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Vol. 23. Núm. 6.
Páginas 106-112 (Junio 2004)
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Esquistosomiasis. Una amenaza para el sistema venoso portal del ser humano
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Áurea Pereiraa, Mónica Pérezb
a Facultad de Farmacia. Universidad de Santiago.
b Laboratorio de Parasitolog??a. Universidad de Santiago.
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Schistosoma haematobium (adulto).
Schistosoma japonicum (adulto).
Fig. 1. Distribución geográfica de S. mansoni.
Fig. 3. Distribución geográfica de S. haematobium.
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Schistosoma mansoni (adulto).

Schistosoma japonicum (huevo).

Schistosoma haematobium (adulto).

Schistosoma japonicum (adulto).

El término esquistosomiasis se utiliza para agrupar todas las manifestaciones clínicas originadas por distintas especies del género Schistosoma, que en su fase adulta parasitan mayoritariamente el sistema venoso portal del hombre. Esta infección constituye un importante problema de salud pública en los países en los que es endémica debido a la importante morbi-mortalidad asociada a ella, ya que si el diagnóstico no se realiza a tiempo, las discapacidades originadas por los parásitos son tan importantes que pueden llegar a producir la muerte.

Hemos anticipado que hablar de esquistosomiasis no es referirse a un único agente causal o etiológico, sino que con este término se engloban diferentes especies del género Schistosoma que, al ser, en este caso, parásitas del hombre, van a presentar ciclos vitales y manifestaciones clínicas similares. Del mismo modo, también podemos vaticinar que el diagnóstico y la prevención de las infecciones producidas por estos parásitos van a ser similares, a pesar de que hablemos de especies diferentes.

El género Schistosoma engloba a multitud de especies que son parásitas, pero, de entre ellas, vamos a destacar 4 que son potencialmente patógenas para el hombre: S. mansoni, S. haematobium, S. japonicum y S. mekongi. Aunque todas ellas presentan diferentes distribuciones geográficas y distintos hospedadores intermedios, van a originar en el hombre una enfermedad parasitaria con manifestaciones clínicas similares.

Etiología

Schistosoma mansoni

Produce la esquistosomiasis intestinal de Manson o bilharziosis, parasitosis ampliamente distribuida en África, Sudamérica, Arabia y Madagascar (fig. 1). Como hospedador intermediario de S. mansoni destacamos los caracoles de agua dulce del género Biomphalaria, especialmente B. glabrata y B. tenagophila.

Fig. 1. Distribución geográfica de S. mansoni.

Schistosoma japonicum

Es el trematodo sanguíneo productor de la esquistosomiasis japónica u oriental que se desarrolla en Japón, China y Filipinas, fundamentalmente (fig. 2). Los hospedadores intermedios son caracoles anfibios del género Oncomelania, entre los que destacan O. nosophora, O. hupensis y O. quadrasi.

Fig. 2. Distribución geográfica de la infección por S. japonicum.

Schistosoma haematobium

Es el trematodo sanguíneo de la vejiga y origina la esquistosomiasis vesical o urinaria y la hematuria esquistosómica (fig. 3). Afecta, fundamentalmente, a los órganos urogenitales, pero puede afectar también al sistema digestivo, al hígado o a los pulmones de su hospedador definitivo. Los moluscos que actúan como hospedadores intermedios pertenecen mayoritariamente al género Bulinus.

Fig. 3. Distribución geográfica de S. haematobium.

Schistosoma mekongi

Recibe este nombre por ser un parásito frecuente en el río Mekong, en el que esta parasitosis es endémica.

El caracol que actúa como hospedador intermediario es principalmente Lithoglyhopsis aperta, que es acuático y no anfibio.

Contrariamente a lo que sucede con los trematodos hepáticos, las especies de Schistosoma no son monoicas o hermafroditas, sino que son dioicas, es decir, podemos diferenciar un macho y una hembra. El macho mide por término medio 10-20 mm y la hembra es generalmente más pequeña. La fémina de cualquiera de las especies citadas anteriormente pone un gran número de huevos. Así, las hembras de S. mansoni y las de S. haematobium depositan aproximadamente 300 huevos al día y las de S. japonicum pueden poner hasta 3.000.

