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Vol. 28. Núm. 5.
Páginas 65-70 (Junio 2009)
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Botiquín de viaje. Un gran aliado
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ANTONIETA GARROTEa, RAMON BONETb
a Farmac??utica
b Doctor en Farmacia
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La planificación de los períodos vacacionales y de las actividades de ocio ligadas a ellos busca, ante todo, hacer un merecido paréntesis en las obligaciones y quehaceres cotidianos y dar paso a momentos de descanso, tranquilidad y relajación, que nos permitan disfrutar de la vida y reponer fuerzas para retomar los deberes diarios. Una adecuada profilaxis vacunal, si procede, y un botiquín correctamente preparado resultan imprescindibles para garantizar que ningún percance de salud amargue estos días de asueto.

El concepto de «vacaciones» ha sufrido un enorme cambio durante las últimas décadas, tanto en relación con la época del año en que se disfrutan, su duración y cadencia, como por el enorme abanico de opciones existentes actualmente. Si bien todavía las tradicionales vacaciones estivales en la playa y la montaña siguen siendo una alternativa vigente y muy grata para muchos, la asequibilidad de los viajes internacionales a los destinos más variopintos ha hecho de esta posibilidad una opción cada vez más común.

Sin embargo, para que cualquiera de las opciones elegidas sea un éxito, su preparación requiere valorar los riesgos sanitarios que llevan asociadas y velar por que la salud siempre sea una constante durante el período vacacional. Para ello, todas las medidas preventivas que se hallen a disposición del viajero, ya sean las efectuadas de forma previa a la realización de un viaje —tales como vacunaciones, previsión de asistencia médica en el extranjero, etc.—, como la elaboración de un botiquín de viaje adecuado al destino y actividades a realizar, ofrecerán al viajero las máximas garantías para que el período vacacional conlleve la tan preciada seguridad sanitaria.

PREPARACIÓN DEL BOTIQUÍN BÁSICO

Los botiquines de viaje pueden incluir en su composición elementos muy diversos, en función de las necesidades del usuario. Éste deberá valorar, antes de su elaboración, el conocimiento del entorno vacacional, la disponibilidad de los servicios médicos y farmacéuticos que pudiera necesitar, sus necesidades médico-farmacéuticas habituales así como las carencias que puede sufrir en el destino. Partiendo de dicha premisa, la composición del botiquín debe ser completa y racional, para lo cual el asesoramiento de un profesional sanitario puede llegar a ser indispensable. El farmacéutico comunitario es la figura clave para tal misión, dada su proximidad al paciente y el conocimiento de sus características.

El tipo de medicamentos y productos sanitarios a incluir en el botiquín dependerá del estado de salud de los viajeros, de su grado de ansiedad, del destino elegido y del tipo de actividad que se pretenda desarrollar. Todo ello imposibilita la preparación de un botiquín de viaje universal, si bien esta revisión propone una serie de recomendaciones —algunas generales y otras de mayor especificidad— que faciliten su planificación y ejecución.

En primer lugar, deberán quedar cubiertas las necesidades básicas diarias que requiera el viajero para la totalidad del período previsto de viaje. Este requisito es especialmente importante cuando las vacaciones comporten un desplazamiento al extranjero, ya que puede ocurrir que la medicación utilizada normalmente no esté comercializada o lo esté con otro nombre, o que existan dificultades idiomáticas al acudir a un centro médico o farmacia y ello dificulte disponer de una medicación que en el entorno habitual es fácilmente asequible. Asimismo, en aquellos casos en los que el viajero esté siguiendo un tratamiento, es recomendable llevar en el equipaje de mano algunas dosis, por si hubiera algún incidente con el equipaje facturado. También es aconsejable en estos casos disponer de una declaración (preferiblemente en inglés) firmada por un médico sobre los medicamentos recetados, ya que ello puede evitar problemas con las autoridades aduaneras o de seguridad.

En segundo lugar, el botiquín debe incluir todo lo necesario para resolver pequeñas afecciones y problemas sanitarios menores de forma rápida y eficaz, y hacer frente a posibles emergencias hasta la llegada de un facultativo. Sin embargo, se recomienda únicamente la inclusión de aquellos elementos que el usuario potencial realmente sepa utilizar y descartar material de mayor especialización.

