x

¿Aún no está registrado?

Cree su cuenta. Regístrese en Elsevier y obtendrá: información relevante, máxima actualización y promociones exclusivas.

Registrarme ahora
Ayuda - - Regístrese - Teléfono 902 888 740
Buscar en

FI 2016

1,125
© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

Indexada en:

Current Contents/Clinical Medicine, Journal Citation Reports, SCI-Expanded, Index Medicus/Medline, Excerpta Medica/EMBASE, IBECS, IME, MEDES, PASCAL, SCOPUS, ScienceDirect

Métricas

  • Factor de Impacto: 1,125(2016)
  • 5-años Factor de Impacto: 1,292
  • SCImago Journal Rank (SJR):0,221
  • Source Normalized Impact per Paper (SNIP):0,385

© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

Med Clin 2005;124:383-7 - DOI: 10.1157/13072575
Técnicas de imagen en el diagnóstico de las vasculitis
Imaging techniques for the diagnosis of vasculitis
Enrique Vázquez Muñoza, Javier Barbado Hernándeza, Juan José Vázquez Rodríguezb
a Servicio de Radiodiagn??stico de la Fundaci??n Jim??nez D??az. Madrid.
b Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario La Paz. Madrid. Espa??a.

Las vasculitis están incluidas en el vasto campo de las enfermedades multisistémicas, por lo que tienen una clínica muy abigarrada que las hace esquivas al diagnóstico. Ante ello, en la práctica se solicita un amplio repertorio de pruebas complementarias, entre las que se encuentran obviamente las técnicas de imagen, que son útiles de una parte para conseguir una orientación diagnóstica y, de otra, no menos importante, para valorar la extensión y la actividad de la enfermedad. En cuanto al tratamiento, los glucocorticoides y los fármacos inmunodepresores supusieron un cambio drástico en el pronóstico, pero los trabajos publicados incluyen generalmente pocos casos, por lo que es imperativo realizar estudios que ensayen nuevos fármacos y estratifiquen las vasculitis por su grado de actividad1 y la extensión de la enfermedad, para lo que resultan muy útiles las técnicas de imagen.

La clasificación de las vasculitis primarias ha sido un proceso largo y contradictorio, en el que el enfoque contrapuesto de clínicos y anatomopatólogos ha entorpecido la consecución de una visión global unitaria2. Pero nos interesa, a la hora de hacer un análisis crítico de la eficacia de las técnicas de imagen, clasificar las vasculitis según el tamaño del vaso afectado. Y así, son de pequeño vaso el síndrome de Churg-Strauss, la púrpura de Schönlein-Henoch, la granulomatosis de Wegener y las vasculitis leucocitoclásticas. La poliarteritis nodosa y la enfermedad de Kawasaki son vasculitis de arterias de mediano tamaño. Corresponden, por último, a vasculitis de grandes arterias la arteritis de la temporal y la enfermedad de Takayasu.

Es cierto que la angiografía se ha considerado durante décadas la técnica de referencia en el diagnóstico de las vasculitis de mediano y gran tamaño, pero en los últimos años la explosión de las técnicas de imagen ha enriquecido la eficacia y la seguridad en la exploración de las vasculitis. Así, la tomografía computarizada (TC) pone de manifiesto las típicas lesiones pulmonares en la granulomatosis de Wegener, la ecocardiografia detecta los aneurismas cororarios en la enfermedad de Kawasaki, la resonancia magnética (RM) sirve para evaluar la vasculitis cerebral y la ultrasonografía dúplex es útil en la detección de las lesiones de la arteritis de la temporal. Pero han aparecido otros procedimientos que, siendo menos invasivos, compiten en seguridad y eficacia con los anteriores, como TC helicoidal con angiografía, la tomografía por emisión de positrones (PET) y la tomografía por emisión de fotón único (SPECT). También la angiografía convencional ha dado paso a las técnicas de sustracción.

