El síndrome de piernas inquietas (SPI) es una enfermedad neurológica con criterios clínicos definidos. La prevalencia del SPI en niños es de alrededor del 2-4%; a medida que el paciente se acerca a la edad adulta, la prevalencia aumenta. Se desconoce la prevalencia del SPI en pacientes pediátricos con epilepsia.
Material y métodosEstudio observacional prospectivo de una cohorte de pacientes con epilepsia en seguimiento en consultas de Neurología Pediátrica. Participaron cuatro hospitales madrileños (Fundación Jiménez Díaz, Hospital Universitario Niño Jesús, Hospital Universitario Villalba y Hospital Universitario Infanta Sofía). Los datos fueron recogidos en los Servicios de Neurología Pediátrica. El calendario de recogida de datos se ha establecido entre diciembre de 2020 y marzo de 2023.
ResultadosSe obtuvieron datos de 117 pacientes (56% varones). El rango de edad fue de 4 a 17 años (edad media 10,3 años). Veinte pacientes (17,1%) cumplieron los criterios del SPI y cinco pacientes (4,3%) cumplieron los criterios clínicos para posible SPI. El insomnio se reportó en 39 pacientes (33,9%). El insomnio de conciliación estuvo presente en 21 pacientes (18,1%), el insomnio de mantenimiento estuvo presente en ocho pacientes (6,9%) y seis pacientes (5,2%) reportaron ambos componentes. La presencia de insomnio se relacionó con SPI de manera significativa (p=0,041).
ConclusionesEn nuestra muestra hemos obtenido un mayor porcentaje de SPI que en la población pediátrica epiléptica en comparación con la población pediátrica general. Son necesarios más estudios para confirmar este resultado.
Restless leg syndrome (RLS) is a neurological condition with defined clinical criteria. The prevalence of RLS in children is around 2-4% of pediatric patients; as the patient approaches adulthood, the prevalence increases. The prevalence of RLS in pediatric patients with epilepsy is unknown.
Material and methodsFour Madrid hospitals participated in the study (Jiménez Díaz Foundation, Niño Jesús University Hospital, Villalba University Hospital and Infanta Sofía University Hospital). The researchers developed a prospective observational study of a cohort of patients with epilepsy under follow-up in Pediatric Neurology medical offices. The data were collected in the Department of Pediatric Neurology. The data collection schedule was established between December 2020 and March 2023.
ResultsData were obtained from 117 patients (56% male). The age range was from 4 to 17 years (mean age 10.3 years). 20 patients (17.1%) met RLS criteria. 5 patients (4.3%) met clinical criteria for possible RLS. 39 patients (33.9%) reported insomnia. Onset insomnia was present in 21 patients (18.1%), maintenance insomnia was present in 8 patients (6.9%), and 6 patients (5.2%) reported both components. Insomnia was associated to RLS (p=0.041)
ConclusionsIn our sample we have obtained a higher percentage of RLS in the pediatric epileptic population compared to general pediatric population. More studies are needed to confirm this result.Palabras clave: Síndrome de piernas inquietas; Niños; Sueño; EpilepsiaKeywords: Restless leg syndrome; Children; Sleep; Epilepsy
El síndrome de piernas inquietas (también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom) es una enfermedad neurológica con criterios clínicos definidos. En su patogenia se han descrito factores genéticos, alteraciones en el metabolismo de la dopamina, así como una interrelación con el metabolismo del hierro. Algunos medicamentos, como los antihistamínicos sedantes, los antidepresivos serotoninérgicos y los bloqueadores de la dopamina, pueden empeorar el cuadro. Estos efectos no se han descrito con los fármacos anticonvulsivos (FAC). De hecho, la gabapentina es un FAC utilizado en el tratamiento del síndrome de piernas inquietas1–6.
Aunque inicialmente esta enfermedad fue descrita en adultos, en la actualidad se sabe que también afecta a niños. Los síntomas pueden aparecer incluso en la etapa preescolar. El síndrome de piernas inquietas (SPI) es más común en ciertas condiciones como enfermedad renal crónica, anemia falciforme, obesidad, deficiencia de hierro y/o trastorno por déficit de atención con hiperactividad. El SPI se presenta en un 5% a 10% de los adultos en Estados Unidos y Europa Occidental. La prevalencia del SPI es de alrededor del 2-4% en pacientes pediátricos; conforme el paciente se acerca a la edad adulta, la prevalencia aumenta. La importancia de identificar y tratar el SPI radica en su relación con la calidad del sueño, así como con trastornos sociales, laborales, conductuales y del estado de ánimo, entre otros. En ocasiones, el SPI puede acompañarse de movimientos periódicos de las piernas (MPP), aunque no en todos los casos7–10.
