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FI 2016

2,237
© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

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© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

Rev Psic 2017;22:102-10 - DOI: 10.1016/j.psicod.2017.05.005
Original
Efectos relativos de las prácticas de crianza sobre el desarrollo adolescente en el contexto de los procesos familiares
Relative Effects of Parenting Practices on Child Development in the Context of Family Processes
Jerf W.K. Yeunga,, , Hui-Fang Chena, Herman H.M. Lob, Anna W.M. Choic
a Department of Applied Social Sciences, City University of Hong Kong, Hong Kong, China
b Department of Applied Social Sciences, The Hong Kong Polytechnic University, Hong Kong, China
c Department of Social Work and Social Administration, The University of Hong Kong, Hong Kong, China
Recibido 26 octubre 2016, Aceptado 18 enero 2017
Resumen

En su mayoría, los estudios familiares previos han abordado el comportamiento de crianza como algo correspondiente a la socialización familiar, lo cual es, de hecho, un concepto de múltiples facetas. En el presente estudio se investigaron de forma simultánea dos componentes de socialización familiar, así como procesos familiares y prácticas de crianza con el objetivo de identificar sus efectos relativos sobre el desarrollo de las capacidades para internalizar y externalizar los problemas en individuos adolescentes. La información necesaria para el análisis fue recolectada a partir de una muestra de 223 díadas de padres-hijos de nacionalidad china (madres=179, hijos=124; edad promedio de los hijos=16.7, DT=2.16); además, se emplearon modelos de regresión lineal jerárquica para examinar las relaciones. Los resultados mostraron que tanto los procesos familiares positivos como las prácticas efectivas de crianza predecían una menor internalización y externalización de problemas en los hijos, siendo la anterior más pronunciada que la última. Aún más importante es el hecho de que los efectos predictivos de mayor solidez se reanudaron después de la inclusión del término de interacción de la crianza a través de procesos familiares, lo cual respalda la condicionalidad de la crianza al combinarla con los efectos moderadores de los procesos familiares. Esto indica que las funciones de crianza son más importantes en ambientes familiares con procesos familiares de bajo positivismo y muestra convergencia en el contexto familiar de procesos familiares altamente positivos. Se discuten las implicaciones de estos descubrimientos para las prácticas del desarrollo humano y educativo, y para las futuras directrices de investigación.

Abstract

Previous family studies mainly treated parenting behaviour as corresponding to family socialisation, which is in fact a multifaceted concept. In the present study, two family socialisation constructs, family processes and parenting practices, were simultaneously investigated for their relative effects on the adolescent development of internalising and externalising problems. Data for analysis were collected from a sample of 223 Chinese parent-child dyads (mothers=179, boys=124; child mean age=16.7, SD=2.16), and hierarchical linear regression models were employed to examine the relationships. Results showed that both positive family processes and effective parenting practices were predictive of less internalising and externalising problems in children, but the former was more pronounced than the latter. More importantly, the robust predictive effects of parenting resumed after inclusion of the interaction term of parenting by family processes, which lends support to the conditionality of parenting with the moderating effect of family processes. This indicates that parenting functions are more important in the home environment with low positive family processes, and shows convergence in the family context of highly positive family processes. Implications of the findings for educational and human development practices and future research directions are also discussed.

Palabras clave
Socialización familiar, Prácticas de crianza, Procesos familiares, Internalización y externalización de problemas
Keywords
Family socialisation, Parenting practices, Family processes, Internalising and externalising problems
Introducción

La familia ha sido ampliamente reconocida como una de las instituciones sociales con mayor influencia sobre varias dimensiones del crecimiento y bienestar de los niños. La socialización familiar informal durante las etapas infantiles tempranas ha sido destacada por Bronfenbrenner (1990) como un «poderoso prerrequisito para el futuro éxito social del niño en otros campos de la vida, incluyendo la escuela, el trabajo y la familia (p. 28)». De hecho, durante las pasadas dos décadas se ha establecido concretamente que si los niños que son criados en contextos familiares adversos tienen más probabilidades de sufrir desarrollos desfavorables como resultado; entonces lo contrario también es correcto en cuanto a que es posible obtener mayores logros psicosociales y comportamentales para aquellos niños que son educados en un ambiente que cuenta con una socialización familiar favorable (Burt, Simons, y Simons, 2006; Fischer, Forthun, Pidcock, y Dowd, 2007; Fuentes, García, Gracia, y Alarcón, 2015; Simons, Simons, Chen, Brody, y Lin, 2007; Yeung, 2015; Yeung y Chan, 2016).

Sin embargo, al estudiar los efectos de la socialización familiar sobre el desarrollo de los niños, la mayoría de los estudios precedentes se enfocaron predominantemente en el papel del comportamiento de crianza, asumiéndolo como el equivalente a todo el concepto de la socialización familiar (Burt et al., 2006; Garcia-Moral, Sanchez-Queija, y Gomez-Veiga, 2016; Korelitz y Garber, 2016; Yeung, 2016). Esto es inadecuado si se toma en cuenta que las investigaciones recientes indican que el concepto de la socialización familiar debe ser más amplio que el del comportamiento de crianza, el cual incluye los procesos familiares como un agente de socialización en el ambiente del hogar, que influye en el desarrollo infantil (Berger y McLanahan, 2015; Crandall, Ghazarian, Day, y Riley, 2016; Fischer et al., 2007; Prioste, Narciso, Goncalves, y Pereira, 2015; Yeung y Chan, 2010). El concepto de los procesos familiares se refiere al ambiente general dentro del hogar en cuanto a la calidad de las relaciones, comunicación, interacciones comportamentales y patrones de apoyo mutuo entre los miembros familiares (Brody, Kim, Murry, y Brown, 2005; Cobham, McDermott, Haslam, y Sanders, 2016; Yeung y Chan, 2014). Por consiguiente, al examinar los efectos de la socialización familiar, los investigadores deben tener en cuenta tanto el comportamiento de crianza como los procesos familiares para determinar la contribución simultánea de ambos sobre el desarrollo del niño.

