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Vol. 22. Núm. 1.
Páginas 98-106 (Enero 2003)
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Residuos en establecimientos sanitarios
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Javier Doménech
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Modelo de contenedor para residuo sanitario especial, con anagrama de «Biocontaminado».
Tabla. I. Residuos generados en la oficina de farmacia
Modelo de instalación para la eliminación de residuos sanitarios específicos, consistente en esterilización por vapor de agua y trituración de residuo.
Los productos químicos del laboratorio de la oficina de farmacia son considerados, la mayor parte de ellos, «residuos peligrosos» en el momento en que el farmacéutico se desprende de ellos, y son objeto, por tanto, de una gestión especial
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Los residuos generados por los distintos centros sanitarios, incluidos los establecimientos farmacéuticos, forman un complejo entramado en el que los profesionales sanitarios no se desenvuelven con seguridad.

El presente trabajo pretende establecer algunos conceptos básicos, apuntar la legislación que les afecta y comentar algunos puntos para la reflexión y el debate sobre aspectos que les atañen directamente: los residuos que se generan en la oficina de farmacia.

Existe un notable paralelismo entre el grado de desarrollo de una sociedad y la composición de las basuras o desechos que genera. Mientras que en el tercer mundo el residuo es mayoritariamente doméstico, la cantidad de basura producida por habitante/año es reducida y está compuesta en gran medida por materia orgánica, el mundo desarrollado genera una enorme y sorprendente variedad de residuos con un elevado volumen. Dice Ángel Vián, académico de número de la Real Academia de Farmacia, que «el gran símbolo de nuestra época es el consumo y, por tanto, el residuo, sabida la estricta relación entre uno y otro». Esta afirmación tiene unas implicaciones subsidiarias en la profesión farmacéutica: se consumen medicamentos, se consumen productos químicos para realizar formulación, se consume material sanitario para analíticas de sangre y, por tanto, se generan residuos de estos productos.

La otra cara de la moneda es que los residuos que se generan en el desarrollo de las actividades humanas, sean éstas cotidianas, profesionales o de carácter excepcional, han pasado en estos últimos años a un primer plano dentro de los objetivos prioritarios de las políticas de medio ambiente de las distintas administraciones, alcanzando a todos los sectores, incluido por tanto el sanitario, que vivían y ejercían su profesión dentro de un marco de manga ancha en donde la principal preocupación era la prestación de un servicio sin ocuparse de los ahora tan traídos «efectos colaterales».

Pues bien, actualmente la presión legislativa sobre el medio ambiente en general, y los residuos en particular, han puesto a las industrias, hospitales y establecimientos de índole sanitaria en uno de sus muchos puntos de mira y los tiempos en que se hacían las cosas por devoción o por intención son pretérito, ya que en un futuro muy próximo se realizarán por obligación.

El profesional sanitario, por otra parte, nunca se ha movido con comodidad dentro del mundo de los residuos, produciendo incertidumbre cuantas acciones se acometían dentro de este ámbito. El SIGRE no ha venido sino a sembrar aún más dudas sobre lo que son los criterios para clasificar los residuos que se generan en las oficinas de farmacia dentro del marco legislativo actual, cada vez más específico y estricto.

Por todo ello, es preciso dar un punto de luz a un campo en el que el farmacéutico debe saber qué aspectos le son imprescindibles para la gestión de los residuos como consecuencia de una actividad sanitaria y en función de qué normativa se realiza esta gestión.

Modelo de contenedor para residuo sanitario especial, con anagrama de «Biocontaminado».

Laberinto legislativo

Uno de los aspectos que destacan dentro de la aspereza general que rodea al tema de los residuos es la maraña legislativa actualmente en vigor, adornada además de cierta ambigüedad y que ha presentado importantes cambios en las dos últimas décadas. La variedad legislativa al respecto pasa, en este momento, por estar regulada por normativa europea, normativa nacional, las distintas legislaciones autonómicas sobre residuos específicos sanitarios, y, por último, las ordenanzas locales, que en algunos casos empiezan a segregar el residuo de medicamentos.

El derecho comunitario en materia de residuos es extenso, aunque no especialmente significativo, en cuanto a categorías específicas de residuos como el caso sanitario o afines. De mayor importancia, si cabe, es el diseño de las políticas comunitarias reflejadas en los programas comunitarios de acción en materia medioambiental (el VI ahora en vigor) que exigen un compromiso de actuación a los países miembros definidos posteriormente en una normativa que puede afectar al desarrollo o al modo de gestión de estas actividades.

