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2014 FI

1.417
© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2014

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doi: 10.1157/13083570

Estudio observacional sobre los comités de ética asistencial en Cataluña: el estudio CEA-CAT (1). Estructura y funcionamiento

Observational study of Healthcare Ethics Committees in Catalonia: CEA-CAT Study (1). Structure and functioning

Salvador Ribas-Ribas a

a Institut Borja de Bioètica. Universidad Ramon Llull. Esplugues de Llobregat. Barcelona. España.

La presencia de servicios de consulta ética en hospitales comenzó entre los años 1960 y 1970 en EE.UU. ante la aparición de una serie de casos en los que surgieron conflictos éticos por causa de los avances científicos y técnicos en la medicina. Uno de los primeros comités fue el creado en Seattle, en 1961, con la finalidad de, ante el gran número de pacientes y la escasez de recursos, decidir a qué pacientes renales se les daba acceso o no a un nuevo tratamiento de diálisis1. Otro comité fue el Optimum Care Committee que se creó en el Hospital General de Massachusetts en 1974 para ayudar a los médicos a afrontar los conflictos éticos planteados en situaciones límite, como los casos de reanimación cardiopulmonar2. Pero no fue hasta finales de la década de los años ochenta cuando distintas organizaciones estadounidenses manifestaron la necesidad de crear comités de ética en los hospitales, como en 1983 la President's Commission for the Study of Ethical Problems in Medicine and Biomedical and Behavioral Research3, la Ameri can Hospital Association4 y la American Medical Association5.

El impulso definitivo para que la presencia de comités de ética fuese una realidad en centros hospitalarios fue el Manual de acreditación para hospitales, de 1992, de la Joint Commission on Accreditation of Healthcare Organizations6, al incluir, como criterio de calidad para todo hospital, la disposición de algún mecanismo que ayudase a profesionales de la salud, pacientes y familias a abordar los conflictos éticos que pudieran aparecer durante el proceso asistencial.

La American Society for Bioethics and Humanities (ASBH) define la consulta ética como un servicio ofrecido por una persona o un grupo de personas para ayudar a pacientes, familias, proveedores de salud u otras partes implicadas, para tratar conflictos éticos que puedan aparecer en la atención sanitaria7. Y podemos diferenciar tres clases de servicios de consulta ética: el del comité, que es el modelo más extendido; el individual, y un modelo mixto o el formado por pequeños equipos.

Tras una revisión bibliográfica sobre los estudios empíricos que reportan datos descriptivos sobre los distintos servicios de consulta ética en EE.UU.8, apenas se encontró datos concluyentes sobre cuál de los tres modelos es el predominante. Sin embargo, ante el gran volumen de artículos publicados sobre comités de ética, de los tres modelos, el del comité parece ser el que tiene más prevalencia.

Lo cierto es que cada uno de los modelos tiene sus ventajas y desventajas. Así, por ejemplo, el modelo individual, defendido por La Puma, puede resultar ventajoso por la proximidad entre el consultor y el paciente9. Sin embargo, La Puma reconoce que determinadas funciones, como la elaboración de recomendaciones, conviene asignarlas antes a un comité que a un consultor de ética. Algo parecido propone Siegler10, quien recomienda que la función de la educación y la formación en bioética recaiga sobre un comité, mientras que para la consulta de casos aconseja la creación de pequeños comités o equipos en las unidades o áreas asistenciales en las que haya un alto riesgo ético, es decir, áreas donde a menudo se dan conflictos éticos, como por ejemplo las unidades de cuidados intensivos o las unidades de emergencias.

A pesar de los argumentos a favor de un modelo u otro, en realidad no se da una disyuntiva exclusiva entre ellos, pues mientras uno es idóneo para ciertas tareas, el otro lo es para otras. A esta conclusión llegan La Puma y Toulmin11 y también el grupo de trabajo de la ASBH que elaboró el informe de las Core Competencies For Health Care Ethics Consultation7.

