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doi: 10.1016/j.medcli.2011.09.002
Carta al Editor
Dolor y distensión abdominal como manifestación inicial de la neuroborreliosis
Abdominal pain and wall distension as the onset form of neuroborreliosis
Maialen Arrutia, Ana Fuertesb,, , Elena Amatob, Adolfo López de Munaina
a Servicio de Neurología, Hospital Donostia, San Sebastián, España
b Servicio de Medicina Interna, Hospital Donostia, San Sebastián, España
Sr. Editor:

La enfermedad de Lyme es una enfermedad multisistémica que se caracteriza por alteraciones inflamatorias que comienzan en la piel tras la picadura de la garrapata Ixodes ricinus; semanas o meses más tarde pueden desarrollarse anomalías neurológicas, cardíacas, oftalmológicas, articulares y cutáneas; por último, existe una fase tardía que puede presentarse meses o años después, con manifestaciones articulares y neurológicas fundamentalmente1–3. Este polimorfismo clínico, la complejidad de demostrar la presencia de la bacteria y la confirmación serológica, que a veces presenta problemas de interpretación, hacen que el diagnóstico se base en la sospecha clínica de la enfermedad.

Presentamos a un varón de 60 años, sin antecedentes, que consultó por dolor continuo en hemiabdomen superior irradiado a espalda, con exacerbación nocturna, que relacionaba con un esfuerzo físico. En la exploración inicial destacaba únicamente una leve distensión del abdomen con sensación disestésica bilateral en los dermatomas D7-D11. En la analítica, el hemograma, la coagulación, el perfil renal, las enzimas hepáticas y pancreáticas y las hormonas tiroideas fueron normales. Las pruebas radiológicas, incluyendo la radiografía y la tomografía computarizada de abdomen y la resonancia magnética dorsolumbar, no mostraron anomalías. A los 15 días el estado general del paciente empeoró, con aumento de la intensidad del dolor. En la exploración se objetivó un abdomen abombado, flácido, sin organomegalias ni semiología ascítica, lo que le obligaba a mantener una postura de embarazada con aumento de la lordosis lumbar. El electromiograma reveló signos de denervación en músculos paraespinales a nivel D8-D10. Las serologías en suero para VEB, CMV, VHS, VVZ, VIH, rickettsias y Treponema pallidum resultaron negativas. La serología en suero de tipo IgG para Borrelia burgdorferi fue positiva por ELISA, confirmada por Western Blot. La punción lumbar obtuvo un líquido claro, con 86leucocitos/mm3 de predominio linfocitario, glucosa 57mg/dl, proteínas 106mg/dl, IgM e IgG positivo para Borrelia por ELISA con PCR negativa. Reinterrogado el paciente, reconoció 2 picaduras de garrapata sin lesión cutánea 2 meses antes. Con el diagnóstico de meningorradiculitis torácica por B. burgdorferi, se inició tratamiento con ceftriaxona, pregabalina, analgésicos y rehabilitación. Presentó una evolución favorable, con control del dolor y recuperación progresiva de la debilidad a los 3 meses.

La neuroborreliosis puede afectar a cualquier estructura del sistema nervioso central o periférico. En el segundo estadio, el síndrome típico es una meningorradiculitis y paresia de nervios craneales. La radiculoneuritis cursa como dolor neuropático intenso y lancinante de distribución radicular, que típicamente suele presentar exacerbación nocturna, pudiendo afectar las extremidades o el tronco3,4. Suele ser predominantemente sensitiva. Aunque en la literatura existen varios casos de neuroborreliosis con una radiculopatía torácica, el compromiso motor es una manifestación rara5–7. Esta baja frecuencia puede explicarse por la inervación de la pared abdominal, en la que también intervienen ramas del nervio iliohipogástrico (T12-L1) e ilioinguinal (L1).

En general, el diagnóstico de neuroborreliosis descansa en la exposición ambiental a garrapatas en un área endémica, síntomas neurológicos compatibles, confirmación serológica en suero y LCR, y la exclusión de otras etiologías8,9. La técnica de mayor utilidad es la evidencia de signos inflamatorios inespecíficos en LCR y la producción intratecal de anticuerpos antiborrelia10.

El diagnóstico diferencial de una radiculoneuritis torácica dolorosa incluye otras patologías mucho más frecuentes. Puede confundirse con un dolor de origen visceral, diabetes mellitus de larga evolución, hernia de disco, metástasis vertebrales, siringomielia o una lesión quirúrgica. En ausencia de lesiones cutáneas, el diagnóstico más obvio y que plantea una mayor confusión sería el herpes zóster.

En resumen, a pesar de que la neuroborreliosis es una enfermedad bien conocida, la gran variabilidad en sus formas de presentación y la dificultad de demostrar la presencia del germen sigue planteando a menudo un reto a la hora de realizar un diagnóstico certero. Ante todo dolor radicular de inicio agudo, unilateral o bilateral, sobre todo en ausencia de precipitantes mecánicos evidentes y en áreas de alta endemicidad, deberíamos pensar en la infección por B. burgdorferi. Incluir el cribado serológico en los cuadros compatibles nos permitirá llegar al diagnóstico verdadero, instaurar un tratamiento eficaz y evitar la progresión a estadios más avanzados y con mayores secuelas.

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Autor para correspondencia.
Copyright © 2011. Elsevier España, S.L.