La epilepsia es una enfermedad que produce una predisposición a sufrir crisis epilépticas recurrentes. Es una enfermedad relativamente frecuente que afecta a un 3-4% de la población general a lo largo de su vida. Se estima que la prevalencia de la epilepsia en niños en países desarrollados es de alrededor del 0,6%, y en países en vías de desarrollo puede alcanzar el 4,4%. Se estima que entre el 24% y el 66% de los niños con epilepsia padecen trastornos del sueño. Las causas de dicho aumento de la frecuencia de trastornos del sueño en pacientes con epilepsia son múltiples. Entre ellas se encuentran las manifestaciones de la actividad cerebral debidas a anomalías epileptiformes, las propias crisis epilépticas o incluso el uso de fármacos antiepilépticos. Los problemas de sueño pueden empeorar la somnolencia, el comportamiento y el control de las crisis en estos pacientes11–16.
En adultos se ha estudiado la prevalencia de SPI en pacientes con epilepsia, con resultados variables. Se revisaron las bases de datos (PubMed, Medline, Fisterra). La búsqueda se limitó a publicaciones pediátricas relacionadas con los términos «epilepsia», «SPI», «trastornos del sueño» y «enfermedad de Willis-Ekbom». No se encontraron estudios sobre niños con epilepsia y SPI. Se decidió diseñar un estudio observacional para establecer el porcentaje de niños diagnosticados de epilepsia que cumplían criterios de SPI en pacientes en seguimiento en las consultas de Neuropediatría. Como objetivo secundario se recogieron otras variables como tipo de crisis, tipo de epilepsia y/o uso de medicamentos antiepilépticos concomitantes17–20.
Material y métodosEstudio observacional prospectivo y multicéntrico en el que participaron cuatro hospitales: Fundación Jiménez Díaz, Hospital Universitario Niño Jesús, Hospital Universitario Villalba y Hospital Universitario Infanta Sofía. Uno de ellos, el Hospital Universitario Niño Jesús, es un hospital de referencia en epilepsia pediátrica. Los investigadores desarrollaron un estudio observacional prospectivo de una cohorte de pacientes con epilepsia en seguimiento en consultas de Neurología Pediátrica. Los datos se obtuvieron de los pacientes que cumplieron los criterios de inclusión. Los datos se recogieron en los servicios de pediatría entre diciembre de 2020 y marzo de 2023, y el análisis de datos se realizó en mayo de 2023. Se revisaron las historias clínicas de los pacientes para obtener datos clínicos y demográficos. Los datos se gestionaron a través de una base de datos de Microsoft Excel de uso exclusivo de los investigadores. El estudio fue aprobado por el comité de ética del hospital. Se solicitó el consentimiento informado firmado a todos los padres, y si los pacientes eran mayores de 12 años, también se les pidió que firmaran un consentimiento informado adaptado a su edad.
Definición del síndrome de piernas inquietasLa Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, a través de la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño 3 (ICSD3), la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, a través del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales 5 (DSM 5) y el Grupo de Estudio Internacional del Síndrome de Piernas Inquietas (IRLSSG) han desarrollado cada uno por separado criterios diagnósticos para el síndrome de piernas inquietas. Los tres conjuntos de criterios tienen pequeñas diferencias; sin embargo, todos requieren la presencia de las mismas cinco características esenciales: necesidad de mover las piernas generalmente debido a sensaciones anormales, empeoramiento o aparición de síntomas asociados con el descanso o la inactividad, alivio temporal o alivio parcial de los síntomas con el movimiento, la marcha o el estiramiento, los síntomas son más graves más tarde en el día, por la tarde o la noche y se han excluido los síntomas que imitan el síndrome de piernas inquietas. Los médicos deben utilizar un lenguaje adaptado al desarrollo del niño (Apéndice 1)2,21,23.
