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Vol. 44. Núm. 4.Mayo - Junio 2018
Páginas e93-e100Páginas 223-294
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Vol. 44. Núm. 4.Mayo - Junio 2018
Páginas e93-e100Páginas 223-294
Original
DOI: 10.1016/j.semerg.2017.03.008
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Análisis comparativo: Efectividad del tratamiento antitabáquico en la población con comorbilidad psiquiátrica
Comparative analysis: Effectiveness of nicotine addiction treatment in people with psychiatric comorbidity
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R. Godoya,
Autor para correspondencia
raulgodoy.japones@gmail.com

Autor para correspondencia.
, F.J. Callejasa, J. Cruza, A.I. Torneroa, P.J. Tárragab, J.A. Rodríguez-Montesc
a Servicio de Neumología, Gerencia de Atención Integrada (GAI) de Albacete, Albacete, España
b Medicina Familiar y Comunitaria, Gerencia de Atención Integrada (GAI) de Albacete, Albacete, España
c Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, Hospital Universitario La Paz, Madrid, España
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Tabla 1. Comparación características de los pacientes con CPs y sin CPs y con la población general
Tabla 2. Tratamiento farmacológico, excluyendo a los pacientes que no acudieron a la 2.a consulta (% de los que acudieron), de los pacientes con CPs y sin CPs y de la población general
Tabla 3. Tabla comparativa de las tasas de abstinencia continua a los 12 meses en diversos estudios españoles y nuestra consulta en los datos recopilados en 2008-2009 y 2010 y pacientes con CPs y sin CPs
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Resumen
Objetivo

Se decidió comprobar que el tratamiento antitabáquico no era menos efectivo en la población psiquiátrica que en la sana.

Material y métodos

Estudio de cohortes retrospectivo, descriptivo y comparativo. Se utilizó chi-cuadrado, razón de verosimilitud y t de Student. Significación estadística p0,05. Realizado en el Complejo Hospitalario Universitario de Albacete durante los años 2008-2012, con todos los pacientes atendidos en la Unidad de Tabaquismo.

Resultados

El estudio incluyó a 1.484 pacientes, el 48,6% mujeres, edad 46,8 años, y edad de inicio al consumo 17,6. Número de intentos previos 1,48 y 25,39 cigarrillos-día. Test de Fagerström, 6,04; Richmond, 8,13; y cooximetría, 16,65ppm. Enviados desde atención primaria (38,7%) y Neumología (33%); tipo de tabaco, 75,8% rubio. El 15% con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el 8% con asma, el 9,4% con síndrome de apneas-hipopneas del sueño, el 28,7% con enfermedad respiratoria, el 4,6% cardiovascular, el 3,5% ambas, el 7,2% con hernia hiato, el 3,8% con enfermedad tiroidea, el 19% hipertensión, el 10,7% diabetes y el 29,4% dislipidemia. El 7,1% consumían drogas, un 12,6% alcohol y el 39,3% tenían, comorbilidad psiquiátrica (CPs). Los que padecían o no CPs fueron equiparables excepto en sexo, edad de inicio, Fagerström, Richmond, procedencia, asma, hernia de hiato, enfermedad tiroidea, hipertensión arterial y drogas. No acudió a la 2.a visita el 49,3% y hubo diferencias entre el tratamiento que se ofreció a los que tenían CPs. Completaron el tratamiento el 22,3% en CPs, sin diferencias existentes, así como tampoco en los que se trataron y no abandonaron, fracaso y días de abstinencia. Sí se detectaron respecto al éxito (p=0,008), el 13% con CPs y el 18,2% en los que no.

Conclusión

El tratamiento antitabáquico en pacientes psiquiátricos es efectivo. Hay un aumento en la probabilidad de éxito en pacientes sin comorbilidad psiquiátrica.

