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Vol. 52. Núm. 5. (En progreso)
(Julio - Agosto 2026)
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Ejercicio físico en el síndrome de ovario poliquístico: recomendaciones desde Atención Primaria

Physical Exercise in Polycystic Ovary Syndrome: Recommendations from Primary Care
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L.M. Gallo-Galána, M.Á. Gallo-Vallejob, J.L. Gallo-Vallejoc,
Autor para correspondencia
joselgallov@ugr.es

Autor para correspondencia.
a Clínica GINEFIV, Clínica de Reproducción Asistida, Madrid, España
b Centro de Medicina Deportiva, Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Granada, Granada, España
c Departamento de Obstetricia y Ginecología, Universidad de Granada, Granada, España
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Tabla 1. Mensajes clave sobre actividad física y ejercicio en mujeres con SOP
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Tabla 2. Orientación práctica para la prescripción de ejercicio físico en mujeres con SOP en Atención Primaria
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Resumen

El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es uno de los trastornos endocrinos más prevalentes en mujeres en edad reproductiva. La evidencia científica (guías internacionales y revisiones sistemáticas), respalda el ejercicio físico como intervención de primera línea: mejora la resistencia a la insulina y la adiposidad central, favorece la ovulación y disminuye los niveles de andrógenos, además de aliviar ansiedad y depresión y mejorar la calidad de vida. Diversas modalidades (aeróbico moderado, entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) y fuerza; como coadyuvantes, yoga y Pilates) muestran beneficios, y los consensos recomiendan 150-300min/semana de actividad moderada o 75-150 de vigorosa, más dos días de fortalecimiento muscular. En este contexto, el médico de Atención Primaria desempeña un papel esencial en la detección precoz, la prescripción individualizada y el acompañamiento conductual. El objetivo de este artículo es sintetizar la evidencia y ofrecer recomendaciones prácticas para incorporar el ejercicio en el abordaje global del SOP.

Palabras clave:
Síndrome del ovario poliquístico
Ejercicio físico
Actividad física
Guías de Práctica Clínica
Atención Primaria de Salud
Abstract

Polycystic ovary syndrome (PCOS) is one of the most prevalent endocrine disorders among women of reproductive age. Scientific evidence, including international guidelines and systematic reviews, supports physical exercise as a first-line intervention: it improves insulin resistance and central adiposity, promotes ovulation, and decreases androgen levels, while also alleviating anxiety and depression and enhancing quality of life. Various modalities (moderate aerobic exercise, high-intensity interval training and resistance training; as adjuncts, yoga and Pilates) have demonstrated benefits, and current consensus recommends 150-300minutes per week of moderate-intensity or 75-150 of vigorous-intensity activity, plus two days of muscle-strengthening exercises. In this context, primary care physicians play a key role in early detection, individualized prescription, and behavioral support. The aim of this article is to synthesize the evidence and provide practical recommendations for incorporating exercise into the comprehensive management of PCOS.

Keywords:
Polycystic Ovary Syndrome
Exercise
Physical activity
Clinical Practice Guidelines
Primary Health Care
Texto completo
Introducción

El síndrome de ovario poliquístico (SOP) constituye el trastorno endocrino más común en mujeres en edad reproductiva1. Se estima que hasta un 40% de las mujeres con SOP presentan infertilidad, siendo esta la causa más común de infertilidad anovulatoria2. A lo largo de la vida, el SOP puede manifestarse mediante síntomas de naturaleza reproductiva (oligomenorrea e hiperandrogenismo), cardiometabólica (intolerancia a la glucosa, resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2 y mayor riesgo cardiovascular), psicológica (ansiedad y depresión, trastornos de la conducta alimentaria, baja autoestima y disconformidad con la imagen corporal) y dermatológica (acné, hirsutismo facial y alopecia androgénica). Estas manifestaciones repercuten negativamente en la calidad de vida2,3.

Según la Guía Internacional Basada en la Evidencia 2023 para la evaluación y el tratamiento del SOP, el diagnóstico debe establecerse mediante los criterios revisados de Rotterdam, actualizados a partir de la evidencia más reciente. En mujeres adultas, se requiere la presencia de al menos dos de los siguientes criterios: i) hiperandrogenismo clínico y/o bioquímico, ii) disfunción ovulatoria, y iii) ovarios poliquísticos en la ecografía o niveles elevados de hormona antimülleriana (AMH). Previamente deben descartarse otras causas que expliquen dichas manifestaciones. Cuando existen ciclos menstruales irregulares e hiperandrogenismo, no se precisa ecografía ni AMH para confirmar el diagnóstico. En adolescentes, por el contrario, se requiere la presencia conjunta de hiperandrogenismo y disfunción ovulatoria, desaconsejándose el uso de ecografía o AMH debido a su baja especificidad en este grupo etario2.

