
Editado por: David Palacios-Martínez San Blas City Community Health Center, Madrid, Spain Julio Antonio Heras Hitos Villarejo de Salvanés Health Centre, Villarejo de Salvanés, Spain
Última actualización: Junio 2026
Más datosEl eccema de manos (EM) es una dermatosis inflamatoria frecuente en Atención Primaria, caracterizada por eritema, prurito, descamación, fisuras e impacto funcional significativo. Engloba distintas formas clínicas y etiológicas, de curso agudo o crónico, relacionadas con factores irritativos, alérgicos y atópicos.
Cuando la enfermedad se prolonga más de tres meses o presenta al menos dos recurrencias en un año, se define como eccema crónico de manos (ECM). Esta condición representa una de las dermatosis más prevalentes y con mayor repercusión clínica, laboral y psicosocial. Su etiopatogenia multifactorial combina predisposición genética, alteración de la barrera cutánea, y exposiciones ambientales, en especial a irritantes y alérgenos ocupacionales.
En Atención Primaria, el médico de familia desempeña un papel clave en el reconocimiento precoz, la educación del paciente sobre cuidados cutáneos y medidas preventivas, y en la detección de signos de alarma que motivan la derivación al especialista hospitalario. La anamnesis dirigida y la exploración clínica permiten orientar el diagnóstico e iniciar desde la primera consulta el tratamiento tópico adecuado, el uso de emolientes y la protección frente a factores desencadenantes. La derivación debe contemplarse en los casos graves, refractarios o con repercusión funcional u ocupacional significativa, para valorar terapias avanzadas como fototerapia, alitretinoína, dupilumab, inhibidores de JAK orales o delgocitinib tópico.
Hand eczema is a common inflammatory dermatosis in primary care, characterized by erythema, pruritus, scaling, fissures, and functional impairment. It encompasses various clinical and etiological forms, either acute or chronic, related to irritant, allergic, or atopic mechanisms.
When the condition persists for more than three months or recurs at least twice within one year, it is defined as chronic hand eczema. This represents one of the most prevalent dermatoses, with substantial clinical, occupational, and psychosocial impact. Its multifactorial pathogenesis involves genetic predisposition, barrier dysfunction, and environmental exposures, particularly to occupational irritants and allergens.
In primary care, the family physician plays a key role in the early recognition of hand eczema, patient education on skin care and preventive measures, and in identifying alarm signs that warrant referral to a dermatologist. A focused history and clinical examination enable diagnostic orientation and allow the initiation, from the first consultation, of appropriate topical treatment, emollient use, and protection against triggering factors. Referral should be considered in severe, refractory cases or those with significant functional or occupational impact, in order to assess advanced therapies such as phototherapy, alitretinoin, dupilumab, oral JAK inhibitors, or topical delgocitinib.
El eccema de manos (EM) es una inflamación cutánea localizada en palmas, dorso, dedos o muñecas. Puede presentarse en forma aguda, subaguda o crónica1. Clínicamente se caracteriza por eritema, edema, vesículas, descamación, hiperqueratosis, fisuras y prurito de intensidad variable2. Se trata de una entidad heterogénea y multifactorial, en la que confluyen mecanismos irritativos, alérgicos, atópicos o combinados3.
Cuando la enfermedad se prolonga durante más de tres meses consecutivos, o bien recurre al menos dos veces en el mismo año tras periodos de resolución completa, se define como eccema crónico de manos (ECM)3. Este término constituye un concepto «paraguas» que engloba diferentes subtipos clínicos y etiológicos, y se asocia a una mayor morbilidad y repercusión funcional4.
La magnitud del problema es considerable según múltiples estudios en población general, con una prevalencia anual aproximada del 10-15% en adultos5. En aproximadamente dos tercios de los casos la enfermedad adquirirá un curso crónico3. El ECM supone un problema frecuente y persistente que representa un reto diagnóstico y terapéutico en Atención Primaria.
El impacto del ECM va más allá de la piel. Se trata de una enfermedad dolorosa, pruriginosa y visible, que limita la funcionalidad manual e interfiere con actividades de la vida diaria6. En el ámbito laboral, se asocia con bajas repetidas, cambios de puesto e incluso abandono de la actividad profesional en ocupaciones de riesgo como la sanidad, la peluquería, la limpieza o la industria metalúrgica7. Las manifestaciones psicológicas más frecuentes son ansiedad (hasta el 25%) y depresión (hasta el 17%)8, habitualmente en relación con la intensidad de prurito y dolor. La estigmatización social es frecuente, que puede agravar el aislamiento y el malestar emocional9.
El propósito de esta revisión es actualizar a los profesionales de Atención Primaria en el reconocimiento, diagnóstico y tratamiento del EM, incorporando la evidencia disponible sobre nuevas opciones terapéuticas para optimizar la atención y la calidad de vida de los pacientes.
