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Psiquiatr Biol 2017;24:10-7 - DOI: 10.1016/j.psiq.2016.12.001
Revisión
Ácidos grasos omega-3 y depresión: una revisión sistemática
Omega-3 fatty acids and depression: A systematic review
Javier Caballer Garcíaa,, , Esther Torío Ojeaa, Luís Jimenez Treviñob, Secundino Sánchez Fernándezc
a CSM I, La Ería, Área IV SESPA, Hospital Universitario Central de Asturias, Oviedo, España
b Área de Psiquiatría, Universidad de Oviedo, CIBERSAM, Oviedo, España
c CSM Langreo, Área VIII SESPA, Langreo, España
Recibido 30 noviembre 2016, Aceptado 07 diciembre 2016
Resumen
Introducción y objetivos

Los ácidos omega-3 son grasas poliinsaturadas que deben ser aportadas a través de la dieta, encontrándose de forma preformada fundamentalmente en las variedades del pescado azul. Los ácidos omega-3 se hallan en las membranas lipídicas neuronales en gran proporción, aportando estabilidad a las mismas y optimizando la comunicación sináptica. Una dieta pobre en ácidos omega-3, siendo esta una tendencia en los hábitos alimentarios occidentales en los últimos tiempos, podría figurar como un factor de riesgo para la aparición de depresión. Este artículo de revisión trata de valorar la influencia de los ácidos omega-3 en la prevención o el tratamiento de la depresión.

Material y métodos

Es presentada una selección de datos de carácter neurobiológico, epidemiológico y clínico, a través de la revisión de las publicaciones más importantes en este sentido, prestando especial atención a los resultados obtenidos en los diferentes metaanálisis de tipo clínico realizados.

Conclusiones

Los ácidos omega-3 pueden figurar hoy en día como un agente coadyuvante más para el tratamiento de la depresión, siendo avalada esta recomendación por varios metaanálisis que implican un alto nivel de evidencia, lo que ha motivado que su uso sea contemplado por guías clínicas o recomendaciones de expertos. Algunos metaanálisis encuentran una superioridad del ácido eicosapentaenoico (EPA) frente al ácido docosahexaenoico (DHA) y recomiendan una mayor proporción del primero en los suplementos si se eligen los omega-3 como agentes coadyuvantes en el tratamiento antidepresivo.

Abstract
Introduction and objectives

Omega-3 acids are polyunsaturated fatty acids that have to be provided in the diet, mostly being present in oily fish. Omega-3 fatty acids are mostly found in neuronal lipid membranes, providing them with stability, as well as optimising synaptic communication. A diet low in omega-3 acids, which is a recent trend in Western eating habits, could be a risk factor for the development of depression. This review attempts to assess the influence of omega-3 fatty in the prevention and treatment of depression.

Material and methods

Neurobiological, epidemiological and clinical data of the most important publications on this subject are presented, paying particular attention to the results obtained in the different clinical meta-analyses conducted.

Conclusions

Omega-3 fatty acids may currently appear as an adjuvant agent for the treatment of depression, with this recommendation being endorsed by several meta-analyses that involve a high level of evidence, which has led to their use being contemplated in clinical guidelines or recommendations by experts. Some meta-analyses found superiority of eicosapentaenoic acid (EPA) over docosahexaenoic acid (DHA), and recommend a higher proportion of the former if omega-3 fatty acids are chosen as adjuvants agents in antidepressant treatment.

Palabras clave
Ácidos omega-3, Depresión, Grasas poliinsaturadas, Trastornos mentales, Psiquiatría
Keywords
Omega-3 acids, Depression, Polyunsaturated fats, Mental disorders, Psychiatry

La depresión es una enfermedad que hoy en día genera un importante problema sanitario, en términos de morbimortalidad asociada, discapacidad, y coste económico1. La remisión sintomática tras un primer intento terapéutico con un antidepresivo convencional se consigue en un 28-33% de los pacientes. Los sucesivos intentos con otros antidepresivos, psicoterapia, asociaciones de antidepresivos o coadyuvantes (como el litio o la triyodotironina) consiguen tasas de remisión menores cada vez, aumentando también la intolerancia al tratamiento y las tasas de recaídas2. En los últimos años, el estudio de nuevos agentes que funcionen como coadyuvantes al tratamiento antidepresivo estándar ha sido importante, siendo uno de estos agentes los ácidos grasos omega-33.

Los ácidos omega-3 son grasas de cadena larga poliinsaturada, de ahora en adelante Ω3-PUFA (acrónimo del inglés poly-unsaturated fatty acids, y habitualmente utilizado en la bibliografía para referirse a los mismos), cuya fuente se origina en el entorno marino o el reino vegetal. Estas grasas no son sintetizadas por el cuerpo humano, por lo que deben ser incorporadas a través la dieta. Determinados aceites de vegetales como la nuez, la semilla de soja, el lino o la canola contienen diferentes cantidades ácido alfa linoleico (ALA), que en un pequeño porcentaje (5-15%) es transformado por el hígado en cadenas más largas que conforman los Ω3-PUFA: ácido eicosapentanoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA). De esta manera, la vía principal de aporte de Ω3-PUFA es a través de una dieta que los posea de forma preformada, hallándose predominantemente en lo que denominamos las variedades de pescado azul4.