A nivel mundial, la prevalencia del SOP oscila entre el 6% y el 20% de las mujeres en edad reproductiva4, variando considerablemente según los criterios diagnósticos aplicados (Consenso de Rotterdam, criterios de la Androgen Excess and Polycystic Ovary Syndrome Society (AE-PCOS Society) o los del National Institutes of Health (NIH) y la región geográfica. Un metaanálisis reciente estimó una prevalencia global del 9,2%, con mayor carga en el continente africano5. De forma concordante, el estudio Global Burden of Disease (GBD) 2019, que incluyó 204 países entre 1990 y 2019, informó tasas estandarizadas por edad de 30,4 por 100.000 habitantes para la prevalencia puntual y de 29,5 por 100.000 para la incidencia6.

En EE. UU. un estudio poblacional identificó una prevalencia del 5,2%, superior al 2,9% previamente reportado mediante el uso exclusivo de códigos diagnósticos7. En España, los datos también muestran heterogeneidad: en una cohorte prospectiva de mujeres caucásicas no seleccionadas se estimó una prevalencia del 6,5% según criterios NIH8, que ascendía al 28,3% en mujeres con sobrepeso u obesidad frente al 5,5% en normopeso9. Asimismo, un estudio transversal en población española que aplicó distintos criterios diagnósticos halló prevalencias del 14,88% (NIH), 29,34% (Rotterdam) y 17,36% (AE-PCOS)10.

A pesar de su elevada prevalencia, el SOP continúa siendo una condición infradiagnosticada y escasamente investigada, si se compara con su impacto en la salud reproductiva y metabólica femenina11. Su etiología, aunque no completamente esclarecida, se reconoce como multifactorial, resultado de la interacción entre una predisposición genética y factores ambientales. Se ha sugerido una posible herencia dominante ligada al cromosoma X, cuya expresión dependería de contextos ambientales específicos, como los relacionados con el estilo de vida y la dieta1. Esta interacción apoya que el SOP no sea un trastorno monogénico, sino un síndrome multigénico complejo, con influencias epigenéticas y ambientales significativas. Tanto variantes genéticas predisponentes como protectoras podrían modular el riesgo en función de su interacción con factores del entorno. Entre ellos se incluyen la alimentación, la actividad física, la exposición a disruptores endocrinos u otros determinantes del estilo de vida12.

Asimismo, factores no modificables como la etnicidad condicionan la expresión clínica del SOP, habiéndose descrito diferencias raciales y étnicas en la prevalencia y severidad de sus componentes metabólicos13. El componente hereditario ha sido corroborado en estudios familiares y de gemelos, que evidencian una fuerte influencia genética en la patogénesis del SOP y señalan los antecedentes familiares como factor de riesgo relevante14.

Por otra parte, factores modificables como el exceso de peso agravan las manifestaciones clínicas del SOP. La obesidad se asocia con mayor resistencia a la insulina e hiperandrogenismo, mecanismos fisiopatológicos centrales del SOP. El exceso de peso actúa tanto como consecuencia como potenciador del desequilibrio hormonal y metabólico característico del SOP15.

Final del formulario

La modificación del estilo de vida, que incluye principalmente el aumento del ejercicio físico y la mejora de los hábitos dietéticos, constituye la estrategia terapéutica de primera línea para las mujeres con SOP. Esta recomendación se fundamenta en la sólida evidencia de que los factores del estilo de vida reducen la resistencia a la insulina y producen efectos beneficiosos sobre el metabolismo, la función reproductiva y la salud mental1,16–20.

Numerosos estudios, incluidas revisiones sistemáticas y metaanálisis, respaldan la eficacia del ejercicio físico para mejorar el perfil cardiometabólico, la composición corporal y los parámetros hormonales en mujeres con SOP21,22. Además, las intervenciones basadas en el ejercicio han mostrado impactos positivos tanto en los resultados reproductivos como psicológicos, especialmente cuando se integran en un enfoque multidisciplinario de modificación del estilo de vida4,23. La aplicación de estas estrategias debería iniciarse en etapas tempranas de la vida reproductiva. Una revisión sistemática reciente en población adolescente y adulta joven (≥ 18 años) con SOP demostró efectos beneficiosos de las intervenciones centradas en el ejercicio físico24.

En este contexto, el médico de Atención Primaria, por su papel clave en la promoción de la salud y la prevención, desempeña una función esencial en el abordaje integral del SOP20. Su capacidad para ofrecer recomendaciones individualizadas y basadas en la evidencia sobre la práctica de ejercicio físico lo convierte en un agente fundamental para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida de estas pacientes. Por ello, el objetivo de este trabajo es analizar la literatura actual sobre los beneficios del ejercicio físico en el SOP, con especial énfasis en su aplicabilidad práctica en Atención Primaria.

