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Vol. 20. Núm. 7.
Páginas 38-43 (Julio 2006)
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Quemaduras
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ADELA-EMILIA GîMEZ AYALAa
a Doctora en Farmacia.
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Figura 1. Ampolla producida por una quemadura
Figura 2. Quemadura de las vías respiratorias
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Consejo farmacéutico

El peligro de sufrir quemaduras es constante en la vida diaria. Desde las quemaduras solares a las causadas directamente por el fuego, hay toda una gama de posibilidades y situaciones de riesgo. En el presente trabajo se abordan los diferentes tipos de quemaduras y su gravedad, así como sus complicaciones y tratamientos.

Figura 1. Ampolla producida por una quemadura

Las quemaduras son el trauma más serio y devastador que le puede suceder a un ser humano. Aproximadamente 9 millones de personas quedan incapacitadas anualmente en el mundo debido a las quemaduras, que son producidas en su mayoría por efecto del calor: llamas, explosiones, contacto con materiales calientes o líquidos.

Concepto

Las quemaduras son lesiones de los tejidos que resultan del contacto directo con llamas, líquidos, gases o superficies muy calientes, cáusticos químicos, electricidad o radiación. Pueden producirse en cualquier lugar del organismo, pero son mucho más frecuentes en la piel. La quemadura cutánea compromete la función de este órgano como barrera a las lesiones y a las infecciones, así como su papel en la regulación de la temperatura corporal. Ante un paciente quemado se deben evaluar una serie de factores que determinarán la gravedad del cuadro, y por tanto, su tratamiento.

Consecuencias y riesgos asociados

La quemadura supone la destrucción de las cálulas de la zona afectada. La párdida de queratina y lípidos, que actúan como barrera frente a la evaporación, favorece la párdida de agua y con ello, la párdida de calor corporal. Por otra parte, al perderse la integridad de la piel, se facilita la posibilidad de infecciones. La acción directa del calor favorece la liberación de sustancias vasoactivas (histamina, prostaglandinas), que incrementan la permeabilidad vascular, dando lugar a calor local, rubefacción y edema. Esta situación puede provocar el desprendimiento de la epidermis y la formación de ampollas (fig. 1). El tejido muerto se desprenderá y será sustituido por tejido nuevo. Cuando se trata de quemaduras muy superficiales, los elementos residuales de la dermis regeneran la piel rápidamente, por lo que no quedan secuelas ni cicatrices permanentes. Sin embargo, si se trata de quemaduras profundas, con destrucción de parte de la dermis, la epitelización debe realizarse a partir de los bordes y el tejido de granulación puede ocasionar cicatrices deformantes o incapacitantes, cuya corrección precisa cirugía.

En los casos más graves, se produce el cese del flujo sanguíneo en el área quemada, debido a la formación de coágulos que bloquean los capilares. El riego sanguíneo de la zona afectada puede tardar en recuperarse desde un par de días hasta 4-5 semanas, según la profundidad de la quemadura. Asimismo, el cese del flujo sanguíneo puede suponer la párdida de los mecanismos de defensa de la zona, por incapacidad para el acceso de los glóbulos blancos y de los antibióticos administrados por vía sistámica. Tambián dificultan significativamente la restauración de los tejidos dañados.

En resumen, la lesión por quemaduras implica riesgos que ponen en peligro la vida en los días posteriores al trauma inicial. A diferencia de las heridas por trauma penetrante, la herida por quemadura tiene una apariencia inicial inocente que puede confundir al profesional inexperto. Las complicaciones de las quemaduras se inician con una cascada de eventos que es muy difícil y en la mayoría de los casos, imposible de detener; en efecto, el síndrome sistámico de respuesta inflamatoria, la disfunción múltiple de órganos y su posterior fallo, así como las infecciones, son todas consecuencias de una quemadura muy grave o de una que, sin ser grave, fue mal manejada inicialmente. En caso de quemadura de las vías aáreas (fig. 2) o quemaduras por inhalación, los acontecimientos pueden ser incluso más dramáticos, generando un desenlace fatal muy rápido.

Figura 2. Quemadura de las vías respiratorias

 

Clasificación

Las quemaduras se pueden clasificar en función de distintos criterios: profundidad, extensión y agente causal.

Profundidad

En función de la profundidad de la superficie afectada, hay quemaduras de primer, segundo o tercer grado (tabla I).

Extensión

La figura 3 refleja el criterio de la regla del 9, que clasifica las quemaduras atendiendo a la cantidad de superficie corporal quemada.

Agente causal

Conforme a este criterio, podemos hablar de distintos tipos de quemaduras:

 

Quemaduras solares. De la radiación electromagnática que procede del sol, únicamente una parte alcanza la superficie de la tierra; de todas ellas, la radiación UVB, de longitud de onda comprendida entre 280 y 320 nm, constituye aproximadamente el 0,1% de las radiaciones que llegan del sol y es la causante de las quemaduras solares, a pesar de que la luz del sol de mediodía contiene 100 veces más UVA que UVB. Esta luz posee la capacidad de formar el pigmento del bronceado o melanina, que llega a la superficie de la piel y sufre un proceso oxidativo que origina su oscurecimiento, lo que se conoce como pigmentación indirecta, que es más tardía pero más duradera que la producida por la radiación UVA (320-400 nm).

