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Signos clínicos y enfermedades concurrentes en el hipotiroidismo en perros y gatos

J Catharine Scott-Moncrieff a

a Department of Veterinary Clinical Sciences, School of Veterinary Medicine, Purdue University, VCS/LYNN, 625 Harrison Street, West Lafayette, IN 47907¿2026, USA

Resumen

Los signos clínicos en el hipotiroidismo canino pueden ser muy variados. Los signos clínicos más habituales son la disminución de la tasa metabólica y las manifestaciones dermatológicas. Hay una fuerte evidencia de que existe una relación causal entre el hipotiroidismo y una elevada diversidad de alteraciones neurológicas; sin embargo, es menos concluyente la asociación entre hipotiroidismo y otras manifestaciones, como las alteraciones reproductoras, las enfermedades cardíacas y las alteraciones del comportamiento. Son necesarios más estudios para determinar el amplio espectro de trastornos causados por el hipotiroidismo.

Abstract

Artículo

Las hormonas tiroideas influyen en la función de casi todos los órganos del cuerpo, por lo que en el hipotiroidismo canino puede presentarse una amplia variedad de signos clínicos. Los signos clínicos más frecuentes son la disminución de la tasa metabólica y las manifestaciones dermatológicas, pero se han descrito muchos otros signos clínicos, que incluyen alteraciones reproductivas, neurológicas y cardiovasculares.

Debido a diversos factores, es difícil determinar la verdadera relación entre el hipotiroidismo y algunas de las asociaciones clínicas menos habituales atribuibles a esta enfermedad. Uno de los factores es el reto de confirmar el diagnóstico de hipotiroidismo en los perros. Este diagnóstico se ve obstaculizado por la falta de especificidad del ensayo de la tiroxina (T4), así como por la falta de sensibilidad del ensayo de tirotropina. En muchos casos, es difícil establecer un diagnóstico definitivo, y es necesario realizar pruebas terapéuticas. Algunos factores no tiroideos, como la raza, la edad, los tratamientos farmacológicos concurrentes o anteriores y la presencia de enfermedades concomitantes, no sólo influyen en las concentraciones basales de hormonas tiroideas sino que también pueden influir en los resultados de las pruebas terapéuticas. Otro factor que complica la situación es que el valor predictivo de una prueba diagnóstica depende de la prevalencia de la enfermedad en la población. Un diagnóstico de hipotiroidismo es, a veces, una respuesta fácil para problemas médicos como la obesidad, las alteraciones dermatológicas y los problemas de comportamiento, lo que conduce a realizar las pruebas a muchos perros en los que no es probable la presencia de hipotiroidismo. La prevalencia de la enfermedad en la población sometida a las pruebas, por tanto, es baja, lo que reduce el valor predictivo de un resultado positivo. Otro factor que hace que sea difícil determinar una relación causal entre signos clínicos e hipotiroidismo es que el hipotiroidismo y los otros trastornos asociados son habituales en ciertas razas. Una predisposición racial común o una patogenia común (p. ej., la enfermedad inmunomediada) pueden justificar otras enfermedades que se producen junto con el hipotiroidismo. La presencia de dos enfermedades simultáneas no implica que haya necesariamente una relación causal entre ellas. Los criterios para el diagnóstico de hipotiroidismo se han vuelto más estrictos con los años, y los primeros casos documentados en veterinaria y sus signos clínicos asociados probablemente incluyeron algunos casos que no eran verdaderamente hipotiroideos. Todos estos factores hacen que el clínico necesite ser crítico al evaluar en la bibliografía la asociación entre hipotiroidismo y otros trastornos, sobre todo en lo que se refiere a los signos clínicos menos comunes y aquellos bien definidos.

CAUSAS DE HIPOTIROIDISMO CANINO

El hipotiroidismo puede ser el resultado de una disfunción a cualquier nivel del eje hipotalámi-co-hipofisario-tiroideo, y esta disfunción puede ser adquirida (que es más habitual) o congénita. La mayoría de casos de hipotiroidismo canino adquiridos son atribuibles a un hipotiroidismo primario y están causados por tiroiditis linfocítica o por atrofia tiroidea idiopática. Más raramente, el hipotiroidismo primario puede estar provocado por una neoplasia bilateral de tiroides o por la invasión de la glándula por una metástasis. El hipotiroidismo secundario (por deficiencia de tirotropina) rara vez se ha observado en el perro. Las causas de hipotiroidismo secundario adquirido incluyen malformaciones o neoplasias de la glándula pituitaria. El hipo-tiroidismo terciario (por deficiencia de hormona liberadora de tirotropina [TRH]) todavía no se ha documentado en el perro.