En España, al igual que en otros países europeos, como los Países Bajos12 o el Reino Unido13, el modelo de servicio de consulta ética más predominante es el del comité, conocido con el nombre de comité de ética asistencial (CEA). Desde que en 1974 se creó el primero en el Hospital Sant Joan de Déu de Esplugues de Llobregat14 con el nombre de Comité de Orientación Familiar y Terapéutica, y después de la aparición en los años noventa de varias acreditaciones15-18 en las que se explicitan los criterios que los comités deben cumplir para garantizar su calidad y buen funcionamiento, la creación de comisiones y CEA en toda España ha ido en aumento. En la actualidad, la presencia de CEA en centros hospitalarios es algo habitual y ahora la tarea no consiste tanto en la creación de más comités, sino en encontrar el modo de evaluar los que ya hay con el afán de garantizar su continuidad y su buen hacer. Con este propósito se quiso realizar un estudio empírico en todo el territorio catalán al que se dio el nombre de Estudio CEA-CAT.

Como sostiene Abel19, la evaluación de un comité no debe reducirse a aspectos administrativos o de forma, mientras se nos escapa lo más fundamental: la calidad del proceso del diálogo bioético y la capacidad de los miembros del comité para identificar los aspectos éticos del problema. Y partiendo del supuesto de Scheirton20, según el cual un comité que emita una docena de protocolos y atienda diariamente un caso no significa que funcione bien, en este estudio se quiso averiguar tanto la actividad realizada por los CEA catalanes, como también la percepción que tienen los componentes de estos comités sobre sí mismos. De este modo, el objetivo principal del estudio ha sido doble: por un lado, conocer la estructura y el funcionamiento de los CEA en Cataluña y, por otro, someterlos a una autoevaluación.

Material y método

El estudio fue multicéntrico, autoevaluativo, descriptivo transversal y, para algunas de las variables, retrospectivo. Se ha recogido datos de los últimos 3 años al demostrarse, en un estudio previo, que en este período los comités en España suelen funcionar con normalidad21.

Población de estudio

Dos muestras ha formado la población objeto del estudio: una constituida por todos los CEA del ámbito territorial catalán, y otra por cada una de las personas que en el año 2003 formaron parte de un CEA acreditado. El único criterio de inclusión empleado ha sido que el comité estuviera acreditado por el Departament de Sanitat i Seguretat Social de la Generalitat de Cataluña18.

Diseño de los cuestionarios

Para la recogida de los datos, se utilizó dos cuestionarios: uno dirigido a los comités (cuestionario I) y otro para la autoevaluación, que cada uno de los componentes de los comités tenía que rellenar (cuestionario II). Para el diseño del primero se realizó una revisión bibliográfica sobre la investigación empírica acerca de la composición, la estructura y el funcionamiento de los comités de ética realizada en EE.UU.18-22 y se incluyeron las variables normalmente recogidas en esa bibliografía.

El cuestionario II se diseñó a partir de dos fuentes: por un lado, se adaptó el formato del modelo de autoevaluación utilizado en una encuesta publicada en la revista Ethical Currents23, en la que se pedía a los encuestados que indicasen en primer lugar qué importancia concedían a cada variable y después se autoevaluaran. Con relación a las variables, se incluyó las sociodemográficas y las competencias del informe de la ASBH.

Para la puntuación de cada una de las competencias se utilizó escalas de tipo Likert con unas puntuaciones de 1 a 5, tanto para averiguar la relevancia que los componentes concedían a cada una de las competencias, como para realizar la autoevaluación.

La adaptación de cada una de las competencias de la ASBH al entorno asistencial catalán se realizó con una primera traducción al catalán y su posterior revisión por parte de dos asesores externos. La competencia de la «integridad» no se incluyó, al ser la única actitud que la ASBH no considera necesaria que posean todas las personas de un CEA.

Además, al listado de las competencias de la ASBH se añadió tres nuevas habilidades, al considerarlas oportunas en el contexto europeo:

­ La habilidad para identificar valores morales ya supuestos en la deliberación del caso.

­ La habilidad para identificar incongruencias argumentativas durante el proceso de la deliberación del caso.

­ La habilidad para sintetizar y resumir el desenlace de la deliberación del caso.