Palabras clave:
Tabaquismo
Deshabituación tabáquica
Éxito de tratamiento
Fracaso
Recaída
Comorbilidad psiquiátrica
Abstract
Objective

To determine whether or not nicotine addiction treatment was less effective in psychiatric than in the healthy population.

Material and methods

A retrospective, descriptive and comparative cohort study was conducted in Albacete University Hospital during years 2008-2012 on all patients that attended the Tobacco Cessation Unit. The statistical tests used were Chi-squared, likelihood ratio, and the Student t test. Statistical significance P≤.05.

Results

The study included a total of 1,484 patients, of which 48.6% were female. The mean age was 46.8 years, and the mean age of starting smoking was 17.6 years. The mean number of previous attempts to quit was 1.48, and mean number of cigarettes smoked was 25.39. They had a mean Fagerström score of 6.04, a Richmond score of 8.13, and a mean carbon monoxide level of 16.65ppm. Most patients were referred from Primary Care (38.7%) and Chest Diseases department (33%), and the type of tobacco smoked was “light” in 75.8%. There was 15% with chronic obstructive pulmonary disease, 8% with asthma, and 9.4% with obstructive sleep apnoea syndrome. Furthermore, there was respiratory disease in 28.7%, cardiovascular disease in 4.6%, and both in 3.5%. Hiatus hernia was present in 7.2%, thyroid disease in 3.8%, hypertension in 19%, diabetes in 10.7%, and dyslipidaemia in 29.4%, Drugs were used by 7.1%, and 12.6% consumed alcohol. There was 39.3% psychiatric comorbidity (PC), and were comparable except in gender, age of onset, Fagerström, Richmond, source of referral, asthma, hiatus hernia, thyroid disease, hypertension, as well as drugs and treatment. Drug treatment was completed by 22.3% in the PC group, with no significant difference. There were differences in success (P=.008), but not in failure and relapse rates.

Conclusion

Anti-smoking treatment in psychiatric patients is effective. An increase in the probability of treatment success is observed in patients without psychiatric comorbidity.

Keywords:
Smoking habit
Tobacco cessation
Treatment success
Failure
Psychiatric comorbidity
Texto Completo
Introducción

El tabaquismo es una enfermedad sistémica y, como tal, está incluida en la versión del 2015 de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, la CIE-10, en el apartado F-17 (Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de tabaco)1,2. Pertenece al grupo de las adicciones y está catalogada por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V)3 de la American Psychiatric Association como enfermedad.

El tabaquismo es la causa aislada más importante de morbimortalidad prematura prevenible y evitable en los países desarrollados4. Múltiples enfermedades y condiciones patológicas están directamente causadas o se han relacionado con la exposición al tabaco5.

El tabaco fumado es responsable de aproximadamente 5 millones de muertes anuales a lo largo del mundo y otras 600.000 personas mueren por el humo de «segunda mano» (tabaquismo pasivo). El tabaco mata más que la tuberculosis, la malaria y el sida juntos6, llegando a ser la primera causa de mortalidad en los países desarrollados7–10.

Si no se toman medidas, el tabaco se estima que puede matar en el siglo xxi a 1.000 millones de personas.

A nivel mundial existen cada vez más fumadores, aunque en países desarrollados como EE. UU., Canadá y en la Unión Europea se ha estabilizado o ha comenzado a disminuir11 la tasa de los mismos. En el año 2012 fumaba el 21% de la población mundial que tenía 15 o más años y la cantidad de hombres que fumaba era 5 veces mayor a la de mujeres (36 vs. 7%)12.

Ya en el año 1986 se corroboró una fuerte asociación entre el tabaco y la sintomatología psiquiátrica13, existiendo una relación proporcional entre la intensidad de la clínica psiquiátrica y la dependencia del tabaco14.

En las sociedades desarrolladas, un porcentaje muy alto de los fumadores presenta enfermedad psiquiátrica detectable. Tanto es así que el consumo de tabaco puede ser considerado un marcador de enfermedad psiquiátrica y los estados de ánimo negativo aumentan la capacidad de refuerzo del tabaco14.