Una revisión general de los estudios recientes revela que las prácticas de crianza, así como los procesos familiares, ejercen un impacto en los resultados comportamentales y psicológicos de los niños. Por ejemplo, la investigación indicó que una crianza efectiva estaba relacionada positivamente con el ajuste psicológico (Fuentes et al., 2015; Schwartz y Finley, 2006), la competencia cognitiva y social (Pancer, Pratt, Hunsberger, y Alisat, 2007) y la salud psicológica y autoestima del niño (Rodrigues, Veiga, Fuentes, y García, 2013). Asimismo, estaba asociada de forma opuesta a menores niveles de angustia emocional y depresión (Goosby, 2007; Kim et al., 2003), problemas de comportamiento y criminalidad (Goosby, 2007; Gracia, Fuentes, García, y Lila, 2012), tráfico de drogas y abuso de sustancias (Anderson, Sabatelli, y Kosutic, 2007; Little y Steinberg, 2006). Adicionalmente, los estudios precedentes reportaron que, si una familia manifiesta procesos familiares positivos –es decir, relaciones familiares consistentes, interacciones y comunicaciones positivas, y apoyo mutuo entre sus miembros–, los niños de esa familia podrán contar con varios y mejores beneficios en el desarrollo (Brody et al., 2005; Little y Steinberg, 2006; Prioste et al., 2015; Mack, Peck, y Leiber, 2015; Yeung, 2015; Yeung y Chan, 2016). De hecho, Yeung y Chan (2014) descubrieron recientemente que los procesos familiares positivos eran independientes de los efectos de las prácticas de crianza en relación con la predicción del desarrollo de la madurez psicológica y futura orientación en los niños, así como en la reducción de los problemas de internalización y externalización. Sin embargo, los investigadores no examinaron la posible influencia de las prácticas de crianza sobre los resultados del desarrollo infantil que puedan haber sido moderados por los procesos familiares; motivo por el cual quedaron desconocidos los efectos relativos, tanto de la crianza como de los procesos familiares, en relación con desarrollo infantil.

El propósito principal del presente estudio fue investigar los efectos relativos de la crianza efectiva y los procesos familiares positivos; así como sus efectos interactivos en los problemas de externalización e internalización en adolescentes pertenecientes a familias chinas. Investigar las relaciones antes mencionadas está en consonancia con el modelo de transmisión familiar de las perspectivas teóricas (Petterson y Albers, 2001) y la teoría de aprendizaje por observación (Snyder, Bank, y Burraston, 2005) para explicar la relación entre la socialización familiar y el desarrollo infantil, en la cual los niños podrían desarrollar sus características temperamentales y predisposiciones comportamentales a través de la observación, el aprendizaje y el recibimiento de manifestaciones emocionales, de actitud y de comportamiento por parte de los miembros familiares adultos –particularmente por los padres–; ya sea de forma explícita, mediante las prácticas de crianza, tácita, mediante los procesos familiares, o conjunta, de ambas formas. Por otra parte, según la tesis de amortiguación del estrés (Cohen y Wills, 1985), la función de las prácticas de crianza sería más pronunciada en el contexto de la socialización de procesos familiares poco positivos, lo cual es característico de ambientes familiares más caóticos, relaciones de menor calidad y comunicaciones e interacciones deficientes (Berger y McLanahan, 2015; Crandall et al., 2016; Fischer et al., 2007; Yeung y Chan, 2010). En otras palabras, se espera que los procesos familiares moderen los efectos de la crianza en los resultados del desarrollo de los niños.

El presente estudio

En este estudio se investigaron tanto las prácticas efectivas de crianza como los procesos familiares positivos con el objetivo de examinar los efectos relativos de ambos sobre los problemas de internalización y externalización en los niños. Esto es relevante, puesto que estudios familiares precedentes generalmente respaldaban la teoría de que las prácticas efectivas de crianza y los procesos familiares positivos eran predictivos de varios resultados mejores en los niños, incluyendo los síntomas de internalización y externalización (Berger y McLanahan, 2015; Little y Steinberg, 2006; Piko y Balazs, 2012; Valiente, Lemery-Chalfant, y Reiser, 2007; Yeung y Chan, 2014, 2016). A pesar de que ambas construcciones de socialización familiar rara vez eran examinadas juntas para determinar sus efectos relativos en el desarrollo infantil; dado que estas representan dos dimensiones diferentes de la socialización familiar esperábamos que funcionaran como factor predictivo de los síntomas de internalización y externalización en los niños. A continuación se establecen las hipótesis más relevantes: (H1) Se predice que las prácticas efectivas de crianza contribuirán a menores síntomas de internalización/externalización en individuos adolescentes; (H2) Se predice que los procesos familiares positivos contribuirán a menores síntomas de internalización/externalización en individuos adolescentes; (H3) Se predice que, al tenerse en consideración mutuamente, tanto las prácticas efectivas de crianza como los procesos familiares contribuirán de forma simultánea a menores síntomas de internalización/externalización en individuos adolescentes.

Además, de acuerdo con lo informado por la tesis de amortiguación del estrés (Cohen y Wills, 1985) y por previas investigaciones pertinentes (Berger y McLanahan, 2015; Brody et al., 2005; Mack et al., 2015; Yeung, 2015), los procesos familiares moderarían la influencia de la crianza sobre el desarrollo de los niños. Por consiguiente, se ha establecido la siguiente hipótesis: (H4) Se predice que los procesos familiares moderarían los efectos de las prácticas de crianza sobre los síntomas de internalización/externalización en los niños, habiendo efectos más pronunciados a raíz de prácticas efectivas en ambientes familiares característicos de procesos familiares de bajo impacto positivo y efectos menos pronunciados en ambientes familiares característicos de procesos familiares altamente positivos.