Granulomatosis de Wegener

Es una vasculitis crónica que afecta de forma más selectiva a los pulmones, las vías respiratorias superiores y los riñones. Hasta el año 1990 era considerada una enfermedad letal con una mortalidad próxima al 90%. Histopatológicamente se caracteriza por ser una vasculitis de pequeño vaso, con glomerulonefritis necrosante y presencia de granulomas. Los anticuerpos anticitoplasma de los neutrófilos patrón citoplasmático (c-ANCA) son un marcador altamente específico para el cribado de estos pacientes3.

Las técnicas de imagen facilitan enormemente el diagnóstico al detectar la afección rinoorbitaria y pulmonar. Para la evaluación de la nariz y la faringe han demostrado su utilidad la TC y la RM. Esta última evidencia el engrosamiento de la mucosa de los senos por infiltración granulomatosa, que semeja una sinusitis crónica. Con la TC se puede observar la destrucción ósea que se se distribuye por el septo nasal (fig. 1 A), la pared orbitaria y la pared internasosinusal4,5. Otro tejido vulnerable en esta vasculitis, aunque afectado con poca frecuencia (8%), es el sistema nervioso central (SNC)6. El espectro radiológico con TC y RM incluye infartos cerebrales y el engrosamiento y realce de las meninges, particularmente la paquimeningitis, por infiltración granulomatosa.

Fig. 1. Granulomatosis de Wegener. A) Tomografía computarizada (TC) axial de cráneo en que se observa una perforación septal en que falta la región posterior del tabique nasal. B) TC torácica en que se observa un nódulo único y no cavitado. C) Se advierten nódulos pulmonares, múltiples, bilaterales, uno de los cuales está cavitado y con paredes engrosadas (flecha).

Pero los hallazgos más prominentes están en el pulmón. La radiografía de tórax muestra nódulos que ocasionalmente se cavitan y suelen dar paso a fibrosis pulmonar. La TC ha logrado un mayor refinamiento en la exploración pulmonar y con ella se ha definido que los nódulos son muy frecuentes, entre el 50 y el 90%, bilaterales, múltiples, con o sin cavitación, cuya pared está formada por una estructura engrosada (fig. 1 B y C). Son de tamaño variable: oscilan de pocos mm a 10 cm7. La presencia de nódulos bien conformados coincide con fases inflamatorias y activas de la enfermedad8, mientras que la presencia de nódulos cicatrizales y retráctiles nos orienta a que se trate de una fase residual. Se puede advertir además en el pulmón bandas parenquimatosas, semejantes a las que aparecen en la exposición al asbesto, formadas por tejido fibroso, lo que denota que la Wegener progresa de la inflamación a la fibrosis9. También se ha descrito en las fases hiperactivas una atenuación en vidrio deslustrado, que implica, granulomatosis, por lo general de un proceso inflamatorio agudo, exponente de alveolitis, a no ser que haya un proceso infeccioso sobreañadido10. Como se ve, la actividad de la granulomatosis de Wegener se expresa bajo múltiples signos radiológicos, aunque son necesarios trabajos bien diseñados para conseguir una estandarización más objetiva de sus hallazgos11. Hay otras posibles anomalías en la TC torácica, como la consolidación parenquimatosa por hemorragia alveolar difusa, el engrosamiento de la pared traqueobronquial con su consiguiente atelectasia, y otros más inhabituales, como el neumotórax o la fístula bronco-pleural12.

También es posible la aparición de microaneurismas renales reminiscentes de los encontrados en la poliarteritis nodosa.

Poliarteritis nodosa

La poliarteritis nodosa, descrita en 1986 por Kussmaul y Mayer, constituye el arquetipo de enfermedad multisistémica. Ocupa entre las vasculitis un lugar preminente, no sólo por su alta prevalencia, sino porque su diagnóstico es un desafío permanente por la multiplicidad de órganos y sistemas que pueden estar comprometidos. En ella se produce una reacción inflamatoria con necrosis y destrucción de la pared arterial. Pese a ser característicamente una vasculitis de mediano y pequeño vaso, las técnicas de imagen adquieren un lugar privilegiado en su diagnóstico.

