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Vol. 19. Núm. 5.
Páginas 52-57 (Mayo 2005)
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Higiene bucodental completa
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SALVADOR GIMÉNEZ SERRANOa
a Médico de atención primaria.
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La boca es, quizá, una de las partes más multifuncionales del cuerpo. Sirve para hablar, comer, respirar, besar, chupar, estornudar, sonreír... Tener una boca sana pasa por cuidar cada uno de sus principales componentes: dientes, encías, lengua y glándulas salivares.

Salud oral y salud general

Una buena higiene oral, de la boca, los dientes y las encías, es un objetivo para la buena salud general. Una buena higiene bucodental ayuda a prevenir la halitosis (el mal aliento), la caries dental y la enfermedad de las encías, además de ayudar a conservar los dientes durante más años.

Además, una boca sana puede ayudar a evitar enfermedades. Una boca enferma, en particular si se padece enfermedad de las encías, puede aumentar el riesgo de enfermedades graves como el infarto agudo de miocardio, el ictus cerebral, la diabetes incontrolada y el parto prematuro.

Pero ¿qué tiene que ver la salud de la boca con la salud general? En una palabra, muchísimo. Los especialistas estiman que más del 90% de todas las enfermedades sistémicas producen signos y síntomas orales. La boca es una ventana al interior del organismo y con frecuencia sirve como instrumento para la detección temprana de signos y síntomas de enfermedades que afectan a todo el organismo, como el sida o la diabetes, por ejemplo, que a menudo se hacen aparentes por primera vez a través de lesiones bucales u otros problemas orales.

El análisis de la saliva va camino de convertirse en una prueba diagnóstica muy útil, puesto que informa de numerosos parámetros de salud y en ella se puede detectar una gran variedad de sustancias: cortisol para las pruebas de respuesta al estrés en niños recién nacidos; fragmentos de ciertas proteínas específicas del hueso para la monitorización de la osteoporosis; algunos marcadores de cánceres; medición de niveles de drogas ilegales, toxinas medioambientales, hormonas y anticuerpos de la hepatitis o la infección por VIH, etc. En el futuro, cabe incluso la posibilidad de que el análisis de la saliva llegue a reemplazar al análisis de sangre como método diagnóstico y de monitorización de enfermedades tales como la diabetes, la enfermedad de Parkinson, la cirrosis hepática y numerosas entidades infecciosas.

La saliva es una de las principales defensas del cuerpo frente a los microorganismos productores de enfermedad, como bacterias, virus y hongos. Contiene anticuerpos que atacan los patógenos víricos, unas proteínas llamadas histatinas que inhiben el crecimiento de los hongos como Candida, así como enzimas que destruyen las bacterias a través de diferentes mecanismos.

 

La placa dental

Si bien la saliva ayuda a proteger frente a numerosos patógenos, en una boca sana y en condiciones normales puede haber hasta 500 especies diferentes de bacterias. Estas bacterias producen constantemente lo que se denomina placa dental o biofilm, una película incolora, pegajosa y dura que se adhiere a los dientes y acaba produciendo problemas de salud. El sarro representa un estadio más avanzado, ya que en este caso los residuos contenidos en el biofilm ya están calcificados.

La falta de cepillado y empleo de la seda dental para mantener limpios los dientes permite el crecimiento de la placa dental sobre la línea de las encías, lo que crea un entorno favorable para la acumulación de bacterias en el espacio entre las encías y los dientes. Esta infección de las encías se conoce con el nombre de gingivitis. Sin control y sin tratamiento, la gingivitis puede producir una infección de las encías más grave llamada periodontitis. Existe incluso una forma muy severa de infección de las encías llamada gingivitis ulcerativa necrotizante aguda (GUNA).

Normalmente, las bacterias de la boca no penetran en la circulación sanguínea. Sin embargo, los tratamientos dentales invasivos, incluso a veces el cepillado y el empleo de la seda dental si se padece enfermedad de las encías, proporcionan una puerta de entrada para estos microorganismos. Los medicamentos para reducir el flujo de saliva y los antibióticos que alteran el equilibrio normal de las bacterias en la boca también pueden comprometer las defensas naturales de la boca y permitir que las bacterias penetren en la circulación sanguínea. Un sistema inmunitario debilitado por enfermedad o tratamiento anticanceroso permite también que las bacterias penetren en el torrente sanguíneo, lo que se denomina bacteriemia, y que se pueda producir una infección en cualquier lugar del organismo. La endocarditis infecciosa es un ejemplo de este fenómeno, por el que las bacterias producen infección de las válvulas cardíacas.

A largo plazo, la enfermedad de las encías produce la pérdida de los dientes. Pero sus consecuencias no acaban aquí, ya que estudios recientes parecen demostrar una asociación entre las infecciones orales, principalmente de las encías, con la diabetes mal controlada, las enfermedades cardiovasculares y el parto prematuro.

