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Vol. 17. Núm. 10.
Páginas 62-67 (Noviembre 2003)
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Higiene diaria del bebé
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LEIRE AZCONA BARBEDa
a Farmac??utica comunitaria de Bizkaia. Master en Cosm??tica y Dermofarmacia.
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Piel y cabello

 

El bebé necesita un tipo de higiene y cuidados específicos para su salud. En este artículo, se abordan las características fisiológicas de la piel del bebé, se describen los principios activos cosméticos que integran los productos destinados a la higiene infantil y sus propiedades, y finalmente se apuntan consejos para que, desde la oficina de farmacia, se fomenten hábitos saludables en los padres y, así, se eviten futuros problemas cutáneos en el bebé.

 

 

La piel del bebé se diferencia claramente de la del adulto, tanto por sus características histológicas como fisiológicas. A continuación se detallan los aspectos más significativos del tejido cutáneo infantil.

LA PIEL DEL BEBÉ

Sus principales características son las siguientes:

 

­ La epidermis tiene poco espesor. La capa córnea es muy fina y presenta una reducida queratinización. Por tanto, la piel es más permeable y manifiesta la función barrera disminuida frente a agentes externos.

­ La dermis tiene una óptima cantidad de agua, pero la unión dermoepidérmica es débil.

­ Las glándulas sebáceas, desarrolladas a los 6 meses de vida fetal, secretan lípidos que protegen la piel del feto (vérnix caseoso). Cuantitativamente, los lípidos de la piel del bebé son similares a los de la piel adulta; sin embargo, cualitativamente su naturaleza varía respecto a los de la piel del adulto. En el bebé los lípidos proceden primordialmente de las glándulas sebáceas y en el adulto, los lípidos también provienen de la epidermis, como los fosfolípidos y el colesterol. A medida que las glándulas sebáceas disminuyen su producción por descenso hormonal, aproximadamente a partir del tercer mes de vida, la piel tenderá a secarse hasta que en la pubertad se desarrollen las hormonas sexuales.

­ La superficie del tejido cutáneo en los bebés respecto al peso corporal es tres veces mayor que en los adultos; por tanto, el riesgo de permeabilidad de agentes tóxicos es mucho mayor.

­ Todas las glándulas sudorales ecrinas están presentes desde el nacimiento, pero no están desarrolladas funcionalmente. Es muy importante tener en cuenta que los bebés no tienen normalizado el control de la temperatura ni de la sudoración hasta aproximadamente los dos años. Por tanto, el bebé no puede soportar elevadas temperaturas.

­ La melanogénesis no está desarrollada plenamente en el bebé, así que la piel pediátrica es muy sensible a las radiaciones solares.

­ EL pH de la piel del bebé tiende a la neutralidad, entre 6 y 7, desde que nace y hasta los 15 días de vida. En este período, la piel no tiene capacidad tampón, y además el sistema inmunitario no está desarrollado; por tanto, es más susceptible de presentar infecciones oportunistas.

­ El bebé nace con un vello muy fino localizado principalmente en la espalda y los hombros, que se denomina lanugo. Este pelo se desprende durante las primeras semanas, y, aunque permanezca durante más tiempo, no tiene ningún significado patológico.

HIGIENE DEL BEBÉ Y COSMÉTICA PEDIÁTRICA

Los cosméticos destinados a la higiene y el cuidado de los bebés están formulados de acuerdo con las características fisiológicas de su piel. Presentan poca detergencia, mantienen la barrera epicutánea intacta y muestran mínima irritabilidad, siendo estables y seguros. En pediatría, un solo producto cosmético se suele emplear simultáneamente para el baño y para la higiene capilar. Por tanto, su pH suele ser neutro para evitar irritación ocular. Los productos cosméticos destinados a la higiene del bebé no deben contener principios activos antisépticos, salvo por prescripción médica, ya que estos productos podrían desequilibrar la flora saprofita de la piel del bebé y hacerla vulnerable a una sobreinfección.