Adicionalmente, el presente estudio incorporaría ciertas variables sociodemográficas importantes para el análisis, que incluyen el nivel socioeconómico de la familia, la edad y el sexo de los niños. La investigación demostró que, en comparación con sus equivalentes más adinerados, los niños pertenecientes a familias con un menor nivel socioeconómico podrían llegar a demostrar mayores síntomas de internalización/externalización (Berger y McLanahan, 2015; Johnson, Jang, Larson, y De Li, 2001). Además, las investigaciones empíricas descubrieron que los problemas psicológicos y comportamentales de los niños están relacionados con sus edades, iniciando a principios de la adolescencia, alcanzando su punto máximo en la adolescencia media y disminuyendo durante la adolescencia tardía (Piko y Balazs, 2012; Simons, Simons, y Conger 2004). En cuanto al género de los niños, investigaciones relevantes demostraron que los adolescentes masculinos tendían a tener más problemas de externalización; mientras que las adolescentes femeninas eran más susceptibles a dificultades psicológicas (Mack et al., 2015; Yeung, 2016).

MétodoParticipantes

La información para los análisis de este estudio fue recolectada de 223 díadas de padres-hijos. Los padres participantes eran las madres y padres biológicos de los niños encuestados. Los niños participantes tenían edades entre 14 y 21 años de edad y se encontraban, específicamente, en las etapas de adolescencia media y tardía, así como en la adultez temprana. El motivo para seleccionar este rango de edades es que los niños podrían llegar a demostrar síntomas psicológicos y comportamentales más pronunciados entre la adolescencia media y la adultez temprana (Gracia et al., 2012; Simons et al., 2004; Yeung, 2015), lo cual se consideró pertinente para lograr una mejor investigación de las relaciones entre las prácticas de crianza y los procesos familiares; así como de las influencias interactivas de ambos factores en los resultados del niño.

InstrumentosPrácticas de crianza

Las prácticas de crianza efectiva fueron determinadas por la subescala crianza autoritaria de 10 ítems del Cuestionario de Autoridad Parental (PAQ, por sus siglas en inglés) (Buri, 1991). En estudios recientes, esta medida de crianza autoritaria ha sido usada de forma separada del PAQ original de 30 opciones para determinar aquellos comportamientos de crianza que se consideran competentes y beneficiosos (Ang, 2006; Heaven y Ciarrochi, 2006). Las investigaciones precedentes demostraron un buen nivel de confiabilidad y estructura factorial en dicha medida (Ang, 2006; Heaven y Ciarrochi, 2006; Yeung, 2016; Yeung y Chan, 2014). Por ejemplo, una de las opciones incluye la frase «Mi madre nos dice cómo debemos actuar y nos explica por qué». La versión original de la medida estaba diseñada solo para los hijos. Sin embargo, estudios recientes afirman que el empleo de evaluaciones con informantes/fuentes múltiples del funcionamiento familiar permitían la obtención de una imagen más íntegra y precisa de la familia y, por consiguiente, era posible evitar el problema de la varianza del método compartido (Burt et al., 2006; Simons et al., 2004). De hecho, en investigaciones precedentes ya se ha llevado a cabo la modificación de algunas de las medidas originales para adaptarlas a las necesidades específicas de un estudio (Burt et al., 2006; Simons et al., 2007). El ejemplo de opción modificada para padres es «Le digo a mis hijos cómo deben actuar y les explico el motivo». Las respuestas a la medida estuvieron basadas en una escala de 5 puntos, que van desde el 1=totalmente en desacuerdo al 5=totalmente de acuerdo; y se adoptaron las puntuaciones resultantes de las respuestas de padres e hijos para formar una medida compuesta de las prácticas de crianza. En este estudio, los coeficientes alfa para las puntuaciones de las respuestas de padres e hijos fueron α=.89 y la correlación entre las respuestas de padres e hijos fue r=.245, p<.01, demostrando así un buen nivel de confiabilidad y validez.

Procesos familiares

Los procesos familiares positivos indican que una unidad familiar es característica de fortaleza y de las capacidades necesarias para mantener la cohesión, interacción constructiva, comunicación eficiente y apoyo mutuo, así como un alto nivel de compromiso entre los miembros familiares (Anderson et al., 2007; Valiente et al., 2007; Yeung, 2015). En este estudio, se usó la escala de estilo del funcionamiento familiar de 26 ítems para seleccionar procesos familiares positivos (Trivette y Dunst, 1990). Las investigaciones anteriores demostraron un buen nivel de confiabilidad y validez en la medida (Yeung, 2015; Yeung y Chan, 2014). Las opciones de ejemplo incluyen «nos enorgullecemos incluso de los logros más pequeños de los miembros de nuestra familia» y «compartimos nuestras preocupaciones y sentimientos en formas útiles». Como se dijo anteriormente, en este estudio se usó un enfoque de informantes múltiples para evaluar los procesos familiares. Las respuestas a la medida también se basaron en una escala de 5 puntos, desde 1=totalmente en desacuerdo hasta 5=totalmente de acuerdo, y las puntuaciones correspondientes a las respuestas de padres e hijos se promediaron para formar una medida compuesta de los procesos familiares. Los coeficientes alfas para las puntuaciones de padres e hijos fueron α=.95, y la correlación entre las respuestas de padres e hijos fue r=.278, p<.01, lo cual verifica un nivel muy bueno de confiabilidad y validez.