Además estos pacientes fuman bastante más que la población general, por lo que el riesgo de sufrir las enfermedades relacionadas con el tabaco es mayor. Por ello, es sumamente importante ofrecer un tratamiento efectivo para la deshabituación tabáquica y medir que efectivamente lo sea.

Teniendo en cuenta esta relación entre el tabaquismo y la enfermedad psiquiátrica, la mayor dependencia del tabaco y la capacidad de refuerzo aumentada que tiene esta sustancia en esta población, los autores pensaban que el resultado del tratamiento antitabáquico podría ser peor que en la población general, por lo que se decidió comprobar que el tratamiento antitabáquico no era menos efectivo en la población psiquiátrica que en la sana.

Métodos

Se realizó un estudio de cohortes retrospectivo, descriptivo y comparativo de todos los pacientes atendidos en la Unidad de Tabaquismo del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete durante los años 2008-2012.

Este estudio ha sido aprobado por el Comité Etico del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete. Se han seguido los protocolos del centro para el tratamiento de datos de los pacientes, utilizando una base de datos completamente anonimizada.

Esta Unidad recibe pacientes de toda la provincia de Albacete y acaba de ser acreditada por el Sistema de Acreditación de Unidades de tabaquismo de la Sociedad Española de Patología Respiratoria (SEPAR) y surgió en el 2003 a raíz del desarrollo del «Plan de Prevención y Tratamiento del Tabaquismo en Castilla-La Mancha 2003-2010» por el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM).

El seguimiento de los pacientes es sistemático y consta de una serie de visitas. En la primera consulta se realiza tanto una historia clínica general como una historia clínica específica de tabaquismo, así como una exploración física exhaustiva, incluyendo constantes como la frecuencia cardiaca y la tensión arterial, y datos antropométricos (peso, talla e índice de masa corporal), la cooximetría, la dependencia nicotínica medida por el test de Fagerström y la motivación del sujeto para afrontar el cese medida por el test de Richmond.

Una vez hecho el diagnóstico de fumador, se fija el día de abandono y de las visitas sucesivas. En esta primera consulta se decide el tratamiento farmacológico de forma individual, seleccionándolo en función del número de cigarrillos consumidos, test de dependencia de nicotina, cooximetría, comorbilidad, contraindicaciones, interacciones farmacológicas y las preferencias del paciente. Además se utilizan técnicas cognitivo-conductuales para apoyar el tratamiento. Las visitas sucesivas sirven para controlar los síntomas de abstinencia, cooximetría, constantes y hacer una resolución de problemas y control del cumplimiento correcto del tratamiento, así como los posibles efectos secundarios derivados de los mismos. La intervención y las visitas están sistematizadas, aunque el número de visitas se puede adaptar a las necesidades del paciente durante el seguimiento.

Se realizó una base de datos, que fue anonimizada y aprobada por el Comité Ético de Investigación Clínica de nuestro centro. Se incluyeron para el estudio los pacientes atendidos entre el 1 de enero de 2008 y el 31 de diciembre del 2012, con un seguimiento posterior de un año.

Se hizo una revisión descriptiva y una comparación entre los pacientes con enfermedad psiquiátrica y los que no la tenían, utilizando la chi-cuadrado, la razón de verosimilitud y, en las variables cuantitativas, la t de Student. Se utilizó el SPSS 20.0 versión para Mac y se determinó que la significación estadística se consiguió con una p0,05. La revisión descriptiva se utilizó midiendo la frecuencia y el porcentaje en las variables cualitativas, medidas de tendencia central como la media y la desviación estándar (DE) como medida de dispersión para las variables cuantitativas. Se consideró que el paciente tenía una enfermedad psiquiátrica siempre que esta estuviese diagnosticada previamente o se diagnosticase durante el estudio y seguimiento.

