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Deconstrucción de prejuicios en la formación en salud mediante la escritura reflexiva: estudio cualitativo

Deconstructing prejudices in health sciences education: A qualitative study using reflective writing
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Andrea Velásquez Muñoza,
Autor para correspondencia
andrea.velasquez@ulagos.cl

Autor para correspondencia.
, Alejandro Águila Zúñigab, Susana Paisil Paisila
a Departamento de Salud, Universidad de Los Lagos, Osorno, Chile
b Servicio de Psiquiatría, Servicio de Salud de Osorno, Osorno, Chile
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Resumen
Introducción

los prejuicios y estereotipos en la formación de estudiantes de Ciencias de la Salud constituyen un riesgo importante para la calidad, la equidad y la ética en la atención clínica. Este estudio cualitativo interpretativo explora las reflexiones de estudiantes universitarios de segundo año antes de iniciar sus prácticas preclínicas, con el objetivo de identificar sesgos implícitos, comprender su origen sociocultural y analizar la disposición al cambio ético.

Materiales y métodos

se analizaron 96 reflexiones escritas durante una actividad formativa realizada en una universidad pública del sur de Chile. Se aplicó el análisis temático de contenido para estudiar las respuestas a 3 preguntas abiertas relacionadas con estereotipos presentes, fuentes de aprendizaje y estrategias para superarlos.

Resultados

se identificaron 7 categorías principales de prejuicio: hacia personas con obesidad, migrantes, adolescentes embarazadas, adultos mayores, población LGBTIQ+, personas con apariencia «descuidada» y expresiones de machismo. Los estudiantes atribuyeron estos sesgos a procesos de socialización familiar, medios de comunicación y redes sociales. Además, destacaron su disposición a actuar éticamente y continuar formándose en temas de diversidad e inclusión.

Conclusión

la escritura reflexiva guiada se muestra como una herramienta pedagógica eficaz para visibilizar y cuestionar estereotipos desde etapas tempranas de la formación profesional. La inclusión de prejuicios poco explorados, como el rechazo hacia la higiene o la apariencia física, destaca la necesidad de integrar sistemáticamente enfoques educativos críticos que promuevan una práctica clínica comprometida con la equidad y la dignidad.

Palabras clave:
Estudiantes de ciencias de la salud
Prejuicio
Estereotipos
Educación en salud
Formación profesional
Abstract
Introduction

Prejudices and stereotypes during the training of health sciences students pose a significant risk to the quality, equity, and ethics of clinical care. This interpretative qualitative study explores the written reflections of second-year university students before beginning their preclinical placements, aiming to identify implicit biases, understand their sociocultural origins, and analyze their ethical readiness for change.

Materials and Methods

Ninety-six written reflections were analyzed from a formative activity conducted at a public university in southern Chile. Thematic content analysis was applied to examine responses to three open-ended questions regarding existing stereotypes, sources of learning, and strategies to overcome them.

Results

Seven main categories of prejudice were identified: towards people with obesity, migrants, pregnant adolescents, older adults, LGBTIQ+ individuals, people with an “unkempt” appearance, and expressions of machismo. Students attributed these biases to family socialization, mass media, and social networks. They also highlighted a willingness to act ethically and pursue further education on diversity and inclusion.

Conclusion

Guided reflective writing emerges as an effective pedagogical tool for making stereotypes visible and challenging them from early stages of professional training. The inclusion of lesser-studied biases—such as rejection based on hygiene or physical appearance—underscores the need to systematically integrate critical educational approaches that foster clinical practice grounded in equity and human dignity.

Keywords:
Health sciences students
Prejudice
Stereotypes
Health education
Professional training
Texto completo
Introducción

La práctica clínica exige una atención centrada en la persona, basada en principios de equidad y respeto. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que los estereotipos y prejuicios, muchas veces implícitos, pueden interferir en la calidad del cuidado, afectando la toma de decisiones clínicas, la empatía y la adherencia terapéutica de los pacientes1,2. Estos sesgos pueden estar relacionados con la nacionalidad, la clase social, el peso corporal, la edad, el género, la orientación sexual o la apariencia física, entre otros atributos visibles o percibidos3. La literatura internacional ha documentado ampliamente cómo los sesgos implícitos de raza, género y condición socioeconómica impactan negativamente en los resultados de salud y perpetúan desigualdades4,5.

