Buscar en
Offarm
Toda la web
Inicio Offarm Nuevas perspectivas en el tratamiento inmunosupresor
Información de la revista
Vol. 20. Núm. 5.
Páginas 168-171 (Mayo 2001)
Compartir
Compartir
Descargar PDF
Más opciones de artículo
Vol. 20. Núm. 5.
Páginas 168-171 (Mayo 2001)
Acceso a texto completo
Nuevas perspectivas en el tratamiento inmunosupresor
Visitas
...
MARIÁN CARRETEROa
a Vocal de Distribuci??n del COF de Barcelona.
Información del artículo
Texto completo
Descargar PDF
Estadísticas
Figuras (6)
Mostrar másMostrar menos
Texto completo

 

Han pasado cuatro décadas desde que se realizó con éxito el primer trasplante renal. A partir de entonces, se ha realizado un gran esfuerzo para mejorar los resultados, especialmente desde que se conoce la importancia de las bases inmunológicas del rechazo del implante. Para evitar el rechazo se buscó un medio de eludir la respuesta inmune del huésped, es decir, de interferir en el proceso de reconocimiento de los antígenos extraños y en la respuesta del organismo receptor para eliminar todo aquello que considera ajeno. En el momento actual se poseen medidas eficaces para inhibir

la respuesta inmune del huésped.

A principios de los años sesenta empezaron a utilizarse en clínica los inmunosupresores químicos y uno de los primeros que se utilizó con éxito fue la 6-mercaptopurina, posteriormente reemplazada por la azatioprina. Estos agentes, al ser administrados en combinación con corticosteroides, actúan de forma sinérgica interfiriendo con distintas fases de la respuesta inmune. Este descubrimiento sentó las bases para el desarrollo de los trasplantes como tratamiento de elección en pacientes con fallo renal en fase terminal.

A finales de los años setenta se llegaron a obtener tasas de supervivencia de los implantes, al cabo de un año, de hasta un 50% con el uso de azatioprina y prednisolona como tratamiento inmunosupresor de mantenimiento en trasplantes renales.

El siguiente avance importante fue el descubrimiento de la ciclosporina, fármaco que comenzó a mejorar la supervivencia de los implantes en pacientes con trasplante hepático o renal. Las tasas de supervivencia a un año en los pacientes con trasplante hepático casi se doblaron (del 35% al 70%) con el tratamiento con ciclosporina, y en los pacientes con trasplante renal aumentaron del 50% al 72%.

A mediados de los años ochenta la mayor parte de los tratamientos inmunosupresores estaban basados en el uso de la ciclosporina, pero esta sustancia está asociada a un al to grado de toxicidad. Por este motivo, en la actualidad se utiliza la triple terapia que consiste en la administración conjunta de ciclosporina, azatioprina y corticosteroides con el fin de reducir la dosis y la toxicidad de cada compuesto. El efecto secundario más común de la ciclosporina es la nefrotoxicidad; entre las complicaciones clínicas más importantes se encuentran la hepatotoxicidad, la hiperglicemia, los trastornos neurológicos y el mayor riesgo de contraer infecciones y desarrollar tumores malignos.

 

En la actualidad persiste el problema del rechazo crónico irreversible, a pesar de que se obtienen buenos resultados clínicos con el uso de los tratamientos inmunosupresores basados en ciclosporina.

La eficacia de la terapéutica actual podría incrementarse aumentando las dosis, lo cual supondría también un aumento en el riesgo de aparición de efectos secundarios y de infecciones. El rechazo posee implicaciones clínicas graves que afectan a la calidad de vida del paciente y hasta puede llegar a provocarle la muerte.

El rechazo se define como el daño producido al injerto por la respuesta del sistema inmune del receptor desencadenada por el órgano trasplantado. El rechazo agudo y el crónico se cuentan entre los factores posteriores al trasplante más importantes que determinan la supervivencia a largo plazo de pacientes e implantes. Existen muchos factores que afectan a la supervivencia del implante, pero el rechazo crónico puede ser una de las principales causas del fallo del implante en etapas tardías. Se acrecienta la certeza de que la frecuencia, la intensidad y la duración de los episodios de rechazo agudo están relacionados directamente con el rechazo crónico posterior. Uno de los principales objetivos de los tratamientos inmunosupresores es la prevención de los episodios de rechazo, tanto agudo como crónico.

 

La clasificación del rechazo en agudo o crónico es difícil de aplicar en la clínica debido a que los cursos temporales de estos procesos pueden superponerse de manera importante.

El rechazo renal agudo se presenta tras la primera semana postrasplante y rara vez transcurridos 2-3 meses. Se caracteriza por el aumento de tamaño del aloinjerto, fiebre, malestar, hipertensión, oliguria y reducción del aclaración renal. El rechazo hepático agudo suele presentarse entre la primera y la segunda semana tras el trasplante, aunque también puede ocurrir mucho después. Los síntomas clínicos más frecuentes son, igual que en el caso anterior, la fiebre y el malestar, así como un aumento de las enzimas hepáticas e hipertensión portal.

 

El rechazo crónico de los aloinjertos renales puede ocurrir transcurridos meses o años del trasplante y se detecta por el deterioro progresivo de la funcionalidad del implante en ausencia de otras causas, el aumento de las concentraciones de creatinina en plasma y en la presión diastólica y proteinuria. El rechazo crónico renal suele ser asintomático. El rechazo crónico hepático se caracteriza por un aumento significativo de las enzimas hepáticas y la bilirrubina que persiste durante más de 2 meses, así como la colestasis. Puede presentarse entre las 6 semanas y los 6 meses postrasplante, y menos frecuentemente después de 12 meses. El síndrome es de progresión lenta y relativamente asintomático. El cuadro clínico de rechazo crónico en los trasplantes renales y hepáticos es frecuentemente idéntico al del rechazo agudo, por lo que el rechazo crónico se diagnostica principalmente por los resultados histológicos.

