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© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2013

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Hablemos de priones

Let's talk about prions

Fernando A Navarro a

a Servicio de Traducción Médica (PSDU). F. Hoffmann-La Roche S.A. Basilea. Suiza

Article

Sr. Director: En su revisión sobre los priones y las enfermedades neurodegenerativas transmisibles, el grupo de Domínguez García1 aborda un asunto que estuvo de candente actualidad en la época de redacción del artículo. De hecho, ocupó entonces las portadas de todos los periódicos del mundo, ante la preocupación por la posibilidad de que la encefalopatía espongiforme bovina o «enfermedad de las vacas locas» pudiera transmitirse al ser humano.

Como estudioso del lenguaje médico, me llama la atención el hecho de que, a excepción de la encefalopatía espongiforme bovina, las cuatro expresiones más importantes utilizadas en el artículo que nos ocupa ­a saber: «prión», «enfermedad de Creutzfeldt-Jakob», «scrapie» y «kuru»­ plantean alguna dificultad desde el punto de vista lingüístico. Veámoslas brevemente una por una.

1. «Prión». En un artículo publicado en la revista Science en 1982, Stanley B. Prusiner2 acuñó en inglés el neologismo prion en los siguientes términos: «Because the dominant characteristics of the scrapie agent resemble those of a protein, an acronym is introduced to emphasize this feature. In place of such terms as unconventional virus or unusual slow virus-like agent, the term prion (pronounced pree-on) is suggested. Prion are small proteinaceous infectious particles which are resistant to inactivation by most procedures that modify nucleic acids.» En castellano, el único problema que plantea la adopción de este neologismo es el de su acentuación gráfica. De acuerdo con las normas ortográficas promulgadas por la Real Academia Española, las palabras monosílabas no llevan acento ortográfico, ya que en ellas no es preciso señalar en cuál de las sílabas es mayor la intensidad de la pronunciación3,4. Ocurre, no obstante, que existen muchos vocablos, como prión, que pueden ser monosílabos si existe diptongo entre sus dos vocales, pero bisílabos si entre ellas lo que existe es un hiato. Así, son monosílabos y no se acentúan en castellano «dio», «vio» o «Dios»; pero son bisílabos y sí se acentúan en castelllano «rió», «crió», «guión» o «Sión». Que la diferencia entre una y otra forma no es grande lo demuestra el hecho de que yerre con ellas la mismísima Real Academia Española que sigue escribiendo incorrectamente (y con ella, claro, buena parte de los hispanohablantes) la palabra «ion» en su diccionario, cuando según sus propias normas ortográficas debería escribirse «ión».

2. «Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob». En 1921, el neurólogo alemán Alfons Jakob publicó tres artículos en los que describía una nueva enfermedad neurológica que él llamó spastische Pseudosklerose (seudosclerosis espástica). En el segundo de estos artículos, hacía referencia a un caso descrito algunos meses antes por el también neurólogo alemán Hans Gerhard Creutzfeldt, y que, en opinión de Jakob, correspondería a una afección nosológicamente muy afín, si no idéntica (nosologisch sehr nahestehende, wenn nicht wesensgleiche Affektion) 5. Así las cosas, era completamente lógico referirse entonces a la nueva enfermedad con los nombres de ambos médicos. El primero en hacerlo, el 9 de septiembre de 1922, fue el psiquiatra muniqués Spielmeyer al hablar ya de Creutzfeldt-Jakobsche Krankheit6 (enfermedad de Creutzfeldt y Jakob). A la luz de los conocimientos actuales, no obstante, resulta evidente que el caso descrito por Creutzfeldt no pertenece, por sus características clínicas y anatomopatológicas, al grupo de las encefalopatías espongiformes transmisibles. Según esto, ¿tiene sentido seguir utilizando el nombre de Creutzfeldt para designar esta enfermedad, y más aún colocarlo en primer lugar? En los países de lengua alema na7-9, hace ya muchos años que se invierte el orden de ambos apellidos y se habla habitualmente de Jakob-Creutzfeldt Krankheit o Jakob-Creutzfeldt Syndrom. En realidad, sería preferible hablar sencillamente de «enfermedad de Jakob» y generalizar entre los médicos cuanto antes esta nueva designación. Otra posibilidad, por supuesto, es abandonar de una vez por todas la antroponimomanía de comienzos de siglo y pasar a utilizar un nombre más descriptivo, como encefalopatía espongiforme humana.

3. «Scrapie». En el caso de scrapie, resulta evidente que este anglicismo descarado es cuando menos innecesario para referirnos a la tembladera de las ovejas o encefalopatía espongiforme ovina10, expresión esta última preferible si deseamos mantener en el lenguaje escrito un estilo más próximo al del lenguaje médico tradicional que al de los pastores. Este tecnicismo tiene la ventaja, además, de suscitar directamente en quien lo oye o lo lee por vez primera la impresión de afinidad nosológica con la encefalopatía espongiforme bovina.

4. «Kuru». Este vocablo es también un anglicismo, si bien no tan evidente como en el caso de scrapie. Se olvida con frecuencia que kuru no es una palabra inglesa, sino tan sólo la transcripción al inglés de una palabra originaria de Nueva Guinea. Si estamos completamente decididos a importar la designación local para esta rara neuropatía degenerativa, lo lógico es transcribirla fonéticamente al castellano (curu) y no adoptar servilmente la transcripción inglesa10.

Como acabamos de ver, la lógica habla a favor de sustituir «prion», «enfermedad de Creutzfeldt-Jakob», «scrapie» y «kuru» por prión, enfermedad de Jakob, encefalopatía espongiforme ovina y curu. Aunque, ciertamente, muchos opinan que pedir a estas alturas lógica al lenguaje médico es como pedir peras al olmo.

Bibliography

1.Domínguez García A, Mata Albert E, Salleras Sanmartí L. Los priones y las enfermedades neurodegenerativas transmisibles. Med Clin (Barc) 1998; 110: 751-757
2.Prusiner SB. Novel proteinaceous infectious particles cause scrapie. Science 1982; 216: 136-144
Medline
3.Real Academia Española. Ortografía. Madrid: Aguirre, 1974
4.Navarro FA. Problemas de acentuación en medicina y farmacología: Med Clin (Barc) 1993; 101: 777-781 (Reproducido en: Navarro FA. Traducción y lenguaje en medicina [2.a ed.]. Monogra-fías Dr. Antonio Esteve, n.o 20. Barcelona: Fundación Dr. Antonio Esteve, 1997; 93-100)
5.Jakob A. Über eigenartige Erkrankungen des Zentralnervensystems mit bemerkenswertem anatomischen Befunde. Z Ges Neurol Psychiatr 1921; 64: 147-228
6.Spielmeyer W. Die histopathologische Forschung in der Psychiatrie. Klin Wochenschr 1922; 1: 1.817-1.819
7.Katscher F. It's Jakob's disease, not Creutzfeldt's. Nature (Lond) 1998; 393: 11
8.Leiber B, Olbrich G. Die klinischen Syndrome (4.a ed.; tomo I). Múnich: Urban & Schwarzenberg, 1966
9.Boss N, dir. Diccionario médico Roche (traducido del alemán). Barcelona: Doyma, 1993; 1.040
10.Navarro FA. Setecientas palabras y expresiones de traducción engañosa en neurología, neuro-psiquiatría y neurocirugía. Neurología 1998; 13: 177-194
Medline