Entre las variables se registró la procedencia, definida según la remisión del paciente: Neumología, atención primaria, Cardiología, Psiquiatría, SESCAM (pacientes que se acogieron a la subvención que proporcionó el propio SESCAM para personal educativo y sanitario) y otros, que fueron Medicina Interna, Alergología, Otorrinolaringología, Endocrinología, Neurología, Digestivo, Salud Laboral, Radioterapia, Oncología y Geriatría.

Se revisó el tratamiento farmacológico realizado entre los que acudieron a la segunda visita, haciendo también una comparación entre los pacientes con comorbilidad psiquiátrica (CPs) y sin esta comorbilidad.

Como medida de efectividad del tratamiento realizado se utilizó la variable éxito, definida como abstinencia continua y mantenida durante un año. Además, se registraron otras variables secundarias como aquellos pacientes que completaron el tratamiento farmacológico y el tiempo de tratamiento, los que recibieron cualquier tratamiento y no abandonaron el tabaco, los días de abstinencia hasta la recaída y los pacientes que fracasaron, definido el fracaso como los pacientes que no lograron mantenerse ni 24h sin fumar. Se definió la recaída como el tiempo en el que el paciente volvió a fumar tras una abstinencia mínima de 24h, descartándose los pacientes que ya se habían clasificado en la variable éxito.

Resultados

El total de la población estudiada fue de 1.484 pacientes, de los que el 48,6% eran mujeres (tabla 1). La edad media fue de 46,8 años, y la edad media de inicio al consumo tabáquico 17,6 años. El número medio de intentos previos de dejar de fumar fue de 1,48 y la media de cigarrillos fumados al día 25,39. La media del test de Fagerström fue 6,04; del test de Richmond, 8,13; y de la cooximetría, 16,65ppm (partes por millón). La mayoría de los pacientes fueron enviados desde atención primaria (38,7%) y Neumología (33%) y el tipo de tabaco más inhalado, por un 75,8% de los fumadores, el rubio.

Tabla 1.

Comparación características de los pacientes con CPs y sin CPs y con la población general

    Con CPs  No CPs   
Mujer  721 (48,6%)  366 (62,8%)  355 (39,4%)  p<0,001
Hombre  763  217  546 
Edad  46,85 (DE 11,3)  46,75 (DE 10,58)  46,92 (DE 11,74)  p=0,78 
Edad inicio  17,6 (DE 4,51)  17,35 (DE 4,73)  16,87 (DE 4,35)  p=0,046 
N.ode intentos previos  1,48 (DE 1,82)  1,44 (DE 1,62)  1,51 (DE 1,93)  p=0,485 
N.ode cigarrillos/día  25,39 (DE 11,89)  25,55 (DE 11,94)  25,29 (DE 11,87)  p=0,681 
Test de Fagerström  6,04 (DE 2,28)  6,3 (DE 2,74)  5,87 (DE 2,26)  p<0,001 
Test de Richmond  8,13 (DE 1,45)  8,03 (DE 1,52)  8,2 (DE 1,39)  p=0,028 
Cooximetría  16,65 (DE 9,25)  17,13 (DE 9,72)  16,34 (DE 8,93)  p=0,113 
Procedencia        p<0,001
Neumología  489 (33%)  194 (33,3%)  295 (32,7%) 
AP  574 (38,7%)  224 (38,4%)  350 (38,8%) 
Cardiología  37 (2,5%)  12 (2,1%)  25 (2,8%) 
Psiquiatría  30 (2%)  28 (4,8%)  2 (0,2%) 
SESCAM  142 (9,6%)  41 (7%)  101 (11,2%) 
Otros  212 (12,2%)  84 (14,4%)  128 (14,2%) 
Tipo de tabaco        p=0,606
Rubio  1125 (75,8%)  446 (76,5%)  679 (75,4%) 
Negro  131 (8,8%)  44 (7,5%)  87 (9,7%) 
Light  188 (12,7%)  75 (12,9%)  113 (12,5%) 
EPOC  222 (15%)  75 (12,9%)  147 (16,3%)  p=0,067 
Asma  118 (8%)  58 (9,9%)  60 (6,7%)  p=0,022 
SAHS  140 (9,4%)  49 (8,4%)  91 (10,1%)  p=0,275 
ER  426 (28,7%)  173 (29,7%)  253 (28,1%)  p=0,205
ECV  68 (4,6%)  33 (5,7%)  35 (3,9%) 
ER/ECV  52 (3,5%)  16 (2,7%)  36 (4%) 
Hernia de hiato  107 (7,2%)  53 (9,1%)  54 (6%)  p=0,024 
Enfermedad tiroidea  57 (3,8%)  31 (5,3%)  26 (2,9%)  p=0,017 
HTA  282 (19%)  127 (21,8%)  155 (17,2%)  p=0,028 
DM  159 (10,7%)  61 (10,5%)  98 (10,9%)  p=0,801 
DLP  436 (29,4%)  177 (30,4%)  259 (28,7%)  p=0,505 
Otras drogas  106 (7,1%)  63 (10,8%)  43 (4,8%)  p<0,001 
Alcohol  187 (12,6%)  72 (12,3%)  115 (12,8%)  p=0,815 
CPs  583 (39,3%)       
Trastorno alimentario  17 (1,1%)       
Trastorno bipolar  24 (1,6%)       
Depresión/ansiedad  529 (35,6%)       
Otras  13 (1%)       