Epidemiología, definición y factores de riesgoEl EM tiene una epidemiología bien documentada. Su prevalencia en adultos alcanza el 15% a lo largo de la vida, con una prevalencia anual entre el 7% y el 13%, y puntual entre el 4% y el 6%5,10,11. La incidencia anual estimada es de 7,3 casos por 1.000 personas-año.5,10,11. La incidencia anual estimada es de 7,3 casos por 1.000 personas-año5. Esta dermatosis es más frecuente en mujeres, con una razón mujer:hombre de 1,5–2:1, en personas jóvenes y en quienes realizan trabajos manuales o húmedos12,13.
El ECM, definido como la persistencia de las lesiones durante ≥ 3 meses o la aparición de ≥ 2 recaídas en un año13. La mayoría de los casos se concentran en mujeres en edad laboral, especialmente en ocupaciones de riesgo como la sanidad, la peluquería, la limpieza o la industria10,12,13. Hasta un 81% de los episodios de EM pueden evolucionar hacia la cronicidad5,12.
Bajo la denominación de EM se incluyen distintos cuadros inflamatorios que afectan al dorso, las palmas, los dedos y las muñecas. La definición de cronicidad permite distinguir las formas agudas autolimitadas, ligadas a irritantes, de las persistentes, asociadas a mayor morbilidad y necesidad de tratamiento específico3.
El ECM debe entenderse como un síndrome clínico más que como una entidad única. Abarca subtipos etiológicos y morfológicos: irritativo, alérgico, atópico, vesicular, hiperqueratósico o mixto, que a menudo se superponen en un mismo paciente4. Esta heterogeneidad complica su clasificación y supone un reto para el diagnóstico diferencial en Atención Primaria y para especialistas hospitalarios no especializados en esta dermatosis.
El desarrollo y la persistencia del ECM obedecen a la interacción de factores endógenos, exógenos y modificadores3. Entre los factores endógenos, el antecedente de dermatitis atópica (DA) es el más relevante, al triplicar o cuadruplicar el riesgo de EM. La xerosis y las mutaciones del gen de la filagrina también aumentan la susceptibilidad, sobre todo en pacientes atópicos14. La edad temprana de inicio del EM se asocia a un curso más persistente. Además, el sexo femenino presenta una prevalencia entre 1,5 y 2 veces superior, atribuible tanto a una posible predisposición biológica como a una mayor exposición ocupacional y doméstica.
En cuanto a los factores exógenos y ocupacionales, destaca el denominado wet work, definido como la manipulación frecuente de agua (más de 20 lavados al día), detergentes, jabones, desinfectantes o el uso prolongado de guantes (durante más de 2 horas al día), que representa uno de los principales determinantes de riesgo15. La exposición repetida a irritantes químicos (limpiadores, disolventes, aceites de corte o productos industriales) contribuye a la cronicidad. Ciertas profesiones son especialmente vulnerables, como los sanitarios y personal de limpieza por el contacto constante con jabones, antisépticos y guantes; los peluqueros y esteticistas por el uso de persulfatos, parafenilendiamina o acrilatos; los trabajadores metalúrgicos por la exposición a cromo, níquel o cobalto; y el personal de la industria alimentaria por el contacto continuado con humedad y alimentos. A ello se suma la exposición a alérgenos de contacto comunes, entre los que destacan los conservantes (como la metilisotiazolinona y el formaldehído), las fragancias (como el bálsamo de Perú o las mezclas de fragancias), los aditivos del caucho (tiurams, carbamatos) y los metales (níquel, cobalto y cromo)16.
Diversos factores modificadores influyen en la evolución clínica. El tabaquismo se asocia a mayor gravedad, sobre todo en formas vesiculares. El estrés actúa como desencadenante y agravante, y un IMC elevado se ha vinculado con mayor riesgo de cronicidad17. El clima frío y la baja humedad ambiental favorecen la aparición de brotes, y más recientemente se ha descrito un incremento de casos de EM asociado a las medidas higiénicas intensivas adoptadas durante la pandemia de COVID-19, como el lavado y la desinfección repetida de las manos18.
Impacto laboral y socioeconómicoEl ECM no solo es una dermatosis crónica y recurrente, sino también un problema de gran repercusión laboral, económica y psicosocial. Las manos constituyen la principal herramienta de trabajo en múltiples oficios, y cuando se ven afectadas por lesiones dolorosas, fisuras o prurito intenso, la capacidad funcional del paciente se reduce de manera significativa.
Diversos estudios han demostrado que hasta un 57% de los pacientes con ECM requieren bajas laborales en algún momento de la enfermedad, y alrededor de un 25% se ven obligados a cambiar de puesto o incluso abandonar su profesión19. Las ocupaciones que implican trabajo húmedo o exposición a productos químicos son las más afectadas, lo que explica que el ECM figure entre las principales causas de enfermedad profesional notificada en Europa7.