Trabajo de campo

El trabajo de campo se desarrolló en dos fases. En la primera, de una duración de 1 mes, se realizó un estudio piloto para analizar la inteligibilidad del cuestionario II. Para ello, se convocó a un CEA acreditado y, al cuestionario a evaluar, se añadió una pregunta abierta para que los participantes anotasen los comentarios que considerasen oportunos. La segunda fase tuvo una duración de 5 meses, de junio hasta octubre de 2003. A lo largo del trabajo de campo se llevó a cabo un seguimiento mediante dos llamadas telefónicas: una, al inicio del estudio, para confirmar la recepción y participación de los comités, y otra, al final, como recordatorio de la fecha límite para la entrega de los cuestionarios.

Con el fin de respetar la confidencialidad de los participantes, se omitió cualquier tipo de información que pudiese identificar el centro al que está adscrito el comité o los participantes.

Análisis de los datos

Tras la recepción y la revisión de los cuestionarios, las respuestas se introdujeron en dos bases de datos, una para cada cuestionario, creadas con la versión 10 del programa SPSS. Con ese mismo programa se realizó el análisis estadístico. En el análisis se tuvo en cuenta el total de los valores perdidos para cada variable de ambos cuestionarios, es decir, las variables que se dejaron sin responder, de manera que los porcentajes tan sólo se calcularon sobre el total de valores válidos.

Tras analizar los datos, y según el tipo de variable, los resultados se han expresado con la media y su desviación estándar, las puntuaciones máximas, las mínimas y la diferencia entre ellas, es decir, los intervalos y la distribución de frecuencias y porcentajes.

Por último, también se quiso averiguar si había algún tipo de relación entre algunas variables, sólo a modo descriptivo, sin abordar si había una dependencia causal. Para este análisis, se realizó tablas de contingencia con el test de la *2 de Pearson y análisis de correlación. En las tablas de contingencia, se recogió las frecuencias y los porcentajes por el total y por columnas. Y en los análisis de correlación se utilizó dos coeficientes, según el tipo de variable: el de Pearson y el de Spearman. Se ha considerado los resultados estadísticamente significativos, siempre y cuando el valor p fuese menor de 0,05.

a) Caracterización de la muestra

La caracterización de la muestra, tanto la de los comités como la de los componentes, se obtuvo con un análisis descriptivo, y se calculó la media con su desviación estándar y la distribución de frecuencias y los porcentajes, según la variable.

b) Evaluación y estado actual de los comités de ética

Se efectuó el análisis sobre la puntuación total de todos los CEA. También se realizó un análisis estratificado por comités para poder compararlos y detectar diferencias entre ellos, en el que sólo incluimos los CEA que cumplimentaron más de cinco cuestionarios con el fin de obtener una mínima representatitividad por cada CEA. Para averiguar el estado actual de los CEA, se realizó tres tipos de análisis:

1. Experiencia de los componentes de los CEA. Para analizar el estado de la composición de los CEA, se hizo un análisis descriptivo con relación a la antigüedad de los componentes y su formación recibida en bioética. También se quiso averiguar si había alguna relación entre las variables, y por ello se realizó un análisis de tablas de contingencia con el test de la *2 de Pearson. Dos fueron los análisis de relación:

­ La relación entre la antigüedad de los componentes y la del CEA.

­ La relación entre la formación en bioética y el tipo de CEA, según su ámbito de actuación, local o multicéntrico.

2. Funcionamiento de los CEA. Con relación al funcionamiento de los comités, no se consideró ni la frecuencia de casos atendidos, ni el total de documentos elaborados, sino la dedicación de cada uno de los componentes a cada una de las tres funciones principales de los CEA, es decir, la consulta de casos, la formación en bioética y la elaboración de documentos. Respecto a la eficiencia, se partió de la hipótesis de que la dedicación de los componentes redunda en el buen funcionamiento de los CEA, y por ello se calculó el total de horas dedicadas a cada función.

3. Crecimiento y diagnóstico del síndrome failure-to-thrive. Para diagnosticar la existencia o no de atrofia en el crecimiento o desencanto de los CEA, se analizó tres síntomas:

­ Absentismo en las reuniones de los CEA.

­ Actividad de los CEA, en su tríada funcional durante los últimos tres años.

­ Interés por la bioética.