Las causas de hipotiroidismo congénito primario descritas incluyen déficit de yodo, disgénesis tiroidea y dishormonogénesis 1. Se ha descrito que el hipotiroidismo congénito con bocio causado por deficiencia de peroxidasa tiroidea está relacionado con un gen autosómico recesivo en el Fox Terrier Toy 2. El hipotiroidismo congénito secundario atribuible a la deficiencia aislada de tirotropina o de TRH se ha descrito en una familia de Schnauzers Gigantes jóvenes y en un Boxer joven 3,4. El hipotiroidismo congénito secundario también es característico del panhipopituitarismo.

Las causas iatrogénicas de hipotiroidismo incluyen el tratamiento con 131I, la administración de fármacos antitiroideos y la tiroidectomía quirúrgica; sin embargo, debido a la presencia de tejido tiroideo accesorio, el hipotiroidismo permanente después de la tiroidectomía es infrecuente.

Debido a que muchas de las consecuencias clínicas de hipotiroidismo resultan de los efectos de la producción disminuida de las hormonas tiroideas T4 y triyodotironina (T3) sobre todos los órganos del cuerpo, los signos clínicos de hipotiroidismo generalmente son similares, independientemente de la causa subyacente de la disfunción tiroidea. Sin embargo, en algunas formas de hipotiroidismo (el hipotiroidismo congénito, el secundario y el atribuible a neoplasia tiroidea) pueden reconocerse signos clínicos adicionales, como bocio, retardo del crecimiento, otros signos de disfunción pituitaria o signos clínicos causados por la presencia de una masa cervical. Aunque la tiroiditis puede causar dolor tiroideo en los seres humanos, no se da con frecuencia en los perros con tiroiditis.

EPIDEMIOLOGÍA DEL HIPOTIROIDISMO CANINO

Se han publicado dos grandes estudios retrospectivos sobre el hipotiroidismo canino en los últimos 15 años 5,6. Otros estudios anteriores sobre hipotiroidismo canino no han utilizado los mismos criterios estrictos para la confirmación del diagnóstico, por lo que sus resultados deben evaluarse de manera más crítica. La prevalencia de hipotiroidismo canino en los estudios más recientes fue del 0,2 al 0,8% 5,6. La media de edad en la cual se realizó el diagnóstico fue de 7 años, con un intervalo de 0,5 a 15 años. En un estudio, los perros macho y hembra esterilizados presentaron un mayor riesgo de desarrollar hipotiroidismo, en comparación con animales enteros 5; sin embargo, en un estudio más reciente realizado en Reino Unido, no se observó asociación alguna entre la raza, el sexo o si el animal estaba esterilizado o no 6. En un estudio realizado en Estados Unidos, los Golden Retrievers, los Doberman Pinschers y las razas cruzadas presentaron un riesgo significativamente mayor de hipotiroidismo. En el estudio de Reino Unido no se identificó ninguna predisposición racial al comparar estas razas predispuestas con la población general del hospital.

EFECTOS FISIOLÓGICOS DE LAS HORMONAS TIROIDEAS

Las hormonas tiroideas (T4 y T3) contienen aminoácidos yodados sintetizados en la glándula tiroides. Toda la T4 circulante proviene de la glándula tiroides, pero sólo el 20% de la T3 procede de la misma. El resto de la T3 deriva de la desyodación enzimática 5’ de la T4. En sangre, más del 99% de la T4 y de la T3 están unidas a las proteínas plasmáticas, con un mayor porcentaje de unión en el caso de la T4. Sólo la fracción de hormona libre entra en las células para producir efectos biológicos o un efecto de retroalimentación negativo sobre la hipófisis y el hipotálamo. La T3 penetra en las células con mayor rapidez, tiene un inicio de acción más rápido y su efecto es de tres a cinco veces más potente que el de la T4. Las hormonas tiroideas se unen a los receptores en los núcleos; entonces el complejo hor-mona-receptor se une al ADN y promueve la expresión de varios genes que codifican para enzimas reguladoras.

Las hormonas tiroideas tienen una gran variedad de efectos fisiológicos, que explican los profundos efectos clínicos de la deficiencia de hormonas tiroideas sobre el organismo. Las hormonas tiroideas aumentan la tasa metabólica y el consumo de oxígeno de la mayoría de los tejidos, a excepción del cerebro adulto, los testículos, el útero, los ganglios linfáticos, el bazo y la hipófisis anterior. Las hormonas tiroideas ejercen un efecto inotrópico y cronotrópico positivo sobre el corazón. Aumentan el número y la afinidad de los receptores β-adrenér-gicos, mejoran la respuesta a las catecolaminas y aumentan la proporción de cadenas pesadas de α-miosina. Además, tienen efectos catabólicos en el músculo y en el tejido adiposo, estimulan la eritropoyesis y regulan la síntesis y degradación del colesterol. Las hormonas tiroideas también son esenciales para el crecimiento y desarrollo normales de los sistemas neurológico y esquelético.

