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Vol. 27. Núm. 6.
Páginas 90-93 (Junio 2008)
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Alimentación y fenómeno inmigratorio. Nuevos hábitos nutricionales y de consumo
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MONTSE VILAPLANA I BATALLAa
a FARMAC??UTICA COMUNITARIA. MASTER EN NUTRICION Y CIENCIAS DE LOS ALIMENTOS.
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Tabla 1. Algunos alimentos provenientes de otras culturas
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Los movimientos migratorios han marcado los patrones alimentarios a lo largo de la historia. En nuestro país, donde el peso de la población extranjera es cada vez mayor, se está produciendo un fenómeno de integración progresiva de culturas alimentarias diversas, así como la introducción de nuevos alimentos por parte de los recién llegados.

La globalización económica en todos los ámbitos atañe también a la alimentación. Se trata de un fenómeno que se ve favorecido por la presencia en los países desarrollados de un número creciente de nuevos alimentos y por campañas publicitarias y de marketing muy agresivas para alimentos industriales.

En la globalización de la alimentación han jugado un papel muy importante los flujos migratorios de la población que, en etapas históricas concretas, han sido responsables de la llegada de nuevos alimentos a los países receptores de inmigrantes. Un claro ejemplo de ello son las cocinas china o italiana. Aunque estas gastronomías empezaron a abrirse camino con la población inmigrante, posteriormente se extendieron al conjunto de la sociedad. Algo similar sucede con algunas materias primas, como el aceite de oliva, cuyo uso se ha extendido junto a la gastronomía que le acompaña.

Sin embargo, la globalización de la alimentación, en general, se opone a la fuerza de las culturas gastronómicas locales que van ligadas a la identidad de los pueblos y que, a menudo, van perdiendo fuerza. Pero los efectos de este fenómeno varían mucho y suelen afectar menos a la base de la dieta (el tipo de grasa que se utiliza para cocinar y condiciona los sabores) o a los hidratos de carbono básicos (trigo, arroz, yuca). Los aspectos de la dieta tradicional que se ven más influidos suelen ser los acompañantes (bebidas, aperitivos, ensaladas, desayunos). Por otro lado, la sociedad está muy dividida ante la perspectiva de mantener la cultura gastronómica propia frente a la apuesta por los nuevos alimentos. El punto de vista de jóvenes, adolescentes o familias con mujeres que trabajan fuera del hogar suele ser completamente distinto al de los segmentos de más edad o el de mujeres que no trabajan.

También se debe considerar la «localización» de la alimentación (entendida como oposición a la globalización), ya que muchos productores europeos han decidido poner el énfasis en la explotación de alimentos que aportan una calidad diferencial. Este desarrollo es posible porque existen segmentos de la población capaces de apreciar y pagar por esta calidad diferencial. Su desarrollo suele asociarse al auge del turismo rural o interior (hay, por ejemplo, un turismo gastronómico y enológico), que ha generado canales específicos de comercialización.

Hábitos alimentarios y salud

Si nos centramos exclusivamente en el equilibrio dietético, podemos constatar que los alimentos que consumen los inmigrantes en sus países de origen les proporcionan una dieta que se acerca bastante al patrón recomendado. Estas dietas se suelen basar en un aporte elevado de alimentos ricos en hidratos de carbono complejos, que varían en función del país de origen (arroz, tubérculos como la patata o la yuca y tortas de maíz en Centro y Sudamérica; cuscús, arroz y mijo en África; arroz y soja en países del sudeste asiático). El menú tipo consiste en una ración pequeña de alimentos proteicos de origen animal y una mucho más abundante de verduras y frutas de variedad estacional. Las salsas se elaboran con verduras y los vegetales ricos en proteína vegetal se combinan entre sí (arroz y frijoles en América, arroz y cacahuetes en África, arroz y soja en Asia). De la mezcla de cereales y legumbres se obtiene un plato con una composición proteica comparable a la de los alimentos de origen animal (carnes, pescados o huevos), dada la combinación de aminoácidos esenciales.

