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Vol. 25. Núm. 9.
Páginas 98-104 (Octubre 2006)
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El tabaco
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Juan Esteva de Sagreraa
a Facultad de Farmacia. Universidad de Barcelona.
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Droga mágica, medicamento y veneno

«Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mugeres y hombres, con un tizón en la mano, (y) yervas para tomar sus sahumerios que acostumbravan.»

Rodrigo de Jerez.

El tabaco se empleaba por los mayas y los aztecas en ritos religiosos, ceremonias de purificación y como medicamento para expulsar los malos espíritus. Los españoles lo descubrieron en Cuba y divulgaron su uso por toda Europa. Durante mucho tiempo, los médicos galenistas lo consideraron un excelente remedio para expulsar los humores pecantes. El cigarrillo se convirtió en uno de los principales negocios del mundo. En la actualidad, su época de oro ha pasado y los países más desarrollados combaten su empleo, nocivo tanto para los fumadores activos como para los pasivos

La aclimatación de la planta Nicotiana tabacum en Cuba tuvo lugar por los indios aravacas 2.000 años antes de Cristo. En América del Sur se la consideraba una medicina milagrosa, imprescindible en las ceremonias religiosas. Un mito brasileño sostiene que el tabaco es un atributo de Dios, que es su representante en la tierra. Para los mayas, las estrellas fugaces son las cenizas incandescentes de sus cigarros, el trueno es el ruido de dos rocas, los relámpagos son las chispas que se desprenden y las nubes son el humo de los puros del dios de la lluvia, por lo que ofrecían las primeras cosechas de tabaco a los dioses. Los indios del Caribe utilizaban el tabaco como droga alucinógena y vivían envueltos en el humo de Nicotina tabacum, que en Cuba los aborígenes llamaban «cohíba». La cultivaban en pequeños conucos en medio de los sembrados de yuca y su uso era ritual y medicinal.

Descubrimiento del tabaco

El tabaco fue descrito en Europa por los primeros cronistas de Indias. Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, en su obra Historia General de las Indias (Sevilla, 1535), escribe: «Entre otras costumbres reprobables los indios tienen una que es especialmente nociva y que consiste en la absorción de una cierta clase de humo a lo que llaman «tabaco» para producir un estado de estupor (...) algunos absorben el humo por medio de una caña hueca, eso es lo que los indios llaman «tabaco» y no a la hierba».

Cuando el tabaco fue descubierto por dos marinos españoles que, cumpliendo ordenes de Colón, exploraban el interior de la isla de Cuba, hacía ya un mes que la Pinta, la Niña y la Santa María habían tocado tierra. Las playas de San Salvador fueron el escenario del hallazgo. Cuando los dos marinos llegaron a la orilla, los nativos les recibieron con frutas, jabalinas de madera y ciertas «hojas secas que desprendían una peculiar fragancia». Colón quedó sorprendido por el uso del tabaco en ceremonias religiosas y sociales, como las de paz y purificación del espíritu, pues para los indios el tabaco poseía poderes mágicos y agradaba a los dioses. El tabaco era considerado una panacea, ya que se utilizaba para combatir el asma, las fiebres y convulsiones, los trastornos intestinales y nerviosos y las mordeduras de animales.

Hacia 1560 el tabaco ya se conocía en España y Portugal. El embajador de Francia en Portugal, Jean Nicot, se interesó por el uso de la planta y cuando regresó a su país llevó consigo hojas de tabaco para obsequiárselas a la reina Catalina de Médicis, y de ahí que se llamara al tabaco «hierba de la reina», «nicotiana» o «hierba del embajador». Catalina de Médicis padecía fuertes jaquecas e hizo caso al embajador cuando éste le recomendó que tomara la planta aspirándola por la nariz. Los dolores desaparecieron y el tabaco empezó a usarse como medicamento en Francia y el resto de Europa. Cuando Linneo publicó su Species Plantorum, eligió el nombre científico de Nicotiana tabacum en homenaje a Nicot.

En 1584, Walter Raleigh fundó en América del Norte la colonia de Virginia, copió de los indígenas la costumbre de fumar en pipa y se inició el cultivo del famoso tabaco de ese territorio, que se introdujo en Inglaterra en tiempos de Isabel I. Pocos años después, el tabaco se había convertido en el principal recurso económico de las colonias inglesas. Los grandes viajes marítimos de los siglos xvi, xvii y xviii alrededor del mundo contribuyeron a llevar el tabaco y el hábito de fumarlo hasta las costas de Asia, África y Oceanía.

