
Editado por: David Palacios-Martínez San Blas City Community Health Center, Madrid, Spain Julio Antonio Heras Hitos Villarejo de Salvanés Health Centre, Villarejo de Salvanés, Spain
Última actualización: Junio 2026
Más datosPresentamos el caso de un paciente varón de 76 años, con alergia a penicilina y derivados e intolerancia a ácido acetilsalicílico, con antecedentes de migrañas en tratamiento sintomático con combinación de ergotamina, e hipertrofia benigna de próstata en tratamiento con tamsulosina. El paciente acude a consulta de atención primaria por un cuadro respiratorio leve autolimitado. Durante la exploración clínica completa se objetivan varias lesiones eritemato-edematosas en la región dorsal (fig. 1), lo que motiva la revisión dermatológica dirigida.
El paciente refiere que estas lesiones aparecieron inicialmente alrededor de los 40 años, sin relación con exposición solar, sin prurito, sin síntomas sistémicos, y sin desencadenantes farmacológicos conocidos. Evolucionaron de forma insidiosa con brotes episódicos, especialmente en los meses de verano, y con periodos de parcial remisión espontánea, patrón descrito en la infiltración linfocitaria de Jessner-Kanof (ILJK)1–3.
En su historial dermatológico constaba un diagnóstico previo de lupus cutáneo subagudo emitido más de 3 décadas atrás tras valoración en una consulta especializada externa, por lo que inició tratamiento con corticoides tópicos con respuesta insuficiente. Posteriormente se instauró tratamiento sistémico con hidroxicloroquina que mantuvo durante aproximadamente 25 años en posología variable semanal, con control parcial del cuadro clínico y recurrencias al intentar reducir la dosis, como se ha observado en series de ILJK2,4.
El paciente no refería artralgias, alopecia, fotosensibilidad marcada, aftas orales, fiebre ni pérdida ponderal. Las lesiones se describían desde el inicio como placas eritematosas sobreelevadas, no descamativas, indoloras y no pruriginosas. No existían antecedentes personales ni familiares de enfermedades autoinmunes, hematológicas, linfoproliferativas ni dermatopatías relevantes, suceso compatible con dermatosis linfocítica benigna y no con lupus sistémico5.
Analíticamente, a lo largo de su seguimiento no se objetivaron hallazgos relevantes. Hemograma, bioquímica, complemento, velocidad de sedimentación globular y proteína C reactiva se mantuvieron dentro de los parámetros normales. El estudio inmunológico serial mostró anticuerpos antinucleares persistente y repetidamente negativos, así como negatividad para anti-Ro/SSA, anti-La/SSB, anti-DNA, anticuerpos antifosfolípidos y anti-ENA. La serología viral (VHB, VHC, VIH y EBV) resultó negativa. El sedimento urinario permaneció normal, y no existieron parámetros sugestivos de afectación sistémica. Este perfil inmunológico es característico en la ILJK y ayuda a diferenciarlo del lupus cutáneo túmido6,7.
En la exploración física actual se identificaron varias placas eritemato-edematosas bien delimitadas, de aproximadamente 1-3cm de diámetro, localizadas en región dorsal media e inferior (fig. 1), sin descamación, sin telangiectasias, sin cambios cicatriciales, sin hiperpigmentación residual significativa y sin signos de atrofia (fig. 2). Llama la atención la estabilidad del aspecto clínico en el tiempo y la ausencia de otra clínica sistémica compatible con lupus cutáneo o eritematoso6–8.
Tras revisar la historia clínica con el paciente, se había realizado recientemente una biopsia cutánea que mostraba un discreto infiltrado linfohistiocitario perianexial profundo. No se objetivaban depósitos significativos en inmunofluorescencia directa.
Ante la evolución clínica atípica para lupus cutáneo subagudo (lesiones no fotosensibles, ausencia de marcadores inmunológicos, curso extremadamente prolongado estable, sin cambios atróficos ni secuelas y excelente estado general), se reconsideró el diagnóstico, concluyendo finalmente que se trataba de una ILJK1,2,6.
Tras reevaluación, dada la estabilidad clínica, se consensuó con el paciente la suspensión paulatina de hidroxicloroquina con vigilancia clínica estrecha. Se pautó tratamiento sintomático con corticoide tópico de potencia media en fases de leve exacerbación y fotoprotección estándar, con buena evolución y sin recidivas clínicas significativas durante los 5 años posteriores de seguimiento en atención primaria, lo cual es congruente con el curso benigno descrito en esta entidad1,4.
La ILJK es una dermatosis linfoproliferativa benigna infrecuente, caracterizada clínicamente por placas eritematosas no escamosas, sin atrofia ni cicatrización, y curso crónico recidivante1–5. La histología suele mostrar un infiltrado linfocitario perivascular y perianexial en dermis media, con epidermis habitualmente respetada y sin depósitos inmunes significativos2,4–6. Su etiología permanece incierta, planteándose hipótesis autoinmunes, fotoinducidas y reacciones seudolinfomatosas1,3,8.
En cuanto a las enfermedades con las que debemos realizar el diagnóstico diferencial, debemos incluir el lupus eritematoso túmido y subagudo, por su presentación en forma de placas eritematosas no cicatriciales, también asociadas a infiltrado linfocitario, y buena respuesta a antipalúdicos6,7. Suele acompañarse de marcada fotosensibilidad, mayor tendencia a la recidiva tras exposición solar y mayor asociación con autoanticuerpos, y en algunos casos, positividad en inmunofluorescencia directa9.
Con los seudolinfomas cutáneos comparte la infiltración linfoide reactiva benigna en dermis y su aspecto tumoral o en placas. Suelen estar vinculados a desencadenantes externos identificables (picaduras, tatuajes, fármacos, traumatismos), y a menudo muestran un infiltrado más polimorfo y, ocasionalmente, con formación de folículos linfoides8,9.
Las reacciones farmacológicas con patrón seudolinfomatoso pueden simularla puesto que inducen placas inflamatorias infiltradas persistentes8,10, pero tiene relación temporal con el fármaco y se resuelve tras su retirada.
La morfea debuta con placas eritematosas infiltradas, sin induración evidente10. Su evolución hacia esclerosis y cambios pigmentarios, junto con el hallazgo histológico de fibrosis dérmica progresiva, permiten diferenciarlos.
El eritema crónico migrans, puede simular en fases iniciales una placa eritematosa infiltrada5. Su patrón característico de expansión centrífuga, la posible asociación epidemiológica con picadura de garrapata y la serología compatible orientan hacia este diagnóstico.
La ausencia de fotosensibilidad marcada, la negatividad inmunológica persistente, la inmunofluorescencia directa negativa, la ausencia de fibrosis dérmica y un curso crónico benigno sin secuelas orientan hacia la ILJK1,2,6–8.
Este caso destaca el valor de revisar diagnósticos dermatológicos prolongados cuando la evolución clínica no los confirma, así como la dificultad para diferenciar lupus de dermatosis linfocitarias benignas. Reafirma el papel de atención primaria en el seguimiento, la integración clínico-histológica y la desescalada terapéutica, priorizando un manejo seguro y centrado en el paciente ante una enfermedad benigna.
Consideraciones éticasEl paciente firmó el consentimiento informado para la publicación de este caso clínico e imágenes asociadas. Se ha preservado su anonimato siguiendo las normas éticas de la Declaración de Helsinki.
FinanciaciónLos autores declaran no haber recibido financiación externa.