Síntomas de internalización en los niños

En este estudio, los problemas psicológicos de los niños fueron medidos por la versión de 21 ítems de la Escala de Estrés, Ansiedad y Depresión (DASS-21, por sus siglas en inglés) (Lovibond y Lovibond, 1995). El DASS-21 es la versión reducida de la versión de 42 ítems del DASS (DASS-42). Las investigaciones recientes demostraron que el DASS-21 es superior a la versión extendida del DASS en términos de estructura factorial, validez y confiabilidad (Lam, 2014; Yeung y Chan, 2016). Se usó la puntuación compuesta promedio del DASS-21 y las puntuaciones más altas indican un mayor nivel de cargas mentales y psicológicas en general. La consistencia interna del DASS-21 en este estudio fue α=.94, la cual se considera excelente.

Síntomas de externalización en los niños

En vista de las diferencias culturales, se consideró indebido aplicar en los adolescentes de Hong Kong las medidas de problemas comportamentales empleadas en el occidente. La selección aleatoria de estas medidas podría dar como resultado imprecisiones en las evaluaciones, puesto que los síntomas de externalización por parte de los adolescentes locales podría ser diferente a la de los adolescentes en el occidente. Por ejemplo, la marihuana y el uso de drogas fuertes, la realización de grafitis y el porte de armas no son predominantes entre los jóvenes locales (Lau y Kan, 2010; Ngai y Cheung, 2005). Adicionalmente, algunas opciones como «intercambiar las etiquetas del precio entre los productos de la tienda» se consideran obsoletas hoy en día porque casi todos los artículos comerciales en las tiendas minoristas tienen el precio marcado por el código de barras correspondiente a cada uno y no por etiquetas. Para esto, se diseñó una Escala de Síntomas y Problemas de Externalización (EPSS, por sus siglas en inglés) para ser empleada en el presente estudio y basada en una extensiva referencia en los estudios relevantes (Deng y Roosa, 2007; Ngai y Cheung, 2005). El diseño de la EPSS fue conducido por un equipo de investigación conformado por dos estudiosos con experiencia en estudios de la juventud y por un asistente de investigación con suficiencia competente en el idioma. Primero, el equipo de investigación realizó una lista de varias opciones de preguntas pertinentes para posibles comportamientos delictivos en los adolescentes locales y, posteriormente, seleccionó las 15 opciones que se consideraron las más típicas en los síntomas de externalización entre los adolescentes locales. Los estudios recientes demostraron un buen nivel de confiabilidad y validez de la escala (Yeung, 2016; Yeung y Chan, 2014). Algunos ejemplos de opciones incluyen «en los últimos 12 meses, ¿cuántas veces te hiciste daño deliberadamente a ti mismo?» y «en los últimos 12 meses, ¿cuántas veces hurtaste objetos de lugares que no son tu casa?». La medida es calificada en una escala tipo Likert de 7 puntos. Las puntuaciones más altas implican más comportamientos problemáticos. El coeficiente alfa de Cronbach para el EPSS fue .77, demostrando una consistencia interna adecuada.

Variables sociodemográficas

El nivel socioeconómico familiar (SES, por sus siglas en inglés) fue determinado mediante la suma del ingreso total familiar per cápita y el promedio del nivel educativo de la madre y el padre. Posteriormente, el ingreso familiar per cápita y el nivel educativo de los padres fue estandarizado y resumido para generar una medida compuesta del SES de la familia, lo cual constituyó una práctica aceptada en investigaciones posteriores (Johnson et al., 2001; Simons et al., 2004). La edad de los niños fue contada como el número exacto de años de los participantes, mientras que el género de dichos niños constituye una variable ficticia donde 0=masculino, 1=femenino. Las investigaciones precedentes destacaron estas variables sociodemográficas como características cruciales del entorno que influencian los resultados psicológicos y comportamentales de los niños (Fuentes et al., 2015; Gracia et al., 2012; Yeung, 2016; Yeung y Chan, 2014).

Procedimiento

Las díadas de padres-hijos participantes correspondían a la muestra de una comunidad y fueron captados con la ayuda de 43 iglesias locales situadas en distintas localidades de Hong Kong*. Para incrementar la diversidad de los participantes, se llevó a cabo un proceso abierto de selección y se publicó la información relativa al propósito y contenido del presente estudio para invitar a potenciales familias. Para familias con más de un adolescente dentro del rango de edad solicitado, se eligió a aquel que acaba de cumplir años. Sin embargo, si había más de un hijo objetivo elegible para el estudio (por ejemplo en el caso de gemelos), se eligió al de mayor edad (Bryman, 2008). Este sistema de selección sistemático y aleatorio podría haber provocado una mayor diversidad entre los participantes. La participación en el estudio fue voluntaria y las díadas de padres-hijos no recibieron ningún tipo de incentivo. El presente estudio fue aprobado por el proceso de revisión de investigaciones éticas de la Universidad Politécnica de Hong Kong.

