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Vol. 31. Núm. 1.
Páginas 5-9 (Enero 2017)
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Antiinflamatorios tópicos
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Maria-Josep Divinsa
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Los antiinflamatorios por vía tópica pueden ser una alternativa eficaz a los dolores leves o moderados, y sin los efectos secundarios de los medicamentos por vía oral. Aunque ha existido siempre un debate sobre la justificación de su uso en el tratamiento del dolor y de la inflamación, son especialmente eficaces en patologías que afectan a músculos, tendones y ligamentos. En muchos casos, permiten evitar la toma prolongada de un fármaco antiinflamatorio por vía oral y disminuir los riesgos de efectos secundarios como son las alteraciones gastrointestinales. Podemos encontrarlos comercializados bajo distintas formas farmacéuticas: cremas, pomadas, geles, espray, roll-on, linimentos e incluso parches adhesivos.

Normalmente la inflamación debida a alteraciones musculoesquéleticas agudas y especialmente traumáticas, acompañada de dolor y limitación funcional, suele ser tratada con antiinflamatorios orales. En ciertos casos, cuando se trata de dolores leves o moderados, los antiinflamatorios por vía tópica pueden ser una alternativa eficaz y sin los efectos secundarios de los medicamentos por vía oral. Incluso pueden ser aconsejados por el farmacéutico, siempre y cuando la lesión parezca no requerir intervención médica.

Su uso puede ser muy útil también en otro tipo de pacientes afectados por patologías crónicas como la artrosis. Los antiinflamatorios tópicos pueden suponer un alivio a estos pacientes y disminuir su consumo de antiinflamatorios por vía oral.

Inflamación y dolor

La inflamación es una respuesta del sistema inmunológico del organismo que se produce como consecuencia de un daño celular determinado. Se trata de una respuesta protectora, cuyo objetivo consiste en eliminar la causa inicial de la lesión tisular, así como las células y tejidos necróticos resultantes de la lesión original. Los síntomas que suele producir son dolor, enrojecimiento, calor en la zona afectada, rigidez e, incluso, pérdida de la movilidad.

Cuando un tejido corporal sufre por ejemplo un traumatismo fuerte, tras una breve constricción de las arteriolas, se origina el proceso inflamatorio al producirse una vasodilatación que facilita el aporte de grandes cantidades de sangre hacia el área afectada. Distintos mediadores químicos actúan sobre las células endoteliales incrementando la permeabilidad capilar y desencadenan una extravasación de agua, sales y algunas proteínas plasmáticas, que pueden acumularse en los tejidos (edema), con lo que se dificulta o imposibilita el funcionamiento normal del órgano o de la región afectada.

La inflamación se clasifica clásicamente como aguda o crónica en función de la duración de la misma. Esta última puede prolongarse durante semanas, meses o años. La inflamación crónica puede seguir a una inflamación aguda por persistencia del estímulo o por alguna interferencia con el proceso de curación normal.

El dolor es un síntoma asociado a múltiples patologías y entre ellas también los procesos inflamatorios. El dolor en la zona está causado por una combinación de la presión ejercida por la tumefacción sobre las terminaciones nerviosas de la zona con la intensa estimulación o irritación de las terminaciones sensitivas, provocada por algunos de los componentes del exudado inflamatorio.

Antiinflamatorios tópicos

Ha existido siempre un cierto debate sobre la justificación del uso de antiinflamatorios tópicos en el tratamiento del dolor y de la inflamación. Conceptualmente parece razonable dudar de que un fármaco de este tipo aplicado sobre la piel en la cercanía de un proceso inflamatorio pueda penetrar hasta alcanzar concentraciones terapéuticas en el área a tratar, y existen pocos estudios clínicos comparativos entre diferentes principios activos y formulaciones concretas, pero la práctica médica habitual y su uso durante décadas permiten defender su utilidad terapéutica.

Los efectos secundarios producidos por los antiinflamatorios tópicos suelen ser poco frecuentes y generalmente revierten al dejar la medicación.

Los antiinflamatorios tópicos son especialmente eficaces en patologías que afectan a músculos, tendones y ligamentos. Su uso también permite, en muchos casos, evitar la toma prolongada de un fármaco antiinflamatorio por vía oral y disminuir por tanto los riesgos de efectos secundarios bien conocidos y frecuentes, como son las alteraciones gastrointestinales. Al alcanzar niveles plasmáticos muy bajos, se minimizan los efectos sistémicos y las interacciones con otros tratamientos. Estas moléculas asocian a su acción antiinflamatoria un efecto analgésico. Aunque ambas acciones están habitualmente presentes, la relación de potencia entre ambas puede variar bastante de una molécula a otra.