El impacto económico también es considerable. Los costes directos incluyen consultas médicas, tratamientos tópicos y sistémicos, emolientes, fototerapia, hospitalizaciones y rehabilitación. Estos gastos varían según la gravedad del caso y el uso de recursos sanitarios20. Los costes indirectos, derivados principalmente del absentismo laboral, la pérdida de productividad (presentismo) y la necesidad de cambio o abandono de empleo, representan la mayor parte del impacto económico. Hasta el 57% de los pacientes requieren bajas, con una media de 76 días de ausencia laboral anual en los casos ocupacionales graves, y hasta un 25% reportan cambio o pérdida de empleo20. Estos costes indirectos pueden representar hasta el 70% del total, alcanzando cifras cercanas a los 6.800 € anuales por paciente en entornos laborales con alta exposición a factores de riesgo21. En conjunto, el costo total anual por paciente (directo + indirecto) varía entre 1.813 y 7.738 € (2.549–10.883 $), siendo más elevado en pacientes con afectación ocupacional y enfermedad grave o refractaria. Estos datos subrayan la elevada carga socioeconómica del ECH, comparable a la de otras dermatosis inflamatorias crónicas como la DA o la psoriasis.
La carga psicológica no debe subestimarse. El carácter visible de las lesiones en una zona tan expuesta como las manos favorece la estigmatización social, la inseguridad y, en muchos casos, el aislamiento22. Entre los pacientes con ECM grave y refractario, más de la mitad presenta síntomas de ansiedad y depresión23. Además, se han descrito trastornos obsesivo-compulsivos relacionados con el lavado excesivo o la manipulación de las lesiones, que contribuyen tanto al empeoramiento como a la persistencia del eccema24. El prurito nocturno, el dolor persistente y la sensación de pérdida de control sobre la enfermedad contribuyen a este deterioro emocional6, que a menudo pasa inadvertido en la consulta.
EtiopatogeniaEl ECM es el resultado de una compleja interacción entre factores ambientales, inmunológicos y, en menor medida, genéticos. Lejos de tratarse de una simple dermatitis por contacto, hoy sabemos que constituye una enfermedad inflamatoria heterogénea en la que confluyen mecanismos comunes a distintos subtipos clínicos.
Disfunción de la barrera cutáneaLa piel de palmas y dedos tiene un estrato córneo más grueso, pobre en lípidos y rígido, lo que la vuelve especialmente vulnerable a la fricción y a irritantes. En personas predispuestas, esta fragilidad se agrava por una alteración de la barrera cutánea, con disminución de proteínas clave (filagrina, loricrina, involucrina) y lípidos intercelulares esenciales25. El resultado es un aumento de la pérdida transepidérmica de agua (TEWL)26, sequedad cutánea y fisuración, lo que facilita la penetración de alérgenos, irritantes y microorganismos. Este fenómeno inaugura un círculo vicioso: el daño barrera favorece la entrada de agentes externos, los cuales generan inflamación, y esta, a su vez, deteriora más la barrera, perpetuando la cronicidad.
Alteración del sistema inmunitarioEl ECM se caracteriza por una inflamación cutánea compleja, en la que confluyen distintas vías inmunitarias. Clásicamente se diferenciaba la respuesta irritativa (activación innata con liberación de IL-1 y TNF-α), la alérgica (hipersensibilidad tipo IV mediada por linfocitos T con citocinas Th1/Th17) y la atópica (predominio Th2/Th22 con IL-4, IL-13 e IL-22). Sin embargo, los estudios moleculares recientes han mostrado que esta división resulta demasiado esquemática.
La introducción de técnicas de tape stripping ha permitido analizar con detalle el transcriptoma epidérmico en pacientes con ECM. Estos estudios han confirmado que, en la mayoría de los casos, el patrón inmunitario es mixto, con activación simultánea de las vías Th1, Th2 y Th17/Th22, además de la participación de mediadores de la inmunidad innata como IL-1β3,27,28.
Un hallazgo de gran relevancia clínica es la diferencia observada en pacientes con DA concomitante. En este subgrupo, el ECM presenta un perfil inmunológico con predominio marcado de la respuesta Th2, con sobreexpresión de IL-4, IL-13 y otros genes relacionados con la atopia28. Esta intensificación del eje Th2 se acompaña de una mayor disfunción de barrera y explica por qué estos pacientes suelen tener un curso más crónico y refractario, así como una mejor respuesta a tratamientos dirigidos contra la vía Th2 (anticuerpos anti-IL-4/IL-13) o a inhibidores de JAK.
Un hallazgo relevante es la presencia de inflamación subclínica y alteraciones en genes de la barrera cutánea incluso en piel no lesionada de pacientes con ECM29. Esto sugiere que el ECM no se limita a una reacción localizada y episódica, sino que constituye un proceso inflamatorio persistente y con una base sistémica, predispuesto a la recidiva
Clasificación clínicaLa clasificación clínica del ECM combina criterios etiológicos (dermatitis de contacto irritativa, dermatitis de contacto alérgica, DA, dermatitis de contacto por proteínas), y morfológicos (hiperqueratósico, fisurado, vesicular, numular, pulpitis) (fig. 1). Las guías europeas y los consensos internacionales recomiendan distinguir al menos seis subtipos principales4. Conviene subrayar que estos subtipos no son excluyentes y, de hecho, con frecuencia coexisten o se suceden en un mismo paciente a lo largo del curso de la enfermedad. En la tabla 1 se resumen las principales formas clínicas y morfológicas del ECM, con sus características más relevantes.