Diferencias entre ácido eicosapentaenoico y ácido docosahexaenoico

McNamara recomienda una dosis diaria de 700-1.000mg en una ratio de 2:1 de EPA:DHA para el tratamiento de los trastornos afectivos establecidos o en pacientes asintomáticos con riesgo elevado de sufrirlos5. ¿Por qué estas proporciones y no otras? Aunque EPA y DHA son ambos Ω3-PUFA, podrían producir respuestas fisiológicas o biomédicas diferentes tanto cuantitativa como cualitativamente, e incluso competir entre ambos, por lo que una inadecuada relación en su aporte podría no conseguir el efecto deseado.

El EPA podría incrementar de forma directa o indirecta los niveles de DHA intracerebrales: el EPA es precursor del DHA, y habiéndose señalado como un posible factor etiológico de la depresión un descenso en dicha conversión6, el incremento del primero en el organismo podría propiciar un aumento de los niveles del segundo, tanto en la sangre como en el cerebro7. Sin embargo, esto no se ha comprobado en animales de laboratorio8,9.

El EPA podría ejercer acciones beneficiosas por sí mismo y de forma directa en el cerebro: si bien la cuantificación de los niveles de EPA intracerebral es mucho menor que los de DHA10, esta observación puede deberse a su rápida oxidación después de pasar la barrera hematoencefálica11, ejerciendo diversas acciones que tienen que ver con la neuroprotección, por ejemplo, inhibiendo procesos o producción de sustancias que generan disfunción hipocámpica, tales como la secreción de interleucina 1β, la liberación de citocromo C, la apoptosis neuronal12, o aumentando los niveles cerebrales de N-acetil-aspartato, un marcador de integridad neuronal13.

El EPA podría ejercer efectos indirectos beneficiosos en el cerebro: estas acciones se deberían a su efecto antiinflamatorio, aumentando el EPA la producción de prostaglandinas antiinflamatorias14,15, pudiendo ser más efectiva que el DHA en la reducción de productos proinflamatorios como el factor de necrosis tumoral α, la interleucina 6 o la interleucina 1β16.

El poder antiinflamatorio del EPA podría ser superior al del DHA, como por ejemplo en su mayor poder para alterar la señalización del ácido araquidónico17 o mayor producción del factor de inhibición de la síntesis de interleucinas o interleucina 1018.

Ácidos grasos omega-3 y sistema nervioso central

Pese a la recomendación de que la relación entre la ingesta de Ω6-PUFA (ácido grasos de cadena larga poliinsaturada omega-6, que se hallan en la mayoría de los aceites vegetales, nueces, cereales, huevos y aves de corral, soja…) y Ω3-PUFA sea de 2:119, como venía sucediendo hasta principios del sigloXX19, las dietas ricas en los primeros, debido al alto consumo de aceites de origen vegetal por parte de la sociedad occidental, hace que esta relación haya llegado a ser de 20:120. Ya que uno de cada 3 ácidos grasos en el sistema nervioso central son PUFA, podría llegarse a pensar que un inadecuado balance entre estos conlleve alteraciones de tipo neuropsiquiátrico a nivel central21,22.

Los Ω3-PUFA parecen ejercer una acción muy importante en las membranas neuronales, especialmente en las regiones sinápticas de las mismas, donde se acumulan en mayor proporción (llegando a representar el 15% de la composición total de ácidos grasos en el cerebro). Estas grasas son un componente esencial de la membrana fosfolipídica, por lo que su importancia es vital para la estructura dinámica y la actividad funcional de las membranas neuronales23-25. Las proteínas están embebidas en la estructura de la doble capa lipídica, y la conformación cuaternaria de estas es sensible a los componentes lipídicos. Estas proteínas tienen funciones importantes a nivel celular como las receptoriales o de mensajería. Los Ω3-PUFA pueden alterar la fluidez de la membrana lipídica desplazando al colesterol de la misma, siendo por tanto su influencia capital para un funcionamiento óptimo de las membranas (incluyendo la regulación enzimática de las mismas)26. Actuarían aumentando la transmisión serotoninérgica27 y también como fuentes de comunicación para segundos mensajeros28. Además se han propuesto funciones en el metabolismo cerebral de la glucosa, síntesis de eicosanoides, o expresión génica29,30. Los Ω3-PUFA actuarían como factores de protección cerebrovascular habiéndose correlacionado su consumo con una significativa menor incidencia de lesiones en sustancia blanca profunda31 y una disminución del riesgo de accidentes cerebrovasculares, particularmente los de tipo isquémico32. Serían agentes neuroprotectores por su acción antiinflamatoria, reduciendo la producción de ácido araquidónico y sus metabolitos, del factor de necrosis tumoral, o de ciertos tipos de interleucinas33,34. En concreto, el DHA participaría en mecanismos de neuroprotección, como factor antioxidante35, antiapoptótico a través de la neuroprotectina NPD1 (metabolito del DHA por acción de la lipooxigenasa), o favoreciendo la producción de factores neurotrópicos como el factor neurotrófico de origen cerebral (BDNF)36, habiéndose encontrado neurogénesis positiva en el hipocampo de animales de experimentación con una mutación que sobreexpresaba DHA37.

Niveles sanguíneos de ácidos grasos omega-3 y depresión

La forma más frecuente de medir los PUFA en el cuerpo humano es mediante el análisis de los niveles de fosfolípidos en plasma y células, correlacionándose estos niveles con su ingesta durante las semanas previas. La correlación entre los niveles de PUFA en la sangre no es idéntica ni significativa con respecto al contenido fosfolipídico del cerebro. Sin embargo, diversos trabajos han hallado niveles disminuidos de Ω3-PUFA en la sangre de pacientes deprimidos38-41. Además, los niveles de EPA en los glóbulos rojos sanguíneos se han hallado correlacionados de forma negativa con la gravedad del episodio depresivo, y los niveles de Ω6-PUFA plasmáticos de forma positiva con la clínica depresiva42. Lin et al.43 llevaron a cabo una revisión metaanalítica sobre 14 ensayos clínicos (N=648) en la que se objetivó un descenso estadísticamente significativo de EPA, DHA y del nivel total de Ω3-PUFA en los pacientes deprimidos con respecto a los controles sanos. Además, una mayor ratio EPA:AA (ácido araquidónico) sanguíneo se ha correlacionado con la respuesta frente al tratamiento antidepresivo, siendo menor en los no respondedores44.