COMPOSICIÓN

A modo general, un botiquín básico debería incluir:

MATERIAL DE CURA

En este apartado cabe citar el esparadrapo, las vendas y apósitos estériles, vendas elásticas, suturas adhesivas, un antiséptico para heridas, tijeras, pinzas e imperdibles.

Pequeñas heridas, cortes o raspaduras son algunas de las lesiones leves que con mayor frecuencia tienen lugar durante el período vacacional. Su tratamiento se basa en un lavado a fondo de la zona afectada con una solución jabonosa, teniendo la precaución de retirar los cuerpos extraños que hubieran podido quedar retenidos en la herida. Seguidamente se aplicará un agente antiséptico tópico y, en función de la importancia de la herida, su localización o actividad a realizar, se valorará la colocación de un apósito adhesivo estéril que proporcione protección. La cura deberá realizarse como mínimo una vez al día, y si las condiciones lo requieren (se moja o ensucia) con mayor frecuencia.

Dependiendo de la gravedad de la herida, tras realizar cuidadosamente las operaciones de limpieza y desinfección descritas, podrá requerirse cerrar los bordes con puntos adhesivos y valorar la visita al médico para que éste administre la vacuna antitetánica y/o aplique algún punto de sutura.

Los esguinces, tirones y distensiones son otros de los problemas que suelen presentarse con frecuencia; suelen ser consecuencia de los sobreesfuerzos realizados en actividades que normalmente no desarrolla el viajero. Estas afecciones de los ligamentos y músculos cursan con dolor e inflamación en un área bien localizada, presentando mayor intensidad durante las horas posteriores a la lesión. El tratamiento para estos casos consiste en la aplicación de frío sobre la parte afectada, un vendaje compresivo y administración de algún analgésico con objeto de disminuir el dolor y la inflamación. En referencia a contusiones y golpes, normalmente basta con aplicar frío y alguna pomada antiinflamatoria o con heparinoides para su mejoría.

Otro de los problemas comunes que suele sufrir el viajero es la presencia de ampollas en los pies. Su prevención se basa en la colocación de apósitos adhesivos especialmente diseñados para ello o la protección de la zona con una gasa fijada con esparadrapo. Tras su aparición, si ésta aún permanece intacta, el tratamiento de elección consiste en proporcionarle protección tal como se ha descrito; si, por el contrario, la ampolla se ha reventado, debe tratarse como si fuera una herida.

Si bien este conjunto de lesiones en su gran mayoría no suelen revestir mayor importancia, las molestias que generan pueden comprometer seriamente el período vacacional, por lo que es básico disponer de medidas que permitan efectuar actuaciones de urgencia de forma inmediata al incidente.

MATERIAL DE PROTECCIÓN

Incluye protectores solares, repelentes de insectos, potabilizadores de agua, etc.

Independiente del destino, mar o montaña, la exposición solar directa o indirecta es, potencialmente, una agresión medioambiental a la que el viajero puede estar sometido en mayor o menor medida y de la cual debe protegerse. Especial mención merecen las actividades cuya realización conlleve de forma implícita una exposición solar, en cuyo caso ésta deberá realizarse de forma racional y graduada, utilizando siempre cremas y lociones con factor de protección adecuado al tipo de piel, latitud, altitud y tiempo de exposición a la acción de los rayos solares. Las barras labiales que incorporan potentes filtros solares, así como gafas con filtros protectores, tampoco deben faltar en nuestro equipaje.

Los repelentes de insectos son otro de los elementos que no pueden faltar en un botiquín de viaje. Disponemos de una amplia gama de formulaciones y presentaciones, cuya elección vendrá condicionada por la finalidad pretendida, las circunstancias en que se produzca la exposición y el destino elegido. Dado que en la mayoría de los casos estos productos van a ser aplicados durante la práctica de actividades lúdicas al aire libre, es frecuente que dichos preparados incorporen también filtros solares y excipientes que les permitan ser catalogados como water-resistant o water-proof y ofrezcan de este modo protección incluso en condiciones de sudoración alta o durante el baño.