Material y métodos

Se realizó una revisión narrativa estructurada de la literatura científica disponible sobre ejercicio físico y SOP. Para ello, se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed, Scopus y SciELO, sin restricción temporal, complementada con una búsqueda manual con el objetivo de identificar artículos no indexados en dichas bases de datos. Se emplearon los términos «polycystic ovary síndrome», «exercise» y «physical activity». Se incluyeron estudios originales, revisiones narrativas, revisiones sistemáticas, metaanálisis y guías de práctica clínica publicados en inglés o español. La selección de los artículos se realizó atendiendo a su relevancia clínica, actualidad y calidad metodológica aparente, con el objetivo de sintetizar la evidencia disponible y ofrecer recomendaciones prácticas aplicables en el ámbito de la Atención Primaria.

Dado el carácter narrativo de la revisión, no se aplicaron criterios formales de evaluación sistemática ni se realizó análisis cuantitativo de los resultados.

Efectos del ejercicio físico en el síndrome de ovario poliquístico

Antes de analizar las distintas modalidades de ejercicio, resulta pertinente sintetizar los principales efectos fisiológicos y clínicos que tiene el ejercicio físico sobre los diversos dominios de salud en las mujeres con SOP. La figura 1 resume de manera integrada los beneficios metabólicos, reproductivos y psicosociales descritos en la literatura, con el objetivo de facilitar su comprensión y aplicabilidad en la consulta de Atención Primaria. Esta representación esquemática permite visualizar el impacto transversal del ejercicio sobre los mecanismos fisiopatológicos centrales del SOP y sobre los resultados clínicos más relevantes.

Figura 1.

Representación esquemática de los principales efectos del ejercicio físico en mujeres con síndrome de ovario poliquístico.

Resistencia a la insulina

La resistencia a la insulina constituye uno de los mecanismos fisiopatológicos centrales del SOP y representa un determinante clave de la disfunción metabólica observada en estas pacientes. Por ello, resulta fundamental comprender el impacto que ejercen el tipo, la intensidad y la frecuencia del ejercicio físico, con el fin de identificar las intervenciones más efectivas para mejorar la sensibilidad a la insulina antes de que se desarrollen complicaciones metabólicas mayores.

Una revisión sistemática con metaanálisis evidenció una reducción moderada en los valores de Homeostatic Model Assessment of Insulin Resistance (HOMA-IR) tras la realización de programas de ejercicio de intensidad vigorosa en mujeres con SOP25. De manera complementaria, otros autores informaron una mejoría del 16% en la sensibilidad a la insulina tras una intervención de 12 semanas de ejercicio de intensidad vigorosa en esta misma población26.

Sin embargo, se ha documentado que las mejoras en la sensibilidad a la insulina a nivel del músculo esquelético desaparecen aproximadamente 72 horas después de la última sesión de ejercicio, lo que pone de manifiesto que la práctica regular y sostenida de actividad física es esencial para el abordaje a largo plazo de la resistencia a la insulina y la mejora global de la salud metabólica27.

Reducción del hiperandrogenismo

El hiperandrogenismo, definido por niveles elevados de testosterona y manifestaciones clínicas como hirsutismo y acné, constituye una de las características más relevantes del SOP. La evidencia disponible sugiere que el ejercicio físico puede contribuir a reducciones modestas en los niveles de andrógenos circulantes, aunque los resultados muestran heterogeneidad y variabilidad interindividual.

Un metaanálisis observó que las mayores disminuciones en el índice androgénico libre (FAI), considerado un marcador bioquímico del hiperandrogenismo, se registraron tras programas de entrenamiento de fuerza, mientras que el ejercicio aeróbico moderado o vigoroso produjo cambios no significativos25. No obstante, en muchos casos, las variaciones en los niveles androgénicos parecen estar mediadas por incrementos en la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), lo que puede condicionar una traducción clínica variable en las manifestaciones cutáneas.

Función ovárica

Se ha comprobado que el ejercicio físico puede ejercer un impacto positivo en la función ovárica de las mujeres con SOP28,29. Una mayor sensibilidad a la insulina parece sustentar los mecanismos mediante los cuales el ejercicio contribuye a mejorar la función reproductiva. En este sentido, el ejercicio regular mejora la sensibilidad a la insulina, lo que podría favorecer la secreción normal de gonadotropinas y promover la ovulación.

Varios trabajos han evaluado el impacto del ejercicio en la función reproductiva, mostrando mejoras en la frecuencia menstrual y/o en la ovulación tras programas de ejercicio físico18. En particular, se han reportado incrementos en la frecuencia de ovulación y en la regularidad menstrual después de intervenciones basadas en ejercicio, tanto aeróbico como de resistencia30. No obstante, estos efectos no son uniformes en todas las mujeres con SOP y pueden depender del fenotipo clínico y de la adherencia a la intervención.

