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Vol. 22. Núm. 4.
Páginas 84-92 (Abril 2003)
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Los reguladores intestinales en la diarrea y el estreñimiento
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Ángela Bosch
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Tablas (6)
Tabla 1. Precauciones para evitar la diarrea del viajero
Tabla 2. Medicamentos que pueden provocar diarrea
Tabla 3. Recomendaciones para prevenir y combatir el estreñimiento
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Dos de los principales trastornos intestinales son la diarrea y el estreñimiento. Pueden prevenirse mediante una serie de medidas higiénicas y tratarse farmacológicamente. En el presente trabajo se analiza la función intestinal y las causas que originan la diarrea y el estreñimiento, además de abordar los principales reguladores intestinales disponibles en las oficinas de farmacia.

El aparato digestivo coordina una serie de funciones de carácter automático de modo que se consiga un funcionamiento perfecto a partir de múltiples variables.

El cambio de volumen, características y calidad de los alimentos que ingerimos hace que el aparato digestivo tenga mecanismos especiales para adaptarse a esos cambios y permita mantener una adecuada nutrición y ajustar los cambios metabólicos, volumétricos e inmunológicos con cada situación específica.

El aparato digestivo coordina una serie de señales neuronales a través de los sistemas endocrinos propios o generales de nuestro organismo.

La motilidad gastrointestinal puede verse alterada por diversos mecanismos patógenos, farmacológicos, neurohumorales, alimenticios o emocionales.

El flujo adecuado de nutrientes, elementos de deshecho, electrólitos y agua, a través del intestino, depende de un correcto equilibrio entre la absorción y la secreción de agua y electrólitos a través del epitelio intestinal.

En condiciones normales se da una absorción neta de agua en el intestino en respuesta a gradientes osmóticos que resultan de la captación y la secreción de iones y de la absorción de nutrientes, especialmente azúcares y aminoácidos. Una disfunción puede alterar estos procesos de captación y secreción de modo que se produce una absorción excesiva o una secreción neta de agua que contribuyen a provocar estreñimiento o diarrea.

Los agentes reguladores de la función gastrointestinal pueden ser peptídicos y no peptídicos. Entre los agentes peptídicos tenemos la gastrina, secretina, péptido vasoactivo intestinal y los factores tróficos y del crecimiento. Las alteraciones en la producción y regulación de estos agentes pueden desencadenar patologías definidas como es el caso de la gastrina en la úlcera duodenal. Entre los agentes no peptídicos se encuentran los glucocorticoides y mineralcorticoides, algunas aminas bioactivas, el óxido nítrico y las catecolaminas.

Los fármacos pueden estimular o inhibir la motilidad intestinal, alterando así el tiempo de tránsito de los compuestos a través del intestino. En general, el grado de absorción es paralelo al tiempo de tránsito, y por ello, los trastornos de la motilidad también pueden contribuir a la diarrea o al estreñimiento. Asimismo, la motilidad gastrointestinal es un componente importante en la emesis, y el aceleramiento del vaciado gástrico es un hecho significativo en el mecanismo de acción de algunos agentes antieméticos.

En condiciones normales, en el intestino delgado entran cerca de 9 l diarios de fluido, 2 l por ingestión y el resto, por secreciones intestinales. El intestino delgado absorbe alrededor del 80% de esta carga. Dado que el tracto gastrointestinal carece de mecanismos significativos de concentración, la osmolaridad del líquido que atraviesa el yeyuno alto se ajusta hacia la del plasma, por lo que el fluido que ingresa en la región media del intestino delgado lo hace principalmente como solución salina isotónica. La totalidad del fluido se absorbe en el íleon excepto 1 l, aproximadamente. Casi todo el resto lo absorbe el colon y cerca de 0,1 l de agua pasa a las heces. Por consiguiente, en situaciones normales, el intestino delgado absorbe alrededor de 8 l diarios, lo que supone, el 50% de su capacidad. Cualquier reducción en la absorción del intestino delgado, se suma al contenido del colon que puede absorber 4-5 l de agua cada día. La entrada en el colon de una cantidad excesiva de líquidos o de una carga de solutos no absorbibles aumentará el pasaje de fluido isosmótico a través del esfínter anal.

La diarrea, al igual que el estreñimiento, no es una enfermedad sino un síntoma de un trastorno cuya gravedad depende de la causa que lo origine

Diarrea

La diarrea, al igual que el estreñimiento, no es una enfermedad sino un síntoma de un trastorno cuya gravedad depende de la causa que lo origine. La diarrea se caracteriza por la evacuación frecuente de heces acuosas, sin formar, lo que provoca una escasa absorción de agua y elementos nutrientes. Puede ir o no acompañada de dolor, debilidad, náuseas, vómitos, espasmos abdominales, fiebre o pérdida de apetito.

