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Psiquiatr Biol 2017;24:39-41 - DOI: 10.1016/j.psiq.2016.08.002
Caso clínico
Ácidos grasos omega-3 en el tratamiento de los trastornos del espectro autista
Omega-3 fatty acids in the treatment of autism spectrum disorders
Jesús Ballesteros López, , Ángel María Ramos Muñoz
Servicio de Psiquiatría, Hospital Universitario de Getafe, Getafe, Madrid, España
Recibido 13 julio 2016, Aceptado 09 agosto 2016
Resumen

Los trastornos del espectro autista incluyen un grupo heterogéneo de trastornos del neurodesarrollo que se caracterizan por deficiencias en la interacción social, comunicación y aprendizaje, así como patrones de conducta restrictivos y reiterativos. A pesar de su inicio en la infancia, estos pacientes presentan afectación clínica también en la edad adulta. Los tratamientos farmacológicos son empleados de forma muy habitual a pesar de presentar escasa evidencia de su efectividad en pacientes adultos con estos trastornos.

En el contexto de una profundización en la etiopatogenia del autismo y la búsqueda de alternativas terapéuticas que puedan demostrar eficacia, recientemente se han llevado a cabo estudios en relación con el posible déficit y uso clínico de ácidos grasos omega-3 en pacientes con trastornos del espectro autista.

A continuación se presenta el caso clínico de una paciente adulta con autismo a quien los tratamientos farmacológicos empleados durante años no habían resultado eficaces, apareciendo alteraciones analíticas como efectos adversos, planteándose entonces el tratamiento con ácidos grasos omega-3, con buen resultado posterior.

Abstract

Autism spectrum disorders include a heterogeneous group of neurodevelopmental disorders characterised by social communication and learning disabilities, as well as restrictive and repetitive behaviours. Although the early onset of autism spectrum disorders appears in childhood, they should be considered lifelong clinical conditions. Although here is insufficient evidence on the use of pharmacological treatments for autistic adults, they are commonly prescribed in this group of patients.

In the context of increasing the knowledge of the aetiopathogenesis of autism and the search for effective strategies, various studies have been carried out recently related with a deficiency of polyunsaturated fatty acids in autism spectrum disorders and the efficacy of omega-3 supplementation.

This article presents the case of an adult patient with autism who was treated with a variety of medications with poor results, as well as a biochemical disturbance as side effects, and was started on treatment with omega-3 fatty acids supplements, with marked improvements.

Palabras clave
Autismo, Tratamiento, Omega-3, Ácidos grasos poliinsaturados
Keywords
Autism, Treatment, Omega-3, Polyunsaturated fatty acids
Introducción

El síndrome autista fue descrito por primera vez por Kanner en 1943, habiéndose producido notables cambios en su conceptualización hasta la actualidad1, apareciendo en la última edición del DSM la categoría de trastornos del espectro autista (TEA)2. Estos trastornos incluyen un grupo heterogéneo de trastornos del neurodesarrollo que aparecen en las primeras fases de la infancia3 y que se caracterizan por deficiencias en la interacción social, comunicación y aprendizaje, así como patrones de conducta restrictivos y reiterativos4, con el consiguiente impacto en el humor y la autoestima de estos niños5.

La prevalencia de los TEA se ha incrementado considerablemente en las últimas décadas, lo que parece estar influido por cambios en los criterios diagnósticos. La prevalencia actual estimada es de aproximadamente un 1%, aunque se han reportado tasas de hasta un 2,6%6.

Aunque son patologías de inicio en la infancia y hay cierta variabilidad en su clínica, deben ser consideradas trastornos con afectación clínica a lo largo de la vida, por lo tanto deben centrar también el interés de los psiquiatras de adultos. Es preciso recordar que los TEA con frecuencia comparten características que se solapan con otras patologías como esquizofrenia, TOC, trastornos afectivos o trastornos de personalidad, lo que puede ocasionar errores diagnósticos3.

A continuación se presenta el caso de una paciente con TEA y antecedentes de seguimiento de larga evolución hasta que comenzó a ser tratada en nuestro servicio en la edad adulta. Estos pacientes entrañan complejidad por la gran variedad de síntomas que sufren en diferentes áreas y para los que contamos con limitadas herramientas farmacológicas, que actúan de forma inespecífica.

Caso clínico

Paciente mujer de 42 años de edad que comienza a ser atendida en nuestro servicio de salud mental en junio de 2006, donde acude con un diagnóstico ya establecido desde 30 años antes de autismo infantil precoz.