La legislación nacional, después de muchos devaneos en estos últimos tiempos, está encabezada por la Ley 10/98, de 21 de abril, de residuos que es la norma básica del grupo normativo de los residuos. Además, como complemento a ella y fruto de la transposición de directivas comunitarias, destaca para el interés particular de los farmacéuticos la Ley 11/97, de 24 de abril, de envases y residuos de envases y su correspondiente reglamento expresado en el Real Decreto 782/1998.

Las comunidades autónomas han aprobado diversas normas sobre residuos tanto de carácter general como específicos, siendo sin lugar a dudas, la que más afecta a los farmacéuticos, la normativa sobre residuos sanitarios que inició en 1990 la Comunidad de Cantabria, y que fue seguida durante la década anterior por la práctica totalidad de las autonomías.

En el escalafón más bajo de la administración existen las ordenanzas locales que, en materia de residuos, tienen una importancia significativa, ya que son las que en último término determinan qué tipos de residuos van a ser admisibles por los servicios de limpieza y por los vertederos municipales, qué residuos forman parte de la lista de permitidos en las redes de puntos limpios de nuestras capitales o qué otros deberán ser controlados de manera especial.

Por último, como elemento de regulación y previsto por la ley de residuos, se dispone de los planes nacionales, autonómicos e incluso los planes de las entidades locales referidos a distintos tipos de residuos. Actualmente, aprobado en enero de 2000, está en vigor el plan nacional de residuos urbanos 2000-2006, que establece objetivos específicos sobre la gestión de los residuos y los instrumentos para llevarla a cabo.

En definitiva, la legislación es extensa, pero no siempre explícita, y en campos en los que afecta de manera directa al sector farmacéutico es especialmente ambigua; sirva de ejemplo que un medicamento que sale del canal farmacéutico, esté caducado o no, es difícil establecer si es residuo peligroso o no, caso que se desglosará durante este artículo.

Residuos. Concepto y clases

Como norma general y conforme a la Ley 10/98 se admite que un residuo es «cualquier sustancia u objeto definido así en la normativa de la cual su poseedor se desprenda o tenga intención u obligación de desprenderse. En todo caso, tendrán esta consideración los que figuren en el catálogo europeo de residuos (CER), aprobado por las instituciones comunitarias».

Dicho esto aclaremos el siguiente punto: el CER es una lista de residuos cuya publicidad es obligatoria a todos los estados miembros y que en el caso español está plasmada mediante la Resolución de 17 de noviembre de 1998 de la Dirección General de Calidad Ambiental. Tres puntos importantes a considerar sobre esta resolución son, primero, que ya se advierte que el CER es una lista no exhaustiva de residuos, segundo, que en esta lista con el código 20 01 18 nomina «Medicamentos» dentro del capítulo de residuos municipales y, tercero, que el CER debe entenderse sin perjuicio de la lista de residuos peligrosos referida a la Directiva 91/689/CEE relativa a estos residuos.

Atendiendo a las definiciones de la Ley 10/98 y excluyendo los que no son de ámbito de aplicación de la misma, sólo admite dos tipos de residuos: residuos urbanos y residuos peligrosos. No obstante se «calificará» en este artículo los residuos atendiendo a las definiciones de la ley y, además, a la naturaleza y procedencia de los mismos, en cuatro clases:

­ Residuos urbanos o municipales.

­ Residuos peligrosos.

­ Residuos sanitarios.

­ Otros residuos.

Residuos urbanos

Aunque parece trivial su definición y más aún su descripción, dentro de cualquier actividad, incluida, por tanto, la sanitaria en su ámbito más general, se genera una serie de desechos que se catalogan como RU y cuya gestión (recogida, transporte y vertido) es encomendada por ley a las entidades locales, bien a través de sus servicios municipales, bien a través de empresas privadas concesionarias de estos servicios.

La teoría define que los residuos urbanos que se generan en un establecimiento sanitario incluyen el papel, las cajas de cartón de los pedidos y la mayor parte de los desechos de oficina y de la venta al público

Curiosamente aquí empieza la ambigüedad de la que anteriormente se hacía eco: la Ley 10/98 define estos residuos como aquellos generados en los domicilios particulares, comercios (entiéndase también farmacias), oficinas y servicios, así como todos aquellos que no tengan la calificación de peligrosos y que por su naturaleza o composición puedan asimilarse a los producidos en los anteriores lugares o actividades. No obstante, según diferentes estudios de campo realizados hasta la fecha, en los residuos urbanos generados en los domicilios figuran de manera habitual residuos de carácter peligroso. Sin mencionar determinados comercios, incluidas las oficinas de farmacia. La teoría define que los residuos urbanos que se generan en un establecimiento sanitario incluyen el papel, las cajas de cartón de los pedidos y la mayor parte de los desechos de oficina y de la venta al público. La práctica sugiere que se depositan productos químicos del laboratorio, agujas de las analíticas de sangre y medicamentos de variada composición todos ellos de inclusión factible en listas específicas de residuos.

