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Vol. 30. Núm. 2.
Páginas 1-4 (Marzo 2016)
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Previsión para farmacéuticos: historia y presente
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Enrique Grandaa
a Doctor en Farmacia grandafarm@gmail.com
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Tabla 1. Costes mínimos de la previsión del farmacéutico titular de una farmacia.
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En este artículo se realiza una revisión histórica de los sistemas de previsión ligados a la actividad de los farmacéuticos

Muy pocos farmacéuticos con oficina de farmacia tienen conciencia de lo que pagan en distintos sistemas de previsión hasta que no se acerca la edad de jubilación y comprueban que su proceder a lo largo de muchos años se convierte, al final, en un gran desengaño. Cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social; no obligatorias a seguros de jubilación; accidentes de trabajo y seguros sanitarios constituyen una sangría constante con muy poca rentabilidad final.

A la mala prensa de los seguros en España se ha unido, en el caso del sector farmacéutico, una notable falta de previsión y técnica para mantener un sistema de cobertura de riesgos, tanto en los seguros obligatorios como en los voluntarios. Veamos hasta dónde llega el despropósito, haciendo una revisión histórica de los sistemas de previsión ligados a la actividad de los farmacéuticos.

Historia de la previsión farmacéutica

Las primeras referencias a un sistema de previsión para farmacéuticos se remontan al año 1845 en el que, al parecer, se constituye el germen de lo que había de ser la Sociedad Farmacéutica de Socorros Mutuos, que publica sus Estatutos Reformados en 1850. En estos estatutos, aprobados por Real Orden de 27 de marzo de 1850, se hace una referencia al Colegio de Madrid como institución impulsora de los mismos aunque se les confiere un ámbito nacional1.

Características de los Estatutos Reformados en 1850

En una publicación de 36 páginas se sientan las bases del sistema de previsión, y así, en su artículo 1º se indica el objeto de la Sociedad: socorrer a los Farmacéuticos que se imposibiliten o inutilicen por cualquier causa para el ejercicio de su profesión, a sus viudas, huérfanos y padres en la forma en que se dirá. (No es, por tanto, un sistema de previsión como tal, sino más bien de beneficencia, ya que solo están previstas ayudas en casos de infortunio). El ámbito territorial es nacional e islas adyacentes, aunque no se incluye en los mismos a las posesiones de España en ultramar. El ingreso era voluntario para los farmacéuticos mayores de 40 años, aunque se impide el acceso a los mayores de 50 años. Aparte de la organización del Gobierno de la Sociedad al que se dedican los capítulos II y III, se describe la forma de participación mediante acciones en el capítulo IV que tienen distinto valor en función de la edad de socios y con un número limitado de adquisición, también en función de la edad. En el mismo capítulo IV se describe el modo de ganar las pensiones a partir de 1 año de pertenencia a la sociedad con un mínimo de 2 reales mensuales en el primer año y un máximo de 10 reales a los 30 años. En cuanto a la prelación en la percepción, se establece primero el socio imposibilitado física o legalmente, segundo, la viuda, tercero, sus huérfanos y finalmente su padre sexagenario o madre quincuagenaria. Las pensiones se pagarían por semestres vencidos. En el capítulo X que se refiere a las disposiciones generales se prevé la creación de un periódico para la profesión2. Esta sociedad, lo mismo que su revista El Restaurador Farmacéutico, había de funcionar ininterrumpidamente hasta bien entrado el siglo XX.

Las Reales Ordenanzas de 1860

Las Reales Ordenanzas de 1860 establecieron en su artículo 23 una vaga obligación de protección de las viudas y los huérfanos de los farmacéuticos, así como los farmacéuticos septuagenarios. No obstante, esta obligación fue el sustento para el mantenimiento durante muchos años de la Sociedad Farmacéutica de Socorros Mutuos.

Colegio de Huérfanos de Farmacéuticos

Tras la Guerra Civil, se constituye el Colegio de Huérfanos de Farmacéuticos por Orden del Ministerio de la Gobernación cuyos fondos se nutrían fundamentalmente de la obligación por parte de la industria de incluir un sello en cada uno de los envases de los medicamentos3. El sello se pegaba a mano y se sufragaba por los laboratorios farmacéuticos aunque luego se recuperaba el coste en el precio de venta. Realmente quien pagaba finalmente el sello eran los consumidores. (figura 1)

Figura 1. Sellos del Colegio de Huérfanos de Farmacéuticos que estuvieron vigentes hasta el final de la década de los años 70 del pasado siglo XX.

