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doi: 10.1016/j.medcli.2011.07.011

Paleoendoscopia: el estudio paleopatológico de la momia de Sancho, hijo del rey Pedro I de Castilla El Cruel (s. xiv )

Paleoendoscopy: the paleopathological study of Sancho's mummy, son of king Pedro I of Castilla The Cruel ( xiv century)

Agustín Franco a, Jordi Esteban b, Francisco de Paula Cañas-Gálvez c, Pedro Luis Fernández b,

a Servicios de Urología, Hospital Clínico-IDIBAPS, Universidad de Barcelona, Barcelona, España
b Servicio de Anatomía Patológica, Hospital Clínico-IDIBAPS, Universidad de Barcelona, Barcelona, España
c Departamento de Historia Medieval, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España

Artículo

Introduccion

La paleopatología es la rama de la medicina que estudia las enfermedades en sujetos antiguos, con frecuencia limitados a restos óseos y, más raramente, conteniendo partes blandas (sujetos momificados). El estudio de los tejidos blandos de sujetos momificados, tan escasos en paleopatología, proporciona la oportunidad de descubrir enfermedades que no dejan secuelas en los restos óseos, pero a menudo se tiene un acceso limitado a estos individuos dada su importancia histórica, impidiendo el uso de técnicas lesivas para su integridad. Esto ha llevado al uso de procedimientos poco invasivos como la endoscopia1, 2, 3, 4, 5, 6.

Durante la restauración de un pequeño altar en el convento de Santo Domingo el Mayor de Toledo en 2005 se exhumaron los restos momificados de un infante cuya identidad era conocida: Don Sancho de Castilla, que murió el año 1371 en la localidad de Toro a los 7 años. Sancho era hijo bastardo de Pedro I, apodado El Cruel, rey de Castilla (Burgos, 1334-Montiel, 1369) y cuyos hijos legítimos habían muerto. La madre era Doña Isabel de Sandoval, ama de Alfonso, uno de los anteriores, y que le daría un segundo hijo. Su nacimiento ilegítimo no fue óbice para que el propio Pedro I lo considerara su heredero y se casara con su madre. A partir de 1368 la situación de Don Sancho en juego político de Castilla se fue haciendo cada vez más difícil y las presiones políticas de los partidarios de Enrique de Trastámara, autoproclamado ya rey de Castilla, y la muerte de Pedro I acabaron con las posibilidades, si es que en algún momento las tuvo, de que don Sancho pudiera coronarse rey de Castilla.

Sancho pasó sus últimos dos años de vida bajo el rigor de condiciones materiales muy difíciles, siendo finalmente trasladado con su hermano Diego a Toro, donde pasó sus últimos días en el otoño-invierno de 1371-1372. Tras morir y ser enterrado, sería trasladado años más tarde, a instancias de María de Castilla, su hermanastra, y de la reina Catalina de Lancaster, su sobrina, al Convento de Santo Domingo el Real de Toledo. La tormentosa historia de Sancho y su posible intervención en las luchas dinásticas como potencial heredero han hecho que históricamente se planteara la posibilidad de que hubiera sido asesinado de forma discreta para aparentar muerte natural, por ejemplo, por envenenamiento.

La circunstancia de la exhumación de Sancho fue aprovechada para el acceso a sus restos desde un punto de vista científico que permitiera contrastar la hipótesis de la muerte por envenenamiento, aunque sin dañar la integridad de los mismos usando técnicas endoscópicas.

Material y métodos

Se realizó una inspección externa del cuerpo momificado del individuo pero sin desvestirlo completamente del hábito de lino que portaba para minimizar el riesgo de dañarlo. Las partes visibles correspondían a la cabeza, los huesos desarticulados de las piernas y los brazos (Figura 1).

Aspecto general de la momia de Sancho de Castilla, vestida con un hábito de lino y un cíngulo de cuero. Los huesos de las piernas se encuentran desarticulados en el regazo. La hemicara izquierda estaba muy bien conservada, reconociéndose incluso el párpado y las pestañas. También conservaba gran parte del cuero cabelludo. Cuadro: el brazo izquierdo mostraba semiflexión en el codo y pronación-aducción de la mano, con formación de «garra». Faltaba el pulgar.

Figura 1. Aspecto general de la momia de Sancho de Castilla, vestida con un hábito de lino y un cíngulo de cuero. Los huesos de las piernas se encuentran desarticulados en el regazo. La hemicara izquierda estaba muy bien conservada, reconociéndose incluso el párpado y las pestañas. También conservaba gran parte del cuero cabelludo. Cuadro: el brazo izquierdo mostraba semiflexión en el codo y pronación-aducción de la mano, con formación de «garra». Faltaba el pulgar.

Para el estudio endoscópico se usó un uretrocistoscopio flexible Olympus (modelo CYF-5) de 5mm de diámetro, con una pinza flexible de biopsia endoscópica y otra de cuerpo extraño, así como fuente de luz y videograbación. También se contó con el canal de trabajo del cistoscopio, para la introducción de pinzas de biopsia o toma de materiales. Los puntos de entrada fueron orificios naturales, como la boca y las fosas nasales, así como accesos artefactuales como foramen magnum y canal vertebral desarticulados, sendas soluciones de continuidad en fosas supraclaviculares y desgarro perineal. El único orificio realizado fue de 5mm de diámetro en pared abdominal anterior en proximidad a las espinas iliacas anterosuperiores.