MEDICAMENTOS BÁSICOS

Medicamentos básicos: antidiarreicos, laxantes, analgésicos, antipiréticos, antiinflamatorios, anticinetósicos, antibiótico oral de amplio espectro, antibiótico tópico, pomada con heparinoides, antifúngico tópico, antihistamínicos, descongestionante nasal, colirio humectante…

Requisito común a todos ellos es el mantenimiento del material de acondicionamiento primario de origen, de forma que pueda identificarse con claridad su nombre, composición, dosis, lote y caducidad. Igualmente debe conservarse el prospecto con el fin de tener información fácil y accesible a sus indicaciones, posología y forma de administración.

Antidiarreicos

Constituyen, junto con los laxantes, uno de los medicamentos a los que más se recurre durante los viajes, con independencia del destino elegido. Las soluciones de rehidratación oral (soluciones salinoglucosadas) son útiles en todos los casos, ya que ayudan a reponer líquidos y electrolitos. Los antidiarreicos astringentes como loperamida, codeína o racecadotrilo pueden resultar de gran utilidad para el alivio de los síntomas cuando las diarreas no sean muy fuertes. La administración de fármacos antidiarreicos con agentes antibióticos no está recomendada a menos que la prescriba expresamente un médico.

La diarrea del viajero se caracteriza por deposiciones frecuentes y líquidas, náuseas, vómitos y malestar general. Suele tener carácter benigno, por lo cual si no existen complicaciones remite de forma espontánea en 3-7 días, sin embargo, si la diarrea se manifiesta en niños, ancianos o enfermos crónicos deben extremarse las precauciones.

Si en las deposiciones se observase la presencia de sangre o mucosidad, o la sintomatología incluyera fiebre alta, calambres intestinales y/o vómitos persistentes deberá consultarse de forma inmediata a un médico para poder establecer el tratamiento adecuado y descartar la administración inicial de fármacos astringentes.

Como medidas higienicosanitarias generales cabe destacar la conveniencia de administrar abundante líquido al paciente, ya sea en forma de zumos, caldos o infusiones, siempre que pueda garantizarse la potabilidad del agua que interviene en su preparación y evitar la ingesta de leche, derivados lácteos y bebidas con cafeína.

Laxantes

La inclusión de laxantes suaves de administración oral (metilcelulosa, plantago ovata, salvado de trigo u otros coloides vegetales) o rectal (supositorios de glicerina) se halla plenamente justificada dada la alta probabilidad de padecer estreñimiento durante los períodos vacacionales o en todas aquellas ocasiones en las que se pierda la rutina y los hábitos cotidianos. Su uso se realizará de forma ocasional, evitando la utilización indiscriminada, ya que de su abuso pueden derivarse problemas intestinales e irritación de las mucosas.

Algunos de los consejos a seguir para facilitar la defecación y así prevenir la hinchazón, malestar abdominal, mal aliento o abatimiento derivados del estreñimiento consisten en beber muchos líquidos, asegurar una dieta rica en fibra vegetal, regularizar el horario de comidas y realizar ejercicio físico.

Antiácidos

Hay una amplia gama de medicamentos OTC destinados a paliar las molestias digestivas que se generan por la acción irritante del ácido clorhídrico sobre la mucosa gástrica. Ansiedad, cambios de horario, ingesta copiosa de alimentos, presencia en ellos de condimentos fuertes o inusuales, consumo abusivo de bebidas alcohólicas y tabaco, utilización de mochilas y riñoneras con cinturones ventrales muy ajustados, son algunas de las causas que favorecen la aparición de trastornos gástricos caracterizados por producir ardor y concentrarse en la zona esofágica y abdominal.

Si bien su administración puede resultar de gran utilidad en muchas situaciones, su uso prolongado puede también tener efectos secundarios.