La hipótesis de la que se partió es que en el crecimiento de un CEA se produce atrofia si hay escasa participación de los componentes más antiguos, poca disposición a ser evaluados, elevado absentismo en las reuniones y pobre actividad en cada una de las tres funciones principales de un CEA.

Resultados

Los resultados obtenidos en el estudio piloto fueron positivos al confirmarse la buena comprensión del cuestionario. El período inicial del estudio, indicado en la carta de presentación para responder a los cuestionarios enviados en junio de 2003, era de 2 meses. Sin embargo, ante la escasa recepción de cuestionarios, el plazo de recepción se amplió 2 meses más, por lo que el trabajo de campo finalizó en el mes de octubre de 2003.

La población del estudio

Sobre una muestra total de 38 CEA acreditados en el mes de junio de 2003 en Cataluña, participaron un total de 25. De ellos, uno no se incluyó en el análisis estadístico por devolver los cuestionarios fuera del plazo establecido para la realización del trabajo de campo. En total, por tanto, se obtuvo una tasa de respuesta del 65,78% en el cuestionario I. Del total de CEA incluidos en el análisis, 9 se acreditaron entre los años 1993-1997, y más del 60% restante, o sea 15, obtuvo la acreditación en los últimos 5 años.

El 75% de los CEA acreditados en Cataluña se localiza en la provincia de Barcelona y el 25% restante se distribuye entre las provincias de Lleida y Tarragona. La centralización de los CEA en la provincia de Barcelona es evidente: un 41% de los CEA (10) está localizado en Barcelona y alrededores, y el resto queda distribuido en 10 comarcas, lo que indica la ausencia de CEA en zonas rurales.

Con relación al ámbito de actuación, en un 54% de los casos, o sea 13, son CEA multicéntricos, mientras que el 46% actúa en un ámbito local. Por otro lado, la mayoría de los CEA pertenece a centros sanitarios concertados, y tan sólo un 27% se ubica en centros públicos. Por su parte, hay mayor presencia de CEA, con un total de 19, en los hospitales de agudos, seguidos de los centros sociosanitarios y los hospitales de salud mental. Los CEA tienen menor presencia en los centros de atención primaria, las residencias geriátricas y los hospitales materno-infantiles. Por último, cabe precisar que dos de los CEA de la muestra son de actuación regional, de acuerdo con la distribución territorial del Servei Català de la Salut de 199124.

La composición de los CEA es de una media de 15 personas y el colectivo profesional más numeroso en ellos son los médicos y el personal de enfermería, con una media (DE) de 4,96 (2,05) y 3,88 (2,33), respectivamente, y unos porcentajes del 31 y el 24,60% sobre el total de los componentes de los CEA (tabla 1). Por otra parte, casi todos los CEA disponen de, como mínimo, un profesional del Derecho, un trabajador social, un gestor o representante de la administración, un especialista en bioética y un representante de los usuarios. Tras los médicos y el personal de enfermería, los colectivos más representados, de mayor a menor presencia, son: los/as especialistas en bioética (7,93%), los/as representantes de usuarios/as (6,87%), profesionales del Derecho y trabajadores/as sociales (6,08%) y gestores (5,82%). Con una presencia menor, figuran los representantes del clero (2,38%), los/as psicólogos/as (2,11%), responsables de calidad asistencial (1,95%), administrativos/as (0,52%) y ATS y/o auxiliares de clínica, con tan sólo un representante.

Con relación a la tasa de respuesta del cuestionario II (dirigido a todos los componentes de los CEA), recibimos un total de 161 cuestionarios de un total de 25 CEA: un 32% de ellos han devuelto menos de cinco cuestionarios, 3 de ellos uno y otros 3, tan sólo dos cuestionarios; un total de 17, lo que representa el 68% de la muestra, devolvió más de 5 cuestionarios, de los cuales 3 CEA cumplimentaron más de 10 cuestionarios. Cabe añadir que sobre la muestra de las 378 personas que componen los 24 CEA de los que recibimos el cuestionario II, respondieron 157 componentes, y, de ellos, un 78% pertenece a CEA ubicados en la provincia de Barcelona. Es preciso añadir que, de los 24 CEA que devolvieron el cuestionario I, no se recibió ningún cuestionario II de 2 de ellos. Por otro lado, de 3 CEA de los que no se recibió el cuestionario I, 4 componentes respondieron al cuestionario II.