Entre ellas, el angiograma ha cobrado una gran relevancia, pues en una sola sesión se pueden explorar hoy todas las vísceras abdominales, lo que raramente se hacía en el pasado, por lo que se ha transformado en una herramienta insustituible para convencer al clínico de la necesidad de proceder a la práctica de una biopsia y lograr así la confirmación histopatológica. Con este procedimiento se evidencian varias alteraciones arteriales, entre las que destacan los microaneurismas, las oclusiones arteriales y la alteración del flujo vascular13. Los microaneurismas asientan predominantemente en las arterias renales, generalmente en las arterias interlobares y arcuatas, y con menor frecuencia en la arteria hepática, las pancreaticoduodenales, mesentéricas, cerebrales, coronarias y musculosqueléticas14. Suelen estar localizadas en los vasos de pequeño y mediano tamaño con preservación invariable de los grandes vasos. Estos microaneurismas son excéntricos, típicamente saculares, en ocasiones sacciformes y suelen tener distribución segmentaria. Son pequeños, de 2 x 4 mm. Se observan, además, irregularidades vasculares y lesiones oclusivas que corresponden con trombosis o destrucción inflamatoria de la pared arterial, cuya localización es similar a la de los microaneurismas. También se observa alterado el flujo vascular, sobre todo en el riñón, y muestran con frecuencia un nefrograma irregular con áreas corticales radiolucentes indicativas de pequeños infartos parenquimatosos. Por otra parte, la arteriografía puede mostrar la regresión de los microaneurismas tras un tratamiento eficaz (figs. 2 y 3), por lo que se puede asumir que los microaneurismas predominan en la fase aguda, mientras que en las fases crónicas persisten, por lo general, el aumento de resistencias vasculares y las alteraciones del flujo visceral. Sólo raras veces se puede romper un microaneurisma renal ocasionando un hematoma perirrenal que puede ser detectable mediante TC. Asimismo, es posible que se produzcan fístulas arteriovenosas. Los microaneurismas constituyen, sin duda, la lesión más característica, aunque no específica, porque pueden ser advertidos en otras enfermedades, como el lupus eritematoso sistémico, la enfermedad de Churg Strauss y la vasculitis reumatoide8. Su frecuencia es difícil de establecer, porque depende en buena medida de la extensión de los vasos explorados.

Fig. 2. Poliarteritis nodosa. Angiografía selectiva del riñón izquierdo en la que se observan múltiples aneurismas en las arterias segmentarias y arcuatas, con irregularidad de su luz y trombosis distales que producen múltiples infartos corticales (flecha).

Fig. 3. Poliarteritis nodosa en la que se comprueba la regresión de los microaneurismas tras el tratamiento. A) Arteriografía renal derecha que muestra múltiples microaneurismas en las arterias interlobulares y arcuatas en el momento del diagnóstico. B) Angiografía del mismo paciente después del tratamiento con glucocorticoides y ciclofosfamida, en la que se aprecia como ha habido una casi completa regresión de los microaneurismas.

Otras investigaciones pueden resultar complementarias en el diagnóstico. Así, la RM puede informar acerca de cambios edematosos en las masas musculares, expresada por una señal hiperintensa en T2. Parece conveniente adquirir en el futuro experiencia con la angiografía-TC helicoidal y la angiorresonancia para valorar si estos métodos pueden desplazar algún día a la angiografía intravenosa tradicional.

Enfermedad de Kawasaki

Es una vasculitis aguda que afecta sobre todo a niños. Clínicamente, se caracteriza por la presencia de fiebre, descamación del pulpejo de los dedos y adenopatías cervicales. Pero el síntoma más prominente y de mayor riesgo es la aparición de aneurismas en las arterias coronarias, que producen disfunción ventricular y cardiopatía isquémica15.

