopubiana, pero no comunica sistemas arteriales ilíaco interno y externo.
No obstante, en ocasiones existen variantes anatómicas que escapan de estos 4 escenarios mayoritarios, por lo que una descripción detallada en el informe radiológico siempre resultará de mayor utilidad (fig. 3).
Politraumatismo en un varón de 47 años, con un descenso de la hemoglobina de 4g/dl. A) Reconstrucción MIP de la angio-TC en fase arterial con foco de extravasación de contraste (círculo), que asocia una fractura de la columna anterior del acetábulo derecho (flecha hueca). Variante del origen de la corona mortis arterial (flecha) y arteria epigástrica inferior (AEI) en la arteria femoral profunda (AFP) (cabeza de flecha). B) Arteriografía selectiva de arteria femoral común (AFC) derecha, que confirma el origen de la corona mortis y la AEI (flecha curva) en la AFP. Se observa, además, una bifurcación alta de la AFC, por encima de la cabeza femoral (estrella). C) ASD supraselectiva desde la corona mortis, sin evidenciar focos de sangrado en ese momento. Se realiza embolización empírica dada la cercanía de la línea de fractura a la corona mortis y la localización en la angio-TC del foco de sangrado. D) ASD final de control tras embolización con esferas de 500μm y microcoils (flecha roja).
El diámetro medio de la corona mortis arterial es de aproximadamente 2,5mm2,16, un tamaño similar al de cualquier AO19, y cercano al límite de lo que resulta fácilmente identificable en procedimientos de cirugía convencional3. Otro factor relevante de cara a la planficación quirúrgica y valoración de fracturas pélvicas es la distancia de la corona mortis a la sinfisis púbica, que generalmente es de aproximadamente 5cm y algo mayor en las mujeres. Además, la corona mortis arterial es menos frecuente en pelvis pequeñas, con distancias inter-acetabulares menores de 19-20cm2,16.
En los pacientes con enfermedad arterial periférica la corona mortis puede encontrarse parcialmente ocluida16, lo que puede dificultar tanto su identificación mediante angio-TC como su cateterización en caso de requerir embolización. Por otro lado, en algunos pacientes con oclusión arterial del eje ilíaco (AIE o arteria ilíaca común), la corona mortis puede cobrar importancia mediante la formación de una vía colateral, a modo de bypass natural1 (fig. 4).
Debe recordarse que: La corona mortis hace referencia a cualquier situación anatómica en la que un vaso, arterial o venoso, es susceptible de lesionarse en su recorrido al cruzar por encima de la rama iliopubiana. Suele emplearse más frecuentemente para referirse a la variante arterial, la cual presenta una prevalencia entre el 30-50%. Existen distintos patrones arteriales de conexión entre AIE-AII.
Mujer de 58 años con claudicación intermitente (estadio IIA de Fontaine) en miembro inferior izquierdo. Vía colateral a través de la corona mortis arterial. A) Reconstrucción 3D de la angio-TC. Se identifica una obstrucción desde el origen de la arteria ilíaca externa izquierda (flecha). La corona mortis genera una conexión anastomótica entre la arteria ilíaca interna y la arteria epigástrica inferior (AEI) (cabezas de flecha), logrando repermeabilizar distalmente el eje femoral (flecha hueca). B) Reconstrucción MIP con supresión de hueso de la angio-TC en fase arterial. Se aprecia la conexión anastomótica con el origen de la AEI (flecha curva).
La relevancia de la corona mortis arterial en el manejo quirúrgico de la región inguinopélvica está ampliamente reconocida y es muy conveniente que tanto el radiólogo como el cirujano estén familiarizados con ella16.
En el abordaje laparoscópico de la hernia inguinal, la corona mortis arterial puede verse lesionada durante la disección del espacio preperitoneal o del saco herniario, o bien por acción del fijador de la malla (tacker) (fig. 5), con una incidencia reportada del 1,5%7,11,13. Aunque se trata de una entidad mucho menos prevalente, durante la reparación de la hernia obturatriz también puede existir riesgo de lesión de la corona mortis arterial (fig. 6).
