Caminar sin dolor no es una cuestión de bienestar, es fundamental para la autonomía, vida activa, implicación y participación social de las personas, así como para su calidad de vida. Las patologías del pie tienen una elevada prevalencia, entre el 61-79% y su frecuencia aumenta con la edad1. A pesar del reconocimiento del impacto funcional de la salud podológica, persisten desigualdades en la accesibilidad a sus servicios, especialmente entre poblaciones con menos recursos o en zonas rurales. Esta situación genera un acceso desigual a intervenciones preventivas que podrían mejorar la calidad de vida y reducir la carga sobre otros niveles asistenciales. Por ello, garantizar unos mínimos desde el sistema público, puede contribuir a reducir inequidades y a fortalecer el enfoque preventivo desde la atención primaria. Muchos de los problemas que deterioran la calidad de vida en la edad adulta tienen su origen en la infancia2. Alteraciones biomecánicas no detectadas, pies planos no tratados, calzado inadecuado3, patologías neurológicas o problemas posturales, son ejemplos de cómo una intervención temprana podría evitar futuras discapacidades o dolor crónico4. Una evaluación podológica, integrada en los programas de salud escolar, permitiría prevenir complicaciones, que podrían prolongarse hasta la vejez, de forma costo-efectiva y con un impacto positivo sostenido en la calidad de vida. De igual forma que se promueve la salud visual, auditiva o bucodental desde etapas tempranas, la salud podológica merece el mismo nivel de atención. La prevención se construye a través de un aprendizaje que debe iniciarse en la escuela, proporcionando hábitos de vida saludables, actitudes y conocimientos que impulsen su crecimiento y desarrollo, contribuyendo a su bienestar físico, mental y social. Promover la salud podológica desde la infancia ofrece un gran potencial en años de calidad de vida, pues sus efectos se prolongan a lo largo del tiempo. Para ello, es fundamental contar con la implicación del profesorado, el personal de enfermería escolar y otros profesionales de la salud como agentes clave en la detección precoz y la educación para la salud. En la vida adulta, los pies condicionan el nivel de actividad física, la adherencia al ejercicio y el manejo de patologías crónicas como la diabetes, la obesidad o enfermedades reumatológicas. Las complicaciones derivadas de un mal cuidado del pie generan un coste sanitario elevado y evitable5. Por ello, promover un envejecimiento activo y saludable implica actuar sobre factores modificables, y la salud podológica es uno de ellos, donde una atención temprana, integrada y accesible puede no solo, tener efectos significativos en la movilidad y la calidad de vida de las personas6, sino aliviar significativamente la presión económica sobre el sistema sanitario. Incluir la valoración del pie en los programas de salud infantil, asegurar su seguimiento en adultos o asegurar su acceso en zonas rurales son medidas coherentes con los principios de equidad, prevención y sostenibilidad que sustentan la atención primaria. Para ello, es necesario integrar al podólogo en los equipos multidisciplinares, trabajando conjuntamente con otros profesionales para ofrecer una atención más completa y resolutiva. La reciente incorporación de podólogos al sistema sanitario público andaluz, supone una oportunidad para generar evidencia sobre los beneficios asistenciales y preventivos del cuidado podológico en Atención Primaria. Este avance debe convertirse en un modelo replicable, que impulse la incorporación efectiva en aquellas comunidades autónomas donde aún no está presente. Reforzar la salud podológica desde edades tempranas hasta la edad adulta mejora la calidad de vida y contribuye activamente a la sostenibilidad del sistema sanitario. Para avanzar en esta línea, es fundamental promover estudios que analicen cómo la integración del podólogo en atención primaria impacta en la salud de la población y en la eficiencia del sistema.
Aprobación éticaEste artículo no contiene ninguna investigación en seres humanos ni animales.
IA: Nada que declarar
Contribuciones autoríaConceptualización: N.T-C., D.L-L. y J.G-S.
Recogida de datos: N.T-C., D.L-L. y J.G-S.
Análisis formal: N.T-C., D.L-L., J.G-S. y J.B-L.
Investigación: N.T-C., D.L-L., J.G-S. y J.B-L.
Metodología: N.T-C., D.L-L. y J.G-S.
Supervisión: N.T-C., D.L-L. y J.G-S.
Redacción – borrador original: N.T-C., D.L-L. y J.G-S.
Redacción, revisión y edición: N.T-C., D.L-L. y J.G-S.
FinanciaciónLos autores declaran no haber recibido financiación, subvenciones ni ningún otro tipo de apoyo durante la preparación de este manuscrito.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.