En el ámbito de la formación en salud, múltiples investigaciones han revelado la persistencia de estereotipos entre estudiantes universitarios. En España, los estudiantes de Enfermería tienden a mostrar más prejuicios hacia los migrantes cuando tienen poco contacto con ellos, y estos prejuicios pueden aumentar con los años de formación si no se incorporan contenidos de competencia cultural6. En Colombia, se han observado estereotipos negativos hacia los adultos mayores, percibidos como «tercos» o «resistentes al cambio»7. En Suecia, se ha documentado cómo los síntomas de mujeres y personas trans suelen ser subestimados, reproduciendo sesgos de género8. Un estudio con 194 estudiantes de Enfermería en España demostró que los prejuicios hacia personas con trastornos mentales estaban presentes antes de una intervención educativa específica, y que solo tras 9 meses de formación teórica, prácticas clínicas y reflexión crítica se logró una reducción significativa del estigma9. Hall et al. documentaron que la mayoría de los profesionales de la salud presentan sesgos implícitos raciales/étnicos que pueden influir negativamente en la interacción clínica y en los resultados de salud, contribuyendo a las disparidades en atención médica. Esta evidencia subraya la importancia de incorporar estrategias educativas para la reducción de estos sesgos en la formación sanitaria4.

La discriminación hacia las personas con obesidad, conocida como gordofobia, ha emergido como un hallazgo relevante en estudios realizados en América Latina, Asia, Medio Oriente y África. En países como Argentina, Colombia y México, tanto estudiantes como profesionales de la salud reproducen creencias gordofóbicas que responsabilizan a las personas por su peso y lo asocian con falta de autocuidado. Esta tendencia coincide con evidencias previas en Chile y pone en evidencia la necesidad de intervenciones educativas regionales dirigidas a desmontar estos prejuicios desde la formación universitaria10–12.

Estos antecedentes evidencian que los estereotipos vinculados al peso corporal no son hechos aislados, sino que forman parte de un entramado sociocultural global que permea profundamente la educación en salud. En este contexto, la literatura subraya la necesidad de integrar el reconocimiento del sesgo implícito en la formación de profesionales sanitarios, entendiendo que estos prejuicios suelen operar de manera inconsciente y se refuerzan a lo largo de la trayectoria educativa13. Asimismo, se enfatiza la urgencia de promover un aprendizaje transformativo, orientado a cuestionar creencias arraigadas, generar conciencia crítica y fomentar la construcción de una identidad profesional ética y comprometida con la atención sin estigmas11,14.

En este sentido, la escritura reflexiva guiada ha demostrado ser una estrategia eficaz para promover el autoconocimiento, la empatía y el pensamiento crítico en contextos educativos, especialmente cuando se articula con los principios de la psicología positiva15. Desde este enfoque, prácticas como la autorreflexión, el reconocimiento de fortalezas personales y la conciencia de sesgos permiten no solo mejorar el bienestar subjetivo, sino también desarrollar habilidades socioemocionales y actitudes éticas que son fundamentales en la atención clínica centrada en la persona16,17. Incorporar estas herramientas durante la formación preclínica ofrece la posibilidad de intervenir tempranamente en la construcción de una identidad profesional más autocrítica, compasiva y comprometida con la equidad.

Material y métodosDiseño del estudio

Se realizó un estudio cualitativo descriptivo-interpretativo, basado en análisis de contenido de las narrativas escritas por estudiantes de segundo año de la carrera de Obstetricia y Puericultura, previo al inicio de sus primeras prácticas clínicas. El objetivo fue identificar los estereotipos y prejuicios presentes en sus representaciones sobre las personas usuarias de los servicios de salud, fuentes de socialización, así como los procesos de toma de conciencia desencadenados por una intervención pedagógica basada en escritura reflexiva guiada.

