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Vol. 29. Núm. 4.
Páginas 23-25 (Julio 2015)
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Xerosis: más allá de la piel seca
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La xeroris no es un problema de salud grave pero sí es molesto y afecta sobre todo a las mujeres a partir de una determinada edad. La mejor forma de prevenirlo adoptar una serie de hábitos de hidratación que además nos ayudarán a sentirnos mejor.

La xerosis se puede definir como “un paso más” en ese problema cutáneo que se conoce como piel seca. Su “campo de actuación” es la capa córnea, la más exterior de la epidermis, que resulta esencial para conservar la hidratación de la piel. Está constituida por alrededor de 20 estratos de células epidérmicas, que son las que forman la barrera cutánea que impide la deshidratación del organismo y la penetración de sustancias externas en la piel. Esta capa córnea, en situaciones normales, contiene entre un 10 y un 15% de agua, pero cuando ese contenido hídrico baja del 10% se habla de xerosis cutánea, lo que significa que la piel se encuentra en un estado muy vulnerable: luce frágil, áspera y apagada, las arrugas se hacen más visibles, se exfolia y se descama con más facilidad, llegando incluso a romperse (grietas). La xerosis, además, hace que la piel esté más expuesta a infecciones y a enfermedades cutáneas como los eccemas.

Es más frecuente en las mujeres, ya que la piel femenina es de por sí más delicada, y suele aparecer principalmente en la piel de brazos y piernas. Una de las áreas corporales en las que la xerosis es más frecuente son los talones, en los que la sequedad cutánea desencadena con frecuencia la aparición de grietas (en la farmacia hay productos específicos para prevenir y tratar este problema en esta zona del pie).

Son varios los factores implicados en la aparición de la xerosis. Uno de ellos es la edad. Se sabe que uno de los efectos del envejecimiento es la disminución de las funciones de autorregulación de la piel, entre ellas la capacidad de la capa córnea para retener la hidratación. Determinados problemas de salud, como la diabetes o estados carenciales (debidos, por ejemplo, a una mala absorción de lípidos), el tabaquismo (uno de los efectos de la nicotina sobre la piel es “robarle” su humedad natural) y la ingesta de ciertos medicamentos (corticoides tópicos, retinoides y abuso de diuréticos y laxantes) pueden favorecer la aparición de este problema. En los últimos tiempos, los expertos han puesto su mirada en el papel que los factores medioambientales en general y los derivados del cambio climático en particular pueden desempeñar en la xerosis.

Uno de los efectos que parecen tener más incidencia es el descenso de la humedad, debido a la disminución de las precipitaciones y a las olas de calor que se han producido en los últimos tiempos en zonas del planeta como el sur de Europa. Como consecuencia de ello, la epidermis está expuesta de forma prolongada a ambientes calurosos y secos, lo que llevan a que la piel se deshidrate hasta el punto de aparecer una sequedad extrema.

Duchas, tensioactivos y otros posibles agresores cutáneos

La ducha es un gesto diario fundamental, pero no siempre se realiza de la forma correcta ni utilizando los productos más adecuados, una circunstancia que puede suponer un “plus” de agresión a la piel y resultar especialmente perjudicial en el caso de las sensibles, secas y con xerosis. Hace un año, los expertos de la firma Eucerin realizaron un estudio destinado a analizar los hábitos de ducha de los españoles. Los resultados de esta investigación demostraron que, aunque un 40% confiesa tener la piel sensible, la mitad de ellos no usa productos adecuados para este problema cutáneo. Más del 50% de los encuestados afirmaron ducharse con agua demasiado caliente y un 45% pasa un tiempo inadecuado bajo el agua. Otro dato significativo es que casi la mitad no se hidrata al salir de la ducha, siendo uno de los motivos más alegados (el 63%) la creencia de que la piel tiene un mecanismo especial para hidratarse sola. En esta línea, uno de cada 3 encuestados afirmó que sólo es necesario hidratarse si se toma el sol o se hace deporte.