AP: atención primaria; CPs: comorbilidad psiquiátrica; DE: desviación estándar; DLP: dislipidemia; DM: diabetes mellitus; ECV: enfermedad cardiovascular; EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica; ER: enfermedad respiratoria; ER/ECV: enfermedad respiratoria y cardiovascular; HTA: hipertensión arterial; No CPs: sin comorbilidad psiquiátrica; SAHS: síndrome de apneas-hipopneas del sueño; SESCAM: Servicio de Salud de Castilla-La Mancha.

En cuanto a las comorbilidades, un 15% presentaba enfermedad pulmonar obstructiva crónica, un 8% asma y un 9,4%, síndrome de apneas-hipopneas del sueño. Globalmente presentaron enfermedad respiratoria un 28,7% de los pacientes, un 4,6% enfermedad cardiovascular y ambas (enfermedad respiratoria / enfermedad cardiovascular) un 3,5%. Hernia de hiato y enfermedad tiroidea la sufrían un 7,2 y un 3,8%, respectivamente, y respecto a los factores de riesgo cardiovascular, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y la dislipidemia estuvo presente en el 19; 10,7 y 29,4% respectivamente.

Un 7,1% de los pacientes consumía drogas, exceptuando el alcohol y tabaco, y un 12,6%, alcohol.

Quinientos ochenta y tres pacientes, un 39,3% de la muestra, presentó CPs, y la mayor parte, 529 de ellos, sufrían depresión y/o ansiedad.

Al dividir la muestra entre los que padecían o no CPs, se observó que ambas fueron equiparables en edad, número de intentos previos para dejar de fumar, número de cigarrillos fumados al día, el resultado de la cooximetría, el tipo de tabaco, rubio en ambas, y ciertas comorbilidades como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el síndrome de apneas-hipopneas del sueño y la enfermedad respiratoria y/o cardiovascular, los factores de riesgo cardiovascular, sobre todo diabetes mellitus y dislipidemia, y en cuanto al consumo de alcohol, sin diferencias estadísticamente significativas.