Participantes

La muestra estuvo compuesta por 96 estudiantes (93 mujeres y 3 hombres) de segundo año de la carrera de Obstetricia y Puericultura de una universidad pública del sur de Chile, quienes cursaban la asignatura de Psicología en el semestre correspondiente a su formación preclínica, justo antes de iniciar sus primeras prácticas clínicas. La selección fue no probabilística por conveniencia, ya que se trabajó con el grupo completo inscrito en la asignatura.

Procedimiento

Durante una clase presencial, se realizó una actividad didáctica en formato de taller titulada Estereotipos y prejuicios en salud, que incluyó dinámicas participativas, revisión de casos clínicos ficticios y una reflexión escrita individual. Al final de la sesión, los estudiantes respondieron por escrito 3 preguntas orientadoras:

  • 1.

    ¿Identificas algún estereotipo o prejuicio que tú mismo tengas?

  • 2.

    ¿De dónde crees que proviene ese estereotipo o prejuicio?

  • 3.

    ¿Qué podrías hacer para resignificarlo y no reproducirlo en la atención en salud?

Las respuestas se entregaron de forma anónima. La participación fue voluntaria y no tuvo impacto en la evaluación académica de la asignatura.

Aspectos éticos

El estudio fue aprobado por el Comité Ético Científico del Servicio de Salud de Los Ríos de Valdivia (Ord: 136, mayo 2025). Se resguardó la confidencialidad de los participantes mediante el uso de códigos alfanuméricos y anonimización de cualquier dato sensible. Se explicó a los estudiantes el propósito académico y formativo de la actividad, y se recabó el consentimiento informado verbal antes de aplicar el instrumento.

Análisis de los datos

Se realizó un análisis de contenido temático de carácter inductivo, siguiendo las 6 fases propuestas por Braun y Clarke18, con el fin de identificar patrones de significado en las reflexiones estudiantiles. Todas las respuestas fueron transcritas y organizadas en el software ATLAS.ti 23, lo que permitió gestionar el corpus, realizar la codificación y documentar el proceso analítico.

En una primera fase, una investigadora llevó a cabo una lectura repetida de las narrativas para familiarizarse con el material (fase 1) y posteriormente realizó una codificación abierta línea por línea (fase 2), generando códigos iniciales que capturaban estereotipos, prejuicios y elementos de reflexión crítica. En una segunda etapa, un segundo analista revisó y recodificó de manera independiente aproximadamente un tercio del corpus; ambas personas compararon los códigos y discutieron las discrepancias hasta consensuar un sistema inicial de códigos y definiciones.

A continuación, los códigos fueron agrupados en temas y subtemas (fase 3), organizados en 3 ejes principales: 1) tipos de estereotipos y prejuicios hacia las personas usuarias (por ejemplo, gordofobia, homofobia/transfobia, prejuicios hacia migrantes, hacia el embarazo adolescente, hacia personas mayores o hacia higiene/apariencia «descuidada»); 2) fuentes de socialización y 3) procesos de toma de conciencia y cambio deseado en la práctica profesional. Estos temas se revisaron y refinaron iterativamente en el equipo investigador (fases 4 y 5), comprobando su coherencia con los datos originales y ajustando los límites entre categorías cuando fue necesario.

Finalmente, se definieron y nombraron los temas (fase 6) y se seleccionaron citas textuales representativas para ilustrar cada uno de ellos en la sección de resultados, manteniendo la voz de los estudiantes. El rigor del análisis se reforzó mediante triangulación entre investigadoras, uso sistemático de memos analíticos y un registro de decisiones (audit trail) en ATLAS.ti, lo que garantizó trazabilidad y transparencia interpretativa.

ResultadosPregunta 1: ¿identificas algún estereotipo o prejuicio que tú mismo tengas?

El análisis cualitativo de las respuestas escritas por 96 estudiantes de segundo año, previo al inicio de sus prácticas clínicas, permitió identificar 7 categorías principales de estereotipos y prejuicios.