En Japón, Rusia, China y Turquía el uso del tabaco se combatió inicialmente con medidas drásticas, hasta el punto de que el sultán Murad IV mandó a ejecutar a numerosos fumadores y, en 1638, las autoridades chinas amenazaron con decapitar a los traficantes de tabaco. Con el tiempo, los turcos se incorporaron al mercado mundial del tabaco y se convirtieron en grandes fumadores, al igual que los chinos.

El tabaco como medicamento

En el siglo xviii se puso de moda el rapé y algunos médicos lo recetaban contra el dolor de cabeza y para detener hemorragias. Creían que los estornudos causados por el rapé eran un buen sistema para expulsar los humores. Los médicos europeos partidarios del tabaco como medicamento no eran originales, pues los precolombinos ya lo usaban para aliviar sus enfermedades. Los primeros que usaron las hojas de tabaco para fumarlas fueron los mayas hace 1.500 años. Sus tallas y grabados demuestran que este pueblo centroamericano consideraba que fumar era un acto religioso y ceremonial. Se conservan imágenes de sacerdotes fumando en actitud de adoración al sol. Los mayas estaban convencidos de que la enfermedad era producida por un espíritu que se apoderaba del enfermo, y el mejor modo de expulsarlo era mediante el humo del tabaco.

A finales del siglo xii, los aztecas invadieron el territorio maya y asimilaron la costumbre de fumar tabaco, atribuyéndole un sentido más social que religioso. Los aztecas conservaron la costumbre hasta la llegada de los españoles a principios del siglo xvi.

Antonio Joseph Rodríguez resumió en el siglo xviii las virtudes que se atribuían al tabaco: «Es remedio el tabaco, y admirable, por lo mismo que es medicamento activo. En las hemicraneas, y demás dolores de cabeza por coryza, y otras fluxiones, y destemplanzas frias, y lymphaticas, es remedio grande. Su humo por las narices y oídos, mata los Gusanos o Lombrices, quando por estos duele la cabeza. Y sus hojas verdes, medio asadas sobre rescaldo, y puestas sucesivamente según se sequen, sobre la Cabeza, curan la Jaqueca» (Palestra Critico-Medica, Zaragoza 1744).

El tabaco, en su época de oro, cuando era considerado un medicamento, dio lugar a una expedición a los territorios de Ultramar para propagar su uso. En la segunda quincena de abril de 1778 zarparon de Cádiz rumbo a Montevideo, en las fragatas Carmen y Aurora, los integrantes de la Expedición del Tabaco, para favorecer su consumo como medicamento y para mejorar, con los beneficios que generase su empleo, la delicada situación económica de la Real Hacienda.

El tabaco, en su época de oro, cuando era considerado un medicamento, dio lugar a una expedición a los territorios de Ultramar para propagar su uso

La británica reina Victoria fue enemiga del tabaco y tenía aversión a los fumadores, por lo que durante su mandato se aprobaron ordenanzas que prohibían fumar a los integrantes del ejército real. En Berlín, las autoridades se anticiparon a las actuales leyes contra el tabaco y prohibieron fumar en espacios públicos hasta mediados del siglo xix.

En 1828, Posser y Reimann aislaron el alcaloide de la planta del tabaco y lo llamaron nicotina en honor del embajador francés Jean Nicot. Quedaba identificado su principio activo y los estudios sobre la nicotina evidenciaron su peligrosidad y su naturaleza adictiva, poniéndose los pilares para que en las postrimerías del siglo xx las autoridades sanitarias empezaran su campaña contra el tabaco por sus devastadores efectos en la salud de los fumadores.

Un buen negocio

Al principio, los frailes, en las huertas cerradas de sus conventos, fueron los más entusiastas plantadores de tabaco, con fines ornamentales y medicinales. El hecho de que el tabaco se cultivara preferentemente en lugares cerrados, hizo que más tarde se llamara estancos a los comercios donde debía venderse. Los indios lo consumían de forma natural, sin generar el enorme negocio que supuso su comercio por parte de los europeos. El uso del tabaco por los indios fue descrito de este modo por los españoles: «Tomaban el aliento y humo para sí una y dos y tres y mas vezes hasta que quedaban sin sentido gran espacio o adormidos de un grande y muy pesado sueño (...) E aquel instrumento con que toman el humo llaman los Indios Tabaco, y no a la yerva o sueño que les toma. Pero esta yerva tenían los indios por cosa muy preciada y la crían en las haciendas y heredamientos de sus amos (...) porque dicen que cuando dejan de trabajar y toman el tabaco, se les quita el cansancio. Sé que algunos cristianos lo usan, en especial algunos que están tocados por el mal de las bubas, porque dicen los tales que aquel tiempo que están así transportados no sienten los dolores de su enfermedad».