Mujer de 72 años operada de hernioplastia inguinal bilateral mediante técnica laparoscópica transabdominal preperitoneal (TAPP). Tras la cirugía aparece un hematoma inguinal izquierdo y desciende la hemoglobina 2g/dl. A) Angio-TC en fase arterial que muestra el hematoma inguinal izquierdo (estrella), con un foco de sangrado activo (flecha hueca). Arteria obturatriz (cabeza de flecha) originada en la arteria epigástrica inferior (AEI) (flecha), conformando una corona mortis arterial, que probablemente se ha visto lesionada por el fijador (tacker) durante la cirugía. B) En la ASD selectiva no se identifican extravasados ni lesiones vasculares dependientes de la AEI o de la corona mortis, pero se decide embolización empírica. C) Imagen de control de fluoroscopia que muestra el molde de embolización con copolímero de Etilen-Vinil-Alcohol de la AEI y del origen de la corona mortis arterial. Se logra la hemostasia.
Mujer de 90 años intervenida de una reparación de hernia obturatriz derecha. Durante la cirugía se aprecia sangrado originado en la corona mortis, que se logra controlar. Sin embargo, continúa la hemoglobina en descenso y se pide angio-TC para su valoración. A) Reconstrucción coronal de la TC abdominopélvica prequirúrgica. Hernia obturatriz derecha con contenido intestinal (asa de intestino delgado) (flecha), que provoca obstrucción intestinal con cambio brusco de calibre y dilatación retrógrada de asas (cabezas de flecha). B) Angio-TC posquirúrgica, corte axial de fase arterial. Burbujas de aire del procedimiento reciente (flechas naranjas) en cercanía de la corona mortis arterial (cabeza de flecha), originada en la arteria epigástrica inferior ipsilateral (no mostrado). No se observan focos de sangrado.
La corona mortis arterial también puede verse lesionada durante aquellos procedimientos quirúrgicos urológicos y ginecológicos que involucren la región retropúbica8,9 o en el contexto de hemorragias posparto10. Aunque la afectación de la corona mortis arterial en estos escenarios es poco frecuente, existiendo únicamente algunos casos reportados, sus consecuencias pueden llegar a ser catastróficas. En otras ocasiones, su lesión puede ponerse de manifiesto de manera tardía (desde horas a semanas) tras el procedimiento.
En el campo de la cirugía ortopédica de la región retropúbica y acetabular, la lesión de la corona mortis arterial es una complicación poco frecuente, pero potencialmente grave de los abordajes de Stoppa modificado e ilioinguinal. La identificación preoperatoria, la disección cuidadosa y la ligadura preventiva consiguen reducir enormemente el riesgo de lesión accidental de la corona mortis arterial durante estos procedimientos, lo que explica su baja incidencia (<1%) a pesar de la gran prevalencia de esta variante en la población20,21 (fig. 7).
El traumatismo pélvico también representa un escenario clínico de riesgo. Si bien en este contexto la mayoría de los sangrados activos son de origen venoso (80-90%), la incidencia de sangrado arterial aumenta significativamente en presencia de inestabilidad hemodinámica, alcanzando hasta un 60%22–24. La incidencia exacta de la afectación de la corona mortis arterial en casos de traumatismo pélvico no está bien definida. No obstante, multitud de estudios describen que su presencia en los pacientes con fractura pélvica se asocia con un mayor riesgo de hemorragia de cuantía significativa y, en ocasiones, de aparición tardía4,6,13. Su recorrido anatómico sugiere que este riesgo es especialmente relevante en presencia de fracturas que involucren la rama iliopubiana o el acetábulo5. Además, multitud de casos reportados establecen que el riesgo de lesión de la corona mortis arterial no solo existe en traumatismos de alta energía, sino también en los pacientes con fracturas osteoporóticas, de baja energía, en los que suele realizarse un manejo conservador25.
Debe recordarse que: La corona mortis arterial puede verse lesionada en multitud de escenarios clínicos, entre los que destacan el trauma pélvico y los procedimientos quirúrgicos de la región retropúbica, inguinal y acetabular. Aunque su lesión es infrecuente, las consecuencias pueden llegar a ser catastróficas, por lo que el radiólogo debe estar familiarizado con esta variante vascular.
