La diarrea asociada a antibióticos (DAA) es una de las manifestaciones más frecuentes de la disbiosis inducida por antibióticos, con una incidencia entre el 5 y el 70% de los pacientes tratados con antibióticos. El uso de determinadas cepas probióticas puede ser útil en su prevención, al contribuir a reducir la incidencia y la duración de la DAA, con un perfil de seguridad aceptable. En este artículo se presenta un resumen de la evidencia disponible de eficacia y seguridad de los probióticos en DAA. Además, se presenta un algoritmo de uso de probióticos en DAA dirigido a facilitar la toma de decisiones por médicos de atención primaria y pediatras, en el que se integran factores como el antibiótico prescrito, las características del paciente, la cepa probiótica y la posología.
Antibiotic-associated diarrhea (AAD) is one of the most frequent manifestations of antibiotic-induced dysbiosis, with an incidence ranging from 5% to 70% among patients treated with antibiotics. The use of certain probiotic strains may be useful in its prevention, as they help to reduce the incidence and duration of AAD, with an acceptable safety profile. This article presents a summary of the available evidence on the efficacy and safety of probiotics in AAD. In addition, it presents an algorithm for the use of probiotics in AAD aimed at facilitating decision-making by primary care physicians and pediatricians, integrating factors such as the prescribed antibiotic, patient characteristics, the probiotic strain, and dosing.
El microbioma intestinal es un ecosistema complejo que comprende todos los microorganismos presentes en el tracto intestinal (microbiota), sus genomas y el ambiente en el que se desarrollan1. Su alteración, o disbiosis, puede aumentar la susceptibilidad a infecciones y patologías crónicas2. Los antibióticos se postulan actualmente como uno de los principales disruptores de este equilibrio, y la diarrea asociada a antibióticos (DAA), como una de sus consecuencias clínicas más frecuentes a corto plazo1. En este contexto, los probióticos se han posicionado como una herramienta terapéutica muy útil para prevenir o corregir potenciales desequilibrios en el microbioma3.
Existen numerosas revisiones sistemáticas y metaanálisis que abordan el tema del uso de probióticos en la prevención de la DAA4-10. Sin embargo, existen dificultades para trasladar la información contenida en estos trabajos a la práctica clínica real. Por tanto, el objetivo de esta publicación es proporcionar a médicos de atención primaria y pediatras unas recomendaciones de uso que faciliten la elección del probiótico más adecuado para la prevención de la DAA, atendiendo a factores relacionados con el tratamiento antibiótico, el probiótico y el propio paciente.
MétodosSe constituyó un comité científico formado por un especialista en Gastroenterología, cuatro especialistas en Medicina de Familia y dos especialistas en Pediatría. Se tomó como punto de partida la revisión publicada en 2023 por la Organización Mundial de Gastroenterología11. A partir de esta, se realizó una búsqueda en PubMed y Cochrane de artículos posteriores a la fecha de publicación de dicha guía en base a los siguientes parámetros: (probiotic*) AND («antibiotic-associated») AND (diarrhoea OR diarrhea); (Lactobacillus OR Lacticaseibacillus OR Lactiplantibacillus OR Levilactobacillus OR Limosilactobacillus OR Ligilactobacillus) AND («antibiotic-associated») AND (diarrhoea OR diarrhea); (Bifidobacterium) AND («antibiotic-associated») AND (diarrhoea OR diarrhea); (Saccharomyces OR boulardii) AND («antibiotic-associated») AND (diarrhoea OR diarrhea); («mixture* strain*» OR multispecies) AND («antibiotic-associated») AND (diarrhoea OR diarrhea). También se realizó una búsqueda ascendente en artículos de interés y guías sobre el uso de probióticos en DAA. A los artículos identificados en estas búsquedas, se incorporó la bibliografía proporcionada por cada uno de los miembros del comité de expertos y Zambon España. Con esta información se construyó una base de datos y se procedió a realizar una revisión narrativa de la literatura. En base a dicha revisión, el comité de expertos acordó las recomendaciones que se reflejan en este documento.