Plantación de tabaco.

El cigarrillo se impuso en Occidente a finales del siglo xix.

Brote de la planta del tabaco.

Los cigarrillos se convirtieron durante décadas en un elemento ineludible en cualquier acto social.

El uso del tabaco comenzó en la marinería, para extenderse después a los sectores marginales y grupos sociales de rentas muy bajas. Más tarde adoptaron el hábito las personas de renta alta y fumar perdió su carácter marginal y se consideró sofisticado. La hacienda pública no tardó en advertir las dimensiones del negocio y los ingresos que podía alcanzar gravando su consumo e incluso «estancando» su venta. El aumento del consumo provocó una mayor fabricación y despacho, lo que obligó a sustituir la fabricación artesanal por la industrial, y se fue creando un comercio internacional de insospechadas dimensiones. El humo fumado por los indígenas de forma ingenua se convirtió en humo generador de ingentes beneficios para las tabacaleras y los gobiernos.

En Sevilla empezó a funcionar en 1620 la primera fábrica de tabacos española, la Real Fábrica de Tabacos, que se convirtió en una de las principales empresas del mundo y contribuyó a la riqueza de la capital andaluza y al esplendor de sus mansiones y palacios. La segunda fábrica española de tabacos fue la de Cádiz.

En las fábricas de Sevilla y Cádiz se elaboraba polvo de tabaco, muy apreciado por aquel entonces en toda Europa, y más tarde cigarros puros hechos con hojas de tabaco procedentes de las colonias de ultramar. La influencia de las fábricas españolas no disminuyó a pesar de la competencia de las fábricas francesas, alemanas e italianas. En 1717, un real decreto de la Corona de España dio lugar a la fundación de la primera fábrica de tabaco en Cuba, la Real Factoría de La Habana, implantando un régimen de monopolio para la naciente industria cubana.

Durante el siglo xviii, fumar era todavía una costumbre de las clases bajas, y los ricos preferían el tabaco aspirado o rapé. Cuando las clases acomodadas abandonan el rapé y optan por fumar el tabaco, las fábricas españolas abandonaron la producción de rapé y fabricaron cigarros puros en grandes cantidades. A las factorías de Sevilla y Cádiz, que no daban abasto, se unieron las de Madrid, Alicante, La Coruña, San Sebastián y Bilbao, grandes productoras de cigarrillos, que abarataron fumar y permitieron hacerlo de forma fácil en todo tipo de lugares.

A finales del siglo xix el cigarrillo es el rey absoluto del mercado del tabaco, quedando relegados los puros y la pipa.


Mitos indígenas en torno al tabaco

Grabado del siglo xvii en el que se representa una ceremonia india.

Los indígenas que habitan actualmente en las orillas del cauce inferior del río Sucio, en Colombia, junto al istmo de Panamá, creen que allí se encontraba el legendario país de Dabeida, donde existió un templo en cuyo centro se levantaba un ídolo de oro macizo que representaba a la diosa de la tempestad. Este legendario lugar fue una tierra fría, cubierta por la nieve y el hielo, hasta que un chamán sopló sobre ella una bocanada de humo de tabaco transformándola en una tierra cálida y llena de vida.

Una leyenda de los indios waraos de Venezuela relaciona el tabaco con el origen del mundo. Cuando el «pájaro del alba» (el sol) se elevó en el cielo por primera vez, soñó una casa situada entre la tierra y el cielo, blanca y redonda como una nube de humo. El sueño se hizo realidad y el «pájaro del alba» creó los cuatro bahanas, que quiere decir tabaco, que constituyen los cuatro elementos del humo. Los cuatro elementos del humo son la «abeja negra», la «abeja roja», la «abeja amarilla» y la «mosca de miel azul», cuyos espíritus penetran los cuerpos y les infunden su fuerza.

Indio arapahoe fumando en pipa (1910).


Otros usos del tabaco

Nicotiana tabacum.