Los expertos también advierten sobre la importancia de utilizar productos adecuados y adaptados a la tipología cutánea en la higiene diaria. Una de las investigaciones más recientes realizadas en este sentido ha sido llevada a cabo por la firma cosmética Dove. Este “Estudio de Percepciones” se realizó entre dermatólogos españoles y tuvo como eje central el cuidado de la higiene diaria. Así, según los datos obtenidos, los dermatólogos afirman que el 25% de los pacientes que acuden a sus consultas lo hacen por problemas derivados del uso del gel o la pastilla de jabón. En este sentido, la gran mayoría (el 88%) de los dermatólogos aconseja el uso de gel para la limpieza corporal diaria, frente al 8% que se decanta por la pastilla de jabón. Un dato muy significativo es que casi la mitad de los dermatólogos encuestados (47%) afirma que el componente de muchos geles de ducha o jabones que puede perjudicar y/o destruir el manto lipídico son los tensioactivos, seguidos de los ajustadores de pH.

En cuanto a las características que debe reunir un producto para la ducha, 7 de cada 10 dermatólogos coinciden en que su principal aportación debe ser mantener el manto lipídico natural de la piel, seguido de una buena hidratación (19%) y que posea un pH neutro (12%).

Para el 48% de los dermatólogos, el gel o jabón más adecuado es aquel que ayuda a paliar en gran parte los síntomas que presentan muchos de los pacientes con problemas de piel (eczema, dermatitis atópica, prurito…).

El papel de la filagrina

El dermatólogo Onofre Sanmartín, profesor de Dermatología en la Universidad Católica de Valencia y miembro de la Academia Española de Dermatología y venereología (AEDV), explica en un documento de esta institución, titulado, “Hidratación: cuidado con el déficit de filagrina” el papel que juega esta sustancia en la deshidratación de la piel. Tal y como explica este experto, la capa córnea dispone de tres estructuras que le permiten conservar el contenido hídrico en los parámetros normales (10-15%). La primera es el manto hidrolipídico, una película cutánea, situada en la superficie del estrato córneo en contacto con el exterior, que ejerce una acción antimicrobiana por su pH ácido. La segunda capa es el factor hidratante natural. “Se trata del mecanismo natural más importante para conservar la humedad en el estrato córneo. Está formado por un conjunto de moléculas hidrosolubles que se forman fundamentalmente a partir de la filagrina, una proteína esencial en la formación adecuada de la queratina de la epidermis, que está en el origen de las enfermedades de la piel en las que la sequedad cutánea es un síntoma fundamental. Se calcula que en los países europeos hasta un 15% de la población tiene defectos genéticos en la filagrina, lo que condiciona una tendencia elevada a la sequedad cutánea”, señala el doctor Sanmartín.

La bicapa lipídica es el tercer nivel de esta capa córnea. Está formada por la disposición en ladrillos (las células) y cemento (sustancias de naturaleza grasa que se disponen entre ellas, como las ceramidas, los ácidos grasos libres y el colesterol). “Esta disposición en bicapa lipídica permite el paso selectivo de sustancias a través de la piel, y constituye la base para los tratamientos tópicos en dermatología, entre ellos, las cremas hidratantes”, comenta el experto.

Hidratación en doble sentido

La solución más efectiva a la xerosis es la hidratación a través de productos cosméticos específicos, lo que permite incrementar o mantener el nivel hídrico en la capa córnea y, también, corregir los niveles de lípidos. “La hidratación restaura la elasticidad del estrato córneo, por lo que la piel aparece más firme y fuerte y adquiere un mejor aspecto, más sano y rejuvenecido”, afirma el doctor Sanmartín, quien comenta que para conseguir este objetivo, los cosméticos hidratantes emplean dos estrategias: “por un lado, una hidratación pasiva, que tiene como objetivo impedir la pérdida de agua en la capa córnea, y ello se logra gracias a sustancias como la parafina, las ceras, los aceites o la lanolina. Y, por otro, una hidratación activa, destinada a aportar agua, bien del ambiente exterior o bien desde la dermis a la capa córnea”. Para ello, se incorporan a las formulaciones ingredientes como la glicerina, la urea (un clásico en lo que se refiere a la hidratación y reparación de las pieles más secas), pantenol, siliconas, ceras, aceites, vitaminas liposolubles, colágeno, elastina, algas y caviar. “Los ingredientes más novedosos en cosmética en este sentido son los estimuladores de la síntesis de filagrina, una sustancia cada vez más presente en muchas de las fórmulas de los laboratorios cosméticos. Lo más recomendable es emplear productos que incluyan sustancias de hidratación activa y de hidratación pasiva”.