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Para el médico de familia, esta clasificación tiene un valor eminentemente práctico:
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Permite reconocer patrones clínicos típicos en la consulta,
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Favorece la identificación de factores de riesgo asociados,
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Orienta la decisión de derivación al especialista cuando se sospecha un componente alérgico o una evolución crónica,
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Y facilita la instauración de medidas preventivas y terapéuticas básicas desde la primera valoración.
Clasificación clínica del eccema crónico de manos
| Clasificación | Subtipo | Características clínicas | Factores asociados | Comentario práctico en AP |
|---|---|---|---|---|
| Etiológica | Irritativo (ICD) | Eritema, descamación, fisuras dolorosas; predominio en dorso y espacios interdigitales | Exposición repetida a agua, detergentes, desinfectantes, químicos | Es la forma más frecuente. Preguntar siempre por hábitos laborales y domésticos. |
| Alérgico (ACD) | Eritema, vesículas y prurito en áreas de contacto directo (palmas, pulpejos, dorso) | Sensibilización a metales, fragancias, conservantes, caucho | Confirmación con pruebas epicutáneas. Sospechar cuando persiste pese a tratamiento. | |
| Atópico (AHE) | Inicio temprano; placas eccematosas, fisuras y liquenificación en palmas y muñecas | Antecedente personal/familiar de dermatitis atópica | Suele coexistir con eccema en otras localizaciones. Mayor riesgo de curso crónico. | |
| Proteína-contacto / urticaria de contacto | Urticaria inmediata o eccema tras exposición a proteínas animales o vegetales | Alimentos, látex, proteínas animales | Menos frecuente. Considerar prick test en casos seleccionados. | |
| Morfológica | Vesicular (dishidrótico) | Brotes de vesículas pruriginosas en palmas y bordes de los dedos, a veces dolorosas | Estrés, tabaco, hiperhidrosis | Puede confundirse con tiña; pedir cultivo si hay duda. |
| Hiperqueratósico | Placas gruesas, descamativas y fisuradas en palmas, con poco prurito | Varones, irritación crónica, tabaquismo | Difícil manejo con tópicos. Sospechar precozmente y derivar. | |
| Numular | Placas eccematosas redondeadas, sobre todo en dorso | Atopia, xerosis, ACD | Puede confundirse con psoriasis o tiña. | |
| Pulpitis sicca | Fisuras dolorosas en pulpejos, a menudo sin prurito | Irritación crónica, exposición ocupacional | Interfiere mucho con la función manual. | |
| Mixto | Mixto | Signos superpuestos de varios subtipos | Combinación de factores | Es el más habitual en la práctica real. Requiere abordaje individualizado. |
De este modo, aunque la confirmación etiológica precisa (p. ej., mediante pruebas epicutáneas) corresponde al ámbito dermatológico, el conocimiento de estas variantes clínicas por parte de Atención Primaria resulta clave para acortar los tiempos diagnósticos y mejorar el pronóstico funcional de los pacientes.
Diagnóstico y diagnóstico diferencialEl diagnóstico del EM se basa en una anamnesis detallada y una exploración minuciosa. Dada su heterogeneidad y el solapamiento de subtipos, reconocer precozmente patrones clínicos y factores de riesgo es clave para un manejo adecuado y una derivación oportuna. La historia clínica debe recoger de manera sistemática las posibles exposiciones laborales y domésticas (actividades con agua, detergentes, guantes, disolventes o productos químicos), así como la existencia de antecedentes atópicos personales o familiares. También es importante caracterizar los síntomas principales (prurito, dolor, fisuras, vesículas o descamación) y valorar la evolución temporal, prestando especial atención a la duración mayor de tres meses o a la recurrencia de al menos dos brotes al año, criterios que definen la cronicidad. Otros aspectos relevantes incluyen la identificación de factores desencadenantes (clima, estrés, tabaco, cosméticos o productos de uso laboral) y la evaluación del impacto funcional y laboral, dado que las bajas, las limitaciones en la actividad y los cambios de puesto de trabajo son frecuentes en esta enfermedad.
En la práctica clínica, resulta además útil cuantificar la intensidad de los síntomas principales, especialmente prurito y dolor, mediante escalas sencillas como la Numeric Rating Scale (NRS) (0–10) o la Escala Visual Analógica (EVA). Estas herramientas, fáciles de aplicar, permiten monitorizar la evolución del paciente y objetivar la respuesta al tratamiento en sucesivas consultas.