Sin embargo, sí existieron diferencias significativas en cuanto al sexo (p<0,001), habiendo más mujeres entre las que padecían trastorno psiquiátrico, y en la edad de inicio al consumo (p=0,046), iniciándose más tarde en el consumo los pacientes con CPs. Los pacientes con CPs presentaron una mayor dependencia nicotínica (el test de Fagerström puntuó más alto, p<0,001) y una menor motivación, con un test de Richmond más bajo (p=0,028). También se observaron diferencias en cuanto a la procedencia (p<0,001) y la presentación de diversas enfermedades como el asma bronquial (p=0,022), la hernia de hiato (p=0,024), la enfermedad tiroidea (p=0,017) y la hipertensión arterial (p=0,028) entre los que estaban en el grupo de CPs. Además, en el consumo de otras drogas, que no eran alcohol o tabaco, la diferencia fue también muy significativa (p<0,001) en los que presentaron CPs.

En los pacientes que acudieron a la segunda visita se revisó el tratamiento farmacológico (tabla 2). No acudió el 49,3% y no hubo diferencias entre los que tenían CPs y los que no. El 8% de los que acudieron a la segunda visita no recibió tratamiento farmacológico, un 30,1% recibió terapia sustitutiva con nicotina, un 12,2%, bupropión, un 45,6%, vareniclina y un 4,1%, otros (mezcla o terapia secuencial con las anteriores). Al analizar las frecuencias esperadas entre los pacientes con CPs y los que no, se observó una diferencia significativa (p=0,002).

Tabla 2.

Tratamiento farmacológico, excluyendo a los pacientes que no acudieron a la 2.a consulta (% de los que acudieron), de los pacientes con CPs y sin CPs y de la población general

    CPs  No CPs   
Sin tratamiento  60 (8%)  22 (7,8%)  38 (8,1%)  p<0,002
TSN  227 (30,1%)  105 (37,4%)  122 (25,8%) 
BUP  92 (12,2%)  39 (13,9%)  53 (11,2%) 
VRN  343 (45,6%)  101 (35,9%)  242 (51,3%) 
Otros  31 (4,1%)  14 (5%)  17 (3,6%) 
No acudió 2.a consulta  731 (49,3%)  302 (51,8%)  429 (47,6%)  p=0,115 

BUP: bupropión; CPs: comorbilidad psiquiátrica; No CPs: sin comorbilidad psiquiátrica; TSN: terapia sustitutiva con nicotina; VRN: vareniclina.

Los que completaron el tratamiento farmacológico fueron 130 pacientes, un 22,3% en el grupo de CPs, y 226, el 25,1%, en el grupo de pacientes sin CPs, sin hallar diferencias significativas entre ambos. Tampoco existió diferencia en el porcentaje de los que se trataron y no abandonaron, que fueron 154 (26,4%) en el primer grupo y 272, un 30,2%, en el segundo. En cuanto al fracaso, en los pacientes con CPs hubo 55 (9,4%), y en los que no tenían CPs, 82, un 9,1%, sin diferencias significativas (fig. 1).

Figura 1.
(0,07MB).

Tasas de fracaso (%), pacientes tratados y que no abandonaron y pacientes que realizaron el tratamiento completo.

CPs: comorbilidad psiquiátrica; No CPs: sin comorbilidad psiquiátrica.

Los días de abstinencia media hasta la recaída, sin contar los que habían fracasado o tenido éxito, fueron 73,43 (DE 79,38) en los que tenían CPs, y 77,75 (DE 68,63) en los que no tenían CPs, sin existir diferencias entre ambos grupos (fig. 2).

Figura 2.
(0,06MB).

Media de días de abstinencia hasta la recaída, excluyendo a los pacientes que habían fracasado y los que habían tenido éxito.

CPs: comorbilidad psiquiátrica; No CPs: sin comorbilidad psiquiátrica.

Por el contrario, sí se detectaron diferencias respecto al éxito (p=0,008), con un 13% en los enfermos con CPs y un 18,2% en los que no tenían CPs (fig. 3).

Figura 3.
(0,05MB).

Efectividad del tratamiento en pacientes con CPs y sin CPs.

CPs: comorbilidad psiquiátrica; No CPs: sin comorbilidad psiquiátrica.