Papel de los ácidos grasos omega-3 en la inflamación y en la depresión

Se han descrito cambios en la expresión de más de 1.000 genes en relación con la toma de Ω3-PUFA, identificándose una disminución en la expresión de aquellos implicados en las vías de la inflamación y de la aterogénesis, la síntesis de eicosanoides y citoquinas, o la adipogénesis45. Puede que exista relación entre la secreción de estos productos autoinmunes proinflamatorios y la depresión, debido a los efectos directos e indirectos que ejercen citoquinas como la interleucina 1β, el interferón-γ 1 y 2, y el factor de necrosis tumoral sobre el sistema nervioso central. La elevación de estas citoquinas, por ejemplo, se ha relacionado con la gravedad de la depresión46.

Los Ω3-PUFA poseen una acción inhibitoria sobre estas citoquinas proinflamatorias como la interleucina β o el factor de necrosis tumoral α47. Además, esta acción antiinflamatoria de los Ω3-PUFA parece mediar en una mayor liberación del factor neurotrófico cerebral48. Los niveles del factor neurotrófico cerebral han sido correlacionados de forma negativa con la gravedad de los síntomas depresivos49. También parece que el ejercicio físico puede elevar la producción del factor neurotrófico, mientras que el estrés y las dietas ricas en grasas saturadas y sacarosa la disminuyen48. Kiecolt-Glaser et al.50 encontraron relación entre los síntomas depresivos y la proporción de Ω6-PUFA y Ω3-PUFA sanguíneos. A mayor proporción Ω 6:3 se hallaron niveles progresivamente elevados de factor de necrosis tumoral e interleucina 6. Asimismo, los pacientes que cumplían criterios para episodio depresivo mayor registraron una elevada relación Ω 6:3 y mayores niveles de factor de necrosis tumoral e interleucina 6, concluyendo los autores que dietas ricas en Ω6-PUFA y pobres en Ω3-PUFA podrían elevar el riesgo de padecer enfermedades inflamatorias, así como depresión. Otro estudio reciente encuentra que la cantidad de Ω3-PUFA en eritrocitos se correlaciona negativamente con los niveles sanguíneos de sustancias proinflamatorias tales como el factor de necrosis tumoral α, la sintasa-óxido-nítrica inducida, el superóxido-dismutasa, el interferón-γ, la nitrotirosina. En los pacientes deprimidos se hallarían cantidades significativamente elevadas de estas sustancias proinflamatorias en detrimento de los Ω3-PUFA, cuyos niveles estarían descendidos frente a población no deprimida, y ocupando su lugar una mayor cantidad de Ω6-PUFA51.

Hallazgos epidemiológicos

Hoy en día ya es un clásico el artículo de Hibbeln52, que habla a favor de que existe una relación entre las dietas ricas en pescado y la baja prevalencia de depresión, encontrándose una correlación negativa significativa entre el consumo de pescado y las tasas de depresión, en un estudio epidemiológico realizado a nivel mundial. En esta misma línea, en Finlandia se ha visto que el consumo frecuente de pescado se asocia a un riesgo menor de desarrollo de depresión e ideación suicida en población general53. En Reino Unido se objetivó una menor tasa de humor depresivo autoevaluado en las personas con mayor consumo de pescado, aunque este efecto desaparecía cuando se ajustaba con respecto a la edad o al factor de aislamiento social54. En Nueva Zelanda se ha hallado que este hábito dietético se relaciona con una mejor autovaloración del estado de salud mental55. En Estados Unidos y en Finlandia se ha objetivado un papel protector de una dieta rica en Ω3-PUFA frente a la clínica depresiva en las mujeres pero no en los hombres56,57. Sin embargo, en Francia e Irlanda se objetivó una relación inversamente proporcional entre un alto consumo de pescado y el humor deprimido en una muestra de 10.602 varones58.

De nuevo en Estados Unidos se evaluó la asociación entre el consumo de pescado y síntomas depresivos en una muestra representativa nacional de 10.480 adultos utilizando el Cuestionario de Salud del Paciente. Cualquier consumo de EPA+DHA fue asociado significativamente con menos síntomas depresivos para individuos con depresión, especialmente cuando se empleaba como una terapia coadyuvante. El consumo de pescado empanado aumentó el riesgo de síntomas mayores depresivos. Esto se puede explicar porque el consumo de pescado empanado suele relacionarse con consumo de mayor cantidad de grasa, comidas fritas y dieta menos sana59.

En el 2012, un estudio de cohortes evaluó la asociación entre el consumo de pescado y la depresión en más de 15.000 adultos mayores de 65 años en 7 países de bajos y medios ingresos: Cuba, República Dominicana, Venezuela, Perú, México, China e India. Utilizaron los criterios CIE-10 para la depresión y la escala EURO-D para los síntomas depresivos. Se encontró una asociación inversa lineal entre el consumo de pescado y las puntuaciones en el EURO-D. El consumo de pescado se asoció de manera consistente con la educación superior y mejores condiciones socioeconómicas. Cuando se incluyó el estatus sociodemográfico y de salud de los participantes y las características del estilo de vida (potenciales factores de confusión), la asociación del consumo de pescado con la depresión se atenuó significativamente60.