Este conjunto de buenas intenciones se viene abajo en los años 70, por efecto de la inflación y por haberse condicionado su supervivencia al cobro de una cantidad por unidad vendida que, tras alguna subida, llegó a la cantidad de 1,20 pesetas por unidad. Esto suponía unos ingresos anuales de unos 1.200 millones de pesetas y unas pensiones que no alcanzan las 10.000 pesetas mensuales, lo que efectivamente no deja de ser una “caridad” en lugar de un verdadero sistema de previsión.

El Patronato

Farmacéutico Nacional

Como continuadora del Colegio de Huérfanos de Farmacéuticos –al fin y al cabo una institución de posguerra–, se crea en 1968 el Patronato Farmacéutico Nacional por Orden de 12 de diciembre de 1968.

El Patronato Farmacéutico Nacional surge como reconversión del Colegio de Huérfanos de Farmacéuticos constituido en 1942, en lo que se refiere a la protección de viudas y huérfanos, así como a los farmacéuticos septuagenarios. No era una institución de previsión en el sentido amplio, sino más bien de beneficencia y su fin estaba cantado desde la inclusión obligatoria de los farmacéuticos en el régimen de trabajadores autónomos y la extensión de la Seguridad Social mediante pensiones no contributivas a quienes las pudieran necesitar.

En el año 1992, después de un considerable forcejeo entre sus administradores y la mayor parte de los farmacéuticos, se decidió dar la opción de suscribir participaciones de un fondo de inversión mobiliaria llamado Patrofondo o, simplemente, recibir una parte de lo aportado. La mayor parte optó por la liquidación, que resultó muy disminuida por el paso del tiempo, demostrando, cuando menos, un cálculo actuarial deficiente. La liquidación del Patronato Farmacéutico no resultó sencilla y la venta de uno de sus activos (un piso de 200 metros en Madrid) se sustanció en el año 1999, teniendo que intervenir para ello la Dirección General de Seguros.

Inclusión de los farmacéuticos con farmacia en el régimen de trabajadores autónomos

Los farmacéutico con oficina de farmacia fueron incluidos en el régimen de trabajadores autónomos en el año 1978, pudiendo disfrutar de jubilación tras 12 años de cotización (ahora son 15) y habiendo alcanzado la edad de 65 años4  (Ahora son 65, aumentando hasta los 67 en los próximos años). La inclusión en este régimen se produjo por petición del Consejo General, que ya preveía la desaparición del Patronato Farmacéutico Nacional5.

Desde la inclusión obligatoria de todos los farmacéuticos en el Régimen Especial de Trabajadores por cuenta propia o Autónomos (RETA) van desapareciendo otras modalidades de previsión o beneficencia mantenidas por los Colegios, y dentro de ellas, ha permanecido hasta este mismo año, en que desaparece, la del Colegio de Farmacéuticos de Madrid. La pérdida del carácter obligatorio de aportación de fondos es lo que ha precipitado su desaparición. La imposibilidad presente de hacer obligatorias las cuotas y la existencia de la asistencia sanitaria y pensiones de la Seguridad Social, han hecho inviable su mantenimiento futuro. Es el último vestigio de la previsión exclusivamente farmacéutica que finaliza un largo recorrido de más de 170 años y nos deja a merced de los seguros obligatorios y las modalidades privadas de previsión que voluntariamente queramos construirnos.

Pocos serán los farmacéuticos que obtengan la baja laboral en la Seguridad Social; o que no tengan una doble afiliación a un seguro sanitario privado para ellos y sus familiares, lo que supone duplicar la cotización, tirando literalmente a la basura lo gastado en una de ellas

