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Vol. 22. Núm. 9.
Páginas 8-13 (Octubre 2008)
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Recetas contra la crisis. La gestión en el punto de mira
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Enrique Grandaa
a Doctor en Farmacia.
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Tablas (3)
Tabla. I. Margen bruto, neto y costes laborales sobre la facturación por segmentos de farmacias (2006)
Tabla. II. Datos de la farmacia media en 2006
Tabla. III. Escenario de ingresos, gastos y beneficios en función de las ventas al SNS
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El reciente RD 823/2008, que actualiza los márgenes y las deducciones, presenta un fallo capital: no tiene en cuenta el crecimiento que han experimentado los medicamentos de más de 143 euros sobre nuestro porcentaje de ventas

Nuestro país se encuentra en un momento en el que la economía ha pasado a ser una de las principales causas de preocupación de los ciudadanos, algo que parecía superado hasta finales del año 2007. La denominación técnica de la clase de crisis que padecemos y las causas últimas son lo de menos; la consecuencia es que ha caído la confianza de los consumidores, que hay un cambio de hábitos en los clientes de las farmacias y un encarecimiento de los costes que está influyendo muy negativamente en las rentas del sector. Ante esta situación, particularmente para todos aquellos farmacéuticos para los que sus farmacias son la principal fuente de ingresos, se impone adoptar una serie de medidas que permitan minimizar los efectos de la crisis en su economía familiar y tratar de mantener los niveles de renta en los que se encontraban.

La economía de las oficinas de farmacia se encuentra sometida a unas importantes limitaciones en su gestión y el margen de maniobra es bastante estrecho como bien sabemos, pero, aún así, hay una serie de parámetros en los que podemos influir para mejorar el margen final que se traduce en nuestros propios ingresos. En este artículo se analizan las principales variables en las que el titular puede influir para tratar de mantener sus niveles de renta en un mercado cuyo crecimiento es inferior al resto de la economía desde hace mas de un año. También se proporcionan consejos, que pueden resultar obvios en bastantes casos, pero que no por ello deben ser descartados sin considerarlos nuevamente en nuestro análisis. Independientemente de que adaptemos nuestra propia economía individual a la crisis, es necesario también movilizarnos en el plano político para hacer disminuir el volumen de deducciones que padecemos y apoyar aquellas reformas fiscales que están proponiendo desde un punto de vista general algunos partidos políticos en relación a los trabajadores autónomos y las pequeñas empresas como medio para afrontar la crisis.

La economía de la farmacia

La economía de las oficinas de farmacia se encuentra ligada a unos ingresos por ventas en los que resulta bastante difícil influir tanto en su volumen como en su composición interna. Tanto el volumen como la composición interna de lo que vendemos —ya que existen diversos márgenes y deducciones— se encuentran directamente relacionados con el margen bruto que obtenemos. Aún así, siempre es posible influir en este margen mejorando la gestión de compras y adaptando la oferta de productos que no requieren receta a la demanda real de nuestros clientes. Por tanto, la gestión de compras y la oferta de productos habrán de ser nuestra primera preocupación a la hora de establecer una estrategia de gestión, siendo conscientes de que la demanda y el consumo de nuestros clientes han caído hasta límites que no se recuerdan desde las épocas en que nuestro país se encontraba en vías de desarrollo.

El segundo capítulo en el que podemos influir —y en este tenemos todavía una importante capacidad de gestión— son los gastos, adecuando nuestra propia oferta de servicios a la demanda real. El parámetro productividad debe ser cuidadosamente vigilado porque el mantener servicios poco o nada demandados puede poner en juego nuestro propio nivel de vida.

Por último, y no menos importante, habrá que introducir aquellas modificaciones en nuestra gestión que tengan consecuencias sobre el margen neto final, ya sea como medio de minimizar las deducciones a las que nos vemos sometidos en nuestras ventas al Sistema Nacional de Salud o como vía para influir en la fiscalidad que grava toda nuestra actividad o en los gastos financieros a los que debemos hacer frente.