La exploración física debe realizarse de forma completa, valorando palmas, dorso, espacios interdigitales, uñas y muñecas. Los hallazgos clínicos más característicos incluyen eritema, descamación, vesículas, fisuras, hiperqueratosis o liquenificación. La distribución de las lesiones puede orientar hacia determinados subtipos (palmas frente a dorso), mientras que la afectación de áreas adicionales aporta pistas etiológicas. Así, la exploración debe extenderse también a pies, cuero cabelludo, uñas y pliegues flexurales, ya que la presencia de lesiones en estas localizaciones puede sugerir la coexistencia de DA, psoriasis u otras dermatosis.
En relación con las uñas, la afectación no es frecuente, pero en casos de ECM de larga evolución pueden observarse cambios distróficos secundarios, como estriaciones, fragilidad, surcos transversales o líneas de Beau3. Estos hallazgos suelen reflejar inflamación crónica y microtraumatismos locales, y deben diferenciarse de las alteraciones típicas de la psoriasis o de la onicomicosis.
El ECM comparte signos con otras dermatosis, por lo que requiere un diagnóstico diferencial amplio. Identificarlas permite orientar el manejo inicial y decidir cuándo derivar al especialista. En la tabla 2 se resumen las principales enfermedades que pueden simular un ECM, con sus características clínicas distintivas y las claves prácticas más útiles.
Diagnóstico diferencial del eccema crónico de manos en Atención Primaria
| Entidad | Características clínicas | Claves prácticas |
|---|---|---|
| Psoriasis palmoplantar | Placas eritematoescamosas bien delimitadas, hiperqueratósicas, simétricas; descamación gruesa y persistente. | Escama seca y plateada; lesiones en codos, rodillas, cuero cabelludo; respuesta pobre a corticoides tópicos suaves. |
| Tiña manuum | Placa descamativa con borde activo; afecta a una sola mano (two feet–one hand syndrome). | Confirmar con examen micológico; buscar afectación ungueal o plantar; prurito menos intenso. |
| Dishidrosis (pompholyx) | Brotes recurrentes de vesículas pruriginosas en palmas y bordes de dedos. | Curso agudo y autolimitado; vesículas «en pompa de jabón»; desencadenada por calor, sudoración o estrés. |
| Queratosis palmaris / queratodermias | Engrosamiento difuso, persistente, sin inflamación. | Historia familiar en formas hereditarias; ausencia de prurito marcado; evolución muy crónica. |
| Reacciones medicamentosas / fototóxicas | Lesiones eccematosas agudas tras exposición a fármacos o fotosensibilizantes. | Historia de exposición reciente; distribución fotoexpuesta; resolución al retirar el agente. |
| Dermatitis de estasis | Eccema sobre insuficiencia venosa crónica; típico en piernas, ocasional en dorso de manos. | Buscar signos de insuficiencia venosa (edema, varices, hiperpigmentación). |
| Psoriasis pustulosa palmoplantar | Pústulas estériles sobre base eritematosa e hiperqueratósica. | Dolor e incapacidad funcional; presencia de pústulas es clave; muy resistente a tópicos. |
| Dermatomiositis | Lesiones eritematosas violáceas en dorso de manos, sobre articulaciones; asociadas a debilidad muscular proximal. | Sospecha clínica debe motivar derivación urgente a especialista. |
| Escabiosis | Pápulas y vesículas muy pruriginosas en espacios interdigitales. | Prurito nocturno, contagio familiar, surcos acarinos. |
| Liquen plano | Placas violáceas con estrías blanquecinas; posible afectación ungueal. | Buscar lesiones en mucosa oral y uñas; evolución crónica. |
En Atención Primaria, las pruebas complementarias en el ECM deben ser sencillas y accesibles, útiles para descartar infecciones o diagnósticos alternativos. El cultivo microbiológico se indica ante sospecha de sobreinfección bacteriana, especialmente en lesiones exudativas, fisuradas o con costras. Ante descamación unilateral o lesiones persistentes, conviene realizar raspado y examen micológico directo para excluir dermatofitosis. También debe valorarse candidiasis ungueal, sobre todo en pacientes expuestos a humedad o vegetales, ya que puede simular o agravar el ECM. Las pruebas epicutáneas constituyen el gold standard para la identificación de alérgenos de contacto30. Aunque no se realizan en Atención Primaria, las pruebas epicutáneas están indicadas cuando hay sospecha de alergia de contacto, ya que identificar un alérgeno causal puede modificar el manejo. Por ello, deben considerarse especialmente en casos persistentes, graves o con mala respuesta al tratamiento convencional, incluso si inicialmente parecen irritativos o atópicos. La biopsia cutánea tiene un valor limitado en el estudio del ECM y rara vez es necesario31. Su indicación se restringe a situaciones en las que se requiere descartar otras entidades que pueden simular la enfermedad, como la micosis fungoides en fase eccematosa, el liquen plano palmoplantar o el penfigoide vesiculoso.