Seguros obligatorios

Seguridad Social

Como se ha citado anteriormente, la cotización al régimen de autónomos tiene su inicio en el Real Decreto 2647/1978 de 29 de septiembre, por el que se incorporan de forma obligatoria al Régimen Especial de los Trabajadores por Cuenta Propia o Autónomos de la Seguridad Social, a los farmacéuticos titulares de oficina de farmacia. Este decreto se promueve a instancias del Consejo General, como queda reflejado en la exposición de motivos y constituye una iniciativa que se consideró controvertida y ahora se acepta como tantas otras en cuestiones de carácter fiscal o de Seguridad Social, sin discusión alguna. Solo cabe la explicación de que esta petición respondiera a la situación de degradación que comenzó a alcanzar el Patronato Farmacéutico Nacional. El caso es que la afiliación obligatoria a la Seguridad Social nos cuesta a todos los farmacéuticos titulares un mínimo de 12 millones de euros anuales, en el supuesto de que todos los farmacéuticos se encuentren en la tarifa mínima. Este seguro nos da derecho a “disfrutar” de la asistencia sanitaria de la Seguridad Social, a unas percepciones mínimas de jubilación -todavía inferiores al salario mínimo- y cubre las contingencias de incapacidad laboral transitoria, invalidez, muerte y supervivencia del cónyuge e hijos, pero no cubre el desempleo ni los accidentes laborales. Además, si el farmacéutico no se jubila, sigue cotizando, hecho bastante común en esta profesión.

Pocos serán los farmacéuticos que obtengan la baja laboral en la Seguridad Social; o que no tengan una doble afiliación a un seguro sanitario privado para ellos y sus familiares, lo que supone duplicar la cotización, tirando literalmente a la basura lo gastado en una de ellas.

Seguros de accidentes

Tienen carácter obligatorio, para la actividad empresarial, aunque pueden ser contratados libremente en las llamadas mutuas de accidentes de trabajo. Su coste no es excesivo aunque para todo el sector puede suponer casi 6 millones de euros. Su funcionamiento es, en términos generales, bueno y la prosperidad de las compañías de accidentes de trabajo es un hecho comprobado, ya que alguna de ellas ha creado incluso bancos.

Seguros voluntarios

Previsión Sanitaria Nacional

Es una institución que, en su origen, era de carácter oficial, benéfico y social, cuyos estatutos proceden del 16 de octubre de 1944 y a la que han tenido acceso, con los años, todas las profesiones sanitarias, de ahí que haya alcanzado una mayor pujanza, aunque sus cifras de prestaciones deban ser analizadas con el mismo sentido crítico.

En sus estatutos fundacionales aparecen los siguientes socorros y servicios:

– Seguros personales de tipo personal y benéfico-social: enfermedad, invalidez, vejez, fallecimiento, dotales, etc.

– Seguros patrimoniales de tipo mutual.

– Instituciones de beneficencia para socorro de los asociados, de las viudas y huérfanos de aquellos sanitarios que por impedimento legal no hubieran podido ingresar en la misma.

Los estatutos iniciales contienen un sinnúmero de curiosidades legales propias de la época en que fueron elaborados y que se han ido adaptando al ordenamiento jurídico actual, tanto el que procede de la publicación de la Constitución, como las normas sobre seguros o de la Comunidad Económica Europea, su historia también encierra algunos contratiempos y polémicas6, que por suerte han sido superadas. Ahora, Previsión Sanitaria Nacional es una institución moderna, relativamente saneada desde el punto de vista económico, aunque esto no quiere decir que sea más conveniente que otros tipos de seguros que pueden ser contratados en el mercado. También se ha ido reconvirtiendo en una prestadora de servicios para los profesionales.

Compañías privadas de asistencia sanitaria

Pocos serán los farmacéuticos con oficina de farmacia que no se encuentren afiliados a alguna compañía privada de asistencia sanitaria (Sanitas, Asisa, Adeslas, etc.) ya que se han promocionado intensamente desde algunos colegios. Dentro de este tipo de servicios han aparecido seguros sanitarios con libre elección de médico y hospital, tanto en España como en el extranjero

Seguros relacionados con la actividad de oficina de farmacia

Son los seguros de incendio, robo, daños de todo tipo, responsabilidad civil y defensa penal e incluso reposición del dinero en caso de atraco. Se ha promocionado por las patronales y los colegios y en este momento, podemos decir que se trata de seguros eficaces y de bajo coste, que permite al sector tener una buena cobertura frente a riesgos frecuentes en la actividad de la oficina de farmacia. Es muy aconsejable que todos los seguros ligados a la actividad se contraten de forma colectiva por medio de colegios o patronales, ya que las condiciones que pueden obtenerse son mucho mejores que en la contratación individual, y por parte de las compañías se busca que no haya insatisfacción en el pago de los siniestros, que pueda transmitirse al colectivo. Finalmente, en este apartado hay un tipo de seguro que está siendo motivo de estudio y que se relacionaría con el riesgo administrativo de incurrir en sanciones. Por mi parte, pienso que es un seguro de difícil diseño, ya que no podría aprovechar a quienes presenten algún tipo de incumplimiento previsible. Es decir, solo sería útil para verse libres de penalizaciones ante verdaderos errores que dieran lugar a sanciones administrativas, sin connotaciones de carácter civil.