Estos nuevos ciudadanos, sin embargo, también se ven influidos por el comportamiento y los hábitos alimentarios del país de acogida. Su desconocimiento sobre cómo preparar los platos típicos de su nuevo lugar de residencia, la falta de práctica para combinar los distintos ingredientes y su precio reducen, no obstante, esta influencia. Por otra parte, tienen la posibilidad de acceder a dulces, refrescos y otros productos azucarados, algo que les resulta más difícil en sus países de origen. Esto puede provocar un desajuste en su dieta, al aumentar la ingestión de azúcares de absorción rápida y de grasas saturadas.

Todos estos aspectos podrían incidir, a medio y largo plazo, en el estatus nutricional del colectivo de inmigrantes, del mismo modo que ocurre ya con la población española, que está experimentando una variación en la curva de crecimiento y una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes o estreñimiento.

Introducción de alimentos de otras culturas

De forma paulatina se están introduciendo en el mercado nacional alimentos de otras culturas y, dentro de unos años, dada la abundancia de recetas y la experiencia en su elaboración, pasaran de ser simplemente ingredientes exóticos a alimentos cotidianos en la dieta española (tabla 1), como ha sucedido con muchos otros productos, como la patata o el tomate, que se cultivan desde hace cientos de años, o la piña y el kiwi, cuyo cultivo y consumo es más reciente.

Tabla 1. Algunos alimentos provenientes de otras culturas

Hábitos alimentarios de los inmigrantes

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha elaborado el estudio Hábitos alimentarios de los inmi-grantes en España 2007, en el que se analizan los hábitos alimentarios y de compra de la población inmigrante. Los datos se comparan con la encuesta que se realizó al mismo colectivo en 2004. Las conclusiones principales demuestran la integración progresiva de la población inmigrante y su adaptación a las costumbres españolas a través de la alimentación, a la vez que aportan su riqueza y variedad culinarias.

Población estudiada

La población analizada procede principalmente de América Central y del Sur, África, Europa del Este y Asia. El colectivo centro y sudamericano es el más numeroso y creciente, con más de un millón y medio de personas. Destaca también el incremento de inmigrantes procedentes de Europa del Este, que ya supera al colectivo magrebí y al africano, así como el de los asiáticos, sobre todo los que llegan de China. Los países que aportan mayor número de inmigrantes son Marruecos, Rumania, Ecuador y Colombia.

Adaptación dietética

Respecto a las comidas, la población inmigrante considera que el 55% de las que hacen son «españolas», frente a un 45%, que las califica como de su país de origen, lo que refleja un importante nivel de integración. El porcentaje de comidas españolas ha ascendido 4 puntos respecto al estudio de 2004. Destaca la evolución positiva de las personas procedentes de centro y sur de América, que ha pasado de un 46% en 2004 al 59% actual, situándose ahora por encima de la media. Los asiáticos son hoy los que muestran un porcentaje menor de consumo de cocina española, con un 32,8%.

Un aspecto que hay que tener en cuenta son las comidas en el lugar de trabajo, que suponen una aceptación obligada de nuestros hábitos. Son los propios inmigrantes quienes reconocen las ventajas y mayor variedad en nuestra alimentación, basada en la dieta mediterránea.

Otro dato destacable es que el 42% de los encuesta-dos declara haber dejado de consumir algún producto o plato de la cocina de su país de origen, ya sea por la dificultad de encontrarlo en España o por los distintos sabores que tienen cuando lo compran en nuestros mercados. Sin embargo, el porcentaje de abandono de sus consumos tradicionales es inferior al que se registró en 2004, en que alcanzaba un 50%.

En relación con el anterior período analizado, en 2007 los mercados españoles estaban más surtidos de alimentos procedentes de sus países de origen, lo que pone de manifiesto el esfuerzo de fabricantes y distribuidores por satisfacer las necesidades alimentarias de toda la población.

Entre los productos que han dejado de consumir, destaca el cuscús entre la población magrebí, los pescados y mariscos entre los europeos del este y los asiáticos, y algunas frutas tropicales entre los inmigrantes latinoamericanos.

En cualquier caso, la buena aceptación de la comida española se debe fundamentalmente a que les gusta: al 71% le gusta mucho o bastante, frente al 64% que declaraba lo mismo en 2004. A quienes más les gusta es a los latinoamericanos (72%) y a los europeos del este (74%); por encima del 68% de los magrebíes y el 62% de los asiáticos, que prefieren mantener pautas alimentarias más próximas a sus países de origen.

