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Vol. 22. Núm. 4.
Páginas 102-110 (Abril 2003)
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Enfermedades infecciosas emergentes y su tratamiento farmacológico
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Fernando Paredes Salido, Juan José Roca Fernández
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Tablas (6)
Tabla 1. Características de las bacterias responsables de enfermedades infecciosas emergentes
Tabla 2. Características de los virus responsables de enfermedades infecciosas emergentes
Tabla 2. Características de los virus responsables de enfermedades infecciosas emergentes (continuación)
Tabla 3. Características de los parásitos responsables de enfermedades infecciosas emergentes
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No hace más de 25 años era creencia general que las enfermedades infecciosas habían dejado de constituir una amenaza para el mundo desarrollado gracias a los progresos logrados en los campos de la epidemiología, saneamiento ambiental, perfeccionamiento y elaboración de nuevas y mejores vacunas, así como debido a la introducción de los antimicrobianos. Todo ello hizo concebir la esperanza de que muchas enfermedades infecciosas serían erradicadas, otras controladas y la mayoría dejaría de constituir causa importante de morbilidad y mortalidad.

Dos nuevos desafíos para la salud pública, se pensaba hace un cuarto de siglo, procederían de agresiones no infecciosas, como el cáncer, cardiopatías, enfermedades degenerativas y accidentes. Hoy no sólo no se ha cumplido el objetivo que auguraba el final de las enfermedades infecciosas o su estricto control, sino que éstas representan aún el 25% del total de las consultas médicas por enfermedades agudas o crónicas, mientras que en Estados Unidos, los antimicrobianos ocupan el segundo lugar de los medicamentos prescritos y dispensados en oficinas de farmacia. Algunas de estas enfermedades, a pesar del control a que se ven sometidas y estar, por tanto, en franco descenso o casi erradicadas, han resurgido o experimentado un recrudecimiento, aparecido en los últimos años nuevas formas de infección que están cambiando los patrones clínicos, epidemiológicos y terapéuticos que hasta ahora se conocían de las enfermedades infecciosas.

Para el conjunto de estas enfermedades, cuya incidencia humana ha aumentado en las dos últimas décadas o amenazan con experimentar un incremento en el futuro, se ha propuesto la denominación de enfermedades infecciosas emergentes.

Concepto

El concepto de enfermedad infecciosa emergente fue acuñado en 1992 por el Instituto de Medicina de Estados Unidos para referirse a las enfermedades infecciosas descubiertas en los últimos años y a las ya conocidas consideradas controladas, en franco descenso o casi desaparecidas, que «resucitaron».

En el pasado, las enfermedades transmisibles fueron una importante causa de morbimortalidad, pero el descubrimiento en el último tercio del siglo xix de sus agentes causales y el conocimiento de los reservorios, fuentes de infección, mecanismos de transmisión y factores de susceptibilidad llevaron al establecimiento de medidas preventivas con base científica que permitieron, juntamente con el desarrollo socioeconómico, disminuir de manera importante su incidencia y, sobre todo, su mortalidad en los países desarrollados.

Con anterioridad a los años setenta, los esfuerzos de la OMS y de las naciones ricas estuvieron dirigidos principalmente al control de las enfermedades transmisibles, obteniendo éxitos importantes, entre los que destacan la eliminación del paludismo de amplias zonas del planeta y la erradicación mundial de la viruela, existiendo también el propósito de eliminar de raíz la dracunculosis y la poliomielitis.

En los años setenta y ochenta disminuyeron el interés y la atención prestada a las enfermedades transmisibles por parte los funcionarios de salud pública, médicos, farmacéuticos e investigadores, ya que las enfermedades crónicas degenerativas se convirtieron en el centro de su atención. Esto ocurrió debido a la errónea creencia de que las enfermedades transmisibles estaban vencidas y al falso sentimiento de seguridad sobre los peligros suscitados por las enfermedades infecciosas. También contribuyó la percepción equivocada de que los sofisticados sistemas asistenciales de los países desarrollados eran capaces de inactivar y de resolver cualquier amenaza infecciosa del tipo que fuese.

Los resultados netos de estos cambios derivaron en una disminución en conjunto de los programas frente a las enfermedades transmisibles; el deterioro de los esfuerzos de vigilancia y una disminución de la pericia técnica frente a las enfermedades infecciosas tradicionales. Esta erosión en la infraestructura de las enfermedades transmisibles afectó directamente a la capacidad mundial para reconocer y responder a las denominadas emergentes.

Así, el sida demostró lo equivocados que estaban los que así pensaban y actuaban, pues rompió con los sistemas clásicos.

Nuevos gérmenes

Se han descubierto nuevos gérmenes en los últimos años responsables de nuevas enfermedades como la de los legionarios, la de Lyme, el sida, la ehrlichiasis humana, la fiebre hemorrágica por el virus del ébola en África, la enfermedad de las «vacas locas» producida por el prion de la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en el Reino Unido, o Helicobacter pylori. Virus, parásitos y hongos que entran a engrosar la taxonomía microbiológica.

Resurgimiento

La vulnerabilidad a las infecciones emergentes no se limita a países en vías de desarrollo. En 1993, Estados Unidos experimentó el mayor brote de criptoporidiosis que se conoce, debido a la contaminación de un agua municipal con Cryptosporidium, parásito que determina cuadros diarreicos potencialmente mortales en personas inmunocomprometidas.