Las técnicas de exploración más útiles son la ecocardiografía transtorácica, la angiografía coronaria, la RM coronaria con angiografía y la PET. La ecocardiografía es muy reveladora en la fase aguda de la enfermedad, pone de manifiesto una disfunción ventricular, junto a la presencia de dilatación de la luz coronaria, que suele progresar a aneurismas coronarios aproximadamente en el 25% de los pacientes no tratados (fig. 4 A). La sensibilidad y la especificidad de la ecocardiografía en la detección de aneurismas es del 95 y el 99%, respectivamente16. Hay que tener presente que la visualización de estos aneurismas se torna progresivamente más dificultosa conforme los niños aumentan en edad y en complexión. La angiografía coronaria, procedimiento invasivo, permite visualizar con mayor nitidez los aneurismas y sus complicaciones (fig. 4 B), pero queda reservada para los casos en que haya alguna sospecha de isquemia miocárdica17. En los casos dudosos se puede acudir a la prueba de esfuerzo. En los últimos años, aunque hay poca experiencia al respecto, se preconiza la angiorresonancia coronaria, que ha demostrado ser una buena alternativa, equivalente a la coronariografía en la detección de los aneurismas18, especialmente en los casos en que es insuficiente la calidad de la imagen ecocardiográfica19 y cuando se requieran cateterizaciones sucesivas. Esta técnica es además útil para el seguimiento del paciente, ya que puede suministrar información sobre la transformación de aneurismas en estenosis. Recientemente, se han publicado estudios que han demostrado una reserva del flujo miocárdico alterado en la fase crónica de la enfermedad20,21.

Fig. 4. Enfermedad de Kawasaki. A) Ecocardiografía transtorácica que demuestra un aneurisma (an) en arteria coronaria derecha. B) Coronariografía izquierda en la que se detecta un aneurisma así como la estenosis del vaso distal (flechas) (cortesía del Dr. F. Moreno).

Arteritis de la temporal (arteritis de células gigantes)

Se ha preconizado la eco-Doppler en el diagnóstico de la arteritis de la temporal, si bien hay poca experiencia con otras técnicas de imagen, porque la arteria temporal es fácilmente accesible a una biopsia y siempre se necesita la histopatología para formular un diagnóstico de seguridad. Se han descrito en la ultrasonografía unos parámetros característicos, como la pared arterial hipoecoica debida a la presencia de edema, el aumento de la velocidad de flujo consecutivo a áreas estenóticas arteriales, y la ausencia de color, en la oclusión aguda, aunque el vaso aparezca bien delineado. Con RM, en algún caso, se ha detectado un realce de contraste con gadolinio en segmentos perivasculares de la arteria temporal, lo que indica la presencia de un proceso inflamatorio22, así como también es posible, en pacientes con ceguera súbita, la aparición de un realce en la envoltura del nervio óptico y en la grasa orbitaria, lo que induce a pensar que se haya producido una interrupción de la barrera hemetoencefálica, como ocurre en otros procesos inflamatorios y desmielinizantes23. No obstante, la resolución de la RM es más deficitaria que la de la de la sonografía24. Con la PET se han objetivado lesiones inflamatorias activas en la aorta, el tronco braquiocefálico, la subclavia y las carótidas, lo que confirma que otras arterias diferentes de la temporal pueden estar afectadas en esta vasculitis. Hacemos notar que también la angiografía, la TC helicoidal y la RM pueden detectar la afección de las grandes arterias25.

Enfermedad de Takayasu

Es un trastorno inflamatorio crónico, de etiología desconocida, que puede producir estenosis y degeneración aneurismática de la pared arterial de la aorta, las carótidas y las arterias subclavia, renales y mesentéricas. Para el tratamiento se han recomendado glucocorticoides e inmunodepresores en las fases iniciales de la enfermedad y corrección de las estenosis arteriales cuando se produzcan, bien sea con angioplastia y colocación de stent para segmentos cortos, o bypass quirúrgicos cuando afecta a grandes segmentos arteriales26,27. En su exploración se han recomendado numerosas técnicas de imagen, como la angiografía, la RM, la angiorresonancia, la TC, la angiografía con TC helicoidal, la ultrasonografía y la PET28.

Durante décadas, la arteriografía se consideró el procedimiento electivo, y aún no ha sido totalmente desbancada, pues si bien es una técnica invasiva que expone al paciente a altas dosis de radiación, al tiempo que requiere contrastes yodados, presenta también una serie de ventajas adicionales, como la objetivación de reoclusiones, la determinación de gradientes de presión en pacientes con estenosis vascular, así como propiciar una vía de acceso a la angioplastia y conseguir una mejor planificación de la intervención quirúrgica si ésta fuera requerida. Éste es un procedimiento que permite una exacta definición anatómica de los vasos (fig. 5 A), pero que no ofrece información cualitativa sobre el estado inflamatorio de la pared vascular.