A continuación, se presenta cada categoría con una breve descripción interpretativa y ejemplos textuales representativos.

Gordofobia

Una de las categorías más recurrentes fue la gordofobia, reflejando juicios negativos hacia personas con sobrepeso u obesidad. Los estudiantes suelen asociar el exceso de peso con irresponsabilidad, falta de autocuidado o desinterés por la salud, lo que puede afectar la calidad del trato clínico:

«A veces pienso que si están gordos es porque no les importa su salud».

«Creo que las personas con sobrepeso no hacen nada por mejorar y eso me molesta».

Machismo/estereotipos de género

Se evidencian estereotipos de género donde se asignan cualidades de cuidado, empatía y sensibilidad exclusivamente a las mujeres, mientras que se duda de la capacidad de los varones para desempeñarse en roles clínicos afectivos:

«Me cuesta imaginar a un hombre atendiendo partos o recién nacidos».

«Creo que las mujeres son más tiernas y apropiadas para el área de la salud».

Homofobia/transfobia

Algunos estudiantes expresaron incomodidad o inseguridad frente a la atención de personas LGBTIQ+, reflejando falta de formación en diversidad sexual y de género, lo que se traduce en miedo a cometer errores o actitudes evasivas:

«No sé cómo tratar a un paciente trans sin equivocarme».

«Me sentiría incómoda si un paciente homosexual me dice algo inapropiado».

Prejuicios hacia las personas migrantes

Los discursos también revelaron estigmas hacia personas migrantes, a quienes algunos estudiantes ven como aprovechadores del sistema o como sujetos culturalmente distintos y difíciles de manejar en el contexto clínico:

«Siento que los pacientes migrantes no respetan nuestras normas».

«Algunos abusan del sistema de salud y vienen solo por los beneficios».

Prejuicios hacia la higiene y la apariencia

Varios estudiantes asociaron directamente el estado físico o la higiene de los pacientes con su valor como personas o su grado de compromiso con la salud, lo que refleja una relación prejuiciosa con la apariencia externa:

«Si un paciente huele mal, inmediatamente me genera rechazo».

«Me molesta atender a personas que no se cuidan ni se bañan».

Estigma hacia las embarazadas adolescentes

El embarazo adolescente fue un foco de juicio moral por parte de algunos estudiantes, quienes lo asocian con irresponsabilidad o falta de proyección, lo cual puede generar barreras en la atención respetuosa:

«Cuando veo a una adolescente embarazada pienso que es irresponsable».

«Las juzgo porque traen hijos al mundo sin estar preparadas».

Prejuicios hacia las personas mayores

Los adultos mayores fueron objeto de estereotipos relacionados con la terquedad, lentitud o inutilidad, lo que puede derivar en un trato impaciente, condescendiente o excluyente por parte de los futuros profesionales:

«Los adultos mayores son muy tercos y no siguen indicaciones».

«Siento que ya no vale la pena explicarles, porque no entienden».

Pregunta 2: ¿de dónde crees que proviene ese estereotipo o prejuicio?

Las respuestas a esta pregunta revelaron que los estudiantes atribuyen el origen de sus prejuicios principalmente a 3 fuentes: la socialización familiar temprana, la influencia de los medios de comunicación (incluyendo redes sociales) y experiencias personales.

Socialización familiar

Varios estudiantes reconocen que los prejuicios fueron transmitidos dentro del núcleo familiar desde la infancia, sin cuestionamiento:

«Desde pequeña escuchaba en casa que las personas con obesidad eran flojas y crecí creyendo eso».

«En mi familia siempre se habló mal de los migrantes, como si todos fueran delincuentes».

Medios de comunicación y redes sociales

Se identificó una fuerte influencia de estereotipos difundidos por la televisión, películas, noticieros o redes sociales, que refuerzan imágenes negativas de ciertos grupos sociales.

«En los medios siempre muestran a los migrantes como si fueran un problema».

«Las redes sociales ridiculizan a las personas trans, y eso se vuelve normal».