Una revisión sistemática señaló que un programa estructurado de ejercicio de 20 semanas en mujeres con SOP mejoró las tasas de ovulación en un 49,1% y redujo significativamente los niveles de testosterona total y andrógenos libres. Asimismo, dichos programas aumentaron la regularidad menstrual en un 60%, junto con una reducción del índice de masa corporal (IMC) y de los niveles de testosterona23. Sin embargo, dado el tamaño muestral limitado y la heterogeneidad metodológica de algunos estudios, estos resultados deben interpretarse con cautela.

Estas mejoras se han relacionado con la reducción de los desequilibrios hormonales y con cambios favorables en la composición corporal, incluyendo un incremento de la masa magra y una disminución del tejido adiposo, factores que pueden contribuir al aumento de la tasa ovulatoria y a una mayor regularidad menstrual29.

Por otro lado, existe evidencia de que la actividad física puede normalizar la morfología ovárica independientemente de los cambios en la composición corporal, posiblemente a través de mecanismos vinculados a la modulación de la inervación simpática ovárica30.

En conjunto, estas intervenciones han demostrado mejorar los resultados reproductivos en mujeres con SOP, si bien su efecto parece estar mediado principalmente por mecanismos metabólicos indirectos y no es uniforme en todas las pacientes. La actividad física se consolida, por tanto, como una estrategia clave dentro del abordaje no farmacológico integral de la disfunción ovárica asociada a este síndrome1,23.

Salud cardiometabólica

Las mujeres con SOP presentan con frecuencia un mayor riesgo de alteraciones metabólicas y cardiovasculares, como adiposidad central, dislipidemia, hipertensión arterial y menor capacidad cardiorrespiratoria, en comparación con mujeres sin SOP. En este contexto, el ejercicio físico constituye una herramienta fundamental desde Atención Primaria para mejorar la salud cardiometabólica de estas pacientes.

La evidencia disponible indica que la práctica regular de ejercicio físico se asocia con una mejora significativa de la capacidad cardiorrespiratoria en mujeres con SOP, aunque sin cambios consistentes en otros parámetros como la presión arterial o el perfil lipídico31. De forma similar, el ejercicio aeróbico de intensidad moderada ha mostrado mejorar el consumo máximo de oxígeno (VO2máx), considerado un marcador de la capacidad cardiorrespiratoria. Sin embargo, dicha mejoría no se ha observado con el HIIT32.

Peso y composición corporal

El control del peso corporal y la mejora de la composición corporal, que incluyen la reducción del porcentaje de grasa, el aumento de la masa magra y la disminución de la adiposidad central, constituyen objetivos prioritarios en el abordaje del SOP. En este sentido, el ejercicio físico representa una estrategia fundamental para favorecer dichos cambios, aunque su efecto sobre el peso total suele ser moderado cuando se emplea como única intervención.

Diversos estudios han demostrado que el ejercicio aeróbico, especialmente de intensidad moderada, contribuye a reducir el IMC en mujeres con SOP, lo que respalda su recomendación como componente básico del tratamiento21,22.

Asimismo, tanto el entrenamiento de fuerza como el HIIT se han asociado con mejoras en la composición corporal, observándose una disminución del tejido adiposo y un aumento relativo de la masa muscular, incluso sin cambios significativos en el peso total33.

De forma concordante, un programa estructurado de entrenamiento físico de 20 semanas mostró reducciones significativas de la grasa corporal total y, especialmente, de la adiposidad central, junto con mejoras en la capacidad aeróbica, independientemente de la magnitud de la pérdida de peso34.

En síntesis, aunque la reducción ponderal derivada del ejercicio puede ser modesta, su impacto en la redistribución de la composición corporal, con menor grasa total y central y mayor masa magra, representa un beneficio clínico relevante para la salud cardiometabólica de las mujeres con SOP.

Salud mental

El impacto del ejercicio físico sobre la salud mental en mujeres con SOP ha sido objeto de diversos estudios, aunque aún se considera un campo de investigación en desarrollo.

La evidencia disponible sugiere que las mujeres con SOP que practican actividad física de forma regular presentan menor sintomatología depresiva en comparación con aquellas que llevan un estilo de vida sedentario35. Una revisión sistemática que incluyó quince estudios clínicos sobre intervenciones basadas en ejercicio físico en mujeres con SOP mostró que, en aproximadamente la mitad de los estudios analizados, se observaron reducciones tanto en la prevalencia como en la intensidad de los síntomas de depresión y ansiedad36.

De manera complementaria, otra revisión también reportó efectos positivos de la actividad física sobre los síntomas de depresión y ansiedad en esta población, aunque señaló la necesidad de disponer de mayor evidencia para establecer recomendaciones específicas sobre la modalidad e intensidad del ejercicio17. En esta misma línea, se ha documentado que el ejercicio aeróbico ejerce un efecto beneficioso sobre los índices de ansiedad y depresión en mujeres con SOP37.