Analgésicos, antiinflamatorios y antipiréticos

Los analgésicos son uno de los medicamentos que más se utilizan, para paliar dolores y molestias asociados a actividades cotidianas o que se salen de la rutina diaria. Dolores de cabeza, musculares, de muelas, de oídos, menstruales... son extremadamente frecuentes y relativamente fáciles de paliar si se dispone del fármaco correcto. El ácido acetilsalicílico, el paracetamol y el ibuprofeno son algunas de las opciones más comunes, debiéndose valorar en cada caso el tipo de dolor, características y preferencias del paciente, así como cualquier interacción medicamentosa que pudiese producirse con la medicación habitual del paciente.

Suele estar recomendada la inclusión de un medicamento que incluya un principio activo analgésico combinado con fosfato de codeína, buscando con ello una potenciación de la acción analgésica que permitirá paliar dolores moderados pero de mayor intensidad.

Los fármacos citados, además de poseer una determinada acción analgésica y antiinflamatoria, poseen también propiedades antipiréticas, por lo cual su administración resultará adecuada en aquellas situaciones que cursen con fiebre. En cada caso deberá valorarse la existencia de signos y síntomas asociados, prestando especial atención a niños y ancianos o si el viajero se encuentra en zonas donde la malaria sea enfermedad endémica.

Anticinetósicos

En este grupo se incluyen dimenhidrinato, meclozina, cinnaricina o prometazina, fármacos destinados a prevenir las molestias derivadas del mareo cinético, por lo que su administración debe realizarse antes de que aparezcan los primeros síntomas (15 min-1 h antes de iniciarse el desplazamiento), ya que una vez iniciada la sintomatología (náuseas, vómitos, sensación de vértigo, malestar general), su efectividad será muy limitada. Se hallan en el mercado farmacéutico, formulados en todo tipo de formas galénicas, algunas de ellas muy cómodas para ser utilizadas antes y durante un viaje. Su elección estará condicionada por las preferencias del paciente y la duración estimada del desplazamiento. Así, ante un viaje largo, los antihistamícos de elección serán la meclocina y la prometacina, pues la duración de su acción permite un buen efecto con una única toma diaria.

Entre los efectos secundarios más comunes cabe destacar la somnolencia y una disminución en la capacidad de concentración y los reflejos, por lo que debe evitarse la conducción bajo sus efectos, así como la realización de cualquier otra actividad que requiera de dichas habilidades para su realización.

Otros consejos que podrían ofrecerse a todas aquellas personas propensas a los mareos son: seguir una dieta ligera y descansar antes del viaje, vestir con ropas ligeras, holgadas y cómodas, cuidar la ventilación del vehículo, buscar los lugares de autobuses, aviones y barcos que menos acusen el movimiento y situarse en posición estable (semirreclinado, con la cabeza inmóvil) y evitar leer o mirar hacia los lados.

Antihistamínicos y descongestionantes nasales

Son medicamentos de elección cuando el viajero sufre alguna picadura o alergia, ya que actúan directamente sobre la sintomatología. Esta serie de problemas adquieren mayor relevancia en la época estival o en destinos exóticos, puesto que en muchos de los casos el contacto con la naturaleza se ve intensificado y con ello la exposición a insectos y potenciales alérgenos. Adicionalmente, cuando el viaje comporta un desplazamiento a zonas con una fauna, flora, clima y hábitos alimentarios totalmente diferentes, su probabilidad de aparición y la intensidad de los efectos se encuentra considerablemente incrementada.

En relación con las picaduras, especialmente las de insecto, cabe señalar que si bien las molestias directamente relacionadas con la picadura (picor, enrojecimiento, edema, calor local, dolor) pueden llegar a ser extremadamente molestas, su principal riesgo radica en su potencial capacidad de actuar como vectores de un importante número de enfermedades, algunas de ellas de gran importancia. Su tratamiento incluirá como primera medida una cuidadosa limpieza y desinfección con un agente antiséptico de la zona afectada por la picadura, así como la aplicación de un antihistamínico tópico que ayude a paliar la reacción local, siendo estas medidas, en primera instancia, suficientes para que la herida producida evolucione favorablemente. Únicamente si se produce sobreinfección se tratará con preparados antisépticos y antibióticos en función de la afectación y gravedad de la infección.