Discusión

Existe suficiente evidencia científica que demuestra una relación proporcional entre la intensidad de la clínica psiquiátrica y la dependencia del tabaco14. Los factores que pueden estar implicados son los estados de ánimo negativos o la anhedonia, que aumentan la capacidad de refuerzo del tabaco, las limitaciones cognitivas, afectivas o de relación, y la menor presión social en estos pacientes. Efectivamente entre los sujetos de nuestro estudio se observó que los trastornos de ánimo fueron más frecuentes entre los que tenían enfermedad psiquiátrica.

En las sociedades desarrolladas, la mitad de quienes solicitan ayuda para dejar de fumar presentan enfermedad psiquiátrica detectable13,14. En nuestra serie es algo menor, aunque una cantidad bastante importante, algo más del 39%. Esta prevalencia es mucho mayor que la de la población general, cifrándose en un estudio de 1998 en Cataluña en el 17,42%, siendo más prevalente en mujeres (18,7%) que en hombres (15,77%)15, como también se comprobó en nuestro estudio. Otro estudio español, el ESEMeD-España, cifró la prevalencia en un 20% de la población general, también más frecuente en mujeres16.

Por otro lado, el consumo de tabaco llega a ser considerado un marcador de enfermedad psiquiátrica, y en jóvenes y adolescentes es un predictor de enfermedad psiquiátrica14. La edad media de inicio del tabaco en España son los 17,2 años, cifra que coincide con la de Castilla-La Mancha17. En nuestra serie los pacientes comenzaron a fumar en la adolescencia, aunque los que sufrían CPs iniciaron el consumo algo más tarde.

El riesgo de enfermedades debido al consumo es muy superior al de la población general18. La relación de los trastornos psiquiátricos con ciertas enfermedades está documentada desde hace mucho tiempo, como en el asma19, la hipertensión20, enfermedades gástricas21 y tiroideas22. En nuestra serie se confirmó que el asma, la hernia de hiato, la enfermedad tiroidea y la hipertensión se relacionaron con la CPs en los pacientes fumadores.

Con relación al consumo de sustancias tóxicas, entre quienes consumen otras sustancias, el hábito del tabaco está muy extendido23. Sin embargo, nuestro estudio no mostró que el alcohol estuviera más extendido entre nuestros pacientes con CPs, aunque sí lo estaba el consumo de otras drogas.

En cuanto a los objetivos de nuestro estudio, se demostró que no hay diferencias entre los pacientes sanos y con CPs que completaron el tratamiento farmacológico, en el número de días medios hasta verificar la recaída en los pacientes que lo hicieron, en los pacientes que fueron tratados y no abandonaron ni en aquellos que no estuvieron ni un solo día sin fumar. Estas variables parecen demostrar que estos pacientes pueden recibir tratamiento antitabáquico, mantenerlo y completarlo al igual que la población general.

Hubiera sido interesante saber cuáles fueron las causas de las recaídas en uno y otro grupo, pero la naturaleza retrospectiva de la muestra lo ha impedido. Sí parece evidente que los pacientes con ciertas enfermedades psiquiátricas responden a los tratamientos convencionales de cesación tabáquica24, aunque en algunas enfermedades como el trastorno bipolar, existen prevalencias descritas de consumo de tabaco de hasta el 70% y parecen presentar una especial dificultad para la cesación tabáquica23, lo que no pudimos comprobar porque nuestra muestra de pacientes con este trastorno era escasa.

La abstinencia continua al año se consiguió, en los pacientes psiquiátricos, en una alta proporción, un 13%. En otros estudios se han observado tasas de abstinencia al año del 33,5%25 y del 27,7%26, pero fue teniendo en cuenta únicamente a la población que volvió a la segunda consulta y empezó realmente el tratamiento en consulta. En nuestra muestra, la abstinencia al año, excluyendo a los pacientes que no acudieron a la segunda consulta, 302 (51,8%), fue del 27%, superior a otros resultados publicados, como el grupo de Elche en 200527 (tabla 3). Las tasas de abstinencia que tenemos en nuestra serie son equivalentes a las de otras unidades.