Resurgen enfermedades como la tuberculosis, el cólera y la peste y patogenias que se pueden prevenir por vacunas, como la difteria y la poliomielitis, están afectando a territorios que llevaban muchos años libres de ellas, debido al descenso de coberturas vacunales.

Enfermedades causadas por Helicobacter pylori

Enfermedades clásicamente consideradas como no infecciosas se descubren que lo son, como la úlcera duodenal y el cáncer gástrico, en las que interviene Helicobacter pylori.

Tuberculosis

El aumento considerable que ha experimentado la tuberculosis va unido al fenómeno de resistencia progresivo que presenta el bacilo de Koch, unido a la ineficacia de la vacunación con la BCG.

Lepra

Esta enfermedad, ya mencionada en el año 1400 a.C. en los libros sagrados de la India, sigue ocupando un lugar destacado dentro de las enfermedades clásicas. No está erradicada ni cultivado el bacilo de Hansen en el laboratorio, a pesar de todos los avances experimentados en el campo de la microbiología clínica.

Cólera

El vibrión colérico aparece muy frecuentemente en casos de catástrofes naturales, con la consiguiente contaminación de las aguas de consumo.

Tos ferina

La tos ferina o coqueluche sigue afectando a los niños, sobre todo si no han sido vacunados o no lo han sido a tiempo. Los antibióticos no afectan al curso de la enfermedad, aunque reducen las peligrosas complicaciones.

Legionela

La legionela aparece con brotes significativos (que ya no nos sorprenden por su desgraciada habitualidad) ligada a aparatos de aire acondicionado, duchas y conducciones de agua potable.

Enfermedad de Lyme

Borrelia burgdorferi, agente etiológico de la enfermedad de Lyme, fue identificada en 1984. Transmitida por garrapatas, es una habitual dolencia de verano que se contrae al caminar al aire libre y con las piernas desnudas por bosques y praderas. A finales de 1988 sólo se había descrito en España un caso, del que se desconocía el vector de transmisión. Leptospira interrogans es una enfermedad que afecta principalmente a los animales domésticos y salvajes, que constituyen el reservorio de la enfermedad.

Malaria

Reaparecen enfermedades exóticas en países desarrollados, como la malaria, que ocupa el primer lugar en cuanto a número de individuos afectados y que no tiene visos inmediatos de solución, a pesar de los grandes avances de la ingeniería genética para el diseño de nuevas vacunas contra el parásito y la tradicional eficacia de la primaquina y cloroquina.

Virus

Con relación a los virus, el citomegalovirus no está erradicado en Europa, como se afirma del virus de la polio. El rotavirus no posee tratamiento específico, sino sintomático; la rubéola no posee un tratamiento selectivo. Contra el virus del ébola no existen vacunas para prevenir la infección ni medicamentos para detener su progreso, cosa que pasa igualmente con el virus del dengue. Por otra parte, mientras que la acción de los antirretrovirales para el tratamiento del sida detiene en la mayoría de los casos el progreso de la enfermedad, los efectos secundarios de tratamientos tan agresivos no están aún subsanados.

Se impone conocer bien la patología, la naturaleza de los microorganismos y la constitución de sus estructuras diferenciadoras

Zoonosis

Como enfermedad zoonósica emergente aparece la ehrlichiasis humana, transmitida por una garrapata y que se da en países desarrollados, como Estados Unidos y algunos de Europa occidental.

Parasitosis

Con relación a las parasitosis, hemos mencionado el paludismo, pero no hay que olvidar la leishmaniasis visceral transmitida al hombre por mosquitos o la omnipresente toxoplasmosis que, junto con la rubéola, se solicita sistemáticamente en nuestros hospitales a mujeres embarazadas, para prevenir riesgos fetales.

En las tablas 1, 2 y 3 se resumen las características de los principales microorganismos (bacterias, virus y parásitos, respectivamente) responsables de enfermedades infecciosas emergentes, su diagnóstico mediante el laboratorio, su profilaxis y su tratamiento farmacológico.

Conclusiones

El objetivo de los sistemas sanitarios es evitar la aparición de las enfermedades. Por ello se hace necesaria y fundamental la vigilancia de la salud pública. Las principales claves del éxito son actuar informados y todos del mismo modo. El desarrollo y la modernización de la información son, pues, objetivos prioritarios y urgentes.

Se impone conocer bien la patología, la naturaleza de los microorganismos y la constitución de sus estructuras diferenciadoras.

La lucha antibiótica en bacterias es de gran importancia. Es conveniente realizar un antibiograma para evitar resistencias o determinar la CMI o la CMB.

La labor de prevención, en la que el farmacéutico como profesional sanitario tiene mucho que decir, es de suma actualidad y se basa fundamentalmente en el control de aguas urbanas y residuales, la inspección de alimentos, la política preventiva y la propia investigación clínica. Éstas son competencias que le afectan muy directamente y que no puede pasar por alto.


Bibliografía general

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Gestal JJ. Revista de salud pública 1997;3:226-9.

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www.geocities.com/hscarlette/tratamie.htm.

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