En el 2015, en Estados Unidos, se analizaron los cambios longitudinales de los síntomas depresivos en relación con la ingesta de ácidos grasos. Fueron evaluados en una cohorte prospectiva de 2.053 adultos de entre 30 y 64 años de edad al inicio del estudio y fueron seguidos durante una media de 4,65 años (2004-2013). Entre las mujeres, una mayor proporción de Ω3-PUFA sobre Ω6-PUFA se asoció con un menor ritmo de aumento para las puntuaciones en la escala de depresión y mejoría del ánimo a lo largo del tiempo. En hombres, una mayor proporción de Ω3-PUFA sobre Ω6-PUFA se asoció con menor progresión en las quejas somáticas61.

El primer metaanálisis que evalúa el consumo de pescado y el riesgo de depresión ha sido publicado en 2016. Li et al.62 analizaron 26 estudios, incluyendo un total de 150.278 participantes; 10 estudios fueron de cohortes y 16 fueron estudios transversales. En relación con el área geográfica, 10 estudios fueron llevados a cabo en Europa, 7 en Norteamérica, 4 en Asia, 3 en Oceanía y 2 en Suramérica. Hallaron una significativa relación inversa entre el consumo de pescado y la depresión, siendo el riesgo relativo (RR) para la presencia de depresión del mayor frente al menor consumo de pescado de RR=0,83 (IC 95%: 0,74 a 0,93). La asociación permaneció significativa cuando se estudiaron por separado hombres y mujeres, estudios de cohortes y transversales, así como en cada continente por separado.

Hallazgos clínicos

La investigación cada vez más frecuente en este campo ha hecho que se disponga ya de múltiples ensayos clínicos y varios metaanálisis sobre el papel de los Ω3-PUFA en la depresión. Se revisan y resumen los metaanálisis publicados al respecto (tabla 1).

Tabla 1.

Resumen de metaanálisis sobre el uso de ácidos grasos omega-3

Autor  Año  Número de ensayos  Diagnóstico  Análisis  Resultados  Tamaño del efecto 
Freeman et al.63  2006  572  Trastornos afectivos  Metaanálisis  Mejoría síntomas depresivos  Correlación
0,24 (0,03 a 0,43) 
Appleton et al.64  2006  12  1449  Múltiples diagnósticos  Metaanálisis  Mejoría síntomas depresivos  0,3 DE (0,01 a 0,25) 
          Metarregresión  >Efecto en depresión mayor  0,73 DE (0,05 a 1,41) 
Lin y Su66  2007  10  329  Trastornos afectivos  Metaanálisis  Mejoría síntomas depresivos  0,61 DE (0,21 a 1,01) 
Ross et al.67  2007  10  664  Múltiples diagnósticos  Metaanálisis  Mejoría síntomas depresivos  0,91 DE (0,41 a 1,42) 
          Metarregresión  >Efecto EPA vs. DHA  1,18 DE vs. 0,06 DE 
Rogers et al.65  2008  13  1657  Múltiples diagnósticos  Metaanálisis  Sin beneficio  0,09 DE (–0,20 a 0,20) 
Martins68  2009  28  1275  Múltiples diagnósticos  Metaanálisis  Sin beneficio global  –0,06 DE (–0,25 a 0,12) 
          Metaanálisis  Ineficaz en depresión leve
Eficaz en depresión moderada-grave 
–0,074 DE (–0,31 a 0,16)

–0,605 DE (–0,87 a –0,33) 
          ANOVA  Uso terapéutico (con beneficio)
vs.
Uso preventivo (sin beneficio) 
–0,36 DE (–0,57 a –0,14)

–0,06 DE (–0,28 a 0,16) 
          ANOVA  Tto. coadyuvante (con beneficio)
vs.
Tto. monoterapia (sin beneficio) 
0,47 DE (–0,78 a –0,16)

–0,13 DE (–0,31 a 0,05) 
          Metarregresión  Disminuye eficacia:
>Ratio DHA:EPA > DHA 
–0,495 DE (0,75 a –0,23)
–0,31 DE (–0,55 a –0,07) 
Appleton et al.69  2010  29  2829  Múltiples diagnósticos  Metaanálisis  Beneficio en humor deprimido  0,10 DE (0,02 a 0,17) 
          Metarregresión  >Eficacia en depresión grave  –0,09 DE (0,01 a –0,17) 
          Metarregresión  Diagnóstico de trastorno depresivo  –0,45 DE (0,75 a 0,15) 
Sublette et al.70  2011  15  916  Depresión unipolar, bipolar, distimia  Metarregresión  Beneficio en complementos con >60% EPA  0,53 DE (0,27 a 0,73) 
Bloch y Hannestad71  2012  17  1497  Depresión mayor  Metaanálisis  Sin beneficio  0,01 DE (0,13 a 0,15) 
Martins et al.72  2012  15  1169  Depresión mayor  Metaanálisis  Mejoría síntomas depresivos  0,17 DE (0,18 a 0,32) 
          Metarregresión  >Beneficio si complemento con >60% EPA  0,89 DE (0,54 a 1,24) 
Lin et al.73  2012  11  476  Depresión mayor  Metaanálisis  Mejoría  0,51 DE (0,13 a 0,88) 
Grosso et al.74  2013  19  1234  Depresión mayor (11 ensayos)
Clínica depresiva (8 ensayos) 
Metaanálisis  Mejoría en depresión mayor  0,56 DE (0,20 a 0,92) 
          Metaanálisis  Mejoría en clínica depresiva  0,22 DE (0,01 a 0,43) 
          Metaanálisis  EPA puro  0,43 DE (0,18 a 0,68) 
          Metaanálisis  Principalmente EPA  0,50 DE (0,27 a 0,72) 
          Metarregresión  >Dosis EPA  0,746 DE (0,10 a 1,39) 
Yang et al.75  2015  367  Depresión mayor  Metaanálisis  Mejoría síntomas depresivos  0,65 DE (0,18 a 1,12) 
          Metaanálisis  Mejoría en monoterapia  0,65 DE (0,41 a 0,90) 