Disbiosis inducida por antibióticosMecanismos de la disbiosis inducida por antibióticosDebido a su efecto antibacteriano, los antibióticos tienen un impacto en la reducción de la abundancia y la diversidad de la microbiota1. Se ha estimado que los antibióticos de amplio espectro pueden reducir su abundancia hasta en un 30%12. Sin embargo, también desencadenan una serie de efectos de forma indirecta12. La eliminación de bacterias comensales que compiten por nutrientes y sitios de adhesión en el intestino favorece el sobrecrecimiento de bacterias resistentes a antibióticos y patógenos oportunistas como Clostridioides difficile1,12-14. Los antibióticos modifican la expresión génica y la actividad metabólica del microbioma1,12. El sistema inmunitario del anfitrión se puede ver afectado como consecuencia de alteraciones de la permeabilidad de la pared intestinal y modificaciones en la exposición frente a microorganismos, pudiendo alterar la relación de simbiosis entre hospedador y microbioma1,12.
Impacto de la disbiosis inducida por antibióticos sobre las resistencias a los antimicrobianosEl microbioma humano es uno de los principales reservorios de genes de resistencia a antimicrobianos y el uso de antibióticos contribuye a su transmisión y dispersión1,15,16. Según un estudio prospectivo en adultos sanos, el tratamiento con antibióticos aumenta la carga en genes de resistencia a antimicrobianos en el microbioma intestinal de forma significativa, y este efecto puede persistir hasta 6meses tras la exposición al tratamiento16.
Consecuencias clínicas de la disbiosis inducida por antibióticosA corto plazo, la manifestación más común de la disbiosis inducida por antibióticos es la DAA, cuya incidencia oscila entre el 5 y el 70% de los pacientes tratados con antibióticos, tanto en población pediátrica como adulta, siendo especialmente frecuente en pacientes tratados con lincosamidas, β-lactámicos y fosfomicina1,5,10,14,17. La DAA puede desencadenarse en cualquier momento desde el inicio del tratamiento antibiótico y hasta 8 semanas después de terminarlo. Sin embargo, lo más frecuente es que aparezca en la primera semana, y el 91,5% de los casos ocurren entre el inicio del tratamiento y la cuarta semana1,10,14.
Además, la disbiosis intestinal inducida por el tratamiento con antibióticos puede dar lugar a infección por C.difficile, que puede evolucionar de diarrea acuosa leve a colitis pseudomembranosa o, en casos raros, a megacolon tóxico3,14. La infección por este patógeno es responsable de casi un tercio de los casos de DAA14.
Los efectos a largo plazo de la disbiosis incluyen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles de tipo metabólico, inmunológico y neuropsiquiátrico, especialmente cuando la exposición a antibióticos ocurre en edades tempranas3,18.
Prevención de la DAA mediante el uso de probióticosEficacia y seguridad de los probióticos en la prevención de la DAALa eficacia y la seguridad de los probióticos en la prevención de la DAA han sido revisadas en numerosas revisiones sistemáticas y metaanálisis4-10. El motivo más frecuente de tratamiento antibiótico fue la erradicación de Helicobacter pylori, seguida de infecciones de las vías respiratorias altas y bajas y otitis media4-6,9. La dosis y la duración del tratamiento probiótico dependió de la cepa administrada y del ensayo concreto, siendo lo más frecuente entre 7-10días o el tiempo de duración del tratamiento antibiótico4,6.
En términos de eficacia, la administración de probióticos junto con el tratamiento antibiótico logró reducir la incidencia de la DAA de forma significativa entre un 42 y un 51%4,6. Además, la duración de la diarrea se redujo a 2,93días en los pacientes que recibieron probióticos, frente a los 4,65días del brazo control4. En la población pediátrica (<18años) los probióticos lograron una reducción en la duración de la DAA de casi un día10. La administración temprana del probiótico tras iniciar el tratamiento antibiótico (<2días) se asoció con un mayor beneficio7. Aunque se requieren más estudios, es posible que la respuesta sea dosis-dependiente, dado que dosis más altas de probióticos se han asociado con mayor reducción en el riesgo de DAA4,10.
A nivel de cepa, solo dos probióticos han demostrado reiteradamente beneficios significativos sobre la reducción de la incidencia de la DAA en ensayos clínicos controlados con placebo: Saccharomyces boulardii CNCM I-745 (reducción entre el 53 y el 59%) y Lacticaseibacillus rhamnosus GG (reducción entre el 51 y el 72%)4,5,8,9. No hay evidencia de que la combinación de varias cepas probióticas se traduzca en una mayor reducción en la incidencia de la DAA4,10.