Las reacciones alérgicas pueden presentar manifestaciones muy distintas y estar desencadenadas por agentes muy diferentes. Rinitis, urticarias, alergias alimentarias, por picada de insecto, etc. son algunas de las más usuales. Las afecciones que tengan manifestaciones cutáneas requerirán la aplicación tópica de agentes antihistamínicos y calmantes o incluso la administración de una pomada esteroidea que reduzca la sintomatología local. Las rinitis alérgicas cursan con estornudos, rinorrea, congestión de la mucosa nasal, prurito nasal y síntomas oculares, por lo cual su tratamiento consistirá en la administración de antihistamínicos orales y descongestionantess orales o tópicos.

Como ya se ha recomendado en las generalidades, incluir en el botiquín la medicación habitual es sumamente importante, de ahí que todo individuo susceptible de sufrir crisis alérgicas debería incluir siempre la medicación adecuada para su tratamiento si un episodio alérgico tuviera lugar.

Las afecciones con manifestaciones cutáneas requerirán La aplicación tópica de antihistamínicos y calmantes o una pomada esteroideaColirio humectante

Su principal misión es lubricar el ojo, humedeciendo la superficie ocular y aliviando de este modo los síntomas de ojo seco o la irritación producida por múltiples causas (cuerpo extraño, cansancio, exposición solar excesiva, sequedad ambientan, contaminantes, etc.). Si las manifestaciones oculares cursan con supuración pegajosa y purulenta se recomienda la consulta a un facultativo ya que puede requerirse la administración de un colirio o pomada con antibiótico. En el supuesto de que su acceso se hallara dificultado, la administración de un colirio con antibiótico está totalmente indicada, ya que si el origen de la lesión no es bacteriano, se evitará el riesgo de sobreinfección.

En caso de que la persona afectada lleve lentes de contacto, deberá prescindir de su utilización y no volverá a colocárselas hasta que haya remitido la irritación y éstas hayan sido convenientemente desinfectadas.

CONSEJOS GENERALES

• El botiquín de viaje debe estar perfectamente identificado tanto en lo que respecta a su naturaleza como a la pertenencia de éste, ser resistente y ligero. Se recomienda que se sitúe fuera del alcance de los niños y en lugares lo más secos y frescos posibles (evitar las zonas bajo los cristales de vehículos y las partes superiores de mochilas o bolsas de viaje).

• Debe disponerse de información referente a las enfermedades endémicas del país de destino, así como de las vacunaciones que se requieren para poder viajar con seguridad. Información sobre Centros de Vacunación Internacional: http://www.msc.es/profesionales/saludPublica/sanidadExterior/salud/centrosvacu.htm.

• Disponer antes de iniciar el viaje de la suficiente información acerca de las prestaciones sanitarias públicas a las que se tiene acceso en el país de destino en virtud de posibles acuerdos con el Sistema Sanitario Español, información que puede ser facilitada a través de las Direcciones Provinciales del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS).

• Recomendar la contratación de un seguro que cubra las necesidades personales (actividades programadas, cobertura de evacuación, inclusión de los niños que viajan con el adulto...), en función del tipo de viaje a realizar.

• Extremar las medidas higiénicas, en la medida de lo posible, especialmente cuando el destino sean países en vías de desarrollo, ya que en ellos se halla notablemente aumentado el riesgo a contraer enfermedades por condiciones higiénicas deficientes. Entre las medidas a destacar cabe citar: lavarse las manos con agua y jabón de forma frecuente y siempre antes de comer o preparar comida, evitar la ingesta de alimentos crudos, comidas procedentes de la venta ambulante, bebidas no embotelladas, agua que no ofrezca las garantías sanitarias suficientes...

• Disponer de medios adecuados (prendas de protección, calzado, mosquiteras) para minimizar los efectos de factores ambientales desfavorables o de la presencia de insectos.

• Evitar el contacto con animales ya que pueden ser fuente de transmisión de numerosas enfermedades.

• Una vez finalizado el viaje, prestar atención a la presencia de síntomas no habituales que pudieran relacionarse con alguna enfermedad que se manifieste tardíamente. Deberán indicarse al médico los países visitados durante los últimos 12 meses.

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