Además del bronceado y del eritema solar, la radiación UVB tambián es la responsable de la disminución del sistema inmunitario de la piel, que se vuelve más susceptible a sufrir el ataque de agentes patógenos, como el virus del herpes. Esta acción reductora del sistema defensivo del organismo tambián está relacionada con las reacciones de fototoxicidad, al interaccionar la luz solar con ciertas sustancias químicas como algunos medicamentos.

 

Quemaduras por contacto accidental con líquidos a temperaturas elevadas. Esta es una de las causas más frecuentes de quemaduras graves, especialmente en los niños pequeños y en ancianos que viven solos. Los líquidos calientes se extienden con rapidez por la superficie cutánea, penetrando con facilidad hasta capas más profundas. Los líquidos de naturaleza grasa (aceites) son todavía más dañinos, puesto que se adhiere más a la piel.

 

Quemaduras por vapores y gases. La exposición intensa a los vapores y gases producidos por la combustión o ebullición de diversas sustancias puede producir quemaduras en la superficie de la piel y las zonas expuestas, como nariz, garganta o zonas a áreas.

 

Quemaduras por sustancias químicas. Las sustancias cáusticas, ácidas o alcalinas producen quemaduras al contactar con la piel. En el caso de entrar en contacto con un álcali, no debe ponerse la piel en contacto con el agua, ya que puede producir quemaduras. Hay que tener especial precaución con los productos de limpieza de uso habitual, en particular los que contienen amoníaco o decolorantes, puesto que pueden ocasionar lesiones graves en los ojos y en la piel.

 

Quemaduras por electricidad. Las quemaduras por electricidad pueden ser de dos tipos: por contacto y por fogonazo. En el primer caso, se ve afectada una zona pequeña pero profunda, con cierta destrucción de los tejidos, que acaban separándose y desprendiándose. Por el contrario, las quemaduras por fogonazo son más superficiales y afectan a una zona más extensa de la piel, por lo que su tratamiento es similar al de las quemaduras superficiales.

Las lesiones producidas por una descarga eláctrica deben ser tratadas por un especialista, ya que, a pesar de que en ocasiones parecen de carácter leve, pueden originar lesiones internas graves. Si el choque eláctrico ha sido intenso, pueden producirse alteraciones del ritmo cardíaco, que incluso pueden llegar a ocasionar un paro cardíaco y respiratorio.

 

Quemaduras por fuego directo. Junto a las quemaduras producidas por contacto con líquidos calientes, el fuego directo es el agente más frecuente de quemaduras graves.

Epidemiología

La mayoría de las quemaduras se producen en el ámbito domástico o por exposición solar excesiva. Las quemaduras más graves se suelen producir en niños y en adolescentes, aunque un elevado porcentaje de quemaduras en adultos está relacionado con el abuso de bebidas alcohólicas (debido a la reducción de los reflejos o a quedarse dormido al sol).

Complicaciones

Debe tenerse en cuenta que despuás de producirse una quemadura hay que esperar 24 h para descartar síntomas de shock y de toxemia debidos a la absorción de los tejidos necróticos de la piel quemada. El shock hipovolámico es la principal complicación sistámica. Su aparición depende de la extensión de la quemadura; puede presentarse a partir de un 20% de superficie corporal afectada en adultos y de un 10% en niños. Los síntomas más característicos incluyen hipotermia, palidez, sudoración fría, sed, ansiedad y taquicardia superior a 100 latidos por minuto.

Otras complicaciones importantes de las quemaduras son la párdida de proteínas sáricas y las alteraciones del equilibrio hidroelectrolítico, con una caída importante de la presión osmótica, que puede conducir a una insuficiencia hemodinámica. El shock se asocia a la aparición de taquicardia o hipotensión.

Una de las complicaciones de mayor gravedad es el fallo renal agudo debido a la reducción del aporte de oxígeno a los tejidos, que puede conducir a la muerte. Además, el shock hipovolámico puede complicarse con la aparición de un shock sáptico causado por microorganismos, frecuentemente Pseudomonas.

No hay que olvidar que son grandes los riesgos de infección de las heridas, debido a la contaminación con gármenes tanto grampositivos (estafilococos, estreptococos), como gramnegativos, y que puede producirse sepsis con diseminación a otros órganos vitales. La sobreinfección de las heridas retrasa y complica su cicatrización, y además puede ser el origen de futuros queloides.

Tratamiento

Los objetivos básicos del tratamiento de las quemaduras son los siguientes:

- Reducir el dolor.

- Proteger el área afectada del aire.

- Prevenir la deshidratación de la piel.

- Suministrar un entorno adecuado para la regeneración cutánea.

- Prevenir la infección.

Bibliografía general

Anónimo. Asesoramiento farmacáutico en automedicación responsable. Quemaduras. Panorama Actual del Medicamento. 2002;26(258): 1022-6.

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