La higiene de la piel de un bebé se basa en el baño diario, una vez se haya caído el cordón umbilical y quede cicatrizado el ombligo. Se recomienda realizar el baño con agua a 36-37 ºC, con una temperatura ambiental aproximada de 20 ºC y a la misma hora. Después del baño, la piel debe secarse meticulosamente sin fricciones, incidiendo en las zonas de pliegues cutáneos.

Dentro de los cosméticos indicados para el baño de los niños encontramos: aceites, emulsiones limpiadoras, jabones líquidos, champúes, colonias infantiles y toallitas húmedas.

 

Aceites pediátricos

Los aceites, por su característica lipofilia, se mezclan con la suciedad eliminándola fácilmente con un ligero arrastre mecánico. Además, aportan a la piel emoliencia e hidrofobicidad, protegiéndola frente a agentes externos.

Estos cosméticos suelen incluir en su formulación vaselina, aceites vegetales como el de almendras dulces, de caléndula y de germen de trigo y aceites sintéticos como la ciclometicona; todos ellos con propiedades emolientes. También se incluye alfatocoferol (vitamina E) con capacidad antioxidante.

 

Emulsiones limpiadoras

Son emulsiones fluidas cuyo objetivo es la higiene y protección cutáneas del bebé. Las emulsiones suelen ser principalmente de fase externa acuosa (O/W), que en la fase grasa incluyen los principios activos limpiadores. Los emulgentes no iónicos son los más idóneos por su reconocida inocuidad.

 

Champúes pediátricos

Hasta los 4 meses de vida, el bebé transpira mucho por la cabeza. El cabello es fino y el cuero cabelludo se caracteriza por ser graso. A consecuencia de ello, se aconseja realizar lavados capilares diarios para evitar la costra láctea.

Los jabones líquidos o champúes no deben dañar el tallo piloso, y además no pueden irritar ni la piel ni los ojos. Por tanto, estos productos suelen contener menor cantidad de principios activos que los destinados a los adultos, para así favorecer la tolerancia cutánea y ocular. De la extensa lista de tensioactivos existentes, sólo unos pocos se consideran idóneos para la formulación pediátrica:

 

Tensioactivos aniónicos

Alquil y alquiléter sulfatos, hemilsulfosuccinatos y lauriléter carboxilato sódico.

Tensioactivos anfóteros

Los derivados de betaínas y de imidazolinas se caracterizan por su extrema suavidad; suelen asociarse a tensioactivos aniónicos clásicos como laurilsulfato.

 

Tensioactivos no iónicos

Ésteres de polietilenglicol, alcoholes grasos etoxilados, derivados de lanolina, cocoato de glicerina polioxietilenado y siliconas modificadas.

Además de los tensioactivos, estos cosméticos incluyen sustancias modificadoras del pH, para minimizar al máximo la irritación cutánea y ocular. El rango de pH que presentan suele ser entre 6,6 y 7,8. Como ácidos débiles se emplean el ácido láctico y el ácido cítrico y como base débil la trietanolamina.

En la actualidad, existen champúes destinados a la eliminación de la costra láctea. Estos productos contienen, además de los principios activos mencionados, sustancias queratolíticas que favorecen la descamación de la zona hiperqueratósica (véase el apartado dedicado a la dermatitis seborreica).

 

Colonias infantiles

La delicada piel del bebé hace que disminuya la graduación alcohólica en las colonias infantiles. Para evitar el efecto deshidratante del alcohol, se añade a la formulación glicerina, sorbitol o propilenglicol, por sus propiedades humectantes. Existen en el mercado aguas de fragancia que no llevan alcohol. Hay que tener en cuenta la alta permeabilidad cutánea de los bebés y ser conscientes de que existe riesgo de intoxicación etílica. Por tanto, se recomienda perfumar al bebé con productos sin alcohol. En la tabla I se describe la fórmula tipo de una colonia infantil.

