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Cartas al director

Letters to the director

Article

Radiología 1998; 40 (3): 212-213.

CARTAS AL DIRECTOR


Radiología

Sr. Director:

Es una verdadera satisfacción conocer, tras la publicación de su artículo en el número de diciembre de la revista Radiología, que por fin parece abrirse la puerta a un debate nacional en profundidad sobre el ser y el devenir de nuestra especialidad. El asunto es tan trascendental y urgente que merecería un congreso extraordinario de nuestra Sociedad (SERAM) con la participación activa de la Comisión Nacional que usted preside.

Aun siendo importantes el tema de la nomenclatura, en el que creo que nunca habrá unanimidad, y el de la normalización definitiva de la titulación, asunto al fin burocrático, lo vital está en definir los cometidos y el ámbito de actuación de nuestra especialidad y dotarla de la base jurídica que la proteja.

Creo que usted da en el «clavo» de todos los males que la aquejan cuando escribe: «Conociendo la anatomía, las nuevas imágenes son aparentemente tan fáciles de interpretar que muchas lesiones milimétricas y diagnósticos puntuales quedan al alcance de cualquier aficionado.» ¿Y por qué recibe ese «aficionado» las imágenes? Las imágenes son una herramienta de trabajo del radiólogo que las va a estudiar, sea cual sea el método por el cual se hayan obtenido, y como tal le sirven para emitir un juicio diagnóstico que se plasmará en un informe. Este último es el resultado final del trabajo del radiólogo y lo único que sistemáticamente debiera recibir quien solicite la exploración. ¿No ocurre así en la inmensa mayoría de las interconsultas médicas, y la solicitud de estudio por imagen lo es, y como tal debiéramos tratarla?

Por otra parte, la imagen la obtiene directamente el radiólogo o bien un técnico siguiendo indicaciones explícitas o implícitas contenidas en un protocolo escrito o «consuetudinario», siempre ordenado por aquél y actuando, por tanto, por delegación. Este extremo es muy importante de precisar con el fin de evitar el intrusismo desde abajo. En este sentido debe plantearse la conveniencia de establecer su propiedad intelectual, de manera similar a como los fotógrafos ya tienen protegida por la Ley la «propiedad gráfica» de sus trabajos.

Volviendo a la cuestión de las peticiones de estudio radiológico o de cualquier otro tipo de imagen (ultrasonidos, TC y RM) considero que debieran ser siempre tratadas como lo que son, interconsultas, siendo el radiólogo quien decida el tipo y la secuencia de las exploraciones necesarias, coincidiendo plenamente con lo señalado al respecto en su artículo. Este proceder sería aún más rentable para todos, pacientes, radiólogos, clínicos y cirujanos e instituciones, si se realizara dentro de una organización del Servicio por imagen de sistemas de órganos y no por técnicas de imagen.

Por desgracia estamos aún muy lejos de asumir de forma generalizada las ideas y métodos hasta aquí expuestos, a pesar de los muchos profesionales que admiten sus ventajas y la necesidad de buscar una salida a la inquietante situación actual.

Las causas de tal estado de cosas son muchas y complejas y creo que están en la mente y en la experiencia de todos, siendo a mi modo de ver la fundamental el escaso espíritu combativo y el carácter acomodaticio que pueden comprobarse muy a menudo en nuestra especialidad, muchas veces debido a intereses personales que se verían lesionados al molestar con una actitud firme y decidida de defensa de nuestro trabajo a los compañeros clínicos, potenciales fuentes además de clientes. Muchas veces también subyace la comodidad de evitar un informe comprometido o a hora intempestiva. Y por supuesto la frecuente formación fragmentaria del radiólogo, insuficiente en muchas áreas dada la inmensidad del campo que abarca, francamente deficiente en formación clínica, hecho este último agravado por la organización de los servicios por técnicas, lo que elimina el contacto fecundo con el clínico y provoca la pérdida de la perspectiva del paciente y de su enfermedad.

Los niveles de decisión de los que debiera partir la reacción son tres: la SERAM, la Comisión Nacional y las jefaturas de servicio y de unidad en general, este último de vital importancia para la aplicación de cualquier resolución y compromiso de actuación. Sin embargo, no hay que olvidar que la pieza fundamental será siempre el radiólogo, quien con su trabajo diario y su presión sobre los anteriores es el único que puede hacer cambiar las cosas, sentando de una vez por todas las bases de una especialidad fuerte, autónoma y respetada.

Carlos Balmaseda Toyas
Servicio de Radiología. Hospital «San Millán»
del Insalud. La Rioja (Logroño)


Radiología

Sr. Director:

A finales de los años sesenta y primeros de los setenta se crearon los grandes centros sanitarios de nuestro país. Se pensaron y construyeron tomando como modelo las grandes plantas industriales de aquellos años. Actualmente, los centros sanitarios requieren una remodelación en su esencia, en su planteamiento y, por tanto, en su actividad.