Residuos peligrosos

Son aquellos que específicamente figuren en la lista de residuos peligrosos, aprobada en el RD 952/1997, así como los recipientes y envases que los hayan contenido.

Estas listas, de contenido ciertamente extenso, colocarán a los servicios sanitarios en general y a las oficinas de farmacia en particular en una situación de incertidumbre por su carácter poco explícito y de escaso bagaje técnico, como indicaremos más adelante.

Residuos sanitarios

Los residuos sanitarios, en su definición más general, son aquellos que se generan como resultado o a consecuencia de una actividad sanitaria (médica, farmacéutica o veterinaria) en cualquiera de sus ámbitos: asistenciales, docentes o investigadores.

Los residuos sanitarios en nuestro país están regulados por normativas autonómicas (las 13 comunidades autónomas tienen promulgada legislación al respecto) que difieren en algunas particularidades propias, pero manteniendo en general la misma estructura. Pese a que las diferencias en la clasificación de estos residuos es en algunos casos apreciable, tomando como punto de partida algunos aspectos comunes podríamos llegar a una clasificación de compromiso que sería la que sigue:

­ Grupo I. Residuos urbanos.

­ Grupo II. Residuos sanitarios no específicos asimilables a urbanos.

­ Grupo III. Residuos sanitarios específicos.

­ Grupo IV. Residuos tipificados en normativas especiales (cadáveres y restos anatómicos, peligrosos, radiactivos).

Dentro de los residuos que no están incluidos en la Ley 10/98 nos encontramos con los sanitarios específicos y algunos tipificados en normativas especiales. Los residuos sanitarios específicos son aquellos propios de la actividad sensible de un centro de salud: recipientes y muestras patológicas, restos de tejido humano, fluidos corporales, residuos generados en el internamiento de enfermos infecciosos y objetos punzantes, entre otros. Los servicios mayores generadores de estos residuos son los quirófanos, paritorios y servicios de hemodiálisis.

Los medicamentos citostáticos que se incluyen generalmente en el grupo IV, tipificados expresamente como residuos peligrosos, son generados en gran medida en los servicios de farmacia de los hospitales, junto con los servicios de urología y oncología.

Casi la totalidad de los centros hospitalarios y de atención primaria de nuestro país disponen de manuales de gestión interna de este tipo de residuos y cuentan con empresas especializadas que se encargan de su recogida y tratamiento.

Otros residuos

Aunque sin importancia en el marco de esta exposición, es conveniente conocer que existen otros residuos que están contemplados en normativas específicas, como los residuos radiactivos, determinados residuos procedentes de explotaciones agrícolas y ganaderas, explosivos, etcétera.

Residuos generados en la oficina de farmacia

De acuerdo a todo lo expuesto, falta acometer qué tipos de residuos se generan en la oficina de farmacia (tabla 1), como centro sanitario que queda a caballo entre la legislación de residuos sanitarios, enfocada más a los centros hospitalarios y de atención primaria, y los conceptos generalistas de residuos de la Ley 10/98.

Está claro que la farmacia es generadora de residuos urbanos, pero podemos aventurar que también lo es de residuos peligrosos y, en algunos casos, de residuos sanitarios específicos.

Residuos peligrosos

Como se indicó anteriormente, los residuos peligrosos responden a aquellos que figuran en la correspondiente lista aprobada por el RD 952/1997. En esta lista figuran como peligrosos los «productos farmacéuticos, medicamentos y productos veterinarios» que además presenten alguna (entre otras) de las siguientes características: «inflamable», «irritante», «nocivo», «tóxico», «corrosivo», «peligroso para el medio ambiente». Se cita únicamente estos adjetivos porque si se acercan a la estantería del laboratorio de su farmacia, verán los símbolos que advierten de las características de estos productos; es decir, en el momento en que el farmacéutico se tenga que deshacer de estos productos (caducados o no), incumplirá la normativa en caso de no hacerlo mediante la entrega a un gestor autorizado.