La edad media de las personas, en el momento de responder al cuestionario, ha sido de 47 años: el 22% tenía menos de 40 años, el 74% tenía una edad comprendida entre los 40 y 65 años y un 2,5% tenía más de 65 años. De los 161 componentes que participaron, un 57% son mujeres y un 43% varones. Y con relación a la creencia religiosa, un total de 93 componentes, lo que representa el 63% de la muestra, ha manifestado ser creyente, de los que el 74% son católicos. Un 36,7% respondió no ser creyente (tabla 2).

Respecto a los perfiles profesionales, un 74% tienen perfil clínico-asistencial, un 20,5%, humanístico-social, y el 5,6% son profesionales de la organización y la gestión hospitalaria. Los colectivos con mayor respresentación son los médicos, con un 47%, y el de enfermería, con un 22%, seguidos de un 8% de trabajadores sociales, un 5% de representantes de los usuarios, y un 3,7% de profesionales del Derecho. Por otro lado, tan sólo un 10% tiene un perfil profesional pluridisciplinario, de los que los médicos especialistas en bioética, las enfermeras especialistas en bioética y los médicos gestores son los más representados.

La evaluación de los comités de ética

Por lo que respecta a la antigüedad de los componentes, y por tanto a la experiencia, en su mayoría, un 58,8% llevaba perteneciendo a un CEA más de 2 años, con una media de casi 6 años (tabla 3). Además, hay una buena rotación de los componentes en los CEA, al menos en los últimos 3 años, al haber una correcta proporción entre las personas que tienen menos experiencia y las que tienen más, tanto en CEA acreditados en los últimos 5 años, como los acreditados en los últimos 10 años.

Con relación a la formación, un 88% de los componentes ha recibido algún tipo de formación en bioética. De éstos, casi un 70% ha asistido a cursos de formación y un 50% ha recibido formación mediante conferencias. Un 24% de los componentes de la muestra ha realizado un máster en bioética. Respecto a las horas de formación, los porcentajes son muy similares, con un 37, 33 y 29% entre las personas que han recibido menos de 50 h, entre 50 y 299 h, y más de 300 h, respectivamente (tabla 3). Por otro lado, y en un análisis de relación, hemos observado que quienes forman parte de un CEA local tienen, en general, una formación en bioética menor que los CEA de ámbito multicéntrico (tabla 4).

En cuanto a la dedicación a cada una de las funciones del comité, el 82% de los componentes invierte el tiempo en formación, de los que un 44% dedica entre 5 y 20 h mensuales, y un 50%, menos de 5 h al mes. Un 70,8% de los componentes dedica el tiempo a la revisión de casos, aunque la mayoría le dedica menos de 5 h mensuales. La elaboración de documentos es la función a la que dedican menos tiempo, le presta atención el 66% de la muestra y, al igual que en las anteriores actividades, la mayoría le dedica menos de 5 h al mes.

Por último, y con relación a la discusión y el análisis de casos, el 83% de los CEA, o sea 20, disponen de un procedimiento de toma de decisiones y en un 88% de ellos las decisiones se toman por consenso. Cabe indicar, además, que un 5% de los componentes también afirma que, en ocasiones, decide por el convencimiento argumentativo de algún compañero.

El crecimiento de los comités: el diagnóstico failure-to-thrive

El síndrome failure-to-thrive, recordemos, se analizó desde tres síntomas: el desinterés por temas de bioética y la poca predisposición de los componentes a ser evaluados, el absentismo en las reuniones y una escasa actividad de los CEA en los últimos 3 años. Respecto al primero de los síntomas, la tabla 5 muestra cómo se da una mayor participación en el estudio por parte de componentes de CEA acreditados recientemente, 104 en total, que representa el 65,4% de la muestra. Ello contrasta con la elevada tasa de respuesta del cuestionario I, el dirigido a los CEA, donde hemos obtenido el 81% de los datos con relación a CEA acreditados hace más de 5 años, frente al 54% respecto a CEA acreditados hace menos de 5 años. La baja tasa de respuesta en los CEA más jóvenes quizá se deba a la escasa actividad por estar en sus inicios o al miedo a ser evaluados por terceros.

