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Revista Española de Cardiología Vol.50 Núm. 12
Revista Española de Cardiología. ISSN:0300-8932
Revista Española de Cardiología
La medicina basada en la evidencia
Por Xavier Bonfill a, Rafael Gabriel b, Juan Cabello c
En este artículo se presentan los orígenes y los conceptos sobre los que se sustenta el paradigma de esta nueva corriente del razonamiento médico denominada: «medicina basada en la evidencia». En él, se describen sus características (los componentes de este método de razonamiento), como son: la formulación de preguntas clínicas basadas en problemas; la consulta de la literatura y la extracción de la evidencia relevante; la evaluación crítica de dicha evidencia identificada, y la aplicación de los hallazgos a la práctica clínica. Igualmente, se mencionan distintas actividades e iniciativas, algunas ya bien establecidas y otras aún en fase de desarrollo, de ayuda a una práctica clínica basada en evidencias. Se presta especial atención a la Colaboración Cochrane, una iniciativa internacional encaminada a preparar, mantener y divulgar revisiones sistemáticas sobre los efectos de la atención sanitaria
Rev Esp Cardiol. 1997;50:819-25.
Palabras clave: Medicina basada en la evidencia. Colaboración Cochrane
LAS RAICES DE LA MEDICINA BASADA
EN LA EVIDENCIA
Laín Entralgo 1 ha establecido cuatro modos de ayudar «médicamente» al enfermo: a) el espontáneo, que sería aquel que se realiza como una ayuda sin mayor reflexión, de forma instintiva; b) el rutinario, que apelaría a una determinada forma de hacer las cosas sólo porque tradicionalmente se ha hecho así; c) el mágico, que recurriría a saberes ocultos sólo en manos de iniciados, y d) el técnico, que supondría hacer las cosas racionalmente. Cada vez más, la medicina clínica adopta la orientación técnica como la más adecuada para desarrollar mejor su función adaptándose a las circunstancias actuales. Es decir, hacer las cosas racionalmente es el gran objetivo de la clínica moderna. Según Bunge 2 «una acción es racional si es máximamente adecuada para lograr el objetivo determinado, y el objetivo y las vías de acción han sido decididas usando el mejor conocimiento disponible». Ello implica, por tanto, hacer una evaluación crítica del conocimiento clínico existente, tanto diagnóstico como pronóstico o terapéutico.
El mejor conocimiento para el diagnóstico provendrá de los indicadores probabilísticos derivados de los estudios de pruebas diagnósticas para obtener su sensibilidad, especificidad, valores predictivos, cocientes de probabilidades, etc. Estos estudios, adecuadamente diseñados, convierten un conocimiento muy teórico en otro útil para la acción. Para efectuar un pronóstico, el mejor conocimiento se obtendrá de apropiados estudios de seguimiento (estudios de cohortes). Para las decisiones terapéuticas, el conocimiento de mayor calidad proviene de los ensayos clínicos con distribución aleatoria, que aportan las probabilidades de obtener un resultado de interés en un grupo de pacientes tratados con determinado procedimiento, intervención o sustancia, en relación a un tratamiento alternativo o a un placebo.
Ésta es la estrategia que ha llevado al desarrollo conceptual y operativo de la medicina basada en la evidencia, para la que hay que buscar sus antecedentes más próximos en el nacimiento y desarrollo de la epidemiología clínica a primeros de los años ochenta 3-9 . Definida ésta como el estudio de los efectos y determinantes de las decisiones clínicas 6 , ha tenido un impulso muy importante en la mayoría de los países desarrollados 10-12 . La medicina basada en la evidencia representa un paso más maduro y estructurado, desde un punto de vista conceptual y práctico, en la misma dirección, pero la esencia de este movimiento y de su evolución ha sido la misma: cómo conseguir la aplicación del método científico a la práctica de la medicina 13 .
Decir que la medicina debe ser científica no sólo es una manera de evitar la falsa dicotomía entre medicina «humanista» y medicina «tecnológica», sino que es la calificación más correcta y la que más se ajusta a lo que intuitiva y clásicamente hemos conocido por «buena medicina» 10,14,15 . Digamos que es científica aquella disciplina que somete sus postulados al método científico, a un proceso de verificación empírica, es decir, basado en los hechos o pruebas. Algunas de sus características son: no cree en la infalibilidad ni en la inmutabilidad de los conocimientos, por tanto es perfeccionable; reclama una discusión objetiva no personalista o interesada, continua flexibilidad y tolerancia a los investigadores; dado que está basada en hechos, ofrece pruebas para sostener sus postulados, de manera que es reproducible, aunque independiente del uso que se pueda hacer posteriormente de sus conclusiones 16 . Además, hay que tener en cuenta que la obligación del médico de ofrecer lo mejor a sus pacientes no se puede separar del imperativo ético de basar las decisiones en la evidencia existente o de buscarla cuando no se dispone de ella: la dialéctica de ofrecer una asistencia personalizada a la vez que válida científicamente es intrínseca a la práctica médica actual 10,17 . Y también hay que ser consciente de que el médico ya no está solo ante un paciente individual, porque de alguna manera toda la profesión (y la misma sociedad) está tras él. El conocimiento sobre si un tratamiento es correcto o no, sobre lo que constituye medicina de calidad, es fruto del consenso profesional y científico, y debe ser incorporado plenamente a la relación médico-paciente 17 .
