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Vol. 20. Núm. 5.
Páginas 48-53 (Mayo 2006)
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Picaduras de insectos
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ADELA-EMILIA GÓMEZ AYALAa
a Doctora en Farmacia.
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Figura 1. Picadura de abeja
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De todas las familias zoológicas con las que los humanos comparten su existencia en el planeta azul, los insectos son, con toda probabilidad, una de las más controvertidas. Por un lado, se tiene de ellos una percepción positiva como productores de miel o cera, como artífices de muchas polinizaciones o incluso como eslabones clave de la cadena trófica. Sin embargo, normalmente prevalece de ellos su vertiente más negativa, al reconocerse su intervención en la pérdida de cosechas y ganados, o ser identificados como causantes en el hombre de molestas picaduras que, además de las reacciones directas más comunes y normalmente leves (enrojecimiento local, hinchazón y prurito), pueden desembocar en importantes sobreinfecciones, agudas reacciones anafilácticas o transmisión de graves enfermedades (paludismo, filariasis, tifus exantemático, etc.). Un ejemplo especialmente ilustrativo de la importancia de las picaduras de insectos en relación con la transmisión de enfermedades potencialmente mortales es el de los mosquitos, que transmiten enfermedades a más de 700 millones de personas anualmente.

Aunque estas enfermedades son un verdadero problema de salud en países con climas tropicales y subtropicales, ninguna zona del mundo es inmune a los riesgos; así, por ejemplo, en los países occidentales, determinadas especies de mosquitos transmiten varios tipos de encefalitis y algunas especies de moscas transmiten el carbunco, la tularemia o la leishmaniasis (tabla I).

Los repelentes de insectos representan la mejor arma para prevenir las picaduras y su uso adecuado es el método más eficaz para prevenir las enfermedades que se transmiten a través de la picadura de insectos vectores.

Picaduras y sus consecuencias

Algunos insectos pican a la víctima para conseguir unos pocos mililitros de sangre, fluido que contiene proteínas indispensables para la producción de sus huevos. Al picar, inyectan con su saliva una sustancia vasodilatadora y anticoagulante, que es irritante para los tejidos humanos, y que permite al sujeto percatarse de que ha sido picado por un insecto.

Insectos hematófagos hay muchos: moscas, pulgas, mosquitos, chinches, garrapatas, etc. Los repelentes de insectos están dirigidos contra los insectos del exterior, del aire libre, ya que los que se encuentran en las casas pueden tratarse con insecticidas.

Otros insectos que también pueden picar al ser humano son avispas, abejas, algunas arañas, piojos, etc.; las abejas son las únicas que suelen dejar su aguijón al picar (fig. 1), mientras que los demás insectos pueden picar varias veces.

Figura 1. Picadura de abeja

Tipos de reacciones producidas por insectos

Tras la picadura de un insecto pueden producirse varios tipos de reacciones con manifestaciones clínicas, a veces similares; por ello es importante poder diferenciarlas, para saber aplicar el tratamiento adecuado a cada tipo de reacción.

Básicamente, las reacciones pueden dividirse en tres grupos:

Reacciones tóxicas

Son respuestas de los tejidos a los componentes del veneno con un alto poder farmacológico y enzimático. Generalmente estas reacciones aparecen entre 24 y 48 horas después de la picadura, alcanzan su pico de mayor intensidad entre las 36 y 48 horas, y pueden durar hasta una semana.

Se presentan con una inflamación o hinchazón alrededor del sitio de la picadura, con un diámetro inferior a 10 cm, dolor más o menos intenso dependiendo del lugar (mayor en las extremidades) y fuerte prurito local (fig. 2). Las reacciones son, generalmente, locales o sistémicas leves, ceden gradualmente en forma espontánea y no requieren medicación ni seguimiento posterior. Si los síntomas son muy molestos, puede aplicarse hielo o compresas frías sobre la zona afectada, o incluso es posible utilizar una loción que contenga calamina o un corticoide suave (hidrocortisona 0,5- 1%). También puede optarse por un antihistamínico tópico (difehindramina o tripelenamina) o un anestésico local (benzocaína, lidocaína, pramocaína, amoníaco o belladona).