Con relación al síntoma de absentismo, en la tabla 6 se observa, por lo general, una buena asistencia: un 61,5% de los componentes manifiestan asistir siempre a las reuniones. Además, se constata una continuidad, ya que quien más tiempo lleva en un comité no deja de asistir a las reuniones. En efecto, en el análisis de la antigüedad del comité no se aprecian unas diferencias significativas entre los CEA acreditados en los últimos 5 años y los que se acreditaron entre 1993 y 1997. Por otro lado, el único grupo donde los componentes afirman acudir poco al comité es el grupo de más de 2 años de antigüedad, mientras que el mayor porcentaje de personas que asisten siempre a las reuniones se encuentra en el grupo que tiene menos de un año de experiencia. En otros análisis de relación, las mujeres tienen más continuidad en la asistencia a las reuniones que los varones, y, en un 85% de los casos, las personas con un perfil humanista y/o social acuden siempre a las reuniones de los CEA, mientras que, entre los perfiles clínico-asistenciales y profesionales de la organización y gestión sanitaria, el 54 y el 66% de la muestra, respectivamente, acude siempre.

Con relación al tercero de los síntomas, la actividad de los CEA, se aprecia un aumento de las reuniones: mientras en el año 2000 un total de 9 CEA se reunió en menos de seis ocasiones, en 2002, un 87,5% de los CEA llegó a reunirse en más de 6. En resumen, hay una evolución respecto a la frecuencia de las reuniones de los CEA en los últimos 3 años, con unas medias de 6,67, 7,88 y 8,21, y unas desviaciones estándares de 4,19, 3,57 y 2,93, respectivamente. En la tabla 7 se muestra la actividad realizada por todos los CEA en los últimos 3 años.

La frecuencia y los tipos de conflictos éticos

En los últimos 3 años, los CEA han atendido un total de 282 casos, de los cuales 233 (82%) han planteado conflictos éticos clínico-asistenciales, y un 16,31% están relacionados con la organización y la gestión sanitaria. Sólo un 1% versa sobre la valoración de proyectos de investigación (tabla 7).

Los temas de riesgo ético más tratados, es decir, los susceptibles de crear un conflicto ético, han sido los relacionados con el consentimiento informado y el respeto por la autonomía del paciente, con una media (DE) de 3,14 (1,15) y 3,61 (1,03), respectivamente, sobre una puntuación de 4. Los menos frecuentes han sido los casos de reanimación cardiopulmonar, la relación entre profesionales de la salud y los relacionados con la gestión de recursos.

En el análisis de relación (tabla 8) obtuvimos significación estadística en las variables siguientes: por un lado, el encarnizamiento terapéutico es más frecuente en hospitales públicos que en los concertados, y el tema que plantea más conflictos a los CEA que están ubicados en poblaciones de menos de 100.000 habitantes es la autonomía del paciente. También se aprecia diferencias con relación al tipo de centro: en centros sociosanitarios y materno-infantiles el respeto por la autonomía del paciente muy frecuentemente presenta conflictos éticos, en hospitales de agudos bastante frecuentes, y nunca representa un conflicto en atención primaria. Por último, la reanimación cardiopulmonar se presenta como un conflicto muy frecuente en hospitales materno-infantiles, bastante frecuente en centros sociosanitarios, con un 50% de los casos, y una baja frecuencia en hospitales de agudos.

Discusión y conclusión

El trabajo transcurrió con toda normalidad, sin apenas dudas sobre el cuestionario. Sin embargo, el estudio presenta tres limitaciones: dos con relación a la obtención de los datos y una respecto al análisis. En efecto, la tasa de respuesta sería quizá más elevada si el trabajo de campo no hubiese coincidido con el período vacacional de verano. Por otro lado, hay que sumar la limitación propia de un estudio que pretende evaluar la voluntad de los estudiados, en nuestro caso los componentes de los CEA, por terceras partes y su honradez en el momento de autoevaluarse. Y por último, para facilitar el análisis de los datos, clasificar los CEA según la antigüedad y disponer de un dato basal de referencia, partimos del año en que los CEA obtuvieron la acreditación, a pesar de que tal fecha no refleje con exactitud la experiencia o antigüedad del comité.

