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Vol. 27. Núm. 8.
Páginas 76-80 (Septiembre 2008)
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Acné. Etiología y tratamiento
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ALEJANDRA BERNABÉUa
a FARMAC??UTICA.
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El acné es una de las disfunciones dermatológicas más frecuentes de la piel. Afecta a un 80% de la población en alguna de sus formas. Puede presentarse en cualquier etapa de la vida, aunque suele aparecer en la pubertad. Por ello, son las mujeres las que antes lo experimentan, pero la incidencia es más elevada entre los varones y, aunque suele responder bien a los tratamientos, en algunos casos vuelve a presentarse súbitamente tras unas semanas.

El acné es una condición inflamatoria crónica de las unidades pilosebáceas de la piel, caracterizada por la formación de pápulas, quistes, come-dones, pústulas y, en algunas ocasiones, nódulos o cicatrices. Estas lesiones se suelen localizar en el rostro y en los hombros, aunque se pueden extender a tronco, brazos y piernas.

Etiología del acné

Los factores causantes de las lesiones acnéicas son fundamentalmente tres:

  • Hiperseborrea. Es un aumento de la producción de sebo por parte de la glándula sebácea como consecuencia de una acción hormonal. En la adolescencia, los niveles de testosterona se ven aumentados. Mediante la acción de la enzima 5-alfa-reductasa, la testosterona se transforma en dihidrotestosterona (DHT). Este metabolito tiene un receptor específico en los sebocitos de la glándula sebácea y, como consecuencia de esta unión, se produce la estimulación de la mayor producción de sebo.
  • Hiperqueratinización. Es la formación de lesiones retencionales o microcomedones causadas por la proliferación acelerada y anormal de los queratinocitos de las glándulas sebáceas.
  • Hay dos tipos de microcomedones, según el grado de bloqueo del conducto. Los comedones abiertos o puntos negros, y los comedones cerrados o puntos blancos. La diferencia más significativa entre un comedón abierto y uno cerrado es que el comedón abierto no suele dar lugar a lesiones inflamatorias si no se manipula, mientras que el comedón cerrado sí que puede causarlas. Además, este último suele dar lugar a pápulas, pústulas y/o nódulos al producirse la inflamación.
  • Proliferación bacteriana. A causa del exceso de sebo y de la hiperqueratinización se crea un ambiente anaerobio que favorece la proliferación bacteriana de algunas bacterias integrantes de la flora cutánea normal, como son Corinebacterium acnes y Propionibacterium acnes. Estos microorganismos liberan lipasas y proteasas que hidrolizan los triglicéridos de sebo causando ácidos grasos libres, que son irritantes y comedogénicos. Por otra parte, los propios ácidos grasos tienen capacidad quimiotáctica y atraen neutrófilos y macrófagos que intervienen en la aparición de la lesión inflamatoria.

Cuando las áreas infectadas son profundas se suelen formar quistes. Se trata de bultos duros localizados debajo de la piel, ya que la pared del folículo va agrandándose con la continua producción de grasa por parte de la glándula sebácea.

En la aparición del acné también están involucrados los factores genéticos y hereditarios, estados psicológicos y emocionales, importantes cambios hormonales (embarazo y menstruación), algunos medicamentos y algunos cosméticos.

Tipos de acné

Aunque hay numerosos criterios para clasificar los tipos de acné, uno de los más habituales es según la causa que lo origine:

  • Acné no inflamatorio. Este tipo de acné es una consecuencia de la hiperseborrea y la hiperqueratinización. Las lesiones que produce se denominan comedones.
  • Acné inflamatorio. Aparece por las mismas causas que el acné no inflamatorio, pero que en este caso viene acompañado por una proliferación bacteriana. Las lesiones que produce son pápulas, pústulas y nódulos.

Otro tipo de clasificación se hace en función de la gravedad de las lesiones. En este caso se distinguen tres tipos:

  • Leve. Se observan comedones y algunas pápulas y pústulas.
  • Moderado. El número de lesiones inflamatorias (pápulas y pústulas) es mayor. En algunos casos acabarán dejando cicatrices.
  • Grave. Aparecen todo tipo de lesiones. Entre ellas nódulos, quistes y gran cantidad de abscesos nodulares. Las secuelas que deja el acné son más acentuadas que en el acné moderado y las cicatrices son permanentes.
Tratamiento farmacológico

La finalidad del tratamiento farmacológico es curar las lesiones anteriores y prevenir la formación de otras nuevas, lo que se consigue regulando la secreción sebácea, evitando que los folículos pilosos se obstruyan, disminuyendo la inflamación y evitando la proliferación bacteriana.

La mayoría de acnés requieren tratamiento tópico, ya sea de forma individual o asociado a tratamientos sistémicos. La combinación de varios tratamientos consigue reducir en gran medida la cantidad, e incluso la gravedad, del acné en un número elevado de casos.

