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Investigaciones de Historia Económica - Economic History Research
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Vol. 12. Núm. 1.
Páginas 59-60 (Febrero 2016)
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Vol. 12. Núm. 1.
Páginas 59-60 (Febrero 2016)
Reseña
DOI: 10.1016/j.ihe.2015.07.002
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Andrés Sánchez Picón (Coord.). Industrialización y desarrollo económico en Andalucía. Un balance y nuevas aportaciones. Sevilla, Centro de Estudios Andaluces-Junta de Andalucía, 2013, 171 págs., ISBN: 978-84-941813-5-1.
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Miguel Ángel López-Morell
Universidad de Murcia, Murcia, España
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Homenajear la obra y la persona del malogrado Antonio Parejo ya es motivo suficiente para justificar una obra de esta naturaleza. Sin embargo, esta compilación de artículos, coordinada por Andrés Sánchez Picón, es por sí misma una aportación muy positiva a la historiografía económica andaluza, tanto por lo que colabora en la puesta al día de debates muy consolidados como por la generación de nuevas ideas y aportaciones inéditas. Pero más allá de esto último, obras breves como esta, a medio camino entre lo divulgativo y los sesudos artículos o monografías plenamente científicos, son necesarias, porque son precisamente las que conectan con nuevos lectores interesados en la historia económica y especialistas de otras áreas, que reclaman estas visiones generales, puestas al día, en un formato cercano. La brevedad de los textos presenta sus limitaciones, pero es una herramienta útil para alcanzar este objetivo.

El libro se abre con una introducción elaborada en su día con las notas del coordinador y el propio homenajeado, y se completa con aportaciones de Sánchez Picón, sobre la evolución de la minería; Juan Diego Pérez Cebada, con un estudio sobre energía y medio ambiente; otro dedicado a los transportes, por Domingo Cuellar; en tanto que la industria agroalimentaria es tratada por Enrique Montañés; la obra se cierra con un trabajo sobre redes empresariales, por Josean Garrués y Juan Antonio Rubio.

La hipótesis general del texto introductorio y de la mayor parte de los autores ahonda en el revisionismo acerca de los ritmos de industrialización de la región, en la que toman más fuerza las transformaciones del primer tercio del siglo xx que los avances de mitad del siglo xix. Por consiguiente, se apartan parcialmente de la visión puramente nadaliana, que precisamente ponía a Andalucía como paradigma del fracaso en el proceso de industrialización decimonónico, tras unos inicios prometedores de empresarios innovadores que no tuvieron continuidad. Los diversos trabajos presentados aportan datos concluyentes a este respecto. Sin embargo, frente a la constatación de que existe un retraso evidente, pero menor que el que había quedado estereotipado, tanto esta obra como la mayor parte de la literatura aún no han respondido convenientemente a las causas de esa decadencia partiendo incluso desde más atrás. Por ejemplo: Cádiz de finales del siglo xviii poseía un dinamismo comercial y financiero con pocos paralelos en Europa; en los círculos y casinos encontramos las primeras ediciones de los economistas clásicos británicos, e inversores de toda Europa remitían sus fondos a la bulliciosa urbe comercial, plena de emprendedores nacionales y foráneos. Todo ese empuje se perdió, aunque desde luego no en la Guerra de Independencia, donde incluso se reforzó el rol de la ciudad. En definitiva, ¿por qué no continuaron esas inercias? ¿Se explica solo por la pérdida de las colonias continentales en América? ¿Por qué se generó un nuevo modelo en la región del que solo se benefició una élite local muy estrecha o empresas y familias extranjeras, dotadas de capital o redes comerciales procedentes de sus países de origen? Por otra parte, más allá de cuestiones políticas heredadas, existe una cuestión más peliaguda y que afecta al conjunto de los trabajos: ¿existe una realidad económica e histórica común para un territorio tan vasto como Andalucía? Porque, en ocasiones, el caso andaluz en su conjunto hace aguas al constatar, por ejemplo, las diferencias entre las provincias de la Baja Andalucía (Huelva, Sevilla, Cádiz, Córdoba y Jaén) y las provincias orientales (Málaga, Granada y Almería), que presentan divergencias importantes en sus desarrollos históricos. Los propios Parejo y Sánchez Picón insisten en la introducción en que muchas veces tiene más sentido un estudio comarcal o de distritos que el marco regional para entender la realidad andaluza, aunque este criterio solo se aplica subsidiariamente en los capítulos posteriores.

Dicho todo esto, los trabajos atinan en algunos elementos nuevos importantes, aportando, además, nuevas perspectivas de temas clásicos que cabrían ser destacadas.