La esquistosomiasis constituye un importante problema desde hace mucho tiempo, si bien los estudios científicos sobre estos parásitos han empezado hace relativamente poco, aproximadamente 150 años. Hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial no se conocía el ciclo completo de vida del parásito, lo que hacía imposible luchar contra la parasitosis. Ahora se sabe que cada una de estas 4 especies de Schistosoma va a presentar un ciclo de vida particular, si bien las diferencias entre unos y otros no van a ser sustanciales (fig. 4).

Fig. 4. Ciclo biológico de Schistosoma spp. Los huevos de las tres especies de Schistosoma que parasitan frecuentemente al hombre, salen con las heces A y B o con la orina C (1); los huevos eclosionan y liberan el miracidio (2); éste penetra por las partes blandas del caracol (3); dos generaciones de esporocistos (4); las cercarias abandonan el caracol y nadan libremente en el agua (5); penetran por la piel humana (6); pierden la cola y se convierten en esquistosómulos (7); se introducen en la circulación sanguínea (8); migran a través del sistema porta hasta el hígado y se convierten en adultos (9); una vez apareados, los adultos migran (10) a las vénulas mesentéricas (A y B) o a las vénulas del plexo vesical (C).

El hospedador definitivo va a contraer esta parasitosis al entrar en contacto con las cercarias del parásito, forma de vida que está presente en aguas estancadas de zonas endémicas. El hombre, por tanto, al entrar en contacto con agua de ríos, presas o estanques naturales, va a permitir que la cercaria entre en contacto con su piel y la atraviese, lo que desencadenará el proceso parasitario.

El hombre, una vez que está parasitado por alguna de estas especies del género Schistosoma, después de que transcurra un período variable, va a expulsar, junto con sus heces (en la mayoría de los casos) o con su orina (en el caso de S. haematobium) huevos que en el momento de llegar al exterior ya son viables. Si estos huevos entran en contacto con agua dulce, van a liberar una forma parasitaria llamada miracidio que nada libremente hasta encontrar una especie adecuada de caracol en la que pueda continuar su ciclo de vida. Una vez que penetra en su hospedador intermediario, va a pasar por diferentes fases hasta llegar a cercaria, que es la forma de vida parasitaria que abandona el caracol y si entra en contacto con un hospedador definitivo adecuado, como por ejemplo el hombre, va a continuar en él su ciclo.

Epidemiología

Es difícil restringir a una zona concreta la distribución de estas especies de Schistosoma. Así, las encontramos en lugares tan alejados como Arabia o Brasil. En China, esta parasitosis constituye un importante problema de salud sobre el que se realizan múltiples estudios1-4. En el río Yangtze, la parasitosis ha sido endémica durante siglos y el principal hospedador intermedio de S. japonicum, Oncomelania hupensis hupensis, ha aumentado su radio de acción gracias a la construcción de la presa de las 3 gargantas, lo que ha aumentado el número de individuos parasitados. Pero no sólo en China constituye un importante problema esta parasitosis, así, en las cuencas del río Paraná, la presencia de este parásito es importante5.

Patogénesis

Anteriormente hemos hablado de esta parasitosis como un importante problema de salud pública para los países en los que la esquistosomiasis es endémica, ya que las lesiones producidas por el parásito pueden ocasionar la muerte. Pero no todos los casos de parasitosis son iguales, ya que van a depender de la especie patógena, del número de Schistosoma presentes en el hospedador definitivo y de la propia reactividad o inmunidad de éste.

Podemos diferenciar 3 etapas o períodos en el proceso patológico de la esquistosomoiasis: incubación, producción de huevos e infiltración y el período de proliferación hística y reparación.

Debido a la similitud de síntomas producidos por cualquiera de los 4 Schistosoma de los que hemos hablado con anterioridad vamos a englobarlos todos bajo un mismo epígrafe, si bien vamos a exponer las características que sean distintivas de cada especie.