No se han detectado efectos adversos graves (discapacidad, hospitalización y/o muerte), ni incidencia significativa de efectos adversos leves, por lo que estos probióticos se pueden considerar seguros4-6,9. Los efectos secundarios con mayor incidencia fueron náuseas, dolor epigástrico, dolor abdominal, flatulencias, distensión abdominal, estreñimiento y erupción cutánea, aunque sin diferencias respecto al placebo4,7,8,10,19.
Algunos metaanálisis revisados en este trabajo cuentan con importantes limitaciones. Se incluyeron ensayos que no eran ciegos, en los que la información proporcionada era incompleta (p.ej., aleatorización, cepa del probiótico o tipo de tratamiento antibiótico) y resultó complicado atribuir los beneficios en la reducción de la incidencia de la DAA a una cepa probiótica concreta porque se combinaron cepas distintas4-9.
Diferencias en eficacia y seguridad entre población adulta y pediátricaNo se han encontrado diferencias significativas en el impacto de los probióticos en la prevención de la DAA por grupos de edad6. En la población adulta (≥18años), los probióticos lograron una reducción de la incidencia de la DAA entre el 38 y el 51%5,7. Solo se han identificado tres ensayos en los que se proporcionen datos de incidencia de la DAA en pacientes mayores de 65años. Según un metaanálisis que incluye ensayos con distintos probióticos, en este grupo de población las diferencias entre el grupo control y el grupo tratado con probióticos no fueron significativas (RR: 0,81; IC95%: 0,40-1,63)6. En el caso de la población pediátrica (<18años), los probióticos lograron una reducción de la incidencia de la DAA entre el 45 y el 55%6,10. Este beneficio se observa tanto en pacientes menores como en mayores de 2años, sin diferencias significativas10.
Eficacia y seguridad de los probióticos en el tratamiento de erradicación de Helicobacter pyloriUn uso especialmente relevante de los probióticos para la prevención de la DAA es el tratamiento erradicador de H.pylori. En este caso los probióticos se han asociado con una menor incidencia de DAA y una menor incidencia de los efectos secundarios asociados a la terapia de erradicación20-24. Según distintos metaanálisis, S.boulardii CNCM I-745 redujo la discontinuación del tratamiento por efectos adversos graves y la incidencia de náuseas, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, distensión abdominal y estomatitis21-23. Como consecuencia de ello, se observó un incremento en la probabilidad de éxito de la terapia antibiótica frente a H.pylori entre el 4 y el 16%, tanto en población adulta como pediátrica21-25. Un metaanálisis reciente ha confirmado que estos beneficios se mantienen en pacientes tratados específicamente con terapia cuádruple20,24.
Tanto el consenso de Maastricht VI/Florence como la Asociación Española de Pediatría recomiendan el uso de probióticos como complemento a la terapia de erradicación de H.pylori, pero no recomiendan ninguna cepa concreta20,26. En cambio, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) recomienda únicamente el uso de S.boulardii CNCM I-745 en población pediátrica, puesto que es la única cepa que ha demostrado ser eficaz en esta indicación, mientras que L.rhamnosus GG no alcanza la significación estadística5,9,22,23,25,27. En cualquier caso, es habitual retrasar el tratamiento erradicador a la edad adulta y evitar así la administración prolongada de antibióticos durante la infancia.
Prevención de la disbiosis inducida por antibióticos mediante el uso de probióticosSegún un metaanálisis reciente, la administración concomitante de probióticos durante el tratamiento con antibióticos puede contribuir no solo a la prevención de la DAA, sino a evitar la reducción de la diversidad y la abundancia de la microbiota, es decir, la disbiosis28. También puede limitar el enriquecimiento de la microbiota en genes de resistencia durante el tratamiento29,30. Serán necesarios más estudios en el futuro para determinar la aplicabilidad en la práctica clínica de los probióticos en la prevención de la disbiosis31.
Criterios clínicos para la selección de un probióticoEn los siguientes apartados se describen los criterios que han de considerarse a la hora de seleccionar un probiótico para la prevención de la DAA teniendo en cuenta las características del paciente, del tratamiento antibiótico y del probiótico.