Criterios de inclusiónSe establecieron los siguientes criterios de inclusión: pacientes epilépticos de entre 4 y 17 años de edad. Se clasificó a los pacientes como aquellos que no cumplían los criterios de SPI, aquellos que cumplían los criterios IRLS-SG para el síndrome de piernas inquietas. Se excluyeron los pacientes menores de cuatro años o aquellos que, debido a su desarrollo verbal o cognitivo, no podían verbalizar la presencia de síntomas diagnósticos de SPI. También se recogieron datos sobre el tipo de crisis, el tratamiento farmacológico actual, el inicio de la epilepsia, la etiología de la epilepsia, los problemas del sueño y los trastornos del movimiento asociados. Todos los pacientes describieron los síntomas con sus propias palabras.
Se excluyeron los pacientes que cumplían los criterios de síntomas que imitaban el síndrome de piernas inquietas (malestar posicional, dolor muscular en las piernas, distensión de ligamentos/tendones, dermatitis, hematomas, dolor de crecimiento, calambres en las piernas, artritis, neuropatía periférica, radiculopatía, mielopatía, miopatía, fibromialgia, síndrome de dolor regional complejo, acatisia inducida por fármacos, anemia de células falciformes).
Se consideró con epilepsia resuelta a individuos que tienen síndrome de epilepsia dependiente de la edad pero que ahora han pasado la edad aplicable o aquéllos que han estado libres de convulsiones durante los últimos 10 años, sin FAC durante los últimos 5 años.
Análisis estadísticoSe utilizó el programa Jamovi 2.3.25 (Jonathon Love, Damina Dropmann, Ravi Selker, Sydney, Australia) para todos los análisis estadísticos. Las diferencias entre los grupos se probaron utilizando la estadística de Chi-cuadrado. Las diferencias se consideraron significativas cuando se alcanzó un nivel de P<0,05.
ResultadosSe obtuvieron datos de 117 pacientes (56% varones). El rango de edad fue de 4 a 17 años (edad media 10,3 años). La epilepsia comenzó en más del 70% de los pacientes antes de los cinco años. El tipo de convulsión, la etiología de la epilepsia y los FAC se especifican en la Tabla 3. Siete pacientes cumplieron los criterios de epilepsia resuelta. En nuestra muestra, encontramos que 20 pacientes (17,1%) cumplieron los criterios SPI IRLS-GS. Cinco pacientes cumplieron los criterios clínicos para posible SPI. De los cinco pacientes que cumplieron los criterios posibles de SPI, cuatro de ellos informaron que los síntomas produjeron interferencia clínica. Veintidós pacientes (19,8%) informaron síntomas clínicos de SPI en sus padres (tres familias tenían un diagnóstico confirmado por un neurólogo de adultos). La asociación entre antecedentes familiares de síntomas de SPI con el diagnóstico de SPI fue significativa (p<0,001, OR 39 IC 95 [10,9-139]). En 39 pacientes (33,9%) se informó insomnio. El insomnio de inicio estuvo presente en 21 pacientes (18,1%), el insomnio de mantenimiento estuvo presente en ocho pacientes (6,9%) y seis pacientes (5,2%) informaron ambos componentes. Los pacientes diagnosticados con SPI informaron insomnio con mayor frecuencia (p<0,041, OR 2,73, 95 IC [1,02-7,31]). El subtipo de insomnio de mantenimiento se relacionó con los criterios de SPI (p=0,013, OR 5,56, 95 IC [1,26-24,5]). Tres pacientes con SPI probable presentaban insomnio. Ocho pacientes refirieron ronquidos nocturnos, ninguno de ellos cumplía criterios clínicos de síndrome de apnea-hipoapnea del sueño. Ninguno de ellos cumplía tampoco criterios de SPI. No se encontró relación entre el insomnio y los FAC en monoterapia, politerapia, el tipo de crisis, la refractariedad de la epilepsia y/o la causa de la epilepsia (tabla 1).