Período de incubación

Cuando hablamos del ciclo de vida, decíamos que Schistosoma entraba en contacto con el hombre al atravesar las cercarias la piel, pues bien, entre las 24 y 36 horas siguientes a este contacto, van a empezar a manifestarse los síntomas de esta parasitosis. Lo primero que va a aparecer es una dermatitis de contacto o una reacción urticárica en la zona por la que penetraron las cercarias. Estas reacciones van a caracterizarse por la aparición de pápulas de distinto diámetro, acompañadas de picor intenso y fiebre. Posteriormente va a desencadenarse un proceso diarreico.

Una vez que el parásito está dentro del hombre, va a atravesar los tejidos y a desencadenar reacciones sistémicas mayoritariamente centradas en los pulmones y el hígado. Durante esta fase, se produce un notable aumento de los eosinófilos circulantes.

Período de producción de huevos e infiltración

Esta fase se presenta, aproximadamente, 1-2 meses después de la penetración de un número suficiente de parásitos en el hospedador, y remite después de 3-10 semanas. Comienza con la producción y eliminación de huevos en la luz del intestino, que se van a infiltrar en los tejidos de la pared intestinal y también en el hígado, los pulmones, el páncreas, el bazo, los riñones o incluso en la médula espinal. Debido a la migración que realizan los parásitos en el interior de su hospedador, la oviposición puede producirse en lugares tan diversos como el cerebro o la vejiga. Los síntomas característicos en esta fase son disentería intensa, fiebre recurrente, hepatomegalia, esplenomegalia y pérdida de apetito acompañada de una importante pérdida de peso.

La hepato y la esplenomegalia son síntomas más evidentes en la esquistosomosis producida por S. japonicum, ya que en este caso, entre otras cosas, la producción de huevos es mayor. Las deposiciones durante este período son frecuentes y van acompañadas de un fuerte dolor abdominal. Las heces depositadas son características, ya que van a estar acompañadas de moco y sangre.

En el caso concreto de S. haematobium, durante esta fase, van a aumentar las ganas de orinar, se va a producir dolor durante la micción, disuria y aparición de sangre al final de ésta (hematuria terminal).

Período de proliferación hística y reparación

También podemos llamar a esta fase esquistosomiasis crónica, ya que puede durar muchos años. Se caracteriza por un descenso del tamaño del hígado, por una continuidad de crecimiento del abdomen y engrosamiento del mesenterio.

La porción superior del abdomen se encuentra aumentada de tamaño debido a que las vísceras torácicas se encuentran desplazadas hacia arriba por un aumento del contenido intestinal. Durante esta tercera fase, la disentería es menos importante, pero aparece diarrea y es frecuente que aparezcan también fisuras anales y hemorroides.

En el caso de S. haematobium las lesiones en la mujer, como salpingitis o afección urinaria, son menos frecuentes. Si bien, puede producirse pielonefritis, obstrucción de la uretra y es posible que microorganismos piógenos invadan los tejidos que rodean la uretra o la vejiga y produzcan secreciones purulentas, que recuerdan en el hombre a la gonorrea.

Diagnóstico

Para llevar a cabo el diagnóstico de esta parasitosis se ha de tener en cuenta si ha habido un contacto previo con el parásito para poder diagnosticar con certeza la infección, ya que la esquistosomiasis puede confundirse con patologías tan diferentes como la enfermedad de suero, la fiebre tifoidea, triquinosis o hepatitis, entre otras. Por tanto, el diagnóstico diferencial es fundamental.

La realización de una coprología general ayuda en el diagnóstico de la parasitosis, si bien, en determinadas ocasiones, deben llevarse a cabo técnicas de concentración de las heces. También pueden encontrarse huevos de S. haematobium en muestras de orina y en el esputo, especialmente de S. mansoni.