SIGNOS CLÍNICOS

Dado que las hormonas tiroideas influyen en el funcionamiento de muchos órganos, el hipotiroidismo debe considerarse dentro del diagnóstico diferencial de una amplia variedad de problemas. Los signos clínicos de hipotiroidismo pueden ser inespecíficos e insidiosos durante su instauración, por lo que el diagnóstico puede ser evocado en un amplio rango de posibilidades clínicas. Por el contrario, el hipotiroidismo también está sobrediagnosticado. Sus signos clínicos más habituales son los relacionados con la disminución de la tasa metabólica y con los cambios dermatológicos. Las manifestaciones clínicas menos frecuentes, pero bien documentadas, incluyen: alteraciones neurológicas, efectos sobre el sistema cardiovascular, efectos sobre el sistema reproductor femenino, y el conjunto de signos clínicos observados en el hipotiroidismo congénito. Las manifestaciones clínicas que se han atribuido al hipotiroidismo, pero para las que todavía no existe una fuerte evidencia de asociación causal, incluyen: cambios en el comportamiento, infertilidad masculina, trastornos oculares, coagulopatías y disfunción gastrointestinal.

Disminución de la tasa metabólica

Dado que las hormonas tiroideas aumentan la tasa metabólica y el consumo de oxígeno de la mayoría de los tejidos, su deficiencia provoca signos de disminución de la tasa metabólica. Se estudió el gasto energético en reposo (GER) en 30 perros hipotiroideos antes y después del tratamiento con L-tiroxina. La media del GER en los perros hipotiroideos se redujo en comparación con la media de los perros sanos 7. El GER aumentó hasta valores de normalidad después de la suplementación con hormona tiroidea. Curiosamente, sólo el 50% de los perros de este estudio presentó signos clínicos relacionados con la disminución de la tasa metabólica. Estos signos clínicos incluyen: letargo, debilidad, estado mental deprimido, aumento de peso e intolerancia al ejercicio y al frío 5,6. La obesidad o el aumento de peso se han descrito en el 44 al 47% de los perros con hipotiroidismo, pero la sobrealimentación es más habitual que el hipotiroidismo en la mayoría de los perros obesos. El letargo o debilidad se describió en el 20% de los perros en un estudio de Estados Unidos, mientras que en un estudio de Reino Unido el porcentaje fue del 76% 5,6. Esto puede reflejar diferencias en la gravedad de la enfermedad en el momento de su presentación.

Alteraciones dermatológicas

Las hormonas tiroideas son muy importantes en el mantenimiento de la función cutánea normal, y las alteraciones dermatológicas se presentan en el 60 al 80% de los perros hipotiroideos 5,6. Los signos de la tasa metabólica disminuida junto con las alteraciones dermatológicas deben hacer sospechar hipotiroidismo. En un estudio, el 68% de los perros presentó signos clínicos asociados con alteraciones metabólicas y dermatológicas 6. Se cree que las hormonas tiroideas son necesarias para el inicio de la fase de anagén del crecimiento del pelo, por lo que los perros hipotiroideos pueden presentar alopecia o poco crecimiento del pelaje después del rasurado. La alopecia es, generalmente, bilateral y simétrica, y suele empezar primero en áreas de roce, como el lateral del tronco, el tórax ventral y la cola. La cabeza y las extremidades tienden a no estar afectadas. El pelo puede ser frágil y depilarse con facilidad, el pelaje suele ser mate o con un color menos intenso, y la pérdida de la capa base o de pelos primarios puede provocar un aspecto áspero o de pelo de cachorro. En algunas razas puede predominar la retención del pelo en lugar de la caída. Las diferencias relacionadas con la raza en el ciclo del pelo y la morfología folicular pueden influir en las características clínicas del hipotiroidismo. En Beagles con hipotiroidismo no tratado inducido experimentalmente, no se observó alopecia clínicamente detectable tras 10 meses de hipotiroidismo estudiado; sin embargo, los perros con hipotiroidismo tenían un mayor número de folículos en fase telogén y menos pelo que la población control 8.

Otros hallazgos habituales en perros con hipotiroidismo incluyen descamación de la piel, seborrea (seca u oleosa) y pioderma superficial. También se ha descrito la presencia de hiperqueratosis, hiperpigmentación, formación de comedones, hipertricosis, otitis ceruminosa, mala cicatrización de heridas y aumento de hematomas. Estos cambios pueden estar relacionados con la disminución de la síntesis proteica, la disminución de la actividad mitótica y la disminución del consumo de oxígeno por la piel, que producen atrofia epidérmica, atrofia de las glándulas sebáceas y queratinización anormal. Las alteraciones en la concentración de ácidos grasos cutáneos también pueden estar implicadas en estos cambios 9.

Se cree que el hipotiroidismo predispone a infecciones bacterianas recurrentes en la piel, y la pioderma se ha descrito en el 10 al 23% de los perros con hipotiroidismo 5-7. Las infecciones por Malasseziay las demodicosis también se han observado en perros hipotiroideos. Puede existir prurito en presencia de una infección concurrente.