Es muy importante que haya un seguimiento médico para que el tratamiento sea más efectivo y para controlar los efectos adversos que puedan surgir con su utilización. La concienciación del paciente por parte de su médico es fundamental, ya que en muchos casos la mejora no es inmediata e incluso puede haber un empeoramiento al inicio del tratamiento. Es habitual que el dermatólogo combine diversos principios activos, e incluso que durante un mismo tratamiento los vaya variando según su evolución. Es muy importante que el paciente esté informado de todo ello en todo momento.

Hay varios tipos de tratamiento farmacológico: tópico, sistémico, hormonal y quirúrgico.

El tratamiento tópico es el más frecuente y al que se recurre en primera instancia. Cuando éste no da resultado, o cuando se trata de un caso de acné inflamatorio grave, se recurre al tratamiento sistémico. El tratamiento hormonal se utiliza en mujeres que no han experimentado mejoría tras varios meses de tratamiento antibiótico. Finalmente, el tratamiento quirúrgico se emplea únicamente en los casos más graves, para mejorar las cicatrices y las hiper e hipopigmentaciones asociadas a esta enfermedad.

Tratamiento tópico

En el tratamiento tópico se utilizan fármacos queratolíticos y antibióticos. Los más habituales son:

  • Queratolíticos suaves. Ácido salicílico (1-5%), azufre (210%) y resorcinol (1-5%). Favorecen la descamación superficial. Se utilizan principalmente en acnés leves, ya que su acción es muy suave. Es frecuente encontrar asociaciones de este tipo de fármacos.
  • Queratolíticos fuertes con acción antimicrobiana. Como el ácido azelaico y el peróxido de benzoilo. El ácido azelaico es un ácido dicarboxílico saturado de cadena recta derivado de Pityrosporum ovale, que en concentraciones del 20% es efectivo en el tratamiento del acné. Tiene efecto bacterioestático y comedolítico. El peróxido de benzoilo se obtiene a partir del ácido benzóico. Está disponible en forma de pomada, gel, crema y solución jabonosa, a distintas concentraciones (2, 5 y 10%). Su acción predominante es antimicrobiana frente a P. acnes. Su acción queratolítica es escasa. Debido a que puede provocar irritación, el tratamiento se inicia con bajas concentraciones.
  • Otros queratolíticos. Los alfahidroxiácidos disminuyen la cohesión entre corneocitos. El ácido glicólico es el más utilizado en concentraciones del 5-15%. Se puede formular en solución, gel hidroalcohólico o cremas hidromiscibles. Se usa sobre todo para combatir acnés leves, asociado a otros productos más potentes, y en tratamientos de mantenimiento
  • Antibióticos tópicos. El mecanismo de acción de la eritromicina y de la clindamicina es antimicrobiano, aplicable sobre todo a la clindamicina, que reduce el número de P. acnes en la superficie y a nivel del conducto pilosebáceo.
Tratamiento sistémico

Se utilizan antibióticos orales, isotretinoína y corticoides. Los más frecuentes son:

  • Antibióticos orales. Tetraciclinas y eritromicina. La tetraciclina más utilizada es la minociclina. Ejerce una acción bacteriostática, bactericida y antiinflamatoria. La eritromicina es una alternativa para los pacientes que no pueden recurrir a las tetraciclinas, aunque es menos efectiva y tiene mayor intolerancia gastrointestinal.
  • Isotretinoína. Es el fármaco indicado para casos de acné grave con predisposición a formar nódulos. Tiene una acción antiseborreica, anticomedogénica, antiinflamatoria y antibacteriana. Este fármaco suprime de forma rápida y eficaz la producción de sebo y la comedogénesis. El problema que supone este tratamiento son los múltiples efectos adversos que produce. Los más frecuentes son sequedad de la piel y de las mucosas. Además, es un fármaco altamente teratogénico, por lo que está absolutamente contraindicado en mujeres embarazadas.
Tratamiento hormonal

Es frecuente utilizar hormonas para tratar el acné en mujeres que después de unos meses de seguir un tratamiento antibiótico no han experimentado mejoría. El acetato de ciproterona es el más utilizado y se puede emplear sólo o combinado con etinilestradiol. El acetato de ciproterona inhibe la unión de los andrógenos a los receptores de la glándula sebácea, anulando el paso de testosterona a dihidrotestosterona y disminuyendo así la producción de sebo. Además de reducir la producción de sebo, el acetato de ciproterona reduce la formación de comedones.

La espironolactona está indicada para mujeres a las que no es recomendable suministrar anticonceptivos orales. La espironolactona tiene efectos antiandrogénicos, es decir, es capaz de inhibir los receptores de la 5-alfa-reductasa, evitando así que se aumente la formación de testosterona.

Tratamiento quirúrgico

Es el tratamiento más agresivo. Se recurre a él fundamentalmente para reducir las secuelas que se pueden haber generado como consecuencia de un acné agresivo, como las cicatrices hiper o hipopigmentaciones.