Criterios comunes para población adulta y población pediátricaCriterios basados en el antibiótico prescritoA la hora de seleccionar un probiótico es necesario tener en cuenta el antibiótico prescrito al paciente por dos motivos: no todos los antibióticos tienen el mismo riesgo de causar DAA y algunas cepas probióticas pueden ser sensibles al antibiótico prescrito14,17,32-34.
Según un estudio publicado en 2024, los grupos de antibióticos con mayor riesgo de causar DAA fueron las lincosamidas (clindamicina), seguidas de las cefalosporinas de primera, segunda y tercera generación y las combinaciones de β-lactámicos con inhibidores de β-lactamasas (tabla 1)14. Solo la tobramicina y la minociclina presentaban un OR <1. Además, existen factores que pueden incrementar el riesgo de DAA a igualdad de principio activo, tales como la combinación de dos o más antibióticos, la administración por vía intravenosa o la duración del tratamiento33. Por ello, debido al bajo riesgo de efectos adversos asociado al uso de probióticos, recomendamos su uso para manejar la DAA independientemente del antibiótico prescrito.
Riesgo de DAA de algunos de los antibióticos más utilizados en la práctica clínica en España
| Antibiótico | OR | IC 95% |
|---|---|---|
| Cefditoreno | 58,59 | 45,68-75,15 |
| Clindamicina | 29,07 | 26,93-31,38 |
| Cefpodoxima | 28,46 | 19,15-42,29 |
| Cefixima | 17,47 | 11,98-25,49 |
| Piperacilina-tazobactam | 17,01 | 14,94-19,37 |
| Cefalexina | 15,44 | 12,79-18,62 |
| Meropenem | 15,05 | 14,43-18,22 |
| Cefuroxima | 14,95 | 12,88-27,36 |
| Fosfomicina | 13,36 | 8,25-21,64 |
| Amoxicilina-ácido clavulánico | 13,31 | 12,09-14,65 |
| Norfloxacino | 12,97 | 6,69-25,16 |
| Ertapenem | 12 | 9,20-15,65 |
| Ceftriaxona | 10,4 | 9,01-12,00 |
| Imipenem-cilastatina | 10,17 | 7,92-13,06 |
| Dicloxacilina | 9,71 | 3,09-30,45 |
| Cloranfenicol | 9,64 | 3,07-30,24 |
| Ciprofloxacino | 8,74 | 8,05-9,49 |
| Ampicilina | 8,6 | 5,32-13,90 |
| Gentamicina | 7,77 | 5,62-10,76 |
| Moxifloxacino | 6,71 | 5,87-7,67 |
| Amoxicilina | 6,5 | 5,69-7,44 |
| Ofloxacino | 4,86 | 2,87-8,23 |
| Claritromicina | 4,54 | 3,86-5,33 |
| Tetraciclina | 4,41 | 2,81-6,94 |
| Levofloxacino | 3,68 | 3,26-4,16 |
| Eritromicina | 3,67 | 2,66-5,08 |
| Fluconazol | 3,07 | 2,36-4,00 |
| Sulfametoxazol | 3,01 | 2,33-3,88 |
| Azitromicina | 2,89 | 2,4-3,49 |
| Doxiciclina | 2,72 | 2,15-3,45 |
| Rifabutina | 2,55 | 0,82-7,92 |
| Anfotericina B | 1,7 | 0,97-3,00 |
| Aztreonam | 1,59 | 1,08-2,33 |
| Nitrofurantoína | 1,33 | 0,74-2,41 |
| Amikacina | 1,14 | 0,57-2,29 |
| Tobramicina | 0,98 | 0,64-1,51 |
| Minociclina | 0,42 | 0,16-1,11 |
El tipo de letra indica el riesgo de cada familia de antibióticos de producir DAA a partir de los criterios establecidos por Wong et al.33: riesgo alto (negrita), riesgo moderado (cursiva) y riesgo bajo (texto normal). La estratificación ha sido definida por el equipo de trabajo de esta publicación. No se trata de un consenso internacional. Para la elaboración de esta tabla se seleccionaron aquellos antibióticos de uso habitual en la práctica clínica en España a partir de los datos publicados por Huang et al.14 y se ordenaron en base a su OR.
IC 95%: intervalo de confianza al 95%; OR: razón de probabilidades.
Fuente: adaptada de Huang et al., 202414.