El medicamento caducado podría entrar a formar parte de los residuos peligrosos si hacemos una lectura estricta de la ley

El SIGRE es el sistema que actualmente se encarga de gestionar los medicamentos caducados en la mayor parte de nuestro país. Sin embargo, surgen dudas en cuanto a la idoneidad de tal gestión. El SIGRE nace como respuesta a la Ley 11/1997 de envases y residuos de envases, es decir de las cajas y de los blister vacíos, pero no de su contenido (el principio activo caducado). El medicamento caducado podría entrar a formar parte de los residuos peligrosos si hacemos una lectura estricta de la ley, ya que nadie garantiza que el residuo de un principio activo medicamentoso no es peligroso para el medio ambiente. Por otra parte, para poner un ejemplo práctico a este argumento, si el recipiente que contiene el ácido salicílico del laboratorio de la farmacia tiene el símbolo de nocivo y, por tanto, debe ser gestionado como residuo peligroso, no se entiende que el residuo de los medicamentos que contienen ácido acetilsalicílico (fácilmente descomponible en el interior) se traten como residuo urbano sin que medie un gestor autorizado.

Por otra parte, las oficinas de farmacia que realizan análisis de sangre y disponen de lancetas o agujas para la operatoria de estas analíticas son, estrictamente, generadoras de residuos sanitarios del grupo III, esto es, deberían depositar estos desechos en un recipiente rígido y disponer su eliminación mediante un gestor autorizado.

Gestión de residuos

Llamamos gestión del residuo a su recogida, almacenamiento, transporte y eliminación. Lógicamente, la gestión es diferente entre los distintos grupos de residuos, fundamentada en gran parte por la peligrosidad sanitaria de los mismos. Sin entrar en grandes tecnicismos ni definiciones ininteligibles, se describirá a continuación, de forma básica, la gestión de cada tipo de residuo.

Residuos urbanos

Son los comúnmente conocidos como los servicios de limpieza, el «camión de la basura», su recogida suele ser diaria, su transporte se realiza en vehículos especiales que prensan las basuras y su destino suele ser el vertedero, aunque actualmente muchas instalaciones tienen sistemas de clasificación que permiten segregar los residuos para luego adecuarlos a un procedimiento de valoración o aprovechamiento. Hay plantas que disponen de instalaciones de compost para la porción orgánica de la basura e incluso instalaciones de incineración con recuperación de energía.

Modelo de instalación para la eliminación de residuos sanitarios específicos, consistente en esterilización por vapor de agua y trituración de residuo.

Residuos peligrosos

Su gestión está regulada desde un primer momento por el órgano ambiental competente de cada autonomía y siguen unas normas específicas que van desde la obligatoriedad a llevar un registro estricto de los mismos, a la de informar a la administración de cualquier incidencia que les pueda competer. Tanto su transporte como su posterior eliminación tiene que ser realizado por empresas autorizadas específicamente para ello y su destino suele ser la incineración (generalmente en Francia debido a la escasez española) o el tratamiento o depósito en las plantas de tratamiento fisicoquímico o depósitos de seguridad de que disponen la mayor parte de comunidades autónomas.

Bajo la óptica de la Ley 11/1997 de Envases y Residuos de Envases, la normativa no implica ni obliga al SIGRE a recoger el principio activo que contiene el blister o el frasco correspondiente

Residuos sanitarios específicos

Al estar regulados por normativa autonómica su gestión varía de unas regiones a otras. No obstante, los residuos sanitarios específicos disponen de un canal diferente a todos los residuos en cuanto a su gestión intracentro (desde que se genera en el centro de salud), recogida (por medio de envases especiales), transporte (en vehículos autorizados) y eliminación. Esta última se realiza por medio de tratamientos especiales como los procesados mediante vapor de agua y microondas, mediante autoclave con trituración posterior o mediante incineración.

Los residuos de citostáticos se gestionan directamente como residuos peligrosos independientes de todo este proceso.

SIGRE

No podíamos dejar pasar este artículo sin anotar un capítulo para el debate y la reflexión como es una referencia al reciente sistema de gestión de envases y residuos de envases del sector farmacéutico. La confusión que se ha generado en torno al mismo es notable y el conocimiento que se tiene de su funcionamiento, escaso.

