Implicaciones andrológicas del abuso de esteroides androgénicos anabolizantes

Publicado en Rev Int Androl.2011; 09 :160-9 - vol.09 núm 04

Resumen

Los esteroides androgénicos anabolizantes (EAA) son andrógenos sintéticos derivados de la testosterona, denominados así por ejercer acciones androgénicas y anabolizantes imposibles de disociar, probablemente debido a la existencia de un único receptor de andrógenos. Inicialmente, el interés por los EAA se debió exclusivamente a su presumible uso terapéutico; sin embargo, la mayoría de los sintetizados en los últimos 50 años carecen de una aplicación clínica real. En la última década, varios estudios han evaluado la prevalencia del abuso de EAA con fines no terapéuticos por deportistas, especialmente culturistas y atletas de alta competición, para mejorar su rendimiento atlético, usuarios de gimnasios y jóvenes que simplemente persiguen mejorar su aspecto físico. Según un estudio realizado en la Unión Europea (UE) en 2002, el 5,7% de los usuarios de gimnasio consumía habitualmente EAA, el equivalente a 1 millón de usuarios en la UE y unos 20.000 en España, aunque en nuestro país no hay cifras oficiales. Alrededor de la venta de estas sustancias hay un auténtico mercado negro, las cuales se pueden obtener fácilmente a través de internet, en los gimnasios o mediante otras fuentes, como drogas de uso veterinario, por lo que se han convertido en un problema de salud pública en muchos países. La administración de dosis muy superiores a las fisiológicas induce a la aparición de efectos secundarios. Destacan las alteraciones en la función sexual y reproductiva, objeto de esta revisión, así como alteraciones hepáticas, metabólicas, hematológicas, cardiocirculatorias, músculo-esqueléticas y psicológicas.
Palabras clave Esteroides anabolizantes; Andrógenos sintéticos; Hipogonadismo hipogonadotrópico; Azoospermia; Disfunción eréctil; Ginecomastia

Introducción

Introducción En 1935 Adolf Butenandt y Leopold Ruzicka sintetizaron por primera vez la testosterona, y fueron galardonados por este avance con el Premio Nobel de Química en 19391. A principios de la década de 1940, algunos investigadores observaron que en los varones a los que se administraba testosterona aumentaba la masa muscular y su resistencia al trabajo1. Sin embargo, sus especiales características farmacocinéticas la hacían poco útil desde un punto de vista terapéutico, por lo que los laboratorios se afanaron en realizar modificaciones en su molécula para conseguir mayor actividad anabólica, dando lugar a una amplia gama de esteroides androgénicos anabolizantes (EAA). Su utilización no clínica se inició a mediados de la década de 1950, siendo los levantadores de pesas los primeros en utilizarlos para mejorar el rendimiento muscular. En los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, su consumo estaba tan extendido que se convirtieron en un serio problema. Numerosos atletas y entrenadores establecieron sus propios regímenes posológicos, al margen de cualquier fundamento o control clínico. Finalmente, en 1968, el Comité Olímpico Internacional acuerda una definición de dopping y en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 se prohíbe su utilización2. En la actualidad, el abuso de EAA ha dejado de estar restringido al ámbito del deporte de élite, extendiéndose a deportes recreativos como el culturismo o incluso ganando adeptos entre no practicantes de deportes de competición y, lo que es peor, entre adolescentes cuyo principal objetivo es simplemente mejorar su apariencia física....

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García, Ferrána

aServicio de Reproducción, Instituto Marqués, Clínica CIMA, Barcelona, España