Tabla 3.

Tabla comparativa de las tasas de abstinencia continua a los 12 meses en diversos estudios españoles y nuestra consulta en los datos recopilados en 2008-2009 y 2010 y pacientes con CPs y sin CPs

Tiempo de abstinencia continua  Elche (Alicante) 200530  Albacete 2008-200929  Albacete 201028  CPs 2008-2012  No CPs 2008-2012 
12 meses  11,4%  27,7%  33,5%  27%  34,7% 

CPs: comorbilidad psiquiátrica; No CPs: sin comorbilidad psiquiátrica.

Los autores de este original realizaron los cálculos con respecto a la totalidad de los pacientes recibidos, y no solo los que continuaron en la consulta, pues pensaron que el hecho de no acudir a la segunda consulta podía ser una diferenciación entre los pacientes con CPs y los que no la tienen. Esto no fue detectado en nuestro estudio, aunque podría haber diferencias entre los motivos por los que no continuaron el seguimiento entre una población y otra. Los autores piensan que sería interesante plantear un estudio para dilucidar las causas de porqué unos y otros pacientes no acuden a la segunda consulta para iniciar tratamiento, tras haber realizado la primera, y si existen diferencias en esa motivación.

Una vez realizado el análisis, sí se comprobó que el porcentaje de éxito es mayor en la población sin CPs que con CPs. Es cierto que la dependencia era mayor y la motivación menor en los pacientes con CPs. Sin embargo, los resultados tienen una debilidad, lo que pone en duda la afirmación de que los enfermos psiquiátricos tienen una respuesta menor al tratamiento, pues hubo diferencias en el tratamiento recibido por un tipo de pacientes y otro.

Estas diferencias son lógicas por la inseguridad existente en la época de seguimiento sobre el uso de vareniclina en los enfermos psiquiátricos, pues había artículos que mostraban importantes efectos adversos28, aunque existían otros que los negaban29. Por ello, ha sido necesaria la elaboración de un ensayo clínico multicéntrico con más de 8.000 participantes para aclarar las dudas sobre la seguridad de los fármacos antitabáquicos, como la vareniclina30. El ensayo EAGLES demuestra como objetivo principal la seguridad de estos fármacos en la población psiquiátrica y, como resultado secundario, también señala la mayor efectividad de la vareniclina sobre la terapia sustitutiva con nicotina y el bupropión, lo que ya se observó en un estudio anterior de los autores en nuestra población25.

Hubiese tenido importancia el registro de si había diferencias en el número de visitas (cantidad de atención) entre una y otra rama, lo que no pudo realizarse, lo que es ciertamente uno de los déficits del estudio.

En cuanto a la definición de CPs, se decidió reflejar en la base de datos que existía esta si estaba documentada en su historia clínica, lo que supone una limitación de este estudio.

Habría que plantearse un estudio prospectivo para aclarar si la mayor proporción de éxito en los pacientes sin CPs es debida a la ausencia de trastorno psiquiátrico o a las diferencias en el tratamiento farmacológico utilizado.

En conclusión, el tratamiento antitabáquico en pacientes psiquiátricos es efectivo y se consiguió completar el tratamiento farmacológico en una proporción igual en ambos grupos, así como una media equivalente de días de abstinencia antes de una recaída. El nivel de fracaso también es equiparable y, además, se observa un aumento en la probabilidad de éxito con el tratamiento en pacientes sin CPs, pero son necesarios más estudios para determinar si este efecto fue debido a la alteración psiquiátrica, a las diferencias entre los tratamientos utilizados u otras causas. Es decir, el tratamiento antitabáquico en nuestra serie fue más efectivo en la población general, pero no se puede atribuir a la CPs, ya que existen otros factores que podrían haber influido.

Conflicto de intereses

Los autores declaramos que no tenemos conflictos de intereses.

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