Fig. 5. Enfermedad de Takayasu. A) Arteriografía que evidencia la afección de la aorta torácica y abdominal, con estrechamiento de la luz e irregularidades marginales notables en su pared (tipo III) (flechas). B) Resonancia magnética que muestra estenosis, ondulaciones e irregularidades de la aorta toracoabdominal (flecha).

Fig. 6. Vasculitis aislada del sistema nervioso central. A) Angiografía cerebral en la que se visualizan los vasos que se estrechan y afilan a la altura de las ramas de las arterias temporooccipitales (flecha). B) En la fase capilar se puede observar, por retraso de flujo, cómo se produce un llenado vascular tardío de estos vasos (flechas).

Hoy se tiende a dar prioridad a estudios no invasivos como la RM, que permite también una visualización excelente de los cambios experimentados en las arterias (fig. 5 B). Yamada et al29, basados en su experiencia, señalan que la sensibilidad y especificidad de la angiorresonancia se aproxima al 100%. Hasta ahora se ha pretendido evaluar la actividad de la arteritis con la determinación bioquímica de los reactantes de fase aguda (seidometría, fibrinógeno, proteína C reactiva) y con la gammagrafía de leucocitos marcados con indio-111, pero estas mediciones resultaban generalmente de poca fiabilidad. Recientemente se ha demostrado que la RM permite valorar, con secuencias T2, el estado de la pared, evidenciando la presencia de edema o fluido en su interior, lo que reflejaría el grado de inflamación o, lo que es lo mismo, la actividad de la enfermedad. Así, Tso et al30 han encontrado con RM en 24 pacientes que el 94% de ellos con actividad de la enfermedad mostraban edema de la pared arterial, mientras que el edema se presentaba sólo en el 56% de los casos en aparente remisión. Sin embargo, la intensidad de fluido en la pared no guardaba relación con los parámetros clínicos o bioquímicos de actividad ni con el desarrollo de ulteriores lesiones vasculares. Por tanto, es necesario proseguir estos estudios, acudiendo incluso a controles histopatológicos, para esclarecer el significado real del edema de la pared arterial.

También la TC, o mejor la angiografía con TC helicoidal, permiten una exploración segura de la aorta y sus grandes ramas, pero la definición de este método se pierde en la exploración de las arterias más distales (p. ej., mesentéricas), por lo que su utilización es controvertida. Con la TC helicoidal se obtienen imágenes de alta calidad y secciones axiales muy finas que pueden ser reveladoras de cambios murales; además, permite excluir lesiones vasculares extrínsecas a las áreas estenóticas.

La ultrasonografía ofrece mayor resolución que la TC y hasta incluso que la RM en arterias carotídeas, axilares, braquiales y femorales, pero es menos demostrativa en las arterias abdominales. Por ello, esta técnica se puede emplear como procedimiento de cribado en pacientes jóvenes que tengan comprometidas las arterias carótidas y la subclavia, e incluso en ellos es posible detectar cambios sugestivos de enfermedad de Takayasu antes de que aparezcan estenosis vasculares relevantes. Con la ultrasonografía se pueden definir las características del flujo y la elasticidad del vaso. Muestra imágenes hiperecoicas (brillantes), con engrosamiento de la pared, ofreciendo un aspecto conocido como «fenómeno de Macaroni».

La PET ayuda también a hacer un diagnóstico temprano de arteritis y a medir el grado de inflamación31. Sin embargo, es una técnica limitada a la aorta y a los troncos y no suministra imágenes de la pared arterial.