Figura 2. Ronchas producidas por la picadura de insectos

Las reacciones graves son raras y se deben a la entrada masiva de sustancias vasoactivas o neurotóxicas por múltiples picaduras. Un ejemplo de estas reacciones es la muerte causada por las llamadas «abejas africanas» o «abejas asesinas», que cuando pican, a diferencia de las abejas comunes o europeas, al clavar el aguijón liberan hormonas que actúan como señal en los demás individuos de la colmena, originándose así un ataque masivo.

Reacciones retardadas o inusuales de mecanismo indefinido

Son reacciones muy raras, que pueden ocurrir varias horas o días después de que el individuo haya sido picado por un insecto, y cuyo mecanismo aún no está totalmente aclarado.

Reacciones alérgicas

Son reacciones de origen inmunológico, lo que supone que el individuo es capaz reaccionar exageradamente frente a diversos antígenos, produciendo anticuerpos del tipo inmunoglobulina E (IgE) frente a ellos. La reintroducción del antígeno hace que al contactar con su IgE específica, se desencadene el proceso alérgico.

Estas reacciones, a su vez, pueden ser locales o sistémicas. Las reacciones alérgicas locales se caracterizan por la presencia de edema o hinchazón importante --menor de 10 cm-- extendido alrededor del sitio de la picadura o mordedura del insecto, sumamente pruriginoso, que puede estar acompañado de fatiga o náuseas. Generalmente mejoran enseguida con cremas que contengan corticoides y ocasionalmente pueden requerir antihistamínicos orales.

Las reacciones alérgicas sistémicas, también llamadas reacciones anafilácticas, ocurren en aproximadamente el 0,4% de la población general. Los síntomas se suelen presentar a los 15-20 minutos de la picadura o antes y generalmente, cuanto más temprana es la aparición de los síntomas, mayor es su gravedad (tabla II). Este tipo de reacciones rara vez aparece horas después de la picadura.

Las reacciones alérgicas sistémicas no siempre comprometen la vida del sujeto afectado. A veces consisten en edema o hinchazón de labios, párpados, manos o genitales, entre otros, a distancia del sitio donde picó el insecto, urticaria o prurito generalizados. El tratamiento de estas manifestaciones, además de lo referido para las locales, suele requerir corticoides orales, y menos frecuentemente, inyectables.

Las reacciones alérgicas que comprometen la vida del individuo son el edema de glotis, las crisis asmáticas y el shock anafiláctico, que suele comenzar con intensa picazón en palmas, plantas y genitales, sabor metálico, y es seguido por un cuadro de ansiedad, disnea, tos, vómitos, diarrea y calambres abdominales, incontinencia, arritmias y colapso circulatorio con disminución marcada de presión arterial y pérdida de conocimiento.

Repelentes de insectos

Los repelentes son sustancias que se aplican sobre la piel para ahuyentar a los insectos y así evitar sus picaduras y las molestias y enfermedades que ocasionan. Estos productos no matan al insecto pero lo alejan, por lo que aportan el mejor método de prevención de enfermedades como el paludismo.

Un punto importante a considerar en el campo de los repelentes de insectos es su modo de actuación, para el cual se han propuesto diferentes hipótesis:

 

­ Algunos autores justifican su acción señalando que cuando estos productos son aplicados sobre la piel, emiten una serie de vapores formando un manto oloroso que, a modo de escudo protector, impide el acercamiento de los insectos.

­ Otros justifican la acción repulsiva de estos preparados por el bloqueo de los poros de la cutícula de los insectos, que impide que sus receptores de humedad funcionen correctamente, lo que les hace insensibles a los incrementos de humedad relativa que precisan para la localización del huésped.

­ Un tercer grupo explica la repelencia en función de una cierta irritación de antenas y órganos responsables del sentido del olfato y/o del gusto.