Freeman et al.63, en 2006, llevaron a cabo un metaanálisis sobre 8 ensayos clínicos controlados aleatorizados (N=572) en los que se evaluaba el tratamiento con Ω3-PUFA frente a placebo (en monoterapia o tratamiento coadyuvante) en pacientes con diagnóstico de trastorno afectivo (depresión mayor, trastorno bipolar, ciclación rápida), objetivándose una mejoría clínica estadísticamente significativa a favor del tratamiento con Ω3-PUFA, siendo el tamaño del efecto expresado por una correlación de 0,248 (IC 95%: 0,037 a 0,437). Los autores destacan la heterogeneidad de los ensayos clínicos en el diseño y en la ejecución. También valoran el efecto sobre la esquizofrenia y los trastornos por control de impulsos mediante otras revisiones. Concluyen estableciendo, como grupo Omega-3 Fatty Acids Recommendations, una serie de recomendaciones clínicas en cuanto al tratamiento o suplementación con Ω3-PUFA:

  • 1)

    Todos los adultos deberían comer pescado más de 2 veces por semana.

  • 2)

    Los pacientes con trastornos de humor, trastornos por control de impulsos, o trastornos psicóticos deberían consumir 1g EPA+DHA al día.

  • 3)

    Un suplemento puede ser útil en pacientes con trastorno del humor (1-9g por día). El uso de más de 3g diarios debe ser monitorizado.

El metaanálisis de Appleton et al.64, en 2006, incluyó 12 ensayos clínicos controlados aleatorizados (N=1.449) en los que se valoraba el uso de Ω3-PUFA para tratar los síntomas depresivos en una gran variedad de diagnósticos clínicos (depresión mayor —incluyendo la infantil—, depresión posparto, trastorno bipolar, esquizofrenia, TOC, síndrome de fatiga crónica, trastorno límite de la personalidad) e incluso un estudio de voluntarios sanos, obteniendo un resultado positivo para la utilización de Ω3-PUFA, siendo el tamaño del efecto de 0,3 DE (diferencia estandarizada de la media) (IC 95%: 0,01 a 0,25). Se objetivó no obstante una gran heterogeneidad, hallándose en el análisis de metarregresión que el efecto era mayor en los pacientes con diagnóstico de depresión mayor, siendo el tamaño del efecto mayor, de 0,73 DE (IC 95%: 0,05 a 1,41) y la heterogeneidad menor, aunque también presente de forma significativa. Los autores concluyen que existe una pequeña evidencia en el efecto positivo sobre el ánimo bajo de los Ω3-PUFA, aunque sería necesario reducir la gran heterogeneidad detectada por varias causas (tamaños muestrales pequeños, diseño…). Además, es importante destacar que Rogers et al.65 añadieron a posteriori a este metaanálisis su ensayo clínico, del año 2008, doble ciego aleatorizado sobre una muestra de 218 pacientes con diagnóstico de depresión leve a moderada durante 12 semanas, a los que se les administraron 630mg de EPA+850mg de DHA en monoterapia o placebo en el grupo control. El resultado del estudio fue negativo y también negativizó el metaanálisis de Appleton, al añadirse al mismo, siendo el resultado de 0,09 DE (IC 95%: –0,02 a 0,20).

Lin y Su66 realizaron un metaanálisis, en el año 2007, sobre una selección —más restrictiva que estudios previos en los criterios de inclusión— de 10 ensayos clínicos controlados doble ciego con placebo (N=329), sobre pacientes con diagnóstico de trastorno afectivo (depresión mayor o trastorno bipolar), con una escala apropiada para medir la intensidad de los síntomas depresivos, y un tratamiento de al menos 4 semanas de duración. Los autores encuentran que la adición o el tratamiento con Ω3-PUFA mejora significativamente, siendo el tamaño del efecto de 0,61 DE (IC 95%: 0,21 a 1,01), los síntomas depresivos en pacientes con trastornos del humor, tanto en pacientes unipolares como en pacientes bipolares aquejados de depresión. Aunque no resultó ser estadísticamente significativo, el tamaño del efecto aumentaba en relación proporcional a la dosis de EPA empleada. Los autores concluyen sugiriendo una posible relación dosis-dependiente del efecto antidepresivo del EPA, reforzada esta conclusión por el hecho de la falta de eficacia hallada en los ensayos que utilizaban solo DHA o dosis muy bajas de EPA. También en este estudio se objetivó una heterogeneidad entre los ensayos en la gravedad de la depresión, diagnóstico psiquiátrico, diferencias en la composición y proporción de Ω3-PUFA, o incluso en la toma diaria de pescado.