CARACTERISTICAS DE LA MEDICINA BASADA EN LA EVIDENCIA
La medicina basada en la evidencia consiste en la integración de la experiencia clínica individual con la mejor evidencia proveniente de la investigación científica, una vez asegurada la revisión crítica y exhaustiva de ésta 18-32 . Sin la primera, la práctica clínica rápidamente se convertiría en una tiranía, pero sin la última queda inmediatamente caduca.
Por experiencia clínica individual se entiende el juicio clínico que los médicos adquieren con la práctica. Se manifiesta sobre todo en la capacidad del clínico para hacer un diagnóstico más válido y eficiente y para identificar mejor las preferencias y voluntades de los pacientes. Se han establecido cuatro etapas para el segundo componente de la medicina basada en la evidencia 33 : a) formular una cuestión clínica clara a partir de los problemas de un paciente; b) consultar la literatura para hallar los artículos clínicos más relevantes; c) evaluar críticamente la evidencia identificada acerca de su validez y utilidad, y d) aplicar los hallazgos apropiados en la práctica clínica. En este artículo y por razones de espacio, soslayaremos las consideraciones relativas a la formulación de la cuestión clínica, que se pueden consultar en el excelente y recientemente aparecido libro de Sackett 33 .
La construcción de la evidencia comienza con la búsqueda y obtención de todos los estudios existentes sobre un tema concreto a partir de la literatura médica y de otras fuentes de información (para incluir también los estudios no publicados), extrayendo la información relevante para el cuidado del paciente individual (tabla 1) 34 . La aparición de revistas como ACP Journal Club (bimensual) editada por el American College of Physicians (ACP) o Evidence-Based Medicine , publicación conjunta de ACP y British Medical Journal , es una seria contribución a este proceso mediante la selección de estudios sobre necesidades y problemas clínicos concretos. La aparición en un futuro inmediato de revistas similares más específicas, como Cardiovascular Evidence-Based Journal , contribuirá también a impulsar este cambio cultural y conceptual en el ámbito cardiológico.
Finalmente, la integración y divulgación de la evidencia requiere disponer de una interface común y fácil de usar para hacer más accesibles las distintas fuentes de información relevantes para cubrir las necesidades de un grupo concreto de usuarios, como los cardiólogos. Por ejemplo, el proyecto internacional CLINT (Clinical Information Network) trata de desarrollar herramientas informáticas para la captura automática y el manejo integrado de la información relevante. La disponibilidad de ordenadores y redes de información como Internet, u otras como la Health Evidence Application Linkage Network , son oportunidades potencialmente idóneas para facilitar el acceso y comunicación de esta información.
Como es obvio, esta estrategia no va a establecer directamente cuáles son las decisiones clínicas que hay que adoptar, pero sí puede aportar una base útil a partir de la que se puede decidir mejor, considerando todos los aspectos clínicos relevantes. La formulación de estrategias de intervención es un complejo proceso que consiste en decidir qué intervenciones deben implantarse en una situación clínica concreta para asegurar la incorporación de la mejor evidencia a la práctica. Lógicamente, este proceso debe tener en consideración, además de la mejor evidencia actualizada, las circunstancias del problema incluidas la situación clínica del paciente y las peculiaridades de la organización asistencial de cada ámbito, así como los valores sociales y preferencias del paciente en cuestión (fig. 1). Es cierto que la evidencia científica no es más que un componente de este proceso, pero también es verdad que el peso de ésta será cada vez mayor en la toma de decisiones a medida que el conocimiento médico aumente.