Las muestras de tejidos blandos se procesaron histopatológicamente de forma rutinaria tras la correspondiente rehidratación (30-60 min) en solución de Sandison7, fijación en formol tamponado, deshidratación, inclusión en parafina, obtención de secciones de 3-4 micras y tinción con hematoxilina y eosina. Aparte lo anterior, varias muestras fueron procesadas para microscopia electrónica de barrido y microanálisis EDS (análisis de la energía dispersada de los RX), para analizar la posible presencia de agentes metálicos tóxicos.

Se analizaron muestras de ambos pulmones y pleura, nervio óptico, hueso del tarso, cabellos y piel.

Resultados

El sujeto de estudio era una momia relativamente bien conservada de un niño de unos 7 años según los datos antropológicos, que conservaba la piel de la hemicara izquierda, incluyendo párpado, gran parte del cuero cabelludo, con pelo marrón claro, la mayor parte de los tejidos blandos de tórax y abdomen, así como los miembros superiores, mientras que los inferiores se reducían a restos óseos y se encontraban desarticulados sobre el regazo (Figura 1). El brazo izquierdo estaba en semiflexión del codo y la mano, muy bien conservada aunque carecía de pulgar, mostraba además una aducción cubital y flexión de dedos «en garra» (Figura 1, cuadro).

Estudio endoscópico

Cráneo: se estudiaron ambas fosas nasales, comprobando la indemnidad de los cornetes, etmoides y láminas cribosas. Se pudo acceder a la porción inferior esfenoidal y desde ahí hasta el foramen magnum occipital. La órbita derecha se encontró totalmente descarnada, no hallándose partes blandas. La izquierda mostraba una apertura en su zona nasal, constatando la presencia de gran parte de la piel de ambos párpados, globo ocular y nervio óptico. La cavidad bucal mostró un paladar descarnado y restos presumiblemente de lengua en su zona inferior.

Tras acceder por el foramen magnum, no se encontraron restos que sugirieran la presencia de material cerebral. En la cara interna del parietal izquierdo, así como en la vertiente izquierda de la concha occipital, se apreciaron manchas parduscas, que sugerían la presencia de sangre acumulada en la zona (posiblemente el infante falleció y/o permaneció tras su muerte con la cabeza apoyada en su parte posterior-izquierda). Se estudiaron ambas fosas frontales, la silla turca, las fosas temporales y cerebelosa.

Conducto vertebral: se hallaba íntegro, salvo en su primera vértebra (atlas). Desde el axis hasta el sacro se pudo introducir el endoscopio sin dificultad, apreciando la indemnidad del ligamento vertebral común posterior, pedículos vertebrales, láminas y espinas (Figura 2A).

A) Imagen endoscópica del canal vertebral con restos de ligamentos. B) Adherencia (sinequia) entre pleural pulmonar izquierda y pared costal. C) Imagen microscópica de tejido pulmonar con antracosis. Hematoxilina-eosina x 100. D) Imagen microscópica de tejido pulmonar mostrando un alveolo con restos de fibrina adheridos (flechas) y algunos elementos celulares de probable naturaleza macrofágica. Hematoxilina-eosina x 100. E) Imagen microscópica de un alveolo pulmonar con abundantes hematíes indicativo de un proceso hemorrágico reciente. Hematoxilina-eosina x 200.

Figura 2. A) Imagen endoscópica del canal vertebral con restos de ligamentos. B) Adherencia (sinequia) entre pleural pulmonar izquierda y pared costal. C) Imagen microscópica de tejido pulmonar con antracosis. Hematoxilina-eosina x 100. D) Imagen microscópica de tejido pulmonar mostrando un alveolo con restos de fibrina adheridos (flechas) y algunos elementos celulares de probable naturaleza macrofágica. Hematoxilina-eosina x 100. E) Imagen microscópica de un alveolo pulmonar con abundantes hematíes indicativo de un proceso hemorrágico reciente. Hematoxilina-eosina x 200.

Cavidad torácica: en el lado derecho, llamó la atención que el pulmón daba la impresión de tener un volumen y una turgencia superiores a lo que cabría esperar tras un proceso de momificación y sobre el que se encontraron restos de fauna cadavérica. Se tomaron muestras del parénquima y pleura. En el hemitórax izquierdo se reconocía el otro pulmón, con características similares al contralateral, pero con algunas sinequias hacia la pared torácica (Figura 2B). En la zona más caudal y anterior de este hemitórax hallamos los restos del pericardio y el corazón, de aspecto coriáceo.

Abdomen: el estudio superficial de la zona púbica no permitió confirmar el sexo del infante debido a la pérdida de sustancia a este nivel. En la zona perineal se halló un orificio de unos 3cm, entre el pubis y el sacro. Se introdujo el cistoscopio por este y nos hallamos una serie de estructuras apelmazadas difícilmente reconocibles entre las que intuimos asas intestinales. Al intentar penetrar en cavidad abdominal por el orificio practicado junto a espina iliaca anterosuperior derecha, se encontró como obstáculo que la pared abdominal se replegaba sobre el promontorio haciendo imposible su estudio.