 

Toallitas húmedas

Su uso se ha extendido de tal manera, que hoy día son indispensables en la higiene diaria del bebé, sobre todo en el cambio del pañal. Están formadas por fibra textil o tejido de celulosa impregnado por principios activos humectantes (glicerina y propilenglicol), emolientes (vaselina) y tensioactivos (derivados grasos y alcoholes etoxilados). Se aconseja utilizar las toallitas que incorporen detergentes suaves, para así mantener intacto el manto hidrolipídico. En el mercado actual, existen toallitas oleosas, que además de limpiar la piel del bebé dejan una película protectora que aumenta la función barrera cutánea.

La piel atópica se caracteriza por ser áspera al tacto, ligeramente descamativa y de tono apagado

 

DERMOPROTECCIÓN INFANTIL

El bebé, además de los cuidados higiénicos, necesita que su piel esté protegida frente a posibles agresiones, porque no ha desarrollado plenamente los mecanismos de defensa. Así, las zonas de piel más propensas a presentar daños son las que están en contacto con el pañal y las expuestas al medio ambiente. La cosmética protectora tiene como objetivo no sólo mantener el manto hidrolipídico, sino también proteger la piel de agresiones externas. Estos cosméticos comprenden cremas o bálsamos protectores, polvos pediátricos y productos solares infantiles.

 

Cremas protectoras

Estas emulsiones actúan formando una película protectora frente a las agresiones. Generalmente, se emplean emulsiones de fase externa oleosa por su gran emoliencia y elevado poder protector (capacidad hidrorrepelente). La fase grasa está constituida principalmente por ceras, aceites, siliconas, triglicéridos, vaselinas y alcoholes grasos. El óxido de cinc se emplea por sus propiedades secantes y antisépticas. Para prevenir la irritación de la piel ,se incluyen en las formulaciones principios activos calmantes como alfabisabolol, alantoína, ácido glicirrético, extractos de camomila, aloe vera y caléndula. El pantenol se utiliza por sus propiedades reparadoras y calmantes. La avena coloidal se emplea por su capacidad emoliente. A algunas cremas protectoras se les atribuyen propiedades antienzimas. Este término significa que en su formulación tienen incorporados agentes enzimáticos, con acción antilipasa y antiproteasa, que inhiben la acción de las enzimas de las heces, evitando así la irritación cutánea en la zona del pañal.

 

Polvos pediátricos

En la actualidad, estos cosméticos, denominados comúnmente «talcos», han quedado relativamente en desuso. Se utilizan para evitar el roce, absorber el sudor y reducir la irritación. Su principal componente es el silicato magnésico anhidro, por sus propiedades suavizantes, protectoras y emolientes. Éste se formula junto con caolín, que absorbe la humedad; óxido de cinc, por su poder secante y antimicrobiano; estearatos metálicos, que aumentan el poder adhesivo, y derivados de amonio cuaternario, que actúan como antisépticos.

En los polvos pediátricos ya no se incorporan ni ácido bórico ni sus sales, debido al riesgo de toxicidad por absorción cutánea, especialmente si la piel está dañada.

 

Fotoprotector infantil

La piel del bebé está desprotegida frente a la radiación solar ya que, como se ha explicado anteriormente, su estrato córneo es fino y poco compacto y no ha desarrollado completamente ni la melanogénesis ni el sistema inmunitario. Se ha demostrado que los efectos de la radiación solar son acumulativos e irreversibles durante los 10 primeros años de vida. Incluso se relacionan las quemaduras solares presentadas en la infancia con el desarrollo posterior de melanoma. Por esta razón, se aconseja no someter a los niños menores de tres años a radiación solar directa y aplicar fotoprotectores adecuados con altos índices de protección, al menos media hora antes de la exposición al sol. El cosmético antisolar pediátrico debe proteger frente a radiación ultravioleta A, B e infrarrojo. Además, es aconsejable que su fórmula presente propiedades de resistencia al agua (water resistant) o de impermeabilidad al agua (water proof). Aun presentando estas propiedades, se recomienda volver a aplicarlo después del baño. En estos productos destinados a la protección solar infantil, además de los filtros solares se encuentran principios activos hidratantes, emolientes, antiinflamatorios y antirradicalares para minimizar los efectos actínicos sobre la piel del bebé.