Criterios de derivación a dermatologíaNo todos los pacientes con EM requieren valoración especializada, pero existen situaciones en las que la derivación al especialista hospitalario resulta imprescindible. Entre ellas se incluyen el fracaso terapéutico tras medidas tópicas correctamente instauradas, la sospecha de dermatitis de contacto alérgica que precise pruebas epicutáneas32, y las formas graves, recurrentes o incapacitantes. Asimismo, debe remitirse a aquellos pacientes con afectación ocupacional significativa, dado el impacto en la capacidad laboral y la necesidad de emitir recomendaciones específicas de protección cutánea. Finalmente, la derivación es obligada cuando se plantea la indicación de tratamientos sistémicos o biológicos, que requieren valoración y seguimiento especializado.
Criterios de derivación a dermatología33Fracaso terapéutico tras medidas tópicas bien instauradas.
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Sospecha de eccema alérgico que requiera pruebas epicutáneas.
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Formas graves, recurrentes o incapacitantes.
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Afectación ocupacional con repercusión laboral significativa.
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Necesidad de valorar tratamientos sistémicos o biológicos.
El tratamiento del ECM debe plantearse de forma escalonada y multidimensional, combinando medidas generales, terapias tópicas y, en casos seleccionados, fototerapia o tratamiento sistémico. El objetivo es alcanzar el control clínico, prevenir recaídas y mejorar la calidad de vida del paciente.
Medidas generales y prevenciónEl primer paso en el manejo del ECM consiste en informar al paciente sobre la naturaleza crónica y recurrente de la enfermedad. La restauración de la barrera cutánea y la evitación de irritantes son tan importantes como los fármacos, y deben abordarse desde la primera consulta34.
En cuanto a la higiene diaria, se recomienda sustituir, siempre que sea posible, el lavado frecuente con agua y jabón por soluciones hidroalcohólicas, reservando el lavado clásico para cuando exista suciedad visible. En esos casos, es preferible utilizar limpiadores syndet sin perfume y agua templada, seguidos de un secado suave mediante toques, y aplicar de forma inmediata un emoliente.
El empleo regular de cremas hidratantes es esencial para mantener la integridad cutánea35. Se recomiendan emolientes sin fragancia, aplicados varias veces al día, especialmente tras cada lavado. La hidratación debe hacerse cuando las manos no vayan a usarse de inmediato (p. ej., antes de colocarse guantes o manipular objetos). Una pauta sencilla es aplicarla al empezar y terminar la jornada, y antes de dormir. Por la noche, se pueden usar ungüentos más oclusivos (vaselina, ceramidas, glicerina o urea al 5–10%), reforzados con guantes de algodón. En casos de hiperqueratosis, son útiles preparados con urea al 20% o ácido salicílico al 3–5%. La protección cutánea durante actividades de riesgo constituye otro pilar básico. Para tareas de limpieza o contacto con productos químicos deben utilizarse guantes de nitrilo o vinilo forrados con algodón, que conviene cambiar cada 20–30 minutos para evitar la maceración36,37. El uso de látex se desaconseja por su potencial sensibilizante, en especial en pacientes con DA38. Asimismo, es importante insistir en la retirada de anillos y en el corte regular de las uñas, con el fin de disminuir los microtraumatismos y reducir el riesgo de infección.
Tratamiento tópicoLos corticoides tópicos constituyen la primera línea de tratamiento1,3. La potencia del fármaco debe ajustarse al grosor de la piel39. En las palmas, donde el estrato córneo es más grueso, se requieren corticoides potentes o muy potentes, como mometasona furoato 0,1% crema/pomada, betametasona dipropionato 0,05% pomada o, en casos seleccionados y durante periodos cortos, clobetasol propionato 0,05% crema/pomada. En cambio, en el dorso de las manos y los espacios interdigitales, donde la piel es más fina, son más adecuados corticoides de potencia moderada, como hidrocortisona butirato 0,1% crema, metilprednisolona aceponato 0,1% crema o prednicarbato 0,25% crema. La duración del tratamiento suele oscilar entre dos y seis semanas, en función de la respuesta clínica, iniciando con aplicación diaria y continuando con una reducción progresiva de la frecuencia (pautas intermitentes o de fin de semana) para evitar recidivas y minimizar efectos adversos.
El vehículo es un aspecto clave39. Las pomadas son preferibles en palmas y lesiones secas o fisuradas, mientras que las cremas resultan más cómodas en el dorso y en lesiones exudativas. La cantidad aplicada debe explicarse de forma explícita al paciente: para cubrir ambas manos se requieren aproximadamente dos unidades de la denominada «finger-tip unit» (≈1g) por aplicación.
Para el mantenimiento, o en áreas donde el uso prolongado de corticoides no resulta ideal, como el dorso de las manos o los espacios interdigitales, pueden emplearse inhibidores de la calcineurina (ITC)40. El tacrolimus 0,1% pomada (indicado a partir de los 16 años) y el pimecrolimus 1% crema se utilizan en pautas proactivas, aplicándose dos o tres noches por semana en las zonas con tendencia a recidivar. Aunque pueden producir un escozor inicial, este efecto suele ser transitorio y desaparece tras la primera semana de uso.