Aunque se ha argumentado que la práctica de la medicina basada en la evidencia sólo es posible en condiciones óptimas de presión asistencial, existen ya algunas experiencias que sugieren que incluso los médicos más ocupados pueden practicar este tipo de medicina 32 , aunque es necesario un cierto aprendizaje previo (tabla 2). Otras de las objeciones a la medicina basada en la evidencia han argumentado la minusvaloración de la relación médico-paciente que supone. Se trata de aquella forma de pensar que polariza demasiado entre el paciente a quien se reclama anteponer a cualquier otro planteamiento y la «sociedad», que dictaría unas normas que afectan a la propia capacidad de decisión clínica. Otras resistencias han venido desde posiciones aparentemente autoritarias, incómodas ante planteamientos clínicos poco proclives a toda supeditación jerárquica que no esté bien argumentada desde un punto de vista científico. Otros han creído ver en este movimiento, cual caballo de Troya, el largo brazo de la gestión o de la industria farmacéutica, entes maquiavélicos que camuflarían sus objetivos inconfesables bajo el barniz científico y respetuoso que la medicina basada en la evidencia posee.
LA COLABORACION COCHRANE
La Colaboración Cochrane aspira a ser uno de los principales instrumentos de la medicina basada en la evidencia. Su nombre no es ninguna casualidad: Archie Cochrane, médico y epidemiólogo británico (fallecido en 1988) es el autor del por muchas razones todavía insuperado libro Effectiveness and Efficiency: random reflections on health services 37 . En una simplificación extrema el mensaje de Cochrane es el siguiente: no se puede aumentar la eficiencia sin pasar por la eficacia, y podríamos añadir, por la efectividad 38 . No es posible, en otras palabras, pensar en aumentar la eficiencia si quienes deben decidir, evaluar o planificar las prestaciones sanitarias no están en condiciones de distinguir aquello eficaz de lo que no lo es. En su libro, Cochrane explica la anécdota relativa a los posibles efectos de los sesgos personales en la interpretación de los resultados de la investigación. Por ejemplo, un médico que analizaba un estudio clínico controlado en el que había un número mayor de muertes entre pacientes en tratamiento domiciliario respecto de aquellos asistidos en la unidad coronaria, consideraba el ensayo poco ético y solicitaba su interrupción. Sin embargo, los datos habían sido invertidos: puesto ante los verdaderos resultados (de los cuales se obtenía que morían más pacientes asistidos en las unidades coronarias), el médico se retractaba de objetar el ensayo por falta de ética y de solicitar que fuesen suspendidos los tratamientos en las unidades coronarias. Este simple ejemplo abre un gran interrogante: pensando en cualquiera de las tantas intervenciones ampliamente difundidas en la práctica clínica y nunca sometidas a la evaluación de una rigurosa experimentación controlada, ¿cuántos están (estamos) dispuestos a aceptar su verificación empírica para determinar si la intervención puede dar resultados peores que la no intervención?
Se asume, por tanto, que no es posible una solución individual al reto de conocer, criticar
y sintetizar las evidencias disponibles sobre la eficacia de una determinada práctica
clínica. Así, las revisiones ocupan una posición clave en la cadena que
tendría que enlazar los resultados de la investigación en un extremo, con unos
mejores resultados sanitarios en el otro. Por ello, se deben establecer unos mecanismos que
garanticen de manera no episódica que estas revisiones sistemáticas sean: a)
realizadas; b) actualizadas periódicamente, y c) divulgadas adecuadamente y
dadas a conocer a los potenciales usuarios 41 . Resulta evidente de la amplitud de estos
objetivos que no es factible alcanzarlos desde un solo centro, por muy especializado que sea, y que
en cambio es preciso impulsar una colaboración internacional alrededor del objetivo
común: trabajar colectivamente para producir síntesis sistemáticas de los
conocimientos disponibles en los diversos sectores de la medicina, favorecer la colaboración
entre investigadores clínicos que estudien los mismos problemas en diferentes países,
y constituir un punto de referencia para todos aquellos que deben tomar decisiones, tanto a nivel
de gobierno como en el ámbito clínico. El éxito y el entusiasmo que esta
simple idea ha generado ha llevado a un desarrollo muy rápido de la Colaboración,
pero es muy complejo transformar una iniciativa como ésta de orden general en una fuerza que
sea operativa. Como se ha mencionado, uno de los retos más importantes que existen para
desarrollar una medicina basada en la evidencia es lograr que los médicos y otros
profesionales sanitarios entiendan hasta qué punto necesitan información fiable para
tomar sus decisiones 42 . Para ello será preciso identificar los mecanismos que
se han revelado eficaces para invertir la tendencia actual a utilizar vías informales o poco
sistemáticas a la hora de tomar decisiones clínicas. El Grupo de Revisión
Cochrane sobre prácticas efectivas, que analiza la evidencia resultante de los estudios que
comparan las distintas estrategias que tienen como objetivo modificar las prácticas
clínicas, puede aportar información de gran utilidad.
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