La mayoría de las diarreas son consecuencia de una infección entérica. Las formas comunes de diarrea están agrupadas bajo términos como gastroenteritis y pueden ir acompañadas de vómitos.

La diarrea puede ser aguda o crónica. La diarrea aguda, de aparición repentina, suele durar uno o dos días. La diarrea crónica puede prolongarse durante bastante tiempo, suele ser resultado de muchos factores y, en ocasiones, es síntoma de un trastorno importante.

Las causas de diarrea son innumerables, pero todas las alteraciones de la función intestinal son similares. El trastorno puede tener su origen en la dieta, infecciones, medicamentos, enfermedades crónicas o estrés entre otras causas. Si la diarrea se debe a un trastorno fisiológico se puede corregir en gran medida, y hasta evitarse, con una alimentación correcta.

La enteritis es una infección causada por un virus o una bacteria que se encuentra en el tubo digestivo. En la diarrea infecciosa común la infección es más intensa en el intestino grueso y extremo distal del íleon. En los segmentos donde se produce la infección, la mucosa se encuentra irritada y su secreción aumenta considerablemente. Lo mismo ocurre con la motilidad intestinal. Como resultado, el agente infeccioso es arrastrado hasta el ano por grandes cantidades de líquido y ondas peristálticas enérgicas.

En el caso de la toxina del cólera, ésta estimula una secreción excesiva de electrólitos y de líquidos y aumenta el intercambio de bicarbonato/cloruro provocando grandes pérdidas de bicarbonato que van a parar al tubo digestivo. La pérdida de agua y electrólitos puede ser tan debilitante que puede producirse la muerte a corto plazo. La base de la terapia es sustituir el líquido y electrólitos tan rápidamente como se pierden.

Con frecuencia, la diarrea tiene su origen en una intoxicación por ingerir alimentos en mal estado. Las toxinas se producen en los alimentos a medida que se desarrollan las bacterias y son las responsables de los vómitos y diarreas que acompañan a una intoxicación alimentaria. La toxina más común es la enterotoxina.

El objetivo del tratamiento de la diarrea es aumentar la absorción intestinal de agua mediante la reducción del contenido de electrólitos luminales o mediante la disminución de la motilidad intestinal para favorecer la absorción.

Como medidas generales para el tratamiento de la diarrea se debe reponer urgentemente los líquidos y electrólitos eliminados por las heces mediante una rehidratación basada en agua, glucosa y electrólitos y también se debe instaurar una dieta adecuada.

Para la rehidratación, la OMS y la UNICEF recomiendan la siguiente fórmula para administrar por vía oral:

­ 1 l de agua.

­ 20 g de glucosa.

­ 3,5 g de cloruro sódico.

­ 1,5 g de cloruro potásico.

­ 2,5 g de bicarbonato sódico.

Esta fórmula se puede preparar en casa añadiendo al zumo de 1 limón, agua, azúcar, sal y bicarbonato.

La alimentación en la diarrea ha de seguir unas normas dietéticas, con objeto de reducir la duración y las molestias. Puede establecerse en fases progresivas, empezando con unas horas de ayuno y sólo rehidratación vía oral, para incorporar progresivamente, arroz, zanahorias y sémola en poca cantidad con comidas frecuentes; luego ir añadiendo pollo o pescado hervido y pan blando tostado, y a continuación, carne o pescado a la plancha, yogur y verduras hervidas.

Debe evitarse la ingestión de fibra vegetal, leche, guisos, fritos, embutidos y grasas, café y zumos de naranja azucarados.

En el tratamiento de la diarrea debe evitarse la ingestión de bebidas alcohólicas que contienen metilxantinas, así como los alimentos endulzados con hexitoles como el sorbitol

Diarrea del viajero

La diarrea del viajero se caracteriza por un número alto de deposiciones diarias de heces no formadas que suele ir acompañado de dolor abdominal, náuseas, vómitos y sensación de urgencia. Suele darse en personas de países desarrollados que visitan países en vías de desarrollo, la diarrea suele aparecer durante la primera o segunda semana de estancia. Es la enfermedad más frecuente en los viajes y se presenta en casi la mitad de los viajeros. En niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas puede ser potencialmente grave. Se puede prevenir tomando las precauciones que se muestran en la tabla 1.

En el botiquín de viaje deben llevarse sobres de rehidratación oral y medicamentos antidiarreicos. El uso de antibióticos no siempre está recomendado. Si la diarrea no remite o aparecen complicaciones debe acudirse a un centro hospitalario.