El SIGRE es un sistema de gestión de parecidas características a ECOVIDRIO o ECOEMBES, entidades que colocan los contenedores de vidrios y de cartón en las localidades. La diferencia es que estos últimos han llegado a un acuerdo entre todos los fabricantes de vidrio y de cartón para gestionar unos envases que la ley les obliga a recoger una vez utilizados. El envase farmacéutico tiene características especiales que le hacen imposible acogerse a ninguno de estos sistemas ya existentes: las cajas de los medicamentos son de cartón pero los recipientes interiores (también residuos de envases) son blísters de plástico o envases de vidrio. De ahí la necesidad de contar con un sistema propio que recogiera la totalidad del residuo del envase (caja y recipiente o blister interior). Estrictamente, y bajo la óptica de la Ley 11/1997 de Envases y Residuos de Envases, la normativa no implica ni obliga al SIGRE a recoger el principio activo que contiene el blister o el frasco correspondiente. No obstante, y en función de la previsible imposibilidad de contar con la colaboración ciudadana y del farmacéutico de oficina de farmacia, en caso de que éstos se tuvieran que quedar con las pastillas, cápsulas y fluidos de jarabes contenidos en los envases se ha llegado a la situación actual: «se recoge todo».

La pregunta inmediata que surge a la vista de esto y desde el punto de vista de profesionales sanitarios es, primero, cuál es el tratamiento que reciben los medicamentos y, segundo, si éstos presentan de manera inequívoca la inocuidad que exige la ley en referencia a los mismos en que no se consideran residuos peligrosos siempre y cuando «no sean peligrosos para el medio ambiente».

Como consecuencia de lo primeramente expuesto quedan contestadas algunas preguntas que se hacen muchos farmacéuticos: el SIGRE no recoge productos del laboratorio, ni las lancetas de las analíticas, ni agujas, porque éstos son residuos de otro signo (peligrosos, sanitarios, específicos) y esta entidad sólo está obligada por ley a la recogida de los envases y de los residuos de envases, no siendo, por lo menos de momento, gestores de residuos peligrosos.

La pregunta, y a la vez reflexión, para el debate es la siguiente: ¿Y si el medicamento, o por lo menos algunos grupos terapéuticos, se consideran con el tiempo residuos peligrosos?

Los productos químicos del laboratorio de la oficina de farmacia son considerados, la mayor parte de ellos, «residuos peligrosos» en el momento en que el farmacéutico se desprende de ellos, y son objeto, por tanto, de una gestión especial

Conclusiones

Los establecimientos sanitarios y las oficinas de farmacia deben estar informados de la evolución legislativa que se está produciendo en el campo de los residuos, puesto que no están exentos de un cambio en la disposición de la administración a realizar un estricto cumplimiento de la legislación que introduciría de lleno al sector farmacéutico en su régimen sancionador.

Se debe hacer una profunda reflexión de las implicaciones que puede tener en un futuro próximo la actividad profesional farmacéutica en el campo de los residuos, que aún desconocido y ciertamente áspero, no les exime de su observancia, siendo precisa la dotación de los instrumentos y canales necesarios para una óptima información.


Bibliografía general

Cuello J, Tola J. Atlas mundial del medio ambiente. Madrid: Cultural, 2002.

Decisión de la Comisión de 16 de enero de 2001, por la que se modifica la Decisión 2000/532/CE en lo que se refiere a la lista de residuos (2001/118/CE) (DOCE de 16 de febrero).

Decisión de la Comisión de 3 de mayo de 2000 que sustituye a la Decisión 94/3/CE por la que se establece una lista de residuos de conformidad con la letra a) del artículo 1 de la Directiva 75/442/CEE del Consejo relativa a los residuos y a la Decisión 94/904/CE del Consejo por la que se establece una lista de residuos peligrosos en virtud del apartado 4 del artículo 1 de la Directiva 91/689/CEE del Consejo relativa a los residuos peligrosos (2000/532/CE) (DOCE de 6 de septiembre de 2000).

Jiménez Gómez S. Los residuos y sus riesgos para la salud. Madrid: Real Academia de Farmacia, 1998.

Ley 10/1998, de 21 de abril, de Residuos (BOE de 22).

Ley 11/1997, de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases (BOE de 25).

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Real Decreto 952/1997, de 20 de junio, por el que se modifica el reglamento para la ejecución de la Ley 20/1986, de 14 de mayo, Básica de Residuos Tóxicos y Peligrosos, aprobado mediante Real Decreto 833/1988, de 20 de julio (BOE de 5).

Residuos Revista Técnica 1998;45:74-5.

Resolución de 17 de noviembre de 1998, de la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental, por la que se dispone la publicación del Catálogo Europeo de Residuos (CER), aprobado mediante Decisión 94/3/CE, de la Comisión, de 20 de diciembre de 1993 (BOE de 8 de enero de 1999).

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