Como vemos, la economía de las farmacias tiene unas características bastante sencillas, tan sencillas que en ocasiones los farmacéuticos no le conceden la importancia debida a sus principales parámetros, lo que les hace asumir personalmente los efectos de una gestión deficiente o adaptada a otras épocas en las que el crecimiento del mercado compensaba los errores en la gestión y pensábamos que un exceso de oferta implicaba mayores ventas. El efecto positivo de la crisis puede ser que muchos farmacéuticos tomen conciencia de que unas elementales medidas de gestión les van a permitir mantener o mejorar su nivel de vida, a pesar de los efectos negativos de la situación económica en la que nos encontramos.

Gestión de compras

Adaptarse a la crisis implicará en muchos casos conceder a la gestión de las compras una importancia superior a la de las épocas de bonanza. Muchos negocios en los que la competencia es muy fuerte sobreviven y prosperan por la gestión de compras, a la que se concede tanta o más importancia que a las ventas. En una economía en recesión debemos extremar la apuesta por obtener mayores márgenes en las compras, en equilibrio con lo que realmente podamos vender, porque es lógico temer cualquier aumento de existencias que no se corresponda con el mercado.

Para abordar la gestión de compras de una forma coherente debemos revisar seriamente las condiciones que nos ofrecen nuestros proveedores principales, que son los almacenes de distribución, e incluso solicitar condiciones en otros almacenes. La crisis es de tal naturaleza que las fidelidades y los sentimentalismos con nuestros proveedores «de toda la vida» podemos pagarlos con cosas que nos resultan absolutamente necesarias. Otra cuestión son las «fantásticas ofertas» en productos de parafarmacia, en las que tiene que imperar el realismo de lo que esperamos vender.

El suministro directo de determinados medicamentos, en ocasiones sin otra posibilidad que el margen legal que, como sabemos, es inferior al 27,9 en los medicamentos de precio superior a 140 euros, ha venido a entorpecer la gestión de compras, ya que se sabe que estos medicamentos suponen actualmente una cuota superior al 20%.

La consideración final de todos nuestros cálculos debe ser que es preferible vender algo menos con mayor margen, que algo más, con un punto o más de diferencia y almacenando sine die productos que quizá no vendamos nunca.

Lo visto hasta aquí se enmarca dentro de lo obvio, pero muchas veces el trabajo y las preocupaciones nos alejan de tareas que en épocas difíciles pasan a ocupar una posición destacada y para ello basta un ejemplo: sólo un punto en unas compras de 500.000 euros supone 5.000 euros, que sigue siendo el coste de unas buenas vacaciones.

La consideración final de todos nuestros cálculos debe ser que es preferible vender algo menos con mayor margen, que algo más, con un punto o más de diferencia y almacenando sine die productos que quizá no vendamos nunca

Gastos

Los gastos en las oficinas de farmacia se encuentran en un crecimiento que tiene mucho que ver con los que experimenta todo el país y que se refleja en el IPC general que, como sabemos, acababa de situarse en el 5% a finales del pasado mes de junio. Todos los gastos de la farmacia crecen a un ritmo poco acorde con las ventas y aunque algunos lo hacen muy por encima del IPC, hay que destacar aquellos que suponen las partidas más importantes, como son los gastos de personal.

Personal

Las farmacias presentan un porcentaje de gastos de personal, incluidas las cargas sociales, que oscila entre el 8 y el 11%, dependiendo del tipo de ventas que realizan. Se sabe que la venta de parafarmacia, dermocosmética, ortopedia y óptica acarrea unos mayores gastos de personal, porque cada venta requiere un mayor tiempo que la dispensación de recetas del Sistema Nacional de Salud, pero lo que no tiene lógica es que mantengamos unos gastos de personal elevados, simplemente para ofrecer un servicio rápido a una clientela que no aumenta o disminuye. Una buena apuesta sería hacer descender un punto nuestros gastos de personal aunque ello suele resultar muy complicado. El módulo de venta anual de 275.000 a 300.000 euros por empleado viene siendo una constante a la que es necesario aproximarse, ya sea contratando empleados de media jornada, disminuyendo las vacaciones anuales para aquellos que todavía cierran o esperando a que las ventas aumenten lo necesario antes de contratar nuevo personal. Un descenso de ventas ocasionado por la apertura de nuevas farmacias en la zona debe hacernos considerar reducciones de personal, a pesar de sus connotaciones dolorosas, como una necesidad de la propia supervivencia del negocio, y prepararnos para cuando mejore la situación económica, ya que las reducciones se amortizan en unos meses, y si al fin termina la crisis, necesitaremos contar con recursos para realizar nuevas inversiones. En la tabla I aparecen los conceptos de margen bruto y gastos de personal dependiendo de las ventas y en la tabla II, los principales parámetros de la farmacia media en el año 2006, donde se refleja que los gastos de personal fueron, en promedio, del 8,45%. Estos parámetros deberían guiarnos para saber nuestro nivel de gastos de personal descontando los gastos en este concepto que se realicen por motivos fiscales1.

