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Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México
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Vol. 54.
Páginas 83-85 (Julio - Diciembre 2017)
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Páginas 83-85 (Julio - Diciembre 2017)
Reseñas
DOI: 10.1016/j.ehmcm.2017.06.002
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Gabriela Díaz Patiño, Católicos, liberales y protestantes: el debate por las imágenes religiosas en la formación de una cultura nacional (1848-1908), México, El Colegio de México, 2016
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Herlinda Ruiz Martínez
Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México
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El México del sigloXIX se caracterizó por importantes cambios de diversa índole. Uno de ellos fue la separación Iglesia-Estado a raíz de la instauración de las Leyes de Reforma. Si bien la historiografía es abundante, en cuanto a estudios relacionados con las imágenes religiosas, hay una significativa escasez de estudios. Sin embargo, Gabriela Díaz Patiño se ha ocupado de ello y brinda información de gran valor e importancia en su obra Católicos, liberales y protestantes: el debate por las imágenes religiosas en la formación de una cultura nacional (1848-1908).

A lo largo del texto, en el cual emplea un lenguaje claro, agradable y detallado, Díaz Patiño lleva de la mano al lector por un interesante recorrido, a través de la historia social, cultural, política y enfatizando en la iconografía, mostrando de una manera bastante completa las posturas mostradas por católicos, protestantes y liberales, durante la segunda mitad del sigloXIX e inicios del XX con respecto a las imágenes de devoción plasmadas en edificios destinados al culto católico. El objetivo de la obra es analizar “la relación entre las imágenes de devoción católica, la política de reforma religiosa del Estado mexicano y un proyecto de redefinición del catolicismo en el México decimonónico” (p. 21).

La autora ciñe su investigación entre 1848, a raíz de la instauración del gobierno liberal en México, junto con el ascenso del promotor inicial del modelo devocional renovado, PíoIX, y culmina en 1908, año en que el entonces arzobispo de México, Próspero María Alarcón, renovó entre los feligreses la consagración del Sagrado Corazón de Jesús. Además centra, muy acertadamente, su atención en la Arquidiócesis de México sin dejar de lado, claro está, el contexto internacional, nacional y regional.

Un aspecto a destacar es que Gabriela Díaz presenta en la introducción el desarrollo, de las imágenes religiosas, desde Las Escrituras hasta la iconografía en el sigloXIX, abordando brevemente las crisis en las que se vio sumergida la Iglesia católica ante la separación de las Iglesias de Oriente y Occidente, la Reforma protestante y el surgimiento de los Estados nacionales, además del uso dado a las imágenes religiosas, ya fuera con fines de adoctrinamiento, estímulo para meditar o como objetos de culto.

La obra se estructura en tres partes, comprendiendo cada una de ellas dos capítulos. La primera se titula “El modelo devocional romano y la reforma religiosa en México», y a lo largo de los capítulos primero y segundo se explica el proceso de decaimiento de la imagen artística católica en cantidad y calidad, así como la defensa del clero por realzar la importancia de la iconografía y la fe a través de la devoción a la imagen de la Virgen María en sus distintas advocaciones, el rezo del Rosario, la proclamación del San José como patrono y protector de la Iglesia universal y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Todo lo anterior debido al ingreso de los liberales en la política nacional.

Igualmente, la autora resume el proceso reformador encabezado por el gobierno liberal uniéndolo con la política seguida hacia las imágenes de culto católico en el Arzobispado de México, mismo que vio reducida su vasta extensión, tal como se ilustra en un par de mapas incluidos en el segundo capítulo. Sobre el mismo tenor, se exponen las primeras confrontaciones entre la arraigada tradición católica (institucionalizada desde el Virreinato) con la fundación de un Estado secular que tomaría las riendas del país y comenzaría con una serie de leyes reformistas que incluirían entre sus estatutos a las imágenes religiosas, dando como resultado la demolición de monasterios, pérdidas de imágenes, suspensión de cultos, abusos por parte de feligreses y sacerdotes, conflictos armados entre católicos e iconoclastas, querellas al interior del clero por el sostenimiento o posesión de esculturas que representaban a alguna virgen o santo, etc., tal como detalla la autora en un apartado del citado capítulo, con el litigio por el derecho de pertenencia de una imagen de Nuestra Señora de la Merced.

Las reformas del gobierno buscaron restar el mayor poder posible a la Iglesia católica, institución considerada como un obstáculo para llevar a México al orden y a la modernidad. Lo anterior sería visto con molestia por parte del Episcopado mexicano, cuyo poder se vio debilitado, pese a los esfuerzos. Otro aspecto que llegó a inquietar al clero fue la posibilidad brindada por el gobierno para permitir la libertad de cultos, algo hasta entonces poco imaginable para la sociedad mexicana.