El uso de pañales desechables ha hecho descender notablemente la incidencia de la dermatitis del pañal

 

 

PROBLEMAS CUTÁNEOS DEL BEBÉ

Tanto la piel del bebé como la del niño de corta edad presentan una serie de problemas que se describen a continuación:

 

Dermatitis del pañal

Se caracteriza por un enrojecimiento e inflamación de la piel cubierta por el pañal. Se manifiesta con una irritación con picor y escozor de intensidad variable que puede llegar a ir acompañada de ampollas y pústulas. Es una dermatitis irritativa provocada por el contacto continuo y directo de la piel con la orina y las heces. La urea de la orina se degrada y forma amoníaco, que aumenta el pH urinario y descompone los aceites naturales de la piel en jabones. Al aumentar el pH de la orina se activan las enzimas de las heces, proteasa y triacilglicerol lipasa. Estas enzimas fecales son las principales responsables de las lesiones cutáneas, del aumento de la permeabilidad de la piel y por tanto, de una mayor susceptibilidad a la acción de sustancias irritantes.

Los factores que favorecen la dermatitis son: falta de higiene, poca frecuencia en el cambio del pañal, utilización de productos de limpieza que pueden sensibilizar y/o irritar la piel del bebé, retención del sudor y falta de aireamiento de la piel, con el consiguiente aumento de la humedad y de la temperatura de la zona.

En la actualidad, gracias al uso de pañales desechables ha descendido mucho la incidencia de esta patología, pero aún así, son muchas las consultas que se realizan en la oficina de farmacia relacionadas con este tema.

El pH de las heces se modifica según la alimentación y la flora intestinal propia del bebé. Los niños que son alimentados mediante lactancia materna suelen presentar menos dermatitis de pañal, ya que suelen orinar menos y presentan menor alcalinidad en las heces y la orina que los niños alimentados con fórmulas adaptadas. Es importante saber que los niños con dietas hiperproteicas suelen aumentar la acidez de las heces, hecho que favorece la dermatitis de pañal.

El tratamiento de la dermatitis del pañal se realiza mediante cremas protectoras, que forman una película sobre la piel y que han sido descritas anteriormente.

También se emplean sustancias emolientes, que suavizan la piel e impiden su deshidratación. Destacan el aceite de almendras, el aceite de oliva, la cera de abejas, el esperma de ballena, la lanolina, el glicerol o el alcohol estearílico.

Se recomienda el empleo de estos productos protectores en cada cambio de pañal de manera preventiva.

 

Dermatitis atópica

En los últimos años ha aumentado mucho la incidencia de los casos de dermatitis atópica en pediatría.

La dermatitis atópica se caracteriza por una inflamación pruriginosa que afecta tanto a la dermis como a la epidermis. Parece tener origen alérgico y su evolución es fluctuante. La piel atópica se caracteriza por ser áspera al tacto, ligeramente descamativa y de tono apagado. El tejido cutáneo atópico pierde mayor cantidad de agua transepidérmica por su elevada permeabilidad. El origen de esta patología parece provenir de alteraciones en el sistema inmunológico, el sistema nervioso y el metabolismo de los ácidos grasos esenciales (ácido linoleico, gammalinolénico y araquidónico). En los lactantes se manifiesta entre los dos y los 8 meses de vida. En la piel se observan placas eritematoedematosas que posteriormente se transforman en pápulas vesiculosas. La localización de las lesiones varía según la edad: en los bebés se concentran en la frente, las mejillas, el cuero cabelludo, el tronco y los dedos, especialmente el pulgar. En niños de dos a tres años, las lesiones pasan a las zonas de flexión: codos, rodillas, muñecas y tobillos. El prurito es un síntoma característico de esta patología. El rascado constante hace que las lesiones puedan volverse crónicas.