Como se mencionaba, la presencia de una corona mortis arterial puede tener un gran impacto en distintos escenarios posquirúrgicos y postraumáticos, suponiendo un reconocido factor de riesgo para hemorragias de gran cuantía y para complicaciones vasculares de aparición tardía.
La resolución espacial de los equipos actuales de TC multidetector6,26 permiten la detección de la coronamortis arterial en la mayoría de las ocasiones. Para optimizar su sensibilidad, el protocolo de la angio-TC empleado deberá contar con cortes finos (colimación inferior a 1mm) e, idealmente, una fase arterial. Existen diferentes situaciones clínicas que pueden disminuir su sensibilidad, como en el caso de vasoespasmo (fig. 8) o ciertas fuentes de error en la interpretación de las imágenes, como las esquirlas óseas en casos de fractura1,5. La tecnología de energía dual de la TC, o la adquisición de fases sin contraste o fases tardías, pueden ayudar a distinguir los fragmentos óseos de verdaderas lesiones vasculares.
Vasoespasmo de la corona mortis arterial por hemorragia grave tras traumatismo pélvico en una mujer de 69 años, con fracturas asociadas (no mostradas). A) Reconstrucción tridimensional ampliada de hemipelvis derecha. Se observa la presencia de una corona mortis arterial (cabezas de flecha), originada en la arteria epigástrica inferior (flecha), que se dirige hacia el foco de extravasación de contraste (círculo). La arteria se encuentra muy disminuida de calibre por vasoespasmo. B) Reconstrucción MIP de la angio-TC en fase arterial que muestra una coronamortis arterial muy disminuida de calibre, con una gran extravasación de contraste en pelvis menor (círculo).
Para reconocer esta variante hay que identificar la presencia de un vaso arterial (generalmente originado en la AIE o AEI), que cruza la rama iliopúbica y se curva medialmente hacia la parte anterior del acetábulo (fig. 9).
Identificación de la corona mortis arterial en la angio-TC, fase arterial. Varón de 66 años a quien se realiza una angio-TC para valoración de enfermedad arterial periférica. La arteria obturatriz se origina en la arteria epigástrica inferior izquierda (corona mortis arterial), y presenta una trayectoria medial describiendo un arco anterior al acetábulo (flechas).
Identificar la corona mortis arterial antes de una cirugía de la región retropúbica o acetabular puede ser de gran utilidad, pues su tamaño y localización profunda en la pelvis dificultan su detección y control intraoperatorio, especialmente una vez el vaso se ha espasmodizado6. Dada la baja frecuencia de lesión en estos procedimientos, su identificación preoperatoria no es la práctica habitual. Sin embargo, es crucial sospechar y descartar la presencia de una corona mortis arterial en casos de hemorragia significativa o de aparición tardía tras cirugías en esta región anatómica.
Por otra parte, en casos de trauma pélvico con lesión vascular es imprescindible buscar activamente la presencia de esta variante, especialmente si existen fracturas de acetábulo o de la rama iliopúbica.
Debe recordarse que: La corona mortis arterial debe buscarse activamente en casos de hemorragia significativa tras cirugías de la región retropúbica o acetabular y tras traumatismos pélvicos con lesión vascular asociada, especialmente si asocian fracturas de acetábulo o de la rama iliopúbica. En ocasiones la hemorragia puede presentar una aparición tardía.
La embolización arterial se considera el tratamiento de elección para el traumatismo pélvico con hemorragia arterial activa27. Algunos autores reportan que la tasa de mortalidad se reduce a una quinta parte en aquellos pacientes con fractura pélvica y hemorragia arterial activa que se someten a embolización dentro de las 3 primeras horas, comparando con los pacientes a los que se les realiza el procedimiento más allá de este plazo28. Una orientación radiológica precisa del origen del sangrado, previa al procedimiento de embolización arterial, permite ahorrar un tiempo que puede resultar vital en este contexto de urgencia y gravedad. La identificación de la corona mortis arterial como arteria implicada en la extravasación permite la cateterización prioritaria de la AIE/AEI en lugar del tronco anterior de la AII, que es el territorio más habitual cuando se sospecha una lesión de la AO (fig. 10).