­ Finalmente, hay autores que justifican el efecto repelente-atrayente basándolo en la existencia de sustancias químicas capaces de desencadenar ciertos procesos fisiológicos en el insecto, que provocan su acercamiento o huida. Es lo que se conoce como quimiotropismo positivo (si es de atracción) o negativo (si es de repulsión).

 

En cualquier caso, un buen repelente de insectos debe cumplir los siguientes requisitos:

­ Baja toxicidad: un buen repelente debe ser inocuo. Los principios activos presentes en su formulación deben ser bien tolerados, no producir alergias, ni irritación.

­ Amplio espectro de acción: efectivo frente al mayor número posible de insectos.

­ Acción inmediata desde su aplicación y eficacia durante 6-8 horas.

­ Permanencia ante distintas condiciones ambientales.

­ Baja capacidad de creación de resistencias.

­ Propiedades organolépticas adecuadas (los principios activos utilizados en su formulación deben ser inodoros presentar un olor discreto y nunca desagradable.

Principios activos de acción repelente

Los principales principios activos de acción repelente utilizados en la actualidad son:

DEET (dietiltoluamida)

Esta sustancia se sintetizó en 1954 para sustituir al dimetilftalato. Su acción repelente se basa en la producción de sensaciones desagradables en los terminales sensitivos de los insectos. Es un repelente eficaz contra mosquitos, moscas y garrapatas, con numerosos estudios que avalan su utilidad; no obstante, carece de eficacia frente a abejas, avispas y hormigas. Las concentraciones a las que se comercializa oscilan entre el 5 y el 40% y debe tenerse en cuenta que a concentraciones superiores al 40-45% no ofrece una protección superior a las 8 horas.

Entre sus inconvenientes cabe citar problemas de seguridad en su aplicación en humanos, especialmente en niños y en personas con problemas dermatológicos, a lo que se une su efecto irritante si se aplica sobre heridas, y la posible aparición de cefaleas cuando las concentraciones utilizadas superan el 30%. El DEET es un compuesto agresivo contra objetos plásticos, texturas y barnices de uso habitual (monturas de las gafas, correas de los relojes, etc.) y dada su liposolubilidad, deja una sensación de pegajosidad y untuosidad sobre la piel, que lo hacen desagradable para muchas personas. No se aconseja su utilización en niños menores de 6 años.

No debe olvidarse que el DEET reduce el factor de protección solar, por lo que debe usarse una pantalla de mayor índice de protección solar de la habitual, si se planea aplicar un repelente con este principio activo. En general, se admite que los repelentes con una concentración inferior al 40% en DEET, utilizados en personas adultas, pueden considerarse seguros y eficaces si se toman las correspondientes precauciones.

IR3535 (Butil-acetil- aminopropionato de etilo)

Este compuesto ha demostrado tener unas propiedades cosméticas bastante satisfactorias, dado su carácter menos irritante para mucosas y su menor agresividad frente a plásticos en comparación con el DEET. Otras características respecto a la dietiltoluamida son una acción de duración igual o ligeramente inferior y un espectro de actividad algo más reducido, ya que es muy poco eficaz frente a garrapatas y su eficacia frente a mosquitos de la especie Anopheles es dudosa. En España se comercializa básicamente como repelente de mosquitos para uso infantil, con unos límites de concentraciones que oscilan desde el 5 al 25%.

Icaridin

Es la sustancia de más reciente aparición en el ámbito de los repelentes de insectos. Tiene un perfil de eficacia, seguridad y tolerabilidad muy favorable, lo que lo ha convertido en el repelente de elección para prevenir la malaria. Entre sus características se incluyen también sus buenas propiedades cosméticas, ya que es incoloro, inodoro y produce una sensación agradable sobre la piel. En estudios clínicos ha demostrado ser eficaz contra todos los insectos relevantes, manteniendo un 95% de eficacia repelente durante 8 horas a concentraciones del 20%. Puede utilizarse en niños a partir de los 2 años. En España se comercializa al 10 y al 20%.