El mixedema (mucinosis cutánea) es una rara manifestación dermatológica del hipotiroidismo caracterizada por un engrosamiento de la piel, especialmente en los párpados, las mejillas y la frente. Está causada por la deposición de ácido hialurónico en la dermis, que se produce debido a que la deficiencia de hormonas tiroideas disminuye el catabolismo de los glucosaminoglicanos 10. El ácido hialurónico se acumula en la dermis, y debido a que es higroscópico, la dermis se vuelve edematosa. Este cambio suele ser más pronunciado en la cabeza. La administración de suplementos de hormona tiroidea resuelve la mucinosis cutánea asociada con el hipotiroidismo. Una complicación infrecuente del mixedema es la vesiculación mucinosa cutánea, en la que se forman vesículas mucinosas que protruyen de la superficie de la piel 11. Puede observarse un fluido claro, espeso y filamentoso (mucina) al pinchar las vesículas.

Alteraciones reproductivas

Las alteraciones en la reproducción que se atribuyen al hipotiroidismo en las hembras incluyen: intervalos interestrales prolongados, estro silencioso, falta de ciclos, abortos espontáneos, camadas pequeñas o con bajo peso al nacer, inercia uterina y cachorros débiles o nacidos muertos. Sin embargo, las evidencias que aseguran la asociación entre el hipotiroidismo y estas alteraciones son débiles. En los estudios iniciales en los que se describió que el hipotiroidismo causaba anomalías en la reproducción, el diagnóstico de hipotiroidismo se basaba únicamente en la determinación de las concentraciones basales de hormonas tiroideas. En dos estudios retrospectivos más recientes, los intervalos interestrales irregulares se describieron en uno de 111 perros con hipotiroidismo 5,6. Otro estudio en galgos fracasó al no identificar una asociación clara entre la función reproductiva pobre y el hipotiroidismo 12. Si el hipotiroidismo es una causa de disfunción reproductiva en las hembras, ésta parece producirse con poca frecuencia. Ello puede deberse, en parte, a que la mayoría de perros que en Estados Unidos son esterilizados o a que las hembras para cría son habitualmente examinadas y tratadas de hipotiroidismo a una edad temprana, antes de que se desarrollen los signos clínicos de disfunción tiroidea. La galactorrea se ha descrito en hembras enteras hipotiroideas 13,14. La hiperprolactinemia se produce en seres humanos hipotiroideos, y se cree que es la causa de galactorrea en la mujer. Se ha descrito hiperprolactinemia en una perra con hipo-tiroidismo primario 15.

Los problemas reproductivos en el macho atribuibles al hipotiroidismo incluyen libido baja, atrofia testicular, hipoespermia y azoospermia. Sin embargo, en un estudio prospectivo realizado en 6 Beagles machos con hipotiroidismo inducido con 131I, no se observó disminución de la libido ni de la calidad del esperma durante un período de 2 años 16. Se ha descrito disminución del tamaño testicular, subfertilidad y esterilidad en una colonia de Beagles con tiroiditis y orquitis 17.

Alteraciones neurológicas

El sistema nervioso periférico y el sistema nervioso central pueden estar afectados por el hipotiroidismo. En un estudio retrospectivo realizado en 66 perros hipotiroideos, se describieron alteraciones neurológicas en 19 perros (el 29%), aunque no todos los signos neurológicos descritos podrían ser atribuibles directamente al hipotiroidismo 5. En otro estudio retrospectivo realizado en 50 perros con hipotiroidismo, los signos neurológicos se describieron en tan sólo 3 perros 6. Las manifestaciones neurológicas más frecuentes del hipotiroidismo se relacionan con el sistema nervioso periférico, pero también se han descrito disfunciones del sistema nervioso central. Las causas de disfunción neurológica en el hipotiroidismo son poco conocidas. La deficiencia de ATP produce una alteración de la actividad de la bomba de sodio/potasio (Na/K), lo que puede causar una desaceleración en el transporte axonal y una disfunción nerviosa periférica. En las personas, se han descrito mononeuropatías a causa de la compresión de los nervios afectados por depósitos mucinosos; sin embargo, esto aún no se ha descrito en el perro. Los signos centrales pueden producirse a causa de la enfermedad vascular aterosclerótica, por cambios en el metabolismo neuronal y por alteraciones de la excitabilidad neuronal, atribuibles a la liberación anormal de neurotransmisores y su posterior recaptación. También puede haber un fallo en el transporte local de hormonas tiroideas en el cerebro 18.