En la práctica clínica, una estrategia útil consiste en combinar dos noches a la semana de corticoide tópico con el resto de las noches un ITC, lo que permite mantener el control a largo plazo en pacientes que han mostrado buena respuesta inicial al tratamiento tópico. Esta pauta alternante ayuda a reducir la exposición acumulada a corticoides y favorece la prevención de recaídas. Aunque se trata de una práctica habitual respaldada por la experiencia del autor, su origen se encuentra en la DA, donde diversos ensayos clínicos y revisiones sistemáticas han demostrado la eficacia y seguridad de los regímenes proactivos y secuenciales para prevenir recaídas41. El uso intermitente de corticoides tópicos (p. ej., dos noches por semana) ha mostrado reducir significativamente el riesgo de recaídas frente a la aplicación reactiva, sin aumentar la incidencia de atrofia cutánea, incluso con corticoides potentes, cuando se emplea en pautas de mantenimiento42.
La adición de un ITC como tacrolimus en los días alternos permite mantener el control antiinflamatorio, especialmente en áreas de piel fina, y reduce la exposición acumulada a corticoides, minimizando el riesgo de efectos adversos. La evidencia comparativa indica que tacrolimus 0,1% es tan eficaz como corticoides tópicos de potencia moderada o alta para mantener la remisión, con un perfil de seguridad favorable, aunque con la limitación del escozor transitorio inicial43.
En las formas hiperqueratósicas, la combinación de un corticoide potente con queratolíticos como urea al 20% o ácido salicílico al 3–5% facilita la penetración del tratamiento y mejora la respuesta clínica. En el eccema vesiculoso, las compresas astringentes con acetato de aluminio al 0,25% o permanganato potásico muy diluido, aplicadas durante 10–15 minutos al día durante tres a cinco días, pueden ser útiles para controlar la fase aguda antes de iniciar el corticoide.
La sobreinfección bacteriana debe sospecharse ante costras amarillentas, dolor, exudado o empeoramiento súbito de las lesiones. En estos casos conviene realizar cultivo y adaptar el tratamiento según los resultados. Las infecciones localizadas suelen controlarse con antibióticos tópicos, reservando los sistémicos para casos extensos o con celulitis. Entre las opciones destacan mupirocina 2% o ácido fusídico 2% (dos a tres veces/día, siete a 10 días), aunque este último presenta mayor riesgo de resistencias. El ozenoxacino 1% (dos veces/día, cinco días) es eficaz frente a S. aureus y S. pyogenes. En eccemas con inflamación intensa puede usarse de forma puntual una combinación antibiótico-corticoide, máximo una semana. Dada la elevada prevalencia de resistencias, incluidas cepas de MRSA, es fundamental la vigilancia microbiológica local para guiar las decisiones terapéuticas44.
Manejo terapéutico del eczema de manos en DermatologíaAlgunos casos de EM de intensidad leve o moderada podrían ser manejados en Atención Primaria mediante medidas generales y tratamiento tópico. Sin embargo, un número nada desdeñable de pacientes desarrolla formas graves, recurrentes o refractarias que superan las posibilidades de manejo en este nivel asistencial. En tales escenarios, el papel del médico de familia resulta esencial para identificar de manera precoz la falta de respuesta al tratamiento convencional y garantizar una derivación oportuna a dermatología, lo que contribuye a prevenir la cronificación de las lesiones, el deterioro funcional y la merma en la calidad de vida. En la figura 2 encontrará un algoritmo sugerido por el autor respecto al tratamiento actual del EM basado en la evidencia disponible publicada en la literatura.
Fototerapia. La fototerapia con radiación ultravioleta, en especial la ultravioleta B (UVB) de banda estrecha (NB-UVB) y la PUVA (psoraleno + ultravioleta A [UVA]), constituye una opción de segunda línea eficaz en el ECM moderado-grave cuando los tratamientos tópicos no son suficientes o están contraindicados45. Ambas modalidades han demostrado reducir la gravedad y los síntomas, tanto en formas hiperqueratósicas como dishidróticas, con eficacia comparable46.
La fototerapia puede aplicarse de forma localizada en las manos, con buena tolerancia y perfil de seguridad aceptable; los efectos adversos más comunes son eritema y xerosis, habitualmente leves y manejables con emolientes. Entre sus limitaciones destacan la necesidad de acudir varias veces por semana a unidades especializadas, la escasa accesibilidad y los riesgos a largo plazo (fotoenvejecimiento y mayor riesgo de cáncer cutáneo). Los esquemas habituales consisten en dos a tres sesiones semanales durante ocho a 12 semanas, con ajustes según respuesta y tolerancia.