Otros repelentes químicos

Otros repelentes químicos que han demostrado eficacia son los basados en compuestos como el ftalato y las piretrinas.

Repelentes de origen vegetal

Los productos formulados con extracto de Eucalyptus citriodora son una opción eficaz. Este activo natural protege de las picaduras de mosquitos, moscas, garrapatas, pulgas, etc. Su alta eficacia, unida a su buena tolerancia, nula toxicidad, largo período de permanencia sobre la piel y olor agradable, lo convierten en un repelente apto para toda la familia, incluidos los bebés.

El aceite de soja y la citronela también son ingredientes presentes en las formulaciones de repelentes de origen vegetal, pero su eficacia se ve limitada por la corta duración de su efecto.

Formas de presentación

Los principios activos repelentes se pueden incluir en una amplia gama de formas y fórmulas cosméticas, que van desde los polvos, lociones, aceites, leches y cremas, hasta aerosoles, espumas, espumas de rotura rápida, pulverizadores-bomba, toallitas, barras, roll-on, geles y champús. La elección de una u otra formulación deberá realizarse en función de las preferencias del usuario, la finalidad que se persiga y las circunstancias en que se produzca la exposición.

Puesto que en la mayoría de los casos estos productos se aplicarán durante la práctica de actividades lúdicas al aire libre, parece lógico que existan preparados en los que el compuesto se halle combinado con un filtro solar con objeto de proporcionar una protección doble. También debe tenerse en cuenta que muchas de estas prácticas en la época estival comportan una considerable sudoración y suelen alternarse o finalizar con una zambullida refrescante, por lo que es frecuente encontrar en la composición de este tipo de formulaciones excipientes que les permitan ser catalogados como waterresistant o waterproof.

Finalmente, cabe señalar que también es posible encontrar en el mercado productos repelentes especialmente destinados a la protección de la delicada piel de los más pequeños: son preparados suaves en los que el principio repelente se incluye en formulaciones no grasas, que incorporan, además, activos hidratantes, suavizantes o calmantes como el áloe o el alfabisabolol.

Otras medidas preventivas para evitar las picaduras

La mejor estrategia contra las picaduras es la prevención. Para lograrla es precisa la aplicación tópica de un buen repelente, aunque también existen otros sistemas (tabla III). En cualquier caso, el cumplimiento de unas sencillas medidas preventivas resultará muy eficaz para evitar la exposición a los diferentes insectos u otros animales capaces de producir picaduras. Entre ellas, cabe destacar:

 

- Extremar la higiene, prohibiendo a los niños jugar en zonas ruinosas o con basuras.

- Evitar andar descalzo tanto en las zonas rocosas próximas a las playas, como por el campo.

- Utilizar prendas de vestir de colores claros. Evitar las ropas oscuras y de colores brillantes. Tampoco se recomiendan los estampados con flores y dibujos vistosos, ni las prendas amplias.

- Evitar perfumes de olores fuertes y penetrantes (tampoco se aconseja la utilización de lociones para después del afeitado).

- No hacer movimientos bruscos en presencias de abejas o avispas.

- Evitar comer la fruta que cae de los árboles sin previo examen de la pieza.

- Cuando se vaya a realizar un viaje, se deberá comprobar que no hay insectos dentro del automóvil.

- En países tropicales, o en lugares donde la población de mosquitos sea particularmente densa, utilizar ropa de manga larga y pantalones que cubran hasta los tobillos, especialmente al anochecer. Antes de acostarse, conviene también sacudir la ropa de cama, pues los insectos suelen ocultarse en ella. Asimismo, se aconseja la presencia de mallas antimosquitos en puertas y ventanas, así como la utilización de mosquiteras en las camas. Se deberán restringir las actividades en el exterior entre el anochecer y el amanecer en áreas de malaria.

Bibliografía general

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Consejo General de COF. Catálogo de Parafarmacia. Madrid: Publicaciones del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos; 2005.

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Giménez Serrano S. Repelentes de insectos. Farmacia Profesional. 2005;19: 48-52.

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