Las medidas higiénicas y sanitarias aconsejables en estos casos son:

 

­ Utilizar ropa de algodón y evitar tejidos sintéticos.

­ Evitar el exceso de ropa en el bebé.

­ Lavar la ropa con detergente suave, evitando lejías y aclarándola con abundante agua.

­ Cortar las uñas del bebé frecuentemente, para así evitar infecciones en las lesiones.

­ No utilizar jabones alcalinos; son preferibles los syndets o jabones sobregrasos con avena, aceite de coco o glicerina.

­ El baño no debe prolongarse en el tiempo y la temperatura del agua no ha de ser elevada.

­ Conviene hidratar mucho la piel.

 

Dentro de los principios activos más indicados para la dermatitis atópica tenemos: emolientes como ácido láctico, vaselina, glicerina, miristato de isopropilo y parafina líquida; sustancias ricas en ácidos grasos esenciales como aceite de borraja, de prímula o de girasol; principios activos cicatrizantes y reparadores como aceite de rosa mosqueta, extracto de centella asiática, mimosa tenuiflora y aloe vera. La urea se utiliza en la dermatitis atópica por sus propiedades hidratantes y queratolíticas. Muchos de los cosméticos destinados a esta patología se formulan con avena. La avena se caracteriza por eliminar la suciedad de la piel sin dañar el manto hidrolipídico, mediante un mecanismo de absorción-adsorción. Tiene actividad tamponadora del pH cutáneo y potencia la actividad antibacteriana propia de la piel.

En los bebés atópicos se aconseja aplicar fotoprotectores con filtros físicos, ya que estos principios activos son menos sensibilizadores que los filtros químicos.

 

Costra láctea

Los recién nacidos pueden presentar un tipo de dermatitis seborreica situada en el vértex del cuero cabelludo que se manifiesta como una costra gruesa, amarillenta y de aspecto graso, que se denomina costra láctea. Esta afección no suele presentar eritema y en los bebés es autolimitada. Pero si se mantuviera durante mucho tiempo, se consultará al médico. Para su tratamiento se aconseja aplicar un principio activo emoliente en esta área con anterioridad a la limpieza capilar. Las sustancias emolientes más utilizadas son la vaselina, el aceite de oliva y el aceite de almendras dulces. Se masajeará sobre la costra, siempre sin rascar ni friccionar, y se dejará aplicado unas horas. Durante este período la costra se ablandará. A continuación, se realizará el lavado capilar. Para ello, se utilizan champúes pediátricos con principios activos queratolíticos, como la piritiona de cinc, el sulfuro de selenio, el sulfuro de cadmio o el ácido salicílico (existe controversia en el empleo de ácido salicílico en champúes infantiles, ya que podría producirse absorción de esta sustancia y desencadenar efectos secundarios).

La urea se utiliza en la dermatitis atópica por sus propiedades hidratantes y queratolíticas

 

CONCLUSIÓN

La piel del niño, y especialmente la del recién nacido, difiere en sus características de la de un adulto. Por tanto, la higiene y los cuidados del bebé requieren de unos productos específicos destinados tanto a la limpieza como a la protección de la delicada piel del bebé. En este artículo, se han descrito los principios activos cosméticos de los productos infantiles, sus propiedades y consejos para su aplicación. En la oficina de farmacia son numerosas las consultas que realizan los padres sobre el cuidado del bebé. El farmacéutico puede aconsejar los productos dermatológicos más adecuados en cada caso. *

 

 

 

 

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