Los resultados obtenidos en el estudio muestran que el número de CEA que obtienen la acreditación en Cataluña va en aumento, la mayoría está ubicada en la provincia de Barcelona y la distribución geográfica de los CEA responde al volumen de la población. Prueba de ello es que el 60% de ellos se encuentra en poblaciones de más de 100.000 habitantes, mientra que en el resto en municipios hay una población no superior y su funcionamiento interno. El hecho que tres cuartas partes de la composición de los CEA lo formen personas con más de 2 años de experiencia demuestra que hay una rotación adecuada en la composición de los CEA, y es importante por dos razones: porque garantiza su continuidad y porque asegura la calidad de su funcionamiento al evitar síndromes típicos de CEA, como el del groupthink25. Además, es importante que haya personas con y sin experiencia en los CEA, porque los de reciente incorporación aprenden de la experiencia de quienes llevan más tiempo y también pueden corregir posibles vicios que, con el tiempo, hayan podido arraigar en el comité.

A pesar de que los componentes puedan tener, en general, una buena formación en bioética, el interés por la formación continuada es pobre, ya que la mitad de los componentes dedica menos de 5 horas al mes a la formación. Ante los continuos avances de la ciencia médica y el gran volumen de publicaciones entorno a la bioética clínica, no cabe duda que la formación continuada en temas de bioética es algo necesario. Por otro lado, los resultados indican que el tipo de formación preferido por la mayoría de los componentes son los cursos, en detrimento de otros que exigen mayor dedicación, como los másters.

El hecho que los CEA con más años de antigüedad traten más casos que los de reciente acreditación indica que, en general, se da una buena difusión de los CEA en hospitales, y también que tienen una buena aceptación por parte de los médicos, los pacientes y los familiares. Estos resultados refuerzan las conclusiones de Barroso y Caro21 que, en un estudio de 1998, concluyeron que, a mayor tiempo de funcionamiento, los CEA se prestigian y terminan por ser valorados positivamente por los profesionales de la salud y por los usuarios. Ello significa que los CEA son bien aceptados y que es falsa la crítica que les censuraba por ser una interferencia en la relación médico-paciente.

Además, con relación a la prueba diagnóstica del síndrome del desencanto o crecimiento atrofiado, el resultado ha sido negativo: los CEA en Cataluña crecen correctamente. Tan sólo hay un indicio del síndrome, el absentismo en las reuniones: las personas con más experiencia en el comité tienden a frecuentar menos las reuniones, respecto de los que llevan menos tiempo.

Para concluir, decir que los resultados sobre la frecuencia de los conflictos éticos son una primera referencia de datos basales para estudios posteriores que quieran evaluar la efectividad de los CEA, a la hora de abordar los conflictos éticos: que los conflictos aparezcan con menor frecuencia indicará que se está haciendo una buena formación y una buena labor preventiva; si con los años aumenta el número de conflictos, entonces tendremos un signo de que hay una despreocupación por parte del comité en prevención de conflictos, o bien que el servicio de consulta ética es óptimo y, por ello, médicos y pacientes acuden más. Por otra parte, los resultados también apuntan que la población más débil, los/as niños/as y la gente mayor, es la que encuentra más dificultades a la hora de pedir respeto a sus valores y preferencias. Y también podemos concluir que, en atención primaria, o bien hay un fuerte paternalismo médico que no da lugar a conflictos entre médico y paciente, o bien entre ambos hay mucha confianza y suelen resolver entre ellos los conflictos. Pero se debería realizar un estudio más específico de este tema para saber qué es lo que ocurre exactamente.

Agradecimientos

Al Comité de Bioética de Cataluña, por su apoyo en la realización de este estudio, y a todos los CEA que participaron en él; a la Dra. Begoña Román, por su apoyo y su magnífica dirección en el desarrollo global del trabajo, y al Dr. Alfonso Casado, por sus consejos en el análisis estadístico.

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