Vasculitis aislada del sistema nervioso central

Es una angeítis confinada al SNC, cuya etiología permanece incierta. Pueden ser de pequeño y gran vaso. Cursa con una clínica errática, pues mientras las de pequeño vaso se expresan con cuadros confusionales o seudotumorales, las de gran vaso lo hacen bajo la forma de accidentes cerebrovasculares. Demandan para su diagnóstico la punción lumbar, técnicas de imagen y a veces biopsia cerebral32. La angiografía detecta estenosis segmentarias múltiples en los vasos intracraneales (fig. 6). La TC puede denotar hematomas cerebrales y hemorragias y la RM descubre lesiones cerebrales multifocales e hiperintensas en T2, sin efecto masa, o lesiones que recuerdan a un tumor cerebral33. Se han publicado casos en los que se ha ensayado la SPECT, con la que se ha objetivado un descenso del flujo cerebral34.

Bibliografía
1
Guma Uriel M,Vals Roc M,Olive Marques A.
Tratamiento de las vasculitis necrotizantes sistémicas y arteritis de células gigantes.
Med Clin (Barc), 117 (2001), pp. 191-5
2
Jennette JC,Falk RJ,Andrassy K.
Bacon PC, Churg J, Goss VL, et al. Nomenclature of systemic vaculitis. Proposal of an international consensus conference.
Arthritis Rheum, 37 (1994), pp. 187-92
3
Bosh X,Mirapeix E,Font J,López Soto A,Rodríguez RV,Vivancos J,et al.
Anticuerpos anticitoplasmáticos: su utilidad diagnóstica en las vasculitis y glomerulonefritis.
Med Clin (Barc), 102 (1994), pp. 412-7
4
Benoudiba F,Marsot-Dupuch K,Hadj Rabia M,Cabanne J,Bobin S,Lasjaunias P.
Sinonasal Wegener's granulomatosis: CT characteristics.
Neurorradiol, 45 (2003), pp. 95-9
5
Provenzale JM,Allen NB.
Wegener's granulomatosis: CT and MRI findings.
Am J Neuroradiol, 17 (1999), pp. 785-92
6
Albayram S,Kizilkilie O,Adaltli I,Erdogam N,Kocer N,Islak C.
MR imaging findings of spinal dural involvement with Wegener's granulomatosis. Am J Neuroradio, 23 (2002), pp. 1603-6
7
Seo JB,IM JG,Chung JW,Song JW,Goo JM,Park JH,et al.
Pulmonary vasculitis: the spectrum of radiological findings.
Br J Radiol, 73 (2000), pp. 1224-31 http://dx.doi.org/10.1259/bjr.73.875.11144805
8
Yoshikawa Y,Watanabe T.
Pulmonary lesions in Wegener's granulomatosis: a clinicopathologic study of 22 autopsy cases.
Radiology, 17 (1986), pp. 401-10
9
Aberle DR,Gamsu G,Rasy CS,Fuerstein IM.
Asbestos-related pleural and parenchymal fibrosis: detection with high-resolution CT.
10
Remy-Jardin M,Remy J,Giraud F,Vattinne L,Gosselin B.
Computed tomography assessment of ground-glass opacity: semiology and significance.
J Thorac Imag, 8 (1993), pp. 249-64
11
Reuter M,Shcnabel A,Wesner F,Tetzlaff K.
Pulmonary Wegener's granulomatosis: correlation between high-resolution CT findings and clinical scoring of disease activity.
Chest, 114 (1998), pp. 500-6
12
Staples CA.
Pulmonary angiitis and granulomatosis.
Radiol Clin Norh Am, 29 (1991), pp. 973-82
13
Vázquez JJ,San Martín P,Barbado FJ,Gil A,Guerra F,Arnalich F,et al.
Angiographic Findings in systemic vasculitis. Angiolog, 32 (1981), pp. 373-9
14
Stanson AW,Friese JL,Jhonson CM,McKusick MA,Breen JF,Sabin EA,et al.
Polyarteritis nodosa: spectrum of angiographic findings.
15
Gadalia A.
Kawasaki's disease: an update.
Curr Rheumatol Rep, 4 (2002), pp. 25-29
16
Hiraishi S,Misawa H,Takeda N,Horiguchi Y,Fujino N,Ogawa N,et al.