Entorno educativo y experiencias previas

Algunos estudiantes mencionaron haber adquirido ciertos sesgos a partir de comentarios de docentes, profesionales de la salud o compañeros de curso:

«Cuando fui al médico observé cómo un profesional trataba mal a una persona mayor porque ‘ya no entiende nada’ y me pareció normal en su momento».

«Mis compañeras de curso decían que atender a pacientes LGBTIQ+ era más difícil y yo también lo creí».

Pregunta 3: ¿qué podrías hacer para resignificarlo y no reproducirlo en la atención en salud?

La tercera pregunta permitió explorar los procesos reflexivos y compromisos expresados por los estudiantes frente a los prejuicios identificados. Del análisis emergieron 3 categorías principales que dan cuenta del deseo de transformación personal y profesional.

Conciencia crítica sobre prejuicios propios

Muchos estudiantes reconocen que los estereotipos internalizados pueden condicionar su práctica clínica y manifiestan la importancia de tomar conciencia de ellos como primer paso para cambiarlos:

«Debo trabajar en mí misma para no juzgar a los pacientes por su apariencia».

«Me doy cuenta de que tengo prejuicios y quiero cambiarlos antes de estar en contacto con pacientes reales».

Compromiso ético y actitud profesional

Surge con fuerza el compromiso con un trato digno, respetuoso y sin juicios hacia los futuros pacientes, apelando a los valores éticos del ejercicio profesional en salud:

«Tengo que tratar a todos con respeto, sin importar cómo se vean o de dónde vengan».

«No debo dejar que mis ideas personales interfieran en la atención que entrego».

Educación continua y apertura al cambio

Algunos estudiantes manifiestan disposición a seguir aprendiendo sobre diversidad, inclusión y herramientas para desarrollar una práctica más empática y justa:

«Me gustaría tener más formación sobre cómo tratar con personas LGBTIQ+ o migrantes».

«Creo que la universidad debería enseñarnos más sobre estos temas».

Discusión

Estos hallazgos coinciden con investigaciones en contextos de España, México, Brasil y Chile, que evidencian cómo los estereotipos, explícitos o implícitos, pueden disminuir la calidad de la atención y afectar la empatía6–9.

La gordofobia se presenta como uno de los sesgos más frecuentes, manifestándose en la asociación común entre obesidad y falta de autocuidado, hallazgo consistente con estudios internacionales10–12. De manera paralela, los estereotipos de género perpetúan la feminización del cuidado, contribuyendo a la desvalorización y exclusión de los hombres en profesiones tradicionalmente femeninas como la obstetricia y la enfermería. Este fenómeno se evidencia en las narrativas de estudiantes y profesionales, quienes enfrentan estructuras de rendición de cuentas conflictivas y presiones heteronormativas que dificultan la inclusión y diversidad de género en estos campos19–21.

Otro prejuicio identificado en este estudio fue hacia la población LGBTIQ+, lo cual concuerda con los hallazgos de un estudio transversal que evaluó la homofobia entre estudiantes de diversas disciplinas de ciencias de la salud, incluyendo obstetricia, medicina, enfermería y farmacia. Si bien los estudiantes de medicina registraron los niveles más bajos de homofobia, se observaron actitudes heterogéneas en los demás grupos, incluida la obstetricia. Además, se evidenció que factores como los años de formación, el contacto con personas LGBTI y la experiencia en la atención a esta población influyen significativamente en las actitudes. Por tanto, resulta crucial implementar políticas educativas específicas y un currículo inclusivo sobre diversidad LGBTI en todas las carreras de ciencias de la salud, incluida obstetricia, para prevenir prejuicios y fomentar una atención respetuosa y libre de discriminación22.

Los prejuicios hacia las personas migrantes suelen manifestarse a través de percepciones instrumentales, que tienden a reducirlas a su utilidad económica o funcional dentro del sistema de salud, lo cual dificulta el desarrollo de una atención culturalmente sensible y humanizada6,23. De manera análoga, los estigmas dirigidos hacia las adolescentes embarazadas reproducen narrativas moralizantes sobre la sexualidad juvenil, que lejos de promover el cuidado y el acompañamiento, refuerzan prácticas de exclusión y juicio social en los espacios formativos y asistenciales24.