Descripción de las características clínicas de la epilepsia de los pacientes de la muestra
| Características clínicas de los pacientes epilépticos de la muestra | ||
|---|---|---|
| Criterios SPI IRLS-SG | ||
| Etiología de la epilepsia | ||
| Idiopática | 71/118 (60,7%) | |
| Genética | 14/118 (12%) | P=0,77 |
| Malformativa | 32/118 (27,3%) | P=0,75 |
| Tipo de crisis | ||
| Focal | 67/118 (57,8%) | P=0,19 |
| Generalizada | 39/118 (33,6%) | P=0,68 |
| Ambas | 10/118 (8,6%) | P=0,13 |
| Epilepsia refractaria | 48/118 (41,2%) | P= 0,54 |
| Fármacos anticrisis (FAC) | ||
| Ninguno | 12/118 (10,3%) | P=0,54 |
| Monoterapia | 60/118 (51,3%) | P=0,41 |
| Levetirazetam 15/118 (13%) | P=0,63 | |
| Ácido valproico 11/118 (9,4%) | P=0,43 | |
| Bloqueantes del canal de sodio19/118 (16,2%) | P=0,88 | |
| Clobazam 2/118 (1,7%) | P = 0,51 | |
| MAC anticanal diferentes de ácido valproico 10/118 (8,5%) | P = 0,42 | |
| Politerapia | 46/118 (39,3%) | P = 0,41 |
El SPI es una enfermedad neurológica tratable. El SPI es un trastorno sensorial y motor que se caracteriza por sensaciones incontrolables en las piernas acompañadas de una necesidad irresistible de moverlas, que generalmente resulta en una resolución inmediata, aunque transitoria, parcial o completa de la sensación. Fue descrito por primera vez por T. Willis en 1672 en pacientes adultos. Los primeros casos pediátricos fueron descritos en 1960 por Brenning. El síndrome se diagnostica utilizando criterios clínicos establecidos por el DSM-V, el Grupo de Estudio Internacional de Piernas Inquietas y el ICSD-3. El SPI es causado por factores genéticos predisponentes, alteraciones en el metabolismo de la dopamina y el metabolismo del hierro21–27.
La prevalencia del SPI en niños y adolescentes es del 2 al 4% en estudios poblacionales del Reino Unido, Estados Unidos, Turquía, China y Brasil, y la prevalencia del síndrome de piernas inquietas moderado a grave es del 0,5 al 1%. Se sabe que el SPI es más común en pacientes con enfermedad celíaca, enfermedad renal o deficiencia de hierro. Algunos estudios muestran una prevalencia del síndrome de piernas inquietas de alrededor del 38% en pacientes celíacos y del 15 al 30% en pacientes con enfermedad renal. No está claro si el síndrome de piernas inquietas también aumenta en otras afecciones como la hipertensión, la enfermedad de Parkinson o la migraña28–31.
La relación entre el SPI y la epilepsia se ha estudiado en la población adulta. La prevalencia de epilepsia activa en adultos es del 1,2% y, en niños, se estima en el 0,62%. Algunos grupos han encontrado un riesgo aumentado de SPI en la población epiléptica mientras que otros no. Algunos autores han descrito que la epilepsia del lóbulo temporal se asocia con el SPI con mayor frecuencia que en la población general. Otros estudios han intentado analizar la relación entre la etiología de la epilepsia, el tipo de crisis y el SPI, pero los autores concluyen que no existe una relación clara entre ellos. En nuestro estudio hemos encontrado que el porcentaje de niños con epilepsia con síntomas compatibles con el SPI es mayor que en los porcentajes descritos en la población pediátrica general18,32–34.
La epilepsia es una enfermedad que afecta con mayor frecuencia a los hombres, pero no encontramos diferencias en nuestra muestra. En la población adulta, las mujeres tienen más probabilidades de verse afectadas que los hombres, y el aumento de la paridad aumenta el riesgo de SPI entre las mujeres. El predominio del sexo femenino también se ha observado en la población infantil y adolescente. En nuestra muestra no encontramos diferencias entre hombres y mujeres. El SPI se caracteriza por una fuerte agrupación familiar, con hasta un 63% de los pacientes que tienen al menos un familiar de primer grado con el mismo trastorno, especialmente para la forma de inicio temprano. Se han descrito loci de riesgo en cinco regiones genómicas como MEIS1, BTBD9, PTPRD, MAP2k/SKOR1 y TOX3/BC034767. Veintidós pacientes (19,8%) informaron síntomas clínicos de SPI en sus padres (tres familias tenían un diagnóstico confirmado por un neurólogo de adultos). La asociación entre antecedentes familiares (confirmados o por antecedentes) y pacientes que cumplieron los criterios IRLS-SG, también estuvo presente en nuestra muestra pediátrica (imagen 1)28,35,36.
