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Vol. 18. Núm. 6.
Páginas 56-60 (Junio 2004)
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Fotoprotección ocular
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ANA MAGALUFa
a Farmacéutica y óptica.
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Eficacia y seguridad

 

A la hora de recomendar unas gafas de sol, el farmacéutico debe cerciorarse de que está ofreciendo un producto de la máxima calidad: que protege la salud ocular, no altera la visión y resulta agradable de llevar. En este artículo se analizan dichos parámetros para facilitar un consejo profesional y responsable.

Llega el verano y las gafas de sol son un elemento importante en una estrategia de fotoprotección integral, que cubre la piel, el cabello y los ojos.

Del mismo modo que los fotoprotectores cutáneos deben escogerse atendiendo a diversos factores --tanto personales como del entorno de exposición-- y es importante que cumplan determinados requerimientos de eficacia, seguridad y comodidad, las gafas de sol no son un complemento que deba escogerse al azar, atendiendo únicamente a cuestiones de moda o diseño. Con ellas se ha de proteger la salud ocular sin alterar la visión, un objetivo muy serio que obliga a aplicar el máximo rigor científico y técnico en los criterios de selección del producto que se ofrece en la oficina de farmacia.

Las boticas deben contribuir a conservar la salud ocular de la población cuando se expone al sol, en riesgo si se tiene en cuenta que el 70% de los 14 millones de gafas de sol que se venden cada año en España incumple la normativa europea de seguridad.

RADIACIONES NOCIVAS

En todo el espectro solar hay radiaciones susceptibles de causar daños a la salud ocular. A continuación se describe cada uno de los tipos.

 

Espectro visible

Abarca todas aquellas longitudes de onda capaces de estimular los fotorreceptores retinianos, dando lugar a la sensación visual. Corresponden, cada una de ellas, a un color --rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta-- y la suma de todas da lugar al color blanco. Al llegar a la tierra, parte de estas radiaciones es absorbida y otra parte es reflejada en el cielo, en el paisaje y en todos los elementos que lo conforman: personas, animales, objetos, etc. En función de las radiaciones reflejadas, se percibirá un color u otro.

Hay radiaciones más energéticas que otras --como las de la luz azul-- y su difusión (desviación desordenada de los rayos luminosos) en la atmósfera y en el interior del ojo es mayor, por lo que constituyen el principal factor de deslumbramiento y de reducción en la capacidad de percepción de los contrastes.

Los ojos sensibles acusan especialmente los efectos negativos de la «luz azul» y la exposición reiterada a este tipo de luz agrava de forma progresiva la fotofobia y, con el tiempo, merma la capacidad de adaptación a los cambios bruscos de iluminación.

Si bien los límites no son demasiado precisos, porque cada individuo tiene sus propias características a este respecto, se considera que el espectro visible está constituido por las longitudes de onda comprendidas entre 380 y 780 nm. Un factor que puede hacer variar estos límites son los cambios en la transparencia de los medios intraoculares (cristalino y vítreo).

 

Radiación ultravioleta

Tras un período latente, el efecto fotoquímico que desencadena la radiación ultravioleta (UV) genera daños oculares, con síntomas que no son inmediatos porque se trata de un daño acumulativo proporcional al tiempo de exposición. La radiación ultravioleta se divide en tres tipos:

 

­ UVA (315-380 nm): corresponde a longitudes de onda próximas al espectro visible. Se encarga del bronceado, producto de la síntesis de vitamina D por la piel, y puede provocar daño ocular y cutáneo, aunque menos del 1% alcanza la retina, ya que este tipo de radiación es absorbida por las distintas estructuras oculares que actúan como filtros (córnea y cristalino, sobre todo).

­ UVB (280-315 nm): este tipo de radiación alcanza la superficie terrestre en un rango de entre un 30 y un 10%, en función del nivel de filtración de la capa de ozono de la atmósfera. Si bien puede provocar daños oculares --sobre todo si hay lesiones en el ojo, enfermedades, riesgos o condiciones anormales-- en general, es absorbida íntegramente por la córnea y el cristalino y, en consecuencia, no llega a afectar a la retina.