El rechazo agudo puede afectar a todas las células del injerto. Es diagnosticado por la evidencia clínica de disfunción del injerto y mediante biopsia cuando se presentan evidencias de inflamación y tejido dañado. Alrededor del 50% de los injertos, bajo un régimen inmunosupresor basado en ciclosporina, pueden presentar al menos un episodio de rechazo, aunque la mayoría presentarán respuesta ante el tratamiento (por ejemplo, aumento de la dosis del inmunosupresor básico, adición de esteroides y terapia antilinfocitaria, o conversión a un inmunosupresor alternativo).

La incidencia del rechazo crónico en el trasplante hepático primario varía entre el 2,4 y el 16,8% en los distintos centros de trasplante, aunque la variación se debe probablemente a diferencias en la población de pacientes, en los criterios que se utilizan para definir y diagnosticar el rechazo, y en los protocolos de tratamiento. Aproximadamente el 40% de los pacientes con trasplante renal tratados con ciclosporina presenta evidencia histológica de rechazo crónico, aunque no presenten síntomas clínicos de disminución de la funcionalidad del implante, o los síntomas sean mínimos. Evidencias recientes sugieren que estos efectos pueden estar relacionados con la expresión de un número diferente de factores de crecimiento, cuya producción es incrementada en presencia de ciclosporina.

Tacrolimus

El desarrollo de tacrolimus durante los 10 años transcurridos desde su descubrimiento hasta su disponibilidad para la práctica clínica supone una nueva esperanza para reducir la incidencia de rechazo agudo y crónico en pacientes con trasplante renal o hepático.

El ingrediente activo de tacrolimus se aisló por primera vez en 1984 a partir del cultivo de un microorganismo del suelo en Tsukuba, Japón. El microorganismo recibió el nombre de Strettomyces tsukubaensis y tiene unas características morfológicas, fisiológicas y de cultivo que los distinguen de todas las cepas de Streptomyces descubiertas previamente.

Tacrolimus es un macrólido lactona consistente en una hemiacetona, alfa-beta dicetoamida incorporada en un anillo de 23 elementos. Actúa principalmente inhibiendo la activación de las células T. La amplia gama de funciones afectadas indica que actúa sobre todo en etapas tempranas de la respuesta inmune y sugiere que afecta vías que son críticas para establecer el programa genético que dirige los eventos posteriores en la proliferación y activación de los linfocitos T.

 

El mecanismo de acción y los efectos celulares de tacrolimus parecen ser similares a los de ciclosporina, lo cual es sorprendente dadas las diferencias en su estructura química. Ambos agentes comparten un especial modo de acción que consiste en la inhibición de las células T dependiente de IL-2 y actúan en una fase temprana del proceso de activación de los linfocitos T. Como consecuencia, el efecto antiproliferativo de tacrolimus sólo se observa in vitro si se administra el medicamento durante las primeras horas después del estímulo que desencadena la activación de las células T. Cuando se administra durante la primera hora después de la activación, bloquea totalmente la proliferación de las células T y todos los eventos posteriores asociados con la función de las células T. Pero un retraso de 6 horas entre el estímulo activador y la administración del medicamento hace que éste tenga muy poco efecto sobre la proliferación de las células T.

Tacrolimus también inhibe la activación de las células B, en parte a través de su efecto sobre las células T y también de un modo directo, bloqueando la transcripción del gen TNF-alfa por el anticuerpo anti-Ig. Tacrolimus actúa en la última fase de la activación de las células B e inhibe de manera importante su proliferación aunque se administre 24 horas después del estímulo activador.

 

Recientemente se ha aprobado la utilización de tacrolimus para tratar la dermatitis atópica avalada por diversos ensayos clínicos que han probado su eficacia, especialmente en las lesiones de cara y cuello.

Continúa la búsqueda de nuevos inmunosupresores que sean potentes, seguros y eficaces. En este sentido, tacrolimus supone una nueva esperanza para reducir la incidencia del rechazo agudo y crónico en pacientes con trasplante hepático o renal. *

 

En la actualidad persiste el problema del rechazo crónico irreversible, a pesar de que se obtienen buenos resultados clínicos con el uso de los tratamientos inmunosupresores basados en ciclosporina

Aproximadamente el 40% de los pacientes con trasplante renal tratados con ciclosporina presenta evidencia histológica de rechazo crónico

Opciones de artículo
Herramientas
es en pt

¿Es usted profesional sanitario apto para prescribir o dispensar medicamentos?

Are you a health professional able to prescribe or dispense drugs?

Você é um profissional de saúde habilitado a prescrever ou dispensar medicamentos

es en pt
Política de cookies Cookies policy Política de cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí. To improve our services and products, we use "cookies" (own or third parties authorized) to show advertising related to client preferences through the analyses of navigation customer behavior. Continuing navigation will be considered as acceptance of this use. You can change the settings or obtain more information by clicking here. Utilizamos cookies próprios e de terceiros para melhorar nossos serviços e mostrar publicidade relacionada às suas preferências, analisando seus hábitos de navegação. Se continuar a navegar, consideramos que aceita o seu uso. Você pode alterar a configuração ou obter mais informações aqui.