En la revista de Radiología --diciembre 1997--, el doctor Luis Ramos nos indica claramente que no podemos quedar aislados en nuestras salas de informes sin entender que el contexto ha cambiado, que tenemos que relacionarnos, que abrirnos a otras demandas que solicita la sociedad y los compañeros de otras especialidades; se nos demanda otro tipo de colaboración.

Han cambiado y cambiarán las exigencias. En las décadas pasadas era prioritaria la cantidad masiva de producción, también lo era la calidad; sin embargo, los cambios sociales de estos últimos años requieren que nuestros centros se adecuen a la demanda y den un salto cualitativo.

La aplicación del conocimiento en los modos de producción para obtener resultados viene modificando continuamente nuestro trabajo. El conocimiento, por su propia naturaleza, es especializado, y cada vez más esta exigencia profesional lo es social (mejores condiciones económicas, mayor formación e información y disponibilidad de traslado). Cada vez más la asistencia va a exigirse más especializada. La forma obvia de mejora profesional es la agrupación de la asistencia por órganos o sistemas, de modo que el incremento de la experiencia genere cambios cualitativos. Es obvio que la cantidad no necesariamente genera calidad; sin embargo, no es posible adquirir un grado de experiencia y calidad excelente si no se dispone de un volumen alto de patología que lo permita.

En los próximos años van a tener que convivir, como lo están haciendo actualmente, distintos tipos de centros sanitarios con grado de especialización variable. Precisamos que determinados centros se reorienten de modo que desarrollen unas especialidades determinadas y sean dependientes de otras. Necesitamos mayor especialización para progresar. No podemos superarnos sin cambiar nuestros planteamientos. Ello no supone que unos centros van a ser los escogidos y otros no. Esta perspectiva tiene en cuenta no sólo la competencia, sino también la cooperación y la dependencia mutua. La distribución de la patología en especialidades conlleva que cada centro pueda tener especialidades punteras.

Esta situación cambiante no hay que verla con pesimismo, sino como oportunidad. No podemos predecir lo que nos espera, pero sí que podemos afirmar que va a ser distinto y que la mayor parte de nosotros vamos a estar necesariamente más especializados. No se trata de un dilema entre elegir trabajar en grupos dependientes de la tecnología o por órganos-sistemas. Son planteamientos que van a convivir y lo seguirán haciendo porque las necesidades de los centros sanitarios son diferentes. Lo deseable es la organización por órganos o sistemas cuando el centro es grande, pero en un centro pequeño puede ser más útil rotaciones continuas o hacerle puntero en algunas especialidades. No hay una receta única para todos y se han de desarrollar distintas opciones. Comprendo las dificultades para llevar estas ideas a la práctica; sin embargo, es un hecho al que no se le puede volver la espalda.

Es un problema amplio y complejo, no específico de nuestra especialidad, sino de la sociedad en su conjunto. Por ello implica una voluntad personal y sociopolítica de adaptación al cambio en determinadas directrices.

Hemos de entender este problema en su globalidad y tener claro lo que se nos demanda. No nos vamos a imponer al futuro por el simple hecho de ser radiólogos, lo haremos sólo si estamos preparados y aprovechamos los cambios que se nos presentan.

El cómo denominar los servicios que fueron de Radiología (generadores de imágenes), posteriormente Radiodiagnóstico y luego --en algunos casos-- de Diagnóstico por Imagen parece poco relevante. No sería mala idea quedar-nos con el original o probablemente tendremos que continuar cambiándolo. ¿Alguien podría imaginar hace tan sólo 25 años los cambios que hemos vivido? Pocos dudamos que, en pura lógica, los próximos años nos depararán más sorpresas.

Algunos compañeros me han comentado su preocupación porque nuestra especialidad pueda desaparecer diluyéndose y acabar inmersa en las especialidades como ocurría en las antiguas cátedras. Pienso que ese no es el problema, que no hay vuelta atrás. El camino no está trazado, pero lo que sí que está claro es cuál debe ser nuestra postura. Debe ser un planteamiento reflexivo de hacia dónde y cómo podemos progresar, de esfuerzo en aprender y en relacionarnos.

No debemos olvidar que en estos últimos años nos hemos introducido y estamos compitiendo con numerosas especialidades. No debemos sorprendernos de que ocurra lo contrario, que también ocurre. Hay que procurar comprender y dar el servicio que demanda el entorno. Si no se da, un nuevo cambio surge y con él la oportunidad.

Si miramos hacia estos últimos años pasados, la expansión de nuestra especialidad ha sido notoria y la repercusión que tenemos hoy en la actividad del hospital dista mucho de la anterior. Aparentemente, la radiología de hace unos años era espectacular, pero hoy sabemos que hemos dado unos pasos importantes y que actualmente somos más fiables y resolutivos.

Aunque conocemos nuestras incertidumbres, nuestro esfuerzo nos debe permitir ser optimistas.

Francisco Fernández Latorre
Servicio de Radiodiagnóstico.
Hospital General Universitario de Alicante