Ross et al.67, en 2007, llevaron a cabo una extensa revisión sobre el uso de Ω3-PUFA en diversa patología psiquiátrica, como trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastornos de personalidad, trastornos de ansiedad, esquizofrenia y trastornos del humor (incluyendo depresión mayor en adultos, niños, posparto y trastorno bipolar). En este último caso condujeron un metaanálisis sobre una selección de 10 ensayos clínicos aleatorizados doble ciego (N=664), en los que se administraba un suplemento de Ω3-PUFA para el tratamiento de los síntomas depresivos, de forma coadyuvante o en monoterapia, objetivándose una mayor eficacia de estos frente al placebo, siendo la magnitud del efecto de 0,91 DE (IC 95%: 0,41 a 1,42). Según los autores, la heterogeneidad observada en los resultados entre los estudios se debía en primer lugar a la composición del suplemento, de forma que si esto era tenido en cuenta, la varianza entre los estudios se reducía de forma importante. En el estudio de metarregresión el tamaño del efecto era de 1,18 DE cuando se utilizaba EPA solo o en mayor proporción, y se reducía a 0,06 DE cuando se administraba DHA solo o en mayor proporción, indicando estos datos que el EPA ejerce un mayor efecto sobre los síntomas depresivos (p=0,009).

El metaanálisis de Martins68, en 2009, reunió una selección de 28 ensayos clínicos (N=1.275) sobre el uso de Ω3-PUFA, tanto en monoterapia como coadyuvante, en la clínica depresiva que aparece en diversa patología psiquiátrica (incluyendo trastorno depresivo en adultos, niños y perinatal, trastorno bipolar, esquizofrenia, síndrome de fatiga crónica y trastorno límite de la personalidad), y un ensayo sobre sujetos sanos. Los principales resultados del estudio fueron: el efecto global producía significativa reducción en la sintomatología depresiva con la adición de Ω3-PUFA, siendo la diferencia estandarizada en las medias de –0,291 DE (IC 95%: –0,463 a 0,120). No obstante, al corregirse en un nuevo análisis la gran heterogeneidad observada entre estudios, el tamaño del efecto dejó de ser estadísticamente significativo: –0,066 (IC 95%: –0,252 a 0,121).

Se objetivó una relación directamente proporcional entre la eficacia de los Ω3-PUFA para disminuir las puntuaciones en la escala de depresión utilizada y la intensidad sintomática basal, siendo ineficaces en depresión leve (–0,074 DE [IC 95%: –0,317 a 0,168]) y eficaces en depresión moderada y grave (–0,605 DE [IC 95%: –0,871 a –0,339]).

En el análisis ANOVA el efecto era solo significativo en el uso terapéutico (–0,362 DE [IC 95%: –0,578 a –0,147]; p0,0001) frente al preventivo (–0,060 DE [IC 95%: –0,282 a 0,163]) y en el tratamiento coadyuvante (–0,475 DE [IC 95%: –0,780 a –0,169]; p0,0001) frente a la monoterapia (–0,130 DE [IC 95%: –0,317 a 0,057]).

En el análisis de metarregresión, una mayor ratio DHA:EPA (–0,495 DE [IC 95%: –0,759 a –0,230]) y una mayor cantidad de DHA en los suplementos administrados disminuye la eficacia frente a los síntomas depresivos, siendo el coeficiente de regresión de –0,314 DE (IC 95%: –0,555 a –0,074). En otro análisis ANOVA solo los estudios en los que la dosis de EPA superó el 50% de la dosis total (–0,446 DE [IC 95%: –0,753 a –0,138]) o era el único ácido graso empleado (–0,396 DE [IC 95%: –0,650 a –0,3051]) obtuvieron resultados positivos significativos en cuanto a la disminución de la sintomatología depresiva. No obstante, la heterogeneidad (principalmente fundamentada en el tamaño muestral reducido de algunos ensayos o en su corta duración) podría explicar parte de estos resultados.

De nuevo, Appleton et al.69 publicaron, en 2010, un metaanálisis sobre el uso de Ω3-PUFA frente a los síntomas depresivos. Fueron incluidos en esta ocasión 39 ensayos clínicos (N=2.829). Los diagnósticos en los que se trataban los síntomas depresivos eran también muy variados (depresión mayor —incluyendo la infantil—, depresión posparto, trastorno bipolar, esquizofrenia, TOC, síndrome de fatiga crónica, trastorno límite de la personalidad, enfermedad de Alzheimer, conducta autolesiva, angina de pecho, enfermedad de Parkinson, y voluntarios sanos). Se objetivó un efecto beneficioso de los Ω3-PUFA en el humor deprimido, frente a placebo, siendo el tamaño del efecto de 0,10 DE (IC 95%: 0,02 a 0,17). Se objetivó cierta heterogeneidad entre los estudios, explicándose esta fundamentalmente por la intensidad de la clínica depresiva, de manera que en la metarregresión los Ω3-PUFA resultaron ser más efectivos en depresión más grave, siendo el coeficiente de regresión de –0,09 DE (IC 95%: –0,01 a –0,17); y también por el diagnóstico clínico, siendo más eficaces cuando existe un diagnóstico establecido de patología psiquiátrica (0,41 DE [IC 95%: 0,26 a 0,55]) y también por el tipo de diagnóstico psiquiátrico, de manera que el diagnóstico de trastorno depresivo también predice una mejor respuesta a los Ω3-PUFA (–0,45 DE [IC 95%: –0,75 a –0,15]).