Había sido atendida hasta los 24 años por el equipo de psiquiatría infanto-juvenil de otro área sanitaria, y desde esta edad hasta los 33 años mantuvo seguimiento únicamente en el servicio de neurología de nuestro hospital de referencia, quienes la derivan por «alteraciones conductuales secundarias a sensación de pánico».

Nacida por parto eutócico tras embarazo con escasa ganancia ponderal materna y bajo peso al nacer. No aportan informes con Apgar objetivado, pero la madre refiere que «no oyó el llanto inmediatamente». La paciente presentó mal automatismo de succión en período neonatal, con dificultad para la lactancia, tanto materna como artificial. Se mostró extraordinariamente nerviosa desde el nacimiento, con llanto continuo los 3 o 4 primeros meses de vida y mal ritmo nictameral. Desde los 8-10 meses notaron rasgos de desconexión ambiental, con estereotipias manuales, bloqueos del campo visual y actitud de pseudosordera, situación que persiste hasta la actualidad. Nunca ha comido ni se ha vestido sola, y empezó a controlar esfínteres siendo mayor. Fue diagnosticada de anemia y raquitismo cuando contaba un año de edad. Estuvo escolarizada durante unos años en un centro para personas con discapacidad intelectual, donde destacan su lenta evolución, con una capacidad de atención prácticamente nula. No se relacionaba con sus compañeros y se mantenía siempre aislada, limitando su relación con los profesores a cogerlos de la mano y llevarlos al lugar en el que hubiera algún objeto que le interesase. Referente al lenguaje, emite sonidos y en ocasiones palabras de hasta 2 sílabas (mamá, papá…).

A los 12 años sufrió una crisis de pérdida de conciencia con palidez, frialdad, cianosis perioral, sin movimientos tónico-clónicos, objetivándose en el EEG signos irritativos de predominio occipital, potencialmente paroxísticos, por los que le fue pautado tratamiento con carbamazepina por el servicio de neurología.

En el momento de evaluación en nuestro servicio, ya le había sido retirado este tratamiento, sin reaparición de las crisis. Su pauta de tratamiento consistía en mirtazapina 60mg/día y olanzapina 10mg/día, que le habían sido prescritos en la etapa anterior de seguimiento y había continuado tomando sin revisiones posteriores desde los 24 años.

A la exploración en consulta presenta rocking permanente y sus padres refieren como síntoma principal los miedos intensos de la paciente, incluso a ponerse de pie, tirándose al suelo de forma habitual. No camina si no es agarrada al brazo de sus padres.

Se aumenta olanzapina a dosis de 15mg/día y se reintroduce carbamazepina hasta 1.200mg/día. La paciente se muestra cada vez más temerosa y dependiente, transmitiendo sensación de intensa angustia.

Durante las siguientes citas de revisión se realizan diferentes cambios de tratamiento antidepresivo (mirtazapina, fluvoxamina, escitalopram) y neurolépticos a dosis bajas (olanzapina 5mg/día, risperidona 3mg/día, quetiapina 50mg/día), sin mejoría clínica relevante y con aparición de alteraciones analíticas en forma de elevación persistente de enzimas hepáticas, por lo que dichos fármacos se suspenden progresivamente, hasta dejar tan solo 5mg/día de escitalopram, dosis que no altera los parámetros bioquímicos pero que tampoco logra mejoría sintomatológica.

En mayo de 2013 se inicia el tratamiento con ácidos grasos omega-3 a dosis de 700mg/día. La paciente se va mostrando poco a poco más tranquila, más sociable y realiza algunas actividades nuevas, mostrando iniciativa y determinación en alguna de sus acciones (búsqueda de juguetes concretos, curiosidad ante el sonido del timbre). En los meses posteriores se afianza la mejoría clínica de la paciente, aumentando aún más sus actividades (baño en la piscina), mostrándose menos temerosa y caminando sola en diversas circunstancias. Tolera el contacto físico con más gente aparte de sus padres y se muestra más cariñosa y de mejor ánimo, aumentando los juegos y llegando a reírse a carcajadas. Muestra mayor capacidad de atención, tratando incluso de imitar a personas. Su lenguaje sigue siendo muy escaso, aunque sus padres refieren que este es algo más claro que el previo. Las alteraciones analíticas mejoraron significativamente, alcanzando los siguientes valores comparados a los previos: GOT 42U/l (72U/l), GGT 281U/l (602U/l), fosfatasa alcalina 206U/l (498U/l), normalizándose GPT 61U/l (124U/l) y LDH 208U/l (410U/l).