En primer lugar, el capítulo de Sánchez Picón recoge una visión en el muy largo plazo de la minería andaluza, intentando dar coherencia a los distintos ciclos históricos del sector hasta el presente. Un valor en sí mismo, en tanto que no disponemos de un trabajo de conjunto que valore la aportación de uno de los sectores líderes de la economía andaluza contemporánea, que abarque desde la época dorada del plomo y el cobre en el siglo xix a las recientes reaperturas en la faja pirítica. Si acaso, se echaría en falta una mínima alusión a la cantería, la hermana «pobre» de la minería, pero muy vinculada a la evolución de la construcción y que ha mantenido una actividad creciente hasta hoy.

La aportación de Pérez Cebada ahonda en la evolución del sector energético en la región, con un recorrido que constata las contradicciones de un bien necesario para la industria, que llegó pronto a la región, pero que estuvo muy desigualmente repartido por el territorio. En su caso, se trata de un apartado a medio construir en la literatura, puesto que, aunque conocemos bastante sobre el desarrollo de las industrias eléctricas y los condicionantes del uso del carbón, no sabemos tanto del funcionamiento de los mercados locales y cómo condicionaron la industrialización. El autor, en cualquier caso, lleva el tema a su terreno y aboga por analizar el tránsito de fuentes de energía tradicionales, como el carbón, a otras más modernas, y evidenciar si ese cambio influyó o no en la consolidación de modelos productivos menos intensivos en energía; así como analizar si este tránsito generó externalidades negativas, como la contaminación.

Domingo Cuellar vuelca en síntesis toda su experiencia en la historia de las comunicaciones para hacer un análisis comparado de la intensidad de la construcción ferroviaria, comparando el esfuerzo inversor en infraestructuras en la región con la media nacional para constatar las épocas de mayor convergencia y divergencia de Andalucía a este respecto. Ese discurso lleva al autor a reflexionar sobre los éxitos y fracasos históricos del trazado de determinadas infraestructuras de comunicaciones para poder diseñar con más eficiencia futuras redes. He aquí uno de los objetivos irrenunciables de la historia económica tomando todo su sentido. En perspectiva, la visión del autor es pesimista, y quizás lo sería más si introdujera el concepto de coste de oportunidad a algunas infraestructuras recientes, como las aeroportuarias, que en el caso de Andalucía han obedecido más a criterios políticos que económicos.

Por su parte, Enrique Montañés se centra en los subsectores agroalimentarios, los cuales supuestamente han vertebrado históricamente el desarrollo económico andaluz. Montañés se centra en este caso en los sectores líderes, como fueron la industria harinera, el azúcar, el aceite y el vino. En todos los casos, estos destacaron por un tamaño y una capacidad exportadora que solo podían compararse con los de la minería. No obstante, es muy interesante el apunte que hace el autor a este respecto, enfatizando la importancia que tuvo la presión a favor de los aranceles en la industria harinera desde muy pronto (en 1820 y luego en 1891) para explicar la falta de dinamismo del sector, así como las prácticas colusivas que se dieron en la industria azucarera. Todo lo contrario de los sectores puramente exportadores, como el aceite y el vino (sobre todo este último), que evolucionaron tecnológicamente mejor que los anteriores, con un peso creciente en la economía regional. Una aportación muy interesante, aunque se hubiera agradecido que el autor manejara una cronología uniforme para todos sus estudios sectoriales.

Por último, el trabajo de Garrués y Rubio, basado en su base de datos de empresarios andaluces y sus conexiones, aporta la siempre interesante metodología de redes para levantar un mapa de las relaciones económicas en la comunidad. La enorme muestra, que abarca desde 1886 a 1959, les permite demostrar con mucha solvencia cuáles eran las principales interconexiones entre los empresarios más dinámicos y en qué sectores se movían. Una vez más, los autores tratan de desterrar el tópico de la falta de un tejido empresarial en la región, pero no dejan de señalar las dificultades derivadas de operar en un mercado muy estrecho y plagado de obstáculos.

En definitiva, nos encontramos ante una aportación muy útil para realizar un acercamiento general a la realidad histórico-económica andaluza contemporánea. Podrían mencionarse algunos errores de edición menores, al faltar o estar mal indexadas algunas de las fuentes bibliográficas, y se echa de menos alguna literatura reciente, amén de un capítulo de instituciones. No obstante, el producto final merece la pena, sobre todo por poner juntas viejas teorías con esas nuevas aportaciones que, sin duda, seguirán generando debate.

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