 

CONSEJOS DESDE LA FARMACIA
  • Limpieza cutánea diaria. Los especialistas recomiendan limpiar la zona a tratar, con agua templada y un jabón adecuado, dos veces al día para eliminar el exceso de sebo. Nunca se deben utilizar jabones agresivos ni alcalinos, ya que podrían empeorar el estado del acné.
  • Evitar el contacto del cabello con las zonas afectadas.
  • No manipular las lesiones, ya que esto puede provocar sobreinfecciones y, en algunos casos, causar cicatrices.
  • Seguir una dieta equilibrada. Ninguna dieta mejorará los síntomas del acné, pero es recomendable seguir una dieta equilibrada durante el tratamiento.
  • Las personas con acné deben evitar los cosméticos y las sustancias grasas (manteca de cacao, derivados de lanolina), incluidas las cremas hidratantes, maquillajes y fotoprotectores. Estos pueden actuar como comedogénicos y causar un empeoramiento del cuadro acneico. Hay lociones especiales para ocultar las imperfecciones del acné que están formuladas con peróxido de benzoilo o con ácido salicílico, que colorean estas lesiones con el mismo tono que la piel.
  • Desmaquillarse por completo al final del día con agua y jabón.
  • El afeitado, en los hombres, debe ser preferentemente con cuchilla, se debe realizar con suavidad y únicamente cuando sea necesario.
  • Evitar el exceso de sudoración y de hidratación.
  • Los efectos de las radiaciones solares también se deben tener en cuenta. La radiación solar suele mejorar las lesiones producidas por el acné, ya que tienen un efecto bactericida y, a su vez, antiinflamatorio. Es importante tener en cuenta que aunque las exposiciones solares moderadas suelen mejorar las lesiones del acné, una exposición prolongada puede producir el efecto contrario. Es decir, las radiaciones solares prolongadas engrosan la capa córnea y ocluyen los folículos; la consecuencia directa es un agravamiento del cuadro acneico.

 

Tratamiento fitoterapéutico

Es una alternativa al tratamiento farmacológico. La ventaja que tiene respecto al tratamiento farmacológico es que se garantiza, en la mayoría de los casos, que no se producirán efectos adversos. El objetivo de este tipo de tratamiento es la eliminación de las bacterias, la depuración y la reducción de la producción de grasa. Las plantas medicinales que se suelen utilizar en el tratamiento del acné son la bardana, el fenogreco, el pensamiento y el áloe.

Bardana

La bardana o Arctium lappa, de la familia de las asteráceas, es una planta herbácea y robusta de más de un metro de altura, de grandes hojas y flores tubulosas de color púrpura, cuyas cabezuelas florales están recubiertas de púas. Se utilizan las hojas, las semillas y la raíz fresca. Se puede consumir por vía oral (pulverizada, infusiones, etc.) o tópica (geles, cremas, etc.) Esta planta tiene propiedades depurativas, antimicrobianas y bacteriostáticas, entre otras. La acción antimicrobiana y bacteriostática se debe a la arctiopicrina, un antibiótico natural especialmente activo frente a los estafilococos. Es útil en el tratamiento del acné, seborrea, forúnculos y erupciones de ciertas enfermedades, como la varicela o el sarampión, e incluso en eccemas y en dermatitis. Su actividad antimicrobiana se extiende a infecciones del tracto urinario, ya que la orina es su vía de eliminación.

Pensamiento

El pensamiento o Viola tricolor es una especie salvaje, común en Europa. Es una pequeña planta de hábito trepador. Pertenece a la familia de las violáceas. Se puede emplear por vía oral o tópica. Por vía tópica se utiliza esencialmente para tratar el acné y la dermatitis seborreica. Tiene propiedades emolientes y protectoras de la piel. En combinación con la bardana, tiene un efecto diurético, antiinflamatorio y depurativo. La combinación de ambas plantas favorece asimismo las afecciones cutáneas asociadas a una eliminación insuficiente de líquidos.

Fenogreco

El fenogreco o Trigonella foenum-graecum es una herbácea de la familia de las fabáceas, de origen asiático occidental. De ella se utilizan las semillas, que contienen múltiples principios activos, entre los que cabe destacar los mucílagos, proteínas, saponósidos esteroídicos, aceites esenciales, trazas de alcaloides, flavonoides, vitaminas, etc. Se trata de una planta medicinal con numerosos efectos relacionados, de los cuales cabe acentuar su efecto estimulante del tracto digestivo, emoliente e hipoglucemiante. Se utiliza por vía oral en infusiones y/o decocciones y por vía tópica. Por vía tópica se emplea básicamente para el tratamiento de lesiones cutáneas, ya sean quemaduras o forúnculos, úlceras, eccemas, etc.

Áloe

El áloe o Aloe vera es una planta suculenta de la familia de las asfodeláceas. Es originaria del norte y del sur de África. De ella se obtiene el acíbar o áloe y el gel de áloe vera. El acíbar no tiene interés para el tratamiento del acné, ya que se emplea principalmente como laxante. En cambio, el gel de áloe vera sí que es eficaz en el tratamiento de afecciones cutáneas como el acné. El gel de áloe ejerce una acción cicatrizante, antiinflamatoria, antitumoral, antiviral, antiulcerosa, etc. Se extrae de la pulpa de las hojas. Las indicaciones del gel de áloe son: tratamiento de pequeñas heridas, quemaduras, irritación de la piel, eccemas, acné y psoriasis, principalmente. Su vía de administración es la tópica (geles, lociones y cremas).

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