A comienzos de 2015, esta mejoría clínica se estabiliza sin acumular más avances aunque tampoco aparecen retrocesos. Decidimos aumentar la dosis omega-3 al doble de la previa. En la cita de revisión de septiembre, la paciente se muestra más inquieta que en los meses previos, habiéndose aumentado las alteraciones conductuales consistentes en tirarse al suelo principalmente. Se mantienen, no obstante, los avances alcanzados en otras áreas. Se decide reducir la pauta a la dosis previa de 700mg/día, volviéndose a alcanzar los niveles de mejoría anteriores, que incluso han aumentado discretamente hasta la actualidad.

Discusión

Nos encontramos ante una paciente que presenta un TEA con acusada sintomatología e importante repercusión en cuanto a funcionalidad y grado de dependencia a lo largo de su vida hasta llegar a la edad adulta.

Tal y como se describe en el caso clínico, había sido tratada con multitud de psicofármacos con escaso beneficio, a pesar de lo cual algunos de ellos se mantuvieron durante largos períodos. Este hecho es bastante frecuente, siendo los adultos con este tipo de patologías una población creciente respecto al uso de psicofármacos7. No obstante, existen muy pocas evidencias sobre su efectividad y posibles efectos adversos en este colectivo, proviniendo los datos más concluyentes del tratamiento con fármacos antipsicóticos, con los que se han comunicado mejorías fundamentalmente en trastornos del comportamiento. Los ISRS son otro grupo de medicamentos empleados con bastante frecuencia, aunque sus resultados en pacientes adolescentes y adultos con TEA son de escasa consistencia8. Estos pacientes presentan con frecuencia crisis convulsivas, aunque la efectividad de los tratamientos antiepilépticos tampoco ha sido estudiada con profundidad en estas poblaciones9.

Además de la escasa eficacia que los diferentes tratamientos habían demostrado en el caso de nuestra paciente, habían aparecido efectos adversos en forma de alteraciones hepáticas objetivadas en las analíticas sanguíneas, lo que obligaba a replantear alternativas terapéuticas que pudieran resultar beneficiosas.

Es bien sabido que el autismo tiene un importante componente genético y ambiental en el cual se encuentran alterados marcadores inflamatorios y factores implicados en la formación de sinapsis, entre los que se encuentran los ácidos grasos poliinsaturados10. Estos ácidos grasos omega son nutrientes esenciales para el neurodesarrollo y actúan como antioxidantes protegiendo las membranas de las células neuronales del daño oxidativo, ejerciendo también una función como mediador antiinflamatorio en el cerebro11. No obstante, no se ha determinado si los niveles de estos ácidos grasos están o no alterados en pacientes con autismo. Algunos estudios han demostrado alteración en el perfil de los ácidos grasos poliinsaturados y una producción aumentada de metabolitos derivados en pacientes autistas, lo que apoyaría la hipótesis de la implicación de un metabolismo lipídico anormal en estos pacientes12,13.

En relación con la posible aplicación de estos conocimientos, algunos estudios han valorado la utilidad de suplementos con ácidos grasos omega-3, obteniendo resultados favorables en hiperactividad y conductas estereotipadas sin que se produjeran efectos adversos clínicamente relevantes14. No obstante, una revisión sobre el tema concluyó que no existen por ahora evidencias concluyentes que demuestren la efectividad de los suplementos de ácidos grasos omega-3 para la mejoría de los síntomas nucleares y asociados del TEA15.

En nuestro caso la instauración de tratamiento con ácidos grasos omega-3 supuso una clara mejoría en el estado general de la paciente, afectando fundamentalmente áreas como la afectividad, la psicomotricidad, el lenguaje y la reducción de los niveles de angustia, así como la normalización de los parámetros bioquímicos que se habían visto alterados con tratamientos previos. Como se ha señalado, posteriormente apareció un empeoramiento con el aumento de dosis, que remitió con la vuelta a las dosis iniciales. No hemos encontrado referencias previas a este fenómeno ni a una base teórica que lo justifique.

En conclusión, este caso clínico aporta resultados en consonancia con los estudios que apoyan el uso de los ácidos grasos omega-3 como opción terapéutica para el tratamiento de los TEA. No obstante, sería preciso realizar más estudios para establecer con más claridad el mecanismo de acción y otros factores relacionados con su aplicación clínica, como posibles síntomas diana o dosis terapéuticas, entre otros.

Conflicto de intereses

Jesús Ballesteros López no declara conflicto de intereses.

Ángel María Ramos en los 3 últimos años ha participado como ponente en actividades docentes financiadas por Lundbeck, Pfizer y Adamed.

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Autor para correspondencia.
Copyright © 2016. Elsevier España, S.L.U. and Sociedad Española de Psiquiatría y Sociedad Española de Psiquiatría Biológica