La neuropatía periférica es la manifestación neurológica mejor documentada en el hipotiroidismo 19,20. Los perros geriátricos de razas grandes o gigantes son los más frecuentemente afectados, y suelen presentar intolerancia al ejercicio, debilidad generalizada, ataxia y tetraparesia o parálisis. La anorexia y la dificultad respiratoria también se han descrito en los perros afectados, y los clásicos signos dermatológicos y metabólicos del hipotiroidismo a menudo están ausentes. La duración de los signos clínicos antes de la presentación varía entre 2 y 8 semanas, con una lenta progresión que va desde un déficit leve en la marcha hasta la paraparesia o la tetraparesia observadas en muchos perros. Con menor frecuencia, la aparición de los signos clínicos puede ser más rápida. El examen neurológico suele revelar depresión, debilidad generalizada, déficits propioceptivos de las extremidades pélvicas (100%) y torácicas (63%), y la disminución de los reflejos segmentarios en las extremidades pélvicas (90%) y torácicas (45%) 20. Por lo general, las cuatro extremidades están afectadas; sin embargo, en algunos perros, los signos clínicos progresan desde las extremidades posteriores hacia las extremidades anteriores, o bien afectan únicamente a las extremidades posteriores. El aumento de la concentración de creatinincinasa y un aumento (leve o marcado) de la concentración de proteínas del líquido cefalorraquídeo se han descrito en algunos de los perros afectados. Las alteraciones descritas en el electrodiagnóstico incluyen: potenciales de fibrilación, ondas agudas positivas y descargas repetitivas complejas, y los músculos de la extremidad anterior y posterior se encuentran afectados por igual. La velocidad de conducción nerviosa motora disminuye y, a veces, hay una respuesta evocada auditiva anormal del cerebro y un electroencefalograma anormal. El examen histopatológico de los nervios afectados muestra irregularidades en la mielina, internodos de la zona y vacuolización internodal, mientras que la biopsia del músculo revela hallazgos compatibles con atrofia neurogénica. Los signos clínicos se resuelven con la administración de L-tiroxina (T4). Los perros mejoran rápidamente a los pocos días del inicio del tratamiento, y la mayoría de ellos es neurológicamente normal tras 1 o 2 meses de tratamiento.

La acalasia cricofaríngea se ha descrito en un perro joven con sospecha de hipotiroidismo y polineuropatía, como una manifestación inusual de esta última 21. Los signos clínicos de debilidad de la extremidad posterior y disfagia se resuelven con la administración de hormonas tiroideas.

En raras ocasiones también se ha descrito miopatía en perros hipotiroideos. En un estudio, en 2 perros hipotiroideos que no presentaban signos clínicos de enfermedad muscular, se hallaron evidencias histopatológicas de miopatía con atrofia de fibras de tipo II 22. En un artículo más reciente, un perro con hipotiroidismo y signos clínicos de miopatía presentaba un predominio de fibras de tipo I con bastones de nemalina presentes en las fibras de tipo I 23. Las alteraciones de la marcha y la intolerancia al ejercicio en el perro afectado se resolvieron 2 semanas después de la suplementación con L-tiroxina. La cojera unilateral también se ha descrito en perros hipotiroideos, y puede ser una manifestación de neuromiopatía generalizada. Los perros afectados presentaban una cojera unilateral de la extremidad anterior, dolor a la manipulación de la articulación glenohumeral y atrofia del músculo supraespinoso 24. Sólo 1 de los 4 perros afectados presentaba otros signos más clásicos de hipo-tiroidismo. La electromiografía reveló la existencia de una denervación extendida, con potenciales de fibrilación y ondas agudas positivas registradas en múltiples músculos. Las pruebas tiroideas evidenciaban la existencia de hipotiroidismo, y todos los signos clínicos se resolvieron con la administración de L-tiroxina. En 2 perros, los signos clínicos se repitieron después de la retirada del tratamiento y se resolvieron de nuevo con el reinicio.

La disfunción de múltiples nervios craneales (facial, trigémino y vestibulococlear) con o sin alteraciones en la marcha o en las reacciones posturales se ha descrito en perros con hipotiroidismo 20,25. En muchos casos, los signos neurológicos son multifocales y progresivos en el tiempo. Otros signos clínicos de hipotiroidismo a menudo se hallan ausentes. Se ha observado disfunción vestibular periférica y central. En algunos perros hipotiroideos con déficit vestibular se han observado alteraciones de las respuestas auditivas evocadas del tronco cerebral y anomalías electromiográficas de los músculos apendiculares. En un artículo que trata sobre 10 perros con disfunción vestibular central progresiva asociada con hipotiroidismo, las lesiones se localizaron en la región mielencefálica en 5 perros, y en la vestibulocerebelar en 5 perros. Dos perros presentaban signos clínicos paroxísticos, mientras que en el resto, los signos eran persistentes y progresivos. Se identificaron en 3 perros lesiones compatibles con un infarto mediante estudio de imagen, y las respuestas auditivas evocadas del tronco cerebral fueron anormales en 3 de los 4 perros examinados. Los signos clínicos en todos los perros afectados se resolvieron con la administración de T4 18.