El prejuicio hacia pacientes o usuarios que presentan mal olor corporal o descuido en su higiene personal constituye una forma sutil pero persistente de exclusión en los contextos de salud. Este fenómeno, sin embargo, ha sido escasamente abordado en la literatura académica, y su identificación en esta investigación representa un hallazgo novedoso. A diferencia de formas de discriminación más estudiadas tales como las basadas en raza o género, el rechazo por señales como el olor corporal o la «falta de preocupación estética» ha permanecido en gran medida invisibilizado, a pesar de sus implicancias clínicas, éticas y relacionales. Tal como plantea Brown25, la teoría psicoanalítica ha evitado explorar el significado de los estados psíquicos comunicados a través del olor, así como la intensa hostilidad social que provocan los individuos considerados «malolientes». Desde una perspectiva histórica y antropológica, lo «sucio» ha sido construido como una categoría social que remite a lo excluido, a lo abyecto, y cuya presencia corporal desafía los códigos de aceptabilidad dentro de instituciones como los hospitales o centros formativos. En este sentido, el cuerpo con mal olor no solo incomoda por razones sensoriales, sino que también comunica de manera inconsciente una historia de sufrimiento, trauma o exclusión estructural.

Este tipo de rechazo también se manifiesta en espacios educativos, donde incluso los formadores de profesionales de la salud evitan confrontar el tema. Como ejemplifica Schofield26, en contextos clínicos se reconoce el impacto del mal olor corporal en la relación con colegas y pacientes, pero existe una gran dificultad para abordarlo de manera directa y pedagógica, lo que perpetúa el silencio institucional frente a este tipo de estigmas.

Desde una mirada psicosocial, asumir el rol de «inaceptable» a través del cuerpo y sus emanaciones puede constituir una forma paradójica de pertenencia para sujetos históricamente excluidos. El olor invasivo nos confronta no solo con el cuerpo del otro, sino con lo que se reprime y margina en el entorno emocional y sociopolítico que habitamos. Reconocer este hallazgo poco explorado permite abrir una discusión necesaria sobre las normas estéticas, morales y clínicas que operan como filtros implícitos del merecimiento de atención y dignidad. Incluir este tipo de sesgos en las estrategias educativas resulta clave, ya que puede afectar de forma directa la calidad de la atención, especialmente en pacientes que no cumplen con los estándares normativos de higiene o presentación física. La formación en salud debe promover una comprensión crítica de cómo la apariencia se convierte en marcador de valor social dentro de los espacios clínicos, y cómo este juicio puede operar de forma automática e injusta.

Un hallazgo alentador fue la capacidad reflexiva de los estudiantes: muchos reconocieron sus prejuicios y manifestaron intención de cambio ético, lo que refuerza la necesidad de incluir metodologías pedagógicas reflexivas como talleres, debates, análisis de casos y escritura crítica en el currículo15. Este enfoque se alinea con propuestas internacionales de formación en sesgos implícitos y teorías de aprendizaje transformativo16,17,27.

Finalmente, los prejuicios identificados se nutren de procesos de socialización tempranos reforzados por medios y redes sociales, los cuales reproducen estigmas hacia migrantes, personas trans o en situación de pobreza28. En este sentido, la educación superior en salud debe asumir un rol ético-político, promoviendo formación crítica que cuestione estas narrativas y fomente la equidad y la justicia simbólica.