En caso de que alguna de las familias elegibles demostrara interés en formar parte del estudio, se enviaría a dicha familia un conjunto de cuestionarios que contenían una versión para padres y otra para hijos. Los cuestionarios fueron colocados en sobres sellados de tamaño A4 y adjuntados a dos sobres de tamaño A5 codificados con los mismos números identificadores. Los padres e hijos participantes pertenecientes a una misma familia fueron instruidos por dos cartas informativas para que insertaran los cuestionarios debidamente llenados en sus respectivos sobres A5 y, posteriormente, los entregaran de forma privada a los investigadores correspondientes a través de las iglesias participantes. Inicialmente, hubo 284 díadas de padres-hijos que aceptaron participar en el estudio y, al final, solo 223 díadas de padres-hijos devolvieron sus consentimientos y llenaron los cuestionarios con un rango de respuesta del 78.52%. Entre las 223 díadas de padres-hijos, el 80.7% de los cuidadores eran las madres. Con relación a las características demográficas de los niños participantes, 124 (55.6%) eran masculinos. La edad promedio de estos individuos adolescentes era de 16.7 años (desviación típica=2.16). En cuanto al nivel educativo, el 22.8% estaban en educación secundaria elemental (51 niños), mientras que el 35.9% estaban en educación secundaria superior (80 niños). Adicionalmente, un 18.4% recibió un sexto curso y un 14,3% cursó estudios superiores (41 y 32 niños, respectivamente). El porcentaje restante recibió educación de pregrado o de mayor nivel (8.5%).

Análisis de datos

En este estudio, el análisis de correlación fue empleado primero para determinar si las variables del estudio estaban relacionadas mutuamente en una dirección significativa y correcta; y se realizó una prueba t de hipótesis nula en el caso de los coeficientes de correlación obtenidos para descartar la posibilidad de las relaciones correlacionadas significativas entre las variables de estudio que se debieron a errores de muestreo o correlaciones falsas. Después de eso, se usó la regresión jerárquica múltiple para evaluar las hipótesis del estudio, en que los pronosticadores de la crianza efectiva y procesos familiares positivos, así como sus términos de interacción, fueron introducidos en los modelos de regresión de forma ordenada con el fin de determinar sus efectos en los síntomas de internalización/externalización en adolescentes. Antes de llevar a cabo procedimientos de regresión múltiple, los pronosticadores de la crianza efectiva y procesos familiares positivos estaban centrados en la media y, posteriormente, se combinaron para construir el término de interacción con el objetivo de evitar la colinealidad (Fahrmeir, Kneib, Lang, y Marx, 2013). La presentación de los resultados de la regresión se basó en coeficientes estandarizados y representaciones gráficas de la moderación de los procesos familiares positivos en las relaciones entre la crianza efectiva y los resultados de los niños; y se realizó dividiendo las díadas de padres-hijos en grupos de crianza efectiva alta y baja en el nivel medio de la variable de crianza.

Resultados

La Tabla 1 muestra las correlaciones de las variables del estudio. Como podemos ver, el SES de la familia está relacionado positivamente tanto con la crianza efectiva como con los procesos familiares positivos, r=.198 y .237, p.01. Esto implica que las familias en mejores circunstancias contaban con un mejor ambiente de socialización en el hogar y con mejores comportamientos de crianza. Además, los participantes –hijos– de mayor edad demostraron pocos síntomas de internalización a un nivel marginalmente significativo, r=−.117, p=.081. Los hijos masculinos tenían significativamente más síntomas de externalización en comparación con sus iguales femeninas r=−.236, p.01. Además, los procesos familiares positivos estaban relacionados, significativa y positivamente, con una crianza más efectiva de manera sustancial, r=.719, p.01, lo que justifica el 51.6% de la varianza explicada. También estaba correlacionada significativamente con menores síntomas de internalización y externalización, r=−.337 y −.251, p.01, justificando el 11.35% y el 6.3% de las varianzas explicadas respectivamente. Para la crianza efectiva, esta se correlacionó de forma significativa y negativa con los síntomas de internalización y externalización, r=−.237 y −.236, p.01, justificando el 5.61% y el 5.56% de la varianza explicada respectivamente. Las dos variables del resultado, los síntomas de internalización y externalización, estaban mutuamente relacionadas de forma positiva y significativa, r=.262, p.01.

Tabla 1.

Correlación y estadísticas descriptivas de las variables del estudio

   
1.  SES familiar  --             
2.  Edad del niño  −.147*             
3.  Sexo del niño  −.082  −.010           
4.  Procesos familiares  .237**  .036  .029.         
5.  Prácticas de crianza  .198**  −.050  .122+  .719**       
6.  Síntomas de internalización  −.084  −.117+  .082  −.336**  −.237**     
7.  Síntomas de externalización  −.006  .053  −.230**  −.251**  −.236**  .262**   
+

p<.1.

*

p.05.

**

p.01.

Adicionalmente, se usó la prueba t de hipótesis nula para coeficientes de correlación para atestiguar si los valores correlacionales entre los procesos familiares y las prácticas de crianza, con las dos variables de resultado –síntomas de internalización y externalización–, ocurren por casualidad. El resultado muestra que los coeficientes de correlación, entre los procesos familiares y los síntomas de internalización y externalización, difieren significativamente de cero, con t(221)=−5.123 y −3.794, p<.01; y los coeficientes de correlación de las prácticas de crianza con los dos resultados, son también significativamente diferentes de cero t(221)=−3.580 y −3.564, p<.01, lo cual confirma que las asociaciones significativas no se deben a un error de muestreo ni tampoco están reflejadas por correlaciones falsas.