Otros gastos

Diversos estudios que se han realizado durante el año 2008 indican que los gastos generales de las farmacias crecen a un ritmo muy superior al IPC, por lo que debemos hacer un replanteamiento general de la utilidad de muchos de estos gastos sin caer, como ocurre en muchos casos, en lo que se denomina «el chocolate del loro», y teniendo en cuenta que muchos de estos gastos resultan inamovibles como, por ejemplo, los gastos de facturación y aquellos derivados de compromisos anteriores como los de leasing para la adquisición de bienes de equipo. En este apartado resulta muy importante realizar un estudio sobre los gastos financieros derivados de nuestra modalidad de pago. En algunos casos interesa, incluso, solicitar un crédito para adelantar pagos disminuyendo el coste financiero, normalmente más alto, de las cooperativas y almacenes de distribución. Así pues, cabe considerar que, en muchos casos, lo que se paga en gastos financieros a los proveedores por aplazamiento en los pagos es más de lo que se pagaría por la amortización de un crédito obtenido en una entidad financiera para fondo de maniobra.

Deducciones

El reciente real decreto2 que actualiza los márgenes y las deducciones presenta un fallo capital: no tiene en cuenta el aumento que han experimentado los medicamentos de más de 143 euros sobre nuestro porcentaje de ventas. Dicha cuota de ventas roza actualmente el 15% y viene creciendo a un ritmo exponencial en los últimos años, pero va a ser muy difícil eliminar este tipo de deducciones por ventas al Sistema Nacional de Salud, que en 2007 alcanzaron la cifra de 426 millones de euros. Lo que sí podemos hacer es pelear para que en los conciertos de cada comunidad autónoma no se incluyan deducciones en los absorbentes de incontinencia, los dietoterápicos complejos o las tiras reactivas, en aquellas en las que estos productos todavía se dispensan en las farmacias. La corriente actual de proporcionar dosis unitarias obtenidas a partir de envases clínicos para centros sociosanitarios puede constituir un importante sangría del margen para determinadas farmacias, por lo que sería preferible no tener margen alguno en estos productos y facturar en concepto de servicios la labor de dispensación a estos centros, aunque, como es lógico, esta no deja de ser una opinión personal. En cualquier caso, hasta que no se desarrolle el artículo 19 de la Ley de Garantías, la dispensación a partir de envases clínicos no puede llevarse a cabo legalmente, porque depende del desarrollo reglamentario que tienen pendiente realizar el Ministerio de Sanidad y la Agencia del Medicamento3.

La tabla III resume el nivel de ingresos y gastos para distintos tramos de ventas en una tipología de farmacia común como es la que factura el 80% de las ventas al Sistema Nacional de Salud.

Fiscalidad

La fiscalidad es un factor ineludible, que depende de la diferencia entre ingresos, gastos y deducciones. Se aplica sobre el beneficio neto antes de impuestos, una cifra que interesa ver reducida por cualquier vía, aunque como sabemos las posibilidades son muy escasas, por lo que en una época de crisis como la actual tenemos que contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a crear un clima político-social favorable a que la carga fiscal de los trabajadores autónomos, que son los que producen y mantienen la mayor parte del empleo, sea inferior a la de las sociedades.