Por otro lado, un estudio piloto indicó que un programa de ejercicio regular puede mejorar el malestar asociado a la imagen corporal, incluso en ausencia de cambios significativos en el IMC, lo que subraya un beneficio psicológico independiente del efecto sobre el peso corporal38.

Calidad de vida

En cuanto a la calidad de vida, tanto los programas de entrenamiento de fuerza39 como las intervenciones de ejercicio aeróbico, ya sean continuas o intermitentes, han demostrado ser efectivas para mejorar este parámetro en mujeres con SOP40. Asimismo, una revisión sistemática encontró que todos los estudios incluidos reportaron mejoras en la calidad de vida relacionada con la salud tras la implementación de programas de ejercicio físico36.

En conjunto, los efectos sintetizados en la figura 1 refuerzan el papel del ejercicio físico como intervención transversal que actúa simultáneamente sobre los ejes metabólico, reproductivo y psicológico del SOP, consolidándolo como herramienta terapéutica estructural dentro del abordaje integral en Atención Primaria.

Tipo de ejercicio físico en el SOP

La literatura científica ha abordado extensamente el papel del ejercicio físico en el tratamiento del SOP, aunque persisten debates sobre cuál es la modalidad de ejercicio más efectiva.

El ejercicio aeróbico (entendido como cualquier actividad que involucra grandes grupos musculares, se realiza de manera continua y rítmica, como caminar a paso ligero, correr, montar en bicicleta o nadar) de intensidad moderada se ha recomendado tradicionalmente por sus efectos sobre la pérdida de peso, con estudios que evidencian su capacidad para reducir el IMC en mujeres con SOP, especialmente cuando se realiza de forma continua y estructurada22.

Además, el ejercicio aeróbico parece ejercer beneficios más allá del control ponderal, mejorando parámetros metabólicos y reproductivos incluso en ausencia de cambios significativos en la composición corporal. En un estudio prospectivo, tras 16 semanas de entrenamiento aeróbico individualizado, las mujeres con SOP mostraron un aumento significativo de la capacidad aeróbica y de la sensibilidad a la insulina, junto con una reducción estadísticamente significativa del número total de folículos observados mediante resonancia magnética, independientemente del peso corporal41.

Cabe destacar que el ejercicio aeróbico también presenta efectos antiinflamatorios relevantes en la fisiopatología del SOP, al reducir marcadores inflamatorios como la interleucina-6 (IL-6), el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α)42 y la proteína C reactiva (PCR)34,42, lo cual refuerza su papel en la reducción del riesgo cardiometabólico. Paralelamente, actividades físicas de menor intensidad, como las caminatas rápidas integradas en la rutina diaria, pueden representar una estrategia más accesible y sostenible a largo plazo, ofreciendo beneficios comparables a los del ejercicio vigoroso en la reducción del riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular, particularmente en poblaciones con baja adherencia a programas de ejercicio de alta intensidad43.

Por otro lado, diversas investigaciones sugieren que los ejercicios de intensidad vigorosa, incluido el HIIT, una modalidad de ejercicio aeróbico vigoroso que alterna periodos de esfuerzo intenso con intervalos de descanso o baja intensidad, podrían proporcionar mejoras más significativas en parámetros metabólicos y reproductivos28,44–46. El entrenamiento aeróbico vigoroso, especialmente cuando se combina conejercicios de fuerza, ha demostrado ser eficaz para mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir los niveles de andrógenos44.

Asimismo, los efectos beneficiosos del HIIT sobre la resistencia a la insulina y la composición corporal han sido observados incluso sin cambios significativos en el peso total33. Un metaanálisis confirmó que el HIIT es eficaz, incluso como intervención aislada, para reducir la resistencia a la insulina, evaluada mediante el modelo HOMA-IR, y el IMC, con un nivel de certeza de la evidencia moderado y alto, respectivamente47.

No obstante, no todos los estudios coinciden en su superioridad. Una revisión sistemática de calidad metodológica moderada concluyó que el HIIT no ofrece beneficios superiores en términos de VO2máx frente al ejercicio de intensidad moderada32. Sin embargo, ensayos clínicos posteriores han mostrado mayores mejoras en la capacidad aeróbica, sensibilidad a la insulina, ciclicidad menstrual y niveles androgénicos con HIIT en comparación con el entrenamiento continuo de intensidad moderada en mujeres con SOP28.

Una revisión sistemática y metaanálisis más reciente señaló que los datos disponibles continúan siendo limitados y heterogéneos, por lo que no es posible establecer con certeza la superioridad del HIIT frente al entrenamiento continuo de intensidad moderada con relación a los parámetros antropométricos, metabólicos y hormonales/reproductivos en el abordaje del SOP. La certeza de la evidencia se calificó como baja o muy baja48, lo que obliga a interpretar estos resultados con prudencia y a considerar, en la práctica clínica, factores como la tolerancia, la adherencia y la sostenibilidad a largo plazo al seleccionar la modalidad de ejercicio más adecuada para cada paciente.