Seguidamente, se llevó a cabo una serie de modelos de regresión lineal jerárquica para investigar los efectos de la crianza efectiva y los procesos familiares positivos en los síntomas de internalización y externalización por parte de los niños. La Tabla 2 muestra los resultados de los síntomas de internalización en los niños. El Modelo 1 incorporó esas variables sociodemográficas importantes, en que solo la edad del niño pronosticó significativamente los síntomas de internalización en dirección negativa. β=−.131, p.05. Esto significa que los problemas psicológicos de los niños participantes fueron más pronunciados durante la adolescencia media y descendieron en la adolescencia tardía y la adultez temprana. En el Modelo 2, se incluyó la crianza efectiva como factor pronosticador y resultó ser significativamente predictivo de menores síntomas de internalización por parte del niño β=−.248, p.01, añadiendo un 5.8% de la varianza explicada al modelo, ΔF(df1, df2)=13.830 (1, 218), p<.01. En el Modelo 3, se añadió el pronosticador de procesos familiares positivos y fue sustancial y significativamente predictivo de menores síntomas de internalización en los niños, β=−.222, p.01, contribuyendo a un adicional de 3.5% de la varianza explicada ΔF(df1, df2)=8.628 (1, 217), p<.05. Sin embargo, el efecto de las prácticas de crianza en el resultado del niño se relegó a una importancia marginal, β=−.133, p=.084. El Modelo 4 incluyó el término de interacción entre las prácticas de crianza y los procesos familiares para pronosticar los síntomas de internalización por parte del niño. Antes de crear el término de interacción, las puntuaciones de las prácticas de crianza fueron, primero, centradas a la media, mientras que la variable ficticia de los procesos familiares se mantuvo intacta para evitar el problema de la multicolinealidad (Aiken y West, 1991). El término de interacción fue significativo y positivamente predictivo de los síntomas de internalización por parte del niño β=.215, p.05, lo que significa que el efecto de la crianza efectiva fue más pronunciado y eficaz en el contexto familiar con procesos familiares bajos. Adicionalmente, los respectivos efectos de las prácticas de crianza y de los procesos familiares resultaron ser significativamente predictivos de los síntomas de internalización por parte de los niños, β=−.289 y −228, p.01.

Tabla 2.

Modelo de regresión jerárquica para los síntomas de internalización en adolescentes

  Modelo 1Modelo 2Modelo 3Modelo 4
  β  t  β  t  β  t  β  t 
Edad del niño  −.131*  −1.940  −.135*  −2.07  −.116+  −1.787  −.120+  −1.877 
Sexo del niño  .073  1.092  .107  1.646  .100  1.545  .102  1.596 
SES familiar  −.097  −1.434  −.046  −.68  −.027  −.401  −.027  −.410 
Prácticas de crianza      −.248**  −3.72  −.133+  −1.734  −.289**  −2.834 
Procesos familiares          −.222**  −2.937  −.228**  −3.044 
Crianzaxfamilia
Procesos 
            .215*  2.289 
R2  .029.087.122.143
F (df1, df2)  2.211 (3, 219)+5.213 (4, 218)**6.042 (5, 217)**6.006 (6, 216)**
+

p<.1.

*

p.05.

**

p.01.

La Figura 1 representa la relación moderadora ente las prácticas de crianza y los síntomas de internalización por parte de los niños en el contexto de procesos familiares positivos de nivel alto y bajo. Como podemos observar, los hijos pertenecientes a familias con crianzas poco efectivas y procesos familiares deficientes tienen mayor nivel de síntomas de internalización; mientras que sus contrapartes con crianzas poco efectivas, pero con procesos familiares muy positivos, mostraron un descenso considerable en problemas psicológicos, lo cual es reflejado por una pendiente pronunciada de regresión. En contraste, los niños con crianzas altamente efectivas generalmente mostraron menos síntomas psicológicos, lo cual se ve reflejado por una pendiente de regresión más horizontal en el modelo. Más notable es el hecho de que los efectos de crianzas poco efectivas y muy efectivas convergieron, y tuvieron menos diferencias en el contexto de los procesos familiares altamente positivos.

Figura 1.
(0.06MB).

Relación de regresión e interacción de los síntomas de internalización en niños en las prácticas de crianza por los procesos familiares.

Los niveles altos y bajos de prácticas de crianza y procesos familiares están divididos por sus puntuaciones medias; donde las puntuaciones en el nivel medio o por debajo connotan niveles bajos, mientras que, por encima de la media, se cuentan como niveles altos.

La Tabla 3 explica los resultados de la regresión de los síntomas de externalización por parte de los niños. En el Modelo 1, el género de los niños tenía un efecto significativamente negativo en el resultado, β=−.204, p.01, implicando que los adolescentes masculinos tenían más problemas de comportamiento (masculino=0, femenino=1). Posteriormente, se añadió el pronosticador de las prácticas de crianza al modelo de regresión (Modelo 2), lo cual demostró un efecto significativamente negativo en los problemas de comportamiento de los niños, β=−.192, p.01. Por su parte, el poder predictivo del género fue indeterminado pero, aun así, mantuvo su valor significativo. Este modelo contribuyó de forma importante a un adicional del 3.5% de la varianza explicada, ΔF(df1, df2)=8.176 (1, 218), p<.01. En el Modelo 3, se añadieron los procesos familiares como pronosticadores, lo que tuvo un efecto sustancial y significativamente negativo en los síntomas de externalización en los niños, β=−.235, p.01. Sin embargo, el efecto de la crianza se volvió insignificante después de la inclusión de procesos familiares positivos, β=−.07, p>.05. Este modelo incorporó un 3.9% adicional de la varianza explicada, ΔF(df1, df2)=9.569 (1, 217), p<.01. El Modelo 4 corresponde al modelo final de los síntomas de externalización en los niños y se incluyó un término de interacción de crianza por los procesos familiares. El término de interacción resultó ser significativamente predictivo de los problemas de comportamiento en los niños, β=.202, p.05. En este modelo, las prácticas de crianza emergieron nuevamente como un pronosticador significativo de los resultados del niño, β=−.217, p.05; mientras que los procesos familiares se mantuvieron como un pronosticador fuerte e importante de los síntomas de externalización en los niños, β=−.240, p.01. Este modelo final contribuyó a un total de 13.5% de la varianza explicada, F(df1, df2)=5.624 (6, 216), p<.01.

Tabla 3.