Tratamiento antidiarreico

El comienzo agudo de la diarrea es frecuentemente de origen infeccioso y autolimitado, por lo que la quimioterapia específica rara vez es justificable o efectiva a menos que se produzca erosión gastrointestinal o exista enfermedad sistémica. Por lo general, el tratamiento de la diarrea es inespecífico y está dirigido a reducir el malestar y el inconveniente de las frecuentes deposiciones.

Entre las causas más comunes de diarrea destaca la farmacológica. En la tabla 2 se indican los medicamentos que pueden provocar diarrea.

Se ha observado que el abuso de laxantes es una causa de diarrea crónica de etiología desconocida de elevada frecuencia.

En el tratamiento de la diarrea debe evitarse la ingestión de bebidas alcohólicas que contienen metilxantinas, así como los alimentos endulzados con hexitoles como el sorbitol.

En algunos casos resulta de utilidad la administración de un adsorbente natural como el carbón adsorbente que se administra en cápsulas por vía oral.

Entre los agentes antidiarreicos se encuentran los opioides, que son la base fundamental del tratamiento farmacológico inespecífico.

Opioides

Durante mucho tiempo se utilizaron soluciones hidroalcohólicas de polvo y opio (tintura de opio paregórico). En la actualidad se utilizan los opioides sintéticos como difenoxilato o loperamida.

Los agonistas opioides actúan sobre los receptores ( de las neuronas entéricas aumentando las contracciones intestinales pero interrumpiendo el movimiento peristáltico para prolongar el tiempo del tránsito del contenido intestinal y aumentar el tono del esfínter rectal. La prolongación del tiempo del tránsito facilita la absorción de líquido y solutos en todo el tracto intestinal.

Los opioides son efectivos en el tratamiento de la diarrea moderada a grave, pero no deben utilizarse en pacientes con colitis ulcerosa crónica o disentería aguda bacilar o amebiana, ya que podrían potenciar los efectos ulcerativos en el colon y pueden provocar el desarrollo de megacolon tóxico.

El difenoxilato es una piperidina opioide que se relaciona estructuralmente con la meperidina. El compuesto se absorbe con rapidez tras su administración oral y puede producir efectos sistémicos si se usan dosis mayores que las recomendadas para la diarrea. Tras la absorción, el difenoxilato se convierte con rapidez en ácido difenoxílico, un metabolito activo que es eliminado en un tiempo medio de 12 horas.

La loperamida también es una piperidina opioide que se absorbe con lentitud y de forma incompleta tras su administración oral y una gran proporción de la droga se excreta por las heces. La loperamida afecta al sistema nerviososo central con relativa lentitud por lo que, a dosis altas, sólo produce en éste efectos muy leves.

El subsalicilato de bismuto, de amplio uso por su rápida biodisponibilidad y su bajo coste, produce el alivio de los síntomas de la diarrea leve; no se conoce su mecanismo de acción pero se cree que existe una implicación principal de la acción antiinflamatoria local del salicilato.

Estreñimiento

El estreñimiento es el tránsito muy lento de las materias fecales en el intestino grueso. Suele acompañarse de presencia en el colon descendente de materias secas y duras, ya que la mucosa dispone de mucho tiempo para reabsorber al agua. El estreñimiento se convierte en patología cuando se producen menos de tres evacuaciones semanales o bien dura más de tres días consecutivos.

Se puede presentar estreñimiento ocasional al cambiar de hábitos: viajes, dietas, toma de medicamentos, estrés o trastornos emocionales.

La causa más frecuente de estreñimiento es la ausencia de hábitos regulares de defecación debido a inhibiciones prolongadas y repetidas de los reflejos normales.

El estreñimiento puede ser duradero o crónico, puede ser debido a una dieta inadecuada con poca cantidad de fibra, escasa ingestión de líquidos, sedentarismo, abuso de laxantes, la costumbre de no responder a la urgencia de defecar, embarazo, edad avanzada o a una enfermedad.

Existen una serie de recomendaciones para prevenir y combatir el estreñimiento (tabla 3).

Laxantes

Son todos aquellos medicamentos que producen un aumento del ritmo intestinal generando una mayor frecuencia de deposiciones y promoviendo la defecación.

El tamaño, la consistencia y la frecuencia normales del volumen fecal son difíciles de cuantificar y están sujetos a variaciones personales. El término medio puede situarse en una vez al día, pero se consideran normales los límites comprendidos entre tres deposiciones diarias y tres semanales. El temor del paciente a la «autointoxicación» por retención del contenido intestinal es totalmente infundado siempre que la función hepática sea normal aunque la retención en el colon sí produce una frecuencia y volumen reducido y un aumento de la consistencia de las heces debido a la deshidratación del material acumulado.

El volumen, la consistencia e hidratación de las heces dependen en gran manera del contenido de fibra y de agua de la dieta.