En paralelo, el entrenamiento de fuerza progresivo, aunque históricamente menos explorado en mujeres con SOP, ha cobrado relevancia como una intervención terapéutica eficaz y segura. Esta modalidad ha mostrado mejoras en la masa muscular, reducción de grasa visceral y central, y beneficios en el hiperandrogenismo y la función reproductiva39,49. Además, se han documentado mejoras en la calidad de vida, la función sexual y los parámetros hormonales, como la testosterona y la SHBG, sin necesidad de una pérdida de peso total39.

También se han observado beneficios sobre la calidad del sueño tras solo cuatro semanas de entrenamiento de fuerza, hallazgo clínicamente relevante dada la alteración frecuente del descanso nocturno en mujeres con SOP50. La evidencia disponible respalda el potencial del entrenamiento de fuerza como una estrategia terapéutica efectiva, segura y complementaria en mujeres con SOP, aunque persisten brechas de conocimiento y se requieren más estudios para optimizar su prescripción51. Su implementación se ha mostrado segura y factible en mujeres con distintos fenotipos del SOP52, pudiendo representar una opción terapéutica alternativa o complementaria a las directrices actuales centradas en el ejercicio aeróbico53.

En cuanto a la sostenibilidad de los beneficios del ejercicio, resulta esencial enfatizar la continuidad del programa, ya que los efectos positivos sobre parámetros cardiopulmonares y metabólicos pueden revertirse en tan solo 12 semanas tras la suspensión de la actividad física54.

Finalmente, aunque la evidencia reciente sugiere que el ejercicio de alta intensidad podría conferir beneficios metabólicos superiores, los resultados actuales no son concluyentes, y las recomendaciones deben individualizarse según la capacidad, preferencias y características clínicas de cada paciente con SOP55. De hecho, revisiones previas ya destacaban la heterogeneidad metodológica de los estudios y la falta de una definición unificada de SOP, lo que limita la extrapolación de los resultados16.

Es importante señalar que la respuesta al ejercicio físico no es homogénea en todas las mujeres con SOP. La magnitud del beneficio puede variar según el perfil clínico predominante, el estado ponderal, la edad y la presencia de comorbilidades asociadas, especialmente psicológicas o cardiometabólicas. En mujeres con obesidad o marcada resistencia a la insulina, dado su mayor riesgo metabólico15, los efectos del ejercicio podrían resultar clínicamente más relevantes, mientras que en mujeres con normopeso los cambios podrían manifestarse con mayor relevancia en el ámbito funcional o reproductivo23. Asimismo, algunos ensayos sugieren que determinadas modalidades, como el HIIT, podrían generar mayores mejoras cardiometabólicas en determinados subgrupos28, aunque la evidencia global sigue siendo heterogénea48,55. Desde Atención Primaria, esta variabilidad obliga a plantear una prescripción realista, individualizada y centrada en la adherencia, considerando también la carga psicológica asociada al SOP3.

Efectividad del yoga y del método Pilates en el tratamiento del síndrome de ovario poliquístico

Las investigaciones sobre yoga y Pilates como terapias complementarias en el SOP describen beneficios endocrinos, metabólicos y psicológicos. En adultas con SOP, una revisión sistemática concluyó que el yoga mejora los síntomas, especialmente combinado con fármacos56. Ensayos aleatorizados observaron reducción del hirsutismo y del perímetro abdominal y de la cadera en mujeres tratadas por infertilidad57, y descensos de testosterona libre y dehidroepiandrosterona (DHEA) tras tres meses de yoga58. Otras intervenciones mostraron mejorías hormonales, bioquímicas y ecográficas (estroma ovárico, folículos) y mejor calidad de vida relacionada con la infertilidad59. Un metaanálisis confirmó disminuciones de la irregularidad menstrual, hiperandrogenismo, glucosa e insulina en ayunas y resistencia a la insulina60. También se ha descrito mejoría de niveles de andrógenos sin pérdida de peso y posible mantenimiento del efecto a largo plazo58, además de una mejoría de la resistencia a la insulina61.

En adolescentes con SOP, el yoga fue superior al ejercicio convencional para mejorar glucosa, lípidos e insulina, independientemente de cambios antropométricos62. Un programa de yoga holístico de 12 semanas redujo AMH, LH, testosterona e hirsutismo y regularizó los ciclos menstruales63, además de disminuir la ansiedad64. La combinación de yoga y naturopatía mejoró variables endocrinas/metabólicas y redujo testosterona, estrés oxidativo y síntomas ansioso-depresivos, sobre todo en adolescentes con obesidad65. En adolescentes en riesgo de desarrollar SOP, la práctica regular de yoga ha demostrado reducir su incidencia66.