Politraumatismo por accidente de tráfico en un varón de 80 años. Se le trasfunden 2 concentrados de hematíes por amenización. Estabilidad hemodinámica. A) Fractura de rama iliopubiana izquierda (flecha hueca) que asocia extravasado de contraste (cabeza de flecha) por amputación de la corona mortis arterial. B) Serie selectiva de ASD. Se confirma la amputación de la corona mortis arterial (flecha) en su origen en la arteria epigástrica inferior (AEI) (flecha curva). C) Arteriografía supraselectiva desde la corona mortis arterial, que muestra la amputación de la misma junto con extravasación de contraste, en relación con foco de sangrado activo. D) Imagen de control de la fluoroscopia tras embolización de la corona mortis arterial y el origen de la AEI, observándose el molde de n-bultil-2-cianocrilato con el que se logró la hemostasia.
Más allá del trauma pélvico, otras situaciones de sangrado activo también pueden beneficiarse enormemente de la búsqueda activa de una corona mortis arterial, como es el caso de algunas hemorragias posparto. Cuando no se encuentran focos de extravasado procedentes de la arteria uterina u otras ramas de la AII, el origen puede encontrarse en una corona mortis arterial (fig. 11). En efecto, en cualquier sangrado pélvico ocasionado por una lesión de la corona mortis arterial, una adecuada orientación diagnóstica que guíe hacia una exploración preferente del sistema ilíaco externo durante el proceso de embolización facilitará la hemostasia efectiva y en el menor tiempo posible.
Debe recordarse que: En los casos de hemorragia pélvica en los que no se identifiquen focos de sangrado activo procedentes de la AII, el origen puede estar en una corona mortis arterial. El diagnóstico temprano de la lesión de esta variante vascular orienta hacia una cateterización preferente del sistema ilíaco externo durante la embolización, facilitando una hemostasia rápida y efectiva.
Hemorragia posparto masiva en una mujer de 37 años, tras desgarro del tracto genital durante el expulsivo (parto eutócico). A) Corte axial de la angio-TC en fase arterial, que evidencia foco de extravasación de contraste paravaginal derecho (círculo) procedente de una rama (flecha) originada en la corona mortis arterial derecha (cabeza de flecha). Taponamiento vaginal (packing) con compresas (flechas huecas), que no consigue contener la hemorragia. B) Cateterización selectiva de arteria epigástrica inferior (AEI). Imagen de control de la fluoroscopia que muestra el molde de embolización con copolímero de Etilen-Vinil-Alcohol de la rama implicada en el sangrado, que nace de la corona mortis arterial. El origen de la corona mortis arterial también es embolizado. C) Serie final de control en ASD. Se evidencia ausencia de extravasado; la AEI está preservada (flecha curva). D) Corte axial de la angio-TC en fase arterial que muestra el material de embolización hiperdenso (flechas rojas) y restos de contraste postarteriografía, remansados en el espesor del hematoma paravaginal derecho (estrellas).
Además, en ocasiones las lesiones vasculares pueden recibir aporte sanguíneo desde los 2 sistemas arteriales (AIE y AII). En estos casos es imprescindible la embolización de ambos para lograr una hemostasia efectiva y duradera o, como sucede en lesiones pseudoaneurismáticas, para evitar la recanalización 15. Al planificar la embolización, es fundamental considerar la conexión anastomótica existente a través de la corona mortis arterial para prevenir la oclusión no deseada de vasos del territorio de la AIE y el consiguiente riesgo de isquemia aguda de la extremidad inferior.
Existen otras situaciones del ámbito de la radiología vascular intervencionista donde la presencia de una corona mortis arterial también puede ser relevante (fig. 12). La embolización de la AEI por sangrado espontáneo de la vaina de los rectos es un procedimiento muy frecuente en las urgencias de radiología vascular, especialmente en los pacientes anticoagulados. La consideración anatómica de la corona mortis arterial durante el procedimiento permite respetarla y evitar su embolización en aquellos casos en los que no se vea implicada en el extravasado (fig. 13).
