Se presenta a una mujer de 51 años, diagnosticada en los últimos 15 años de más de 10 carcinomas basocelulares (CBC) en la cara, extirpados con cirugía convencional o cirugía de Mohs. La paciente reconsulta debido a la aparición de nuevas lesiones faciales. En el examen físico y dermatoscópico se encontraron un total de 23 lesiones en la cara, altamente sugestivas de malignidad (fig. 1). Se realizaron 10 biopsias, que confirmaron el diagnóstico de CBC.
Descripción de las lesiones. a) En la región cigomática izquierda es posible apreciar un nódulo (◄) de 7 mm de diámetro a 2 cm del canto externo. Además, la mejilla izquierda con más de 5 pápulas (←) menores de 5 mm. b) Se aprecian pápulas menores de 5 mm en región peribucal y surcos nasogenianos, inferior al ala nasal se evidencia tumor lobulado (*) de 9 mm de diámetro. c) Del lado derecho se aprecian pápulas menores de 5 mm en la región infraorbitaria, el dorso nasal y la mejilla.
Ante los antecedentes mencionados y la cantidad de nuevas lesiones, se planteó el diagnóstico de síndrome de Gorlin-Goltz; sin embargo, no cumplía otros de los criterios al momento de la consulta. Ante el amplio historial quirúrgico de la paciente, se planteó un manejo por vía oral con vismodegib. No obstante, rechazó completamente cualquier otro tratamiento sistémico o quirúrgico, incluidas las biopsias postratamiento. Por tanto, se propuso manejo con láser CO2, al que la paciente accedió tras explicarle que no se garantizaba la curación completa.
Se realizó una única sesión de terapia láser de CO2, con punta de vaporización no fraccionada, siguiendo una técnica similar al doble electrocuretaje. Se resecó la lesión y la piel circundante, teniendo en cuenta márgenes oncológicos entre 4 y 6 mm, dependiendo del subtipo histológico y del tamaño del tumor. La paciente cursó una recuperación satisfactoria, sin efectos adversos. A los 4 meses, se evidenció en el examen físico una regresión completa de las lesiones tratadas (fig. 2). Además, durante más de 9 meses de seguimiento, no se encontraron nuevas lesiones ni recidiva clínica o dermatoscópica de las previamente tratadas.
El diagnóstico del CBC se realiza a través de la biopsia de piel, ya que mejora la precisión diagnóstica de las lesiones sospechosas y estima el riesgo de recurrencia; además, el subtipo histopatológico puede afectar la estrategia terapéutica a seguir1. La inspección directa y el examen dermatoscópico también pueden establecer el diagnóstico basado en hallazgos típicos2.
Dada su baja tasa de metástasis, la resección quirúrgica de la lesión primaria es la estrategia estándar de manejo, con una curación completa de las lesiones en más del 90% de los casos3,4. Otras técnicas de resección son utilizadas según la recurrencia o las características histológicas del CBC; entre ellas, la cirugía micrográfica de Mohs, la electrodesecación y legrado, entre otras5. Asimismo, se han planteado estrategias no quirúrgicas como manejo tópico con fluorouracilo, imiquimod, fototerapia o láser6, consideradas en casos donde los procedimientos quirúrgicos provocan desfiguración o deterioro funcional en pacientes con un alto riesgo quirúrgico o en lesiones de bajo riesgo, recurrentes o múltiples3.
El láser de CO2 genera ondas infrarrojas que son absorbidas por las moléculas de agua en los tejidos, causando evaporación y coagulación térmica. Permite destruir de forma precisa las lesiones, reduciendo el daño al tejido circundante7. Múltiples estudios han evidenciado que esta terapia puede lograr la eliminación histológica del tumor, demostrando tasas de curación superiores al 90%4,8. Además, con respecto a los tratamientos tradicionales, presenta menos complicaciones, no genera distorsión anatómica y produce resultados estéticos más satisfactorios9.
La monoterapia con láser de CO2 se ha considerado apropiada para el manejo de subtipos de CBC superficiales, sin un patrón histológico agresivo o en presencia de múltiples lesiones. Actualmente, se investigan métodos para mejorar su eficacia en otros subtipos de mayor riesgo3. Entre estos, se encuentra el uso simultáneo con terapias tópicas, la administración guiada por láser de medicamentos o el uso concomitante con técnicas de microscopía para guiar la ablación del tumor a nivel celular10,11.
En conclusión, la terapia láser es una estrategia efectiva para el tratamiento de CBC, siendo un recurso alternativo en pacientes con múltiples lesiones, donde la cirugía repetitiva u otras terapias resultan en morbilidad y afectación significativa de la calidad de vida. Se necesitan más estudios que comparen los resultados de la terapia láser con respecto a otros tratamientos no invasivos en cuanto a supervivencia y progresión libre de enfermedad en periodos de seguimiento más prolongados.
Responsabilidades éticasLos autores declaran que el trabajo fue aprobado y elegido para publicación por el Comité de Ética de la Clínica Nuestra Señora de Torcoroma de Ocaña, norte de Santander, Colombia.
Consentimiento informadoLos autores declaran que se obtuvieron los consentimientos requeridos para la publicación de cualquier dato personal o imágenes de pacientes, sujetos de investigación.
FinanciaciónLos autores declaran que no recibieron apoyo de ninguna organización para el trabajo presentado.
AutoríaLos autores declaran que todos contribuyeron por igual al manuscrito.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.