En la segunda parte, cuyo título es “Iconoclasia protestante en México”, Gabriela Díaz aborda la crisis en el catolicismo mexicano durante la segunda mitad del sigloXIX y el ingreso del protestantismo con las Iglesias metodista, congregacionalista y anglicana cuyas doctrinas, por su semejanza con las liberales, facilitaron su ingreso e integración de nuevos creyentes, a través de una lectura distinta de Martín Lutero y los protestantes, lo cual generó pérdida de partidarios al catolicismo. En este “resurgimiento” de ideas opuestas a las católicas, la autora presenta información valiosa en torno al principal reformador religioso en México, Manuel Aguas, un antiguo fraile dominico que se convirtió al protestantismo y atacó al catolicismo con folletos y hojas sueltas.

En el texto se señala que, ante la crisis vivida por la Iglesia católica (que llegó incluso a la venta de algunos de sus edificios a los protestantes) y la creciente expansión de las nuevas Iglesias, los debates, analizados magistralmente, se intensificaron y las imágenes utilizadas para el culto por parte de los católicos ocuparon un lugar primordial dentro de las discusiones, mismas que predominaron en páginas de prensa y folletos, principales medios de difusión entre las partes implicadas, donde los católicos buscaban legitimar su religión ante los embates protestantes y estos últimos, además de defender su postura, llegaron a hacer uso de sus publicaciones periódicas no solo para informar, sino también para adoctrinar a la gente. Aunado a lo anterior, dentro del cuarto capítulo, un aspecto que llama la atención es el uso dado por los protestantes a las imágenes pues, como indica la autora: “La diferencia que los protestantes veían en el uso que ellos hacían de las imágenes, en comparación con los católicos, radicaba en que para las diversas denominaciones protestantes las imágenes no eran objeto de devoción sino exclusivamente de instrucción” (p. 232). Pese a emplearlas con fines pedagógicos, continuaron criticando el uso que le daban los católicos e incluso dedicaron algunos tratados para expresar su opinión en contra de advocaciones de la Virgen María y algunos santos.

La tercera parte, titulada “Redefinición de la cultura católica mexicana”, representa la respuesta y búsqueda por parte de la Iglesia católica para recuperar poder y feligreses. Siguiendo las instrucciones enviadas desde el Vaticano, la Arquidiócesis de México se ocupó de reafirmar la fe por medio de fiestas solemnes en honor a la Virgen de la Inmaculada Concepción, pese a las prohibiciones del gobierno liberal ante este tipo de manifestaciones en la vía pública; fomento de devoción a la Virgen María en sus distintas advocaciones; el refuerzo de devociones antiguas y nuevas, su reacomodo en altares de templos e instrucción espiritual en escuelas católicas. Además se perdieron tradiciones como algunos días de guardar y el traslado de imágenes de culto de un templo a otro, a las viviendas y a los hospitales.

Las reformas anteriores fueron encabezadas por el arzobispo de México, Próspero María de Alarcón y, de acuerdo con la autora, el resultado obtenido fue positivo pues, pese a perder feligresía, la Iglesia se fortaleció. Las herramientas utilizadas para tal fin fueron: literatura, a través de catecismos, devocionales, misales, prensa, folletos, textos religiosos con o sin grabados, hojas sueltas con imágenes y estampas con oraciones al reverso; arte sacro renovado con la edificación de templos dedicados al Sagrado Corazón de Jesús, pinturas y vitrales; procesiones durante fiestas de algún santo y peregrinaciones a santuarios.

Es importante resaltar las fuentes de información utilizadas, mismas que son bastante ricas y variadas. Asimismo, las imágenes y descripciones que acompañan al capitulado juegan un papel fundamental al ayudar a entender mejor los elementos que se desean resaltar. De esta manera, la documentación empleada y muy bien aprovechada por Gabriela Díaz está conformada por archivos de México, obras de la época, hemerografía (periódicos católicos, liberales y protestantes), así como fuentes iconográficas, fotografiadas en recintos como museos e iglesias.

Solamente resta añadir que Díaz Patiño desarrolla y resuelve de manera excepcional un tema complejo, muy poco explorado y que ofrece nuevas pistas para entender mejor el fenómeno suscitado en torno a las imágenes religiosas durante la expedición de las Leyes de Reformas. Además despeja dudas, permite apreciar algunos elementos religiosos del sigloXIX que perduran hasta la actualidad, ofrece la posibilidad de abrir nuevos temas que se complementen con el presentado e invita a la lectura de un estudio de gran relevancia e interés.

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