Modelo de regresión jerárquica para la externalización de síntomas en adolescentes

  Modelo 1Modelo 2Modelo 3Modelo 4
  β  t  β  t  β  t  β  t 
Edad del niño  .037  .558  .034  .513  .054  .840  .050  .777 
Sexo del niño  −.204**  −3.080  −.178**  −2.696  −.186**  −.871  −.184**  −2.860 
SES familiar  −.011  −.163  .029  .425  .049  .734  .048  .735 
Prácticas de crianza      −.192**  −2.859  −.070  −.909  −.217*  −2.118 
Procesos familiares          −.235**  −3.09  −.240**  −3.192 
Crianzaxfamilia
Procesos 
            .202*  2.145 
R2  .043.078.117.135
F (df1, df2)  3.293 (3,219)*4.595 (4, 218)**5.734 (5, 217)**5.624 (6, 216)**

+p<.1.

*

p.05.

**

p.01.

La Figura 2 ilustra el resultado de la interacción para los síntomas de externalización en los niños. Como fue observado, la pendiente de regresión de niños con crianzas deficientes resultó ser mucho más pronunciada, lo que implica que aquellos niños con crianzas poco efectivas y procesos familiares poco positivos tenían un mayor riesgo de externalizar síntomas y problemas. En contraste, sus contrapartes con crianzas deficientes pero procesos familiares altamente positivos demostraron un descenso sustancial en comportamientos problemáticos, incluso a niveles proporcionales con niños con crianzas altamente eficientes y procesos familiares muy positivos. Más notable aún es el efecto interactivo en los problemas de internalización, donde tanto las prácticas de crianza eficientes como las deficientes tuvieron efectos similares en la externalización de problemas cuando el contexto del hogar era característico de procesos familiares altamente positivos.

Figura 2.
(0.06MB).

Relación de regresión e interacción de los síntomas de externalización en niños en las prácticas de crianza por los procesos familiares.

Los niveles altos y bajos de prácticas de crianza y procesos familiares están divididos por sus puntuaciones medias; donde las puntuaciones en el nivel medio o por debajo connotan niveles bajos, mientras que, por encima de la media, se cuentan como niveles altos.

Discusión

A nuestro entender, este estudio es pionero en la investigación de los efectos de diferentes construcciones de socialización familiar en los problemas de internalización y externalización en niños de contextos chinos. Aparentemente, las prácticas de crianza y los procesos familiares –a pesar de ser diferentes– son dos factores de socialización familiar relacionados entre sí y a los que conviene prestar atención en términos de sus respectivos impactos combinados en los resultados del niño.

En este estudio se descubrió que las prácticas de crianza y los procesos familiares tenían efectos significativos en los síntomas de internalización y externalización en los niños, pero estos variaban en magnitud y orden. En el caso de la internalización de síntomas, la crianza efectiva tuvo un efecto significativo y explícito en el alivio de las dificultades mentales y psicológicas de los niños. Sin embargo, cuando se añadieron los procesos familiares positivos al modelo de regresión, el efecto protector de la crianza se vio sustancialmente mermado, al punto de ser marginalmente insignificante. Estos resultados confirmaron que los procesos familiares y la crianza influyeron, respectivamente, en los síntomas de internalización en los niños. Con relación al término de interacción de las prácticas de crianza y los procesos familiares, este resultó ser significativamente predictivo de síntomas de internalización en los niños, y los efectos protectores de los procesos familiares y la crianza se reforzaron para ser significativos después de la inclusión del término de interacción. Esto denota que el poder predictivo de estos dos factores de socialización familiar estuvo influenciado por la combinación del efecto de interacción (Chao, 2000; Fahrmeir et al., 2013).

En cuanto a la externalización de comportamientos problemáticos en los niños, el poder predictivo de las prácticas de crianza fue notablemente más débil que sus efectos en los síntomas de internalización en los niños, a pesar de que un efecto negativo permaneció de forma significativa. Adicionalmente, el efecto protector de la crianza sobre los problemas de externalización en los niños se volvió insignificante después de la inclusión de los procesos familiares (Modelo 3 en Tabla 3), donde lo último pareció ser un factor significativamente disuasorio de los problemas de comportamiento de los niños. La insignificancia del efecto de la crianza después de la inclusión de los procesos familiares evidencia la importancia de ambientes familiares generales para el desarrollo comportamental de los niños, especialmente durante la adolescencia media y tardía. Sin embargo, el efecto de la crianza en los problemas de internalización en los niños se retuvo significativamente después de incluir los procesos familiares como pronosticadores en el modelo (Modelo 3 en Tabla 2), lo cual merece nuestra deliberación. Con base en el modelo de transmisión familiar (Petterson y Albers, 2001), los problemas psicológicos y dificultades mentales de los padres podrían afectar adversamente el ajuste y desarrollo psicológico de sus hijos, por lo cual son importantes los procesos familiares y prácticas de crianza para la mejora de los problemas de internalización de los hijos (Prioste et al., 2015; Simons et al., 2007).

Además, los términos de interacción de las prácticas de crianza y los procesos familiares fueron significativos para pronosticar los síntomas de externalización en los niños, lo que indica que (al igual que para predecir los problemas de internalización) los efectos de las prácticas de crianza y los procesos familiares fueron regulados bajo la combinación de estos dos factores de socialización familiar. De hecho, ambas gráficas (Figuras 1 y 2) representan los efectos convergentes de los procesos familiares altamente positivos en las prácticas de crianza, donde los efectos de una crianza eficiente, ya sea de nivel alto o bajo, convergen a una magnitud similar, siempre y cuando los procesos familiares sean buenos. Sin embargo, los diferentes efectos de una crianza eficiente, sea de nivel bajo o alto, en los resultados del hijo son, al parecer, amplificados en el contexto familiar en que se observan procesos familiares poco positivos.