Existen numerosos estudios en pacientes epilépticos que demuestran que estos pacientes sufren más trastornos del sueño (TS) que la población general. Algunos estudios en adultos reflejan la presencia de TS en aproximadamente el 24-55% de los pacientes epilépticos adultos y hasta el 73% en los pacientes epilépticos pediátricos. En comparación con los niños sanos, los niños con epilepsia experimentan una reducción del tiempo de sueño y tienen más dificultades para dormir, específicamente en los dominios de vigilia nocturna, parasomnias y trastornos respiratorios del sueño. Está claro que la epilepsia y el sueño tienen una relación bidireccional. El sueño en sí, pero especialmente la privación del sueño y las alteraciones del sueño, pueden empeorar la gravedad de la epilepsia. A lo largo de la noche, las anomalías epilépticas y las convulsiones pueden variar a medida que cambian las fases del sueño. Los FAC también modifican esta situación. En nuestro estudio, un tercio de los pacientes cumplieron criterios de insomnio (insomnio de inicio, de mantenimiento o ambos). Los pacientes que cumplieron los criterios IRLS-SG para SPI informaron la presencia de estos trastornos del sueño con mayor frecuencia que los pacientes que no cumplieron los criterios de SPI. En nuestra muestra, ninguno de los pacientes que reportaron ronquidos nocturnos cumplió los criterios de SPI12,15,33,35,37–40.
Algunos medicamentos se han relacionado con el desarrollo de síntomas de SPI. Este hecho es frecuente cuando se utilizan fármacos con acción antidopaminérgica (como la metoclopramida o los neurolépticos). Algunos estudios han descrito un fenómeno similar con medicamentos antidepresivos, antihistamínicos, alcohol, nicotina y cafeína, pero el diseño de estos estudios no es lo suficientemente robusto como para apoyar esta asociación causal. Se ha descrito que algunos fármacos antiepilépticos pueden producir síntomas de SPI, como la fenitoína, el topiramato o la zonisamida. Se analizó el uso de FAC en monoterapia y politerapia. No se encontró relación entre el SPI y el tratamiento farmacológico de los pacientes21,22,36,41,42.
La epilepsia se produce por múltiples causas. El tipo de crisis, su frecuencia en el tiempo y su relación con la vigilia o el sueño son muy variables de un paciente a otro. Se sabe que existe una clara relación entre la epilepsia y el sueño. Existen epilepsias cuyas crisis se producen casi exclusivamente durante el sueño, como la epilepsia frontal nocturna. También se sabe que las anomalías epileptiformes aumentan durante el sueño. Dependiendo de la fase del sueño, las descargas epileptiformes pueden activarse o inhibirse. Por lo general, es probable que las descargas epileptiformes se propaguen durante el sueño NREM junto con los períodos de transición sueño-vigilia, ya que este es un estado más sincronizado, cuando vemos una arquitectura del sueño sincronizada como los husos del sueño y las ondas delta. Por el contrario, durante el sueño REM, hay patrones de disparo celular asincrónicos que hacen que los potenciales EEG epilépticos tengan menos probabilidad de propagarse. En nuestro estudio, no hemos encontrado una relación entre el SPI, la etiología de la epilepsia o los tipos de crisis que presentan los pacientes. Nuevamente, no se encontró relación entre el insomnio y el tipo de convulsión, la refractariedad de la epilepsia y/o la causa de la epilepsia (imagen 2)12,15,43,44.
Somos conscientes de algunas limitaciones de este estudio. No incluimos un grupo control de pacientes y no obtuvimos una medida objetiva del sueño con polisomnografía. Además, el número de pacientes con epilepsia refractaria es alto porque uno de los centros es un hospital de referencia para la epilepsia pediátrica. Tampoco se recogieron datos estandarizados sobre el metabolismo del hierro.
ConclusionesCreemos que este estudio ofrece nuevos resultados sobre los problemas de sueño en niños con epilepsia. Hemos encontrado tasas más altas de SPI en la población epiléptica pediátrica que en la población pediátrica general. Se necesitan más estudios para confirmar este resultado. Debido a que la adecuada regulación del sueño es importante en los pacientes epilépticos para el control de las convulsiones, creemos que los médicos deben investigar la presencia de síntomas compatibles con el SPI en pacientes pediátricos con epilepsia y, en caso de presentarse dichos síntomas, establecer su tratamiento.