Respecto al método Pilates, la evidencia sugiere reducción del dolor, mejora funcional y mayor regularidad menstrual67. Pilates más suplementación de jengibre disminuyó LH, testosterona e insulina68. Asimismo, ocho semanas de Pilates redujeron los niveles de AMH, resistencia a la insulina, lípidos séricos y grasa abdominal, sugiriendo beneficio sobre la función ovárica y riesgo cardiometabólico69.

Pese a los resultados favorables, la evidencia es heterogénea y con muestras pequeñas; por ello, yoga y Pilates deben considerarse coadyuvantes dentro del abordaje integral del SOP, especialmente útiles en el ámbito psicológico y en la mejora de la calidad de vida.

Recomendaciones basadas en la evidencia y el consenso para la actividad física y el ejercicio en el manejo del síndrome de ovario poliquístico

Exercise and Sports Science Australia (ESSA), entidad que participó en la elaboración de la Guía Internacional Basada en la Evidencia para la Evaluación y el Tratamiento del SOP 2023, contribuyó de forma específica al desarrollo de las recomendaciones sobre actividad física y ejercicio en esta población. Estas recomendaciones, alineadas con las directrices generales de actividad física para la población adulta y adolescente, subrayan que no existe evidencia suficiente para establecer la superioridad de una modalidad concreta de ejercicio sobre otra y recomiendan combinar actividad aeróbica y entrenamiento de fuerza. Asimismo, enfatizan la importancia de individualizar la prescripción teniendo en cuenta la elevada carga psicológica asociada al SOP, incluido el estigma relacionado con el peso y la alta prevalencia de comorbilidades psicológicas, con el fin de garantizar intervenciones seguras, realistas y sostenibles3.

En la tabla 1 se sintetizan los mensajes clínicamente más relevantes de la Guía Internacional Basada en la Evidencia para la Evaluación y el Tratamiento del SOP 202370, priorizando aquellos aspectos de mayor utilidad práctica en la consulta de Atención Primaria.

Tabla 1.

Mensajes clave sobre actividad física y ejercicio en mujeres con SOP

Área  Recomendación práctica para Atención Primaria 
Principio general  No existe evidencia suficiente que demuestre la superioridad de una modalidad concreta de ejercicio sobre otra. 
Volumen mínimo (adultas)  150–300 minutos/semana de actividad aeróbica de intensidad moderada o 75–150 minutos de intensidad vigorosa, o combinación equivalente, distribuidos a lo largo de la semana. 
Entrenamiento de fuerza  Incluir actividades de fortalecimiento muscular al menos 2 días por semana, en días no consecutivos. 
Para mayor beneficio y control ponderal (especialmente en presencia de sobrepeso u obesidad)  ≥ 250 minutos/semana de actividades de intensidad moderada o ≥ 150 minutos/semana de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente de ambas, además de entrenamiento de fuerza. 
Adolescentes  Al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, incluyendo fortalecimiento muscular y óseo ≥ 3 veces/semana. 
Sedentarismo  Reducir el tiempo sentado y sustituirlo por cualquier incremento de actividad física, incluso de intensidad ligera. 
Adherencia  Priorizar modalidades sostenibles y alineadas con las preferencias y objetivos individuales para favorecer la continuidad a largo plazo. 
Barreras  Evaluar sistemáticamente barreras y facilitadores, incluyendo factores psicológicos (imagen corporal, miedo a lesiones, miedo al fracaso y salud mental), limitaciones físicas y condicionantes socioculturales o ambientales que puedan interferir en la participación y la adherencia. 

Adaptado de Teede et al.70.

Claves para la prescripción de ejercicio en Atención Primaria

El médico de Atención Primaria desempeña un papel fundamental en la promoción del ejercicio físico como intervención de primera línea en mujeres con SOP. La prescripción debe ser individualizada, progresiva y centrada en la adherencia, teniendo en cuenta la situación clínica, las preferencias personales y las posibles barreras psicológicas o sociales2,3,20.

Desde un enfoque biopsicosocial, la prescripción de ejercicio en mujeres con SOP no debe limitarse a la indicación técnica de minutos o intensidad, sino integrar la valoración de barreras habituales en Atención Primaria, como la baja adherencia previa, el estigma relacionado con el peso, la insatisfacción con la imagen corporal y la elevada prevalencia de ansiedad o depresión. Estos factores pueden condicionar tanto la disposición inicial como la continuidad del programa de ejercicio.

La evidencia disponible no demuestra la superioridad clara de una modalidad concreta de ejercicio16,48,55, por ello, cualquier incremento en el ejercicio físico que cumpla las recomendaciones generales puede asociarse con beneficios metabólicos, reproductivos y psicológicos.

En este contexto, el consejo breve estructurado en la consulta, la utilización de técnicas de entrevista motivacional y el establecimiento de objetivos progresivos y consensuados constituyen herramientas especialmente útiles para mejorar la adherencia. El seguimiento longitudinal, mediante reevaluaciones periódicas, permite reforzar la motivación, detectar dificultades tempranas y ajustar la intervención según la evolución clínica, integrando el ejercicio físico como herramienta terapéutica estructurada dentro del abordaje habitual en Atención Primaria.