Alitretinoína. La alitretinoína es un retinoide oral aprobado en Europa para el tratamiento del ECM grave refractario a corticoides tópicos. Se administra habitualmente a dosis de 30mg/día durante 12–24 semanas, aunque puede utilizarse 10mg/día en pacientes con mala tolerancia. Su indicación principal es el eccema hiperqueratósico, aunque también ha mostrado eficacia en formas dishidróticas y mixtas47.
En ensayos clínicos y estudios de vida real, hasta el 48% de los pacientes tratados con 30mg/día alcanzan respuesta clínica (piel clara o casi clara), con mejoría en la severidad, los síntomas y la calidad de vida. Su perfil de seguridad es aceptable; los efectos adversos más comunes son cefalea, dislipidemia y alteraciones tiroideas, habitualmente dosis-dependientes y reversibles48. Se recomienda monitorizar lípidos y función tiroidea durante el tratamiento. Está contraindicado en mujeres embarazadas y requiere un programa estricto de anticoncepción debido a su riesgo teratogénico. En España, la financiación de la alitretinoína está restringida a casos de EM de origen profesional, así como a personas desempleadas y pensionistas, lo que limita de forma importante su uso en la práctica clínica habitual.
Dupilumab. Dupilumab, anticuerpo monoclonal frente al receptor de IL-4α, bloquea las vías de IL-4 e IL-13 y ha demostrado eficacia en ECM refractario a alitretinoína, entre otros49. En ensayos clínicos y estudios observacionales, entre el 40% y el 90% de los pacientes alcanzan respuestas significativas (HECSI-75 o PGA 0/1), con mejoría clara de síntomas y calidad de vida, independientemente del subtipo (atópico, irritativo o de contacto)50. El perfil de seguridad es favorable; los efectos adversos más frecuentes son leves, como conjuntivitis o herpes simple ocasional, y la tasa de discontinuación es muy baja (< 2%). Según la evidencia reciente, dupilumab ocupa un lugar destacado en el algoritmo terapéutico del ECM, situándose como una opción preferente tras el fracaso de los tratamientos tópicos, la fototerapia o la alitretinoína3.
Inhibidores de JAKDelgocitinib es el primer inhibidor de JAK de uso tópico aprobado en Europa para el ECM moderado-grave refractario a corticoides. Se presenta en crema al 20mg/g, con aplicación dos veces al día, y ha demostrado eficacia en la reducción de inflamación y prurito, con buena tolerancia incluso en tratamientos prolongados51. Su perfil de seguridad favorable y la aplicación localizada lo convierten en una opción atractiva antes de escalar a terapias sistémicas. Ensayos clínicos han mostrado que delgocitinib tópico alcanza resultados superiores a la alitretinoína oral en cuanto a control de la enfermedad52.
Por otro lado, los inhibidores de JAK orales como upadacitinib53 y abrocitinib54, ya aprobados para DA moderada-grave, también son prescritos en el tratamiento del ECM. Los datos disponibles, principalmente extrapolados de pacientes con DA, muestran una eficacia rápida y robusta, aunque su uso exige monitorización clínica y analítica por el riesgo de infecciones graves, trombosis y alteraciones hematológicas.
Otras opciones sistémicasEn casos seleccionados y de difícil control pueden utilizarse inmunosupresores clásicos como ciclosporina, metotrexato o azatioprina. Su eficacia está documentada, pero su uso se ve limitado por el perfil de efectos adversos y la necesidad de una monitorización estricta. En la actualidad, estas opciones han quedado relegadas frente a terapias más específicas y con mayor seguridad, reservándose únicamente para situaciones muy concretas en las que no se dispone de alternativas.
ConclusionesEl EM es una enfermedad frecuente, compleja y con gran impacto personal y laboral. En Atención Primaria, el diagnóstico debe apoyarse en la anamnesis dirigida y la identificación de patrones clínicos, iniciando medidas de protección cutánea, emolientes y tratamiento tópico antiinflamatorio. La educación y el seguimiento estructurado son claves para reducir recaídas. Ante una respuesta insuficiente o un impacto funcional significativo, resulta fundamental la derivación temprana a dermatología para valorar tratamientos avanzados de uso hospitalario.
Mensajes prácticos para la consulta de Atención Primaria- •
Preguntar siempre por ocupación y tareas manuales repetitivas en pacientes con lesiones eccematosas en manos.
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Sospechar de eccema crónico si las lesiones duran más de tres meses o recaen dos o más veces al año.
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Iniciar tratamiento precoz con emolientes y corticoides tópicos ajustados al tipo de piel (palmas vs. dorso).
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Aconsejar higiene suave, uso de guantes adecuados y reducción de exposiciones irritativas.
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Valorar comorbilidad psicológica y repercusión funcional o laboral en cada caso.
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Derivar al especialista hospitalario si hay mala respuesta al tratamiento, sospecha de mecanismo alérgico o impacto ocupacional significativo.
Este trabajo no ha recibido financiación específica.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.