El megaesófago se ha asociado con hipotiroidismo; sin embargo, el tratamiento del hipo-tiroidismo no resuelve los signos clínicos, por lo que no se puede confirmar la existencia de una relación causal 20. En un artículo que trata sobre 4 perros hipotiroideos con megaesófago, la administración de suplementos de hormona tiroidea produjo una leve mejora en 3 de ellos y resolvió los signos clínicos en un perro, pero la evaluación radiográfica reveló la persistencia de megaesófago en todos los perros tras 2 meses de tratamiento 20. En otro artículo sobre 4 perros hipotiroideos con megaesófago, sólo uno mejoró con la administración de tiroxina, y la mejora persistió a pesar del cese del tratamiento con L-tiroxina durante un año 5. En un estudio retrospectivo realizado en perros con megaesófago adquirido no se identificó el hipotiroidismo como factor de riesgo 26. En el mismo estudio, la miastenia grave se consideró un factor de riesgo de megaesófago, y se ha descrito que la miastenia grave puede aparecer en asociación con el hipotiroidismo 27. El hipotiroidismo concurrente puede exacerbar los signos clínicos de miastenia grave, como por ejemplo la debilidad muscular y el megaesófago.

También se ha descrito la parálisis laríngea en asociación con el hipotiroidismo. En un estudio retrospectivo realizado con 140 perros tratados quirúrgicamente de parálisis laríngea, 30 (el 21%) se consideraron hipotiroideos, basándose en los resultados de la prueba de estimulación con tirotropina o de un perfil tiroideo completo 28. En un estudio realizado en 66 perros con hipotiroidismo, la parálisis laríngea se diagnosticó en 5 perros, pero la función laríngea no mejoró en 2 perros a pesar del tratamiento con L-tiroxina 5. En un artículo sobre otros 5 perros con hipotiroidismo y parálisis laríngea, los perros con parálisis laríngea presentaron evidencias electrodiagnósticas de polineuropatía difusa 20. Sólo uno de estos perros fue tratado solamente con L-tiroxina, y mejoró clínicamente aunque la función laríngea no fue revaluada posteriormente. La mayoría de los perros con parálisis laríngea es tratado quirúrgicamente, y en pocos casos se habla de mejora en la función laríngea con la administración única de L-tiroxina. En la actualidad existen pocas pruebas que establezcan una relación causal entre el hipotiroidismo y la parálisis laríngea.

Pocas veces puede producirse disfunción cerebral en el hipotiroidismo como resultado del coma mixedematoso, por aterosclerosis o por la presencia de un tumor pituitario que causa hipotiroidismo secundario. En el coma mixedematoso, la apatía o la depresión mental profunda pueden ir acompañadas de una debilidad grave, alteración del estado mental, hipotermia, bradicardia, hipoventilación, hipotensión e inapetencia 29,30. La deposición de glucosaminoglicanos puede resultar en un edema no deformante en la piel, cara y papada. Los cambios clinicopatológicos más frecuentes en los perros afectados incluyen: anemia, hiperlipidemia, hipoglucemia, hiponatremia, hipoxia e hipercapnia. El tratamiento con L-tiroxina intravenosa se recomienda en el coma mixedematoso. En un artículo sobre 7 perros hipotiroideos con crisis tiroidea tratados con administración intravenosa de L-tiroxina, la presencia de una enfermedad concurrente, como por ejemplo una infección, fue un factor común desencadenante 31. Los perros con hipotiroidismo pueden presentar convulsiones, desorientación y circlinga causa de aterosclerosis cerebral o hiperlipidemia grave; sin embargo, hay pocas evidencias que sugieran que el hipotiroidismo sea una causa habitual de los trastornos convulsivos en los perros 32,33. En un estudio realizado con 113 perros con trastornos convulsivos, sólo se identificaron 3 perros con hipotiroidismo 34. La epilepsia idiopática puede provocar cambios en los perfiles tiroideos, consistentes con el síndrome del enfermo eutiroideo; de este modo, casi siempre se realiza un diagnóstico inexacto de hipotiroidismo en los perros con trastornos convulsivos 34. Una vez se inicia la terapia anticonvulsiva en perros con epilepsia idiopática, el efecto del tratamiento sobre la concentración de hormonas tiroideas puede hacer aún más difícil la evaluación precisa de la función tiroidea.

Los primeros informes sugirieron la existencia de una asociación entre el hipotiroidismo y la espondilomielopatía cervical. Esta asociación observada es, probablemente, el resultado de una predisposición racial similar (Doberman Pinscher) para ambos trastornos 35.

Las alteraciones del comportamiento que se han atribuido al hipotiroidismo canino incluyen agresividad y disfunción cognitiva. El coma mixedematoso y la aterosclerosis pueden causar claramente disfunción cognitiva en algunos individuos; sin embargo, estas manifestaciones en el hipotiroidismo son raras. En un artículo sobre un perro con polineuropatía y comportamiento agresivo, ambos se resolvieron con la administración de L-tiroxina 19. Está descrita la resolución de la agresión hacia los propietarios en un Wolfhound Ruso tras el diagnóstico y el tratamiento del hipotiroidismo, y hay un pequeño número de artículos puntuales en la bibliografía que revelan una asociación entre la agresividad y el hipotiroidismo 36. La documentación de una relación causal entre los problemas de comportamiento comunes y el hipotiroidismo requiere más estudios prospectivos.