Además de su uso mayoritario, el tabaco se ha usado como planta ornamental, aunque actualmente la planta del tabaco no se considera muy decorativa y no abunda en los jardines ni las macetas de los balcones. También se usa como insecticida agrícola. La nicotina contenida en los restos agrícolas o industriales de las hojas del tabaco se aplica a las plantas cultivadas y las tierras de labor y es un efectivo exterminador de patógenos y gérmenes sin los efectos secundarios negativos sobre el medio ambiente y la salud asociados a los insecticidas de síntesis química.

El tabaco es rico en ácido cítrico, especialmente algunas variedades como el «makhorka», cuyo contenido en este ácido es del 6-8%, mientras que el limón no llega al 6%. La extracción integral de ácido cítrico como fase posterior a la extracción de la nicotina se probó a escala semiindustrial, en el instituto de Krasnodar en la Unión Soviética en los años treinta del siglo xx.

Los tallos del tabaco suelen desecharse como un producto sin valor. Sin embargo, investigadores búlgaros pusieron a punto una técnica de extracción de la celulosa contenida en los tallos del tabaco y su posterior blanqueo industrial para su transformación en papel de imprimir y escribir.

Una técnica permite la extracción de los aceites contenidos en las semillas del tabaco. Se trata de aceites no comestibles, pero con una gama de aplicaciones industriales importante, como la fabricación de pinturas.

A partir de las hojas o de las plantas completas de tabaco se extraen proteínas de un alto valor nutritivo y dietético, que se pueden utilizar para alimentar a personas con dificultades para su nutrición.

El «chimó» es una pasta blanda obtenida de extractos acuosos, fluidos de los desperdicios del cultivo, curado y transformación del tabaco seco. La pasta resultante se decanta y deja secar hasta que adquiere una consistencia semisólida. Es el «chimó en rama», del que se empaquetan el «chimó embojotado» o «chimó aliñado», del que se toman pequeñas porciones que se adhieren detrás de los dientes y producen una fuerte salivación y euforia, disminuyendo el apetito y aumentando la capacidad de trabajo. Suelen usarlo los indígenas y criollos de los llanos venezolanos y colombinos de forma parecida a los masticadores de coca bolivianos y peruanos.

Mediante técnicas parecidas a las que se utilizan para fabricar paneles de aglomerado con serrín y trozos o desperdicios de madera, se introducen en la mezcla restos de tabaco secos y troceados o molidos. El resultado es un aglomerado de «color tabaco» muy decorativo.

Como licor, el tabaco se emplea abundantemente tanto en los países americanos como en España: en Almendralejo (Badajoz) su uso está extendido y es muy apreciado. No faltan tampoco las extravagancias asociadas a la «nueva cocina». En uno de los hoteles más emblemáticos de Madrid, David Millet utiliza tabaco como condimento «secreto» en uno de sus más afamados platos: la lubina a la sal.


La tradición cubana

Elaboración de puros habanos.

Secadero de tabaco en la zona de Viñales.

La llegada de Colón a Cuba en 1492 le permitió conocer el «sorprendente hallazgo, de los tizones encendidos, de la costumbre del uso del tabaco». Los colonos españoles se dedicaron al cultivo del tabaco, pero la legislación colonial prohibió reiteradamente su siembra, que se consideraba diabólica. En el siglo XVII se afianzó el cultivo de tabaco y los campesinos se convirtieron en sus promotores. Lo sembraban a orillas de los ríos, cerca de las villas y ciudades. La Habana y sus alrededores se convirtieron en importantes zonas de cultivo. La oposición de los cabildos obligó a que el cultivo del tabaco se alejara de las ciudades. En busca de los ríos y alejándose de la oposición de los legisladores contrarios al tabaco, los cultivos se extendieron por San Cristóbal, Palacios, Río Hondo, Guamá, San Juan, San Felipe, Viñales y Cuyaguateje. Se produce una gran diferencia entre el cultivo de estancia o conuco y el tabaco de vegas producido a orillas de los ríos.

La fama del tabaco cubano tiene su origen en la propaganda realizada por los marineros desde principios del siglo xvii. La clientela creció y con ella los cultivos y los negocios. Los vegueros de Guane adquirieron mucho prestigio por la calidad de las hojas de sus cosechas. Las rebeliones vegueras de la Habana de 1717, 1720 y 1723, así como la persecución a los productores, les obligó a emigrar a Vueltabajo en busca de nuevas tierras para el cultivo del tabaco. En el siglo xviii, Vueltabajo se convierte en un gran centro productor de tabaco. La metrópoli era partidaria de la política de estancar el tabaco y situó una factoría en Guane para controlar el mercado y evitar el frecuente contrabando.