En la polémica vivida con la Ley de Sociedades Profesionales lo que se sustanciaba desde el punto de vista fiscal es que a los farmacéuticos se les aplica la tarifa general, que puede llegar al 43%, mientras que las pequeñas y medianas empresas sólo son gravadas con el 25%. Presentado así parece que no hay duda entre una situación y otra pero lo que no se suele explicar es que los socios, cuando reciben dividendos —después de haber pagado la sociedad el 25%— tienen un tipo general del 18%, aplicable en la llamada doble imposición por dividendos, con lo que la suma es precisamente el 43%, es decir, su situación no varía, por lo que no habría diferencias fiscales entre actuar como socio o como persona física. Otra cosa diferente es que las sociedades pueden repartir una cuantía de los dividendos que estimen convenientes cada año dedicando el resto a reservas y a hacer inversiones que aumentan el patrimonio sin carga fiscal alguna o acreditar cierto tipo de gastos que a las farmacias les están vedados. Esto es lo que buscaban precisamente los defensores de las sociedades profesionales más que un ahorro fiscal, que como hemos visto tiene los mismos parámetros para el farmacéutico como persona física que como miembro de una sociedad profesional. Por último, dentro de este apartado interesará replantear desde el punto de vista personal todas las posibilidades de ahorro fiscal, no ya como farmacéuticos, sino como sujetos pasivos de impuesto, algo que dejamos para otros momentos en épocas de bonanza pero que en las de crisis se convierte en una necesidad.

La figura 1 muestra el esfuerzo fiscal al que se encuentran sometidas las farmacias, valorado en meses, en función de sus ventas. A ello habría que sumar la presión fiscal creciente desde el año 2003 que, con datos oficiales del Ministerio de Economía y el IGAE5, ha pasado del 33,9 al 37,1% en la anterior legislatura.

Fig. 1. Índice de esfuerzo fiscal IRPF 2006 (en meses).

Conviene mantener un nivel permanente de tensión en las Administraciones correspondientes para demostrar que el margen de las farmacias se encuentra en constante retroceso

Conclusión

La crisis que estamos viviendo tiene unas características de intensidad y repercusión en el consumo casi desconocidas en nuestra historia reciente. Las soluciones no están en nuestra mano, pero sí lo está actuar de acuerdo con la racionalidad económica y tratar de mejorar nuestros parámetros de gestión hasta los límites inferiores dentro de las características especiales de cada farmacia.

Las mayores posibilidades de actuación se encuentran en la mejora en la gestión de compras y la adecuación de nuestras existencias a la realidad del negocio, por lo que es bueno que nos interesemos por los datos económicos publicados en informes, boletines de asociaciones u otras fuentes (como el Informe Anual de Oficinas de Farmacia de Aspime, aquí citado en su edición de 2008, patrocinada por El Club de la Farmacia), que pueden ayudarnos a recorrer el camino hacia la racionalidad.

La otra posibilidad principal es disminuir los gastos, particularmente los gastos de personal, siempre que pongamos aparte aquellos que realizamos para conseguir ahorros fiscales, como son los que provienen del pago a colaboradores familiares. También es el momento de constituir comunidades de bienes con hijos o allegados para disminuir la carga fiscal individual. En lo que se refiere a las deducciones practicadas en función de las ventas al Sistema Nacional de Salud y a la venta de medicamentos de precio superior a 143 euros, conviene mantener un nivel permanente de tensión en las Administraciones correspondientes para demostrar que el margen de las farmacias se encuentra en constante retroceso.


Bibliografía y notas

1. Entre de las pocas posibilidades de ahorro fiscal con que cuenta la oficina de farmacia figura la de dar de alta a un colaborador familiar.

2. RD 823/2008 de 16 de mayo (BOE de 30 de mayo de 2008) por el que se establecen los márgenes, deducciones y descuentos correspondientes a la distribución y dispensación de medicamentos de uso humano.

3. Artículo 19. Condiciones de prescripción y dispensación de medicamentos. Apartado 8. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios podrá autorizar, en las condiciones reglamentariamente establecidas, la dispensación de unidades concretas de medicamentos, con fines de atención a pacientes determinados cuya situación clínica y duración de tratamiento lo requiera. Estas unidades podrán dispensarse a partir del fraccionamiento de un envase de un medicamento autorizado e inscrito, respetando la integridad del acondicionamiento primario, excepto cuando, en el marco de proyectos o programas autorizados por la mencionada Agencia, sea procedente su reacondicionamiento protocolizado y garantizando las condiciones de conservación del medicamento, así como la información al paciente.

4. Aspime. Informe Anual de Oficinas de Farmacia (para El Club de la Farmacia). Barcelona: Elsevier España; 2008.

5. La presión fiscal subió casi tres puntos en la anterior legislatura. El País (sábado 7 de junio de 2008).

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