| Grupo Internacional sobre el Síndrome de Piernas Inquietas (IRLS-SG). Consenso sobre los criterios diagnósticos del síndrome de piernas inquietas.2 |
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| El síndrome de piernas inquietas (SPI) o trastorno neurológico sensoriomotor (TSM), una enfermedad neurológica que a menudo altera profundamente el sueño y la calidad de vida, tiene una expresión variable influida por factores genéticos, ambientales y médicos. Los síntomas varían considerablemente en frecuencia, desde menos de una vez al mes o al año hasta a diario, y en gravedad, desde levemente molestos hasta incapacitantes. Los síntomas también pueden remitir durante varios períodos de tiempo. El síndrome de piernas inquietas (SPI) o trastorno neurológico sensoriomotor (TSM) se diagnostica determinando patrones de síntomas que cumplan con los siguientes cinco criterios esenciales, agregando especificaciones clínicas cuando corresponda. Criterios de diagnóstico esenciales (se deben cumplir todos):1. Necesidad de mover las piernas, generalmente, pero no siempre, acompañada de sensaciones incómodas y desagradables en las piernas o que se perciba como causada por ellas.a,b2. La necesidad de mover las piernas y cualquier sensación desagradable que la acompañe comienza o empeora durante períodos de descanso o inactividad, como estar acostado o sentado.3. La necesidad de mover las piernas y cualquier sensación desagradable que la acompañe se alivian parcial o totalmente con el movimiento, como caminar o estirarse, al menos mientras continúa la actividad.c4. La necesidad de mover las piernas y cualquier sensación desagradable que la acompañe durante el descanso o la inactividad solo ocurren o son peores por la tarde o la noche que durante el día.d5. La aparición de las características anteriores no se explica únicamente como síntomas primarios de otra afección médica o conductual (p. ej., mialgia, estasis venosa, edema de piernas, artritis, calambres en las piernas, malestar posicional, golpeteo habitual del pie).eEspecificaciones para el curso clínico de SPI/TSM:fA. SPI/TSM crónico-persistente: los síntomas, cuando no se tratan, ocurrirían en promedio al menos dos veces por semana durante el año anterior.B. Síndrome de piernas inquietas intermitente/SPIa: los síntomas, cuando no se tratan, se presentan en promedio |
| a En ocasiones, la necesidad de mover las piernas está presente sin las sensaciones incómodas y, en ocasiones, se ven afectados los brazos u otras partes del cuerpo además de las piernas.b En el caso de los niños, la descripción de estos síntomas debe realizarse con las propias palabras del niño.c Cuando los síntomas son muy graves, es posible que no se note el alivio con la actividad, pero debe haber estado presente previamente.d Cuando los síntomas son muy graves, es posible que no se note el empeoramiento por la tarde o por la noche, pero debe haber estado presente previamente.e Estas afecciones, a las que a menudo se hace referencia como “imitadores del SPI/TSM”, se han confundido comúnmente con el SPI/TSM, en particular en las encuestas, porque producen síntomas que cumplen o al menos se acercan mucho a cumplir los criterios 1 a 4. La lista que se incluye a continuación ofrece algunos ejemplos que se han señalado como particularmente significativos en los estudios epidemiológicos y la práctica clínica. El SPI/TSM también puede presentarse con cualquiera de estas afecciones, pero los síntomas del SPI/TSM serán más graves, en cuanto a su expresión o a su carácter, que los que suelen presentarse como parte de la otra afección.f Los criterios del curso clínico no se aplican a los casos pediátricos ni a algunos casos especiales de SPI/TSM a provocada, como el embarazo o el SPI/TSM inducida por fármacos, donde la frecuencia puede ser alta pero limitada a la duración de la afección provocadora.. |
| Criterios diagnósticos de investigación para el síndrome de piernas inquietas pediátrico probable y posible. |
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| SPI probable El niño cumple con los cinco criterios esenciales para el SPI, excepto el criterio 4 (aparición o empeoramiento solo por la tarde o la noche) SPI posible Se observa que el niño tiene manifestaciones conductuales de malestar en las extremidades inferiores cuando está sentado o acostado, acompañado de movimiento motor de las extremidades afectadas. El malestar se caracteriza por los criterios SPI 2 a 5 (empeora durante el descanso y la inactividad, se alivia con el movimiento, empeora por la tarde o la noche y no se explica únicamente como primario a otra afección médica o conductual) |
| Criterios DSM V para SPI21 |