­ UVC (180-280 nm): es la radiación más energética de las aquí descritas y, por tanto, entraña peligro. Aunque la atmósfera absorbe, en general, las longitudes de onda inferiores a 288 nm, este tipo de radiación puede ser producida por las lámparas germicidas y los aparatos de soldadura eléctrica, por lo que debe ser tenida en cuenta por los usuarios de estos sistemas.

 

Radiación infrarroja

Al igual que la radiación UV, la infrarroja (IR) también se subdivide en tres tipos:

 

­ IRA (780-1.400 nm).

­ IRB (1.400-3.000 nm).

­ IRC (3.000-10.000 nm).

 

Buena parte de la IRA alcanza la superficie terrestre, mientras que la IRB y la IRC son absorbidas casi íntegramente por la atmósfera. Las complicaciones que pueden generar se deben a su efecto térmico sobre los tejidos, siempre en función de las intensidades de la exposición. Los síntomas se manifiestan rápidamente.

 

Microondas y ondas radar

Este tipo de radiaciones, que se hallan en longitudes de onda superiores a las de la radiación IR, pueden provocar problemas de salud ocular como cataratas, pero las dosis de exposición han de ser realmente elevadas.

FACTORES DE RIESGO PARA EL DAÑO OCULAR

La intensidad y el tiempo de fotoexposición son los principales factores que condicionan el riesgo de padecer daño ocular.

 

Intensidad

La intensidad de la radiación depende, a su vez, de factores como la latitud y la longitud, la altitud y las características del medio. En las áreas terrestres en las que los niveles de ozono son inferiores son más numerosos los casos de complicaciones oculares causadas por radiación UV, ya que el ozono es el agente capaz de filtrarlas.

Por lo que hace a la altitud, cabe recordar que la proporción de UV que nos afecta aumenta un 10% por cada mil metros de altura que ascendemos. En cuanto al medio o entorno de exposición, no hay que olvidar que la nieve, por ejemplo, refleja un 80% de los rayos solares; el agua, un 20% y la arena de la playa, un 1,5%. El horario también es un dato a tener en cuenta, porque el 70% de la luz UV, que es la más nociva, alcanza la superficie terrestre entre las 10 y las 14 horas del día.

 

Tiempo

Cuanto mayor es el tiempo de exposición, mayor es el riesgo de padecer complicaciones en la salud ocular, por lo tanto, las personas que han de pasar buena parte del día al aire libre deben tomar precauciones especiales.

GRUPOS DE RIESGO

La protección contra las radiaciones ultravioleta es imprescindible siempre que se esté expuesto a ella, pero sobre todo en ciertos grupos de población, sometidos a un nivel de riesgo especial como:

 

­ Personas que sufren de cataratas, pinguécula (degeneración hialina del tejido conjuntivo y las fibras elásticas), pterigium (engrosamiento de la conjuntiva que dificulta la visión), degeneración macular, problemas corneales, retinopatías solares inducidas por UV, queratitis, retinitis pigmentaria, albinismo, etc.

­ Bebés y niños. Su cristalino es casi transparente hasta los 10 o 12 años, y sus ojos absorben toda la radiación.

­ Pacientes en tratamiento con medicamentos fotosensibilizantes como tetraciclinas, sulfamidas, fenotiacinas, antipsoriásicos, anticonceptivos orales, antihistamínicos, antialérgicos, antipalúdicos, etc.

­ Personas que pasan mucho tiempo al sol.

­ Trabajadores expuestos a radiaciones UV por razones laborales: soldadores, técnicos electrónicos, de artes gráficas, investigadores, etc.

­ Personas que practican actividades de ocio al aire libre: esquiadores, montañeros, etc.

­ Usuarios de solarium.

­ Afáquicos (personas que no tienen cristalino).

DAÑO OCULAR

Sólo aquellas radiaciones que son absorbidas por los tejidos tienen capacidad de modificarlos o alterarlos. A continuación se detallan las alteraciones que puede provocar la luz solar en las distintas estructuras del ojo susceptibles de alteración, haciendo especial hincapié en los efectos nocivos derivados de la radiación UV, que es la que suele generar más complicaciones.

 

La córnea

En la córnea la radiación solar puede provocar las siguientes alteraciones o trastornos:

 

­ Oftalmia de las nieves. Es una quemadura en el epitelio corneal por la exposición excesiva a radiación UV, reflejada en un 80% por la nieve, como ya se ha señalado. La sintomatología aparece horas después de la exposición y consiste en dolor intenso, lagrimeo, blefarospasmo, fotofobia, enrojecimiento ocular y edema.