Sublette et al.70, en 2011, llevaron a cabo una revisión sobre el uso de Ω3-PUFA en el tratamiento, ya fuese coadyuvante o en monoterapia, de las depresiones unipolar, bipolar y distimia. Fueron seleccionados 15 ensayos clínicos aleatorizados doble ciego (N=916), hallándose en la metarregresión que complementos con un 60% o más de EPA en su contenido mejoraban significativamente la clínica depresiva, con un coeficiente de 0,532 DE (IC 95%: 0,277 a 0,733), perdiendo tal ventaja los preparados con menos del 60% en EPA, con un coeficiente de –0,026 DE (IC 95%: –0,200 a 0,148). Los autores indican que el componente efectivo en el tratamiento de la depresión es el EPA. Este hallazgo contrasta con el hecho de que el DHA sea mucho más abundante que el EPA en el SNC y que se halle en menores concentraciones en estudios post mortem de pacientes deprimidos. La falta de eficacia, concluyen, podría deberse a que la suplementación aguda no incrementa las concentraciones de DHA intracerebral, o al menos esta se retrasaría y no se objetivaría en los ensayos que duran solo unas pocas semanas, por lo que el DHA podría no ser práctico como un agente terapéutico.

El metaanálisis de Bloch y Hannestad71, publicado en 2012, incluyó 17 ensayos clínicos aleatorizados doble ciego (N=1.497), y resultó no encontrar beneficio a favor de la utilización de los Ω3-PUFA a favor del placebo en el tratamiento de la depresión mayor (tanto en monoterapia como en forma de coadyuvante), siendo el tamaño del efecto de 0,01 DE (IC 95%: –0,13 a 0,15). Se objetivó además una gran heterogeneidad entre los ensayos incluidos.

Sin embargo, Martins et al.72, en 2012, reanalizaron el trabajo anterior, eliminando 2 ensayos clínicos que, según los autores, realmente no incluían pacientes con diagnóstico de depresión mayor (N=1.159), obteniendo un resultado positivo en el metaanálisis, que fue de 0,172 DE (IC 95%: 0,18 a 0,325). En la metarregresión, si además se seleccionaban los ensayos que empleaban una dosis mayor o igual al 60% de EPA en el suplemento, se objetivaba un mayor beneficio que ascendía a 0,892 DE (IC 95%: 0,0543 a 1,241), sin que en este caso la heterogeneidad fuese significativa frente a aquellos que empleaban EPA en menos de un 60% del preparado, que no mostraron efecto frente a placebo (–0,106 DE [IC 95%: –0,348 a 0,136]). Por tanto, se vuelve a insistir sobre la influencia de la proporción de Ω3-PUFA empleada en el suplemento.

En 2012, Lin et al.73 incluyeron en su metaanálisis 11 ensayos clínicos (N=476), encontrándose un resultado estadísticamente significativo para el efecto antidepresivo de los Ω3-PUFA frente a placebo de 0,29 DE (IC 95%: 0,10 a 0,48). Cuando se intentó corregir la heterogeneidad mediante un modelo de efectos aleatorios, el resultado seguía siendo significativo (0,51 DE [IC 95%: 0,13 a 0,88]).

En el 2014, Grosso et al.74 llevaron a cabo un metaanálisis de 11 ensayos realizados en pacientes con un diagnóstico definido por el DSM de trastorno depresivo mayor y 8 ensayos en pacientes con sintomatología depresiva sin diagnóstico clínico o bajo otros diagnósticos. Se halló un beneficio clínico significativo del tratamiento de Ω3-PUFA en comparación con placebo, siendo el efecto de 0,56 DE (IC 95%: 0,20 a 0,92) en pacientes con diagnóstico de depresión mayor y de 0,22 DE (IC 95%: 0,01 a 0,43) en pacientes con sintomatología depresiva. El análisis combinado fue de 0,38 DE (IC 95%: 0,18 a 0,59). El uso principalmente de EPA en lugar de DHA influyó en la eficacia clínica final. Solo los grupos de ensayos en los que se usaba EPA puro o principalmente EPA obtuvieron un resultado significativo, con una tamaño de efecto de 0,43 DE (IC 95%: 0,18 a 0,68) y 0,50 DE (IC 95%: 0,27 a 0,72), respectivamente. En el análisis de metarregresión se objetivó que una mayor dosis de EPA empleada influía en la eficacia en el grupo de los pacientes con diagnóstico de depresión mayor, con coeficiente de regresión de 0,746 DE (IC 95%: 0,100 a 1,392). Los autores concluyen que los Ω3-PUFA son agentes terapéuticos eficaces en el tratamiento de la depresión mayor y en pacientes con síntomas depresivos sin diagnóstico de depresión mayor.

En el 2015, Yang et al.75 llevaron a cabo un metaanálisis para evaluar el tratamiento con Ω3-PUFA en mujeres con depresión. Se analizaron datos de 8 ensayos clínicos controlados aleatorizados doble ciego (N=367), siendo el tamaño del efecto de 0,65 DE (IC 95%: 0,18 a 1,12). Posteriormente se llevó a cabo un nuevo análisis excluyendo 2 ensayos clínicos que usaban la combinación de EPA y DHA como tratamiento complementario. El resultado encontró en el tratamiento con Ω3-PUFA en monoterapia un efecto positivo de estos frente a placebo de 0,65 DE (IC 95%: 0,41 a 0,90).

Recomendaciones sobre el uso de ácidos grasos omega-3

Diversas organizaciones internacionales y autoridades establecen recomendaciones sobre la adecuada toma de Ω3-PUFA para el mantenimiento de una buena salud general o como cardioprotectores (resumen en la tabla 2).

Tabla 2.