Podemos encontrarlos comercializados bajo distintas formas farmacéuticas que van desde las cremas, pomadas y geles (que son las presentaciones más comunes) a espray, roll-on, linimentos e incluso parches adhesivos.

La eficacia por vía tópica de cada principio activo en concreto no dependerá exclusivamente de su potencia farmacológica intrínseca sino también de su capacidad para ser absorbido y alcanzar la lesión. Es muy importante, por tanto, una adecuada formulación galénica.

Los principios activos más utilizados son los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el diclofenaco sódico (con marcas como Voltadol, Voltaren, Dolotren, etc., y genéricos, entre los que el más vendido es el de Kern), el etofenamato (Flogoprofen, Zenavan, etc.), el ketoprofeno (Fastum, etc.), dexketoprofeno (Enangel, etc.), el ibuprofeno, etc. Sin olvidar formulaciones analgesicoantiinflamatorias clásicas a base de sustancias como el alcanfor y los salicilatos (de metilo, de dietilamina, etc.).

También se clasifican en este grupo los productos tópicos formulados a base de capsaicina, una oleorresina que es componente activo de varias especies de plantas del género Capsicum. Su acción radica en su capacidad para inhibir la liberación, en las terminaciones centrales y periféricas de las fibras tipo C, del neuropéptido sustancia P, principal neurotransmisor de ciertos estímulos dolorosos. Como consecuencia, disminuye la actividad de las neuronas sensitivas y bloquea la transmisión del dolor, especialmente del dolor crónico y especialmente del de origen neuropático. Algunas reacciones adversas pueden ser quemazón, eritema, sequedad, etc., en la zona tratada.

Mercado de los antiinflamatorios tópicos

El mercado de los antiinflamatorios tópicos lo componen 46 laboratorios que comercializan un total de 63 productos. Sus ventas fueron de 70,30 millones de euros a PVL, como resultado de sus algo más de 14 millones de unidades vendidas (TAM septiembre 2016).

Como podemos observar en la figura 1, las ventas en unidades han sufrido un importante retroceso (-32%) respecto a las cifras de septiembre de 2012, fecha de la exclusión de este grupo de fármacos de la financiación por el Sistema Nacional de Salud. En estos cuatro años se han perdido unas ventas totales de 6,7 millones de unidades de los distintos antiinflamatorios.

Figura 1. Antiinflamatorios tópicos. Comparativa de ventas (2012-2016*).

(*) Años móviles a septiembre. Datos: TAM septiembre 2016.

En cambio, si analizamos los valores, veremos que se ha producido un incremento positivo del 18%, dado que se ha pasado de 59,7 millones de euros a 70,3 millones. Esto es debido, por una parte, al aumento de precio de estos productos, que en algunos casos era anteriormente muy bajo y, por otra, al lanzamiento de nuevos antiinflamatorios tópicos con mayores precios de venta al público.

El número de prescripciones efectuadas por los médicos bajó un 26%: pasó de 4.830.000 (año móvil a septiembre de 2012) a solo 3.590.000 (año móvil a septiembre de 2016). La venta por propia iniciativa del paciente es por tanto muy importante en este grupo de medicamentos (fig. 2).

Figura 2. Antiinflamatorios tópicos. Comparativa de prescripciones médicas (2012-2016*).

(*) Años móviles a septiembre. Datos: TAM septiembre 2016.

Un análisis que resulta interesante es el del efecto deseado por el médico en el momento de la prescripción y cómo ha evolucionado a lo largo de estos cuatro años y tras el impacto de la desfinanciación. En la figura 3, vemos que se ha reducido un poco la búsqueda del efecto analgésico y han desaparecido prácticamente aquellos otros efectos quizás más inconcretos. Conseguir que con el producto recetado se produzca una reducción de la inflamación es, pues, el mayor propósito buscado (75,1%).

Figura 3. Antiinflamatorios tópicos. Porcentajes de prescripciones médicas por efecto deseado (2012-2016*).

(*) Años móviles de octubre a septiembre siguiente. Datos: TAM septiembre 2016.

