Con gran tristeza escribimos esta remembranza sobre la vida y obra de Don Carlos A. Villaverde Grote. Don Carlos A. Villaverde, natural de La Laguna (Tenerife), falleció en San Cugat del Vallés (Barcelona) el día 30 de diciembre de 2025 a la edad de 92 años, rodeado de su familia.
Creemos que la revista de la Sociedad Española de Arterioesclerosis (SEA) constituye el marco ideal para rendir homenaje a su figura y a su legado como médico y científico, teniendo en cuenta todo el trabajo e impulso con el que Carlos contribuyó al estudio de la arterioesclerosis en España.
En la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), que él mismo había fundado unos años antes, impulsó la creación de un grupo de trabajo de arteriosclerosis y en 1985, en su primer congreso nacional, se realizó el simposio «Lípidos y Arteriosclerosis».
Luis Masana estaba interesado en organizar un grupo sólido de investigación en lípidos, por lo que unieron fuerzas para animar a otros colegas que trabajaban en el área para adherirse a la iniciativa. Finalmente, se constituyó el grupo promotor de la Sociedad Española de Arteriosclerosis, presidido por Carlos Villaverde. Los estatutos iniciales se finalizaron en diciembre de 1986, y en enero de 1987, se presentaron los documentos de la nueva Sociedad Científica en el Registro de la Generalitat de Catalunya.
El 27 de abril de 1987 se celebró la primera reunión de la SEA que quedó recogida en el Libro de Resúmenes del Simposio Satélite de Arteriosclerosis, desarrollada en el marco del III Congreso Nacional de la SETH en Palma de Mallorca. Aquellos planes fructificaron y, en Palma, se eligió la primera Junta Directiva de la SEA, con Rafael Carmena como presidente y continuando Carlos Villaverde como vicepresidente. Desde entonces, muchos presidentes han sucedido a Carmena al frente de la sociedad, todos ellos han sido especialistas de reconocido prestigio que han contribuido al crecimiento y consolidación de la SEA.
Tres de sus presidentes firman esta necrológica: Lina Badimon, que fue su doctoranda; Lluís Masana, que mantuvo una estrecha relación profesional y personal con él desde los años fundacionales; y el actual presidente, José López-Miranda. Durante su mandato, Lluís Masana, nombró a Carlos Villaverde Socio de Honor de la SEA. Fue deseo de Lluís que Juanjo y Lina Badimon hiciéramos entrega de la placa conmemorativa, en un acto cargado de emoción y reconocimiento (foto).
Con el paso de los años, la SEA ha devenido en una sociedad sólida y fuerte, integrada por miembros que han liderado el conocimiento en arterioesclerosis, lípidos y factores de riesgo cardiovascular tanto a nivel nacional como internacional.
Carlos con su interés en contribuir a mejorar la ciencia médica en España fue clave en cimentar las bases de lo que debían de ser unas sociedades científicas que abordaron las causas de la primera causa de muerte entonces y aún ahora. La trombosis y la arterioesclerosis tuvieron, gracias a su iniciativa, marcos donde ser activamente abordadas y estudiadas, y dos prestigiosas sociedades siguieron adelante con la participación de numerosos miembros hasta nuestros días.
La carrera profesional de Carlos Villaverde se inició como médico farmacólogo en los Laboratorios Almirall, para posteriormente orientar su trayectoria a un campo más académico y científico al trasladarse al Instituto de Farmacología del Patronato Juan de La Cierva del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Barcelona. Fue en el CSIC donde sus enseñanzas impactaron a un gran número de, en aquel tiempo, jóvenes interesados en farmacología cardiovascular y de una forma más específica en aterotrombosis y el sistema cardiovascular.
Aquellos que fuimos sus discípulos podemos decir que nos enseñó a dar los primeros pasos en la ciencia, y en un laboratorio. Nos aportó el conocimiento de las bases de la farmacología clínica que tanto y tanto nos han ayudado a lo largo de nuestras carreras profesionales. Además, nos animó a ampliar nuestros horizontes y a salir al extranjero, para exponernos a nuevas formas de pensar y de trabajar. En aquellos tiempos que era muy difícil encontrar salario para un investigador joven en España, Carlos buscaba incansablemente oportunidades para que pudiéramos continuar con nuestros trabajos encaminados a conseguir nuestra tesina y/o tesis doctorales. Cuántos estudios de toxicidad de nuevas moléculas tuvimos que realizar para contribuir al desarrollo de proyectos que apoyaban la formación de aquellos jóvenes científicos.
Carlos Villaverde formó a numerosos médicos y científicos que han alcanzado cotas muy altas en sus respectivas carreras, tanto en España como en el extranjero. Su legado científico ha sido, y continúa siendo, excelente, transmitido a través de los doctorandos de sus propios doctorandos.
Cuando en la década de los 90, los abajo firmantes, Juan José Badimon y Lina. Badimon, fuimos reclutados en el Massachusetts General Hospital de Boston, nuestra evaluación no se basó únicamente en nuestros artículos y trayectoria científica, sino también en las posiciones académicas que en aquel momento ocupaban los discípulos que habíamos formado. Si este mismo baremo se hubiera aplicado a Carlos Villaverde, su actividad docente y científica habría merecido la máxima calificación.
Entre los compañeros que coincidimos en su departamento simultáneamente se encontraban Lina Badimon, Juan José Badimon, Eva Bastida, Ginés Escolar, Teresa Padró, Rosa Hernández, Esther Peña, además de muchos otros que fueron sus discípulos antes y después de nuestra etapa.
Carlos, descansa en paz, te has ido, pero no te olvidaremos.