Los mecanismos de acción de algunos laxantes son inciertos debido a los factores complejos que afectan la función colónica y a las variaciones importantes en el transporte de agua y electrólitos.

Existen, no obstante, tres mecanismos de acción generales de los laxantes:

­ Por sus propiedades hidrófilas u osmóticas, los laxantes pueden causar retención de líquido en el contenido colónico, aumentando así el volumen y la blandura y facilitando el tránsito.

­ Los laxantes pueden actuar en forma directa e indirecta sobre la mucosa colónica para disminuir la absorción neta de agua y de NaCl.

­ Los laxantes pueden aumentar la motilidad intestinal, produciendo una disminución de la absorción de sal y agua secundaria al tiempo del tránsito.

Tipos de laxantes

Los laxantes, por lo general, se clasifican según sus mecanismos generales de acción. El efecto de todos ellos varía con la dosis, a dosis altas, muchos laxantes promueven una acción purgante y evacuaciones más líquidas.

Laxantes formadores de volumen

Una dieta rica en fibras es la mejor garantía para prevenir el estreñimiento. Existen varios agentes formadores de volumen que pueden ser utilizados como suplemento de la fibra de la dieta: polisacáridos naturales y semisintéticos, celulosas derivadas de grano, cáscaras de semillas o algas, salvado, psilio, metilcelulosa, carboximetilcelulosa y resina sintética policarbófila.

Sabemos que la fibra de la dieta es pared celular que escapa de la digestión por las secreciones del tracto gastrointestinal. Estas fibras son generalmente granos enteros, salvado, vegetales y fruta.

Las fibras de la dieta pueden tener un efecto laxante a través de diversos mecanismos: pueden unirse al agua y los iones en la luz del colon, ablandando así las heces y aumentando su volumen. Algunos de sus componentes, son digeridos por las bacterias colónicas a metabolitos que contribuyen a la acción laxante al sumarse a la actividad osmótica del líquido luminal. También pueden contribuir al crecimiento de las bacterias colónicas, aumentando de este modo la masa fecal. Es posible también que la fermentación bacteriana de las fibras produzca metabolitos que influyen en los mecanismos de transporte de líquidos y electrólitos. Para conseguir una acción laxante se consideran suficientes entre 20 y 60 g diarios de fibras dietéticas.

Los efectos de la fibra se manifiestan dentro de las 24 horas después de la ingestión y, con la administración repetida, alcanzan su máximo al cabo de varios días.

Los laxantes formadores de volumen tienen pocos efectos colaterales y mínimos efectos sistémicos. En ocasiones pueden dar lugar a flatulencias.

Laxantes salinos y osmóticos

Producen un estímulo en la salida de líquidos hacia la luz del intestino, por lo que aumentan el volumen fecal y provocan un aumento del peristaltismo intestinal.

Estos agentes incluyen sulfatos, sales de magnesio, lactulosa, glicerina y sorbitol. Las dosis catárticas de estos laxantes producen una evacuación total, semilíquida o acuosa en 3 horas o menos. Dosis menores producen un efecto laxante con una latencia de 6-8 horas. Estos agentes son útiles para vaciar el intestino previamente a una intervención quirúrgica, radiológica o una colonoscopia.

Este tipo de laxantes posee efectos adversos debido a que se produce cierta absorción de iones que los componen, pudiendo provocar toxicidad sistémica.

Laxantes estimulantes

Aumentan la motilidad de la pared intestinal ejerciendo una acción directa sobre las terminaciones nerviosas del intestino, especialmente en el colon. Su efecto aparece al cabo de 6-12 horas. Son muy eficaces pero provocan dependencia por lo que no se recomienda su uso continuado.

En este grupo se incluyen los senósidos, sen, ruibarbo, picosulfato sódico, fenolftaleína, bisacodilo y antraquinonas.

Las fibras de la dieta pueden tener un efecto laxante a través de diversos mecanismos: pueden unirse al agua y los iones en la luz del colon, ablandando así las heces y aumentando su volumen

Laxantes emolientes

Producen una disolución de los residuos grasos con el agua intestinal haciendo que las heces se ablanden y se eliminen con facilidad. Entre ellos se encuentra el docusato sódico y la parafina.

Laxantes por vía rectal

Se utilizan con frecuencia en forma de supositorio de glicerina, lactulosa o lactitol y estimulan, en el recto, los reflejos nerviosos de la defecación.

El uso prolongado y habitual de laxantes está contraindicado, ya que puede convertirse en un hábito que provoque dependencia lo que puede dar lugar a trastornos intestinales graves o bien provocar una deshidratación excesiva. No es aconsejable el uso de laxantes en caso de dolor abdominal ni como método para el control de peso.

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