Resumen sobre las recomendaciones del uso de ácidos grasos omega-3

Organismo/guía  Recomendación 
OMS  Aporte diario de 250-2.000mg DHA+EPA 
Asociación Internacional para el Estudio de los Ácidos Grasos  Ω3-PUFA deben suponer más del 0,7% del aporte energético diario total
0,5g/día EPA+DHA 
Asociación Americana del Corazón  Comer pescado al menos 2 veces/semana en población general
1,0g EPA+DHA en cardiópatas
2,0-4,0g EPA+DHA en hipertrigliceridemia 
Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria  Consumo mínimo diario de 250mg EPA+DHA 
Sociedad Española de Nutrición Comunitaria  Consumo de 500-1.000mg EPA+DHA al día 
CANMAT  Uso en monoterapia o coadyuvante de Ω3-PUFA en depresión leve a moderada (2.a línea) 
APA  1,0g EPA+DHA en el tratamiento de depresiones unipolar y bipolar 
Subcomité Ácidos Grasos  1,0g/día EPA+DHA en trastornos del humor, por control de impulsos y psicóticos 

La OMS recomienda para una dieta sana un aporte diario de 250-2.000mg de DHA+EPA76. La Asociación Internacional para el Estudio de los Ácidos Grasos recomienda que estas grasas representen el 0,7% del aporte energético total y al menos 0,5g/día de EPA+DHA para el mantenimiento de la salud cardiovascular77. La Asociación Americana del Corazón recomienda al menos 2 comidas a la semana que contengan pescado y aceites ricos en ALA en personas sin enfermedad coronaria, 1,0g/día de EPA+DHA en pacientes cardiópatas, y 2,0-4,0g/día de EPA+DHA en pacientes con hipertrigliceridemia, aunque dosis mayores de 3mg/día deberían ser controladas por un médico debido al riesgo de sangrado asociado a altas dosis78. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda un consumo mínimo diario de 250mg de EPA+DHA79. La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda como toma adecuada de Ω3-PUFA entre 500 y 1.000mg de EPA+DHA80.

El uso de Ω3-PUFA como tratamiento coadyuvante para la depresión está recomendado por diversas guías clínicas u organizaciones. Así, la guía canadiense CANMAT recomienda el tratamiento (de segunda línea) con Ω3-PUFA en pacientes con depresión leve a moderada, en monoterapia o como tratamiento coadyuvante, con un nivel 1 de evidencia81. La APA recomienda 1,0g/día de DHA+EPA para el tratamiento de los trastornos afectivos, en concreto de las depresiones unipolar y bipolar63. Las recomendaciones del Subcomité de Ácidos Grasos son que los pacientes con alteraciones del humor, trastornos por control de impulsos, trastornos psicóticos deberían consumir 1g de EPA+DHA al día. Un suplemento podría ser útil en pacientes con trastornos del humor (1-9g/día). El empleo de más de 3g/día deberá ser monitorizado por un médico63.

Conclusiones

Los Ω3-PUFA pueden figurar hoy en día como un agente coadyuvante más para el tratamiento de la depresión, siendo avalada esta recomendación por varios exámenes metaanalíticos que implican un alto nivel de evidencia, lo que ha motivado que su uso sea contemplado por guías clínicas o recomendaciones de expertos. Parece ser que el mecanismo fundamental de acción de los Ω3-PUFA es su poder antiinflamatorio, relacionándose esto con el hecho de que se contempla a la inflamación como un proceso capital en la fisiopatología de la depresión. Algunos metaanálisis encuentran una superioridad del EPA frente al DHA y recomiendan una mayor proporción del primero en los suplementos si se eligen los Ω3-PUFA como agentes coadyuvantes en el tratamiento antidepresivo, pudiéndose deber esta superioridad a una mayor capacidad del EPA para bloquear o inhibir ciertos procesos que tienen que ver con la inflamación.

Los suplementos empleados con este efecto deben contenerlo en una proporción al menos superior al 60% y en dosis total adecuada. Las dosis recomendadas varían mucho según los estudios, pero en el tratamiento de la clínica depresiva parece que al menos debería emplearse 1g diario de Ω3-PUFA (tabla 3).

Tabla 3.

Ácidos omega-3 y depresión: resumen y datos a tener en cuenta

La vía principal de aporte de Ω3-PUFA es a través de una dieta que los posea de forma preformada, hallándose predominantemente en lo que denominamos las variedades de pescado azul
Tanto DHA como EPA ejercen funciones de neuroprotección, principalmente por su acción antiinflamatoria, la cual podría ser superior en el EPA
La forma más frecuente de medir los PUFA en el organismo es mediante el análisis de los niveles de fosfolípidos en plasma y células. Los niveles sanguíneos de Ω3-PUFA parecen encontrarse bajos en pacientes deprimidos
Numerosos estudios de tipo epidemiológico han hallado una relación inversa entre el consumo de pescado y la depresión
Se han llevado a cabo varios metaanálisis de ensayos clínicos sobre el uso de Ω3-PUFA en patología psiquiátrica. En general, los resultados parecen indicar que la adición o el tratamiento con Ω3-PUFA mejora significativamente los síntomas depresivos en pacientes deprimidos, tanto unipolares como bipolares. Algunos de estos estudios encuentran superioridad del EPA frente al DHA con respecto a la mejoría de la clínica depresiva
El uso de Ω3-PUFA como tratamiento coadyuvante para la depresión está recomendado por diversas guías clínicas u organizaciones. La APA recomienda 1,0g/día de DHA+EPA para el tratamiento de los trastornos afectivos, en concreto de las depresiones unipolar y bipolar 
Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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Autor para correspondencia.
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