Alteraciones cardiovasculares

Las alteraciones del sistema cardiovascular, como bradicardia sinusal, latido débil del ápice, complejos QRS bajos y ondas T invertidas, se producen en perros hipotiroideos 35. También se ha documentado la reducción de la función del bombeo ventricular izquierdo 37. El hipo-tiroidismo por sí solo rara vez causa insuficiencia miocárdica clínicamente significativa en el perro; sin embargo, la miocardiopatía dilatada y el hipotiroidismo pueden producirse simultáneamente. En dos grupos de Doberman Pinschers con y sin cardiomiopatía no se observó ninguna diferencia en la prevalencia de hipotiroidismo entre los dos grupos 38. Sin embargo, el hipotiroidismo puede exacerbar los síntomas clínicos en perros con enfermedad cardíaca subyacente. En un caso recientemente publicado sobre dos Gran Daneses con miocardiopatía dilatada e hipotiroidismo concurrente, se documentó una mejora a largo plazo en la función cardíaca tras el tratamiento con L-tiroxina 39. La enfermedad pericárdica también se ha asociado con el hipotiroidismo. Un perro hipotiroideo de 9 años de edad, de raza mixta, presentó un tromboembolismo aórtico por efusión pericárdica secundaria al colesterol, que se resolvió tras la administración de L-tiroxina 40.

El hipotiroidismo está considerado un factor de riesgo de aterosclerosis en los perros 41. La aterosclerosis se produce, probablemente, a causa de la hipercolesterolemia y, aunque es una complicación infrecuente del hipotiroidismo canino, puede dar lugar a otras manifestaciones de enfermedad cardiovascular, como la alteración de la función ventricular izquierda y la fibrilación auricular. Un estudio sugirió que el hipotiroidismo era más frecuente en los perros con fibrilación auricular que en los perros normales 42, pero son necesarios más estudios para confirmar esta asociación.

Alteraciones oftalmológicas

Los cambios oculares descritos en el hipotiroidismo canino incluyen: lipidosis corneal, ulceración de la córnea, uveítis, efusión lipídica en el humor acuoso, glaucoma secundario, lipemia retiniana y desprendimiento de retina 43,44. Estos cambios probablemente se producen a causa de la hiperlipidemia, y son infrecuentes en los perros hipotiroideos. Perros con hipotiroidismo inducido experimentalmente no desarrollaron cambios oculares durante los 6 meses de observación; sin embargo, se desconoce si alguno de los perros hipotiroideos se volvió hiperlipidémico 45. La queratoconjuntivitis seca en el perro también se ha asociado con el hipotiroidismo; sin embargo, actualmente no hay pruebas que confirmen esta asociación 35.

Hipotiroidismo secundario

En el hipotiroidismo secundario, los signos clínicos suelen ser similares a los del hipotiroidismo primario; sin embargo, en los perros con deficiencia hormonal de la hipófisis anterior suelen predominar los signos relacionados con la deficiencia de otras hormonas pituitarias (p. ej., hormona del crecimiento) 46. En los perros con hipotiroidismo secundario atribuible a neoplasia pituitaria, los signos clínicos dependen de la función hormonal del tumor, así como del grado de invasión o de compresión de las estructuras vecinas. Los signos clínicos de hiperadrenocorticismo, diabetes insípida o disfunción hipotalámica suelen ser más evidentes que los signos de hipotiroidismo 46.

Hipotiroidismo congénito

El hipotiroidismo congénito provoca retardo mental y retraso desproporcionado en el crecimiento, debido a la disgénesis epifisaria y al retraso en la maduración esquelética 47. Los perros afectados presentan un estado mental deprimido, tienen la cabeza grande, el cuello corto y grueso, las extremidades cortas, macroglosia, hipotermia, retraso en la erupción dentaria, ataxia y distensión abdominal 1-4,47. Los hallazgos dermatológicos son similares a los que se observan en el perro adulto hipotiroideo. Otros signos clínicos son: alteraciones en la marcha, canales auditivos estenóticos, párpados sellados y estreñimiento. Los cachorros afectados son, a menudo, los más grandes de la camada al nacer, pero empiezan a retrasarse del resto de la camada a las 3 a 8 semanas. Los cachorros gravemente afectados a menudo mueren sin un diagnóstico durante las primeras semanas de vida. Se ha descrito una fractura de fisis vertebral en un perro con hipotiroidismo congénito, lo que le producía tetraparesia 48.