Cuando la esquistosomiasis se encuentra ya en una fase crónica, se van a obtener mejores resultados si se realizan raspados rectales, aspirados o biopsias proctoscópicas que con exámenes fecales que pueden dar repetidamente resultados negativos.

Para ayudar a confirmar el diagnóstico, las pruebas serológicas son de gran utilidad y el empleo de anticuerpos monoclonales facilita la detección de antígenos esquistosómicos en la sangre o también en la orina, para el caso de S. haematobium6.

Los cambios que produce la parasitosis en el hígado (fibrosis y calcificación hepática), en el colon (calcificaciones) o los que produce en la vejiga y uréteres se pueden detectar utilizando técnicas como la tomografía computarizada, imágenes por resonancia magnética y ultrasonidos, que van a ser de gran utilidad para efectuar el diagnóstico.

Para llevar a cabo el diagnóstico de esta parasitosis se ha de tener en cuenta si ha habido un contacto previo con el parásito para poder diagnosticar con certeza la infección

Cuando hablamos de S. haematobium la hematuria es un signo muy indicativo de infección y en el caso de S. mansoni deben tenerse en cuenta la aparición de fisuras anales y hemorroidales.

No debe descartarse el diagnóstico de la parasitosis a menos que las pruebas serológicas, 2 o 3 exámenes fecales realizados con técnicas de concentración y una biopsia rectal sean negativas.

Tratamiento

En el caso de S. haematobium, la droga que constituye el tratamiento de elección para erradicar este parásito es el praziquantel, administrando 40 mg/kg de peso corporal en 2 dosis durante un día. También puede utilizarse el metrifanato, si bien está demostrado que es menos eficaz que el praziquantel7.

En el tratamiento de S. japonicum, el más patógeno y resistente de todos los Schistosomas, la droga de elección es también el praziquantel en dosis de 60 mg/kg repartidos en tres tomas durante un día. En ocasiones, también se utilizó en su tratamiento tártaro emético por vía intravenosa, pero se desechó debido a su alta toxicidad.

El praziquantel también constituye el tratamiento de elección de S. mansoni. La dosis más recomendable es de 40 mg/kg repartidos en 2 dosis durante un día. Si bien, actualmente se ha demostrado la aparición de resistencias del parásito frente a este tratamiento en diferentes zonas geográficas8-10. Como tratamientos alternativos podemos destacar la oxamniquina, el estibufeno o el oltripraz.

Para el tramiento del último esquistosoma referenciado, S. mekongi, también se utiliza el praziquantel, en este caso, con una dosis de 60 mg/kg repartidos en 3 tomas durante un día.

También debemos destacar la aparición de una nueva droga utilizada para luchar contra este parásito. Es un derivado de un principio activo antimalárico, artemisina, el artemeter, que presenta una elevada actividad frente a los estadios juveniles del parásito y que actualmente está en fase de ensayo11.

Profilaxis

Las medidas profilácticas orientadas a luchar contra esta parasitosis son múltiples y variadas. Entre ellas, vamos a destacar:

* Desarrollo de programas educativos destinados a la población general, para orientarla sobre cuál es el alcance del problema y cómo evitar el contagio de estas parasitosis.

* Evitar el uso de abono de origen humano como fertilizante en zonas endémicas y tener en cuenta

que, en caso de utilizarlo, se debe dejar reposar durante unos días o desinfectarlo con sales como el nitrato amónico que destruyen los huevos.

* Evitar que los hombres defequen de manera incontrolada, especialmente cerca de aguas estancadas, para evitar así que se disemine la infección.

* Programas de control de ámbito comunitario que incluyan medidas como la potabilización del agua.

* Reducir el número de caracoles con molusquicidas o mediante la desecación periódica de los canales de riego. Debe tenerse precaución a la hora de utilizar molusquicidas, ya que son muy tóxicos y, en ocasiones, muy agresivos con el resto del medio ambiente.

* La síntesis de una vacuna para luchar contra esta parasitosis sería un importante descubrimiento. Esto presenta actualmente muchas limitaciones12,13, aunque algunos proyectos se han puesto ya en marcha14.

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