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| Criterio A:Necesidad de mover las piernas, generalmente acompañada de sensaciones incómodas o desagradables en las piernas o en respuesta a ellas, caracterizada por todo lo siguiente:1. La necesidad de mover las piernas comienza o empeora durante períodos de descanso o inactividad.2. La necesidad de mover las piernas se alivia parcial o totalmente con el movimiento.3. La necesidad de mover las piernas es peor por la tarde o por la noche que durante el día, o se presenta solo por la tarde o por la noche.Criterio BLos síntomas del Criterio A ocurren al menos 3 veces por semana y han persistido durante al menos 3 meses.Criterio CLos síntomas del Criterio A están acompañados de malestar significativo o deterioro en áreas importantes del funcionamiento social, ocupacional, educativo, académico, conductual u otras.Criterio DLos síntomas del Criterio A no son atribuibles a otro trastorno mental o condición médica (p. ej., artritis, edema de piernas, isquemia periférica, calambres en las piernas) y no se explican mejor por un problema conductual (p. ej., malestar posicional, golpeteo habitual del pie).Criterio ELos síntomas no son atribuibles a los efectos fisiológicos de una droga de abuso o medicación (p. ej., acatisia).Diagnóstico pediátricoEl diagnóstico de síndrome de piernas inquietas en niños puede ser difícil debido al componente de autoinforme. Mientras que el Criterio A para adultos supone que la descripción de la “necesidad de moverse” la realiza el paciente, un diagnóstico pediátrico requiere una descripción con las propias palabras del niño en lugar de la de un padre o cuidador. Por lo general, los niños de 6 años o más pueden proporcionar descripciones detalladas y adecuadas del síndrome de piernas inquietas. Sin embargo, los niños rara vez usan o entienden la palabra “impulso”, y en cambio informan que sus piernas “tienen que” o “tienen que” moverse. Además, posiblemente relacionado con períodos prolongados de estar sentado durante la clase, dos tercios de los niños y adolescentes informan sensaciones en las piernas durante el día. Por lo tanto, para el Criterio de diagnóstico A3, es importante comparar la misma duración de estar sentado o acostado durante el día con estar sentado o acostado por la tarde o la noche. El empeoramiento nocturno tiende a persistir incluso en el contexto del síndrome de piernas inquietas pediátrico. Al igual que con el síndrome de piernas inquietas en adultos, existe un impacto negativo significativo en el sueño, el estado de ánimo, la cognición y la función. El deterioro en niños y adolescentes se manifiesta con mayor frecuencia en los dominios conductual y educativo. |
| Criterios ICSD3 para síndrome de piernas inquietas22 |
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| Se deben cumplir los criterios A a CA. Una queja de urgencia de mover las piernas, generalmente acompañada oque se cree que es causada por sensaciones incómodas y desagradables en laspiernas.Estos síntomas deben:1. Comenzar o empeorar durante períodos de descanso o inactividad, como estar acostado o sentado;2. Alivio parcial o total con el movimiento, como caminar o estirarse, al menos mientras continúe la actividad;3. Ocurren exclusivamente o predominantemente por la tarde o la noche en lugar de durante el día.B. Las características anteriores no se explican únicamente por una afección que imita el síndrome de piernas inquietas (SPI) (p. ej., calambres en las piernas, malestar posicional, mialgia, estasis venosa, edema en las piernas, artritis, golpeteo habitual con el pie).C. Los síntomas del RLS causan preocupación, angustia, alteración del sueño odeterioro en áreas importantes del funcionamiento mental, físico, social, ocupacional, educativo, conductual u otras.Notas1. La urgencia de mover las piernas puede estar presente sin ninguna otra sensación incómodadistintiva. También pueden verse afectados los brazos u otras partes del cuerpo.2. En el caso de los niños pequeños, la descripción de estos síntomas debe estar en las propiaspalabras del niño. Dibujar los síntomas puede ser útil si no se pueden verbalizar.3. Cuando los síntomas son muy graves, el alivio con la actividad puede no ser perceptible, pero debe haber estado presente previamente.4. Como resultado de la gravedad, la intervención del tratamiento o el aumento inducido por el tratamiento, el empeoramiento por la tarde o la noche puede no serperceptible, pero debe haber estado presente previamente.5. Los criterios de SPI pueden cumplirse en el contexto de ciertas afecciones médicas (p. ej., insuficiencia renal crónica), en cuyo caso aún puede realizarse el diagnóstico por separado de SPI.6. Para ciertas aplicaciones de investigación, como estudios genéticos o epidemiológicos, puede ser apropiado omitir el criterio C. De ser así, esto debe indicarse claramente en el informe de investigación. |