Por otro lado, algunas cepas probióticas pueden ser sensibles a determinados antibióticos si se administran simultáneamente, resultando en una pérdida de viabilidad del probiótico (fig. 1)34.
Mapa de susceptibilidad a los antibióticos de cada cepa probiótica. Las casillas marcadas en rojo representan los antibióticos a los que son susceptibles cada cepa probiótica. Adaptada de Neut et al., 201734, seleccionando los datos únicamente de aquellas cepas probióticas con al menos dos RCT en prevención de la DAA según los criterios que se detallan en el artículo.
S. boulardii CNCM I-745 es la única levadura probiótica que ha demostrado ser eficaz en la prevención de la DAA11,27,35. Su naturaleza le confiere una serie de diferencias clave frente a los probióticos de origen bacteriano. No es susceptible a la acción de ningún antibiótico, por lo que puede combinarse con los mismos sin riesgo de pérdida de eficacia34-36. Al ser un organismo eucariota, su genoma está protegido en el núcleo celular y no es susceptible de recibir o transmitir horizontalmente elementos genéticos móviles o genes de resistencia a antibióticos35,36. Gracias a su pared celular es resistente a las altas temperaturas, pH ácidos, sales biliares y enzimas digestivas, lo que garantiza su supervivencia en el medio digestivo35,36.
Las técnicas de preparación y almacenamiento influyen en la viabilidad final del probiótico. Las preparaciones liofilizadas y, por tanto, secadas en frío de S.boulardii CNCM I-745 han demostrado una velocidad de revitalización y crecimiento superior que aquellas secadas por calor36.
Criterios de calidadDe acuerdo con las directrices mundiales de la Organización Mundial de Gastroenterología (WGO) sobre probióticos y prebióticos, publicadas en 2023, se debe exigir que los probióticos garanticen su potencia o viabilidad en la fecha de caducidad del producto, normalmente expresada en unidades formadoras de colonias (UFC)11. El proceso de fabricación debe asegurar la ausencia de contaminación por microorganismos patógenos, y en todos los productos debe figurar la/s identidad/es de las cepas probióticas (incluyendo género, especie, subespecie y cepa)11. Además, los productos se deben fabricar según las normas de correcta fabricación (GMP) establecidas por los organismos competentes11.
Criterios específicos para la población adultaCriterios basados en la(s) cepa(s) probiótica(s)Recomendamos utilizar en la prevención de la DAA en población adulta aquellas cepas probióticas que cuenten al menos con 2 ensayos clínicos controlados y aleatorizados (RCT) en este grupo de población (siguiendo el criterio adoptado por el consenso de la ESPGHAN): S.boulardii CNCM I-745, L.rhamnosus GG y Bacillus clausii (combinación de cepas SIN, O/C, T y N/R)4-9,22,25,37,38. S.boulardii CNCM I-745 cuenta al menos con 6 metaanálisis y 8 RCT identificados en los que ha demostrado ser eficaz en la prevención de la DAA en población adulta4-8,22,25. Por su parte, L.rhamnosus GG cuenta al menos con 6 metaanálisis y 3 RCT favorables en esta población4,6-9,25. En el caso de B.clausii (combinación de cepas SIN, O/C, T y N/R) existen 2 RCT publicados en los que haya demostrado un beneficio significativo37,38. Todos estos probióticos se encuentran disponibles en España, aunque en el caso de B.clausii, en farmacias, no está disponible la combinación de cepas estudiada en ensayos clínicos, sino únicamente B.clausii SIN.
Criterios basados en las características del paciente. Poblaciones de especial riesgo.Los probióticos son considerados productos seguros, con efectos adversos leves y que afectan a un porcentaje bajo de los pacientes tratados con los mismos. Por ello, todos los pacientes pueden beneficiarse de su uso, a excepción de aquellos casos en los que exista un mayor riesgo de fungemia o bacteriemia, en cuyo caso deberá valorarse el beneficio/riesgo de cada caso individual3,10,35,39,40. En este grupo se incluyen pacientes inmunocomprometidos: cáncer, síndrome de inmunodeficiencia humana adquirida (sida), patologías cardiacas congénitas, sometidos a trasplante o en tratamiento inmunosupresor3,10,35,39,40. También se debe tener especial precaución en pacientes críticos o con catéteres vasculares permanentes3,10,35,39,40.