Ventas por laboratorios

En la figura 4 se representan los porcentajes de ventas por laboratorios. El laboratorio que más vendió fue Glaxo-SmithKline Consumer Healthcare, con 3.761.000 unidades y 20 millones de euros (28,5%). Lo sigue Novartis, que alcanzó las 2.694.000 unidades, por un importe de 12 millones de euros (17,1%). Viñas se situó en tercer lugar del ranking, con 1.337.000 unidades y un montante de 9,01 millones de euros (12,8%). Con un 10,4% en valor, lo sigue Chiesi España, con 1.518.000 unidades y 7,3 millones de euros. La quinta posición fue para Reckitt Benckiser, con 716.000 unidades y 5,22 millones de euros (7,4%). Ya por debajo del 5%, un antiguo líder de este segmento, Almirall, con 571.000 unidades y 3,07 millones de euros de facturación (4,4%). Seguido de Menarini, también líder durante algunos años del mercado, y que aún sigue vendiendo hoy un número importante de unidades (1.072.000), pero que por su menor precio unitario le supusieron solamente 2,67 millones de euros (3,8%). Centrum ocupó la octava posición con 1,69 millones de euros (2,4%). Finalmente, Isdin y Angelini facturaron 1,40 millones de euros (2%) y 1,29 millones de euros (1,8%), respectivamente.

Figura 4. Antiinflamatorios tópicos. Porcentajes de mercado por laboratorios (valores).

Datos: TAM septiembre 2016.

Ventas por marcas

Las ventas por marcas están representadas en las figuras 5 y 6. El primer producto del ranking fue Voltadol, de GSK Consumer Healthcare, con 3.761.000 unidades (26,8%) y 20 millones de euros (un 28,5% en valor). A continuación, Voltaren Emulgel, de Novartis, con 2.694.000 unidades (19,2%) y 12 millones de euros (17,1%). La tercera posición la consiguió Flogoprofen, de Chiesi, con 1.518.000 unidades (10,8%) y 7,3 millones de euros (10,4%). Y la cuarta, Reflex, de Reckitt Benckiser, con 716.000 unidades (5,1%) y 5,2 millones de euros (7,4%). Capsicin y Radio Salil, ambos de Viñas, obtuvieron la misma facturación: 4,5 millones de euros (6,4%). Por debajo del 4%, está Calmatel, de Almirall, con 2,6 millones de euros (3,6%); Sensedol, de Centrum, con 1,7 millones de euros (2,4%); Fastum, de Menarini, con 1,4 millones de euros (2%); Bexidermil, de Isdin, con 1,4 millones de euros (2%), y Enangel, de Menarini, con 1,3 millones de euros (1,8%).

Figura 5. Antiinflamatorios tópicos. Ventas de las principales marcas.

Datos: TAM septiembre 2016.

Figura 6. Antiinflamatorios tópicos. Porcentajes de participación por marcas.

Datos: TAM septiembre 2016.

Teniendo en cuenta que la mayoría de los antiinflamatorios tópicos no son de receta médica obligatoria, el rol del farmacéutico comunitario adquiere mayor relevancia si cabe para el desarrollo o la conservación, en lo posible, de este mercado nada desdeñable para las oficinas de farmacia.

Desde la farmacia

Los efectos secundarios producidos por estos fármacos suelen ser poco frecuentes y generalmente revierten al dejar la medicación. Solo un bajo porcentaje de los individuos tratados suele presentar irritación o enrojecimiento en la zona de aplicación del producto.

Son muchos los clientes que ante patologías agudas de carácter leve se acercan a la farmacia en busca de nuestro consejo. El farmacéutico puede decidirse por alguno de estos antiinflamatorios tópicos con la seguridad de su eficacia y la ausencia de riesgos por uso, salvo hipersensibilidad a sus principios activos. También son muy recomendables estos productos como coadyuvantes en aquellos casos de enfermedades crónicas de tipo reumático, previamente diagnosticadas.

Teniendo en cuenta que la mayoría de estos productos no son de receta médica obligatoria, el rol del farmacéutico comunitario adquiere mayor relevancia si cabe para el desarrollo o la conservación, en lo posible, de este mercado nada desdeñable para las oficinas de farmacia. Para ello, un factor clave consiste en “recordar” al paciente la existencia de estos medicamentos. Utilizar los elementos de publicidad en el punto de venta que ponen a nuestra disposición algunas compañías farmacéuticas facilita su visibilidad. Visibilidad que también hemos de potenciar al máximo con la exposición en nuestros lineales de algunos productos conocidos y populares, aunque no sean publicitarios. Esto, unido a nuestro consejo profesional personalizado, debe contribuir a dejar claro a los pacientes que su utilidad es cierta en el alivio de estas patologías. A la vez que nos ayuda, también, a rentabilizar los recursos de nuestra oficina de farmacia.

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