Limitaciones del estudio

Este estudio presenta varias limitaciones que deben ser consideradas al interpretar los resultados. En primer lugar, se trata de un caso único realizado en una sola universidad pública del sur de Chile, con una muestra intencional de estudiantes de segundo año de una misma carrera, lo que restringe la transferibilidad de los hallazgos a otros contextos y disciplinas de la salud. En segundo lugar, el uso de autoinformes escritos en un contexto evaluativo puede haber favorecido respuestas socialmente deseables y la omisión de experiencias percibidas como demasiado polémicas. Además, el análisis se basa en textos breves producidos en un momento temporal acotado, sin seguimiento longitudinal que permita evaluar cambios sostenidos en los prejuicios a lo largo de la trayectoria formativa. Finalmente, aunque se aplicaron procedimientos de triangulación analítica y se dejó una «huella de auditoría» del proceso interpretativo, los resultados siguen estando mediados por la mirada de los investigadores. Futuros estudios podrían incorporar entrevistas en profundidad, otros informantes y diseños longitudinales que permitan ampliar y contrastar estas interpretaciones.

Implicaciones para la investigación futura

Las reflexiones de los estudiantes sugieren varias líneas de investigación relevantes. En primer lugar, se requiere profundizar en sesgos poco explorados, como el rechazo asociado a la higiene o a la apariencia física, analizando cómo influyen en la calidad de la atención. Asimismo, serían valiosos estudios longitudinales que evalúen si la escritura reflexiva guiada y otras estrategias formativas logran una reducción sostenida de los prejuicios durante la formación y en los primeros años de ejercicio profesional. También es necesario investigar con mayor detalle cómo la socialización familiar, los medios de comunicación y las redes sociales contribuyen a reforzar estereotipos hacia migrantes, personas trans, personas en situación de pobreza y otros grupos estigmatizados. Finalmente, se recomienda replicar este tipo de estudios en otras carreras de la salud y en distintos contextos institucionales y geográficos, para comparar patrones de prejuicio y matices culturales en su expresión.

Implicaciones prácticas y propuestas educativas

Los hallazgos ponen de relieve la necesidad de intervenciones pedagógicas explícitas para abordar los prejuicios durante la formación en salud. En primer lugar, la escritura reflexiva guiada debiera integrarse de manera sistemática en el currículo, especialmente antes del inicio de las prácticas clínicas, como herramienta para visibilizar y cuestionar estereotipos personales. Asimismo, se requiere fortalecer enfoques educativos críticos y formaciones específicas en diversidad e inclusión (por ejemplo, en diversidad LGBTIQ+ y competencia cultural con población migrante), orientadas a una atención respetuosa y equitativa. Dado el peso que adquiere la gordofobia en los relatos estudiantiles, es necesario promover experiencias de aprendizaje transformativo tales como talleres, debates y análisis de casos que ayuden a los estudiantes a reconocer cómo la apariencia física funciona como filtro implícito en la relación clínica y a construir una identidad profesional basada en la dignidad y el respeto hacia todas las personas.

Conclusiones

Este estudio cualitativo permitió visibilizar la presencia de estereotipos y prejuicios en estudiantes de carreras de la salud al inicio de sus primeras experiencias clínicas, evidenciando representaciones sociales negativas hacia determinados grupos y, al mismo tiempo, una toma de conciencia progresiva cuando estos sesgos son abordados mediante reflexión guiada. La escritura reflexiva emergió como una estrategia pedagógica eficaz para favorecer la deconstrucción crítica de dichos prejuicios y transitar desde juicios implícitos hacia formas más empáticas y éticas de comprender la diversidad en el ámbito de la salud.

Los hallazgos subrayan la necesidad de integrar, de manera sistemática, espacios de reflexión crítica y diálogo ético en los currículos de formación en salud, especialmente antes del inicio de las prácticas clínicas, como parte de una pedagogía orientada a la equidad y al respeto por la dignidad de las personas. Asimismo, se reafirma el aporte de los enfoques cualitativos para comprender la complejidad de los procesos formativos y subjetivos que inciden en la construcción de la identidad profesional.

De cara al futuro, resulta prioritario diseñar e implementar intervenciones educativas que incorporen la escritura reflexiva y el análisis de narrativas reales o simuladas para abordar explícitamente prejuicios vinculados al género, la clase social, la cultura y los estilos de vida, así como evaluar su impacto a mediano y largo plazo en distintas disciplinas de la salud.

Financiación

Los autores declaran que este estudio no recibió financiación externa.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflictos de intereses relacionados con este manuscrito.

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