La intendencia de Hacienda era el organismo director de la factoría y reorganizó el estanco del tabaco en la segunda mitad del siglo xviii, estableciéndose factorías en Los Palacios, Consolación, Pinar del Río, San Juan y Guane. La caída de los precios y el contrabando hicieron declinar la producción a partir de 1790. La supresión del estanco en 1817 inicia un nuevo período, con más recursos financieros, tierras idóneas para el cultivo y precios elevados del producto, lo que incidió en mejoras en la producción y comercialización. Con la industrialización aparecen las fábricas y con ellas las marcas de cigarros y tabacos, vinculadas a la producción de vegas vueltabajeras. Nacen algunas de las marcas más famosas del tabaco cubano y sus puros se convierten en los más apreciados y caros del mundo.


Un monólogo «antitabaco» de Chéjov

Anton Chéjov.

Anton Chejov escribió tres versiones de un monólogo titulado Sobre el daño que hace el tabaco, una breve pieza humorística en la que el único personaje, Iván Ivánovich Niujin, se propone disertar sobre los males que ocasiona el tabaco, pero se olvida de ello y traza su propia miseria moral con independencia del hecho de que fume o no. El argumento es mínimo: su mujer le ha encargado que, con fines benéficos, dicte una conferencia sobre el daño que el tabaco causa a la humanidad. Niujin obedece, pero se pone a divagar, deja de hablar del tabaco y sus palabras ponen en escena su falta de carácter y la sumisión a su esposa. Habla de las enfermedades que le aquejan, de la tiranía doméstica de su mujer, del desprecio con el que ella le trata, de las penurias económicas, de que su mujer tiene ahorrada una importante cantidad y de que no consiguen encontrar esposos para sus hijas. Niujin confiesa: «Quiero escapar de esta vida ruin, vulgar y miserable, que me ha convertido en un tonto viejo y lamentable, en un idiota». Observa que su esposa se acerca, recupera la compostura y ruega a los asistentes que si ella les pregunta cómo ha transcurrido la conferencia digan que él, «el espantajo», se ha comportado con dignidad. Aparece la esposa y Niujin reemprende el tema de la conferencia, el daño causado por el tabaco, sobre el que no ha dicho nada, y concluye: «De todo ello se desprende que el tabaco encierra en su interior el veneno terrible del que acabo de hablarles, por lo que no hay que fumar en ningún caso».


Víctimas de la nicotina

Actores como Humphrey Bogart popularizaron los cigarrillos en los años cincuenta.

La publicidad antitabaco es cada vez más agresiva.

Para los europeos que se aficionaron al tabaco, éste era una fuente de placer; para algunos médicos, era un medicamento, y según ciertos moralistas, fumar era una actividad perniciosa. El tabaco se usó como remedio casero hasta que en el siglo XVII se empezaron a cuestionar sus cualidades, aunque algunos médicos siguieron recomendando su uso. Expulsado de la farmacia, se convirtió en un hábito y en una adicción. Fumar era una moda, a la que contribuyó la publicidad, la literatura y el cine. Vampiresas y galanes fumaban con aparente delectación y voluptuosidad, y se aficionaron a fumar los jóvenes y hasta los niños.

Después de la guerra de Crimea (1856), el cigarrillo adquirió un auge que se consolidó a partir de la Primera Guerra Mundial. Se convirtió en el acompañante obligado de los hombres duros y de las mujeres «emancipadas». El cigarrillo se definió inicialmente como tabaco picado rodea-do de fino papel. Se popularizó rápidamente en Francia, Reino Unido y España, donde se lo denominó «pitillo». El cigarrillo se convirtió en la forma habitual de fumar tabaco, quedando la pipa relegada una evocación nostálgica del pasado. A partir de 1970, la edad de oro del tabaco declina y se asocia con los cánceres de la cavidad bucofaríngea y de pulmón. Así empieza el largo intento de poner freno a la epidemia del tabaquismo, responsable de millones de muertes en todo el mundo.

Como si quisiera lanzar una temprana señal sobre los efectos devastadores del tabaco sobre el organismo y la salud y sobre los problemas que fumar acarrearía a los fumadores, el tabaco se cobró su primera víctima en la persona de Rodrigo de Jerez, quien descubrió el tabaco junto con Cristóbal Colón. Rodrigo se hizo adicto del tabaco y de regreso a España fumaba ante su familia y amigos. Al ser sorprendido echando humo por la boca, fue confundido con un endemoniado y enviado a prisión por el Santo Oficio.

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