El hipotiroidismo congénito con bocio, atribuible a la deficiencia de peroxidasa tiroidea, se ha reconocido en el Fox Terrier Toy y en el Rat Terrier 2. El defecto se hereda de forma autosómica recesiva, y en los perros afectados se ha identificado una mutación sin sentido en el gen de la peroxidasa tiroidea. Hay una prueba de ADN que puede detectar a los animales portadores del defecto, y está disponible para la detección de los perros de cría en el Laboratory of Comparative Medical Genetics de la Michigan State University.

CAMBIOS CLINICOPATOLÓGICOS

Una anemia leve no regenerativa se produce en el 30 al 40% de los perros con hipotiroidismo 5,6. La hipercolesterolemia en ayuno se da en el 75% de los perros con hipotiroidismo, mientras que la hipertrigliceridemia se observa hasta en el 88% 5,6. Las alteraciones menos frecuentes incluyen: un leve aumento de la fosfatasa alcalina, de la alanina aminotransferasa y de la creatincinasa. En el hipotiroidismo congénito se ha descrito la aparición de una leve hipercalcemia. Se ha observado un ligero aumento de la fructosamina sérica en 9 de 11 perros hipotiroideos no tratados, a pesar de que presentaban niveles normales de glucosa en sangre 49. Se cree que el aumento de fructosamina se debe a una disminución de la síntesis proteica, y el cambio se puede revertir con la administración de L-tiroxina. El aumento de las concentraciones de hormona del crecimiento y del factor de crecimiento similar a la insulina (IGF)-1 han sido descritos también en el hipotiroidismo canino inducido experimentalmente 50.

HEMOSTASIA

Cierta disminución de la concentración plasmática del antígeno del factor de Von Willebrand (vWf/Ag) se ha descrito en perros con hipotiroidismo; sin embargo, los estudios no han demostrado una relación entre la actividad del vWf/Ag o del factor VIII y el estado hormonal tiroideo 51-54. El hipotiroidismo canino no causa trastornos hemorrágicos clínicos, y la función plaquetaria y el tiempo de sangrado son normales. Las concentraciones de vWf/Ag no aumentan consistentemente durante el tratamiento con L-tiroxina de los perros hipotiroideos o en los eutiroideos con la enfermedad de Von Willebrand 53,54. La asociación entre la enfermedad de Von Willebrand y el hipotiroidismo probablemente es el resultado de una predisposición racial similar (Doberman Pinscher) para ambos trastornos.

POLIENDOCRINOPATÍAS

El hipotiroidismo canino puede producirse en asociación con otros trastornos endocrinos inmunomediados, como la diabetes mellitus y el hipoadrenocorticismo 55-57. La resistencia a la insulina ha sido descrita en perros diabéticos con hipotiroidismo 57. El aumento de la concentración de fructosamina sugiere que ésta puede no ser un buen indicador del control de la glucemia en los perros con diabetes mellitus e hipotiroidismo concurrente. En los perros con hipoadrenocorticismo e hipotiroidismo concurrente, el hipotiroidismo puede enmascarar los clásicos cambios electrolíticos del hipoadrenocorticismo. El hipotiroidismo concurrente también puede ser la causa de una mala respuesta al tratamiento en los perros con hipoadrenocorticismo 55.

HIPOTIROIDISMO FELINO

Es muy infrecuente que el hipotiroidismo felino se presente de manera natural en los gatos, y la causa más habitual de las bajas concentraciones séricas de T4 en los gatos es la enfermedad no tiroidea. El hipotiroidismo iatrogénico se produce con mayor frecuencia tras el tratamiento del hipertiroidismo. Las causas del hipotiroidismo felino espontáneo incluyen el hipotiroidismo congénito en los gatos de pelo corto domésticos y en los gatos abisinios 58-60, y se ha descrito la tiroiditis linfocitaria en un gato de 5 años y en gatitos jóvenes 61,62. Los signos clínicos de hipotiroidismo en gatos son similares a los descritos en perros, siendo el letargo y la obesidad las manifestaciones más habituales 63. En contraste con los perros, sin embargo, es frecuente la reducción del apetito a pesar de la ganancia de peso. Otros signos clínicos descritos en los gatos incluyen un hinchamiento facial asociado con mixedema, alopecia simétrica del tronco o de la punta de la cola, hipotermia y bradicardia.

RESUMEN

Los signos clínicos más frecuentes de hipotiroidismo son la disminución de la tasa metabólica y las manifestaciones dermatológicas. Hay una fuerte evidencia de que existe una relación causal entre el hipotiroidismo y una alta variedad de alteraciones neurológicas; sin embargo, la asociación entre el hipotiroidismo y otras manifestaciones, como alteraciones reproductivas, enfermedades cardíacas y las alteraciones del comportamiento, es menos concluyente. Son necesarios más estudios para determinar el amplio espectro de trastornos causados por el hipotiroidismo.

Dirección electrónica: scottmon@purdue.edu

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