­ Fotoqueratitis. Puede aparecer con una exposición de sólo 30 segundos.

­ Degeneraciones corneales. La recepción por parte de la córnea de pequeñas dosis de UV de forma constante puede provocar este problema, que a su vez puede derivar en queratopatía bullosa ambiental o degeneración esferoidal.

­ Polimegatismo endotelial. La radiación UV puede alterar también la estroma (trama, generalmente de tejido conjuntivo, que sostiene los elementos celulares) y el endotelio.

­ La radiación IR puede ocasionar un calentamiento de la córnea, desecación de la película lagrimal y opacificación de la estroma (IRC), si es persistente en el tiempo.

 

La retina

La luz solar puede provocar en la retina dos tipos de lesiones: fotoquímicas y térmicas. Entre las primeras se cuenta la degeneración macular asociada a la edad y entre las segundas, la retinopatía solar (por ejemplo, por contemplación de un eclipse sin protección ocular correcta).

 

La conjuntiva

La relación entre la radiación UV y la aparición de pterigium está bastante estudiada. La relación con la pinguécula es más controvertida.

 

El cristalino

La gran absorción que el cristalino hace de la radiación comprendida entre 295 y 400 nm desencadena una alteración de las proteínas presentes en su estructura y una acumulación de sustancias fluorescentes, que reducen la cantidad de UV y visible que llega a la retina, actuando como un filtro eficaz e incrementando el color amarillento del núcleo. Si la fotoexposición es excesiva, este proceso puede evolucionar hacia una catarata.

Numerosos estudios constatan la relación entre cataratas y radiación UV, pero también IR, ya que se ha observado su desarrollo en personas que trabajan en ambientes muy calurosos, como empleados de la siderurgia o sopladores de vidrio.

FILTROS SOLARES PROTECTORES

Unas gafas de sol de calidad deben ser auténticos filtros de protección. El filtro solar, ya sea mineral u orgánico, se define como una lente que impide la llegada al ojo de radiaciones nocivas provenientes directamente o indirectamente del sol y que reduzca la transmisión en la región del espectro visible sin alterar de modo negativo los colores y los contrastes. Cabe hablar de cuatro tipos de filtros protectores:

 

Filtros coloreados o tintados

Se trata, básicamente, de filtros marrones, grises, verdes o amarillos. Impiden la llegada al ojo de radiación UV y reducen la intensidad luminosa. Tal como se expone en la tabla I, las distintas coloraciones son, cada una de ellas, adecuadas para determinados tipos de actividades o para mejorar la comodidad visual en aquellas personas que padecen ciertos defectos visuales.

Por otro lado, los filtros tintados, en función de su capacidad de absorción de la radiación solar, son calificados con letras de la A a la D (tabla II).

 

Filtros fotocromáticos

Estas lentes experimentan una alteración temporal del color, dependiendo de la intensidad de la radiación que reciben.

 

Filtros espejados

Son los que ofrecen una protección máxima frente a radiación UV. El tratamiento de espejado, unido a algún tintado, permiten emplearlos con eficacia en la práctica de deportes como el esquí o la escalada, por sus características espectrales.

 

Filtros polarizados

Este tipo de filtros minimiza los deslumbramientos, al ser capaces de eliminiar los reflejos de ciertos ángulos de superficies como la nieve, el agua o la arena. De ahí que sean muy adecuados para las personas que han de trabajar sobre esas superficies, para la pesca, la aviación, los deportes acuáticos y la conducción, especialmente si el sol incide de frente.

 

Filtros con tratamiento antirreflejante

Son capaces de neutralizar las reflexiones de los rayos que inciden en los laterales de las gafas.

SELECCIÓN ACERTADA

Para seleccionar unas gafas de sol adecuadas al individuo que las va a usar y a las condiciones de uso, deben aplicarse los siguientes criterios:

 

Filtración de la luz visible

La norma europea UNE-EN 1836 de mayo de 1997 establece la clasificación de los filtros solares en cinco categorías, en función de su grado de filtración de la luz visible (tabla III). Es importante elegir la categoría adecuada al entorno en el que vaya a estar el individuo y a la actividad que vaya a desarrollar.

