Los datos recientes sobre burnout en el Sistema Nacional de Salud confirman que ya no estamos ante un fenómeno anecdótico, sino ante un problema estructural que compromete la sostenibilidad de la atención primaria (AP). Una revisión sistemática y metaanálisis en médicos que trabajan en España ha estimado una prevalencia global de burnout del 24%, con cifras del 18% cuando se aplican criterios diagnósticos estrictos basados en las tres dimensiones clásicas del síndrome1.
Más específicamente, el primer metaanálisis centrado en profesionales de AP del SNS sitúa la prevalencia en torno al 18% (uno de cada seis profesionales), con cifras aún mayores cuando se analizan por separado médicos y enfermeras2. Estos resultados, obtenidos siguiendo la metodología PRISMA, aportan una radiografía robusta de un malestar que no puede explicarse solo por factores individuales.
A ello se suma la evidencia de que el burnout del médico de familia se asocia a una peor calidad asistencial, medida mediante indicadores objetivos como el índice EQA, con peores resultados en quienes presentan mayor agotamiento emocional3. Es decir, el burnout no solo enferma a los profesionales: también deteriora la seguridad, la continuidad y la experiencia de los pacientes.
En este contexto, he tenido recientemente la oportunidad de abordar esta cuestión en la entrevista publicada en Redacción Médica bajo el titular «La magnitud del burnout en Atención Primaria es considerable», donde se subraya que se trata de un problema organizativo más que de una supuesta fragilidad individual, y que afecta de forma particular a la primera línea asistencial4. Del mismo modo, el simposio «Depresión, ansiedad y burnout en Atención Primaria», celebrado en el 47.° Congreso Nacional de SEMERGEN 2025 en Granada, permitió constatar, desde la práctica clínica diaria, hasta qué punto el desgaste profesional está ya normalizado en nuestros equipos y cómo se mezcla con la sintomatología ansioso-depresiva y el deterioro del autocuidado de los propios médicos.
Por todo ello, me gustaría plantear a través de esta carta la necesidad de que SEMERGEN, como sociedad científica de referencia en Medicina de Familia, asuma un papel aún más activo en tres líneas:
- 1.
Favorecer estudios multicéntricos que evalúen intervenciones organizativas y no solo factores de riesgo individuales.
- 2.
Incorporar de forma sistemática el burnout y el bienestar profesional como variables de calidad en proyectos de investigación y mejora asistencial.
- 3.
Generar espacios formativos y de reflexión que ayuden a «legitimar» el malestar de los profesionales sin culpabilizarles, y que trasladen a las administraciones propuestas concretas de cambio organizativo.
El burnout en AP no es una cuestión privada de los médicos, sino un indicador centinela de la salud del propio sistema. Creo que la revista Medicina de Familia. SEMERGEN puede ser un lugar privilegiado para seguir articulando, desde la evidencia y la experiencia clínica, esta conversación impostergable.
FinanciaciónEste trabajo no ha recibido ningún tipo de financiación.
Responsabilidades éticasProtección de personas y animales. La autora declara que para este proyecto no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.
Confidencialidad de los datos. La autora declara que en este artículo no aparecen datos de pacientes.
Derecho a la privacidad y consentimiento informado. La autora declara que en este artículo no aparecen datos de pacientes.
Conflicto de interesesLa autora declara no tener ningún conflicto de intereses con la realización de este manuscrito.