Aparentemente, los profesionales de la educación y el desarrollo humano, como profesores de escuela, trabajadores sociales, asesores educativos y terapeutas familiares, en general son menos conscientes del papel de los procesos familiares en cuanto a la influencia de la crianza adoptada por los padres al socializar a sus hijos. Por consiguiente, la mayoría de dichos profesionales darían prioridad a las intervenciones y programas enfocados en mejorar las competencias de crianza, pero pasarían por alto la importancia de las relaciones familiares en el hogar y el ambiente comunicativo. Se pronostica que, para el desarrollo de individuos que se encuentran en la adolescencia tardía y adultez temprana, la influencia de un ambiente comunicativo y relacional en la familia se vuelve más prominente que la de la crianza (Chao, 2001). La tesis de aprendizaje observacional nos da cierta percepción en la comprensión de este asunto de la socialización familiar (Buist, 2010). Según esta tesis, los niños se vuelven más independientes y propensos a aprender comportamientos y normas observadas dentro de su ambiente cercano de vida, en vez de aprender de instrucciones y normas directas indicadas por sus padres. En este caso, la crianza resulta ser menos efectiva en comparación con los procesos familiares (Yeung, 2016; Yeung y Chan, 2014). Como tal, deben desarrollarse las intervenciones de servicio familiar que toman en consideración ambas influencias –las prácticas de crianza y los procesos familiares– para satisfacer las necesidades de diferentes circunstancias familiares.

En consistencia con los descubrimientos de investigaciones previas, los niños masculinos tendían a tener más problemas de comportamiento que sus contrapartes femeninas y este efecto de género es significativo en todos los modelos de regresión (Modelos 1 a 4 en Tabla 3). Sin embargo, el género del niño no constituyó un pronosticador significativo de sus síntomas de internalización, a pesar de que algunos estudios del occidente reportaron que los individuos femeninos tendrían dificultades psicológicas más pronunciadas (Burt et al., 2006; Mack et al., 2015). En cuanto a la edad del niño, esta fue significativa e inversamente predictiva de los síntomas de internalización, pero no de los síntomas de externalización. Para ser específicos, los individuos de mayor edad están menos perturbados por problemas psicológicos, en comparación con sus contrapartes más jóvenes.

Para concluir, se destacan varias limitaciones y sugerencias para futuras investigaciones. Primero, el diseño transversal y el tamaño limitado de la muestra del presente estudio imposibilitó la validez causal y generalización de los descubrimientos. Es preferible un diseño longitudinal con una muestra más grande como representación de la población de estudio para generalizar los efectos causales temporales de la socialización familiar en el futuro de los hijos. Segundo, a pesar de que se determinó que las prácticas de crianza y los procesos familiares, así como sus términos de interacción, son significativamente predictivos de los problemas de internalización y externalización en los niños respectivamente, las varianzas explicadas en los modelos finales para los dos resultados del niño son relativamente limitadas (Modelo 4 en Tablas 2 y 3). Solo el 14.3% y el 13.5% de la varianza para los problemas de internalización y externalización fueron tomados en cuenta para las relaciones de las prácticas de crianza y los procesos familiares con relación a los resultados de los niños en los dos modelos finales de regresión, lo cual evidencia que aún había muchas varianzas sin explicar provocadas por otra socialización familiar y por factores relacionados a la familia. En el futuro, existirán otras facetas de la socialización familiar y posibles mediadores psicológicos pertinentes para padres e hijos, que se consideren resultados inmediatos de los efectos familiares –como la salud psicológica de los padres y la autoestima de los hijos– y que deberán ser incorporados para retratar una imagen más íntegra de las relaciones entre la socialización familiar y el desarrollo de los hijos (Veiga, García, Reeve, Wentzel, y García, 2015). Adicionalmente, es necesario tomar en consideración los posibles efectos de diferentes estilos de crianza en el resultado del hijo y la moderación de estos por los procesos familiares; como es el caso de las prácticas de crianza autoritarias y las permisivas (Chao, 1994; Gracia et al., 2012; Wang, 2014). Además, la comparación multicultural de los efectos de la socialización familiar en el desarrollo de los hijos sería una opción meritoria para futuros estudios, puesto que así podríamos comprender más la naturaleza dinámica y compleja de la socialización familiar en relación con los resultados del hijo en diferentes culturas (Dwairy y Achoui, 2006; Lim y Lim, 2003). Finalmente, los múltiples resultados sutiles del hijo, como sus acciones delictivas y uso de sustancias para problemas de externalización, y síntomas depresivos y de ansiedad para problemas de internalización, deberían ser investigados por separado para comprender si la socialización familiar podría tener efectos diferentes sobre distintos tipos de problemas de internalización y externalización.

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Parents’ religiosity, family socialization and the mental health of children in Hong Kong: Do raters make a difference?
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El área geográfica de Hong Kong se divide en tres regiones principales, a saber, la isla de Hong Kong, la península de Kowloon y los nuevos territorios. Debido a la participación de base completamente voluntaria y a la consideración de mejorar la representatividad de la muestra, intentamos todo lo posible para invitar a las iglesias locales (unidades de recopilación de datos) de distintas regiones geográficas a participar en el estudio. En consecuencia, hubo 16 unidades de recopilación de datos en la isla de Hong Kong, 13 unidades en Kowloon y 14 unidades en los nuevos territorios, es decir, un total de 43 unidades de recopilación de datos, que aceptaron ayudar en la selección de potenciales díadas de padres e hijos. Como resultado, se obtuvieron 87 y 65 díadas de padres e hijos en la isla de Hong Kong y en Kowloon, respectivamente, y las restantes 71 parejas procedían de nuevos territorios.

Autor para la correspondencia. (Jerf W.K. Yeung ssjerf@gmail.com)
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