 

Filtración de la radiación UV

Éste es un criterio decisivo. La filtración de la radiación ultravioleta debe ser máxima. La Food and Drug Administration (FDA) exige una filtración del 99% para el UVA y del 95% para el UVB. La norma europea indica que la transmisión máxima del UVC debe ser del 10%. Además, para las categorías 0, 1 y 2, las transmisión máxima para el UVA y el UVB debe equivaler a la de la luz visible, mientras que para las categorías 3 y 4 debe ser la mitad.

 

Propiedades ópticas

Las propiedades ópticas de la lente se pueden verificar proyectando el test de astigmatismo (círculo horario) poniendo el filtro solar delante del proyector con la superficie convexa más próxima a éste y comprobando que la imagen proyectada es nítida. También se puede evaluar proyectando optotipos de alta agudeza visual para después cuantificar cuántas se emborronan. Asimismo, se comprobará la afocación de la lente, la ausencia de defectos prismáticos por distorsiones y otros defectos visibles como burbujas, rayas, fisuras, estrías, etc.

 

Calidad de la visión

Las lentes de sol no deben alterar la visión de los contrastes, relieves y colores. Las lentes fuertemente coloreadas (sobre todo en rojo o azul) pueden dificultar la percepción de las señales de tráfico.

 

Particularidades físicas

La forma y el tamaño de las gafas de sol son también parámetros dignos de atención. Las monturas con lentes demasiado pequeñas permiten que por los laterales se «cuele» un 20% de la radiación UV. Esto es muy negativo si se van a usar en alta montaña, donde la radiación ultravioleta es mayor.

La montura debe adaptarse perfectamente a la cara, centrada y pegada a la frente (si está alejada llegará al ojo una mayor cantidad de radiación ultravioleta).

MATERIALES

Como en las gafas graduadas o de uso convencional, las lentes de las gafas de sol se están fabricando actualmente en material «orgánico» o «plástico óptico» o en material mineral.

Lentes orgánicas

Las lentes orgánicas garantizan una buena capacidad de absorción de la radiación UV, son ligeras y no se rompen. Su inconveniente es que se ensucian y rayan con facilidad. Deben limpiarse con agua, para eliminar las partículas de polvo o suciedad adheridas sin rayarlas o provocar un efecto abrasivo. Es importante recordar al usuario que este tipo de lentes no se deben dejar cerca de fuentes de calor o dentro del coche cerrado, a pleno sol.

 

Lentes minerales

Las lentes de material mineral son más estables, no experimentan deformaciones por el calor, son más uniformes en su coloración y más duras. Se pueden romper con un impacto, pero es posible someterlas a un tratamiento endurecedor.

 

Monturas

Las monturas de acetato de celulosa son recomendables porque son resistentes, envolventes, cómodas de llevar, hipoalergénicas, con una buena resistencia química y estables ante la radiación ultravioleta.

En actividades que entrañen riesgo de caída o impacto (esquí, motorismo, squash, fútbol, rugby, etc.) no se aconsejan las monturas metálicas, especialmente si presentan piezas o bordes que por su acabado pudiesen actuar como agentes cortantes o punzantes.

INFORMACIÓN ADICIONAL

Unas gafas de sol de calidad deben ir provistas de un folleto que informe sobre la clase a la que pertenece el filtro, características, nombre y dirección del fabricante, instrucciones de almacenamiento, uso, limpieza y mantenimiento o desinfección, así como los consejos y advertencias de seguridad en caso de que, por ejemplo, estén fabricadas con un tipo de filtro que no sea apto para la conducción de vehículos.

Asimismo, en la farmacia no deberían comercializarse gafas de sol que no estén marcadas con el sello CE de la Unión Europea. *

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

Hu H. Effects of ultraviolet radiation. Med Clin North Am 1990;74(2):509-14.

Piñero DP, Gené A, Sánchez Pardo M, Montalt JC. Criterios para la selección de una protección solar adecuada (I). Gaceta Óptica 2000;343(noviembre):10-4.

Piñero DP, Gené A, Sánchez Pardo M, Montalt JC. Criterios para la selección de una protección solar adecuada (I). Gaceta Óptica 2000;344(diciembre):10-5.

Wittenberg S. Solar radiation and the eye: a review of knowledge relevant to eye care. Am J Opt 1986;63:676-89.

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