Cuidados específicos pro-recuperación

La solución más efectiva a la xerosis es la hidratación a través de productos cosméticos específicos. También es absolutamente imprescindible asegurar el aporte diario de agua necesario (nunca inferior a los 2 o 2,5 litros)

• Imprescindible, un producto específico. Como regla general, los preparados tópicos para las pieles con xerosis deberían incluir los siguientes ingredientes “base”: lípidos (sustitutivos de los lípidos naturales cutáneos perdidos); lípidos fisiológicos (para la restauración de los elementos estructurales del estrato córneo); hidratantes y humectantes (para equilibrar el contenido de agua y restablecer la función barrera del estrato córneo); y antipruriginosos (para aliviar el prurito o picor, uno de los síntomas más característicos de estas pieles).

• Textura adaptada. Tanto la textura como la presentación de estos productos deben adaptarse a la zona corporal en la que aparece la xerosis y también a otros elementos, como la época del año. Así, por ejemplo, las cremas ricas en agua son las más adecuadas para el rostro y para la época estival, mientras que para zonas como las extremidades y los pliegues y durante los meses de invierno, la mejor opción son las pomadas ricas en lípidos.

• Extremar los cuidados en la higiene diaria. Cuando nos duchamos, nuestra piel puede perder hasta un 15% de su hidratación, por lo que la elección de los productos de higiene es fundamental. La mejor opción son los geles o jabones específicos para este tipo de piel. Y lo mismo ocurre con la temperatura: el agua excesivamente caliente potencia el efecto deshidratante; lo mejor es ducharse a una temperatura templada (28-30 ºC).

• Gestos suaves. Lo mejor es aplicar los productos de higiene con la mano, evitando la fricción de la piel con esponjas o guantes, ya que pueden producir una exfoliación excesiva. Asimismo, al secarse, hay que hacerlo con ligeros toques, nunca frotarse, y utilizar toallas de rizo siempre que sea posible, para así preservar la barrera protectora cutánea. Hay gestos que potencian los efectos de los productos hidratantes como, por ejemplo, humedecer el rostro antes de aplicar una hidratante facial o no secarse totalmente tras la ducha antes de utilizar una corporal, ya que el agua “hincha” las células epiteliales, creando una superficie uniforme y mejorando el aspecto de la piel.

• Hidratante de refuerzo. Es muy importante la hidratación posterior a la ducha para aprovechar así el aporte exterior de agua obtenido, y aplicar de forma inmediata productos que eviten la evaporación del agua contenida en la piel.

• Adaptar el fondo de armario. Hay que procurar utilizar prendas que resulten suaves al contacto con la piel, preferiblemente el algodón, y evitar aquellas excesivamente ajustadas. También hay que prescindir de lociones, perfumes, colonias o similares que contengan alcohol.

• Protección solar. Si en todos los casos es fundamental, cuando se trata de pieles con xerosis es imprescindible, ya que, además de otros daños cutáneos, la radiación puede actuar como un auténtico “papel secante” en la piel. Hay productos solares especialmente formulados para estos tipos de piel, que aúnan una protección solar muy alta con una cantidad elevada de agentes nutritivos, hidratantes y reparadores que minimizan las pérdidas de agua asociadas a la exposición solar.

• Menú hidratante. La dieta juega también un papel importante para potenciar la hidratación desde el interior. Para ello, hay que restringir el consumo de ciertos alimentos (chocolates, cremas, mayonesas) y disminuir la ingesta de azúcares; moderar el consumo de sal y de comidas muy condimentadas (producen retención de líquidos, los cuales deberían circular para mantener la piel hidratada); seguir una dieta rica en frutas y verduras, alimentos que suponen un importante aporte de vitaminas que conservan la hidratación y la elasticidad de la piel (A, C y E, principalmente); y vigilar los niveles de minerales como el zinc, el hierro, el cobre o el calcio, cuyo déficit puede acelerar la deshidratación cutánea. Y, absolutamente imprescindible, asegurar el aporte diario de agua necesario (nunca inferior a los 2 o 2,5 litros).

• Controlar la humedad ambiental. Es un aspecto a tener en cuenta especialmente en los lugares de trabajo. Los expertos recomiendan el uso de humidificadores en los ambientes especialmente secos, ya que está demostrado que al permanecer mucho tiempo en recintos en los que hay calefacciones o aires acondicionados se producen pérdidas imperceptibles de agua, que favorecen la deshidratación cutánea.

• Consejo profesional. En caso de que el estado de la piel no mejore o la xerosis vaya a más (se formen grietas, por ejemplo) hay que consultar al farmacéutico o al dermatólogo.

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