Estudio microscópico

El tejido pulmonar fue el más exhaustivamente analizado dado el aspecto patológico que presentaba macroscópicamente. Lo más destacable en las secciones histológicas era la abundante presencia de pigmento antracótico, lo que indica una exposición crónica a humo, probablemente de hogar o chimenea (Figura 2C). Asimismo, resultaba llamativa la frecuente presencia de fibrina, hematíes y macrófagos alveolares con hemosiderina, que podrían estar en relación con una neumopatía con componente hemorrágico de escasa evolución y cuya causa más probable sería una neumonía (Figura 2D y E). La muestra de piel de cuero cabelludo mostraba una arquitectura conservada con pérdida de capa epidérmica. El resto de las muestras tenían un pobre estado de preservación histológica, si bien el tejido óseo mostraba morfología perfectamente reconocible.

El estudio con microscopia electrónica de barrido con microanálisis EDS no detectó trazas de posibles tóxicos metálicos como arsénico, plomo o mercurio en las muestras analizadas.

Discusión

Aunque existe abundante literatura en el estudio médico de sujetos momificados8, 9, 10, son raros los casos en los que se cuenta con individuos de importancia histórica o con datos históricos fidedignos. En el caso de España, son muy pocos los estudios paleopatológicos en sujetos momificados de relevancia histórica, si bien estos son de gran interés y destacan los restos de Cristóbal Colon11 y el Emperador Carlos V12.

El sujeto de este estudio pertenece a la casa real de Castilla durante el siglo xiv y corresponde al bastardo real Don Sancho de Castilla, cuya muerte ocurrió a temprana edad e históricamente estuvo envuelta en la sospecha de asesinato por envenenamiento.

En el estudio aquí presentado destaca la buena preservación de parte de la cara, los brazos y los órganos intratorácicos, especialmente los pulmones, que mostraban una voluminosidad inhabitual para una momia, lo que desde el principio sugirió una patología difusa. Esta sospecha fue apoyada por el hallazgo de material hemático y fibrina intraalveolares y sinequias pleurales, que podrían corresponder a un proceso neumónico repetido o de larga evolución y con signos de fase aguda pre mórtem. Además, llamó la atención la existencia de una llamativa antracosis en un sujeto infantil y de una época anterior a la introducción del tabaco en España, por lo que la causa más plausible es el depósito a partir del humo de un hogar. Esto último concuerda con el estatus de confinamiento del infante y su localización en una zona de la península con crudos inviernos que, probablemente, obligaban al mantenimiento de hogares encendidos permanentemente durante meses. Comentario aparte merece la posición de la mano izquierda, cuya aducción y semiflexión de los dedos en forma de «garra» sugieren una lesión del nervio cubital, si bien no se puede descartar el que tuviese su origen en espasmos agónicos, convulsiones febriles relacionadas con el proceso neumónico o, más improbable por lo inusual de la posición, en un artefacto tafonómico.

Finalmente, aunque no se pueden excluir otros venenos o tóxicos de naturaleza orgánica no detectables por microanálisis EDS, esta técnica descartó algunos de los más frecuentemente empleados en la Edad Media española.

En resumen, este estudio ha representado un oportunidad única de analizar los tejidos blandos de un sujeto momificado relativamente bien conservado en el que destaca la preservación, con probable patología, del tejido pulmonar y en el que el uso de una técnica sofisticada y escasamente lesiva como la endoscopia flexible de alta resolución permitió un estudio de cavidades internas y toma de muestras que no hubieran sido posibles sin importantes mutilaciones del sujeto, en este caso de la importancia histórica de un miembro de la casa real de Castilla.

Agradecimientos

Han colaborado en este estudio María Jesús Galán, que nos facilitó el acceso al sujeto de estudio y a la información histórica; el profesor Miguel C. Botella, del Laboratorio de Antropología Física, de la Universidad de Granada, al que agradecemos su invitación para este estudio, y el profesor Josep Antoni Bombí, Montserrat Tortosa y Eva Fernández, del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital Clínic de Barcelona. Queremos hacer un especial agradecimiento a la hermana priora y demás miembros de la congregación del Convento de Santo Domingo el Mayor de Toledo por permitirnos invadir su intimidad y por su hospitalidad. A los servicios científico-técnicos de la UB, a José María Barragán y a su empresa, Olympus, por su apoyo incondicional y desinteresado en este y otros proyectos. A las unidades de Comunicaciones externas (Marc de Semir y Alex Argemi) y Audiovisuales (Josep Jiménez) de nuestro hospital por la coordinación y ayuda técnica.

Material Adicional.

Se puede consultar material adicional a este artículo en su versión electrónica disponible en doi:10.1016/j.medcli.2011.07.011.

Anexo A. Material Adicional

MMC

Recibido 9 Junio 2011
Aceptado 19 Julio 2011

Autor para correspondencia. plfernan@clinic.ub.es

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