La higiene bucodental en los niños

Algún «cuento de la vieja» asocia el desarrollo intelectual del niño con la edad y la velocidad a la que le salen los dientes, pero lo cierto es que la dentición infantil no está relacionada en absoluto con el desarrollo cognitivo.

La dentición suele comenzar después de los 3 meses de edad y se prolonga hasta el tercer cumpleaños del niño. Lo normal es que entre los 4 y los 7 meses de edad empiecen a salir los primeros dientes del niño, generalmente los dos dientes frontales inferiores, o incisivos centrales. Entre 4 y 8 semanas más tarde salen los 4 dientes frontales superiores (incisivos centrales y laterales). Alrededor de un mes más tarde, salen los incisivos laterales inferiores. Posteriormente salen los primeros molares y finalmente, los caninos. En general, la mayoría de los niños tienen ya los 20 «dientes de leche» en su tercer cumpleaños.

La higiene dental diaria debería comenzar incluso antes de que aparezca el primer diente del niño. Pueden humedecerse las encías con una gasa o un paño mojados o pueden cepillarse suavemente con un cepillo de dientes infantil y agua, ¡pero sin pasta de dientes!

En cuanto aparezca el primer diente hay que cepillarlo con agua. Esto no solamente previene las caries, sino que muestra al niño la importancia del cuidado dental habitual.

El empleo de la pasta dentífrica se recomienda sólo cuando el niño sea lo suficientemente mayor como para escupirla fuera de la boca, lo que suele suceder hacia los 3 años de edad. La pasta dental infantil debe contener flúor y para una buena higiene es suficiente con una cantidad del tamaño de un guisante, como máximo, sobre el cepillo.

Cuando el niño tenga ya todos sus dientes, hay que cepillarlos dos veces al día, tras el desayuno y antes de acostarse. A partir de ese momento ya puede enseñarse al niño el empleo de la seda dental y empezar a acudir al dentista un par de veces al año.

La higiene bucodental en la mujer

Una buena higiene bucodental es necesaria en todas las edades de la vida. En las mujeres, los cambios de los niveles hormonales durante la pubertad, los períodos menstruales y la menopausia pueden producir cambios en la boca y problemas como:

 

* Aftas y úlceras bucales más frecuentes.

* Gingivitis durante la pubertad.

* Sequedad de boca, con frecuencia asociada a la toma de determinados medicamentos.

* Cambios en el gusto.

* Aumento del riesgo de enfermedades de las encías.

* Debilidad ósea en la menopausia.

 

Durante el embarazo la mujer puede presentar necesidades especiales en lo que respecta a la higiene de la cavidad oral, por lo que es recomendable:

 

* Acudir al dentista antes del embarazo o durante el segundo trimestre, entre el cuarto y el sexto mes, puesto que si es preciso cualquier tratamiento, ésta es la época con menor riesgo para el feto en desarrollo.

* Mantener una buena higiene bucodental y seguir una dieta sana.

* Las enfermedades de las encías son más frecuentes durante el embarazo (se habla incluso de «gingivitis del embarazo»). Si se presenta este problema, es preciso extremar las medidas higiénicas, ya que aumenta la probabilidad de tener un recién nacido prematuro.

Alimentación y salud dental

Una higiene bucodental escasa o incorrecta aumenta el tiempo en el que están actuando las bacterias (transformando azúcares en ácidos que pueden destruir el esmalte) y la predisposición a la acumulación de sarro, a la producción de caries y a la pérdida de dientes. De manera que las recomendaciones alimentarias que se relacionan con una buena salud dental son las siguientes:

 

* Alimentación saludable, variada y equilibrada. Cada día hay que comer de todos y cada uno de los siguientes alimentos: pan y cereales; fruta fresca; verduras y hortalizas; carne, pollo y pescado; leche, queso y yogur.

* Limitar el número de tentempiés entre comidas. Cada vez que se comen alimentos con azúcar, los dientes son atacados por los ácidos durante 20 minutos o más.

* Si se come un tentempié, hay que elegir alimentos nutritivos como queso, vegetales crudos, yogur natural o una pieza de fruta.

* Los alimentos que se consumen como parte de la comida causan menos perjuicios, ya que se segrega más saliva durante una comida, lo que ayuda a lavar los alimentos en la boca y a reducir los efectos de los ácidos.

* Hay que limpiarse los dientes después de las comidas (aunque hay controversia sobre si debe hacerse inmediatamente o al cabo de un rato) para reducir el efecto de los ácidos sobre los dientes. Como mínimo hay que limpiarse los dientes después del desayuno y después de la cena, antes de acostarse. *

Bibliografía general

Oral health for adults. Actualizado 19 enero 2005. United States Department of Health and Human Services. Centers for Disease Control and Prevention. National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion. Division of Oral Health Disponible en: http://www.cdc.gov/OralHealth/factsheets/adult.htm

American Academy of Pediatric Dentistry. © 2005 American Academy of Pediatric Dentistry. Disponible en: http://www.aapd.org/publications/brochures/regdent.asp

 

 

 

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