En la tabla 2 se resumen las principales orientaciones prácticas para su aplicación en la consulta de Atención Primaria, en coherencia con las recomendaciones internacionales vigentes2,3,70.

Tabla 2.

Orientación práctica para la prescripción de ejercicio físico en mujeres con SOP en Atención Primaria

Fase del abordaje  Actuación recomendada en Atención Primaria  Consideraciones prácticas 
Evaluación inicial  Valorar comorbilidades cardiometabólicas, nivel basal de actividad física y posibles limitaciones funcionales  Explorar barreras psicológicas (ansiedad, baja autoestima, miedo al fracaso). En ausencia de contraindicaciones, no se requieren pruebas complementarias para iniciar ejercicio 
Inicio del programa  Comenzar de forma progresiva, especialmente en mujeres sedentarias  Priorizar actividad aeróbica moderada (p. ej., caminar rápido) y añadir entrenamiento de fuerza 2 días/semana. La regularidad es más importante que la intensidad 
Objetivo semanal  Alcanzar 150–300 min/semana de intensidad moderada o 75–150min de vigorosa, más fortalecimiento muscular  Adaptar a preferencias individuales para favorecer adherencia 
Seguimiento  Reevaluación cada 3–6 meses  Valorar regularidad menstrual, parámetros metabólicos y bienestar psicológico 
Criterios de derivación  Considerar derivación a enfermería, fisioterapia, endocrinología, ginecología o salud mental según necesidad  Indicado ante limitaciones físicas, baja adherencia persistente o deseo gestacional 
Conclusiones

El ejercicio físico constituye una intervención de primera línea en el abordaje integral del SOP, respaldada por una sólida evidencia científica. Su práctica regular contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina, la composición corporal, la función ovulatoria y el perfil androgénico, al tiempo que favorece la salud mental y la calidad de vida de las pacientes.

La evidencia disponible indica que distintas modalidades de ejercicio: aeróbico de intensidad moderada o vigorosa, entrenamiento de fuerza y HIIT, pueden generar beneficios comparables sobre parámetros metabólicos, hormonales y reproductivos, si bien la elección debe adaptarse a las características, preferencias y grado de adherencia de cada mujer. Asimismo, disciplinas mente-cuerpo, como el yoga o el método Pilates, se perfilan como estrategias coadyuvantes útiles, especialmente en pacientes con comorbilidad psicológica o baja tolerancia al ejercicio más intenso.

El médico de Atención Primaria desempeña un papel clave en la detección precoz del SOP y en la promoción de hábitos saludables, mediante la valoración integral de la paciente y la prescripción orientadora de actividad física adaptada a su situación clínica. Asimismo, puede facilitar la coordinación con otros profesionales (como enfermería y fisioterapia), para optimizar la intervención sobre el estilo de vida.

Integrar el ejercicio dentro del abordaje multidisciplinar del SOP no solo mejora los resultados clínicos y reproductivos, sino que también refuerza la autonomía y la adherencia terapéutica de las mujeres, aspectos esenciales en el abordaje global a largo plazo de esta condición.

Desde Atención Primaria, el ejercicio físico regular debe considerarse una herramienta terapéutica de igual relevancia que el tratamiento farmacológico y las intervenciones nutricionales. La recomendación debe ser individualizada, progresiva y sostenida, priorizando la continuidad sobre la intensidad, e integrando la actividad física en el estilo de vida cotidiano de las pacientes con SOP.

Mensajes clave para el médico de Atención Primaria:

  • El ejercicio físico debe considerarse intervención de primera línea en el SOP, con beneficios metabólicos, reproductivos y psicológicos clínicamente relevantes.

  • No existe evidencia suficiente que demuestre la superioridad de una modalidad concreta; la prioridad debe centrarse en la adherencia y la sostenibilidad a largo plazo.

  • Se recomienda alcanzar 150–300 minutos semanales de actividad moderada o 75–150 de intensidad vigorosa, distribuidos a lo largo de la semana, junto con al menos dos días de fortalecimiento muscular.

  • Antes de prescribir ejercicio en mujeres con SOP, preguntar específicamente por intentos previos, nivel actual de actividad física y posibles barreras (miedo a lesiones, estigma relacionado con el peso, ansiedad o baja motivación) para adaptar la recomendación de forma individualizada.

  • Comenzar de forma progresiva, especialmente en mujeres sedentarias, priorizando una modalidad aceptable y sostenible y aumentando gradualmente el volumen e intensidad según tolerancia y objetivos.

Financiación

Este trabajo no ha recibido ningún tipo de financiación.

Consideraciones éticas

Se cumplen las normas éticas de buenas prácticas clínicas descritas en la Revista.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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