Sobre su uso en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, los probióticos no atraviesan la barrera intestinal, por lo que podrían considerarse seguros para estos grupos de población41. Sin embargo, la evidencia es limitada y son necesarios ensayos clínicos que confirmen su seguridad y eficacia en la prevención de la DAA en embarazo y lactancia. De las cepas recomendadas en el apartado anterior, únicamente L.rhamnosus GG ha sido ensayado en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia sin detectarse problemas de seguridad significativos, aunque en indicaciones distintas a la prevención de la DAA42-44.
Por otro lado, existen factores que pueden propiciar el desarrollo de DAA como la edad (mayor incidencia >70años), la hospitalización, el uso de inhibidores de la bomba de protones o laxantes, predisposición a diarrea (síndrome del intestino irritable), patologías subyacentes (p.ej., diabetes, problemas renales) y DAA en tratamientos previos con antibiótico3,17. En estos grupos de pacientes es especialmente recomendable el uso de probióticos.
Criterios específicos para la población pediátrica y adolescentesCriterios basados en la(s) cepa(s) probiótica(s)Siguiendo los criterios del grupo de expertos de la ESPGHAN, solo existen dos cepas probióticas que cuenten con al menos 2RCT en prevención de la DAA en población pediátrica: S.boulardii CNCM I-745 y L.rhamnosus GG5,9,10.
S. boulardii CNCM I-745 cuenta con dos revisiones sistemáticas identificadas en las que se analiza el efecto en la población pediátrica y 7 RCT favorables5,10. El beneficio de L.rhamnosus GG ha sido demostrado al menos por dos revisiones sistemáticas y 3RCT9,10. Ambas cepas cuentan con la recomendación positiva en la prevención de la DAA por parte de los expertos de la ESPGHAN27.
Criterios basados en las características del paciente y edad. Poblaciones de especial riesgoLos grupos con especial riesgo de bacteriemia o fungemia asociada a la administración de probióticos en la población pediátrica son los mismos que para la población adulta10,17,39,40,45. En estos casos deberá valorarse el beneficio/riesgo de cada paciente individualmente.
A las poblaciones de riesgo mencionadas anteriormente es necesario incorporar los recién nacidos prematuros por tener un sistema inmunológico más inmaduro, especialmente aquellos por debajo de 1.000g39,46. Según las recomendaciones del Special Interest Group on Gut Microbiota and Modifications de la ESPGHAN, los probióticos se consideran seguros en esta subpoblación siempre que se cumplan cuatro requisitos: evitar cepas productoras de D-lactato; utilizar cepas que no porten plásmidos con genes de resistencia; seleccionar cepas con eficacia demostrada en esta población, y usar productos fabricados según las GMP46,47. Según este grupo de expertos, no es recomendable el uso de S.boulardii CNCM I-745 en pacientes prematuros por razones de seguridad y falta de evidencia47.
Al igual que en el caso de la población adulta, existen factores en este grupo de pacientes que pueden favorecer el desarrollo de DAA, siendo especialmente relevante la edad (mayor incidencia en <2años)3,17. Por el contrario, la lactancia materna puede ejercer un efecto protector durante los primeros 6meses, hasta la introducción de alimentos5,17. También el nacimiento por parto vaginal puede proteger inicialmente a los recién nacidos gracias al contacto con la microbiota vaginal de la madre17.
Algoritmo de uso de los probióticos en la prevención de la DAAA partir de la evidencia disponible, hemos desarrollado un algoritmo para facilitar la toma de decisiones en el uso de probióticos en la prevención de DAA (fig. 2A). La estratificación del riesgo del antibiótico es una propuesta de este grupo de expertos ante la falta de evidencia en este sentido. Además, el algoritmo solo hace referencia a tratamientos agudos con antibióticos, puesto que no se dispone de evidencia científica sobre el impacto del uso de probióticos en pacientes en tratamiento con antibióticos en periodos de tiempo superiores a cuatro semanas. Junto al algoritmo se incluye la dosis recomendada para las distintas cepas probióticas, tanto para población adulta como para población pediátrica (<18años) (fig. 2B-C). Esta posología ha sido establecida con base en las recomendaciones de la WGO para población adulta y la ESPGHAN para población pediátrica11,45. Las diferentes fuentes consultadas coinciden en que el tratamiento con probióticos debe iniciarse lo antes posible. Sin embargo, no existe un consenso sobre cuál es la duración más adecuada del tratamiento, aunque por lo general se acepta que este debe prolongarse entre 7 y 14días tras terminar el tratamiento con antibiótico4,10,11,45,48. Es importante tener en cuenta que, en el caso de los probióticos de origen bacteriano, se recomienda espaciar la toma respecto al antibiótico al menos 2horas por posible sensibilidad del probiótico al antibiótico (fig. 1)34,49,50. Esto no aplica a S.boulardii CNCM I-745, que, por ser un organismo eucariótico, no es sensible a ningún antibiótico34. Estas recomendaciones van en línea con las publicadas por la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC) en 202251.