Los inmigrantes como consumidores

El estudio Inmigrantes, consumidores que suman, que ha llevado a cabo, entre julio de 2006 y junio de 2007, una empresa especializada en estudios de mercado, describe cuáles son los rasgos de la población inmigrante como consumidora de productos alimentarios.

El trabajo describe a 4,5 millones de personas, de las que 3 millones son consumidores potenciales. De ellos, el 64% tiene entre 16 y 45 años y una elevada tasa de ocupación (67%), lo que influye en gran manera a la hora de efectuar sus compras. El informe refleja que sus hábitos de compra son distintos a los de los españoles. Los inmigrantes declaran que disfrutan más que los españoles haciendo la compra (66%) y no se preocupan en exceso por dedicar mucho tiempo a esta tarea. Al 46% le gusta probar nuevos productos (frente al 33% de los españoles) e innovar en sus compras, ya que no suelen ceñirse mucho a la lista de la compra. A menudo, el motivo de compra es que han visto el anuncio del producto, o simplemente que estaba en la estantería del supermercado. De ello se deduce que la población inmigrante es muy susceptible a la publicidad.

De media, la cesta de la compra de los inmigrantes está compuesta por más productos (32) que la de los españoles (30), porque prefieren adquirir más cosas y visitar menos establecimientos. Sin embargo, los extranjeros gastan una media de 3.680 al año en la compra, frente a los 4.010 de los españoles. Esta diferencia se debe principalmente a que los inmigrantes gastan casi 400 menos en productos frescos y perecederos (especialmente pescado y marisco) que los españoles. Por el contrario, la cesta de la compra del grupo sujeto del estudio contiene más alimentos envasados y bebidas, entre otros motivos por su menor preocupación por buscar alimentos saludables (el 68% de los extranjeros busca alimentos sanos, frente al 73% de los españoles). Además, los hogares formados por familias inmigrantes consumen menos ingredientes propios de la dieta mediterránea, por lo que la carne, la cuajada, el aceite de oliva o las legumbres tienen una presencia mucho menor en su dieta que productos como la margarina, la nata líquida y el aceite de girasol.

En el aspecto económico los extranjeros son más ahorradores, aunque paradójicamente se permiten más caprichos. Tienen una acusada tendencia a comprar alimentos y bebidas dulces, de modo que su consumo de bizcochos, nata montada, frutos secos, galletas rellenas, arroz con leche, chocolates y productos de repostería es muy superior al de los españoles.

El precio es un factor más importante en las decisiones de compra de la población inmigrante que en la media de los españoles, lo que convierte a este sector de la población en grandes consumidores de marcas blancas, a las que otorgan toda su confianza, ya que el 54% de los encuestados opina que tienen la misma calidad que los productos con marca.

Criterios de compra: precio y calidad

Según Hábitos alimentarios de los inmigrantes en España 2007, el criterio de compra de productos alimentarios es fundamentalmente: calidad a buen precio.

El precio es un factor muy importante a causa de la necesidad de optimizar los recursos económicos, pero-los consumidores exigen calidad, un concepto que concretan en conceptos como «saludable y natural», «con buen sabor», «sabroso», «con una fecha de caducidad amplia» y «de marca conocida».

La fecha de caducidad, un elemento fundamental en sus preferencias en 2004, ha dejado de ser un criterio de compra tan decisivo como entonces al estar asumido como algo habitual. Ahora destaca más la preocupación por el sabor, la salud y la naturalidad de los alimentos.

Las marcas blancas tienen muy buena aceptación entre los inmigrantes, que han aumentado su consumo en 12 puntos porcentuales desde 2004. Hoy, el 92% de los encuestados declara comprarlas.Tres de cada 4 inmigrantes (76%) asegura comprar en mayor medida marcas blancas que convencionales, mientras que en 2004 sólo lo hacía el 53%. Los principales compradores de marcar blancas son los inmigrantes magrebíes, que se sitúan por encima de los latinos y de los europeos del este.

Bibliografía general

Contreras J. Antropología de la alimentación. Madrid: Eudema. 1993; p. 37-71.

Langreo A. Inmigración y globalización de la alimentación. Distribución y Consumo. 2005;42-45

worldwide.tnsglobal.com/groupmarketing/enewsletter/spain/ dossier_grafico_inmigrantes.pdf

www.consumer.es

www.mapa.es

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