Sangrado espontáneo en la vaina de los rectos del abdomen en un varón de 77 años anticoagulado. A) ASD postembolización de la arteria epigástrica inferior (AEI) (flechas), muestra que la corona mortis se ha preservado (cabezas de flecha). B) Angio-TC en fase arterial del mismo paciente. La AEI se encuentra cerrada con material de embolización hiperdenso, pero la corona mortis se encuentra preservada (cabeza de flecha). Hematoma de vaina de los rectos (estrella).
El tratamiento mínimamente invasivo de la hiperplasia benigna de próstata (HBP) mediante embolización arterial está cada vez más extendido, habiendo sido recientemente incluido como alternativa terapéutica en las guías de la Sociedad Americana de Urología (American Urological Association)29. En aproximadamente un 2% de los pacientes la arteria prostática tendrá su origen en la AIE a través de la corona mortis30. Este dato resulta especialmente relevante en los casos de embolización de HBP en los que no se consigue identificar ramas prostáticas procedentes de su origen anatómico habitual en el tronco anterior de la AII, pues obligará a buscarlas desde la AIE (fig. 14).
Varón de 90 años con hematuria secundaria a hiperplasia benigna de próstata, sin opción quirúrgica. Origen aberrante de la arteria prostática derecha en la corona mortis arterial. A) Arteriografía de la arteria ilíaca externa derecha que muestra una corona mortis arterial redundante (cabezas de flecha), originada en la arteria epigástrica inferior (AEI) (flechas). Se observa una rama prostática (flecha hueca) que nace de la corona mortis e irriga el lóbulo prostático derecho. B) ASD supraselectiva desde rama prostática derecha, originada en la corona mortis. Se emboliza con partículas de 300μm desde este punto. C) Angio-TC postembolización, en fase arterial, realizado por sospecha de complicación del acceso vascular femoral derecho. Se confirma la presencia de material de embolización hiperdenso (mezcla de partículas con contraste yodado) en el lóbulo prostático derecho (flecha roja); la corona mortis arterial se origina en la AEI; hematoma pospunción de arteria femoral común derecha (estrella).
Otras situaciones como la lesión de la corona mortis arterial ocasionada por una guía en procedimientos endovasculares o endofugas tipo II procedentes de la corona mortis (en aneurismas de la AII tratados con endoprótesis), son menos frecuentes, pero también relevantes en el campo de la radiología vascular12.
ConclusiónPor prevalencia e importancia, la corona mortis arterial puede considerarse la reina de las variantes vasculares de la pelvis. Su lesión puede provocar hemorragias postraumáticas y posquirúrgicas de gran cuantía, en ocasiones con aparición tardía. Su diagnóstico temprano facilita el tratamiento precoz. Por ello, es crucial que el radiólogo esté familiarizado con su anatomía y la incluya en el informe radiológico en aquellas situaciones donde puede resultar crucial.
Autoría- 1.
Responsable de la integridad del estudio: Rodrigo Alonso González
- 2.
Concepción del estudio: Rodrigo Alonso González
- 3.
Diseño del estudio: Rodrigo Alonso González
- 4.
Obtención de los datos: Rodrigo Alonso González
- 5.
Análisis e interpretación de los datos: Rodrigo Alonso González
- 6.
Tratamiento estadístico: Rodrigo Alonso González
- 7.
Búsqueda bibliográfica: Rodrigo Alonso González
- 8.
Redacción del trabajo: Rodrigo Alonso González y María Parra Calleja
- 9.
Revisión crítica del manuscrito con aportaciones intelectualmente relevantes: Rodrigo Alonso González, María Antonia Udaondo Cascante, José Miguel del Monte Díez, Javier Velasco Gómez, Marta Gallego Verdejo e Israel Sánchez Lite.
- 10.
Aprobación de la versión final: Rodrigo Alonso González, María Antonia Udaondo Cascante, José Miguel del Monte Díez, Javier Velasco Gómez, Marta Gallego Verdejo e Israel Sánchez Lite.
No existen conflicto de intereses por parte de ninguno de los autores en la elaboración del artículo de actualización.

















