El pasado 11 de diciembre de 2025 falleció en Santiago de Compostela, el Dr. Francisco Barreiro Morandeira (fig. 1), figura señera de la cirugía gallega y española. Nacido en 1946, dedicó su vida a la cirugía, la docencia y la investigación, dejando una huella imborrable en varias generaciones de cirujanos.
Licenciado y doctor en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela, defendió en 1977 su tesis sobre las alteraciones morfológicas del intestino delgado tras la vagotomía experimental. Hizo su residencia en el Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, donde tuvo el honor de ser el primer residente del Dr. Jorge Olsina, uno de los grandes referentes de la cirugía española. Aquella etapa, que recordaba con cariño, marcó su vocación quirúrgica y su compromiso con la excelencia.
Su carrera profesional continuó en el antiguo Hospital Xeral de Galicia y, posteriormente, en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago, donde ejerció como cirujano general y del aparato digestivo. Fue pionero en la implantación de la cirugía mayor ambulatoria en Galicia, liderando su unidad desde su creación en 1995, consolidándola como referente nacional. Dedicó su vida a la cirugía de la hernia y de la eventración, participando en decenas de congresos científicos y como autor en múltiples capítulos de libros, compromiso plasmado con la publicación de su Atlas de Cirugía sobre Hernias de la Pared Abdominal.
Su vocación docente se desarrolló en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela donde fue profesor titular y director del Departamento de Cirugía. Formó parte activa de la vida universitaria y científica, presidiendo la Sociedade de Cirurxía de Galicia y la Academia Médico-Quirúrgica de Santiago, institución que le otorgó su medalla honorífica. Académico correspondiente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia, recibió numerosos reconocimientos por su labor profesional y humana.
Investigador incansable, participó en proyectos durante décadas y publicó trabajos relevantes en Cirugía Española sobre cirugía ambulatoria, marcadores de infección y patología digestiva. Dirigió más de una docena de tesis doctorales y contribuyó a la formación de cirujanos en España y fuera de ella.
Paco destacaba por su rigor científico, su compromiso con la innovación y, sobre todo, por su calidad humana. Hombre cercano, generoso y apasionado por la cirugía, supo transmitir valores de amistad y compañerismo. Pasear con él por un Congreso era misión imposible, pues todos lo paraban para saludarlo. Deja tras de sí el ejemplo de una vida dedicada al progreso de la medicina, al bienestar de los pacientes y a su familia.
Casado con Teresa de Acosta, su amor universitario, era padre de Manuel Barreiro de Acosta, prestigioso digestólogo, y abuelo orgulloso de dos nietos, a quienes dedicaba su escaso tiempo con afecto y alegría.
Lo recordaremos siempre apareciendo por la planta encorbatado, con su bata blanca y maletín, apurado, preguntando por sus pacientes mientras mantenía la marcha, sin detenerse, con su típica hiperactividad. Y, cómo no, aquella célebre fotografía en la Unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria (UCMA) del Clínico, con la mascarilla en la frente, metáfora inesperada del cerebro quirúrgico.
Descanse en paz quien tanto hizo por sus pacientes, por su servicio, por su hospital, por su universidad y por la cirugía.