Lo revisado hasta el momento, que se resume en la tabla 1, es en sí mismo un despropósito, ya que existe una alta duplicación de sistemas de previsión con la paradoja de que ninguno resuelve el problema en su totalidad; y que debido a la obligatoriedad de algunos de ellos, se mantienen en sus niveles mínimos, lo que supone un auténtico desperdicio. Nadie se encuentra animado a resolver de forma definitiva su jubilación, sabiendo que tiene que cotizar a la Seguridad Social.

Conclusión

El contenido de este artículo, además de tratar de dejar constancia del largo recorrido histórico de la previsión para los farmacéuticos, quiere llamar a una reflexión individual a cada farmacéutico para tratar de optimizar los seguros que paga, el coste anual de los mismos, sus ventajas e inconvenientes y las prestaciones futuras a las que puede aspirar para no sentirse defraudado tras muchos años de trabajo.

Es indudable que el sistema de pensiones de la Seguridad Social ha sido hasta ahora uno de los pilares más sólidos de nuestro estado del bienestar, pero lo que ha ocurrido recientemente en Grecia –con recortes de hasta el 30% de las pensiones públicas-, nos debe hacer reflexionar e ir preparando con tiempo suficiente nuestra jubilación, dado que por suerte, se viven muchos más años. Quizá el ahorro mayor del farmacéutico sea el valor que ha ido consolidando en su propia farmacia, que recuperará en el momento de la venta, aunque tampoco hay que desdeñar el coste fiscal de la plusvalía, que en 2015 era del 24%.

En cuanto al resto de los seguros que pagamos es muy conveniente una revisión anual sin esperar a las renovaciones automáticas -algo que se nos recuerda constantemente en anuncios de la televisión-, cuya utilidad práctica es evidente en estos tiempos en que hay que estar permanentemente alerta sobre tarifas y prestaciones.


(1) El texto indicaba en estilo propio de la época: “Reservado estaba al Colegio de Farmacéuticos de Madrid, que echó los cimientos de la educación metódica de la Farmacia en España, atender también el primero a la erección del instituto de socorros mutuos, que debe reunir en un solo cuerpo a todos los farmacéuticos del reino, ligándolos estrechamente con el vínculo de comunes intereses.”

(2) Así se constituye el Restaurador Farmacéutico, como órgano de la Sociedad, cuya dirección se encomienda al farmacéutico periodista y político más importante de la época: Pedro Calvo Asensio.

(3) Los fines que se le asignan son los siguientes: abonar pensiones de viudedad al cónyuge, siempre que estuviese colegiado en el momento del óbito y permanezca en estado de viudedad; abonar pensiones a los farmacéuticos colegiados, inválidos e impedidos totalmente para el ejercicio de la profesión; abonar pensiones de jubilación a los farmacéuticos que cumplan 70 años de edad e implantar nuevas prestaciones, una vez cubiertas las indicadas anteriormente, según lo permita la marcha económica de la institución.

(4) Real Decreto 2649/1978, de 29 de septiembre, por el que se incorporan al Régimen Especial de la Seguridad Social de los trabajadores por cuenta propia, o autónomos, a los farmacéuticos, titulares de oficinas de farmacia.

(5) La exposición de motivos indicaba: “El colectivo integrado por los farmacéuticos titulares de oficinas de farmacia, a través de la Asamblea de Presidentes de los Colegios Oficiales de Farmacéuticos y con el informe favorable del Consejo General de los mencionados Colegios Oficiales, han solicitado su incorporación al Régimen Especial de Trabajadores por Cuenta Propia o Autónomos, y considerando que dicho colectivo reúne los requisitos exigidos en los artículos dos y tres del decreto dos mil quinientos treinta/mil novecientos setenta, de veinte de agosto, con las modificaciones establecidas por la ley diecinueve/ mil novecientos setenta y siete, de uno de abril”

(6) Tampoco se ha visto libre Previsión Sanitaria, que en los años 70 sacó pisos mediante sorteo que fueron a corresponder a algunos de sus máximos responsables y luego, en los 80, se vio envuelta en un pequeño escándalo inmobiliario que se resolvió cediendo el actual edificio del Tribunal Constitucional, donde, al parecer, iba a instalarse su sede y la de los Consejos Generales de Médicos, Farmacéuticos y Veterinarios.

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