A)Algoritmo de uso de probióticos para la prevención de la DAA en pacientes adultos y pediátricos. B)Cepas, posología y duración del tratamiento recomendada para población adulta. C)Cepas, posología y duración del tratamiento recomendada para población pediátrica (<18 años).
UFC: unidades formadoras de colonias.
La información contenida en esta figura ha sido desarrollada por el equipo de trabajo de esta publicación en base a la evidencia científica revisada.
La DAA es una de las principales manifestaciones a corto plazo de la disbiosis inducida por antibióticos1,5,10,14,17,52. El uso de probióticos ha demostrado ser una estrategia segura y eficaz para prevenir la DAA, tanto en población pediátrica como adulta4-10. El algoritmo propuesto y los criterios de selección desarrollados en este artículo tienen como objetivo facilitar la toma de decisiones a los profesionales sanitarios y mitigar el impacto de la terapia antibiótica en la salud de los pacientes. La validación de este algoritmo en estudios futuros permitirá confirmar su aplicabilidad y utilidad en la práctica clínica de atención primaria.
FinanciaciónEl presente artículo ha sido patrocinado por Zambon España, que financió el trabajo de Adelphi Targis en la redacción médica para la preparación de este manuscrito.
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Declaración sobre el uso de inteligencia artificialNo se utilizaron herramientas de inteligencia artificial para generar, analizar ni redactar el contenido científico de este manuscrito.
Contribución de los autoresTodos los autores cumplen los criterios establecidos por el International Committee of Medical Journal Editors (ICMJE) para la autoría: 1)contribuciones sustanciales a la concepción, el diseño, la adquisición de datos, el análisis o la interpretación; 2)redacción del manuscrito o revisión crítica de su contenido intelectual relevante; 3)aprobación final de la versión que se publicará, y 4)compromiso de asumir la responsabilidad de todos los aspectos del trabajo.
Conflicto de interesesMJB ha participado como ponente en cursos de Nutricia, como profesora en cursos de endoscopia patrocinados por Nutriben; ha colaborado en estudios con Nestlé y Abbott, y ha recibido honorarios por este artículo de Zambon.
MN ha recibido honorarios por este artículo y por consultorías para Zambon y Boehringer.
MP ha recibido honorarios por participación en ponencias en congresos, cursos y reuniones organizadas por Heel, Sanofi, Menarini, Abbott Laboratories, Zambon, Opella.
MR ha participado como consultora, autora de cursos y/o ponente con Servier, Abbvie, Salvat, Schawe, Heel y Zambon.
NR ha recibido honorarios por este artículo de Zambon.
AB ha recibido ayudas a proyectos de investigación de Farmasierra; ha recibido honorarios por conferencias de Aboca, Nestlé y Ordesa, y ha recibido honorarios por este artículo de Zambon.
MV es empleada de Adelphi Targis, empresa que ha recibido honorarios de Zambon por su participación en el desarrollo de este proyecto.
FG ha recibido ayudas a proyectos de investigación de AB-Biotics, Abbvie, Actial, BioGaia, Clasado y Takeda, y ha recibido honorarios por conferencias o consultorías de AB-Biotics, AlfaSigma, Ametller, Biocodex, BioGaia, Danone, F.Trenka, Menarini, Norgine, Opella, Pfizer y Zambon.
Agradecemos a Zambon España por el apoyo financiero en este trabajo. Agradecemos a Marta Valenti de Adelphi Targis por su trabajo en la redacción de este trabajo.