Transthoracic ultrasonic visualisation of coronary anurysm, stenosis and oclusion in Kawasaki disease.
Heart, 83 (2000), pp. 400-5
17
Ishii M,Ueno T,Ikeda H,Iemura M,Sugimura T,Furui J,et al.
Sequential follow-up results of catheter interventions for coronary artery lesions after Kawasaki disease: quantitative coronary artery angiography and intravascular ultrasound imaging study.
Circulation, 105 (2002), pp. 3004-5
18
Mavrogeni S,Papadopoulos G,Douskou M,Kaklis S,Seimenis I.
Magnetic resonance angiography is equivalent to X-ray coronariography for the evaluation of coronary arteries in Kawasaki disease.
J Am Coll Cardiol, 18 (2004), pp. 649-52
19
Greil GF,Stuber M,Botnar RM,Kissinger KV,Geva T,Newburger JW,et al.
Coronary magnetic resonance angiography in adolescents and jounf adultsd with Kawasaki disease.
Circulation, 105 (2002), pp. 908-11
20
Furuyama H,Odagawa Y,Katoh C,Ivado Y,Ito Y,Noriyasu K,et al.
Altered myocardial flow reserve and endothelial function late after Kawasaki disease.
J Pediatr, 142 (2003), pp. 149-54 http://dx.doi.org/10.1067/mpd.2003.46
21
Hiraishi S,Hirta H,Horiguchi Y.
Transthoracic Doppler assessment of coronary flow velocity reserve in children with Kawasaki disease: comparison with coronary angiography and tallium-201 imaging.
J Am Coll Cardiol, 40 (2002), pp. 1816-24
22
Anders HJ,Sigl T,Sander A,Coppenrath E,Pfluger T,Kellner H.
Gadolinium contrast magnetic resonance imaging of the temporal artery in giant cell arteritis.
J Rheumatol, 26 (1999), pp. 2287-8
23
Botella Ortiz AJ,Pampliega-Pérez A,Martín Estefanía C,Alfaro-Sanz A,Concepción L,Teruel A.
Aportación de la resonancia magnética orbitaria al diagnóstico de la ceguera por arteritis de células gigantes.
Rev Neurol, 16 (2004), pp. 30-8
24
Wolfgang A,Scmidt MD.
Use of imaging Studies in the Diagnosis of vasculitis.
Curr Rheumatol Reports, 6 (2004), pp. 203-11
25
Gard C,Ponge T,Hamidou M,Barrier J.
Role for vascular investigations in giant cell arteritis.
Joint Bone Spine, 69 (2002), pp. 367-72
26
Parra JR,Perler BA.
Tayasu's disease.
Semin Vasc Surg, 16 (2003), pp. 200-8
27
McCulloch M,Andronikou S,Goddard E,Sinclair P,Lawrenson J,Mandelstam S,et al.
children with Takayasu's arteritis Pediatr Radiol, 33 (2003), pp. 230-5
28
Kissin EY,Merkel PA.
Diagnostic imaging in Takayasu arteritis.
Curr Opin Rheumatol, 16 (2004), pp. 31-7
29
Yamada I,Nakagawa T,Himeno Y,Kobayashi Y,Numano F,Shibuya H.
Takayasu's arteritis: diagnosis with breath-hold contrast-enhanced three-dimensional MR angiography.
J Magn Reson Imaging, 11 (2000), pp. 481-7
30
Tso E,Flamm SD,White RD,Schwartzman PR,Mascha E,Hoffman GS.
Tayasu arteritis: utility and limitations of magnetic resonance imaging in diagnosis and treatment.
Arthritis Rheum, 46 (2002), pp. 1634-42 http://dx.doi.org/10.1002/art.10251
31
Meller J,Grabbe E,Becker W,Vosshenrich R.
Value of F-18 FDG hybrid camera PET and MRI in early Takayasu aortitis.
32
Carolei A,Sacco S.
Central nervous system vascuitis.
Neurol Sci, 24 (2003), pp. 8-10
33
Lanthier S,Lortie A,Michaud J,Laxer R,Jay V,DeVeberG.
Isolated angitis of the CNS in children.
Neurology, 56 (2001), pp. 837-42
34
Hashimoto Y,Kaneko T,Ohtaki M.
Chronological changes in the vasculature and the cerebral blood flow of two patients with isolated angitis on the nervous system.
No To Shinkei, 55 (2003), pp. 710-5